21

Entrando al estudio la mañana del sábado, Sasuke frunció el ceño cuando me vio tirada en el sofá.

―Estás de mal humor de nuevo.

Le lancé una mirada molesta.

―No me siento de humor para ser juzgada en este momento.

Se detuvo frente a mí.

―¿Qué ocurre?

―Quiero ir al zoológico.

―¿Y qué, tienes ocho años?

―Oye, no es solo para niños. Los adultos también van, ¿sabes?

–Entonces, ¿cuál es el problema?

―No hay nadie que vaya conmigo. ―Crucé mis brazos sobre mi pecho―. Kizashi está trabajando, Temari tiene planes con Shikamaru, Ino pasará el fin de semana con su hermana en Long Island y mis padres adoptivos irán al centro comercial con Tayuya y Junior.

―¿Por qué estás tan ansiosa por ir al zoológico?

―Había un artículo en línea que decía que acababan de traer a los gatos de Pallas. Los amo; Nunca he visto ninguno en la vida real.

―Ni siquiera sé cuáles son.

Abrí el artículo en mi teléfono para mostrarle la foto.

–Ahí. ¿No son adorables?

―Ni siquiera un poco.

Sentí que mis labios se afinaban.

―¿Sabes qué? No necesito tu negatividad en este momento. ―Me puse de pie―. Hasta luego.

―¿A dónde vas?

–Al zoológico.

–¿Tú sola?

Me dirigí hacia la puerta.

–Sí.

Un suspiro profundo.

―Dame diez minutos para arreglar algunas cosas. Te acompaño.

–Gracioso.

―No bromeo, recuerda. Diez minutos.

Me detuve y me volví para mirarlo.

–Espera, ¿Irás al zoológico?

Una línea se formó entre sus cejas cuando se acercó a mí.

―¿Crees que tengo algo en contra de los animales?

―No. Pero tu idea de diversión es diferente a la de una persona promedio. Tú vas a restaurantes de lujo, galas y eventos de degustación de vinos.

–Sí, y sospecho que me aburriré muchísimo, pero no quiero que vayas sola.

¿Hablaba honestamente en serio? No podría serlo.

―Pero estás muy ocupado.

―La empresa no se derrumbará si falto al trabajo por unas horas.

Mi espalda se enderezó.

―Está bien, ahora estás empezando a asustarme. No estás enfermo, ¿verdad? Porque no soy una buena enfermera. ―No parecía enfermo, pero los síntomas no siempre eran visibles.

Me lanzó una mirada divertida.

―Reúne tus cosas.

―¿Esto es de verdad? ¿Irás al zoológico conmigo?

–Ya dije que lo haría. Diez minutos ―me recordó.

Caminando hacia la entrada del zoo, alisé una arruga de mi camiseta de manga larga.

―Me gusta que la brisa ligera sea fresca. Los animales tienden a esconderse dentro de los edificios o en lugares con sombra cuando hace demasiado calor, por lo que no puedes ver tantos.

A pesar de ser una mujer adulta, no podía evitar sentir la emoción burbujear en mi estómago. Me encantaba el zoológico. Me encantaban las vistas, los olores y los sonidos. Me encantaba el ambiente relajado y que había tantas cosas que hacer, dejándote la opción de hacer tanto como quisieras. Y tener a Sasuke conmigo, usando jeans que abrazaban su fabuloso trasero y una camiseta que se estiraba alrededor de los músculos de su pecho, lo hacía aún mejor.

No estaba en absoluto excitado como yo, por supuesto. Que esperara encontrarse aburrido hasta la locura solo hizo que su oferta de venir conmigo fuera aún más dulce.

―¿Es esto realmente necesario? ―preguntó, mirando la bolsa desechable que llevaba―. Seguro que aquí venden comida.

―Lo hacen, pero es mejor que nos traigamos nuestro propio almuerzo. Las colas para los restaurantes suelen ser muy largas. ¿Quieres que lleve la bolsa?

La mirada oscura que me dio era la de un alfa ofendido. Como si estuviera tratando de castrarlo o algo así.

Levanté las manos, luchando contra una sonrisa.

–Solo preguntaba.

Mi oferta de pagar el precio de nuestra entrada fue rechazada con la misma rapidez. Haciendo caso omiso de mis protestas, pagó los dos boletos.

Una vez que pasamos el control de seguridad y caminábamos hacia los torniquetes, Sasuke me frunció el ceño de reojo.

―¿Por qué sigues mirándome raro?

―Todavía no estoy convencida de que no estés enfermo ―le respondí―. ¿Estás seguro de que no tienes fiebre ni nada?

Me regaló otra mirada divertida.

Finalmente, dentro del zoológico, nos hicimos a un lado y consultamos un mapa que él había tomado de un soporte escalonado.

―¿Dónde están esas cosas que quieres ver? ―preguntó.

―No son cosas, son gatos salvajes. Los gatos de Pallas, para ser precisos. Están en el lado sur del zoológico. ―Señalé el lugar correcto en el mapa―. Nos dirigiremos hacia ellos eventualmente. También quiero ver a los perros de monte, leopardos y pandas rojos.

―No pensé que tendrían perros salvajes en los zoológicos.

Algo en la forma en que lo había dicho me hizo preguntar:

―¿Alguna vez has estado en un zoológico?

No levantó la vista del mapa.

―Fui a uno en una excursión escolar cuando tenía siete años, pero no recuerdo mucho al respecto.

Tragué saliva. La compasión brotó dentro de mí. Podría haber venido de una familia adinerada que podía permitirse el lujo de llevarlo a él y a sus hermanos a todo tipo de lugares, pero a menudo tenía la impresión de que no había habido un "tiempo familiar" como las excursiones de un día.

Sabiendo que cualquier demostración de simpatía no sería bienvenida, le pregunté:

―¿Y tú? ¿Qué animales quieres ver?

―Ninguno.

―Vamos, tiene que haber al menos un animal que te guste.

Él se encogió de hombros.

―Rinocerontes.

―Puedo ver porqué. Son tú por todas partes. Formidables, decididos y temperamentales. ―Giré a la izquierda―. Vamos, por aquí.

Caminamos por las aceras, pasando recinto tras recinto. No siempre era fácil echar un buen vistazo a su interior o tomar fotografías decentes, ya que mucha gente se reunía cerca de las vallas de plástico, pero Sasuke tenía una forma de hacer que la multitud se separara, la gente simplemente tendía a apartarse de su camino, como si sintieran que se acercaba un depredador o algo así, y luego me conducía al frente, lo cual era un as.

Algunos animales dormitaban. Algunos paseaban o se sentaban a comer. Otros jugaban, corrían y nadaban.

Sasuke y yo, bueno, tuvimos una mañana agitada. Contuvimos la respiración mientras caminábamos por la casa de los monos de color acre. Nos estremecimos en el aire frío de la casa de los pingüinos mientras veíamos cómo se alimentaban. Hicimos un recorrido rápido por la cueva de los murciélagos, que apestaba como un culo rancio. Y, poco a poco, Sasuke empezó a relajarse.

En lugar de quedarse a mi lado como un guardaespaldas, señaló cosas, leyó carteles de información, hizo preguntas, encontró los animales difíciles de localizar para mí. No iría tan lejos como para decir que se estaba divirtiendo, pero estaba interesado. Ni siquiera se quejó cuando me tomé algunas selfies aquí y allá.

Aunque me entristeció saber que solo había estado en un zoológico una vez y que apenas recordaba la experiencia, me gustó que pude ver su expresión cuando vio algunos animales apropiadamente por primera vez. Verlos en la televisión no era lo mismo.

―Aw, mira las crías de suricatas. ―Tomé algunas fotos de ellas―. Sasuke, no puedo soportar este nivel de ternura. No puedes decirme que tu corazón no se está derritiendo en este momento.

―¿No puedo?

―No. Incluso los adultos son lindos.

―Mmm. ―Había algo extrañamente entrañable en la forma en que los miraba como si realmente no supiera qué hacer con ellos.

―¿Sabías que un grupo de suricatas en realidad se llama mafia?

–¿Mafia?

―Sí. ―Al notar que una niña pequeña con coletas miraba a Sasuke como si fuera un príncipe de cuento de hadas, sentí mi boca temblar―. Una niña pequeña te está mirando con los ojos llenos de estrellas ―susurré.

―Y el hombre detrás de ti sigue mirándote el culo. ―Sasuke palmeó dicho culo, el bastardo atrevido―. Movámonos antes de que lo mate.

―Una foto más...

―No te quedará memoria en el teléfono antes de que termine este día. Vamos. ―Me tomó de la muñeca y comenzó a guiarme hacia el siguiente recinto.

Jadeé.

―¡Mira ahí, cebras! Están... oh. Oh. ―Me di la vuelta―. Les tomaré fotos más tarde.

Sasuke me miró con una sonrisa en los ojos.

―¿Cuando dos de ellas no se estén apareando, quieres decir?

―No soy mojigata, bien, pero no puedo ver a los animales hacerlo. Se siente raro. Me gusta fingir que las cigüeñas dan a luz a los bebés. Ooh, veo flamencos. ¿Sabías que no son rosados por naturaleza? Es su dieta lo que hace que cambien de blanco a rosado.

―Gracias por aclarar eso. El misterio me ha estado molestando durante años.

Parpadeé.

―¿Acabas de hacer un intento de broma?

Sus cejas se juntaron.

―Si quisiera hacerte reír, podría hacerte reír.

Apreté mis labios mientras luchaba contra una sonrisa.

–Por supuesto que puedes.

Suspirando, negó con la cabeza.

―Sigue moviéndote.

Mi corazón hizo un pequeño aleteo tonto cuando los dedos que había enroscado alrededor de mi muñeca se deslizaron hacia abajo para enhebrar los míos. Caminamos tomados de la mano, mirando a más de los muchos animales.

Estaba realmente emocionada cuando finalmente llegamos al recinto de los gatos de Pallas. Una vez vi un documental sobre ellos y me fascinaron por completo. Los habían calificado como los gatos más expresivos del mundo, porque hacían las caras más extrañas.

Uno estaba acurrucado sobre una roca, mirando todo y a todos como si estuvieran completamente por debajo de él. Nadie podía hacer una expresión de desdén como los gatos.

―Quiero llevármelo a casa.

Detrás de mí, Sasuke puso una mano en mi cadera.

―Has dicho eso sobre casi todos los animales que has visto.

Alguien golpeó la valla de plástico y el felino abrió el labio superior. Me reí.

―¿Qué tan asombrosos son estos gatos?

―Son extraños.

―Eso es lo que estaba pensando ―interrumpió la mujer a nuestro lado, mirando a Sasuke con interés sexual―. Sus ojos son tan humanos que me asustan.

Olfateé y comencé a tomar fotos del gato, ignorando cómo la mujer seguía hablando con Sasuke como si lo hubiera conocido durante años, a pesar de que él la ignoraba.

¿Era molesto tener que lidiar con esta basura? Oh sí. Pero tenía el consuelo de saber que él nunca respetaría a nadie que coqueteara con un hombre que estaba tomado, así que no tenía que preocuparme de que ella captara su interés.

―No puedo ver ninguno de los otros gatos de Pallas ―dije―. ¿Puedes?

Acercándose a mí por detrás, apoyó la barbilla en mi hombro.

―No. Probablemente estén adentro. ¿Terminaste de tomar fotos de este... estás segura de que es un gato?

―Estoy segura. Apuesto a que se llama Sasuke.

–¿Qué?

―Es el nombre perfecto para criaturas irritables.

Chasqueó los dientes en mi oído.

―¿Lista para comer ahora?

―Síp. Luego iremos a buscar a los rinocerontes y los pandas rojos.

Nos acomodamos en el césped del área de picnic al aire libre y comenzamos a comer. Solo eran sándwiches, papas fritas, agua embotellada, fruta fresca y mini muffins de chocolate, pero todo estaba bueno.

Una vez acabado, metí nuestra basura en la lonchera desechable.

―No me di cuenta de lo hambrienta que estaba. ―Miré a mi falso esposo, que estaba acostado de costado, apoyado en su codo―. Te estás divirtiendo. Admítelo.

–Es interesante observar tus reacciones ante los sonrojaste cuando un chimpancé te mostró sus partes. Temblaste de la cabeza a los pies cuando una mantis religiosa movió una pierna. Gritaste cuando un murciélago voló hacia ti con furia... a pesar de que en realidad no voló hacia ti, y mucho menos con furia.

―Sentí su odio.

Sacudió la cabeza.

―Sólo tú, Sakura. Sólo tú.

―Vamos, sé honesto; no estás tan aburrido como pensabas que estarías.

―Mmm.

Puede ser un sonido evasivo, pero...

―Tomaré lo que pueda conseguir. ―Ladeé mi cabeza―. ¿Lo dijiste en serio cuando dijiste que el viaje a Nueva York no tenía que ser solo por trabajo, o simplemente lo dijiste en beneficio de Kizashi?

Me miró con recelo.

―¿Por qué? ¿A dónde quieres ir?

―Al Museo de Historia Natural. No te estoy pidiendo que vayas conmigo, sé que no querrás hacerlo. Solo esperaba que aceptaras dejarme libre unas horas para poder ir.

Sus cejas se juntaron.

―No puedes pasear por Nueva York por tu cuenta.

–¿Por qué? No es una zona de guerra, es una ciudad.

―Donde muchas cosas te pueden pasar mientras estás sola. Si podemos encontrar el tiempo para ir, iremos.

–¿Nosotros?

―Nosotros.

Me llevé la mano a la boca.

―Oh, Dios, estás realmente enfermo, ¿no?¿Qué tan malo es? ¿Deberíamos elegir panegíricos?

Tiró de mi cabello.

–Mocosa.

Una vez que estuvimos listos para continuar nuestro paseo por el zoológico, tiré nuestra bolsa de desechos a la basura.

―Necesito usar el baño. ¿Tú?

―No, estoy bien.

―Según el mapa, el baño más cercano está ahí ―dije, señalando el restaurante cercano.

Me acompañó hasta la entrada.

–Esperare aquí. No tardes.

¿Como si planeara pintarme las uñas de los pies ahí o algo así? Solo negué con la cabeza y entré. Tal como lo había anticipado, el lugar estaba lleno de gente que ordenaba su almuerzo y buscaba mesas vacías. Sí, tomé la decisión correcta al traer un almuerzo empacado.

Me dirigí directamente al baño, donde rápidamente hice mis asuntos, y luego regresé al restaurante. Me abrí paso con cuidado entre la multitud de gente, sin querer chocar con alguien que pudiera estar sosteniendo una bandeja de comida o bebida.

―Disculpe ―le dije a un hombre en particular, que era alto y corpulento. Se apartó de mi camino con una disculpa, y luego mi estómago se hundió porque Naruto estaba a solo unos metros de distancia y me miraba fijamente. Mierda.

―Saku ―dijo sorprendido y tragó saliva.

Le di un asentimiento brusco e incómodo.

―Naruto.

―Tú... te ves bien...

―Papá, necesito el tenedor.

Me giré para ver a una niña sentada en la mesa cercana con un plato de comida frente a ella. La misma niña cuya foto Naruto me había mostrado una vez.

―Lo siento cariño. ―Naruto le entregó los cubiertos de plástico y luego me dio una débil sonrisa―. Esta es mi hija.

―Hola ―le dije, sintiéndome súper incómoda.

Usó su tenedor para saludarme, su expresión era curiosa.

Forcé una sonrisa brillante.

―Bueno, que ustedes dos tengan un buen día.

―Espera, Saku. ¿Con quién estás aquí?

Suspiré.

―Naruto, solo concéntrate en divertirte con tu pequeña. ¿Okey?

―¿Te has dado cuenta ya? ―preguntó cuando traté de encogerme de hombros a su lado.

―¿Qué?

–Que casarse con Uchiha fue un error ―dijo en voz demasiado baja como para que su hija lo oyera―. Porque si no lo has hecho, eventualmente lo harás.

―Olvídate de mí y de lo que está pasando en mi vida, Naruto. Concéntrate en arreglar la tuya.

―¿Te dijo que me había expulsado de t-Shi? Fui a verte hace unas semanas. Ni siquiera pasé el control de seguridad. No te lo dijo, ¿eh? Bueno, entonces, probablemente tampoco te dijo que me llamó más tarde ese día y dijo que se aseguraría de que perdiera mi trabajo si alguna vez intentaba acercarme a su esposa nuevamente. No 'Sakura'. Su esposa. Como si fueras una cosa. Una posesión.

Froté mi sien.

–Naruto...

―Te va a hacer daño, Saku. Probablemente no sea su intención, probablemente ni siquiera querrá hacerlo, pero lo hará porque eso es lo que hace la gente como él. Lastiman. Traicionan. No piensan más allá de sus propios deseos.

―¿Esto de nuevo? ¿En serio? ―Negué con la cabeza―. Me voy a ir ahora. ―Lo empujé, pero me agarró del brazo.

―Espera, yo... ―cortó, sus labios se tensaron cuando vio algo.

Seguí su mirada para ver a Sasuke dirigiéndose hacia nosotros, con sus ojos duros y su expresión fría.

Naruto soltó mi brazo y dio un paso hacia la mesa en la que estaba sentada su hija, como para protegerla del recién llegado.

Sasuke se detuvo frente a mí.

―Vine a ver qué te estaba tomando tanto tiempo ―me dijo, pero sus ojos estaban puestos en Naruto.

Agarré la camiseta de Sasuke y le di un pequeño tirón para llamar su atención.

―Su hija está sentada ahí ―le dije en voz baja―. Por su bien, ¿podemos irnos? ―Me golpeó con esa mirada de cazador sin pestañear, sin decir nada. La tensión espesó el aire, apretándome―. Por favor, Sasuke.

Algo cruzó por su rostro. Extendió la mano y desenredó mis dedos de su camiseta. En lugar de soltar mi mano, la apretó con fuerza.

―Vamos.

Gracias por eso. Sin mirar atrás a mi ex, dejé que Sasuke me llevara fuera del restaurante.

Afuera, se volvió hacia mí, su expresión aún era fría.

―¿Que quería él?

―Decirme que fue un error casarme contigo. ¿De verdad lo prohibiste en t-Shi?

―Sí. No confiaba en que no te acosaría ahí. Deberías poder hacer tu trabajo sin preocuparte de que la gente aparezca y te diga tonterías. Quiero que te sientas segura ahí.

Siempre me había sentido segura ahí. Hasta hace poco. No es que pensara que estaba en peligro físico, pero sí, ciertamente corría el riesgo de ser molestada por gente idiota. Pensando en dichos idiotas, pregunté:

―¿Has prohibido la entrada de alguien más?

―Shisui, Ayame, Tayuya y la futura ex esposa de Naruto.

―¿Por qué Hinata?

―Dudaba que te molestara, pero no quería correr el riesgo.

―¿Alguno de ellos ha intentado entrar desde que le diste sus nombres a seguridad?

–Sólo Ayame.

―Apuesto a que estaba furiosa cuando le negaron la entrada.

―Y probablemente avergonzada como el infierno.

―Lo estaba, pero le dije que se mantuviera alejada del edificio. Si ella me hubiera escuchado, no habría sucedido eso.

Incliné mi cabeza.

―Realmente no intentarías hacer que Naruto fuera despedido, ¿verdad?

Sasuke acercó su rostro al mío.

―Ya sabes la respuesta a eso. ―Tiró de mi mano―. Vamos. Todavía quieres ver esas cosas de panda rojo, ¿no?

―No son cosas.

―Bueno, no son pandas.

Es cierto, en realidad, pero como sea. Me decepcionó cuando finalmente llegamos a su recinto, porque solo uno de ellos parecía estar afuera, y estaba tan alto en un maldito árbol que solo podía ver parte de su cabeza.

Intenté acercar al panda con mi teléfono para verlo mejor, pero el esfuerzo no sirvió para nada.

―Me desanima que apenas puedo verlo.

Sasuke deslizó su mano por mi espalda y la apoyó en el hueco de mi cuello, probablemente sin darse cuenta de que envió un agradable escalofrío bailando a lo largo de mi columna.

―Estate quieta.

–¿Por qué?

–Porque tienes lo que parece un mosquito en la nuca. ―Movió mi cola de caballo a un lado y sacudió cualquier insecto que se hubiera posado sobre mí. Su pulgar rozó la parte de atrás de mi cuello, haciendo que la piel se estremeciera―. No parece que te picó.

Aclaré mi garganta.

―Gracias. ―Esbozando una sonrisa indiferente en mi rostro, me volví hacia él―. Vamos a buscar tus animales espirituales, ¿de acuerdo?

―¿Mis qué?

―Los rinocerontes.

Resultó que había bastantes. Dos estaban despiertos y caminando, uno de los cuales era un bebé, y mi corazón se derritió en un montón de baba. Realmente no tenía idea de que los rinocerontes bebés pudieran ser tan increíblemente lindos.

Me apoyé en la valla, fascinada por ellos. Aparentemente, los miré demasiado tiempo, porque Sasuke eventualmente curvó un brazo alrededor de mi cintura y físicamente me alejó.

Después de eso, deambulamos por la casa de los reptiles. Me pregunté si las serpientes reaccionarían ante la presencia de su malvado amo, pero no. Hicimos una breve visita al zoológico de mascotas antes de seguir los senderos temáticos de los animales y ver las exhibiciones interactivas. Me costó, pero logré convencer a Sasuke de que viera un espectáculo de leones marinos en el anfiteatro al aire libre. No parecía particularmente entretenido, pero disfrutó su helado.

Más tarde, mientras caminábamos por la tienda de regalos, recorrí con la mirada el gran espacio, comprobando la abundante mercancía. Miré dos veces cuando noté un imán con los gatos de Pallas. Lo saqué del expositor y le di la vuelta para comprobar el precio.

Sasuke suspiró.

―Tú lo quieres, ¿no es así?

―¿Quién no lo haría?

Casi me lo arrebató de la mano con un sonido indignado y se acercó al mostrador de caja. Después de pagar el imán, me lo puso en la mano.

―Ten.

Sin molestarme en lo más mínimo por lo brusco y grosero que estaba actuando, sonreí.

―Eso fue muy amable de tu parte.

Me frunció el ceño.

―No soy amable.

―Pero la acción fue amable. Vamos, tu frigorífico terriblemente sencillo está esperando su nueva decoración.

En el estacionamiento, nos dirigimos a su Aston Martin y entramos. Estaba tan acostumbrada a que Jūgo nos llevara por ahí que era extraño que Sasuke nos llevara a lugares, pero me gustó. No sabía lo que decía de mí que me resultara atractivo verlo conducir, pero... era solo la forma en que se veía tan concentrado, a gusto y en completo control. Me gustó.

―Gracias por venir conmigo ―le dije mientras él daba marcha atrás fuera de su lugar, su brazo se curvaba alrededor de mi reposacabezas.

Sus ojos se encontraron con los míos.

–Quizás quiero algo.

Me tensé. Sus ideas de "favores" pueden ser extremas.

―¿Cómo qué?

―Dije quizás.

―Te gusta mantenerme fuera de balance, ¿no?

Cambió de marcha y siguió adelante.

―Sakura, me gusta hacer eso con todo el mundo.