20
Bueno, esto era diferente.
Sintiéndome algo aturdida, me paré en la puerta de la cocina a la mañana siguiente y solo miré a mi falso esposo. Ni una sola vez en todo el tiempo que había vivido aquí había bajado las escaleras para encontrarlo preparando el desayuno para nosotros. Hubo ocasiones en las que nos "cruzábamos" en la cocina y comíamos tostadas, cereales o pasteles daneses al mismo tiempo, pero ninguno de los dos había preparado comida para el otro por la mañana. Hasta ahora.
No me estaba quejando. Olía tan bien y estaba hambrienta, pero sí, me hizo sospechar un poco. Quizás eso solo significaba que era cínica. Supuse que pronto lo descubriría.
Como si me sintiera, Sasuke miró por encima del hombro.
―Buenos días.
―Buenos días.
Inclinó su barbilla hacia la isla.
―Siéntate ―invitó y luego volvió a colocar la comida.
Crucé a la isla y me deslicé en un taburete. Había una taza de café humeante esperándome, junto con cubiertos. Qué solícito. Y muy poco Sasuke.
Dejó dos platos en la isla que estaban cubiertos con huevos, tocino, salchichas, tostadas y papas para el desayuno. Arqueé las cejas. Se estaba esforzando.
―Gracias ―dije, recogiendo mis cubiertos.
Se sentó en el taburete frente a mí.
–¿Dormiste bien?
―Lo hice, gracias. ¿Tú?
Se encogió de hombros y comió su comida.
Yo hice lo mismo y, maldita sea, estaba bueno. Una cosa que había aprendido sobre Sasuke era que conocía la cocina. Era competente en muchas cosas; me hacía sentir un poco inadecuada. Habría podido disfrutar mejor de la comida si no fuera por la persistente sensación en mi estómago de que esta aparente buena acción no sería 'gratis'.
A la mitad de mi comida, le pregunté:
―Está bien, ¿qué es lo que quieres de mí? Preferiría saberlo ahora.
Levantó su taza.
―¿Debo tener un motivo oculto si preparo el desayuno?
―Generalmente no haces las cosas por la bondad de tu corazón ―señalé―. No me malinterpretes, agradezco que hayas cocinado, sin importar por qué lo hiciste. Preferiría saber ahora qué es lo que buscas.
―Todo lo que quiero es que termines tu desayuno. ―Tomó un sorbo de su café y luego volvió a su comida.
Aún inquieta, sin embargo, volví mi atención a mi comida. No importaba lo que dijera el tipo, estaba bastante segura de que no se trataba simplemente de un gesto amable o cortés. Quizás había hecho esto para ablandarme. Era posible que le preocupara que yo todavía estuviera demasiado molesta para quedarme; que pensaba que intentar ser "amable" haría que fuera menos probable que me fuera. Las motivaciones de Sasuke a veces solo tenían sentido para él.
Sintiendo sus ojos sobre mí, miré hacia arriba para verlo estudiándome por encima del borde de su taza. Fruncí el ceño y me tragué lo último de mis huevos.
–¿Qué?
―Deberías invitar a tu familia a cenar aquí una noche.
Él... ¿quería que la gente viniera a su casa? Esto era nuevo.
―¿Por qué?
―Porque los extrañas. ―Dejó su taza―. Pasaste de visitarlos a menudo a apenas verlos. ¿Por qué es eso?
―Seguían preguntando si algo andaba 'mal en casa' porque los visitaba con mucha frecuencia; pensaron que tú y yo podríamos tener problemas, especialmente porque no fuiste conmigo a verlos.
Frunció el ceño.
―Estuve contigo la última vez que viste a tus padres adoptivos y las dos últimas veces que visitaste a Kizashi.
―Sí, y nos observaron como halcones todo el tiempo, buscando pistas de que nuestro matrimonio ya podría estar en ruinas.
―Ésa es una razón de más para invitarlos aquí. Necesitan ver que todo está bien.
Pero las cosas no se sentían bien. No cuando ahora era consciente de la facilidad con la que este hombre podía lastimarme. El enamoramiento había permitido cierto grado de separación emocional. Ya no tenía eso; había penetrado mis defensas, y la fuerte sensación de posesividad que sentía me sacudió.
En general, luchaba por bajar la guardia con la gente. Era demasiado cautelosa, demasiado desconfiada. No importaba lo agradable que fuera un chico, yo siempre parecía estar esperando a que metieran la pata. Odiaba eso de mí misma; Odiaba esperar que la gente me hiciera daño. No era justo para ellos.
Sasuke no era dulce, tierno ni amable, y sospechaba que debido a eso había podido esquivar mis defensas. No esperaba que él fuera una amenaza real para estas, así que no había estado completamente en guardia. Casi le había entregado el poder de lastimarme en una maldita bandeja de plata, y eso apestaba mucho.
―No sé qué tan buena sería convenciendo a mi familia de que todo está 'bien'.
No era solo que estuviera tan desequilibrada emocionalmente; era que estaba un poco molesta por ser la única que tenía esta crisis emocional. Si a él le hubieran enviado fotos incriminatorias de mí, se habría enojado porque podría haber roto mi palabra, pero no habría sentido ninguno de los negros celos que se habían deslizado a través de mí anoche.
―¿Por qué es eso?
―Que la gente juegue juegos todo el tiempo está empezando a alcanzarme ―dije―. Creo que afectaría mi... actuación, ¿digamos?
―¿Actuación? ―repitió, una nota oscura en su tono.
Empujé mi plato vacío a un lado y encogí un hombro.
―¿No es eso lo que hacemos? ¿Actuar?
―Mmm. ―Me inmovilizó con esa mirada de cazador, levantándome los pelos de la nuca. Se apartó del taburete y se acercó a mí, sin apartar ni una sola vez los ojos de los míos―. Dime.
Sentí que mis cejas se juntaban.
―¿Qué?
―Dime qué tienes en mente. No digas que nada. Estabas bien hasta que recibiste la unidad flash, y una vez que pueda probar que Tayuya estaba detrás de ella, la haré pagar. Ahora parece que llevas un gran peso sobre los hombros.
Hubo momentos en los que realmente despreciaba lo perspicaz que era. Como, seriamente lo despreciaba.
―Dijiste que creías mi explicación de esas fotografías ―continuó―. ¿Era verdad?
―Sí. Te creo.
―Entonces, ¿qué es lo que te molesta?
―Como dije, tener gente jugando juegos con nosotros me está afectando. Estoy cansada de eso.
―¿Eso es todo?
―Eso es todo.
Sasuke acercó su rostro al mío.
―No te creo ―susurró―. Algo está mal y está conectado a esa unidad flash. Estamos mintiendo bastante al mundo exterior, Sakura. No podemos mentirnos entre nosotros también; tenemos que estar en la misma página. Anoche, dijiste que necesitas que fuera sincero contigo cuando fuera necesario. Lo seré. Tienes mi palabra al respecto. Te dije todo lo que querías saber. Ahora, necesito que seas sincera conmigo.
¿Tenía que ser tan racional y justo?
–Ya te lo dije anoche.
―Mencionaste que la mentira te está afectando, pero sé que prefieres mentirle a tu familia que pedirles que participen en el engaño, así que eso no puede ser lo que te pesa. ―Su mirada se volvió introspectiva, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Entonces esos ojos oscuros volvieron al presente―. No te gusta lo mucho que te afectaron las fotos ―recordó.
―No, no me gusta.
Con mucho cuidado tomó mi muñeca izquierda y me levantó la mano. Miró los anillos, sus ojos brillando con algo que no pude nombrar.
―Ves estos como accesorios. Puede que para nosotros no tengan el mismo significado que para otras parejas casadas, pero no significan menos. En cierto sentido, representan el acuerdo que hicimos esa noche en tu antiguo apartamento. Si hubiera pensado que traicionaste mi confianza como pensaste que yo traicioné la tuya, me habría enojado tanto como tú, si no más.
Sus ojos se oscurecieron cuando apretó su agarre en mi muñeca.
―Y si hubiera pensado que dejaste que otro hombre te follara, no habría estado tan tranquilo como lo estabas anoche ―dijo, con un tono de voz bajo y profundo―. No habría tenido ganas de hablar y hacer preguntas. Todo lo que hubiera querido hacer es cazar al bastardo y darle una paliza. Habría estado orinando sangre durante una puta semana. Mientras uses estos anillos, eres mía; ningún otro hombre tiene derecho a tocarte. Nunca jodidamente lo permitiría.
Tragué, francamente impresionada por la posesión que ardía en sus ojos.
―¿Y el anillo en tu dedo?
―Dice que estoy fuera de los límites, justo como tú. No hay zona gris aquí, ningún otro hombre te toca; ninguna otra mujer me toca. Así que ten todo esto en cuenta si algún día pronto crees que has conocido al hombre que será el marido perfecto. No dejaría que te salgas de nuestro trato. No le dejaría tenerte, y no me sentiría en lo más mínimo arrepentido por amarrarte a mí. ¿Eso me convierte en un idiota egoísta? Sí, sin duda alguna, pero ya sabías eso de mí. –Pellizcó el talón de mi palma y luego soltó mi mano.
Lo miré, algo apaciguada al darme cuenta de que no era la única que se sentía un poco territorial. Era bueno que no estuviera pasando por la lucha yo sola; me hacía sentir menos patética.
―Llama a Kizashi y a tus padres adoptivos en algún momento hoy. Invítalos a cenar aquí una noche. ―Él arqueó una ceja―. ¿Okey?
Asentí lentamente.
―Okey.
Apretó el costado de mi cuello.
―Termina tu café. Jūgo estará aquí pronto.
•
•
•
Amayo ajustó el cojín detrás de ella.
―¿Cómo van los planes para la recepción?
―Genial ―dije, acurrucándome contra Sasuke en el otro sofá. Estaba llena después de la comida de tres platos que habíamos tenido, cortesía de él. Le había ayudado a preparar algo aquí y allá, pero él cocinó la mayor parte―. Chris y Miley están totalmente concentrados y nos mantienen al día en cada detalle.
―Son muy eficientes, ¿no? Y tan agradables. ¿Ya recogiste tu vestido?
Negué con la cabeza.
―Tengo mi última prueba el próximo mes.
―Estoy deseando ver finalmente este vestido ―dijo Sasuke, su brazo ligeramente curvado alrededor de mi cuello, sus dedos entrelazados con los míos para que nuestras manos unidas colgaran cerca de mi clavícula―. Chris me dice constantemente que me va a encantar.
Chris me decía constantemente que Sasuke me lo iba a querer arrancar.
–No obtendrás un adelanto. Tendrás que esperar hasta la recepción.
―No me gusta esperar.
―Bromeas ―le dije secamente.
Kizashi se rió entre dientes.
–Sí, notamos eso de ti cuando le propusiste matrimonio y te casaste con ella en el espacio de dos días. Realmente no puedo esperar a la recepción. ―Se inclinó hacia adelante en el sillón para dejar su taza vacía en la mesa de café. Su mirada se desvió hacia la foto de la boda que habíamos enmarcado y colgado en la pared―. Me encanta esa foto.
―A mí también ―dijo Amayo, con los ojos brillantes―. Le muestro mi copia a todos los que me visitan.
―No está exagerando ―me dijo Hamaki, sentándose a su lado―. Toda persona que entra por la puerta es guiada directamente hacia la foto.
Amayo levantó la barbilla.
―Haces lo mismo, Hamaki, y lo sabes. Por cierto, Sakura, mis hermanas prometieron que vendrían a la recepción. Están deseando volver a verte y conocer a Sasuke. ―Ella lo miró y le explicó―: Mis hermanas viven en Oregón con sus familias. Yo también nací ahí, pero me mudé aquí con Hamaki cuando teníamos poco más de veinte años. Originalmente planeamos mudarnos a Australia con su hermano y sus padres, pero no pude manejar las serpientes y las arañas.
Una sonrisa nostálgica curvó la boca de Hamaki.
―La primera vez que fuimos a visitar a mi familia a Australia, mi hermano nos advirtió que siempre volteáramos los zapatos al revés antes de ponérnoslos, solo para asegurarnos de que no hubiera arañas en ellos. Dijo que nunca había encontrado nada en sus propios zapatos, pero que era mejor comprobarlo. Estaba en el baño una mañana cuando escuché a Amayo gritar. Había una araña en su zapato. Estaba tan convencida de que podría haber puesto huevos ahí que los tiró a la basura.
―Nunca se puede tener demasiado cuidado ―dijo Amayo.
―Después de eso, envolvía sus zapatos en film transparente todas las noches antes de meterse en la cama, solo para asegurarse de que nada pudiera meterse en ellos.
―La araña era tan grande como mi puño, Sasuke.
Hamaki negó con la cabeza y separó el pulgar y el índice unos centímetros.
―Diminuta ―murmuró.
Amayo, inconsciente, agregó:
―Y era peluda y tenía piernas grandes y gordas.
Hamaki volvió a negar con la cabeza.
―Mentiras ―murmuró.
Kizashi se rió entre dientes.
―Vi a Sakura jugando con arañas un par de veces cuando era pequeña; a ella le gustaban. Pero odiaba los escarabajos.
―Todavía los odio. ¿Alguna vez te has parado en uno? Ese horrible crujido que hacen... ―Me estremecí―. No soporto esos bichos. ―Miré a mi intrépido jefe―. Supongo que los insectos no te asustan, ¿verdad?
Él se encogió de hombros.
―Son solo criaturas, al igual que nosotros.
―¿Qué pasa con las serpientes? ―preguntó Amayo.
Sacudió la cabeza.
―Nunca me han molestado.
Bueno, por supuesto que no. Eran agentes del diablo.
―Debes tener al menos un miedo ―insistió Amayo―. Todo el mundo teme a algo.
Frunció los labios.
―Me siento incómodo cada vez que Sakura intenta hornear algo.
Jadeé, erizándome.
―¡Oye!
―Cocinas como una profesional, bebé, pero la habilidad de hornear de alguna manera te elude.
Kizashi, el traidor, asintió.
―Él tiene razón. Lo siento, cariño, pero lo es.
―Hornear es un juego de pelota completamente diferente ―
me defendí, tratando de alejarme de Sasuke.
Me acercó más con el brazo que había doblado alrededor de mi cuello.
–No te enojes ―persuadió, todo suave y dulce.
Olí, altiva.
―No estoy enojada.
―Entonces, ¿por qué parece que quieres sacarme los ojos?
―No necesito una razón.
Amayo resopló.
―Ya que estamos en el tema de la comida, Tayuya reservó una mesa en su restaurante favorito para su cumpleaños la próxima semana.
Esperaba que Sasuke se pusiera tenso ante la mención de Tayuya, dado lo enojado que estaba porque aún no había podido demostrar que ella le había enviado la unidad flash, a pesar de haber investigado el asunto antes, pero su lenguaje corporal permaneció completamente relajado.
―Ella espera que ambos estén ahí ―agregó Amayo.
Dudaba mucho que Tayuya tuviera tales esperanzas.
–Su cumpleaños cae el viernes, ¿verdad?
―Así es ―confirmó Amayo.
Le di una mirada de disculpa.
―Me temo que no podemos hacerlo. ―Realmente esperaba que nadie pudiera decir que estaba bailando feliz en mi cabeza.
Sasuke asintió.
―Salimos hacia Nueva York el viernes por la tarde. No volveremos hasta el domingo por la noche.
―¿El viaje es por trabajo o por placer? ―preguntó Kizashi.
Sasuke me miró con una sonrisa en los ojos.
―Podemos asegurarnos de que sea un poco de ambos, ¿no?
―Podemos ―dije.
―Por favor, discúlpate con Tayuya por nosotros ―le dijo a Amayo―. Si pudiéramos cancelar el viaje, lo haríamos.
Ja, puras mentiras.
―Ella lo entenderá ―le aseguró Amayo―. Has estado en viajes de negocios a Nueva York antes, ¿verdad?
Asentí.
―Amo el lugar. Es frenético pero muy vibrante.
―¿Alguna vez te cansas de viajar tan a menudo, Sasuke? ―preguntó Hamaki―. Sé que a Sakura no le molesta.
―Estoy acostumbrado ―le dijo Sasuke―. Es simplemente parte del trabajo.
–Quería preguntarte ―interrumpió Kizashi―, ¿de dónde viene el nombre t-Shi?
Los dedos de Sasuke apretaron imperceptiblemente los míos por un breve momento.
―Fue una de muchas ideas ―dijo, casual, pero sentí que él se sentía lejos de eso―. Mi tío y yo lanzamos muchas de ellas.
Las cejas de Amayo se arquearon.
―¿Tu tío?
―Sí, Madara. Mis hermanos y yo vivimos con él durante muchos años. Él era un buen hombre. ―Sasuke me miró―. Le habrías gustado.
―Por todo lo que me has contado sobre él, estoy seguro de que me habría gustado ―le dije.
Sonó el timbre.
Sasuke sacó su teléfono y verificó la transmisión de la cámara a través de la aplicación de seguridad.
―Son Itachi y Kin.
¿De nuevo? Gemí por dentro. Lo que me hizo sentir como una mierda, porque era bueno para Sasuke que su hermano le hiciera visitas regulares. Simplemente no me gustaba estar cerca de Kin.
―¿Itachi? ―repitió Amayo―. Ese es tu hermano, ¿no es así, Sasuke? ―Se enderezó y se ajustó la blusa―. Bien, esperaba encontrarme con él en algún momento. Sakura dijo que es muy agradable.
Sí, le había advertido a mi familia que, con la excepción de Itachi, el resto de los Uchiha no eran personas terriblemente agradables, pero no había entrado en detalles reales.
Sasuke me dio un beso en la cabeza y luego salió del estudio. Momentos después, regresó con nuestros visitantes. Tanto Kin como Itachi fueron amables y cordiales al presentarse a mi familia. Amayo me miró a mí y luego a Kin, y sospeché que se había dado cuenta de que mi saludo a la morena no fue tan acogedor como lo fue con Itachi.
Él me dedicó una sonrisa avergonzada.
―Lo siento. No nos dimos cuenta de que tenías compañía hasta que vimos los autos en el patio.
Amayo rechazó la disculpa, a pesar de que no estaba dirigida a ella.
―No es ningún problema para nosotros. Tenía muchas ganas de conocer a la familia de Sasuke. ―Desvergonzada, comenzó a interrogar al chico. ¿Cuánto tiempo habían estado casados él y Kin? ¿Vivían lejos de aquí? ¿Tenían hijos? ¿Estarían en la recepción?
Itachi respondió fácilmente a sus preguntas, afortunadamente sin parecer molesto en lo más mínimo por su curiosidad. Era igual de amistoso con Hamaki y Kizashi, hablando con la misma facilidad y gracia que Sasuke les mostraba a menudo. Me pregunté si los hermanos lo habían sacado de Madara y canalizaban a su tío en ocasiones.
Kin era igual de afable, si no un poco rígida a veces... como si se sintiera algo incómoda. Tuve que preguntarme si pensó que le había contado a mi familia sobre su comportamiento perverso. También siguió mirando a mi padre como si esperara que se convirtiera en Mr. Hyde en cualquier momento y comenzara a hacer una locura, lo que me molestó. Me preocupaba que él se diera cuenta, así que me sentí aliviada cuando mi familia anunció que tenían que irse. En la puerta principal, los despedí. Luego, Sasuke deslizó su brazo alrededor de mi cintura y me llevó de regreso al estudio.
Itachi me lanzó otra sonrisa avergonzada.
―Me alegré de conocer a tu padre y a tus padres adoptivos, pero todavía lamento mucho habernos entrometido.
―No hay problema ―le dije―. Se alegraron de conocerte finalmente.
–¿Qué te trae por aquí? ―le preguntó Sasuke.
―Dos razones ―respondió Itachi―. No son muy importantes, pero no quería molestarte en el trabajo. Uno, sé que ya estás casado, pero me preguntaba si estarías interesado en una despedida de soltero.
Me reí disimuladamente.
―¿Sasuke? ¿Tener una despedida? Oh, eres gracioso.
Sasuke frunció el ceño.
―No todo el mundo es fiestero.
―Oye, no estoy juzgando. Debo decir que me sorprende que incluso hayas aceptado hacer una recepción de boda. ―Me volví hacia Itachi―. Fue idea de Amayo. No esperaba que él siguiera adelante.
Kin asintió.
―Ah, es tu forma de disculparte con su familia por haberse fugado.
―No ―dijo Sasuke―. No me arrepiento de habernos fugado, y no siento la necesidad de disculparme por hacer que Sakura sea mía tan rápido. ―Apretó su brazo alrededor de mí mientras atrapaba mi mirada con la suya―. Quiero la recepción porque quiero celebrar el día más importante de nuestras vidas.
―Lo celebramos mucho, según recuerdo ―dije con una nota sugerente en mi tono.
Su boca se elevó en la esquina.
―Pero sé que hubieras querido una recepción. Hubieras querido el vestido y las flores y compartir el día con las personas que amas, así que te lo estoy dando, para mí es importante que seas feliz.
Oh, era tan suave y creíble que casi lo compré.
–Gracias por ser tan amable y atento.
–No soy amable ni atento. Y eres la única persona que alguna vez ha dado a entender algo diferente.
―Bueno, eres amable conmigo. No te preocupes, no se lo diré a nadie más. No me atrevería a llevar a la mierda tu reputación de tipo rudo.
―Bien. Entonces no le diré a la gente que te muerdes las uñas de los pies.
Me quedé boquiabierta de horror.
―Nunca me muerdo las uñas de los pies. ―Ni siquiera me gustaban los pies.
―No dije que lo hicieras, pero lo diré si vas por ahí diciendo a la gente que soy amable y atento.
Jadeé.
―No lo harías.
―¿No lo haría?
―Probablemente ―murmuré―. Tal vez no seas tan amable después de todo.
―Me alegro de que nos entendamos. ―Sasuke volvió a mirar a su hermano―. ¿Cuál es la otra razón por la que viniste?
―Tengo que escribir un discurso para una presentación que haré la próxima semana ―respondió Itachi―. Esperaba que pudieras leerlo y darme una segunda opinión. Algo en él me molesta, pero no puedo entender qué es. Necesito un par de ojos nuevos.
―Le daré un vistazo.
―Lo tengo en mi teléfono.
―Me lo puedes leer mientras preparo bebidas. ¿Café? ―él me preguntó.
Negué con la cabeza.
–Estoy bien gracias.
Levantó una ceja a Kin en cuestión.
Ella sonrió.
―El café sería genial. Dos de azúcar, sin leche.
Sasuke me dio un beso en la boca.
―Sólo será un minuto ―Salió de la habitación con su hermano.
Volví a tomar mi asiento en el sofá, que me colocó frente a Kin, quien estaba sentada con la espalda tan recta, apuesto a que le dolía.
Cruzando una pierna sobre la otra, pegó una sonrisa en su rostro que no llegó a sus ojos.
―Tu familia parece muy agradable.
―Lo son. Soy afortunada.
Ella se aclaró la garganta.
―Le pregunté a los organizadores de boda si había alguna forma en que pudiera ayudar con los preparativos para la recepción. Dijeron que te preguntara a ti.
―Los planificadores lo tienen todo cubierto, pero es amable de tu parte ofrecerte.
Ella entrecerró los ojos, mirándome de cerca.
―No confías en mí para no sabotear nada ―supuso.
―No, no lo hago. ―No vi la necesidad de negarlo. No estaba siendo una perra; Simplemente no iba a insultar mi inteligencia o la de ella inventando excusas tontas.
–Supongo que puedo entender eso, pero te pido que me des una oportunidad. Solo quiero compensar lo que hice y dije.
―¿Por qué molestarse? ―pregunté sin calor―. Seamos honestas aquí, o no vamos a superar esto. No te agrado en absoluto. Puedo sentirlo en cada interacción que tenemos, así que ¿por qué ofrecerte para ayudar con los planes de recepción?
―Sasuke no es solo mi cuñado, es mi amigo, lo ha sido durante mucho tiempo. Me importa. Nunca antes se había enfadado conmigo. Ahora que me está dando la espalda, todo se siente... mal.
―No puedes culparlo por estar enojado contigo.
―No lo culpo en absoluto. Este lío es mi culpa y quiero arreglarlo. Quiero a mi amigo de vuelta.
―No veo que eso suceda a menos que te sacudas lo decidida que estás a que yo no te guste, realmente no es un problema para mí, pero lo es para Sasuke. Ponte en su posición, dudo que quieras estar cerca de alguien que desapruebe tanto a Itachi. ―Por otra parte, tal vez a ella no le importaría. En todas las veces que los había visto juntos, nunca se comportaron como una pareja; no había ningún abrazo o caricia, ni siquiera una pequeña "chispa" pero había estima ahí. Como si fueran amigos cercanos.
Ella frunció el ceño.
―¿Así que me tienes que agradar si quiero que me perdone? Eso no es justo. No siempre podemos evitar que alguien nos agrade o no.
―Podemos, si dejamos de buscar razones para que alguien no nos guste en lugar de darle una oportunidad ―argumenté―. Mira, tú y yo nunca seremos mejores amigas, pero al menos podemos ser corteses entre nosotras. Por su bien, al menos.
―Puedo ser 'cortés'. Como dije, quiero arreglar mi lío, pero eso no puede suceder si te interpones en el camino.
Sentí mi ceño fruncirse.
–¿Cómo me interpongo en el camino?
―Te estoy pidiendo que me des la oportunidad de compensar lo que hice, pero no lo harás.
―Hay muchas formas en las que podrías intentar arreglar tu cagada ―señalé―. No me interpondré en tu camino, pero tampoco te confiaré los planes para la recepción. Encuentra otra forma.
―¿Y apoyarás mi amistad con Sasuke? ―desafió, cruzando los brazos―. ¿No te sentirás amenazada por lo cercanos que somos él y yo?
¿Amenazada? ¿Hablaba en serio?
―No creo que ustedes dos sean tan cercanos como quieres que crea.
―¿Y por qué no?
―Porque la gente comparte sus momentos felices con sus más cercanos. Nunca te llamó para contarte sobre nuestro compromiso, nunca te llamó cuando estuvimos fuera de la capilla, ni siquiera te envió mensajes de texto, y lo oí decirte más de una vez que lo que tú crees es irrelevante para él. Eso lo dice todo. ―Así que era francamente insultante que ella esperara que yo pensara de manera diferente.
El color se elevó en su rostro.
―Simplemente no te gusta que él y yo fuéramos pareja una vez.
–¿Pareja? Oh, Kinny, esta mierda es simplemente mezquina.
―Es Kin.
―Tú y Sasuke durmieron juntos una vez, fin. ¿Por qué quieres que piense que fue más que eso? Honestamente, no veo qué obtendrías de eso a nivel personal. A menos que no tengas sentimientos demasiado platónicos por él.
Sus ojos brillaban como trozos de hielo.
–Estoy casada con su hermano.
Pero tal vez hubiera querido casarse con un Uchiha diferente. Quizás se había conformado con Itachi, o tal vez simplemente tenía un sentido de propiedad sobre Sasuke debido a su última aventura de una noche o su amistad a largo plazo.
―Amo a Itachi ―afirmó.
Eso no significaba necesariamente que lo amaba como una esposa debería amar a su esposo, o que tampoco sentía algo por Sasuke.
―Me preocupo por Sasuke, él es mi familia ―agregó.
―Entrar en su casa y actuar de esta manera con su esposa, eso no es lo que la familia debería hacer.
Kin iba a hablar de nuevo, pero luego se quedó quieta al oír unos pasos que se acercaban por el pasillo. Ella pegó en su rostro una expresión de mantequilla que no se derretiría en mi boca y dejó que la tensión abandonara su postura rápidamente.
Los hermanos entraron al estudio, hablando entre ellos.
Ella le sonrió dulcemente a Sasuke cuando le entregó la taza de café.
–Gracias, Sasuke.
Sus ojos se entrecerraron levemente. Parecía que no se estaba tragando su acto. Se hundió en el sofá, volviendo a ocupar su lugar anterior a mi lado, y pasó el brazo por encima de mi hombro.
―¿Estás bien?
Hice un puchero y obligué a mis labios a temblar.
―No. Abrázame.
Me lanzó una mirada divertida.
La boca de Itachi se curvó.
―Me gusta que no lo tomes demasiado en serio. Necesita eso. ¿Quién sabe? Incluso podrías ayudarlo a desarrollar sentido del humor.
Improbable.
―No esperemos milagros.
―Tengo sentido del humor; Simplemente no me divierto fácilmente ―dijo Sasuke―. A diferencia de algunas personas, que se reirán en los momentos más inapropiados. Como durante la ceremonia de su boda.
El recuerdo hizo que mis hombros temblaran con una risa silenciosa.
―No habría sido ni la mitad de divertido si no hubieras estado tan molesto.
―Aún no me has mostrado el video de la ceremonia ―le dijo Itachi.
Sasuke sacó su celular del bolsillo.
―Lo descargué en mi teléfono.
Parpadeé. ¿Lo hizo? Yo lo había guardado en mi computadora portátil, pero no en mi teléfono. Honestamente, pensé que Sasuke habría tirado la memoria USB en alguna parte y se habría olvidado de la grabación una vez que se la hubiera mostrado a las personas relevantes.
Itachi tomó el teléfono y se acercó a Kin en el sofá. Mientras miraban el video, resopló, se rió entre dientes y sacudió la cabeza con incredulidad. Kin en realidad sonrió, divertida a su pesar.
Itachi le devolvió el celular a su hermano.
–Dios, Sasuke, tu expresión no tiene precio.
Sasuke se guardó el teléfono en el bolsillo.
–Mmm.
–Bueno, será algo para mostrarles a los nietos ―dijo Itachi.
Fue solo por pura fuerza de voluntad que no dejé caer mi sonrisa. No habría hijos ni nietos. No míos y de Sasuke. Me iría en menos de doce meses. Eso era casi tan triste como la idea de él viviendo solo en esta gran casa, año tras año, envejeciendo cada vez más.
Solo podía esperar que, a diferencia de Madara, la soledad nunca golpeara a Sasuke. No quería que viviera arrepentido. No quería que se sintiera solo y vacío, incluso si eso significaba que nunca se arrepentía de nuestro divorcio próximo.
Luego de que Itachi y Kin atravesaron las puertas de seguridad poco tiempo después, Sasuke cerró la puerta principal y se volvió hacia mí.
―¿Qué ocurre? No me digas que nada. Fuiste buena ocultándoselos, pero algo te molesta.
Todavía me sentía un poco deprimida al pensar en nuestro inevitable divorcio. No solo dejaría esta casa, dejaría t-Shi... y probablemente nunca volvería a ver a Sasuke.
―¿Kin te dijo algo? ―él presionó―. ¿Te molestó? No parecías molesta cuando volví al estudio, pero ella estaba usando su expresión de 'Soy tan inocente'. ¿Qué te dijo ella?
―Nada inquietante. Sólo quiere arreglar el 'lío' que hizo ―respondí vagamente, sin ver el sentido en empeorar las cosas entre ellos al agregar que ella había sido una imbécil.
―¿Y?
―Y esperaba que la dejara arreglarlo al involucrarla en los planes para la recepción. Le sugerí que encontrara otra forma de compensarlo.
Entrecerró los ojos.
–¿Qué más?
–Nada interesante.
Entró en mi espacio personal, lo que hacía con demasiada frecuencia estos días, el bastardo audaz.
―Sakura, cuéntame el resto.
Suspiré.
―Ella solo estaba siendo mezquina, actuando como si ustedes fueran muy cercanos y alguna vez fueron 'pareja'. Le sugerí que dejara de insistir en que yo no le gustara y tratara de ser cortés. Nunca se sabe, ella podría seguir mi consejo.
―Entonces, si no fue Kin lo que te molestó, ¿qué lo hizo? Vamos a ser sinceros el uno con el otro de ahora en adelante, recuerda. Así que dime.
―Solo dirás que estoy siendo estúpida.
Él frunció el ceño.
―Yo nunca te llamaría estúpida.
Solté un suspiro.
―Okey. Bien. Cuando Itachi hizo el comentario de pasada sobre cómo el video sería algo para mostrarles a nuestros nietos, me puse a pensar que no habría ninguno para ti; que siempre estarías aquí en esta enorme casa solo. Me entristecí al pensar en ti solo año tras año. Lo cual es una tontería, lo sé, porque quieres eso para ti, así que continúa: dime que estoy siendo estúpida.
Sus ojos oscuros y acerados comenzaron a suavizarse, y su ceño fruncido lentamente se suavizó.
―Sakura ―susurró con un suspiro, palmeando la parte de atrás de mi cabeza. Su mirada cayó a mi boca y se calentó. Oscurecida. Brillante.
Respiré inestable mientras el aire se tensaba. Mi estómago se retorció y mis nervios se volvieron locos. Sentí que mi pulso se aceleraba. Sentí una llamarada de excitación en lo bajo de mi estómago.
Se quedó muy quieto, sus fosas nasales dilatadas, sus músculos tensos. Estaba claro que estaba luchando consigo mismo. Parecía que prevaleció el sentido común, porque bajó la mano y dio un paso atrás. No estaba segura de si estaba aliviada o decepcionada.
Me aferré a un tema estúpido en un esfuerzo por sofocar la tensión sexual.
―De todos modos, diría que la comida con mi familia fue bien. No parecían preocupados por nosotros cuando se fueron.
Inclinó la cabeza.
―Les dijiste que no me preguntaran por mis padres, ¿verdad?
Atrapada.
―Solo porque sabía que lo harían, es una pregunta mundana que la mayoría considera inofensiva. Solo dije que era un tema delicado para ti, de la misma manera que te pedí que no mencionaras a Mebuki o a su madre a Kizashi. No quería que te sintieras incómodo.
Su rostro se volvió suave y lánguido, pero luego toda la emoción se filtró de sus ojos, y su expresión volvió a ser dura.
―Debes tener cuidado, Sakura.
―¿Cuidado?
―Soy un ser muy egoísta. Si sigues siendo tan dulce, me acostumbraré y es posible que no quiera perderlo. Entonces ambos estaremos en problemas. ―Con eso, se alejó, dejándome de pie en medio del vestíbulo con la boca bien abierta.
Sí, definitivamente me iba a llevar a beber.
