Yo me había comprometido a no seguir haciendo historias al principio de la semana solo porque una página de Facebook me dijera. Y aquí estoy (con algunas horas extra antes del límite, por cierto).
Es que mi Crack!OTP y mi tropo de "Toda la familia de Luffy debe estar junta"(?) me lo pedían a gritos también.
Fanfic perteneciente al RetoRayo2023 de "Es de Fanfics" llamado "Relatos Salvajes"
Advertencia: Intento de NSFW (Lemon pues), OoC, Luffy es hijo biológico de Shanks y Dragon, fetiche con la lactancia y traumar a Ace es mi deporte favorito. Au domestico todo bonito.
Disclaimer: Los personajes no son míos, pertenecen a Eiichiro Oda y su obra One Piece.
Leche con Chocolate
A Dragon/Shanks fanfiction
Cuando Akagami no Shanks y Monkey D Dragon unieron sus vidas jamás imaginaron que su nueva etapa juntos fuese la menos tranquila de todas las existentes en el mundo.
Ambos habían llegado a la relación con dos hijos, un niño y una niña por igual, entre los 4 y los 2 años. Dragon llegó con Sabo de 4 y Koala de 3, mientras Shanks llevaba consigo a Ace de 4 también y la más pequeña de todos los nuevos hermanos, Uta, de tan solo 2 años.
Aunque, maravillosamente y en contra de todas las estadísticas existentes, ellos no habían sido gran parte del problema... Si, tanto Ace como Sabo eran un vórtice de energía incontrolable, siempre metiéndose en problemas y accidentes podían ser bien manejados, incluso se complementaban perfectamente estando cerca de sus hermanas menores, quienes parecían calmar al dúo de mocosos indestructibles, como a Shanks le gustaba decirles.
De ahí en fuera, la estampa de una familia perfecta como de comercial de Corn Flakes, les quedaba a la perfección.
Sin embargo, como si ellos mismos hubiesen deseado sabotear su tranquila vida familiar después de notar que, en efecto, era sumamente tranquila, adicionaron al quinto hijo; el pequeño Monkey D Luffy...
Y así, como el balance de personas que existían en esa casa, Luffy rompió la tranquilidad de todos.
Era un bebé inquieto, cuya única limitante era su incapacidad para moverse por sí mismo y de no ser así, habría conquistado el mundo.
Lloraba y comía a partes iguales, parecía tener los pulmones más fuertes de toda criatura en el planeta, gritaba para comunicarse, se reía tan alto que podía asustar a cualquiera, era una pequeña máquina de poner su vida en riesgo y aunque resultaba ser totalmente adorable en sus momentos menos complejos, era considerado un bebé complicado.
Demasiado.
Y con un retraso de sueño de aproximadamente 7 meses, ninguno de los padres podía decir que se alegraba de forma muy sincera que el pequeño Luffy tuviera un horario más "aceptable" de sueño entrando a los 8 meses de vida, donde podía dormir la noche completa y gran parte de la mañana, hasta que sus hermanos mayores despertarán y él deseara unirse a las aventuras de Ace y Sabo o ser el bebé de los juegos de Koala y Uta.
Aunque habían aprendido que oír cantar a la más pequeña de la casa parecía tranquilizarlo de más.
Sin embargo, a diferencia de sus otros hijos, ahora los mayores debían tener un cuidado excesivo para no despertar al bebé de la familia, el único que aún dormía dentro de la habitación principal junto a ellos. No podían hablar tan alto o hacer cualquier tipo de ruido, por más mundano que esté fuera, sin tener el terror de hacer que Luffy abriera sus enormes ojos negros y no volviera a cerrarlos hasta que la luz de la mañana entrara por las ventanas...
Lo que les obligaba a entrar únicamente a la habitación a dormir, sin usar ningún aparato o siquiera prender la luz, tratando de no hacer que el colchón crujiera por el peso de los dos.
Por qué le temían.
Dos adultos cerca de los 35 y 40 le temían a un bebé de 10 kilos y apenas 75 cm de largo con solo 8 meses de vida.
Y por esas precauciones la relación entre los dos se empezaba a enfriar.
Dragon no recordaba la última vez que tocó a su esposo y Shanks podía incluso afirmar que lo habían hecho sólo para concebir al pequeño emperador... Por qué mantenerse despierto a altas horas de la noche para atender a un niño que se había despabilado por el golpe hueco de un brazo contra el buró o de una almohada rebotando contra la alfombra era, por supuesto, lo menos afrodisíaco jamás antes visto.
Y ambos habían llegado a ese silencioso acuerdo de no volver a intentar nada.
En ningún sitio. Pues, de lo contrario, encontraban el llanto del más pequeño por tratar de hacer algo dentro de las cuatro paredes de su habitación y el mullido colchón King size, o encontraban los juguetes de los niños escondidos en los sillones, las muñecas bailarinas que a la menor provocación se activaban de las niñas en lugares que tal vez jamás debería estar una muñeca y entonces, todo se apagaba rápidamente.
Sin embargo, ambos estaban más bien conformes en esperar dentro del celibato hasta... La muerte tal vez.
゜・。。・゜゜・。。・゜
Como ya era costumbre de todas las mañanas, Shanks bajó sin hacer casi ningún ruido a la cocina, haría el desayuno de su esposo y sus hijos a esas altas horas de la madrugada, para tener un poco más de tiempo libre y poder dormir antes de tener que hacerle caso a Luffy durante todo el día.
Después de tener que hacerle caso toda la noche porque el bebé había tenido un cólico provocado por una flatulencia que no había descubierto hasta las 2 am.
Al menos agradecía que desayunar y hacer que los otros cuatro lo hicieran antes de sus clases en el preescolar, así como arreglarlos y llevarlos ya era trabajo de Dragon y él sabría cómo hacerlo dos o tres horas en el futuro.
Ese día pretendía hacer hotcakes, algo en teoría "sencillo", tanto para que desayunaran como almuerzo de media mañana para las 5 personas que iban a salir de la casa y poco le importaba los gustos culinarios de su esposo, iba a comer hotcakes con fresas, mantequilla y miel como todos en esa casa.
Así que empezó con lo suyo, primero se encargaría de la fruta, pues ante cualquier cosa siempre podía solo llenar contenedores pequeños con la misma y que fuera la comida balanceada de ese día.
Por qué en verdad, el humor de Shanks no era el mejor desde hacía 7 meses atrás y menos después de tener que investigar en Internet porque su hijo lloraba y que este se habría controlado después de relajar el cuerpo y dejar que todo saliera naturalmente.
Puso café en la cafetera y dejó que hiciera lo que quisiera, mientras él aplastaba algunas uvas en un intento de cortarlas "tiernamente" y solo meterlas a los contenedores miniatura antes imaginados.
—Buenos días... —la grave voz de Dragon se hizo presente sobre el sonido de la batidora contra la mezcla de harina, huevos y leche.
—nndias —contestó el pelirrojo, sin ponerle verdadera atención, no tenía interés alguno de saber la razón por la que estaba despierto tan temprano ni del ruido que verdaderamente estaba haciendo, si se tenían que despertar todos los vecinos más temprano de lo necesario, ¡que lo hicieran! Nadie podía ser menos miserable que él.
—... —el moreno miró el odio con el que Shanks preparaba la comida y, por alguna razón, le llamó más la atención, notando cómo refunfuñaba y parecía haber tenido la peor de las noches jamás existentes — ¿Pasó algo?
—... —el más joven volteó, con una mirada que fácilmente había podido atravesarle el cráneo de ser posible, pero que, por algún motivo, al hombre de cabello oscuro y largo parecía adorable.
— Luffy ¿cierto?
—Siempre es Luffy... —soltó un suspiro, poniendo en el sartén la mezcla para empezar a hacer los panqueques esponjoso, o un intento lleno de odio de ellos.
Aunque si, estos si estaban quedando gorditos, adorables, como los brazos de ese maldito bebé adorable que cada día quería más y simplemente no podía odiarlo por ser eso; un bebé.
Dragon solo atinó a abrazar el cuerpo del pelirrojo, por un par de segundos, en un intento de reconfortar a su marido con el calor de su cuerpo contra el otro.
Y pudo sentir como Shanks tembló después de eso... Sin embargo, no hizo nada para separarse.
Monkey D levantó una ceja a hacer consiente lo que había pasado y preguntarse ¿cómo un simple abrazo había emocionado a su esposo de esa manera? Más no intentó hacer ninguna pregunta, simplemente llevó sus labios hacia el blanco cuello de su pareja, dejando ligeros besos sobre este.
Besos que fueron perfectamente bien recibidos y se transformaron en un suave suspiro cada que uno de ellos se presentaba.
Y eso solo agradaba más en Dragon.
Llevo sus manos hacia los botones del pijama del pelirrojo, desabrochando lentamente uno a uno, los suficientes para poder colar su diestra sobre la piel suave del pecho ajeno, acariciando con lentitud, deseando recordar la textura de la piel ajena a la perfección.
—Dra... Dragon —llamó el menor, mientras dejaba todo lo que llevaba entre las manos sobre la barra de la cocina a un lado de la estufa y se recargaba también, en un intento de mantenerse de pie aún.
—¿Qué? —la pregunta en realidad no buscaba ningún tipo de respuesta, así que habló con su típico tono de voz tipo "regaño", mientras su diestra apretaba el pecho aún hinchado del pelirrojo y la zurda viajaba más hacia el sur, deseando desnudarlo.
Shanks apretó los dientes contra sus labios para hacerse callar, tentando con la diestra a las perillas para apagarla y evitar que el único hotcake hecho se quemara de un solo lado.
El moreno sonrió, porque entonces los dos estaban en el mismo lugar ahora, en ese mismo deseo de usar la hora "muerta" para desquitar todos esos meses en celibato. Sus manos se separaron del cuerpo semidesnudo del otro por un momento, mientras observaba como la tela de la ropa aún vestía al otro y, que de esa manera no podía verlo.
Retiró la parte de arriba con lentitud, botándola un lugar en la cocina, mirando el cuerpo bien formado del pelirrojo y como sobre esa piel blanca de textura suave se coloreaba en pequeñas manchas de carmesí, tan rojas como su cabello.
Su mirada rápidamente se pegó en la curva de su espalda baja, aquella que seguía hasta su trasero y que ahora era descubierta apenas para dejar ver un poco de piel y acentuar la curva de ese trasero que tanto le gustaba.
Sus labios volvieron a pegarse en la piel del pelirrojo, dejando varios besos sobre la espalda de este, recorriendo por la espina, decorando a su paso con ligeras mordidas, haciendo que uno que potro quejido entre el dolor y la emoción salieran de entre los labios contrarios. Sus amplias manos se dedicaron a sostenerlo de la cintura, para atraerlo más a él mientras volvía hasta su altura y poder dejar varios besos en el cuello y hombros del más bajo, restregando su creciente erección detrás, presionando sobre el bien formado trasero del más joven.
—Siento, que... estas muy emocionado~ —entre suaves jadeos el pelirrojo soltó uno de esos comentarios relajados que tan bien le quedaban, mientras usaba sus caderas para moverse en contra de la acción de cadera que el mayor hacía detrás de él, robando uno que otro jadeo por parte de su amado esposo.
Y eso era música para los oídos de Shanks.
Volteó, para encarar al de ojos oscuros y "malvados" tomando entre sus manos el rostro ajeno, obligándolo a mantenerse ahí y poder besar sus labios.
Con hambre.
Deseo.
Pasión.
Y Dragon no opuso ningún tipo de resistencia.
Lentamente Shanks fue caminando hacia atrás, para quedar pegado sobre la barra de la cocina, debajo de las puertas de alacena encima de ese lugar, atrayendo hasta él por el pijama a su aun vestido esposo, besandolo de nuevo, usando sus manos para sostenerlo por la nuca y acariciando entre las hebras del abundante cabello del mayor, dejando que suaves sonidos de gusto y deseo se ahogaran entre los labios del otro hombre, en esos cálidos y húmedos besos que ambos luchaban por liderar.
Las manos de Dragon se dedicaron a quitar las únicas dos prendas que aún estorbaban sobre el hermoso cuerpo del pelirrojo, lanzandolas lejos de ahí, para quedar aún más cerca del otro, sin que nada se interpusiera en su camino.
—Estas muy... —el pelirrojo bajó su diestra sobre el pecho del otro, acariciando aún encima del pijama sin realmente desear quitarle la ropa, teniendo esos pocos instantes para hablar como para respirar también, haciendo contacto visual con el otro.
—¿emocionado? —el moreno sonrió de medio lado, presionando el cuerpo de su pareja contra de si, acercándose para besar sobre su cuello, morder levemente cerca de sus clavículas, adornando la piel blanca de este con suaves marcar rojas, tan rojas como el cabello de este.
—Duro —respondió, con tono cantarín, como si fuera una broma, aunque su respirar pesado y entrecortado decía todo lo contrario, era en serio.
—También es por tu culpa, pelirrojo —murmuró, bajando sus labios sobre su pecho, besando entre este, alcanzando uno de sus pezones rosados, lamiendo con suavidad sobre la misma zona, chupando tranquilamente y sintiendo como la suave y tibia sustancia blanquecina que salía de ellos inundaba su boca.
—¡O-oye! ¡Deja ahí! —Akagami rápidamente empujó por la cabeza al más alto para frenar sus intentos de seguir bebiendo de él, mientras su rostro se pintaba aún más de rosado y la sensación le hacía llegar a algún límite que no conocía — E-eso...
Dragon sonrió, "agradeciendo" por la comida antes de volver a los labios de su esposo, capturándolos en un leve beso, tierno y amoroso, llevando sus manos hacia las caderas del otro, levantando y haciendo que su espalda se recargara en un ángulo no muy cómodo contra la barra de la cocina.
Ninguno dijo ni una sola palabra, únicamente había miradas cómplices pues ambos sabían lo que iba a suceder, Shanks cerró sus ojos por un segundo, segundo que Dragon tomó para bajar sus pantalones y dejar libre aquella erección que lo aquejaba, dirigiendola directamente hacia la entrada del menor.
Y con una no muy cuidada estocada, entró en él.
El pelirrojo rodeó con sus piernas y brazos el cuerpo del más alto, escondiendo por un momento su rostro entre el abrazo de los dos, Dragon sostenía aún a su esposo con ambas manos debajo de él, acariciando su trasero, apretándolo y "susurrando" sus jadeos cerca de la oreja del más bajo.
—Estas tan apretado —confesó, dejando un par de besos sobre su mejilla más cercana, segundos antes de comenzar a moverse.
Fuerte.
Preciso.
Con deseo.
Los sonidos de excitación y deseo no se hicieron esperar y rebotaban por las tres paredes de la cocina, entre los gruñidos y jadeos graves que salían de la garganta de Dragon, junto con los gemidos y chillidos que escapaban de Shanks, adornados por el sonido de las embestidas y de los muebles siendo chocados con el cuerpo del pelirrojo.
Las manos del menor de ambos fueron a parar hacia la espalda contraria, sosteniéndose sobre de ella incluso rasguñando aun estando sobre la fina tela de la pijama del mayor.
El moreno continuó repartiendo besos sobre el cuerpo de su amado, aquellas zonas que podía alcanzar, mientras se movía dentro de él, con fuerza, esmero para hacer que los sonidos de placer salieran del pelirrojo con mayor intensidad, deseoso.
Necesitaba oírlo.
Deseaba hacerlo.
Pudo ver como el menor se estiró un poco hacia atrás, tomando la manija de la alacena para sostenerse, el placer y deseos impresos en esa mirada grisácea que le miraba en ese momento, mientras le sonreía y pedía, entre cada uno de las embestidas, que lo hiciera más.
—¡D-Dentro! —exigió, tomando al mayor por la nuca para acercarlo más hacia él, pegarlo cerca de su pecho y Dragon volvía a prestarle su atención al pecho hinchado de su esposo, en un deseo lascivo de ser alimentado por él mientras esté gemía y caía bajo el orgasmo que pudiera provocarle.
Ansioso.
—Papá... —la vocecita infantil del mayor de los hijos se hizo presente, Ace estaba en la entrada de la cocina, tallando uno de sus ojitos — Bebé Luffy no deja de llorar y...
Ambos adultos se quedaron congelados cuando el niño levantó la mirada hacia donde estaban, Dragon sólo logró cubrir con su cuerpo al pelirrojo, quien había tenido que poner la mejor cara de póker que podía para no dar un paso en falso
—¿Qué hacen? —la carita pecosa confundida de Ace sólo los miraba con duda, sin entender lo que en verdad pasaba.
—Oh... ¡Ah! —Shanks empieza a mirar a todos lados, buscado algún tipo de respuesta factible, únicamente viendo su mano sobre la manija de la alacena, abriendo la puerta de este, mirando hacia dentro en una extraña contorción de su cuerpo, contorción que había incomodado un poco al hombre que aún le mantenía penetrado y quien, en verdad, no podía siquiera quejarse por lo complejo del instante— ¡Leche con chocolate!
Se estiró un poco más para sacar la bolsa del chocolate en polvo, dejándolo en la barra de la cocina.
—Ve allá arriba, en un momento subo por tu hermano...
Ace abrió los ojos, asintiendo con la cabeza antes de salir corriendo escaleras arriba, sin dar ninguna pista de haber visto o entendido lo que estaba pasando.
—Todavía podríamos… — Dragon se aventuró a dejar sus deseos en claro, únicamente siendo regañado con la mirada del pelirrojo, quien solo le gruño que lo dejara en paz y se alejara de él.
Eso sí, ese parteaguas por supuesto que no los regresó al celibato de hacia 7 meses.
゜・。。・゜゜・。。・゜
El reloj marcaba un poco más de las 8:30 a.m. y a Ace se le había hecho mucho más tarde de lo común para llegar a su destino, así que, sentarse a desayunar como era su costumbre y gusto simplemente no se iba a poder lograr.
Por lo que decidió hacer el desayuno exprés, la vieja confiable leche con chocolate.
Se dirigió al refrigerador para tomar la botella de leche, sirviendo un vaso algo grande y dejarla en su lugar, tomando el vaso y caminando hacia el otro extremo de la cocina, abriendo las puertas de la alacena y estirándose para tomar la bolsa de chocolate en polvo que, desde que tenía memoria, ahí se guardaba.
Estiró su mano para sacar una cuchara limpia y así empezar a servir el polvo dentro de la leche.
Una.
Dos.
Revolver en un intento de quitar los grumos.
Hasta que...
—Ay, guácala... —el moreno dejó de mover la cuchara dentro de su vaso, haciendo una cara de asco tan honesta que daba miedo, sin haber escuchado que Luffy, su hermano de ahora 15 años, estaba entrando a la cocina
— ¿Qué pasa? ¿Te vas a tomar esa leche?
Ace negó con la cabeza, extendiendo el vaso de leche hasta su hermano menor.
— Vi a Shanks y a Dragon teniendo sexo en esta cocina...
Luffy dejó de tomarse la bebida al escuchar la confesión del otro, bajando el vaso hacia la mesa, siguiendo la cara de asco que el mayor había hecho, solo que ahora decorada con un bigote de leche sobre sus labios.
Los dos se vieron a la cara, dejaron todo en la mesa de la cocina y salieron corriendo de ahí, para no volver a tocar el tema en lo que restaba de sus vidas.
Gracias por leer
