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Capsule Corp. Saga de los dioses.

Parecía una mañana normal en la residencia Brief-Vegeta, excepto porque Bulma y Trunks seguían a Vegeta por la casa mientras él huía de ellos a paso sereno ignorándolos completamente y tomando un rumbo distinto dentro de la propiedad cada vez que su familia lo alcanzaba para convencerlo.

-Por favor, cariño – rogaba la una.

-Sí, Papá, por favor- rogaba el otro.

Vegeta frunció profundo. Aunque solo llevaban unos minutos siguiéndolo, a él le parecía que llevaban horas con ese estúpido juego.

-Argg… Déjenme en paz. ¡Dije que no! – les decía, doblando sorpresivamente para entrar por la puerta de la sala de estar, siendo seguido de inmediato por su mujer y su hijo.

-Vegeta, no te cuesta nada… - suplicó Bulma, con su voz de convencimiento.

-¡Si me cuesta! – respondió seco, mientras giraba sobre sus talones y cambiaba de dirección para alejarse de ellos momentáneamente pero siendo alcanzado a los pocos segundos.

-Papá, nunca salimos a ninguna parte.

Vegeta resopló y se detuvo un momento solo para voltear un poco y responderle a su hijo -Te recuerdo que hace poco más de un año fuimos a ese estúpido torneo de las artes marciales.

- ¡Vegeta! Eso no cuenta… - reclamó Bulma – Además, todos terminamos muertos.

-Claro que cuenta… ¿No has oído del turismo aventura? – preguntó irónicamente, volviendo a alejarse.

Ni Bulma ni Trunks pensaban en darse por vencidos por lo que volvieron a darle alcance en la cocina, poniéndose por delante del saiyajin.

Las caras rogonas y los ojos brillantes, tanto de su mujer como de su hijo comenzaron a desesperarlo.

-¡No! - dijo, pasando por el medio de ambos, buscando la salida al jardín.

Bulma y Trunks, bajaron sus brazos derrotados. Sin embargo, la mujer recordó algo y poniendo su mejor cara de intrigante, comentó cruzándose de brazos de manera altiva -No importa si tu padre no quiere acompañarnos… Él se lo pierde. Nosotros podremos degustar la deliciosa comida de aquella isla…

-No soy el imbécil de Kakaroto… - respondió, Vegeta, parando su marcha y cruzándose de brazos también, sin voltear a verlos.

-Pero funcionó la primera vez – murmuró Bulma, mirándolo con algo de coquetería, como cuando lo invitó a quedarse en su casa.

Vegeta frunció. No había sido solo por la comida.

El pequeño los miró curioso un segundo, pero inteligente como era, comprendió de inmediato y agregó otra cualidad del lugar al que querían ir -Es cierto, mamá… - dijo poniendo su pose de sabiondo - También he oído que en aquel lugar hay un manantial donde el agua te hace rejuvenecer…

-Eso no servirá para convencerme, Trunks… Los saiyajin envejecemos más lento que los humanos y lo sabes… - hizo un pausa y agregó, volviendo a ver a su mujer -Ahora comprendo el interés de tu madre – terminó sonriendo maliciosamente, cobrándose lo del comentario de la comida.

- ¡Como te atreves! Yo aún soy una mujer joven y hermosa… - reclamó Bulma, molesta.

Vegeta amplió su sonrisa por haber logrado hacer enojar a su mujer.

-Vamos, papá… - insistió su hijo - En el folleto que me mostró mamá también dice que hay un parque de diversiones!

El saiyajin alzó una de sus cejas pero enseguida respondió, volviendo a fruncir profundamente -No y no insistan, porque no me harán cambiar de opinión.

Bulma, comprendiendo que no había razón en el mundo para convencer a su esposo, decidió usar su arma secreta -De acuerdo. Si no quieres acompañarnos quédate a entrenar o a hacer nada, como tanto te gusta - volteó a ver a Trunks y le dijo – Amor, ve a empacar y no olvides guardar tu traje de baño nuevo.

-Sí, mamá – respondió el pequeño y voló a su cuarto a hacer lo solicitado.

Bulma dio media vuelta, para salir hacia la sala y comentó -A decir verdad… Muero por estrenar mi nueva tanga en público…

Vegeta apretó su mandíbula.

La mujer volteó para ver la reacción de su esposo y le preguntó, antes de salir definitivamente -¡Oh! Casi lo olvido… ¿Te comenté que en aquella playa uno puede tomar el sol en topless? Será delicioso sentir los cálidos rayos del sol recorrer mis…

- ¡Empaca mis cosas! – gritó furioso.

- ¿No que no ibas? – preguntó Bulma, fingiendo inocencia.

Vegeta entrecerró sus mirada un momento y comentó enseguida con burla – Iré solo para evitar que dejes traumatizada al resto de la población con tu fealdad.

Bulma frunció, pero decidió pasar por alto el comentario desagradable de su esposo ya que sabía perfectamente que él mentía, por lo que se devolvió a darle un breve beso en los labios, cosa a la que el saiyajin no respondió, así que ella simplemente se retiró a empacar para sus vacaciones familiares, feliz por que había conseguido que su esposo los acompañara.

Vegeta se quedó de brazos cruzados mirando a su mujer alejarse. Enseguida se medio sonrió y comentó para sí mismo – Una promesa es una promesa… Y si Bulma nos acompaña a ese estúpido parque de diversiones, no será tan vergonzoso cumplirla.

Fin