Aquí otra historia que no recordaba que había comenzado a escribir pero ya estaba iniciada. Referencias a los capítulos 90 al 93, donde al fin Kido, Fudou y Sakuma se enfrentan a Kageyama y salen victoriosos y a los capítulos relacionados con el partido contra Orpheus, del 103 al 106.
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.
Insólitas debilidades
Por Blue-Salamon
Había comenzado a agarrar la mala costumbre de que, cuando se irritaba, llevaba una mano a su cabello para tomar, con síntoma de gravedad, un mechón y torcérselo entre los dedos. Casi como si fuera a arrancárselo de un momento a otro.
—Kido, ¿por qué carajos eres tan débil?
Solo un segundo después de decirlo se obliga a soltar el cabello antes de comenzar a parecer, de manera bastante irónica, un chica enamorada que usaba la "técnica de coquetear con su cabello" en Kido.
Porque sí. Podría estar, últimamente, obsesionado con Kido todo lo que quisiera, pero. De ahí a comenzar a comportarse de esa forma tan ridícula había una brecha... del tamaño del mundo, quería pensar. Es decir, sí podía coquetear, pero no así. No como una estúpida niña enamoradiza. No como idiota, de eso ni hablar.
—¿De qué ha-
—Hablo de que si sigues comportándote de esta manera tan, estúpidamente inofensiva, como si no tuvieras la capacidad de enfrentarte por ti mismo a las cosas que te pasan. Como si, a cada, sorpresiva situación presentada que te joda en serio derrumbara tu mundo entero. Juro que te voy a golpear.
Kido se mantiene en silencio, con los dientes apretados y las manos hechas puño. —Quiero verte intentán-
Antes de que acabe la oración, Fudou ya lo ha tomado del cuello de la camisa, con la rabia tomando el control total de la situación por un par de segundos. —Algo como que me expulsen del equipo no me importa, Kido —tuerce una sonrisa—. Lo sabes, ¿verdad? No me importaría si puedo golpearte por obligarme a actuar así en frente de todos —sisea, casi escupiéndole sin en verdad pretenderlo (razón que lo hace tomar una pausa, tragar saliva y respirar profundo antes de continuar, mirándolo a los ojos)—. Los demás comenzarán a pensar cosas ridículas como que en realidad no soy tan mala persona cuando la verdad es que estoy más podrido que nada en este mundo, ¿entiendes? —suelta con ese tono de condescendencia que irrita a Kido a veces demasiado; porque le hiere en el orgullo y eso es lo que todavía le duele demasiado al genio de la estrategia, por eso está tan obsesionado con Kageyama Reiji.
Y a Fudou le duele esa obsesión porque él la siente todavía más cuando Kido no le presta tanta atención como a Kageyama. A ese desgraciado e infeliz de Kageyama que le arrebata la poca atención de Kido Yuuto. ¡Maldición...!
—Este trato que tengo contigo no es algo que quiera darle a nadie más. Y si sigues comportándote como un debilucho frente a todos, ellos comenzarán a creer que puedo ayudarlos con sus problemas.
Entonces, solo después de haber soltado todo su enfado, solo después de haber pronunciado esas palabras, es que Fudou se da cuenta de lo que acababa de admitir en voz alta. Delante de Kido.
El trato especial... que le daba. Fudou siente la sangre calentándole el rostro entero de la nada. Y, en cuanto lo hace, Kido parece entender a qué se refiere. Porque antes, se había quedado con una mueca de incomodidad simple que no buscaba comprender lo que le había querido decir en realidad. Kido no podía pensar que, a lo mejor, no le vendría mal ser el primero en dar el golpe inicial. Y obligar a Fudou a que lo suelte. Pero... ¿qué?
—Yo no te pedí ningún trato espe-
—Tú no me lo pediste pero te lo estoy dando —lo corta. Se corta. Y luego, lleno de ira, también decide soltarlo—. Te lo estoy dando porque sé que no eres tan estúpido como para ignorarme por causa de tu orgullo. Eres mejor de lo que yo nunca seré y.
Tras de unos segundos más en silencio, Kido no tarda en formar una sonrisa divertida, socarrona.
—¿Y?
—Cállate.
Reprimiendo una risa, Kido se inclina hacia él buscándole la mirada. Es gracioso que intente hacerlo, cuando con sus gafas no se le pueden ver los ojos. Gracioso como, desagradable. Es injusto para Fudou que no pueda verle los ojos y aún así inferir solo por cuenta propia la expresión curiosa de fingida ingenuidad de estos, más cuando vuelve a abrir la boca. Kido Yuuto estúpido vuelve a abrir su maldita boca y dice: —No, en serio, ahora tengo curiosidad, ¿qué más ibas a decirme?
Fudou iba a decirle que se callara una vez más. A decirle, como ordenarle en realidad. Pero se le ocurre, entonces, mejor obligarlo y pasar a besarle la boca para que no la vuelva a abrir.
—Cierra la boca, maldito infeliz —murmura, a medio beso, contra sus labios y pasando a mordérselos en un arrebato de ira, porque le puede sentir la sonrisa al chico todavía y es muy molesto para Fudou tolerar a Kido sintiéndose mucho porque él le trata de manera diferente. De manera especial.
Kido lo deja hacer y descargarse sobre él, la furia y rabia contenida volviéndose una extraña sensación intensa y hasta apasionada. La presión en sus labios encontrándose y restregándose, junto con el cuerpo del otro chico cuando se le ocurre presionarlo contra una pared en vez de abrazarlo (porque Fudou Akio nunca va a ser tan cursi y ñoño como para abrazarlo a menos que se trate de hacérselo y entonces nada más importe que estarse lo más cerca posible el uno del otro —o algo como eso imagina Kido; no lo sabe porque nunca han hecho esa clase de cosas, pero sí le ha tocado tener que soportar sus besos pesados, intensos y sus mordidas y chupetones—).
—No, es evidente que no vas a darle a nadie más esta clase de trato... —murmura Kido, divertido un poco, mas agitado y colorado por tener esa clase de pensamientos acerca del otro chico. No sabe si Fudou ya se habrá dado cuenta, pero algo le dice que no tardaría demasiado en notarlo, yendo hacia sus últimos años de secundaria... Terminando de crecer y siendo inevitablemente notorio el desprendimiento de hormonas en el aire. Hormonas de adolescentes terminando de madurar y acabando con esa clase de conflictos. Ya necesitaba comenzar a investigar cómo sería el sexo entre dos hombres...
—¿Te asusta que le de a alguien más esta clase de trato? ¿Te dan celos?
Kido vuelve la mirada a otra parte. —... No, nada de eso.
—¿En serio ni una pizca de celos?
—Fudou...
—Kido.
Después de un rato en silencio, Kido pasa a quitarse un momento las gafas. Las deja descansando en la cima de su cabeza y entonces, mira más detenidamente al chico. Se queda viendo sus ojos verdes, felinos como de gato. Se pasa la lengua por los labios y hace una exhalación más —te agradezco que te preocupes así por mi, siento que esto pase cada que Kageyama se presente...
Fudou chasquea la lengua y, luego, pone los ojos en blanco, alejándose de él. Llevándose las manos detrás de la nuca y mirando hacia cualquier otra parte, fingiendo no tener un sonrojo en sus mejillas.
—No es como si no lo esperara. Sé muy bien cuáles son tus debilidades. Conozco-
Kido lo interrumpe dándole un beso que pretende ser en la mejilla pero que, por la prontitud, acaba depositado en la comisura de la boca. Pero no importa debido a lo efectivo que es a la hora de callar a Fudou y Kido suspira en tanto desliza su boca por encima de la de él, acariciando sus labios con los propios. No es un beso ni mucho menos uno como los que suelen darse y sin embargo, ambos (jadean) suspiran y sin pensarlo demasiado, Kido pasa la mano por encima de la cabeza de Fudou, buscando el final de su mohicano, colocándose en la piel sin pelo y empujando con poca presión en lo que apoya su frente contra la del otro.
—... ¿todos mis puntos débiles? No... no...
Fudou se queda sin habla, en lo que Kido, el gran Kido Yuuto, le respira en la boca y hace que sus narices se encuentren en una inesperada caricia tierna. Luego suspira. Luego baja su mano por la parte posterior de su cabeza y despega su frente. Y mientras Fudou puede sentir como lo coge por la nuca, Kido logra un último acercamiento entre sus bocas, con una presión puntual, precisa, medida (y corta...). —Estoy seguro de que todavía no sabes todas mis debilidades... —le susurra contra la boca, deja escapar una sonrisa que parece divertida, pero también se ve como algo... diferente. Y se escapa.
Kido Yuuto entonces lo suelta y se aleja. Volviéndose a acomodar las gafas de protección sobre los ojos y dedicándole una última mirada. Y una sonrisa que le.
—No aún.
Roba el aliento...
