Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.


-Los primeros pasos para alcanzar la felicidad-


Llovía. No era una lluvia suave y recatada, sino una tromba de agua que se precipitaba sobre el suelo, empapando todo a su paso, haciendo que la gente permaneciera refugiada en sus casas y que los animales del bosque buscaran algún lugar para resguardarse.

La noche, además, se avecinaba, así que el cielo estaba completamente oscuro. Los rayos parecían cortar la masa gris que coronaba el mundo, la quietud solo era interrumpida por el estruendo producido por la tormenta y unos ojos miraban con fijeza el agua resbalando por toda la superficie del bosque desde el interior de la base de los Toros Negros.

Suspiró agotado finalmente, cerró la cortina de la ventana por la que estaba mirando y se dispuso a bajar las escaleras. La base estaba muy tranquila, ya que había muchos miembros repartidos en distintas misiones u ocupándose de asuntos más bien personales, y los que habían permanecido en el edificio eran los más sosegados, así que el ambiente en general era bastante extraño.

Cada peldaño se le hizo un mundo, porque se sentía ciertamente agotado por muchos temas relacionados con el trabajo, su vida y los pensamientos que le martilleaban el cerebro casi a todas horas, pero finalmente pudo bajar al primer piso. Se sentaría un rato en el sofá de la sala con el propósito de relajarse y después irse a dormir. Ese era su plan, pero no pudo ejecutarlo, porque cuando asomó la mirada intranquila por detrás del sofá, vio un resquicio de cabello rosado colgando, que indicaba que su compañera dormía plácidamente allí.

Le dio la vuelta al mueble para colocarse enfrente y verla mejor. Había una botella de vino vacía a su lado. Dormía solo con la ropa interior puesta, así que decidió taparla con una manta que había en el sillón de al lado porque sabía que no despertaría en toda la noche y no quería que pasara frío.

Cuando lo hizo, se quedó a escasos centímetros de su rostro, observando sus delicadas y hermosas facciones, aquellas que se moría por rozar con la yema de sus dedos y besar con sus labios pero jamás se atrevía, porque su cobardía se apoderaba de todo su ser cuando se trataba de Vanessa.

Abatido, se sentó en el sillón donde estaba anteriormente la manta, posó sus codos sobre sus rodillas y se frotó la cara con hastío. No entendía por qué todo era tan sumamente difícil, por qué siendo él alguien tan enamoradizo había acabado amando profundamente a alguien que jamás posaría su mirada en él ni por qué no podía haber seguido con su compromiso, tal y como el transcurso del destino le indicaba que debía hacer.

Finral y Finesse habían tenido planes de boda durante un tiempo bastante largo, pero finalmente el mago espacial decidió romperlos, porque no quería engañar a una chica dulce y buena, pero sobre todo, porque no quería engañarse a sí mismo. Él no era alguien cruel y a pesar de ser consciente de su belleza y su bondad, no quería condenarla a estar junto a alguien que nunca la iba a querer. Aunque se veía afectada cuando Finral le comunicó que no quería seguir adelante con el compromiso, también la notó agradecida por no engañarla, así que se quedaría con su honestidad.

Casarse con una persona amando a otra no se sentía correcto, pero tampoco era feliz con sus sentimientos, que empezaron como un simple coqueteo, pero se convirtieron en amor arraigado en sus adentros y cuyas raíces le estaban destrozando el corazón.

Cuando Vanessa entró a la orden tras ser reclutada —liberada— por Yami, se interesó mucho en ella. Era una muchacha preciosa, interesante e inteligente, así que empezó a regalarle flores que ella siempre aceptó con al menos cortesía.

Pero la joven parecía tener puesta la mirada en la espalda lejana de su capitán, así que se juró a sí mismo que dejaría pasar aquel interés incipiente que crecía día a día porque no sería correspondido y no quería pasarlo mal. Sin embargo, su relación se estrechó hasta el punto en el que la amistad fue diluyéndose para dar paso a un sentimiento genuino de amor, aunque solo por su parte.

Vanessa siempre estuvo para él. Lo alentó a luchar, a ser mejor, a dejar atrás sus miedos y a progresar. Sobre todo, recordaba bien aquella vez en la que le dio ánimos para pelear contra su hermano. Sin ese empujón, sabía perfectamente que nunca habría sido capaz de hacerlo.

Aunque luchó contra sus emociones durante mucho tiempo, finalmente las aceptó. Y trató de apartarlas, de arrebatarlas de su pecho, pero ahí estaban de nuevo las raíces alimentándose de su sangre y paralizándolo todo. Por esos motivos formalizó su compromiso con Finesse y también lo rompió.

A partir de ese momento, hizo un pacto consigo mismo en el que decidió que no intentaría desterrar sus sentimientos por Vanessa a la fuerza, mucho menos implicando a otra persona, pero tampoco hacerla a ella partícipe de ese secreto.

No quería que la extrañeza de un amor no correspondido rompiera su amistad y tampoco escuchar de sus propios labios que ella a quien amaba realmente era a Yami y que a él solo podía verlo como un gran amigo, así que decidió que era mejor dejarlo así.

Se levantó y se acercó para acariciarle la mejilla lentamente y ella, justo antes de que lo hiciera, se revolvió un poco en el sofá para darse la vuelta. Observó su espalda durante algunos segundos, pero finalmente se marchó de nuevo al piso de arriba para ir a su habitación.

Cuando terminó de subir las escaleras, se encontró con Gauche, que salía de su cuarto. Lo saludó con un gesto de la cabeza y una media sonrisa que pedía ayuda a gritos y continuó sus pasos. Pero la voz grave de su compañero, que ciertamente había captado las señales, no lo dejó marcharse.

—Oye —le dijo con tono seco. Finral se dio la vuelta para mirarlo—, ¿qué te pasa?

—¿A mí? Nada —contestó él fingiendo alegría—. Si vas a bajar, procura no hacer mucho ruido. Vanessa está durmiendo en el salón.

—Ah, es eso.

—¿Qué?

—Que ya sé lo que te pasa. Buenas noches.

Finral se quedó algo perplejo ante sus palabras y vio cómo su compañero se alejaba cada vez más, pero lo siguió y se colocó enfrente de él, justo al lado de las escaleras.

—¿Qué me pasa según tú?

—Pareces una puta alma en pena. Sé que es por Vanessa.

—¿Qué dices? Eso no tiene ningún tipo de sentido. Yo…

—Finral, a mí no me puedes engañar. Si te quieres mentir a ti mismo, tú sabrás lo que haces.

—Qué fácil es hablar de lo que uno no sabe cuando tiene una preciosa novia que lo espera en su cuarto. Yo, en cambio, estoy solo.

—Estás solo porque eres un cobarde —espetó el chico, sin su habitual mal genio pero siendo directo como siempre—. ¿Sabes por qué yo tengo una novia preciosa que me espera en mi cuarto? Porque ella, que es la persona más vergonzosa que pueda existir, se atrevió a decirme lo que sentía.

—Pero seguramente tenía la certeza de que la correspondías. En cambio, yo…

—¿Grey teniendo certezas sobre algo? ¿Estás escuchando lo que estás diciendo?

Finral agachó la cabeza unos segundos. Gauche tenía razón en todas y cada una de las palabras que le había dicho en los escasos minutos que habían estado hablando. Era un cobarde que le tenía un miedo irracional y enorme al rechazo, que no podía soportar que la mujer a la que amaba estuviera interesada en otro hombre y no en él y que nunca iba a poder cambiar.

—Tienes razón. Pero sabes que Vanessa tiene otros intereses.

—¿El Capitán Yami? —Finral asintió—. No quiero hacerte ilusiones, pero a mí me parece que Vanessa está confundida. Y bueno, la verdad es que después de la confesión de la Capitana Charlotte, la he visto muy distinta. Pero al final esto son solo conjeturas mías. Solo lo sabrás si hablas con ella.

Gauche no esperó a la respuesta del mago espacial y simplemente bajó las escaleras para dejarlo solo. Finral se apoyó entonces contra una de las paredes. Se revolvió el pelo con hastío, pero se decidió.

Solo averiguaría la verdad si actuaba, así que lo mejor sería intentarlo, porque no perdía nada y, en cambio, tenía tantísimo que ganar que la apuesta era más que necesaria.

Por fin, iba a ser capaz de decirle a Vanessa todo lo que le hacía sentir. Si salía mal, lidiaría con ello de la mejor manera posible, tratando de conservar su amistad. Pero si por el contrario, le daba una mínima oportunidad, sabía que estaba a punto de comenzar una nueva vida llena de toda la dicha que realmente se merecía.


FIN


Nota de la autora:

Hay que ver con lo que me gusta esta pareja (antes más, si soy sincera) y nunca había escrito nada de ellos (sin contar Presunción de inocencia, claro). Así que ahí va. Espero que os haya gustado.

¡Gracias por leer!