Formar parte de aquella nueva familia a bordo del Martillo Cobalto fue mucho más fácil de lo que esperaba. La Resistencia reunía adeptos desde los sistemas más lejanos y en absoluta discreción. Si bien tenía miedo de que desconfiaran de mí, me habían demostrado con acciones que nada iba a sucederme y que no me consideraban una amenaza. Sin embargo, es lógico que aún tuvieran reservas y que la General tuviera el voto determinante en mi destino.
Además de Paige y Rose Tico, las hermanas que escaparon del sistema Otomok, en la nave viajaban otros tres tripulantes llamados Spennie, Finch y Nix Jerd, quien me había llevado en andas hasta el ala médica en Refnu. No quisieron revelar mucho acerca de la misión, pero Rose me explicó que entregaban suministros en el Sistema Atterra, esquivando el radar de la Primera Orden para abastecer las filas de la Resistencia que había formado una base provisoria en D'Qar.
Cuando finalmente pude volver a caminar, me ofrecí para ayudarles a reparar algunas partes averiadas por un viejo ataque, en forma de pago por sus atenciones y tal vez para ganarme su confianza poco a poco.
Con Rose me llevé bien desde el comienzo porque ambas conocíamos de mecánica y de aparatos descompuestos. Durante esas actividades ella me explicó que la Primera Orden había invadido su hogar y arrasado con los recursos del planeta, esclavizando también a muchos de sus habitantes.
Me sentí bastante mal por haber sido parte de toda esa destrucción, aunque no de manera directa porque yo no era consciente de lo que ellos hacían con el pretexto de conquistar. Por esa razón sentí que había elegido el camino correcto al alejarme de Ben, aunque mi corazón no se convenciera con la misma facilidad. Yo conocía la bondad de su alma aunque hubiera cometido muchos errores, pero era una lástima que él no entendiera las cosas de la misma forma y fue imperioso para mí huir de ese lugar.
Seguía soñando con él, una clase diferente de sueños. Pero no me hacía ilusiones de que él me llamara porque una de las primeras cosas que hice al irme fue cortar nuestra conexión, asegurándome de que lo que veía al dormir eran solamente recuerdos de nuestro tiempo juntos y deseos que no se cumplieron. Pero incluso éstos me hacían más daño que una confrontación cara a cara con él.
Rose intentó averiguar más cosas sobre mi pasado y yo sentí que lo justo era contarle. Ella y su grupo me había rescatado y yo aún tenía que presentarme ante su General para defender mi estadía en la Resistencia. Deseaba olvidar todo y comenzar de nuevo, pero para eso todavía faltaba un poco más, un último adiós a ese pasado con Ben.
Por supuesto que tuve mucho miedo de que mi nueva familia me rechazara, pero a medida que asimilaba la información iba evaluando su reacción. Yo quería explicarle que no era nadie especial, una simple chatarrera de Jakku que tuvo la desgracia de ser sensible a la Fuerza y verse envuelta en circunstancias excepcionales.
Pero por alguna razón no me animé a confesar que casi me convierto en Emperatriz y ella no me preguntó por la naturaleza de mi relación con el Líder Supremo, asumiendo que él me tenía prisionera. No era del todo cierto y yo lo sabía bien, porque fui con él por voluntad propia y persiguiendo la promesa de una vida mejor. Jamás fui su cautiva y Ben me lo dijo desde el primer día, cuando puse un pie en el Supremacy.
Yo sabía que no podría mentirle a Leia y el inminente encuentro con ella me atemorizaba. Estaba poniendo demasiadas expectativas en ella cuando yo misma no tenía en claro lo que me pasaba. ¿Por qué seguía preocupándome por Ben cuando le había rechazado? ¿Cómo podía estar segura de que su madre aún confiara en recuperarlo y enseñarle el camino de regreso a su hogar?
Creo que me impulsaba el deseo de volverlo a ver, libre de las cadenas de la Primera Orden que eran parte de su esencia pero yo me negaba a aceptar. Yo sólo quería que su alma estuviera en paz, aún cuando no tuviera la capacidad de proporcionarle la calma y la comprensión que él necesitaba para volver a la Luz.
Por eso le contaría la verdad a su madre. Ella no le daría la espalda a su hijo, incluso si yo desaparecía para siempre de su vida.
Después de oír la historia, Rose me aseguró que en la Resistencia estarían gustosos de recibir a una aliada como yo. Todos veían en la General Organa a una figura de maternal protección y recuerdo haber pensado con tristeza que no era así para su único hijo. Mi corazón se encogió de dolor por él, pero seguí adelante. Me hice fuerte.
Estaba haciendo lo posible por sobrevivir en un nuevo escenario pero sin sentir pertenencia absoluta, porque ¿cómo iba a compartir la causa de estas personas, aunque fueran los buenos, si atentaba contra la persona que yo deseaba salvar? ¿Cómo iba a convencerlos de que la violencia tenía que acabarse desde los dos bandos si yo también les estaba mintiendo?
Yo no era ciega a los crímenes de unos y otros, pero no le debía nada a nadie. Toda mi vida estuve sola hasta conocer a Ben y ahora estaba perdida, en medio de una guerra que me parecía tan ajena. ¿Quién era yo para juzgar a la Resistencia por intentar salvar lo que amaban cuando yo deseaba hacer lo mismo?
El día que llegamos a D'Qar, Leia me recibió con mucha más comprensión de la que yo esperaba. Quizás ella vio en mí mucho más de lo que yo pensaba y eso me ayudó a sincerarme por completo.
Lo que sigue es un relato exacto de lo que le dije ese día y los que siguieron, la narración de una serie de eventos que me trajeron a las circunstancias actuales, la historia de la carroñera que se enamoró del Príncipe caído.
