Draco Malfoy caminaba felizmente por los pasillos, era sábado por la tarde y había terminado la tarea el día de ayer, por lo que tenía todo su fin de semana libre.
Salió a los grandes paisajes que le ofrecía Hogwarts.
Se encaminó hasta llegar a la orilla del lago negro y recostó su espalda en el gran árbol que brindaba sombra gracias a sus hojas. Sentía que el viento movía su cabello platinado, cerró los ojos para disfrutar mejor esa sensación hasta que sintió un peso en sus piernas extendidas. Al abrir sus ojos se encontró con un pequeño gato negro de iris verdes esmeralda, el gato maullo cuando la mirada del rubio se enfocó en la suya.
— ¿Hola? — preguntó cómo si esperará una respuesta —. ¿Cómo te llamas? — Agarro en brazos al pequeño gato y buscó un collar que dijera el nombre del ser o su dueño, pero nada, no tenía una placa —. ¿No tienes dueño? — el gato volvió a maullar —. ¿Quieres acompañarme? — el gato lamio la mano de Draco, este sintió cosquillas y una ligera sonrisa de dibujo en sus labios —. Ahora eres mío.
Draco camino hasta su sala común con gato en brazos. Cuando llegó a las mazmorras, no tardó en aparecer Pansy intentando darle un abrazo.
— ¡Dragón! — Extendió sus brazos, pero el rubio se apartó.
— Cuidado, lo puedes lastimar.
— ¿A quién? — Dijo frunciendo el ceño y poniendo sus manos en sus caderas.
— A él. — Draco mostró al gatito acurrucado.
— Aww, que cosita más adorable tienes ahí, ¿cómo lo conseguiste? — Acarició la cabecita del gatito despeinando el pelaje negro.
— Lo encontré por ahí...
— ¿Con qué "michi sin correa, michi de quien lo vea"?
— Se podría decir.
— ¿Y cómo lo llamaras?
— No lo sé. Lo que sí sé es que es macho.
— Es un progreso. Me dices cuando le pongas nombre.
— Claro, adiós.
Con eso, se dirigió a su habitación. Se recostó en su cama y cerró las cortinas para tener una mayor privacidad. Acomodo a su gatito en su pecho.
El ojigris suspiro cansado, aunque no había tenido clases, estaba exahusto porque se había desvelado la noche anterior haciendo sus deberes.
Sintió como el gatito se removía encima de él, abrió los ojos y admiro que el felino se había acercado hasta su cara.
— ¿Sucede algo, bonito? — Acarició detrás de las orejas del pequeño y este empezó a ronronear.
Sonrió ante el sonido de su mascota amigo.
El gato volvió a donde estaba antes y se acostó cerrando sus ojos. Draco también lo hizo.
— ¡Amigo, despierta, te perderás la comida! — Grito.
Draco se despertó de mala gana y abrió sus cortinas.
— Por fin respondes, te estoy llamando hace horas. Ven, vamos a comer, luego te pones de malas.
— ¿Sabes que más me pone de malas? —Preguntó sentándose en la orilla de su cama y tallando sus ojos.
— Que te despierte, si, si, lo sé, deja de ser tan cascarrabias y ven. — Dijo Blaise abandonando el cuarto.
El rubio rodo los ojos y se dio cuenta: ¿dónde estaba su gato?
— Bonito... — Llamó Draco, buscando a su pequeño, pero fue en vano, ahí no había nadie más que él.
Salió de su habitación desanimado y preguntándose donde se habrá ido.
Cuando caminaba rumbo al gran comedor, chocó con alguien, el impacto hizo que ambos cayeran al suelo.
— ¡Mira por donde vas, imbécil! — Draco por fin vio la razón de su caída.
— ¡Quien no veía por donde iba, eres tú, Malfoy!
— Ah, Potter. Eres tú. — El rubio se levantó y siguió su camino sin darle importancia al asunto.
— ¡Espera! — Escucho decir a lo lejos.
— ¿Qué quieres, Potter? — preguntó, cuando el más bajo llegó a su lado.
— ¿Por qué no lo hiciste?
— ¿Por qué no hice qué?
— Hechizarme. — Específico el miope.
— No vale la pena que pierda mi tiempo con personas como tú.
— ¿Personas como yo? — Cuestiono el cara-rajada.
— ¿Qué quieres? — Repitió parando su andar.
— Saber porque actúas diferente.
— ¿Y eso a ti que te importa?
Harry se encogió de hombros.
— Tengo cosas más importantes en que pensar, así que vete con la comadreja y la sangre sucia.
— Ron y Hermione — corrigió él —. Sus nombres son Ron Weasley y Hermione Granger.
— Bien, ve con Weasley y Granger, pero deja de molestarme a mí.
El azabache sonrió y luego se fue, ¿qué había sido eso?
