La primera noche fue la peor de todas. La fiebre volvió a subir y el delirio hacía que él se retorciera y gritara, moviéndose con violencia como si sus pesadillas fueran reales.

No podía dejarlo solo, tampoco comprendía lo que le sucedía ni sabía cómo aliviar su sufrimiento. No se trataba de una infección, algo más oscuro le aquejaba. Sentí lástima por él, y aunque hubiera sabido entonces quién era o las cosas que había hecho, no le hubiese negado mi ayuda.

Esa noche sentí algo diferente dentro de mí, algo que nunca antes había experimentado. Mi desesperación por ayudarle era tan grande que hice algo tonto y sin saber por qué. Puse una de mis manos en su frente y me concentré en lo que sentía, en el dolor que yo imaginaba que él estaba sintiendo, y aunque no despertó de inmediato, al menos pude calmar su agonía.

Ahora estoy segura de que acababa de usar la Fuerza para sanarlo, pero en ese entonces me pareció alguna clase de milagro.

Después de eso quedé agotada y sin poder evitarlo, me dormí con la espalda apoyada en la pared, soñando cosas muy extrañas que tendrían más que ver conmigo de lo que yo pensaba.

...

Fuego por todas partes, una villa destruida y restos de muerte. El humo era asfixiante y podía escuchar algunos gritos desgarradores. Los ojos de alguien que acababa de cometer el error más grande de su vida, un par de ojos azules torturados. Un sable de luz verde y después, oscuridad.

...

Apenas logré conciliar un sueño intermitente pero profundo, pero desperté sobresaltada por los ruidos que él comenzaba a hacer. Su respiración se había normalizado y movía lentamente las manos, intentando familiarizarse con el espacio para incorporarse.

En sus ojos había confusión, aunque eso era algo lógico. Pero noté otras cosas también, que entonces confundí con miedo. Ahora sé que él había llegado a Jakku buscando otra cosa, guiado por algo que aún hoy no comprendo. Y acababa de encontrarlo, pero aún no lo sabía y yo estaba muy cerca de averiguarlo.

Me preparé para confrontarlo, no sabía cómo iba a reaccionar. Ya le había quitado el arma y la capa que llevaba, aunque no quedaban más que jirones a causa del fuego. También le había sacado las botas, en caso de que intentara escapar.

No sé por qué lo retenía allí, quizás yo sentía que él me debía respuestas, tanto como él precisaba las suyas.

—¿Dónde...? —Su pregunta fue interrumpida por un acceso de tos y le señalé con la cabeza el cuenco con lo último que nos quedaba de agua, debatiéndome entre acercarme o no. Él tomó el cuenco antes de que yo pudiera moverme.

—Jakku —Le respondí con toda la calma del mundo, aunque los nervios me traicionaban—. Tu nave se estrelló cerca de aquí.

El extraño se incorporó y se apoyó sobre sus codos, haciendo que su mirada quedara a la misma altura que la mía. Yo estaba a menos de un metro de él, en cuclillas y cerca de la entrada.

—Tú... ¿Quién eres? —me miró con desconfianza pero sin temor, como si aún no creyera del todo que yo era real.

¿Qué clase de amenaza podía significar alguien como yo? Estaba cansada por la jornada agobiante del día anterior, no había comido porque no conseguí intercambiar ninguna pieza por porciones y le había dado a él la última gota de agua que mantenía en reserva.

—Soy Rey —Me miró fijamente, como si estuviera metiéndose en mi cabeza para corroborar mi historia. Pensé que era un producto de mi imaginación, tal vez del hambre. Semanas después me confesó que había usado la Fuerza sin hacerme daño.

Asintió con la cabeza y después se puso de pie de repente, como si la fiebre y el accidente no hubieran hecho mella en él. Mi AT-AT pareció reducirse drásticamente de tamaño cuando él se estiró en toda su altura. Aún estando desconcertado, su porte era feroz, peligroso como una bestia enjaulada.

Pero no tuve miedo de él.

Observé cómo buscaba el arma en su cinturón y luego me miraba, exigiendo respuestas sobre su paradero. Cuando sus pies desnudos tocaron el piso, todavía frío porque el sol no había calentado la arena, se dio cuenta de que tampoco traía sus botas. Pero las encontró a un costado, medio oculta entre mis cosas, y se las puso.

Me alejé por instinto, no quería demostrarle miedo. Retrocedí para defenderme en el caso de que intentara atacar, porque el hecho de que le hubiera salvado la vida no significaba que él estuviera agradecido conmigo.

—¿Quién eres? —Le pregunté.

Podría haberme ignorado, podría haberme mentido, pero cuando él habló, yo supe que no lo hacía.

—Ben.

Fue mi turno de asentir y de ponerme de pie. Incluso le tendí una mano como muestra de buena voluntad, pero él se limitó a mirarme de arriba a abajo con un gesto indescifrable.

—Una carroñera —Su examen me pareció odioso, pero no lo culpaba. Quizás el accidente le había aflojado algunos tornillos, o la cortesía no existía de donde él venía—. Debo regresar inmediatamente.

Sin que yo pudiera evitarlo, encontró su arma en el escondite y la abrochó de nuevo en su cinturón. Pasó a mi lado dando un par de zancadas y pronto estuvo fuera del caminante.

—¡Espera! No puedes volver, los campos movedizos...

—Puedo arreglármelas solo, no te molestes carroñera. Gracias por tu ayuda.

Yo quería decirle que aún cuando pudiera recuperar su nave, sería complicado hacer que volviera a funcionar, sin contar con el hecho de que tendría que sacarla de la arena primero. Pero él era tan insufrible que me dio la espalda y caminó hasta donde estaba mi deslizador. Su frialdad no hizo más que alimentar la furia que ya sentía, tal vez por culpa de un estómago vacío y esperanzas rotas, aunque yo conocía mejor que nadie esos sentimientos.

Entonces algo sucedió cuando extendí mi mano hacia él como si quisiera atraparlo. Un relámpago azul, un grito y después Ben estaba en el suelo, sorprendido y horrorizado por lo que acababa de pasar.

Yo lo había derribado con la Fuerza.

Claro que no entendía las consecuencias todavía.