Hola a todes. Este año ha habido OS para felicitar a Draco, así que ¿cómo olvidar el cumpleaños de Harry? Y tal y como pasó con el hurón, este OS cierra una serie de drabbles del "Drarry prompts 2: May Drabbles", así que nos encontraremos flores de nuevo.

Solo es pertinente un avisito: relación no monógama que va cambiando a lo largo de la historia. Me hicisteis muchas sugerencias sobre estos tres chicos en los comentarios del May Drabbles, espero que el cierre de esta historia cumpla con las expectativas. ¡A disfrutar!


Charlie miraba con el ceño fruncido la carta que tenía en la mano cuando el auror asignado a la reserva golpeó con los nudillos en el marco de la puerta y entró en su oficina.

— Me han dicho que querías hablar conmigo —le saludó, quedándose de pie a medio metro de la mesa.

Asintió, aún con la vista fija en el pergamino, y le hizo un gesto para que se sentara.

— Tu jefe directo en Reino Unido me pregunta el motivo de que hayas rechazado dos veces el traslado de vuelta. Circunstancia que hasta ahora desconocía —le expuso con voz dura.

— Me gusta estar aquí.

El pelirrojo se inclinó hacia delante, apoyando los fuertes antebrazos en la mesa, y le miró fijo con sus inteligentes ojos azules.

— Harry, olvidas que sé qué te trajo aquí. Esperaba que pidieras volver cuando se canceló la boda. Las cosas ya están tranquilas, podrías perfectamente pedir un traslado cerca de casa.

Con gesto decidido, Harry se inclinó también hacia delante, apoyando las manos en el borde del tablero del escritorio.

— Charlie, no quiero volver. Estoy bien aquí, me gusta mi trabajo. Y me gusta estar contigo.

— No has visto a la familia en un año —le recordó, suavizando el tono.

— Hablo con ellos todas las semanas. ¿Tú quieres que me vaya?

El pelirrojo lo miró un momento más y luego suspiró y tomó de nuevo el pergamino para escribir unas líneas.

— Sabes que no, Harry —le respondió, antes de cambiar al tono profesional de responsable de la reserva—. En ese caso te informo de que esperamos a otro auror en los próximos días, a causa del crecimiento de la reserva y los recientes problemas con los pueblos vecinos.

*

Harry no lo vio venir en ese momento. Tuvo que tener a su nuevo compañero delante, diez días después, para entender la insistencia en volver a ofrecerle el traslado.

— Buenos días —le saludó una voz desde la puerta de su oficina en la reserva.

El corazón le dio un salto y luego empezó a golpear a toda velocidad, mientras su cerebro repetía "nononononono...". Pero sí, ahí estaba, con su uniforme y un gesto de incertidumbre en la cara.

— ¿Qué haces tú aquí? —preguntó con voz ronca.

Draco dio un par de pasos dentro de la oficina y le tendió los papeles que llevaba en la mano.

— Soy el nuevo auror, jefe.

Harry lo miró con ojos muy abiertos y luego miró los papeles que le tendía. No era ninguna broma.

— Ahórrame las chorradas, Draco.

— Ninguna chorrada, jefe. Entre los papeles está tu nombramiento como jefe de escuadrón.

Puta ironía, pensó Harry, toda la vida queriendo estar debajo de él y ahora estoy encima.

— ¿Entonces tengo que dar el conforme a tu traslado? —preguntó, repasando los papeles con manos temblorosas.

— Después de dos semanas de prueba.

Le miró, con la mirada más dura que pudo crear.

— En dos semanas te irás de vuelta para Inglaterra, lo sabes ¿verdad?

— Bueno, tengo dos semanas para arrastrarme —comentó Draco, saliendo de la oficina con la barbilla alta, dejando un rastro de su colonia tras él que hizo que Harry sintiera un golpe de nostalgia en el pecho.

Unas horas más tarde, Charlie entró al pequeño despacho que ocupaban los aurores cerca de la barrera de entrada de la reserva. Ambos hombres trabajaban en silencio, cada uno en una mesa. Sobre la de Harry había una planta que no pudo evitar mirar con una sonrisa resignada.

Harry alzó la cabeza y lo vio. Se levantó de un salto, lo agarró del brazo y lo sacó a tirones de la oficina bajo la mirada sorprendida de Draco.

— Me las pagarás, Charlie —masculló entre dientes.

— No ha sido cosa mía, Harry, pero tampoco podía oponerme. Viniste huyendo de su matrimonio, no se casó y ahora está aquí. ¿Esa planta es suya? —señaló con el dedo extendido la vistosa flor naranja sobre la mesa.

— Sí.

— Un ave del paraíso, demasiado exótica para este clima, la ha tenido que conseguir en un país cálido.

— Al demonio con la flor —se enfadó Harry—, se irá con él de vuelta en dos semanas.

— Harry...

Pero el auror Potter no siguió la discusión, se dio la vuelta y volvió a sentarse en su escritorio, con el ceño fruncido e ignorando soberanamente a su nuevo compañero y a la flor exótica sobre la mesa que gritaba amor, emoción y anticipación, una declaración de reconquista.

*

La primera semana del auror Malfoy en la reserva fue... decepcionante para él. Ni un avance, ni una mirada, una sonrisa, solo órdenes secas.

Pero eso era con él nada más. Draco observaba a su nuevo jefe a todas horas, estaba convencido de que hasta en sueños, y estaba asombrado del cambio radical que se había operado en él desde que se había marchado de Inglaterra.

Harry pertenecía a ese lugar. Sonreía a la gente de la reserva, siempre, incluso a los habitantes de los pueblos de alrededor, que eran en su mayoría renuentes a la presencia del santuario de dragones. Se mostraba abierto y amistoso, incluso lo había escuchado reír a carcajadas en el comedor comunal.

El hombre con el que había mantenido una relación los últimos años no estaba allí. Ni un rastro de tristeza ni de ansiedad social, nada. Y estaba bastante claro que no era solo el paisaje o el clima.

Para Draco el motor de cambio de Harry era obvio: se había alejado de él y se había acercado a Charlie Weasley.

El responsable de la reserva había sido agradable con él desde el minuto uno. Era respetado por la gente a su cargo, entre otras cosas porque no se agarraba a ese mismo cargo para no salir de la oficina.

No había entre Harry y él contacto físico alguno, pero no hacía falta, Draco lo sentía, en las miradas que se cruzaban: eran pareja y eso le hacía sentir una profunda derrota y a la par una curiosidad insana, porque Charlie no se había opuesto en ningún momento a su presencia allí, como si estuviera dejando a su pareja la oportunidad de reconsiderarlo.

El día que se cumplía su primera semana, Draco deambulaba por la reserva, fuera de servicio. Eran las zonas que aún no había visitado, el hospital que daba servicio a los trabajadores y a los animales. Y tras él algo que le dejó con la boca abierta: un invernadero.

Entendió al entrar que no era un lugar para la belleza, sino para cultivo de ingredientes de pociones. Reconoció al primer vistazo muchas de ellas, incluida una situada en la zona más soleada, llena de grandes flores de vistosos colores.

— La traje de Hawaii hace tres años —le dijo una voz grave a su espalda, pillado acariciando las flores.

— Tienen muchos usos en pociones —contestó, aunque sin girarse.

— Y muchos significados.

Draco se sintió aludido por el regalo que le había hecho a Harry al llegar, que seguía sobre su mesa.

— Dicen que las antiguas brujas hawaianas las usaban en filtros de amor —comentó, por decir algo, tenso por la cercanía silenciosa del domador.

— No va a mandarte a casa, Malfoy —aseveró Charlie con voz empática, acercándose.

— No estoy yo tan seguro de eso —respondió Draco, negando con la cabeza.

Charlie puso su gran mano sobre su brazo para que se girara a mirarle.

— No lo hará.

— ¿Por qué estás tan tranquilo con todo esto, Weasley? —no pudo evitar preguntar, híper consciente del calor de esa mano.

— Porque si ha de elegir, será su decisión y la acataré. Quiero que sea feliz, ante todo.

— Eres demasiado noble para tu propio bien.

El pelirrojo se encogió de hombros.

— He crecido compartiéndolo todo, no tengo sentido de la propiedad. Creo que de aquí podría salir algo que nos hiciera bien a los tres. Piénsalo, tiempo es lo que nos sobra porque no te vas a marchar.

Y se dio media vuelta, dejándolo junto al magnífico hibisco.

*

Seis meses. No solo no le había mandado a casa en los primeros quince días, sino que llevaba ya seis meses en la reserva y podía decir que, al menos, Harry estaba agusto trabajando con él. Lo cual era una suerte, porque el escuadrón seguían siendo solo ellos dos.

— Draco —lo llamó desde su mesa esa mañana.

— Dime —respondió mientras dejaba sobre su mesa la taza de café que le preparaba hacía semanas a esas horas, sentándose frente a él con su propia taza.

Harry no dijo nada, se limitó a entregarle un sobre con el sello del ministerio. Con un nudo en el estómago, dejó con cuidado la taza de café sobre la mesa y rompió el sello con cuidado.

— Es la renovación —comentó en voz baja, sin mirar a su jefe.

— Tienes unos días para contestar.

Levantó los ojos de la carta y los clavó en Harry. El paso del tiempo no había hecho que su ex aprendiera a ocultar los sentimientos en su cara, pero en ese momento no sabía interpretar lo que estaba viendo.

— Vine por ti, si no me mandas a casa, no me moveré de aquí.

— Draco... no sé si eso es justo para ti.

— Soy un adulto, Harry. Puedo asumir que no estemos juntos.

Su jefe suspiró y desvió la mirada a la nueva planta sobre su mesa. Junto al ave del paraíso, que Draco cuidaba con mimo, había ahora una fuchsia, un regalo de Charlie de unas semanas atrás que, según la guía sobre lenguaje de las flores que había terminado por pedir a Hermione que le mandara, era símbolo de ternura y amor desinteresado. La pasión de una reconquista frente a la seguridad.

— ¿Quieres quedarte entonces?

— Sí, quiero.

Harry se limitó a asentir y volver a los papeles que rellenaba mientras Draco tomaba su taza y volvía a su mesa.

*

— ¿Un picnic? —preguntó Harry, sorprendido.

Estaban en un claro del bosque de la Reserva, y claramente era un picnic, había una manta en el suelo y una cesta con comida. Y un novio sonriente.

— He pensado que necesitabas un respiro. Llevas días durmiendo regular —comentó Charlie mientras se sentaban.

Harry se frotó los ojos debajo de las gafas y suspiró. La manta tenía algún hechizo de acolchado que hacía que dieran ganas de tumbarse y acurrucarse.

— Se trata de Draco, ¿verdad? —planteó Charlie con suavidad.

La cabeza morena se apoyó en el fuerte hombro del pelirrojo y volvió a suspirar.

— Me conoces demasiado bien.

Charlie le pasó un brazo por la espalda y lo apretó más contra él.

— Estás estirando esta situación mucho tiempo, Harry —le reprochó con suavidad—. ¿Crees que no sé cómo lo miras? ¿Por que os haces esto a los dos?

— Por ti.

— ¿Por mí?

Harry arrancó con furia la flor más cercana y la agitó. Ambos observaron como un grupito de pelusas blancas se extendían en el aire entre ellos.

— Cuando era niño —prosiguió Harry por fin, con el tono bajo y contenido que usaba para hablar de su pasado—, arrancaba muchas de estas del jardín de mis tíos. Mi tía las odiaba, decía que eran malas hierbas, como yo. Un día, en la escuela, alguien dijo que había que pedir un deseo antes de hacerlo, y luego soplar para esparcir las semillas.

— ¿Y qué pedías?

— Alguien que me quisiera. Quizá fui egoísta y lo pedí demasiadas veces y por eso ahora estoy en esta encrucijada.

— En el lenguaje de las flores que nos enseñan de niños a los sangrepura, significa fidelidad, felicidad, cumplimiento de deseos, y bienvenidas.

Con los ojos llenos de congoja, se giró a mirarlo y sujetó una de las fuertes manos entre la suyas.

— No quiero perderte, Charlie. No puedo perderte.

— Yo no voy a ir a ninguna parte. Y tú necesitas darle una oportunidad a lo que sientes, nos lo debes a Draco y a mí, y sobre todo a ti mismo. Una cita, ten una cita con él.

Con un nudo en la garganta, Harry se refugió en el pecho de Charlie, uno de sus lugares favoritos en el mundo.

— Harry, cariño... —musitó, dejando un beso entre su pelo oscuro.

— De acuerdo. Una cita, si Draco acepta —respondió Harry por fin al cabo de varios minutos de abrazo.

— Aceptará.

— ¿De verdad qué...?

— Sí Harry, está bien. ¿Quieres comer? te he traído esa ensalada que te gusta.

Soltó una risita contra el pecho fuerte. Era terriblemente afortunado de haberse topado en la reserva con Charlie Weasley y eso nada podía cambiarlo.

*

Draco regaba las flores en la mesa de Harry cuando su jefe carraspeó para despejarse la garganta. Se giró a mirarlo y lo notó, algo ocurría, Harry parecía nervioso, el tic que le salía debajo del ojo cuando estaba tenso había aparecido y tenía el pelo más revuelto de lo habitual de pasarse los dedos por él.

— ¿Puedes sentarte un momento?

Se sentó, nervioso, todavía con la pequeña regadera entre las manos.

— ¿He hecho algo mal?

— ¿Qué? no, no, por supuesto que no. Trabajas bien, Draco, me gusta trabajar contigo.

Lo miró sorprendido, a pesar de haber superado la incomodidad inicial, era la primera vez que alababa directamente su trabajo.

— ¿Entonces?

— Quiero... me gustaría... he estado pensando en...

Harry guardó silencio, frustrado, frotándose la cara con las dos manos. Draco se inclinó hacia delante, preocupado. No lo había visto tan nervioso desde que le dijo en Inglaterra que tenía que romper con él.

— Respira, Harry. ¿Qué ocurre?

— Una cita.

— ¿Disculpa? —preguntó Draco, echándose hacia atrás impactado con el corazón latiendo fuerte.

— Me gustaría que tuviéramos una cita, si aún estás interesado.

El rubio se puso de pie y dio la vuelta a la mesa en dos zancadas, con los ojos brillantes.

— ¿En serio me lo preguntas? llevo meses esperando una oportunidad. —Tomó aire porque le temblaba la voz y su mirada cayó en la fuchsia de Charlie sobre la mesa—. ¿Y Weasley?

A su jefe se le escapó una risita mientras se ponía de pie frente a él, también con los ojos brillantes.

— Creo que Charlie nos ha dicho a los dos por activa y por pasiva que está bien con esto.

— Es un buen tipo.

— Desde luego. Pero ahora se trata de ti y de mí, Draco —respondió Harry, con un atisbo de su antigua terquedad saliendo a flote en forma de cejas oscuras un poco juntas.

No hacía falta que le dijera que no podía hacer eso con la presencia de Charlie en sus pensamientos y Draco decidió ser egoísta y tratar de centrarse en ellos dos y la oportunidad que estaba recibiendo.

— ¿Una cena? Hay un restaurante muy bueno a dos desapariciones de aquí.

— No debería sorprenderme que hayas encontrado un sitio de categoría en este rincón remoto. ¿A dos desapariciones? ¿Tiene código de vestimenta?

Draco no pudo evitar sonreír, Harry estaba haciendo alusión a todas las veces que lo había arrastrado a sitios lujosos que requerían túnica de gala o traje muggle con corbata. Algo a lo que su entonces novio secreto se había plegado dócilmente cada vez.

— Bastará con no ir de uniforme. He cambiado, Harry.

— Me he dado cuenta todos estos meses. ¿Mañana?

— Mañana es perfecto.

— Muy bien.

Draco dio un paso atrás, porque sin darse cuenta ambos se habían ido acercando hasta que sus pechos casi se tocaban. Tomó aire profundamente, llenándose del olor de Harry, algo que había echado muchísimo de menos.

— Volveré a trabajar entonces.

— Sí, claro, yo también —Se apartó también Harry, con los pómulos un poco sonrojados.

*

Comenzaron a cenar en silencio. Era un sitio muggle agradable, tranquilo, que había transformado la comida tradicional de esa parte de los Cárpatos en alta cocina.

— Es... extraño volver a hacer esto contigo —comentó por fin Harry cuando el camarero le retiró el plato del entrante vacío.

Draco bebió un sorbo de su vino y dejó la copa con cuidado sobre la mesa antes de responder. Sentía desde que se habían sentado a la mesa que flotaban en un extraño limbo de incomodidad, como si volvieran al principio de su relación en lugar de haber pasado más de seis años juntos.

— No somos los mismos, eso es evidente. ¿Recuerdas nuestra primera cita?

Harry sonrió y cogió su propia copa.

— ¿Esa primera cena desastrosa después de llevar tres meses haciéndolo por todos los rincones de la Academia? Difícil olvidarlo, estaba tan nervioso que te tiré la copa por encima. Pensé que te explotaría la vena de la frente.

— No eras el único nervioso. Llevaba años esperando esa oportunidad y me estaba comportando como un gilipollas pomposo.

— ¿Años? —preguntó Harry sorprendido, levantando las cejas.

— Lo de ser un gilipollas pomposo comenzó al conocerte, debería haber sabido que era un síntoma de flechazo.

— Y sin embargo ibas a casarte.

Ambos sintieron como con esas palabras se abría a sus pies el abismo que les había separado un par de años antes.

— Harry, yo...

— ¿Por qué, Draco? —interrogó Harry, cogiendo la servilleta para ocultar el temblor de sus dedos— ¿Y por qué luego no lo hiciste?

Vio el movimiento de la pálida garganta al tragar saliva. El conocido dolor del abandono se instaló en su estómago y sintió la tentación de levantarse y marcharse antes de que su ex pareja pudiera decirle algo que doliera.

— Mi padre... no me dio opción.

— ¿Yo no era lo bastante bueno para él?

Su compañero auror suspiró y se inclinó hacia delante, tratando de controlar su voz para que no evidenciara cuanto le afectaba esa conversación.

— Harry... mis padres no lo sabían. Ellos pensaban que me estaba resistiendo a casarme por rebeldía.

— Y no se lo dijiste.

— No. Pero no porque me avergonzara de ti, sino porque Lucius no lo habría entendido. Nunca les he dicho que soy gay.

— ¿En serio?

— Mi familia no tiene nada que ver con la tuya. Son anticuados y apegados a costumbres antiguas y un Malfoy tiene que casarse con una mujer y producir herederos.

En eso Draco tenía razón. Los Weasley habían aceptado sin reservas su orientación, Draco siempre había sido bienvenido en su casa como su pareja. Incluso lo de Charlie les había parecido bien, a pesar de lo extraño que fuera para cualquiera que Harry se enamorara del hermano de su ex novia.

— Pero no te casaste.

Draco fue a abrir la boca para explicar, pero le interrumpió el camarero con el primer plato y una detallada explicación sobre él. Podía sentir la impaciencia de Harry mientras el hombre hablaba y hablaba sobre puntos de cocción y maridaje.

— No pude —respondió Draco en cuanto el camarero se alejó—. Casarme era... me alejaría de ti para siempre.

— Me dejaste, Draco —contestó Harry en voz baja, con los puños apretados sobre las rodillas—. Sin una explicación, me enteré del compromiso por la prensa. Creo que eso ya nos había alejado bastante. Y unos cuantos de miles de kilómetros.

— Y Charlie.

— Charlie me reconstruyó. No te haces una idea de cómo estaba yo cuando llegué aquí. No me eché precisamente a sus brazos la primera noche.

Draco levantó ambas manos, pidiendo un momento.

—No estoy atacándolo, ni a ti. Entiendo que siguieras adelante y le agradezco que estuviera ahí para ti. Ya te dije ayer que creo que es un buen tipo.

— ¿Pero? suena a que hay un pero.

— No hay un pero. Como mucho un sin embargo.

Comenzaron a comer en silencio, hasta que Harry no pudo contenerse más.

— Ella era muy guapa —soltó por fin, en tono que intentaba ser neutro.

— Lo es.

— Creí que... que me cambiabas por ella porque no estaba a la altura.

Draco suspiró y dejó los cubiertos. Extendió una mano con la palma abierta sobre el mantel y esperó a que Harry pusiera una de sus manos morenas encima para seguir hablando.

— Es culpa mía que creyeras eso. Nunca debí pedirte que limitáramos nuestra relación a lo privado. Si lo hubiera hecho bien desde el principio ahora estaría casado contigo y no aquí suplicando una oportunidad. Y compitiendo con un hombre que me da mil vueltas.

— ¿Volvemos a Charlie?

— Es imposible no pensar en él, Harry. Tú te sentiste inseguro por mi culpa, yo no puedo culparte, pero puedo tener celos. ¿Y sabes qué es lo peor? Que no puedo odiarle porque sois perfectos juntos, él es todo lo que mereces.

— Vaya. No esperaba eso.

— ¿Que sea realista? Tengo ojos en la cara, os veo juntos —afirmó con triste seguridad.

— Pero sigues aquí. Y en vez de hablar de nosotros estamos hablando de Charlie en nuestra cita.

— Ya no hay nosotros, Harry. Por mucho que desee lo contrario, porque te aseguro que deseo estar contigo más que nada en el mundo.

— No entiendo nada. ¿Por qué entonces aceptaste salir conmigo?

— Porque no me rindo —le contestó con intensidad, apretando su mano—. Quiero tener la oportunidad de demostrar que he cambiado y estoy a tu altura.

— Eso no es necesario, Draco.

— Para mí sí. Y para que recuperes la fe en mí también.

— Estos meses... eres tenaz, veo los cambios —Le devolvió Harry el apretón, con una sonrisa cálida.

Esa sonrisa hizo que una igual apareciera en el rostro de Draco, iluminándolo por primera vez en el tiempo que llevaba en Rumanía.

— ¿Sabes qué no ha cambiado nada? —le susurró, entrelazando sus dedos.

— Qué.

— Las ganas de besarte, llevo meses aguantándome para no agarrarte y besarte contra una pared como cuando me odiabas en la Academia.

— Odiar es una palabra muy fuerte —rio Harry, volviendo a su cena.

— ¿Detestar mejor?

Harry se inclinó hacia él, cómplice, y susurró.

— Yo también quiero besarte. Pero quizá deberíamos cenar primero, ¿no?

Draco rio y liberó la mano morena para poder seguir usando los cubiertos mientras la conversación giraba hacia los amigos de Draco en Inglaterra y todas las cosas que habían pasado en ese tiempo y Harry ignoraba.

*

Harry dudó antes de meterse esa noche en su cama. Había dedicado la última media hora a besarse con Draco en un rincón oscuro cerca de la casa que compartía con Charlie. En ese momento le había parecido que era vital, que moriría si no compartían ese contacto, pero la realidad era la imagen que veía desde la puerta de su habitación.

En la gran cama, Charlie dormía de lado, girado hacia la parte vacía de la cama compartida, con un brazo extendido como si lo buscara. El malestar de la culpabilidad le trepó por la garganta hasta sentir que se ahogaría. Ese era su compañero, el que se había desvivido por él. El que le había devuelto a la vida cuando pensaba que tenía el corazón tan roto que nada tendría sentido. Y él se besuqueaba con otro.

— ¿Harry? —lo llamó con voz ronca desde la cama, parpadeando confuso.

— Hola —respondió, aún con el nudo en la garganta.

— ¿No vienes?

Suspiró y caminó hasta dejarse caer en un lateral de la cama. Charlie se arrastró hasta él, sin pudor por su desnudez, distrayendo un poco a Harry. Tiró de él hasta que se colocó de manera que podía poner la cabeza en sus rodillas y lo miró fijamente con sus sagaces ojos azules.

La habitación estaba tenuemente iluminada porque Charlie siempre dejaba una lamparita encendida para él, sin necesidad de decirle que odiaba la oscuridad total, así que pudo ver en su cara la preocupación.

— Tienes los labios hinchados.

Pasó los dedos entre el desordenado cabello pelirrojo, buscando las palabras, pero no salía nada.

— ¿Ha ido bien la cena?

— Sí. Charlie, yo...

— No tienes que decirme nada, Harry. Yo te convencí para que hicieras esto y asumo las consecuencias.

Harry parpadeó varias veces, desubicado.

— No ha pasado nada entre nosotros, solo unos besos.

— ¿Buenos besos?

El auror sintió que se sonrojaba hasta las orejas, pero aún asintió, la mirada de Charlie no era de juicio, era cómplice y divertida.

— ¿Y has mandado al pobre Draco a dormir con el calentón?

— No estaba seguro de que te pareciera bien —respondió Harry, haciéndolo moverse para tumbarse junto a él.

— Te dije que tuvieras una cita, ¿crees que me opondría a que durmieras con él?

— No lo sé, no hemos hablado de... ya sabes, todas las ramificaciones de esto.

Charlie se giró hasta que sus pechos contactaron y pudo mirarle a los ojos de nuevo.

— ¿Quieres volver con Draco?

— ¿Crees realmente que puedo estar con los dos? —contraatacó Harry, sujetándole la cara con las dos manos.

— Lo he defendido desde el primer momento. Y parece que la cita ha sido buena.

— Hemos aclarado lo que pasó.

— Es un buen punto de partida. ¿Le vas a dar una oportunidad? —Harry abrió la boca para contestar, pero Charlie usó una de sus manos para taparle la boca— Ni se te ocurra decirme que depende de que no nos afecte a ti y a mí, porque eso no va a pasar.

Harry volvió a parpadear. Luego esbozó una sonrisa y lo atrajo hasta él para besarle.

— Vamos a ver si Draco y yo somos capaces de tener tu seguridad en nuestra relación —le dijo entre dos besos.

— Creo que Draco es listo y sabrá darte esa seguridad si la necesitas —le contestó justo antes de hacerlo callar durante un buen rato.

*

Cuando Draco llegó a trabajar al día siguiente, Harry ya estaba sentado en el escritorio trabajando.

— Buenos días —saludó con voz que intentaba ser tranquila.

Había pasado una noche terrible, dando vueltas a lo que habían hablado, sintiéndose culpable y excitado a la vez por los besos intercambiados.

— Buenos días —respondió Harry, levantando la mirada hacia él con una pequeña sonrisa.

A Draco le dio una vuelta el estómago porque al moverse asomó por debajo del cuello del uniforme un mordisco en el cuello que claramente no había hecho él.

Apretó los labios y se dirigió a su mesa. Mal día para esa tensión, porque tenían que ir a hacer la ronda semanal para comprobar las protecciones mágicas del recinto en el que vivían los humanos de la reserva y pasarían el día solos trabajando codo con codo.

Aguantó las primeras dos horas en modo profesional. Hasta que, distraído por el complicado hechizo que estaba haciendo mientras caminaba sin mirar el suelo, Harry tropezó y él tuvo los reflejos de sujetarlo del brazo para evitar que cayera.

Al tirar de él, Harry acabó pegado a su pecho. Y fue inevitable que la vista se le fuera de nuevo al mordisco en el cuello.

— Mierda, Harry.

Harry fue a abrir la boca para decir algo, pero Draco se adelantó besándole.

— No puedo hacer como que no pasa nada y trabajar contigo con normalidad —murmuró uniendo sus frentes cuando el beso acabó.

— Evidentemente pasa algo. Siento haberte dejado anoche ir así.

— ¿De verdad? creía que esto —señaló el mordisco del cuello— era Weasley marcando su territorio.

— Esto es Charlie solucionando el calentón con el que llegué a casa y que deberías haber resuelto tú.

Draco lo miró con sorpresa.

— He pasado la noche sintiéndome culpable.

— Charlie me recordó anoche, antes de esto —rozó el mordisco— que cree que podemos sacar esta relación adelante. Sin culpabilidad.

— Podrías haberme dicho eso cuando he llegado esta mañana a trabajar —le reprochó con suavidad, pasando los brazos alrededor de su cintura.

— Creo que necesitamos mantener lo que ocurra a partir de ahora separado del trabajo. Pensaba invitarte más tarde a tomar algo.

El sonrojo de Harry le reveló a Draco que tomar algo era un bonito eufemismo.

— De acuerdo —dio un paso atrás, liberándolo—. Seamos profesionales, tienes toda la razón. Más tarde.

— Exacto, más tarde —le contestó Harry, agachándose a recoger su varita del suelo con una gran sonrisa y aún más sonrojado.

*

— ¡Weasley!

Charlie se detuvo a un par de metros de la puerta del hospital de la reserva y se giró para ver al auror rubio acercándose a él.

— ¿Tienes un momento? —preguntó cuando llegó a su altura.

— Iba a ver como está la cría que trajimos esta mañana. ¿La has visto?

— No.

Draco abrió la puerta del edificio, el más grande de la reserva, y la sujetó para dejar pasar al jefe.

— Tú dirás —le invitó a hablar Charlie mientras bajaban el pasillo que llevaba a la parte trasera, donde se ubicaba en el moderno hospital veterinario.

— He estado dándole vueltas al cumpleaños de Harry.

Las cejas pelirrojas se alzaron un poco con sorpresa. Apenas había pasado el cumpleaños de Draco, quedaba más de un mes para el de su mutua pareja.

— Ya sé que queda mucho —prosiguió Draco, con las manos metidas profundamente en los bolsillos de la guerrera del uniforme—. Pero lo que he pensado requiere mucha organización y...

— Sí, a lo que sea —le cortó Charlie con decisión.

— ¿En serio? —cuestionó, deteniéndose en medio del pasillo.

El pelirrojo se detuvo también y le puso la mano en el brazo. Draco volvió a sentir el intenso calor que le generaba siempre la cercanía de su metamor.

— Confío en ti, sé cuanto lo quieres y que hagas lo que hagas será por hacerle feliz.

— Sigues siendo demasiado bueno para tu propio bien, ¿sabes?

La risa profunda de Charlie le estremeció un poco. Para Draco era innegable que ese hombre era profundamente atrayente, podía comprender a Harry perfectamente. Sacudió un poco la cabeza para centrarse y tratar de explicarle su plan mientras caminaban a la par hasta la zona en la que dos magizoologos cuidaban a las criaturas que estaban al cargo de la reserva.

*

No se lo esperaba. Para nada, de ninguna de las maneras Harry esperaba que, al entrar esa noche en el comedor comunal de la reserva, las mesas estuvieran llenas de caras conocidas. Caras conocidas que vivían a miles de kilómetros.

— ¡Sorpresa! —gritó la pequeña multitud, poniéndose de pie a la par que una gran pancarta se desplegaba sobre ellos.

Se quedó un momento sin aire, con los ojos muy abiertos leyendo las grandes letras brillantes que decían "Felicidades, Harry". Tres segundos después echó a correr y se tiró a los brazos abiertos de Ron y Hermione, riendo de felicidad.

Una hora más tarde, había perdido la cuenta de los abrazos que había dado. Su familia, incluidos Ted y Andrómeda, y sus amigos, todas las personas que echaba de menos porque hacía más de dos años que no pisaba Reino Unido. Todo ello bajo la atenta mirada de Draco, sentado a un lado con una bebida y una sonrisa.

— Es increíble lo que has hecho, Malfoy —le interpeló Ron, sentándose cerca de él.

— No he sido yo solo.

— Mi hermano no dice eso. Y no me refiero únicamente a la fiesta. Me alegro de que lo hayáis arreglado.

Draco se giró un poco hacia Ronald. Parecía sincero y miraba a Harry hablando con sus padres con una sonrisa de cariño. Había vivido cerca de los Weasley durante gran parte de su relación, pero el mejor amigo de Harry nunca se había sentado voluntariamente a su lado.

— Yo me alegro de que hayáis podido venir. Ellos lo necesitaban.

Ron sonrió de lado y lo miró de refilón.

— Creía que se trataba de que Harry lo necesitaba.

— Tu hermano tampoco ha pasado mucho tiempo con vosotros últimamente.

— Bueno, parece que la vida es más interesante aquí —comentó burlón.

— ¿Disculpa?

— Le miras. Y él te mira. Y Harry os mira a los dos.

— Tenemos una relación.

— Ya, ¿pero la que quieres tener?

Esa pregunta siguió resonando en el cerebro de Draco conforme la fiesta continuaba, siempre con una copa en la mano. Quizá por eso a la hora de irse a dormir se bamboleaba de un lado a otro con una sonrisa estúpida.

— Ehhhh —llamó su atención Harry al verlo chocar con una mesa.

— Harryyyy —respondió, abrazándose a su cuello, ignorando la presencia de los últimos invitados a su alrededor—, mi amor. Creo que he bebido mucho.

— Yo también lo creo —contestó una voz grave y divertida a su lado—. Si sueltas al chico del cumpleaños te acompañaré a casa.

Obedeció, porque a su cerebro remojado en alcohol le encantó la idea de dejar de abrazar a Harry para agarrarse a Charlie, causando una carcajada a su alrededor que en otro momento le habría sentado fatal.

Se dejó acompañar hasta la pequeña cabaña que le habían asignado, a pocos metros de la de Charlie, con el fuerte brazo del pelirrojo pasado por su cintura para ayudarle a caminar erguido. Conforme caminaba y el aire de la noche lo despejaba, apareció de nuevo el conocido calor de la cercanía. Quizá Ronald tenía razón y lo que había estado sintiendo los últimos meses era algo de lo que debía de hablar con Harry.

— Puedo seguir yo solo desde aquí —le dijo con voz aún pastosa al llegar a la puerta.

— No estoy seguro de eso. Abre, Draco.

La autoridad en su voz tuvo un efecto en algún lugar de su vientre que hizo que Draco se sonrojara. Si no se hubiera bebido media fiesta, se estaría poniendo duro. Pero obedeció y sacó la varita para apoyarla en la madera, que se abrió con un clic.

Charlie volvió a sujetarlo con fuerza por la cintura y lo guió por la cabaña con seguridad, todas las casas de los trabajadores tenían la misma distribución, hasta ayudalo a sentarse en la cama.

— Gracias, Charlie —masculló, dejándose caer hacia atrás con un brazo sobre la cara.

Esperó la respuesta, pero cuando no llegó subió el brazo hasta apoyarlo en la frente y mirarlo. Charlie estaba allí plantado, mirándolo con intensidad.

— ¿Qué?

— Es la primera vez que me llamas por mi nombre de pila.

— ¿Y eso es malo?

— No, es... diferente. Me gusta como suena.

— ¿Estás ligando conmigo, Charlie? —interrogó, incoporándose con los codos y entrecerrando los ojos para poder enfocarle mejor.

— Quizá.

— No sé si es la mejor idea ahora.

— ¿Porque es inapropiado hablarlo sin Harry?

Draco negó con la cabeza y acabó de incorporarse.

— Porque voy a necesitar llegar al baño para vomitar y eso debe ser lo menos atractivo que me vas a ver hacer en la vida.

El pelirrojo rio fuerte, pero lo ayudó a llegar rápidamente al baño y le sujetó la frente mientras vomitaba lo que le parecieron siglos de humillación.

— Salazar —masculló cuando terminó, sentado contra la pared con los ojos cerrados.

Sintió como Charlie abría el grifo y al cabo de un segundo la textura de la toalla mojada limpiándole el sudor de la cara. Después, el sonido de alguien corpulento sentándose a su lado.

— Definitivamente has bebido demasiado hoy. ¿Va todo bien?

Quiso decir que sí, que todo era por la felicidad del éxito de su plan y por ver a Harry disfrutar, pero las palabras salieron solas.

— Me gustas. Y me aterroriza.

— ¿Por qué?

— Porque lo hemos hecho muy bien hasta ahora los tres, cualquier cambio me hace temer que se vaya todo al traste.

— ¿Crees que Harry se opondría?

— No lo sé —susurró, frotándose con fuerza la frente.

Acabó por abrir los ojos, porque el silencio se hizo denso. Charlie le miraba con la misma intensidad con la que miraba a Harry normalmente. Y desde la puerta, Harry los miraba a ambos.

— Draco —se agachó finalmente delante de él hasta quedar en cuclillas—. Sería muy egoísta que me opusiera, ¿no crees?

— ¿Dónde nos deja eso?

— De momento ayudándote a acostarte —respondió Charlie poniéndose de pie y tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse.

Draco los miró a los dos y finalmente aceptó la mano, esa mano que le hacía sentir calor y bienestar. Quizá sí podía funcionar, quizá sí merecía que Charlie le mirara como a Harry y podían quererse los tres.

*

Despertó solo, aunque estaba seguro de que no había dormido así. Fue a incorporarse para arrastrarse hasta la ducha, pero tuvo que detenerse a causa de un mareo.

— Oh, mierda —masculló cerrando los ojos y apoyado en los codos en el colchón mientras respiraba hondo.

— Realmente bebiste mucho ayer —escuchó la voz de Harry, un poco divertida.

No abrió los ojos, siguió haciendo respiraciones a la par que sentía el peso de un cuerpo sobre la cama cerca de él. A continuación sintió un paño fresco limpiando el sudor de su cara y una mano cariñosa apartándole el pelo de la frente.

— Igual es buena idea que te quedes hoy en casa, creo que no estás para trabajar —continuó su jefe, aún divertido.

Las palabras de Harry le hicieron abrir los ojos, pero no por el contenido, sino porque sonaban alejadas, no correspondían con el cercano peso sobre el colchón. Se encontró a Charlie mirándole con una sonrisa, el paño aún en una mano , en la otra un vial de poción.

— Vete tranquilo, Harry, yo me quedo con él.

Fue en ese momento en el que se fijó que Harry llevaba ya el uniforme. Aturdido, se giró con brusquedad para mirar el despertador sobre la mesilla y encontrarse con que debería llevar trabajando ya veinte minutos.

— Yo... lo siento, me daré una ducha y estaré en la oficina en media hora, de verdad.

Harry negó con la cabeza, sin mostrar ninguna molestia.

— En media hora seguirás fuera de juego —insistió Charlie, tendiéndole el vial.

— Hazle caso a Charlie, Draco —le recomendó Harry, acercándose.

A continuación le apartó también el flequillo de la cara y se inclinó a besarle, indiferente al mal aliento que Draco estaba convencido de tener.

— Os veo a la hora de comer.

Y besó también con naturalidad a Charlie antes de salir de la habitación a paso rápido.

Draco cogió el vial, se lo bebió de un trago y se dejó caer con un suspiro dramático sobre la almohada, con el antebrazo sobre los ojos.

Lo sintió tumbarse junto a él, silencioso, mientras la poción reponedora hacía efecto.

— ¿Hice mucho el ridículo ayer? —murmuró por fin.

— Define ridículo.

Un ojo gris se clavó en él.

— Eres malísimo en esto de consolar.

Charlie soltó una carcajada y se giró de lado, apoyando el codo en la almohada para sostener la cabeza en su mano.

— Yo no vi ayer al hombre del que hablan mis hermanos, el contenido con un palo en el culo. Hablaste con la gente, te reíste y estoy seguro de que cambió un poco el concepto que tienen de ti.

— Ronald estuvo agradable conmigo —reflexionó en voz alta— y yo iba por la primera copa.

— No te voy a decir que te emborraches en cada evento, porque está claro que no tienes hígado para eso. Pero fue agradable verte relajado.

— ¿Y lo de después?

— ¿El qué exactamente?

Draco se destapó la cara del todo y lo miró, serio.

— El borracho era yo, pero aún así recuerdo perfectamente que te dije que me gustabas.

— Ah, sobrio ya no te gusto —contestó Charlie falsamente dramático, llevandose el dorso de la mano a la frente.

— Idiota —protestó Draco, golpeando con el puño su hombro flojamente—, ¿no tienes que ir a trabajar?

— Soy el jefe.

— También Harry.

— Bueno, es un jefe con un solo empleado que está indispuesto.

Con otro suspiro dramático, Draco hizo ademán de intentar levantarse otra vez, pero Charlie volvió a tumbarlo en la cama poniéndole una mano en el pecho, que no retiró.

— Quédate ahí quieto hasta que haga efecto la poción, por favor, todavía pareces un inferi.

— Yo he tenido inferi cerca, poca broma, Weasley.

— ¿Vuelvo a ser Weasley? —cuestionó Charlie divertido.

— Al menos hasta que crea que puedo retener algo en el estómago —respondió un poco enfurruñado, frotándose la frente con la punta de los dedos.

— Esa poción es estupenda, en unos minutos estarás rogando por el desayuno que te ha dejado preparado Harry.

Inevitablemente, la cara de Draco se llenó con una sonrisa cariñosa.

— Ya estabas pensando que te había abandonado en mis crueles manos sin más. Nuestro chico no haría eso, alimentarse es importante para él.

— Lo sé —respondió Draco, recordando con pesar todas las horas que había pasado en la oscuridad, abrazando a Harry en la cama mientras le contaba todos los horrores de su infancia.

Charlie se bajó despacio de la cama, dio la vuelta y le tendió la mano.

— Prueba a levantarte ahora.

Draco tomó aire y sujetó la mano fuerte frente a él. Se movió despacio por el colchón, hasta sentarse al borde. Entonces Charlie tiró de él con suavidad hasta tenerlo de pie pegado a su pecho.

— Tienes cara de querer besarme, y no creo que sea una buena idea con este aliento, Charlie.

El pelirrojo rio, sacó su varita de la manga y Draco pudo sentir claramente un hechizo que le dejaba la boca limpia y mentolada, llevándose el terrible sabor de la resaca.

— ¿Algo más que debamos gestionar?

— Creo que no. Bueno, sí: me gusta como cuidas de Harry, ¿podría tener eso?

Por toda respuesta, Charlie sonrió, una amplia sonrisa que hacía brillar sus toscos rasgos, asintió y, por fin, le besó.