33
La predicción de Sasuke resultó ser correcta. Me dolió en mi interior cortar el hermoso pastel de bodas, pero el sabor alivió el dolor. Estaba absolutamente delicioso con el glaseado, la crema de mantequilla y la mermelada. Sasuke pareció disfrutar de su pedazo también.
Poco después de eso, se colocaron bandejas de bocadillos fríos y calientes en una mesa larga, proporcionando bocadillos nocturnos para los invitados. La gente prácticamente descendió sobre ellos, llenando y amontonado los platos con panecillos, cóctel de camarones, alitas a la barbecue, deliciosos sándwiches de té y mini quiche. La mesa de postres, la barra de galletas y el buffet 'Truco o Trato' también se llenaron, asegurando que hubiera suficientes bocadillos para todas las edades.
Apenas había terminado de comer cuando aparecieron Ino y Amayo sonrojadas y sonriendo. Cada una agarró una de mis manos.
―Tienes que venir a bailar con nosotras ―insistió Ino.
―Necesito dejar que mi comida se digiera primero ―protesté.
Amayo tiró de mi mano.
―Es la recepción de tu boda, pon tu trasero en la pista de baile en donde pertenece.
Y así terminé bailando de nuevo. Me dije a mí misma que iría a descansar después de una canción, pero sí, no funcionó de esa manera. Me dediqué a divertirme con mis amigos y mi familia; diablos, incluso Hamaki se puso a bailar. Eso no sucedía a menudo.
Sasuke no se unió a mí hasta que sonó otra canción lenta. Fue a la mitad de dicha canción cuando las ganas de orinar me golpearon con fuerza. Afortunadamente, mi vestido no era tan largo como para necesitar a alguien que lo sostuviera mientras hacía mis asuntos. Rápidamente me disculpé, prometiendo que no tardaría; aceptando felizmente el beso que me dio Sasuke.
No había baños en el lugar, así que tuve que salir del edificio, cruzar el césped y usar los baños dentro del hotel. Hecho eso, volví sobre mis pasos y regresé al jardín botánico. Casi lo alcancé cuando una figura salió de detrás de un árbol y me bloqueó el camino. Estaba oscuro, pero había suficiente iluminación para que yo pudiera ver su rostro lo suficientemente claro. Por su expresión amarga, me di cuenta de que esto estaría lejos de ser una conversación agradable.
―Te daría una ronda de aplausos, pero luego podría dejar caer mi vaso ―dijo Kin.
Sentí que mi frente se arrugaba.
–¿Una ronda de aplausos?
Tomó un sorbo de su copa de champán.
―He visto a mujeres hacer todo tipo de tonterías para intentar manipular a Sasuke para que se ponga un anillo en el dedo. Nunca lo hizo. No.
Ugh.
―¿De verdad quieres hacer esto?
―Él siempre vio a través de sus tonterías ―continuó ella... así que, sí, realmente debe querer hacer esto―. ¿Pero tú, Sakura?Lo engañaste bien. Lo hiciste caminar por un jodido pasillo. ¿Cómo? Tengo que saber cómo lo hiciste.
―¿De verdad crees que lo manipulé para que se casara conmigo? ¿De verdad? Porque si es así, realmente no lo conoces. Sasuke no es alguien con quien se pueda jugar.
―Hay una primera vez para todo.
–No puedes aceptar que yo sea importante para él, ¿verdad?
Ella resopló.
―No hay una sola alma en esta Tierra que le importe. Ni una.
―El hecho de que tu no seas importante para él no significa que no le pueda importar nadie.
El dolor cruzó por su rostro.
―Si realmente piensas eso, tengo que decir que eres tú quien no lo conoce. Pero entonces, supongo que a los cazafortunas no les importa una mierda si sus marcas se preocupan por ellos. Eso es todo lo que Sasuke es para ti. Una marca. La gente como tú me disgusta, vendiéndose por dinero en efectivo.
―No solo en efectivo. Con mucho gusto aceptaré cheques. Acciones. Participaciones.
Ella se burló.
―Él puede conseguir algo mucho mejor que tú.
―Supongo que tenía ganas de conseguirlo mucho peor. Ahora, si has terminado de hacer pobres tentativas de insultarme, Kinny...
―¿Es extraño estar casada con un tipo que no duerme a tu lado por la noche?
―Ni idea. No me he encontrado en esa situación.
–Patrañas ―escupió―. ¿Sabes lo que no es justo?
―¿Que estás privando a un pueblo de su preciado idiota?
Sus labios se tensaron.
―Crees que eres inteligente, ¿no?
–De hecho, sí, lo creo. También creo, al igual que Sasuke, que tus opiniones son irrelevantes, así que... ―Iba a rodearla, pero ella se plantó frente a mí de nuevo.
Sus ojos llamearon.
―No me descartes como si fuera nada.
–Entonces no actúes como una jodida estúpida.
Ella tomó aliento y se echó hacia atrás.
―Ahora, por mucho que aprecio que te tomes el tiempo para entretenerme así, voy a necesitar que te apartes de mi camino.
–No he terminado...
―Sí, lo has hecho ―interrumpió una nueva voz.
Kin saltó. Su rostro palideció cuando Sasuke salió de las sombras, con sus ojos fríos y su rostro duro como un diamante.
Él inclinó la cabeza.
―Dime, Kin, ¿por qué crees que tienes derecho a hablarle así a mi esposa?
Su boca se torció amargamente.
―¿Tu esposa? ―Ella se burló―. Nunca pensé que vería el día en que dejaras que alguien te engañara, resulta que el infame Sasuke Uchiha en realidad puede ser estafado porque honestamente crees que ella te ama, ¿no es así?―Kin soltó una carcajada―. Te equivocas, mi querido Sasuke. Ella te ha estado manipulando desde el principio y tú no lo has visto. Sinceramente, me da vergüenza.
Una de sus cejas se alzó.
–¿Es así?
–Cualquiera puede ver que ella te está guiando por tu pene. Bueno, cualquiera menos tú. Demonios, incluso de alguna manera logró convencerte de que gastes una gran cantidad de dinero en una fiesta. Tu odias las fiestas. Odias las relaciones. Odias el concepto de matrimonio.
―Lo que odio es cuando la gente tiene la loca idea de que pueden tratar a Sakura como si fuera un pedazo de mierda. No creas que ser la esposa de mi hermano te protegerá de las consecuencias, Kin. No lo hará. Ahora vete a casa y ponte sobria.
―Ella sólo está detrás de tu dinero ―insistió Kin, agarrando su copa con tanta fuerza que era un milagro que la flauta no se rompiera―. ¿Cómo no ves eso?
―¿Cómo no ves que me importa una mierda lo que pienses?
Kin se mordió las mejillas.
―Reconozco a una cazafortunas cuando la veo, Sasuke. Eso es lo que ella es. ¿Jugó a la víctima pobre para que tú la 'salvaras'? ―Kin se burló―. Apuesto a que lo hizo. Ayame no lo cree así. Ella piensa que todo es una farsa, que le pagaste a Sakura para que se casara contigo solo para poder conseguir ese cómodo fondo fiduciario. Quizás ella tenga razón. Eso explicaría por qué Sakura no dejó que las malditas fotos la ahuyentaran.
―¿Qué acabas de decir? ―preguntó Sasuke, su voz baja y fría.
Sentí que mis labios se abrían. Oh, la muy perra.
Parpadeó, la bravuconería la dejó en un instante.
―Yo, um...
―Dijiste algo sobre unas fotos ―dijo, oh, con tanta calma, pero el peligro goteaba de su tono―. ¿Qué fotos podrían ser?
Sus ojos parpadearon y dio un paso atrás.
–Sasuke...
–¿Le enviaste a Sakura la memoria USB?
Ella negó con la cabeza rápidamente.
―No, yo no. Ayame.
―¿Ayame?
―Sí. Me dijo que tenía fotos que demostraban que habías engañado a Sakura. Ella dijo que se las envió.
―¿Qué más dijo Ayame?
Kin levantó los hombros.
―Nada en realidad, simplemente estaba enojada cuando Sakura no te dejó.
―Mmm. ¿Y tú no tuviste nada que ver con eso?
–No, nada ―juró, con los ojos muy abiertos.
–¿Qué hay de Shisui? ¿Estaba él en eso?
Kin se humedeció los labios.
―No. No le gusta que estés con Sakura, pero él... decidió dejarlo pasar, Ayame no quiso, ella no puede. Shisui ha apostado gran parte de su dinero. Su parte de tu fondo fiduciario podría arreglar el desastre que él ha causado.
―Sí, puedo imaginar por qué Ayame hizo esto, pero, ¿por qué lo hiciste tú, Kin?
―Te lo dije, fue Ayame. Yo no tuve nada que ver, lo juro.
Sasuke se acercó a ella.
―Me estás mintiendo.
Palideciendo, volvió a negar con la cabeza.
―No lo hago, no lo haría.
―La unidad flash, el mensaje de texto falsificado, la llamada telefónica al lugar para intentar cancelar la recepción, tú y Ayame estaban detrás de todo. ¿Por qué? No creo que quisieras interponerte entre Sakura y yo simplemente porque crees que es una cazafortunas.
Los ojos de Kin ardieron en él.
―Ella lo es. No es lo suficientemente buena para ser una Uchiha. Madara diría lo mismo si estuviera vivo ahora, no habría venido aquí hoy. No, no le habría dado su bendición a este matrimonio, y lo sabes, él quería que te casaras... ―Ella cortó y cerró la boca de golpe.
Sasuke arqueó una ceja.
―No pares ahora. ¿Con quién quería que me casara? ¿Contigo?
Ella tragó.
―Él pensó que yo era la indicada para ti.
―Y, sin embargo, no tuvo ningún problema en que te casaras con Itachi.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
―Yo te amaba. Hubiera sido todo lo que necesitabas si me hubieras dejado entrar. Te habría arreglado, te hubiera hecho feliz, pero no me dejaste. Nunca he rogado por nada en mi vida, pero te rogué que nos dieras una oportunidad. No lo hiciste.
―¿Qué diablos importa? Estás con Itachi.
―Lo estoy, y lo amo. Soy feliz. Tengo una vida jodidamente fantástica.
―Lo cual se considera el mejor tipo de venganza, de verdad, ¿No es así? ―Interrumpí―. Querías que Sasuke te viera feliz, que se diera cuenta de que estás mejor sin él. ―En cierto modo la entendía. Sentí lo mismo cuando me di cuenta de que tendría que enfrentar a Naruto de nuevo.
―Estoy mejor sin él ―insistió―. Y tú también. Lo único que le importó alguna vez es ese puto fondo fiduciario.
―Y es por eso que no quieres que él lo consiga, ¿no es así? Por eso accediste a trabajar con Ayame. Qué vengativo de tu parte. Apuesto a que ella te reclutó. Sí, habría sabido lo fácil que sería manipularte para que la ayudaras.
Sasuke miró a Kin.
―Dime que Sakura se equivoca.
―No puede ―le dije―. Algunos creen que la venganza es mezquina. Quizás lo sea, pero a menudo es la forma en que sacamos los sentimientos de nuestro sistema. Especialmente la traición, el resentimiento, la autocompasión y el abandono. Fuiste su primer enamoramiento, eso siempre es poderoso. ―Deslicé mi mirada hacia ella―. Hace todos esos años, te dejó sintiéndote impotente para hacer que te amara. Eso era todo lo que querías que hiciera, ¿no?
Ella miró hacia otro lado, con los ojos llorosos de nuevo.
―Te dijiste a ti misma que podrías hacerle sentir algo por ti, pero no pudiste y ese fue un golpe que tu frágil ego joven nunca olvidó. Sin embargo, hay más, ¿verdad, Kin? Hay otra razón por la que estabas tan desesperada por lastimarlo. ―Mi instinto insistió en ello―. ¿Qué hizo él que no puedas perdonar?
Sus labios temblaron.
―Él ya lo sabe. No me sorprende que no te lo dijera, no querría que supieras el frío bastardo que es en realidad. ―Ella tragó―. Sabía lo decidido que estaba a que nunca tendría hijos, sabía que nunca cambiaría de opinión, sabía que no creía que encontraría a una mujer a la que no le importaría que nunca le diera hijos y supe que era porque necesitaba sentir que él era la persona más importante en la vida de ella, no querría compartir su atención o amor.
Fruncí el ceño porque, sí, ese no era Sasuke en absoluto.
―Así que yo... ―Kin tomó una respiración temblorosa―. Así que me esterilizaron. Quería demostrarle que podía ser lo que él necesitaba; que él sería todo para mí, pero a él no le importó, ¿verdad, Sasuke? No importó que hubiera renunciado a tanto por ti. Me diste la espalda una vez más.
Sasuke la miró con cara de piedra.
―Te perdiste mencionar la parte en la que ofreciste esterilizarte y yo te dije que no lo hicieras, que no haría ninguna diferencia para mí porque no estaba interesado en una relación, pero seguiste adelante y lo hiciste de todos modos.
―¡Pensé que me estabas poniendo a prueba!
―Nunca jodería con una mujer de esa manera, Kin. Deberías haberlo sabido. Siempre has estado tan segura de que me comprendes, pero no es así. Nunca lo hiciste. ¿Cómo es posible que me hayas amado cuando ni siquiera me conocías realmente?
Sus ojos brillaban como trozos de hielo.
―¿Crees que me hubiera esterilizado por alguien de quien pensaba que estaba enamorada? ¿Crees que no habría estado absolutamente segura de lo que sentía?
―De cualquier manera, no es mi culpa que hicieras lo que hiciste. Tenía claro que no me interesaba una relación contigo. De hecho, fui brutalmente claro porque necesitaba que realmente me prestaras atención, pero no querías escuchar eso, así que no escuchaste. Leíste algo más en lo que dije.
―Creo que ella sabe, en el fondo, que la culpa no es tuya, Sasuke ―dije―. Creo que solo tiene que creer que sí, o tiene que afrontar el hecho de que ella misma hizo este lío.
Honestamente, una parte de mí sintió pena por ella. Siempre quise tener hijos, y me desgarraría no poder tenerlos, pero Sasuke tenía razón: ella había elegido esterilizarse, aunque él le había advertido que no haría ninguna diferencia.
―¿No puedes revertir el proceso, Kin?
―Lo intenté ―dijo entre dientes―. No funcionó.
―Me dijiste que sí ―dijo Sasuke―. Por otra parte, también me dijiste que ya no me culpabas. Lo dijiste la noche que aceptaste la propuesta de matrimonio de Itachi. Aparentemente, mentiste.
―Porque ella necesitaba que creyeras que era más feliz sin ti ―señalé―. ¿No es así, Kin? Supongo que Ayame sabía lo que realmente sentías por Sasuke. Supongo que ella lo aprovechó.
―No hay necesidad de adivinar ―dijo Sasuke―. Podemos preguntarle. ¿Por qué no te acercas, Ayame?
Me giré ante el sonido de un fuerte suspiro. Ayame se paraba a un lado, apoyada contra un árbol, sin siquiera molestarse en ocultar su presencia.
―Eres toda una maestra de marionetas, ¿no? ―dije―. Ciertamente tiraste de los hilos de Kin, y es una maldita mierda de tu parte jugar con algo que es doloroso para ella. Me imagino que eras la fuerza impulsora detrás de la insistencia de Shisui en obtener su parte del fondo fiduciario de Sasuke.
―Oh, Shisui no necesitaba que lo empujaran ―dijo Ayame―. No hasta que Sasuke hizo que lo prohibieran en todos los casinos locales de todos modos. Antes de eso, había estado feliz de jugar el juego. De hecho, si se hubiera salido con la suya, habría vendido los secretos de t-Shi a los competidores de la compañía, pero tú no lo dejaste entrar a la oficina de Sasuke y Shisui no pudo acceder a tu computadora; dijo que vigilabas tu escritorio como un maldito bulldog.
―Lo que no te está diciendo ―comenzó Kin, con los ojos puestos en Sasuke―, es que, inspirada por la idea de Shisui, hizo que uno de sus niños de juguete intentara robar la computadora portátil de Sakura para tener acceso a los secretos de la empresa, solo que Sakura se la había llevado a Las Vegas.
El rostro de Amayo se puso duro como una roca cuando se volvió hacia su cuñada.
―Oh, tratando de centrar la atención de todos en mí, ¿verdad?
―El robo ―dije, sorprendida, mientras las piezas se juntaban―. Tú lo preparaste. ―Miré a Sasuke, cuyos ojos ahora brillaban con tanta ira que no era de extrañar que Ayame diera un paso atrás.
―Ella le dijo al tipo que era importante que lo hiciera parecer un robo estándar ―agregó Kin, la soplona.
Ayame se rió de ella.
―No funcionará, Kin. Ellos no van a dejar ir lo que hiciste sólo porque estás dando información sobre mí. ―Ayame dirigió su mirada a Sasuke―. Adelante, jura que me harás pagar, prométeme que arruinarás mi vida. Ya está en ruinas gracias al problema con el juego de tu hermano. No tienes idea de cuánto necesitamos ese dinero, Sasuke.
Un músculo de su mejilla se flexionó.
―Si hubieras necesitado ayuda, podrías haberla pedido, pero no podías tragarte tu orgullo y venir a hablar conmigo. Preferirías tomar lo que es mío justo debajo de mí.
―Bueno, no es como si lo necesitaras.
―Tú tampoco ―le dije―. Realmente no, Shisui puede estar endeudado, pero ustedes dos todavía tienen mucho más que la mayoría de la gente. Vendan algunas cosas, hagan reducciones, compren en tiendas más baratas.
Ayame me miró como si le hubiera sugerido que comiera mierda de perro.
―¿Y que todos sepan de nuestras deudas? ¿Tenerlos riéndose y burlándose de nosotros? ―Ella sacudió su cabeza―. Oh no, no hay manera.
Entonces Sasuke tenía razón. Se trataba de orgullo. No estaba preparada para perder la cara y que alguien supiera qué tan abajo habían caído ella y Shisui... justo como Fugaku no había sido capaz de hacerlo.
―No nos hubieras ayudado, Sasuke ―dijo Ayame―. No te habría importado que estuviéramos cerca de perderlo todo. Le hubieras dicho a Shisui que era su propio lío y que tendría que arreglarlo él solo.
―Supongo que nunca sabrás si tenías razón o no ―dijo Sasuke―. Puedes estar segura de una cosa, Ayame. Realmente sentirás que tu vida está en ruinas cuando termine contigo. Tuviste innumerables advertencias para dejar a Sakura en paz.
Ayame se burló.
―Como si realmente te importara. Lo admito, me lo creí al principio, pensé que ustedes dos iban en serio, pensé que de hecho ella se preocupaba por ti.
―Así que trataste de hacerme dudar de él ―le dije―. Cuando eso no funcionó, mejoraste tu juego, y cuando eso falló...
―Se hizo evidente que este matrimonio no es real ―finalizó Ayame―. Mis advertencias sobre él no te hicieron salir corriendo, las fotos no te hicieron salir corriendo, el mensaje de texto no te hizo salir corriendo.
―Porque confío en Sasuke.
―No, porque te está pagando para que te quedes justo dónde estás, es lo único que tiene sentido. No tienes ninguna otra razón para seguir con él.
―¿Es así? Tú te quedaste con Shisui.
Ella sacudió su cabeza.
―He terminado de intentar salvar a ese hombre de sí mismo, no se le puede ayudar, tampoco a Sasuke. Ambos están demasiado jodidos gracias a Fugaku. Estoy recortando mis pérdidas. ―Ella miró a Sasuke―. Realmente eres bienvenido a venir a mí con todo lo que tienes, pero no tendrás mucho que quitarme, Shisui se asegurará de que me vaya del matrimonio con poco o nada, el astuto bastardo.
Sasuke ladeó la cabeza.
―¿Has olvidado tan fácilmente que puedo esperar mi momento cuando sea necesario? Llegará el día en que tendrás algo importante en tu vida nuevamente. Me aseguraré de que lo pierdas, al igual que intentaste hacerme perder lo que es importante para mí.
El miedo brilló en los ojos de Ayame.
―¿A pesar de que mis intentos fracasaron?
―A pesar de eso ―confirmó―. Sabías lo que estabas arriesgando cuando jugaste a estos juegos y los jugaste de todos modos. Ese fue tu error.
Ayame le hizo un gesto a Kin.
―¿Qué pasa con ella? No fue tan inocente en todo esto, no importa lo que dijera.
―Oh, lo sé. ―Sasuke miró a Kin incluso cuando dijo―: Sakura, llama a Itachi. Dile que nos encuentre aquí, dile que traiga a Shisui.
Rápidamente lo hice y luego colgué.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Kin.
―Por favor, no se lo digas a Itachi, Sasuke. Por favor.
―Yo no se lo voy a decir ―dijo Sasuke―. Tú lo harás. Él lo va a escuchar de ti, se lo merece. Hiciste todo esto a sus espaldas, tiene todo el derecho a saberlo. A mí me gustaría saberlo, en su posición. Que me condenen si lo mantengo en secreto por ti.
–Hice algo estúpido, lo sé, pero no merezco que mi matrimonio se arruine.
―Yo tampoco, pero tú trataste de destrozar el mío. Si tienes suerte, te perdonará.
―No lo hará, y lo sabes. ¿Crees que te agradecerá que me hagas contarle lo que he hecho? No lo hará, Sasuke. Nos odiará a los dos. ¿Es eso lo que realmente quieres?
―No harás que cambie de opinión, Kin.
―¿Realmente arruinarías el matrimonio de tu propio hermano?
―Yo no lo hice, lohiciste tú. Como Ayame, sabías lo que estabas arriesgando, obviamente pensaste que valía la pena correr el riesgo; que él valía la pena correr el riesgo. Él se merece algo jodidamente mucho mejor.
Itachi pronto se unió a nosotros, Shisui se tambaleó detrás de él, absolutamente borracho. Sus cejas se fruncieron al vernos a cada uno de nosotros.
―¿Hay algo mal? ―preguntó Itachi.
―Se podría decir eso ―respondió Sasuke―. Díselo, Kin.
En cambio, miró al suelo, encorvándose sobre sí misma.
―¿Qué pasa? ―Itachi le preguntó gentilmente, moviéndose a su lado―. ¿Kin? Kin, vamos, mírame. ―Pero ella no lo hizo.
―¿Qué está pasando? ―preguntó Shisui.
Ayame suspiró.
―Traté de limpiar tu desorden, eso es lo que pasó. No tenías las agallas para enfrentarte a Sasuke, así que lo hice yo. Presioné a Sakura para que lo dejara, y gracias a Kin ahora él sabe todo lo que hicimos ella y yo, y ahora estoy jodida.
Bueno, al menos ella tuvo las agallas para admitir su cagada. A diferencia de su cómplice.
La mandíbula de Shisui se endureció.
―Te dije que lo dejaras, Ayame.
―Porque eres demasiado débil para enfrentarte a él, al igual que eres demasiado débil para mantenerte alejado de los jodidos casinos ―se burló―. Bueno, he terminado. Terminé contigo y tu familia.
Shisui se puso rígido.
―¿Qué significa eso?
―Significa que quiero el divorcio. ―Ayame miró a Sasuke―. Ven contra mí algún día si sientes que debes hacerlo, pero estaré preparada para eso. No ganarás; no te saldrás con la tuya en lo que sea que intentes hacer.
―Por supuesto que lo haré ―dijo Sasuke, su voz era suave pero plana―. Siempre lo hago.
Sus ojos parpadearon y se alejó.
Shisui la siguió, zigzagueando por todo el lugar.
―Espera, no hemos terminado de hablar.
―Oh, hemos terminado de todas las formas posibles –insistió. Cuando sus voces se desvanecieron, Itachi se volvió hacia su esposa.
–¿Qué quiso decir, Kin? ¿Qué hicieron Ayame y tú?
Kin levantó la cabeza, sollozando.
―Cometí un error. Un error estúpido y horrible. No puedes imaginar lo arrepentida que estoy, cómo me gustaría poder volver atrás en el tiempo.
–¿Qué hicieron tú y Ayame? ―él demandó.
Kin miró a Sasuke, como si esperara que él le contara alguna historia de mierda para encubrir sus pecados, pero no lo hizo. Cerrando los ojos, se volvió hacia Itachi.
―Yo... dejé que Ayame me metiera en su plan para sacar a Sakura de la escena. Quise ayudar a Ayame, Shisui los metió en una gran deuda, y ella estaba aterrorizada de perder todo. Además, odiaba que Sasuke hubiera sido el blanco de una maldita cazafortunas, pero lo hice principalmente por Ayame y Shisui. Sabía que te dolería ver a tu hermano perderlo todo.
Resoplé.
―Realmente eres buena en suavizar la verdad, ¿no es así?
Ella me lanzó una mirada con los ojos entrecerrados, pero volvió a centrar su atención en Itachi, frunciendo el ceño cuando se apartó de ella.
―Itachi, sé que me equivoqué a lo grande, lo lamento mucho. No puedes saber cuánto lo lamento.
Itachi la miró con ojos vacíos.
―¿Como lamentaste las cosas que le dijiste a Sasuke en su casa cuando regresó de Las Vegas después de casarse con Sakura? Me dijiste, a los tres nos dijiste, que lo lamentabas, pero eso fue una mentira, ¿no?
Ella negó con la cabeza locamente.
―No, no, no lo fue.
―Tuvo que serlo, o no te habrías asociado con Ayame ―espetó Itachi―. No hiciste todo esto por Ayame y Shisui.
―¡Sí, lo hice!
―No, esto no se trata de ellos. ¿Crees que no me he dado cuenta de lo mucho que te ha costado aceptar que Sasuke está casado? Ni siquiera son celos. Es amargura, no te gusta que esté feliz y me di cuenta de que nunca lo perdonaste por negarse a intentar tener una relación contigo. Dame una pieza de honestidad, Kin. ¿Te casaste conmigo para vengarte de él?
Sus ojos se agrandaron.
―No, definitivamente no. Te amo.
―Pero no lo suficiente. No si no pudiste dejar pasar esta mierda y ser feliz conmigo y con lo que tenemos.
―¿Sabe siquiera que te esterilizaste? ―le preguntó Sasuke.
Itachi se quedó inmóvil.
―¿Te esterilizaste?
Sasuke le lanzó una mirada de incredulidad.
―¿Nunca le dijiste? Maldito infierno.
La miré con la boca abierta en shock. Esto seguía empeorando cada vez más.
Dio un paso hacia Itachi.
―Era joven y estúpida e hice algo de lo que no puedo retractarme. No te lo dije porque me preocupaba que me dejaras.
Las fosas nasales de Itachi se ensancharon.
―¿En qué momento ibas a decirme que nuestros intentos de tener un bebé nunca llegarían a nada?
―Itachi…
―Te dije que me preocupaba ser infértil. Me ofrecí a hacerme la prueba, me dijiste que no lo hiciera, dijiste que no te importaría porque me amabas de todos modos. Me dejaste pensar que el problema podría ser yo.
Dios mío, qué puta de mierda.
Ella extendió la mano para tocarlo.
―No quería...
―No puedo hablar contigo en este momento. ―Itachi retrocedió, con los puños cerrados, como si no quisiera nada más que marcharse, pero luego se quedó quieto como si recordara dónde estaba. Se volvió hacia su hermano―. Sasuke...
―Ve ―dijo Sasuke en voz baja.
Itachi no necesitaba que se lo dijeran dos veces.
Kin corrió tras él, gritando:
―¡Itachi, espera!
No esperó ni respondió. Siguió caminando rápido hacia el hotel, y ella siguió detrás de él.
Solté un suspiro y me volví hacia Sasuke.
–Bueno, eso fue... pesado.
Él suspiró.
―Sí. ―Se acercó a mí y ahuecó un lado de mi cuello―. ¿Estás bien?
―Esa iba a ser mi pregunta.
―Estoy enojado, pero bien. ¿Tú?
―Bien. Aunque mi cabeza da vueltas. ―Descansé mis manos en su pecho―. Lo siento.
Él frunció el ceño.
–¿Por qué?
–Porque acabas de descubrir que tus dos cuñadas intentaron joderte. Lamento especialmente que no pudiéramos haber descubierto esto antes de la recepción, o incluso en algún momento después. ―Me mordí el labio―. Podemos irnos temprano, si quieres.
―¿Irnos? ¿Por qué querría que nos fuéramos?
―Bueno, no puedes sentirte bien en este momento.
―Estoy más enojado que cualquier otra cosa. Ayame nunca me ha gustado, así que su traición no significa nada. Kin… la consideraba familia. Pensé que era buena para Itachi, incluso si no hubieran sido tan cercanos como antes. Me enfurece que ella se haya arriesgado tan fácilmente a perderlo.
Aunque me alegré de que Sasuke no pareciera herido por lo que habían hecho sus cuñadas, me entristeció que sus defensas emocionales fueran tan extremas que ni siquiera una traición de esta magnitud las traspasó. Una cosa era tener la piel gruesa, otra cosa era sentir tan poco ante tanta hipocresía.
Tal vez, debido a su infancia estaba tan acostumbrado a que la gente intentara lastimarlo que no tuvo el mismo impacto que tendría en los demás. Para él, era la norma. Cualquiera que fuera el caso... sí, estaba triste por él.
Me incliné hacia él.
–¿Quieres ir tras Itachi?
Sasuke negó con la cabeza.
―Le gusta estar solo cuando está enojado. Nuestro padre nos buscaba y se sacaba la furia con nosotros cuando estaba de ese humor.
―Entonces Itachi hace lo contrario. Se aísla a sí mismo.
―Sí. ―Sasuke me quitó el flequillo de la cara―. Podemos dejar la recepción si tú quieres, pero yo no quiero. Claro, podemos dejar que esas perras lo arruinen y se rían de últimas. Prefiero continuar con nuestra noche y no darles el poder de manchar esto para nosotros. ¿Qué hay de ti?
―Yo voto por lo último.
Apretó el costado de mi cuello.
―Bien. Entonces regresemos adentro y disfrutemos el resto de nuestra recepción.
