15
Metiendo un libro en su lugar en la robusta estantería al día siguiente, tuve que estirarme bastante. Había estado encerrada en la biblioteca durante horas, relajándome de mi manera favorita. Mentalmente había anotado varios de los libros aquí que tenía la intención de leer antes de mi inevitable divorcio. Estaba decidida a terminarlos todos.
Extrañaría este pequeño refugio cuando me fuera. No importa cuán agitado fuera mi día, toda mi tensión se desvanecía cada vez que entraba a la biblioteca, en parte porque me encantaban los aromas amaderados y terrosos de los libros antiguos y el cuero. Honestamente, no entendía por qué Sasuke nunca hacía uso del espacio. Qué bicho raro.
Dicho bicho raro estaba actualmente en su oficina en casa. Gran sorpresa ahí. Antes había asomado la cabeza por la puerta para informarme que había vuelto de su cena con sus colegas, pero había desaparecido antes de que pudiera decirle algo más que "hola".
Casi me reí cuando Amayo comentó una vez lo "social" que era Sasuke. Social mi culo. Sin embargo, ciertamente podía fingir jodidamente serlo cuando le convenía. Justo como fingió estar jodidamente loco por mí.
Agarrando otro libro que había marcado mentalmente para leer, me dirigí a lo que se había convertido en mi sillón de felpa favorito dentro de la biblioteca. Estaba a punto de sentarme cuando Sasuke entró con sus ojos duros y su boca apretada.
Arqueé mis cejas.
–¿Algo va mal?
Se detuvo a unos metros de distancia y se metió las manos en los bolsillos con indiferencia, pero lucía lejos de estar calmado.
–Acabo de recibir un correo electrónico de Tayuya.
Uh-oh. Debería haber imaginado que ella le enviaría otro, o tal vez simplemente hubiera reenviado al primero.
―¿Tayuya? ―repetí―. ¿Qué quería?
―En primer lugar, disculparse por la escena que provocó en la barbacoa. Dice estar avergonzada de su comportamiento y está mortificada por haber defraudado tanto a su familia. Continuó diciéndome cuánto le entristece que ustedes dos nunca hayan sido cercanas y que se arrepiente de no haber formado nunca un vínculo fraternal contigo.
Ella había escrito todo eso en el otro correo electrónico.
―Aparentemente, también siente la necesidad de advertirme que nunca has superado a Naruto, y le preocupa que puedas estar utilizándome para llamar su atención ahora que se está divorciando de su esposa. Está bastante segura de que me dejarías por él si te diera la más mínima indicación de que estaría dispuesto a darle otra oportunidad a las cosas contigo, y aparentemente su conciencia no la dejaría callarse al respecto.
Sí, ella también había dicho ese montón de mierda en el correo electrónico original, así que parecía que simplemente lo había reenviado. La mujer no sabía cuándo detenerse, ¿verdad?
―Puedo ver que estás enojado, pero ignórala. Me ocuparé de eso, Sasuke.
Caminó lentamente hacia mí.
―¿Lo harás? Gracioso. Porque antes del correo electrónico decía que lamentaba molestarme 'otra vez', pero le preocupaba que su primer correo electrónico se hubiera descarriado.
Maldición.
–Revisé mi cuenta de correo electrónico, pero no había nada más de Tayuya, ni siquiera en los correos no deseados o los correos eliminados. Lo que significa que no había otro correo electrónico o tú lo eliminaste tan a fondo que incluso lo borraste de la carpeta de eliminados. La expresión de tu rostro me hace inclinarme hacia la última teoría.
Me encogí de hombros.
―Deshacerme de tu correo de mierda es parte de mi trabajo.
La impaciencia cruzó por su rostro.
―Esto es algo de lo que hubiera querido saber, lo que sabes muy bien, pero lo borraste sin decírmelo. ¿Por qué?
―¿No puedes adivinar?
Sus fosas nasales se ensancharon.
―Ella no se saldrá con la suya.
Mi estómago se hundió.
―Sasuke...
―No, te dejé claro que si ella hacía otra jugada, no lo dejaría pasar. No se trata solo de los correos electrónicos, Sakura. Kizashi insinuó que ella te hizo la vida difícil cuando eras niña. Una niña traumatizada. Ella debería haber sido manejada hace mucho tiempo.
―Fue manejada. Amayo y Hamaki le pusieron fin.
―¿Le pusieron fin a qué exactamente?
Apreté los labios con fuerza. No era solo que no quería hablar de eso, era que sabía que escuchar los detalles solo lo enojaría más.
―Ella va a pagar, Sakura.
El pánico revoloteó a través de mí mientras él se giraba y se dirigía hacia la puerta.
―Ella es bastante capaz de arruinar su propia vida, Sasuke, no necesita ayuda con eso. Solo déjalo correr.
―De ninguna manera.
―En serio, le molestaría más si la ignoraras.
―Tengo la intención de hacer mucho más que 'molestarla'.
Mierda, mierda, mierda.
―Sasuke, te estoy pidiendo que lo dejes. Por favor.
–No va a pasar, Sakura.
Di un paso aterrorizado hacia él.
–Toma represalias, Sasuke, y me iré.
Se detuvo y su cuerpo se puso rígido. Absolutamente rígido. Luego, finalmente, muy lentamente se volvió hacia mí, su mirada era más oscura de lo que jamás la había visto, su ceja se arqueó hacia arriba.
―¿Te irás? ―repitió, su tono me desafió a repetirlo.
Negándome a dejarme intimidar, levanté la barbilla.
―Te lo debo, yo sé eso, y no quiero retractarme de mi palabra, pero no puedo perder a Amayo y Hamaki.
―Esa no es una razón para dejar que Tayuya te pisotee, ella hace estas cosas porque la dejas salirse con la suya, la gente solo te tratará como les permitas que te traten.
―No me importa si ella siente la necesidad de actuar como una perra conmigo.
–A mí me importa.
―No, te importa que ella se haya atrevido a enfadarte, eso es diferente. Tayuya ha sido una perra conmigo desde el día en que la conocí, ella nunca va a cambiar, nada de lo que hagas o yo haga marcará una maldita diferencia. Si actúas en consecuencia, solo lastimaría a Amayo y Hamaki. Ella lo usaría para lastimarlos; para que la elijan a ella antes que a mí, y lo harían. Yo sé eso. Lo entiendo, no los odiaría por ello, ella es su hija. Te odiaría a ti por ello.
Sus cejas se juntaron.
―¿A mí?
―Sí. Porque sabes lo que intenta hacer Tayuya; sabes cuál es su juego. Si juegas en sus manos, lo habrás hecho sabiendo que podría perder a dos de las personas que más me importan. Habrás puesto tu necesidad de venganza sobre lo que siento y deseo. ¿Y para qué? No es que te preocupes por mí, nos divorciaremos en menos de un año, ese es tu plan. ¿Qué te importa realmente si tu falsa esposa tiene que lidiar con una mierda familiar?
Un músculo de su mejilla se flexionó.
–Importa.
Resoplé interiormente.
―No perderé a Amayo y Hamaki solo porque no te guste que la gente se cruce contigo, son importantes para mí. No hablé durante cuatro meses enteros después de que Deacon golpeó a mi madre porque no quería contarle a nadie lo que había hecho; Quería protegerlo, no importa lo buenos que Amayo y Hamaki fueran conmigo, no confiaba en ellos. No confiaba en que no me enviarían lejos. Así que no les hablé, no dejé que me tocaran. Apenas comí. Apenas dormí. Tuve pesadillas todo el puto tiempo.
Haciendo una pausa, me acerqué a él.
–Fueron muy pacientes conmigo. Muy buenos conmigo. Nunca levantaron la voz, nunca me levantaron la mano, nunca se molestaron porque no hablé. Simplemente me dejaron en paz. Incluso cuando comencé a hablar, no me acribillaron con preguntas, fueron... fueron lo que necesitaba, y se aseguraron de que tuviera a Kizashi en mi vida y de que entendiera correctamente su trastorno. Si aguantar las tonterías de su hija es la forma de pagarles todo eso, que así sea, y no apreté los dientes durante años con la mierda de Tayuya solo para que tú lo arruines todo ahora.
Exhaló pesadamente, un poco de la amenaza en sus ojos desapareció.
―Sasuke, dime que lo dejarás.
―Si lo hago, ella intensificará su juego. Ignorarlo no la detendrá.
―Tampoco amenazarla. Se deleitaría en el drama y lloraría lágrimas falsas a sus padres.
Torció la boca.
―Entonces lo tratamos de otra manera.
―No les estoy contando cuentos a Amayo y Hamaki.
–No te lo estoy pidiendo.
―¿Entonces qué?
Sus ojos se entrecerraron.
–¿Donde trabaja ella?
–No lo hace.
Frunció el ceño.
―Viste ropa de diseñador y conduce un Mercedes.
–Utilizando los pagos de manutención infantil que recibe del padre de Junior.
―¿Es soltera?
―No. Está saliendo con un tipo llamado Kabuto Yakushi. Probablemente esté casado; sus novios hablan por sí mismos. Ella arruina sus relaciones, las ordeña por lo que puede conseguir y luego sigue adelante.
―Entonces, si contratara a alguien para que tomara algunas fotos de ella y Kabuto y luego le enviara dichas fotos a su esposa, Tayuya no estaría muy feliz por eso, ¿verdad? Sería un mensaje: si ella se queda fuera de nuestro negocio, nosotros nos mantendremos fuera del suyo, pero si no...
De hecho, no era mala idea.
―¿Estás seguro de que ella sabrá que estamos detrás de esto?
―Me aseguraré de que lo sospeche de alguna manera. Lo confirmaremos cuando se enfrente a nosotros, lo que seguramente hará; no podrá ayudarse a sí misma.
Asentí lentamente.
―Está bien.
–Está bien ―repitió―. Pero... ―Cerró la corta distancia entre nosotros―. Quiero saber qué te hizo.
Sentí que se me encogían las entrañas.
–Fue hace mucho tiempo... ―corté cuando acercó su rostro al mío, su expresión era dura, su respiración abanicaba ligeramente mi boca.
―Esa mujer será manejada, Sakura. Prefiero hacerlo a mi manera, lo que implicará poner el temor de Dios en ella. Si quieres que trate con ella de otra manera, este es el precio.
Debería haber recordado que rara vez hacía algo por nada.
–Dime lo que hizo.
Apreté los dientes.
―Muchas pequeñas cosas.
―¿Tales como...?
Me encogí de hombros.
―Rompía mis juguetes. Rasgaba mi ropa. Intentaba obligarme a comer comida para perros. Pellizcaba y retorcía mi piel. Escupía en mi cena cuando sus padres no estaban mirando.
―¿Qué más? Siento que se intensificó.
―Me mordía lo suficientemente fuerte como para marcarme. Abofeteaba mi cara y tiraba de mi cabello. Me tiraba cuchillos. Entraba a hurtadillas en mi habitación mientras yo dormía y me cortaba el pelo o se orinaba en mi cama para que yo tuviera la culpa. Esa clase de cosas.
―¿Nunca le dijiste a nadie?
―Al principio, no hablaba en absoluto. Luego, cuando lo hice, bueno, ella dijo que me enviarían a otro lado si le contaba a alguien lo que estaba pasando. ―Me enviarían a un hogar para niños donde me golpearían, me matarían de hambre y no me permitirían tener ropa.
―¿Qué hizo que todo se detuviera?
Dudé, flexionando los dedos.
―Ella y dos de sus amigas...
―¿Qué? ―él presionó.
―Me encerraron en el baúl del auto de Hamaki. Con su rata mascota. ―Esto último podría no haber importado tanto si no me hubiera traído recuerdos de mi vida con mi madre.
Tragué saliva, recordando cómo les había rogado que me dejaran salir. Solo se habían reído.
―Amayo y Hamaki estaban en una fiesta. Tayuya y sus amigas esperaron a que la niñera se durmiera y luego me sacaron a escondidas por la puerta trasera. Me llevaron al camino de entrada al frente de la casa, me empujaron en el baúl y luego me dejaron ahí. Grité y pateé, pero nadie me escuchó. No hasta que Amayo y Hamaki salieron tambaleándose de un taxi a las dos de la mañana, borrachos.
Sasuke escupió una feroz maldición.
―¿Y luego qué?
―Me sentaron y exigieron saber qué había pasado. Se los dije... y todo lo demás que había sucedido simplemente salió de mí. Estaban devastados. Conmocionados. Furiosos. Me preguntaron si quería irme, pero les dije que no. Cayeron sobre Tayuya con fuerza, y ella nunca volvió a tocarme. Nunca volvieron a ser los mismos con ella después de eso. A veces la miraban como si no la conocieran. ―Suspiré―. Así que ahora lo sabes.
Siguió mirándome con esos ojos penetrantes, manteniéndose extrañamente quieto.
―En este momento, lo que más deseo es hacer unas cuantas llamadas telefónicas que destrozarán su vida hasta que no tenga nada ―dijo en voz baja y cargada de ira―. Pero hice un trato contigo y lo mantendré. ―Estaba nariz a nariz conmigo―. No me amenaces con abandonarme de nuevo, Sakura. Nunca. ―Antes de que pudiera decir una palabra más, salió de la habitación.
Dejé escapar un suspiro tembloroso, sintiendo como si hubiera esquivado una bala. Por un minuto no pensé que sería capaz de convencerlo, pero cedió cuando le hice un trato, tendría que recordar eso. Podría necesitar utilizar esa táctica si alguna vez volvíamos a encontrarnos en conflicto por algo. Lo que haríamos, porque él era un dolor en mi trasero.
Volviendo a la lujosa silla, me dejé caer en ella. El hombre me iba a llevar a la bebida en algún momento, estaba segura.
•
•
•
De pie, en el escritorio de mi oficina unos días más tarde, dirigí una falsa sonrisa de disculpa a Ayame y Shisui.
―Lo siento, Sasuke no está aquí; está haciendo sus rondas en otros departamentos.
Le gustaba ponerse al día con los equipos, ser visible y estar al tanto de todo lo que estaba sucediendo dentro de la empresa. Solo esperaba que no estuviera despidiendo gente a la izquierda, a la derecha y al centro. Había estado muy decaído desde nuestra pequeña discusión en la biblioteca. Hoy, sin embargo, estaba de muy mal humor y su nivel de tolerancia era escaso como el papel.
Le pregunté si quería hablar sobre lo que fuera que le molestaba, pero, por supuesto, me había ignorado, y con bastante rudeza, en ese momento le saqué el dedo medio y le dije que se lo metiera en el culo.
―Probablemente tardará otra media hora más o menos ―agregué.
―Está bien ―dijo Shisui, rascándose la barbilla―. Realmente queríamos hablar contigo, en realidad.
Señor, líbrame.
―¿Has venido a disculparte por llamarme mentirosa? ―Lo dudaba.
Frunció el ceño.
―¿Mentirosa?
―Sí.
―¿Cuándo te acusé de mentirosa?
―Cuando Sasuke te confrontó por arrinconarme fuera de mi antiguo apartamento ―dije, sonando tan aburrida como me sentía―. Le dijiste que mentí sobre lo que habías dicho y luego me acusaste de intentar abrir una brecha entre ustedes dos.
Shisui negó con la cabeza rápidamente.
―Eso es una mierda. Él y yo discutimos, seguro. No le gustó que te hubiera contado ciertas cosas; a Sasuke le gustan sus secretos, pero en ningún momento te llamé mentirosa.
―Lo que sea. Si no estás aquí para ofrecer disculpas, ¿por qué estás aquí?
Intercambió una mirada con su esposa y luego dijo:
―La última vez que hablamos tú y yo, te advertí cómo era Sasuke, Sakura. Obviamente, decidiste darle el beneficio de la duda. Lo habría respetado y dejado en paz, pero luego te casaste con él y... ―Shisui suspiró―. Va a ser difícil para ti escuchar esto, pero todos estamos de acuerdo en que mereces saberlo.
―¿Todos? ―repetí―. ¿Quiénes son todos?
Ayame levantó la barbilla.
―Yo, Shisui y Kin. Hablamos de ello y todos decidimos que necesitabas escuchar esto.
Oh, esto iba a ser bueno. Crucé mis brazos sobre mi pecho.
―Okey. ¿Qué es lo que tanto necesito oír?
―Sasuke... te está usando, Sakura ―dijo Shisui.
Arqueé una ceja.
―¿Me estás usando?
–Nuestro tío creó un fondo fiduciario para cada uno de nosotros. Tenemos que casarnos antes de poder acceder a este, y tenemos que hacerlo antes de cumplir los treinta y ocho. De lo contrario, no hay fondo fiduciario.
Dejé escapar un silbido bajo.
―Al parecer, Madara era un hombre que creía mucho en el matrimonio.
Shisui se rió disimuladamente.
―No exactamente. No lo había experimentado por sí mismo, pero quería asegurarse de que todos lo hiciéramos. Tenía buenas intenciones, de verdad, pero Sasuke nunca lo había visto así. Siempre ha sido inflexible en que nunca se casaría; que nunca sería "dominado por un muerto". Tú misma sabes que tiene una gran fobia al compromiso. Es curioso cómo eso ha cambiado abruptamente, ¿no?
Fruncí mis labios.
―Yo no diría que alguna vez tuvo fobia al compromiso. Simplemente no parecía interesado en una relación.
―Hasta ahora ―dijo Ayame―. De repente, después de cuatro años de conocerte, se fuga contigo, y da la casualidad de que lo está haciendo a la edad de treinta y siete años.
Ladeé mi cabeza.
―¿Crees que se casó conmigo simplemente para poder acceder a su fondo fiduciario?
Ella asintió.
―Lo siento, Sakura, pero sí. ¿No te parece extraño cómo se le ocurrió tan abruptamente la idea del matrimonio? Mira cómo todo se movió tan rápido entre ustedes. No estoy diciendo que no sienta nada por ti, solo que no se casó contigo por la razón correcta.
–Obviamente, no te mencionó el fondo fiduciario ―dijo Shisui―. ¿No te preguntas por qué?
Suspiré.
―Miren...
―Necesita estar casado contigo durante todo un año antes de poder tocarlo. ―Shisui plantó sus manos sobre mi escritorio―. Eso es todo lo que tendrás con él. Un año. Después de eso, no tendrás nada. Quiero decir, si ustedes dos se divorcian, no hay forma de que sigas trabajando aquí, ¿verdad? No, eso significa que te quedarás sin trabajo, también perderás tu hogar. ¿Y a dónde vas a ir? Ya has renunciado a tu apartamento por él.
Ayame asintió.
―Oh, seguro, probablemente hayas firmado un acuerdo prenupcial que establece que obtendrás un acuerdo agradable en caso de divorcio, pero apuesto a que puso una cláusula de "la esposa no obtiene nada si lo engaña". Él fabricará alguna 'evidencia' de que tuviste una aventura, asegurándose de que no recibas ni un centavo de su dinero cuando te divorcies.
―No creas que no lo haría, Sakura ―aconsejó Shisui―. El hombre es despiadado hasta la médula. Sus propios intereses son lo primero.
De hecho, había firmado un acuerdo prenupcial. De hecho, había una cláusula de este tipo en el contrato, pero, según mi abogado, era algo estándar. Realmente no me había preocupado por ninguna de las cláusulas. No quería dinero ni nada más de él. Excepto quizás la cama.
―Entonces, ¿qué sugieres que haga?
―Deja de permitir que te use ―dijo Shisui―. Ya ha hecho mucho de eso. Puedes marcharte ahora, lo que significará que su pequeña maquinación no habrá valido la pena y perderá el acceso a su fondo fiduciario. Entonces al menos tendrás tu orgullo. Si te quedas con él, te quedarás sin nada, espero que tomes la decisión correcta. ―Con eso, él y su esposa se fueron.
Mierda, Sasuke iba a volverse loco cuando se enterara de que habían venido aquí para soltar ese "consejo". Ahora mismo, simplemente no estaba de humor para lidiar con esto con calma. Podría retrasar decírselo hasta más tarde, ¿verdad? No, probablemente era mejor que le dijera de inmediato en caso de que alguien más mencionara que vieron a Ayame y Shisui en el edificio. A Sasuke no le gustaría escucharlo de segunda mano.
Mi resolución de contárselo se derritió cuando salió del ascensor poco tiempo después, luciendo listo para sacar sangre. No tenía idea de qué se había subido por su trasero y había muerto de una forma terrible, pero no mostró signos de calmarse en el corto plazo.
Ni siquiera me saludó con un simple alzamiento de cejas. Pasó junto a mí, irrumpió en la oficina y cerró la puerta de golpe. Huh.
Sabiendo por experiencias pasadas que era mejor dejarlo solo cuando tales estados de ánimo lo dominaban, volví a transcribir notas que había tomado de una reunión anterior. Todo el tiempo, mi mente siguió volviendo a algo que Shisui había dicho...
Si se divorcian, no hay forma de que sigas trabajando aquí, ¿verdad? No, eso significa que te quedarás sin trabajo.
Por muy estúpida que me hiciera, ni siquiera había pensado en eso, pero tenía razón, no había forma de que pudiera seguir trabajando aquí después. No solo porque a los demás les parecería extraño si lo hiciera, sino porque no pensaba que pudiéramos volver a ser simplemente 'jefe' y 'AP'.
Nuestra dinámica había cambiado un poco. El matrimonio podría ser una farsa, pero nos habíamos besado, tocado, compartido secretos e incluso vivido juntos. No era mi marido, no, pero tampoco era simplemente mi jefe. No pensaba que podría volver a hacer reservas para cenar para él y sus amigas.
Siempre había sentido una punzada de celos cada vez que pensaba en él con otras mujeres, pero había sido capaz de eliminar eso y mantener muros profesionales erigidos entre nosotros. Esas paredes ya no eran tan firmes y sería difícil seguir adelante porque mi simple enamoramiento ya no se sentía como un simple enamoramiento. Había crecido, cambiado, perdido su aire inofensivo.
Además, ¿cómo diablos se suponía que iba a explicarle a mis posibles novios que todavía trabajaba para mi exmarido?Seguramente lo considerarían una bandera roja.
Dejándolo todo fuera de mi mente por ahora, volví al trabajo. El resto del día pasó bastante rápido. Pronto estuvimos sentados en el auto de camino de regreso a su propiedad. El mal humor de Sasuke no había mejorado en absoluto, y la atmósfera era tan densa que era palpable.
No dijo una palabra. Tampoco trabajó en su teléfono. Se limitó a mirar por la ventana, su expresión era tan dura como una piedra.
Le di el espacio y el silencio que parecía necesitar, sabiendo que era mejor no intentar apaciguarlo. Él rechazaría duramente esos intentos con certeza, y luego tendría que darle la vuelta de nuevo.
Tan pronto como el auto se detuvo en el patio, Sasuke se deslizó fuera de él. Sin una palabra de despedida para Jūgo, merodeó por el camino y desapareció en la casa.
Rodeando el capó del auto, le sonreí al conductor.
―Nos, umm, vemos mañana.
―Hasta mañana, señora Uchiha ―dijo Jūgo, dándome una mirada de lástima. Probablemente pensó que Sasuke y yo habíamos tenido algún tipo de pelea de amantes.
Un poco rígida alrededor de mi cuello y hombros, decidí ir a darme un baño antes de cenar. Remojarme en agua caliente hizo maravillas con mis músculos adoloridos, así que me sentía mucho más relajada cuando, en pijama, bajé más tarde a la cocina.
Estaba hurgando en los armarios, buscando inspiración sobre qué cenar, cuando Sasuke entró caminando en la habitación, no parecía menos malhumorado.
–Estoy haciendo carne salteada ―le dije―. ¿Quieres un poco?
―Claro ―cortó, sin siquiera mirarme.
Parpadeé, sorprendida. Rara vez cenaba conmigo estos días, así que esperaba que dijera que no.
Cuando comencé a alinear los ingredientes que necesitaba en la encimera, le eché un vistazo rápido a Sasuke. Estaba mirando fijamente a la isla, su mirada introspectiva.
Tenía muchas ganas de preguntar qué le molestaba tanto, pero ya lo había intentado. No iba a responder. Así que simplemente hablé ociosamente mientras preparaba nuestra comida, sin decir nada que requiriera una respuesta. Casi esperaba que me dijera que me callara o algo así, pero no lo hizo. Probablemente me estaba bloqueando.
Seguí hablando un poco mientras comíamos en la isla, y luego otra vez cuando apilamos nuestros platos sucios en el lavaplatos, todavía sin esperar una respuesta de él. A menudo hacía lo mismo cuando la mente de mi padre estaba en otra parte. Como Sasuke, tendía a ignorarme, pero Kizashi generalmente se relajaba eventualmente.
Sasuke cerró el lavavajillas y suspiró.
―¿Por qué sigues diciéndome lo buena que es la asistente personal de Kiba? La has mencionado tres veces.
Estaba secretamente complacida de que finalmente hubiera hablado, incluso si estaba siendo insolente.
―Esperaba tener una idea de cuáles son tus sentimientos personales sobre Patience.
Él se encogió de hombros.
–Ella es buena en su trabajo.
–Excelente.
–¿Por qué es excelente?
―Porque estaba pensando que sería un buen reemplazo para mí cuando me vaya de t-Shi.
Sasuke se quedó muy quieto.
―¿Reemplazo?
―Bueno, obviamente no puedo seguir trabajando ahí después del divorcio.
―¿Y por qué no? ―cortó, frunciendo el ceño.
–Sería extraño.
―¿Por qué?
Incapaz de decidir si estaba siendo deliberadamente obtuso, incliné la cabeza hacia un lado.
―¿No crees que se vería muy extraño si nos divorciamos pero seguimos trabajando juntos?
―No, no lo creo. No hay razón para que te vayas. Puedes quedarte dónde estás.
―Um, no, no puedo.
Sus ojos llamearon.
―Sí, si puedes. Lo harás.
―Sería demasiado extraño, y la gente pensaría que me quedé para estar cerca de ti; parecería que me aferro a las sobras que me darías. No, tengo mi orgullo. No puedo quedarme en t-Shi. Patience es una asistente personal muy buena.
―No la quiero. Te quiero a ti.
Dios, cómo deseaba que quisiera decir algo completamente diferente con eso.
―Sasuke, solo...
―Te quedas. Fin de la discusión.
Sentí que mis labios se afinaban.
―¿Por qué estás siendo tan difícil con esto? Mira, sé que tuviste problemas para encontrar una asistente personal que "encajara" contigo y que pudiera pasar por alto el hecho de que a veces eres un idiota. Es por eso que ahora estoy buscando un reemplazo potencial. Puedo darle a Patience un poco de entrenamiento adicional, y luego ella podrá encajar directamente en mi posición cuando me vaya.
Cerró el pequeño espacio entre nosotros, de pie tan angustiosamente cerca, que podía sentir el calor de su cuerpo; Podía sentir la intensidad oscura y pura que desprendía como feromonas que hacían que mi cuerpo latiera con una conciencia eléctrica.
―No es necesario que le des ningún entrenamiento adicional ―afirmó―. Ella no lo va a necesitar, porque no va a trabajar para mí. Ya tengo una AP y ella encaja conmigo muy bien. No tengo la intención de dejarla ir a ningún lado.
―No me puedes obligar a mantener el trabajo.
Su ceja se elevó.
―¿Qué obtengo siempre, Sakura?
Crucé mis brazos.
―Está bien, dime cómo piensas asegurarte de que me quede en un trabajo que ya no querré. Tengo mucha curiosidad por saber cómo crees que lograrás esto.
Inclinó la cabeza.
–¿Alguna vez pensaste que te casarías conmigo, Sakura, un matrimonio falso o no?
―No.
―Y sin embargo, lo hiciste. Nunca pienses que soy un hombre que se conforma con algo menos que exactamente lo que quiere. Nunca lo hice, nunca lo haré. Sé cómo conseguir lo que quiero y sé cómo conservarlo.
―Me pregunto si dirás lo mismo cuando recoja las cosas del escritorio de mi oficina después del divorcio.
―No llegarás a eso. Te vas a quedar en t-Shi.
Dios, dame fuerzas.
–Sasuke...
―Te quedas.
―Estás siendo irracional...
–Te. Quedas.
―Oh. Mi. Dios. Deja de ser un niño mimado.
Sus fosas nasales se ensancharon.
―¿Un niño mimado?
―Sí ―espeté, sin paciencia―. Eres todo sobre lo que tú quieres. Por unos momentos, sal del mundo de Sasuke y recuerda que una de las cosas que realmente quiero es casarme de verdad en algún momento. ¿Recuerdas que hablamos de eso? Quiero una pareja, y niños, y sí, un gato. Quiero encontrar a alguien que realmente se preocupe por mí; que quiere construir una vida conmigo. Eso nunca va a suceder mientras estás en la foto, porque ningún hombre se va a interesar en mí si trabajo para mi puto exmarido. Eso es lo que serás. Mi. Exmari...
Tomó mi boca con un gruñido bajo, hundiendo su lengua dentro, sus manos agarraron mi cabello mientras me conducía hacia atrás hasta que golpeé la encimera. Me dejó sin aliento, pero su boca seguía comiendo la mía con tanta codicia y urgencia. Aturdida por la absoluta ferocidad de su beso, solo pude aferrarme a él, hundiendo mis dedos en su parte superior de los brazos.
Lógica, razón, racionalidad, control, todo fue quemado por las demandas carnales de su boca. Me esforcé por estar más cerca, devolviéndole el beso por todo lo que valía. Gruñó en aprobación, empujando sus caderas hacia adelante, apretando su polla contra mi clítoris. Oh, dios, sí.
El ardor de su boca caliente se sintió como una marca. Los movimientos eróticos de su lengua exigían más. Las manos seguras y confiadas que vagaban sobre mí gritaban posesión. La sensación de su polla frotando mi clítoris se sentía como una promesa.
Realmente necesitaba que él cumpliera con esa promesa sexual, porque la lujuria fundida que bombeaba por mis venas había azotado mi cuerpo en un maldito frenesí. Mis pezones estaban duros. Mi coño estaba húmedo. Mis terminaciones nerviosas clamaban por más.
Metió la mano en mis bragas y metió un dedo dentro de mí, sin preámbulos, sin vacilación, solo la pura intención de tomar lo que quería. Su dedo se curvó a la derecha y jadeé. Puso su boca en mi oreja y presionó mi punto G.
―¿Ahí? ―Era un gruñido en mi oído. Sabía muy bien que había encontrado el lugar correcto.
―Sí ―siseé, arqueándome en su mano.
Su dedo, tan hábil y cálido, me hizo trabajar duro. Su mano libre tiró de mi top hacia arriba y se agarró a mi pezón. Gemí mientras chupaba, mordía y aplastaba el brote tenso contra el paladar hasta que le hormigueaba y palpitaba.
Soltando mi pezón, me mordió el lóbulo de la oreja.
–Voy a follarte. Poseerte. Dime que lo quieres ―dijo entre dientes.
―Lo quiero.
Me folló más fuerte con su dedo, gruñendo cuando mis tensos músculos internos se contrajeron a su alrededor.
Gemí. Gimió. Exigió más, y luego me corrí. Mi liberación me golpeó de la nada y me arrastró por completo. Me hundí contra él, respirando con dificultad, el corazón me latía con fuerza en el pecho.
Sasuke retiró la mano, me apoyó en la encimera y me quitó los pantalones y las bragas. Abrió su bragueta, liberando su polla. Joder, era gruesa y larga, y parecía casi dolorosamente dura.
Sacó un condón de su bolsillo trasero, se lo puso rápido y luego inclinó mis caderas a la perfección.
―Voy a hacer que te corras tan jodidamente duro por mí. ―Metió las bolas de su polla hasta el fondo de mi coño hinchado, tomando posesión completa e instantánea de mí en una embestida brutal.
Mi respiración se detuvo en la garganta. Jesús, se sentía más grande de lo que parecía. No me dio un momento para adaptarme a su tamaño. Me folló como si fuera el único pensamiento en su mente.
Cerré mis brazos y piernas apretadas alrededor de él, gimiendo mientras su polla gorda se arrastraba sobre músculos súper sensibilizados y no usados durante mucho tiempo. Habían pasado al menos diez meses desde la última vez que tuve relaciones sexuales. Y, bueno, esto seguramente lo compensaba.
Él era todo dominación masculina mientras me tomaba, usaba y me follaba con pura agresión sexual. Me encantó cada maldito segundo, y no pasó mucho tiempo antes de que otro orgasmo comenzara a construirse dentro de mí, haciendo que mi coño se agitara y se tensara.
―Todavía no ―espetó―. Aguanta.
–No puedo ―dije con voz ronca.
Gruñó.
―Maldita sea, aguanta. Terminas cuando yo diga, no antes.
Bastardo. Me aferré a él con más fuerza, como si pudiera mantener a raya el orgasmo. Había algo primitivo y casi animal en la forma en que gruñía y respiraba con fuerza contra mi cuello mientras me follaba. Y eso activó mi interruptor de una manera que no hubiera esperado, lo que no me ayudó a evitar mi liberación.
―Sasuke. ―Estuvo cerca de un sollozo.
―Eso es, bebé ―elogió―. Sigue sosteniéndolo para mí.
Sentí su polla engrosarse dentro de mí mientras aceleraba el paso, golpeando tan fuerte que dolía de una manera que solo amplificaba el placer. Cada embestida salvaje me dejaba sin aliento cada vez más, hasta que estuve tan cerca de correrme, que prácticamente podía saborearlo. Y eso era todo. No podía aguantar más.
―Sasuke.
―Córrete ―gruñó―. Quiero oírte gritar.
El puro placer me atravesó como un relámpago. Mis ojos se quedaron ciegos, mi cabeza cayó hacia atrás, mi espalda se inclinó y, efectivamente, un grito ronco salió de mi garganta.
Sus dedos mordieron mis muslos mientras embestía más fuerte una, dos, tres veces. Su columna vertebral se puso rígida y gruñó una dura maldición, enterrando su rostro en mi cuello mientras explotaba dentro de mí.
Me derrumbé contra él, mis pulmones ardían en busca de aire. Me tomó al menos unos minutos para que mi zumbido post-orgasmo se desvaneciera lo suficiente como para que la realidad se filtrara en mi cerebro. Cuando lo hizo, maldije por dentro.
Mierda, esto había sido una mala idea. Realmente mala idea.
Bueno, no tanto una "idea". No había estado pensando. Solo sintiendo. Todo pensamiento sensato se había desvanecido de mi mente en el momento en que la boca de Sasuke aplastó la mía. Sin embargo, ni siquiera podía culparlo. Ambos perdimos el control, y yo dudaba de que él estuviera más cómodo con esa pérdida de control de lo que yo lo estaba.
Me enderecé mientras retiraba su polla. Dio un paso atrás, todavía jadeando, y me miró fijamente, su mirada completamente ilegible. Le devolví la mirada, sin saber qué decir. Al parecer, tampoco tenía palabras, porque no hablaba.
Enderecé mi camiseta y me bajé del mostrador. Sentí más que lo vi quitarse el condón y abrocharse la bragueta mientras yo me ponía la ropa interior y los pantalones.
Mirándolo a los ojos, forcé una sonrisa.
―Buenas noches. ―Cobarde, claro, pero realmente no necesitaba escuchar un discurso de "eso fue un error".
Manteniendo la barbilla en alto, salí casualmente de la cocina y subí las escaleras, mis músculos internos aún latían. En mi habitación, me hundí en la cama y cerré los ojos. ¿Realmente acababa de tener sexo con Sasuke?
Sí, lo hice. Sexo crudo, duro y épico.
Nunca me había corrido tan duro en mi vida. Probablemente porque nunca me habían follado así, con tanto deseo, necesidad y agresión.
Fue como si cuatro años de tensión sexual explotaran entre nosotros, porque, sí, estaba claro que me había equivocado; No fui la única que la sintió. Había hecho un trabajo increíble engañándome todo este tiempo. Pero claro, era un maldito experto en engaños.
No es que pensara que podría tener algún tipo de 'cosa' por mí. Tampoco tenía la impresión equivocada de que él querría que se repitiera esta noche. No era tan tonta como para no entender una cosa muy importante: podría haber sido cualquiera para él.
No había estado desesperado por tenerme. Estaba enojado y necesitaba una salida para toda esa emoción reprimida. Si no lo hubiera presionado esta noche, si me hubiera alejado cuando reaccionó tan mal cuando le dije que dejaría t-Shi, su control nunca se hubiera roto de esa manera, y el sexo nunca hubiera sucedido.
Sí, me dolía saber que no había significado absolutamente nada para él, pero no iba a quejarme por eso. Yo era una niña grande.
Las sensaciones fantasmales de sus dedos mordiendo mis muslos y su polla moviéndose dentro de mí persistieron. Y no pude encontrar en mí misma el lamentar lo que había sucedido. Seguro que había sido una estupidez, pero la vida se trataba de crear recuerdos, ¿verdad? Eso era lo que siempre decía Chiyo.
Por supuesto, la anciana también dijo que Charles Manson era simplemente incomprendido.
Me senté con la espalda recta, decidida a no pasar un mal rato por acostarme con Sasuke. Después de todo, pasó lo que pasó. Había sido una buena manera de romper mi período de sequía. Esto no tenía por qué ser algo malo. Solo tenía que ser algo de una vez.
