CAPITULO UNICO
La noche estaba a pleno andar cuando Eren Jaeger despertó.
Un suspiro helado salió de sus labios, pero permaneció inmóvil en su cama. Miró a un costado y vio en el reloj del velador que eran las 3:00 am, lanzó otro suspiro y con pesar se dio cuenta que pasaría otra noche en la que no podía conciliar el sueño, su cabeza no dejaba de repetir, como todos los días en los últimos 5 meses que esa sería su vida ahora en más y que no había nada que pudiese hacer para cambiar ese hecho.
Lo repetía con frecuencia cada vez que podía, para ver si de ese modo al fin comprendía que no era una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento, no, esa era su realidad, una tan cruel que destrozaba su alma y la poca cordura que creía aún poseer.
En noches como aquella, en las que el viento cantaba en silencio y susurraba sin hablar, eran las que más le costaba conciliar el sueño ya que lo trasladaba al ayer, el tiempo en el que ya no podía correr para perseguir su mayor anhelo.
Ahora en su mente solo estaba grabado a fuego el momento en que todo dio un cambio de 180 grados, el instante que marcó un antes y después en su vida, ese que lo volvió sin alma, el mismo que no puede olvidar.
Sintió como las lágrimas se formaban en sus ojos, pero no lloró, no podía darse ese privilegio ya que, si lo hacia ellos volverían atormentarlo, no quería escuchar, no quería ver, el olor a sangre era nauseabundo, no quería experimentar la angustia de revivir una y otra vez ese episodio que, aunque no lo vivió, su mente lo acogía como propio.
De un momento a otro sintió que su cuerpo se volvió frio, miró hacia la ventana de su habitación y la encontró abierta, sabía que tenía que levantarse y cerrarla ya que podía sentir como poco a poco sus articulaciones se entumecían, pero pese a ello no se movió, se preguntó si Levi se hubiese puesto en pie para ponerle el cerrojo, mientras él como era costumbre seguiría durmiendo cómodamente sin molestarse porque estaba en sus brazos. Estaba seguro que habría sido así, después de todo Levi siempre velaba por su bienestar después de todo.
"Lo mataste"- escuchó como una voz lejana le susurraba, la ignoró... sabía que era verdad.
Tarde se dio cuenta de que estaba entrando en un ataque de pánico.
Trató de pelear lo más que pudo, pero su mente lo llevó a esa tarde de enero en que conoció a Levi, en el que contra todo pronóstico se enamoró de aquellos ojos color acero que lo conquistaron en el momento en que se encontró con sus pupilas.
El pasado le llevó de golpe a su segundo encuentro directo, esta vez como espectador ya que se podía ver a si mismo sentado en uno de los asientos de la oficina de su madre mientras observaba lo tenso que se veía su rostro y lo nervioso que estaba por la cantidad de personas que lo rodeaban, pero al mismo tiempo podía sentir la tranquilidad florecer en su corazón y el silencio en su mente cada vez que su mirada se encontraba con la del hombre sentado frente a él.
Levi Ackerman, ese era el nombre del nuevo abogado, un hombre que para la mayoría de las personas que lo conocían era un prodigio, una mente incomprendida quizá para otros, y para su madre alguien que aumentaría el prestigio de su franquicia de bufete de abogados, pero para Eren, Levi Ackerman era el hombre que con solo una mirada, le provocaba tanto. En ese momento sentado en la sala, Eren nunca se imaginó lo importante que llegaría a ser en su vida, tampoco entendía la razón de habiéndole mirado tan solo un par de veces lo hacía sentir de un modo que nunca antes había experimentado, poco sabía que el abogado Ackerman sería la persona que lo haría feliz y miserable también.
Salió de sus recuerdos, ahogado en llanto, era como si una roca se posara en su pecho y tan solo el hecho de respirar dolía porque su amor ya no está, se ha marchado a un lugar donde por ahora no podrá alcanzarlo. "¿O quizá sí?"
Trató de tranquilizarse, pero se encontraba paralizado, de reojo miró la hora, el reloj marcaba las 4:42 de la madrugada, ¿tan rápido pasó el tiempo? tomó aire y contó hasta diez, repitió el ejercicio un par de veces, tal como le había enseñado su psiquiatra, y cuando sintió su cuerpo relajarse un poco y suspiró con pesadez y desgano, esta era una noche más en que sus memorias se empeñan en recordarle todo lo que perdió y lo poco que puede hacer sin él.
Tomó su teléfono para distraerse y no se sorprendió al ver las múltiples llamadas perdidas de su madre. "tu madre" repitió la misma voz en su cabeza, pero una vez más la ignoró, e intento recordar el rostro de la mujer que hace unos meses atrás era una de las personas más importantes en su vida... intentó hacer memoria de la última vez que habló con ella ¿cuatro, cinco meses quizás? Era el mismo tiempo en que Levi lo había dejado, o ¿no?, no lo tenía claro, pero si era sincero, tampoco le importaba, después de todo ella nunca aceptó que estuviese enamorado de Leví, siempre intentando causar conflictos entre ellos, encerrándolo para que no pudieran verse o mandando a su amor a viajes que duraban semanas solo para que no estuviesen juntos.
Ella y solamente ella era la causante de todo el dolor que sentía, de toda la amargura que carcomía su corazón, si es que se le puede llamar corazón a la coraza que era en ese momento por su causa.
Carla nunca acepto que se enamorado de alguien como Levi ya que este no había nacido en una familia con dinero ni apellido, no tenía el prestigio que los padres de Eren poseían, ni los modales que las personas de su posición acostumbraban a tener, no, Levi era lo contrario a todo eso, no le interesaba los lujos, ni el dinero, tampoco era fino al hablar, de hecho tenía un repertorio muy extenso de groserías que utilizaba con quien quisiera y cuando le diese la gana, no, Levi Ackerman estaba lejos de ser el yerno perfecto para Carla Jeager, sin embargo era el mejor abogado del país y por eso ella no podía despedirlo, aunque ganas nunca le faltaron.
Eren recordó con dolor y resentimiento las veces que le pidió a su madre que le diese una oportunidad, que lo aceptara porque Levi lo hacia feliz, pero de los labios de su madre las únicas palabras que salieron fueron insultos y maldiciones ya que creía fervientemente que aquel hombre de casi 35 años corrompería a su pequeño hijo de escasos 19 años, que lo ensuciarías, dejándolo herido y roto como su esposo lo hizo con ella. ¡Que tonta al creer que un ángel como Levi podría hacer algo tan vil y despreciable como aquello! Un sollozo rompió el silencio en la habitación mientras el castaño se reprendía mentalmente por no haber tenido el valor de confrontarla aquella noche, si lo hubiera hecho Levi no se habrías ido de su lado y ahora las lágrimas no bañarían sus mejillas ni las ojeras le adornarían el rostro.
¿Desde hace cuánto que no duerme cómo debería? ¿Cuándo fue la última vez que salió o la última ocasión en que sonrió de verdad?
"La última vez que eso sucedió fue cuando él estaba contigo"
La respuesta llegó a él acompañada de otro fuerte dolor en el pecho, desgarrando con violencia su alma, haciéndole más consciente de lo solo que se encontraba.
Tragó un sollozo y apartó violentamente las lágrimas con su mano. No podía seguir llorando, esperando y deseando que todo esto fuera una pesadilla pero sabía muy bien que todo era real, tan real que con cada día que pasaba sentía que moría un poco más y que en noches como esas, cuando el silencio reina se permitía considerar la única solución que podría hacer para volver a estar junto amado; lo único que traería color a sus días, o por lo menos un poco de tranquilidad a este infierno que llamaba vida.
"¡Vamos, hazlo!, quieres estar junto a él, ¿verdad?" La voz que siempre le ha acompañado aparece con más claridad, alentándolo a algo que hace 5 meses debió haber hecho, eso que en el momento de la muerte de Levi tuvo que hacer, pero a causa de la promesa que le hizo se obligó a no realizar... Todo por ti, Levi.
"No tienes a nadie Eren, estás solo. ¿Por qué no lo haces ahora? ¡Todos se han ido, nadie te extrañara si decides hacerlo! Después de todo, la única persona que le importabas ya no está, ¡te dejó, te abandono, te encuentras solo de nuevo, solo como siempre debiste estar!"murmuró con malicia la voz dentro de su cabeza.
-¡Cállate!. - el grito de Eren se escuchó en toda la residencia. No quería oír, ni mucho menos pensar en esa voz que desde hace 14 años no hacia otra cosa que atormentarlo, especialmente en los instantes en que más débil se encontraba, empeñándose en recordarle lo vacío que estaba.
Eren se levantó de la cama temblando, tratando de avanzar hasta el cuarto de baño sin tropezar con todas las cosas que estaban regadas en el suelo. Dios, si Levi lo viera ahora, le recriminaría el ver su departamento tan desordenado y no podría culparlo todo a su alrededor era un caos, especialmente para Levi que siempre fue un fanático de la limpieza, por lo que Eren siempre trató de no ensuciar nada porque eso hacia al pelinegro feliz y le gustaba verlo feliz, pero todo cambió desde que se fue ya que Eren no ha podido hacer nada de lo que hacía antes, porque todo le recordaba a como solían ser y las memorias duelen, hieren, lastiman y te dejan roto, sin embargo su subconsciente amaba mantenerlo en el pasado, llevándolo a momentos banales como en el que Levi con su ceño fruncido tuvo que arreglar su desastre cuando por descuido quemó cena por ver la novela de las 20:00 h.
A su mente le encantaba torturarlo con recuerdos y sentimientos del pasado, algunos eran buenos cómo las veces en que Eren no comprendía algo y Levi se tomaba su tiempo para explicarle con paciencia y dedicación, esos momentos Eren los valoraba muchísimo.
"Eres muy distraído mocoso, deberías parar un poco con eso, podrías perderte un día, tomar una ruta equivocada y me tocaría buscarte con la policía por tu torpeza". Decía eso cuando el castaño no se acordaba donde ponía sus cosas o las cambiaba de lugar y lo olvidaba. Pretendía estar molesto e ignorarlo por un tiempo y Eren lo dejaba ser porque sabía que no se enojaría por mucho, nuca podía, siempre había algo que lo hacía regresar a Eren, como si nada pasara y eso era algo que el menor disfrutaba mucho, claro que lo hacía.
"No eres nada sin él, mírate, mira lo patético que te ves" la voz volvió a hablar en su cabeza, esta vez con más claridad que sintió sus piernas y manos temblar en rendición... Ya no podía aguantar, no quería seguir así.
Miró al frente y vio a un hombre reflejado en el espejo del baño. ¿Quién era esa persona? ¿Por qué se le hacía tan familiar? ¿Qué hacía en su casa? ¿Cómo entró? ¿Por qué se ve tan cansado, tan triste? Y su mirada, aquella mirada verde no reflejaba brillo alguno y eso le asusto.
"¿Acaso no lo reconoces?" La voz nuevamente le habló.
-Y-yo no sé quién es, no lo conozco.-mintió, sabía quién era, pero no quería aceptarlo porque si lo hacía ya no habría vuelta atrás…
"¿Seguro que no sabes quién es?" Insistió tan ferozmente que por inercia se tocó la cabeza con las manos y empezó a caminar en círculos convenciéndose a mí mismo que no cayera, que no cediera… Levi no me perdonaría, se decepcionaría…
-N-no lo sé.- murmuró para sí mismo, no podía ceder, no lo haría, la voz no le ganaría ¡no lo permitiría!
"Eres tú"
-¡NO, MIENTES!.- Negó perdiendo el peso de sus pies dejándose caer lentamente en el frio piso de su baño.
"Eres tú" Repitió con precisión haciéndolo más real y doloroso.
- N-no no soy yo, no puedo ser yo.- Afirmó vehentemente, sabiendo de ante mano que era una causa perdida.
"Oh, ¿el niño está llorando de nuevo? eres tan débil, no sé lo que Levi vio en alguien como tú! Deberías matarte, ve a la cocina, toma un cuchillo y acaba con todo de una vez".- La voz en su cabeza presionó maliciosamente.
-N-no L-Levi no me lo perdonaría, él me quería!.- Ya no tenía fuerzas para luchar, estaba ganando y Eren solo se dejaba llevar porque ya no podía, estaba cansado de seguir en un mundo sin su Levi.
"Él ya no está, te dejo"
-Déjame en paz.-
"Él se fue"
-¡Cállate!
"Te dejó, así como tu padre lo hizo"
-¡NO SIGAS, VETE!
"Matate"
-Yo…
"Matate"
-N-no
"Matate"
"Matate"
"Matate"
"Matate"
La mente de Eren recreaba solamente esa palabra, "matate" sería tan sencillo acabar con esta angustia y sufrimiento que lo ha condenado ¿Qué debería hacer?.
La respuesta llegó de inmediato.
Con el cuerpo tembloroso se arrastró hasta las gavetas donde estaban las pastillas que hace meses había olvidado tomar, las mismas pastillas que lo mantenían cuerdo y no dejaban que las voces atormentaran su mente; las pastillas que controlaban la esquizofrenia severa que padecía desde que tenía 9 años.
No pensó en nada más que en Levi cuando tomó las primeras ocho, ni dejó de pensar en sus hermosos ojos color acero cuando las veintes siguientes vinieron, ni mucho menos dejó de creer que nunca en su vida vio a alguien que un cigarro le quedara tan bien en los dedos como a él, su precioso Levi, su gran y querido amor.
Perdió la cuenta al llegar a las cincuenta, la garganta de Eren dolía y las ganas de vomitar se presentaron en su cuerpo, pero no paró, no lo hizo y ahora menos que lo vio frente a él, con una mirada llena de una profunda tristeza.
Los ojos de Levi lo miraron con anhelo, desespero y un profundo dolor.
"Oh mi amor, lo sé, no puedo estar contigo ni aun después de la muerte".- Pensó Eren en medio de la agonía ya que su alma fue corrompida por la decisión que tomó y aun si no hubiera hecho eso, de alguna manera el resultado habría sido el mismo, porque ente los dos Levi siempre fue el ángel y Eren el demonio, pese a parecer al contrario. Nadie nunca vio la pureza que se escondía detrás de esa fachada de hombre serio y amargado. Todos pensaban que Levi le hacía mal, que por ser diferentes se aprovecharía, que solo lo quería por su dinero. ¡Ja! Que equivocados estaban todos, ya que el amor de Levi siempre le hizo ser mejor persona, pese que sabía que las alas de Eren rotas estaban desde antes de nacer.
No fue culpa de Levi ni tampoco de Eren, aunque sí pudiera culpar a alguien ese sería al destino por haberle dado tanto y quitado por igual.
Eren sabía que el ser que ahora lo ve con tristeza en estas cuatro paredes no era Levi, no era real, que es producto de su imaginación, su mente enferma que deseó tanto verlo de nuevo, pero no de esa forma, no con esa expresión que tenían sus bellos ojos que lo enamoraron desde la primera vez que lo vio en aquella avenida.
Sonrió sin ganas, para Eren ya nada importaba, había roto su promesa y eso es algo que lamentaba profundamente, sin embargo no lo cambiaria, nunca fue lo suficientemente fuerte y Levi lo sabía.
Siempre lo supo y sin embargo aceptó a Eren con todo y sus demonios, siendo el mismo Levi parte de su infierno aunque un ángel nunca podría pertenecer completamente.
La oscuridad invade los ojos de Eren, todo ha terminado. La voz que le ha torturado por tantos años se apaga y con ella se va su último aliento destinado a Levi, su amor, donde quiera que se encuentre, probablemente en el cielo donde no podrá alcanzarlo jamás.
"Prométeme que pase lo que pase siempre serás fuerte".- Pidió Levi mientras lo abrazaba.
"No podre sin ti".- Respondió Eren sollozante.
"Podrás, eres fuerte mocoso, no dejes que te gane".-Rogó suavemente.
"No lo hare, si tu prometes quedarte".- Los ojos de Levi reflejaron ternura mezclada con una profunda tristeza que Eren no comprendió.
"Sabes que no tengo opciones amor, tu madre quiso que fuera yo quien viajara esta vez, sabes que no puedo negarme, soy su empleado después de todo".
"¡Por favor no vayas! Hablaré con ella, le diré que envíe a alguien más y.- No pudo terminar ya que su protesta fue callada por unos cálidos labios que tan bien conocía.
"Volveré pronto, lo prometo".- Susurró para segundos después volver a besarlo.
"Prometo estar bien".-Se rindió ante el hombre de cabello azabache; el mayor sonrió levemente y lo abrazo con fuerza, como si temiera que desapareciera.
"Sera nuestra promesa mocoso, solo será un mes, después de eso tendré suficiente dinero para poder pagar nuestra boda e irnos lejos de este lugar.- Prometió Levi.
El castaño sonrió temiendo que fuese un sueño. Todo era perfecto, estaba tan feliz, se sentía tan amado que sus ojos se llenaron de lágrimas porque no podía creer que alguien pudiese amarlo y aceptarlo sabiendo que no era normal, que estaba enfermo, que nunca se curaría y que tenía que tomar medicamentos de por vida ,pero eso no importaba al mayor, Levi lo amaba profundamente y para Eren el pelinegro era su universo, su vida misma, su complemento, su patria, el motivo por el que seguía en un mundo tan podrido como en el que estaba. Levi era su todo.
Si tan solo Eren hubiese sabido que cuatro horas después el avión donde viajaba su pareja se estrellaría a causa del mal tiempo y los malos manejos técnicos, jamás lo hubiera dejado ir, jamás habría dejado de abrazarlo, hubiese peleado, suplicado, mordido e incluso matado a quien se tuviese el atrevimiento de separarlo de Levi.
"Y acaso no comprendas en esta despedida, que aunque el amor nos une, nos separa la vida"
-José Ángel Buesa-
