Inmortales

–No debería estar aquí –murmuro Misa.

Sus ojos se sintieron pesados y su cuerpo adolorido. La sonrisa en su voz continuó ahí pese a las reprimendas de su cerebro.

–Lo has dicho tantas veces, Misa –contestó, con un tono plano, el hombre a su lado.

–Misa no es la clase de chica que se acuesta con el amigo de su ex novio –murmuró para ella, ignorando las palabras del azabache.

–Light y yo no éramos amigos, Misa-chan –corrigió él.

Sus ojos recorrieron la habitación, tan impersonal como solo una habitación de hotel podría ser, Misa no espero más del detective, después de todo, ellos eran una cosa de una noche.

O de varias noches.

Ellos no eran nada, fuera de esa habitación eran meros conocidos, menos que eso. Misa no lo negaría, su corazón se estrujo a pensar en ello, en cómo la devoción de ese hombre hacia ella se limitaba a estar dentro de esas cuatro paredes, a como las caricias de los dedos fríos solo se presentaban cuando la ropa no cubría su piel. Pero ella no discutió, porque entendió que así es como funcionaban las cosas entre ellos.

Él podía acariciar su cabello todo lo que quisiera, murmurar palabras reconfortes mientras creía que ella estaba durmiendo, e incluso mirarla mientras ella dormía, pero eso no cambiaba su estatus. Ellos podían regresar todas las noches a esa habitación, pero las cosas funcionaban solo así.

Lo que hacían estaba mal, aunque se sintieran tan bien haciéndolo.

–¿En qué piensas, Misa-chan? –preguntó, girando uno de sus echones en su dedo.

–En Light –murmuró ella, riéndose de sí misma por estar decepcionada de que el azabache no estuviera celoso. –El sexo es diferente –agregó, como una ocurrencia tardía.

–Creo que eso es normal, Misa-chan. –contestó, deslizando su dedo por la piel de su hombro.

–Es estúpido comparar el pasado con esto, ¿no?

Ryuzaki no contestó, ella no lo necesitaba. Disfruto de la agradable sensación de los dedos de Ryuzaki acariciando su piel como si fuese lo más agradable que hubiera tocado nunca. Muy diferente a Light. La herida en su corazón punzó, pero a ella no le importo, las heridas a veces dolían mientras sanaban.

Los dedos de Ryuzaki, sus besos, sus caricias fueron puntos de sutura perfectos.

Ellos eran perfectos juntos.

Misa volvió a reírse de su propio hilo de pensamientos. Ellos no eran nada, y, sin embargo, Misa ya no podía imaginarse sin esto, sin él.

–No es bueno que pienses demasiado, podría dolerme la cabeza, Misa-chan –murmuro Ryuzaki, sacándola de sus pensamientos.

–¡Hey! Misa no es tonta –replicó, golpeando el pecho del hombre.

Misa no pudo ejercer mucho daño, principalmente porque Ryuzaki no perdió tiempo en tirar de ella para besarla con toda la pasión que solo es hombre podía tener. Eso fue perfecto, una experiencia extracorpórea mientras los labios maestros defendían por su cuello. Misa deseo vivir por siempre así, junto a Ryuzaki, sintiendo todo eso.

Ellos podían, porque todo era posible mientras los dedos expertos recorrieron su cuerpo, ellos podían ser inmortales, aunque fuera por poco tiempo, aunque fuera solo en momentos como esos.

–Ryuzaki…

Aunque fuera solo mientras las cortinas de la habitación estuvieran abajo.

Notas de la autora:

1.- Corto, pero ya extrañaba escribir algo de ellos.

2.- Agradezco a quienes leen, y un poquito más a quienes dejan reviews.

3.- Personajes de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, historia mía inspirada en la canción del mismo nombre de Alessia Cara, sin más me despido, cuídense y sayonara.