Caminó hacia su habitación reflexionando sobre sus acciones y pensamientos. Tenía en claro que a Potter lo molestaba por haber rechazado su amistad y lastimado su orgullo, si no quería ser su amigo, le mostraría que no quería ser su enemigo. Molestaba a Granger y Weasley por su estatus, uno era pobre y traidor, la otra era una sangre sucia, lo que su padre le había enseñado a aborrecer.

Se sentó en su cama, frustrado, ¿por qué permitía que el cara-rajada lo dejara cuestionarse acerca de sus decisiones?

Sumido en sus pensamientos, a lo lejos escucha un rasguño, se encamina hacia el rectángulo de madera, y la jalo dejando al descubierto a un hermoso gato negro de ojos verdes.

— Eres tú... — Draco se hizo a un lado para dejarle la pasada libre a su felino — Adelante.

El gato caminó, cuando llegó a su destino deseado, se preparó para saltar y dio un brinco hasta el colchón del sangre pura.

— Ahora que lo pienso, nunca te di un nombre. ¿Debería llamarte "Esmeralda"? — el gato inclinó la cabeza hacia un lado — Lo digo por tus ojos, son de ese color.

El felino maúllo, pareciendo satisfecho por su apodo.

— Esmeralda será — concordó el heredero de los Malfoy con una sonrisa.

En eso se oye el crujido de la puerta, voltea sobre sus talones y ve a una chica de cabello corto.

— ¡Cariño! — saludó Pansy — ¿En dónde te habías metido? Gregory dijo que la sangre sucia te dio un puñetazo — chillo, acariciando la mejilla del rubio, en su cara se mostraba la preocupación e irá.

— Estoy bien, tranquila.

— ¿Cómo me puedo tranquilizar? Mi novio — Draco hizo una mueca — ha sido lastimado dos veces, no quiero que se cuente una tercera... — dijo al borde de las lágrimas.

— Hablando de eso... Pansy, creo que debemos terminar.

— ¿Qué? — interrogó la oji verde.

La palabra sonó seca y decaída.

— Perdóname — el oji gris tomó con suavidad las manos de su amiga —. De verdad, lo último que quería era lastimarte. Pansy, eres alguien increíble, pero no puedo corresponder a tus sentimientos. No quiero arruinar con nuestra amistad, no er-

— No me digas — interrumpió — no soy yo, eres tú.

— No eres tú — concordó — soy yo él que no puede amar a alguien como tú...

— ¿Alguien cómo yo? ¿Qué quieres decir con eso?

— Soy gay.

Tan solo pronunciar eso, todo pareció detenerse, los corazones de los tres seres en esa habitación, los sonidos fuera de ese cuarto, todos los murmullos se desvanecieron, el tiempo pasó más lento.

— Te pido perdón.

— ¿Lo sabías? — nadie habló — ¿Sabías de tus preferencias cuando aceptaste salir conmigo?

— Lo suponía — explicó —, solo qué cuando se lo comente a mi padre se enfureció, me aseguró que sería una decepción para él si me gustaran los hombres, preguntó qué dirían los demás de mí cuando se enterarán qué soy anormal. Me obligó a ser tu pareja para que se me quitara lo "maricón". No quería meterte en esto, no quería lastimarte porque te aprecio, Pans. Eres mi mejor amiga — Draco seguía sosteniendo sus manos —, intenté enamorarme de ti, pero no pude y no puedo seguir haciéndonos esto.

Pansy soltó su agarre con el rubio — Me siento mal por ti, en realidad siento lástima. Me alegra saber que salir conmigo te aclaro las dudas sobre tus gustos — le dio la espalda a su ex pareja para abandonar el lugar, cuando el mayor la detiene.

— Pansy...

— No, Malfoy — al oír su apellido salir de la boca de su amiga, sintió una opresión en el pecho, era su culpa que ahora sufriera —, quiero estar sola, cuando me sienta mejor, yo te hablaré primero, ahora dame mi espacio.

El oji gris soltó su agarre y vio a la castaña irse.

Cerró la puerta y conjuro un hechizo silenciador a la habitación.

Se avecinó a su cama y se sentó al lado de su gato.

— Perdón porque hayas escuchado eso.

Las lágrimas empezaron a correr libres por sus mejillas.

El felino se sentó en el regazo del Slytherin.

Draco abrazo al animal con cuidado, no quería lastimarlo a él también, siguió llorando una hora, antes de quedarse dormido.

Al abrir sus ojos, visualizó sus demás compañeros acostados en sus camas durmiendo, el sol todavía no salía, por lo que supuso era la madrugada.

Su gato no estaba acompañándolo, la curiosidad de saber dónde más vivía lo invadió.

Salió de sus aposentos y vio sentado al Barón Sangriento.

— Buenas... Noches, señor.

— ¡Ah, joven, Malfoy! Es usted. ¿Qué hace despierto a estas horas?

— Mi gato. A veces sale por las noches y me preocupa no saber a dónde va.

— No sabía que tenías un gato.

— Lo adquirí hace poco.

— Ya veo, ¿cómo es tu gato?

— Es negro con ojos verdes.

— Para tu suerte, lo vi, acaba de pasar por la puerta, ¡quién sabe cómo!

Draco frunció el ceño.

— Gracias.

— ¡Ah, espera, jovencito! Ya pasó la hora de queda, no puede salir de la Sala Común.

— Tiene razón, disculpe mi imprudencia — volvió al lugar donde empezó.

Pero ahora tenía una pista, ese gato podía salir y entrar por la entrada a su casa, y para eso necesitas una contraseña...