Me llevó sólo un instante reponerme de lo que acababa de suceder, aunque llegar a entenderlo era otra cuestión y que precisaría mucho más tiempo de procesamiento.

Sentía un cosquilleo incómodo en el cuerpo, pero era completamente diferente a cualquier descarga eléctrica que alguna vez hubiera experimentado revolviendo los restos de alguna nave olvidada. Era como si por un momento hubiese sido capaz de controlar y modificar la energía de todo lo que me rodeaba. Pero no se trataba de un sentimiento agradable sino todo lo contrario. El miedo inexplicable de dejar ir a Ben se había apoderado de mí, despertando ese poder. ¿Acaso su llegada tenía algo que ver con el fenómeno?

No lo sabía entonces. Pero si él me abandonaba, yo me quedaba sin respuestas. Tenía que lograr que me llevara con él o al menos que me dejara acompañarlo. Claro que jamás hubiera recurrido a la violencia, a menos que él me atacara primero. Y fue algo cobarde de mi parte, ya que Ben me había dado la espalda.

Corrí hacia él temiendo lo peor. Era una completa ironía, haber evitado su muerte la tarde anterior para acabar su vida con mis propias manos. Pero mi huésped estaba bien, la descarga solamente le había arrojado lejos del deslizador y el único daño fue en su orgullo. Debí imaginar entonces que no estaba acostumbrado a que lo vencieran.

Mientras me acercaba, se puso de pie sin quitarme los ojos de encima, pero no se veía enojado sino sorprendido. Yo no le hubiera culpado si él llegaba a sentir una mezcla de las dos cosas, pero percibí algo más en su mirada.

Reconocimiento. Pertenencia.

—¿Acabas de…?

—Lo siento. No fue mi intención hacerte daño. No sé qué me sucedió —.le interrumpí balbuceando y con el cuerpo todavía temblando.

Él se quitó la arena de su ropa con gesto distraído, como si estuviera pensando cientos de cosas al mismo tiempo. Su boca se entreabrió un poco pero no atinaba a pronunciar palabras. Noté que no quedaba nada su desinterés anterior y ahora me veía como una rareza. Había logrado al menos captar su atención, no se iría repentinamente.

Reconozco que su rudeza me resultaba estimulante, era evidente que no acostumbraba a tratar con personas de mi tipo, me había subestimado y yo no iba a sentirme inferior a él. Incluso recuerdo que levanté la barbilla para reforzar mi postura. Ben no se me hacía intimidante, aunque no sabía nada de él en realidad. Quizás yo estaba viendo algo en él que nadie más veía, o tenía ganas de creer que él necesitaba ayuda.

Al estar más cerca y a plena luz del día pude comprobar que sus ojos eran claros y del color del whisky coreliano que servían en la cantina de Niima, su mirada tan intensa que podría haberme perforado. Por suerte ya no tenía esa palidez escalofriante y las pequeñas marcas de su rostro me recordaron a las estrellas que a veces me quedaba mirando antes del amanecer. De alguna forma se me hacía familiar su rostro, aunque jamás lo había visto en mi vida.

—¿Cómo es que no lo noté antes? —hizo una mueca con la boca que podría haber sido una sonrisa, pero no me parecía la clase de personas que reían a menudo. Más bien fue un gesto arrogante—. Una carroñera, poderosa con la Fuerza.

—¿La Fuerza?

Había oído hablar de ella y de los Jedis, pero pensaba que eran mitos y cuentos para evocar un pasado glorioso, perdido para siempre. Que algo así me estuviera pasando era increíble, pero no había otra explicación más adecuada. Decidí seguirle la corriente mientras mi mente daba vueltas con la información.

—¿Quién eres tú realmente? ¿Qué haces aquí? —Repuso, acercándose un poco más pero sin atreverse a tocarme—. ¿Por qué no sentí tu firma?

—No sé de qué hablas… —intenté no retroceder pero me sentía expuesta y no pude evitar desviar la mirada para esconder mi angustia porque ignoraba las respuestas a las preguntas que me formulaba en soledad cada noche—. He vivido aquí desde que tengo recuerdos, esto es tan sorprendente para mí como lo es para ti.

Ben pareció aceptar mi incertidumbre y no insistió con el interrogatorio, en cambio adoptó una actitud diferente y sin dejar de examinarme, colocó un dedo debajo de mi mentón para obligarme a mirarlo a los ojos, sin darme tiempo a oponer resistencia, aunque tampoco me resultó desagradable.

—Rey, ese es tu nombre ¿verdad? —preguntó y yo asentí, un poco molesta de que casi lo hubiera olvidado—. Ayúdame a regresar a mi nave y te enseñaré los caminos de la Fuerza. Seré tu Maestro.

Su ofrecimiento era tentador pero yo tenía muchas cosas que considerar. Él no me había dicho qué hacía allí y cuáles eran sus intenciones. ¿Qué ganaba con compartir sus conocimientos conmigo? Todo podía ser una trampa y yo ya tenía suficientes problemas.

Sin embargo algo me empujaba hacia él, sentía curiosidad por esa cuestión de la Fuerza. Durante interminables años, todo fue igual en Jakku, tal vez Ben era mi pase de salida de ese horrendo planeta. Pero no era tan simple dejar todo atrás.

—Corres peligro… —suavizó un poco el tono y por un momento pensé que intentaba protegerme de verdad—. Otros vendrán a buscarte y no te lo pedirán tan amablemente como yo. Debes venir conmigo.

Algo activó en mi mente la imagen de una nave abandonando el planeta, las palabras de mis padres al prometer que regresarían por mí. Aparté mi rostro de él y retrocedí.

—No puedo irme de aquí —las palabras salieron automáticamente de mi boca.

—¿Por qué no? ¿Qué te retiene aquí? Este lugar es un basurero —gruñó y se apartó, abandonando la efímera empatía para dar paso al enojo. Sus emociones eran cambiantes y tan impredecibles como una tormenta de arena.

—Estoy esperando a alguien. A mi familia, dijeron que volverían a buscarme —Me aferraba aún a esa posibilidad pero ahora sé que en realidad tenía miedo de irme.

—Tengo los medios para encontrar a cualquier persona en la galaxia. Podrías vivir en mejores condiciones que éstas.

—No confío en ti —Le interrumpí.

Él pareció dudar unos instantes antes de responder.

—¿Entonces por qué me salvaste? Reconoces mi nave y sabes de dónde provengo. ¿No sabes quién soy?

—Hice lo que cualquiera hubiera hecho... —eso no era del todo cierto, si los teedos le hubieran encontrado antes que yo… no me atrevo ahora a pensar en esa posibilidad.

—Mientes —su tono frío y cargado de resentimiento, apenas contenía la ira. ¿Cuánto dolor había soportado él en su vida para tener que reaccionar así?—. Podrías haberme dejado morir allí. He visto las dudas en tu mente.

—¿Cómo es que puedes leer mi mente?

—La Fuerza. Tienes mucho que aprender, carroñera —me dio la espalda de nuevo y se preparó para subir al deslizador—. ¿Vienes?

Su arrogancia lograba otra vez sacarme de quicio. O Quizás era la perspectiva de tener que estar tan cerca de él. De todas maneras, iba a escuchar lo que yo tenía para decir.

—Tal vez sabes mucho de esas cosas, pero no tienes idea de lo que implica vivir aquí. No tenemos comida ni agua, no hay forma de que sobrevivamos mucho sin ella —mi estómago eligió ese momento exacto para hacer su reclamo.

—¿No tienes alguna cantimplora de reserva? —Me mordí los labios para no soltar un insulto, le había dado a él lo último que tenía y había usado el resto para limpiar su herida. Ben adivinó o escuchó mis pensamientos, y llevándose una mano a la cabeza, se quitó los restos del improvisado vendaje que aún conservaba—. Ya veo. La desperdiciaste en mí. Bueno, ¿dónde podemos conseguir más?

—Hay un bebedero para animales en el puesto de Niima... —me detuve ante su mirada de asco—. Unkar es el dueño de los todos los vaporizadores de la región, junto con las porciones que obtenemos a cambio de partes de naves.

—Las porciones de las que tú hablas. ¿De dónde provienen? ¿Quién es este tal Unkar y por qué tiene todo el poder? —Me encogí de hombros. Así eran las cosas allí y nadie tenía el poder para cambiarlas—. Está bien —Rebuscó en su bolsillo un rato y sacó algo que yo había visto un puñado de veces y reconocí como un chip de crédito.

—Eso no servirá, él no negocia con créditos, ni siquiera los de la Primera Orden. Querrá algo que pueda intercambiar luego.

—¿No tienes nada que le interese? ¿Algún pedazo de chatarra que tengas oculto por ahí?

—Pues la tendría en este momento si tú no hubieras aparecido en mi camino ayer —Estaba siendo injusta, pero no podía evitarlo. Su mirada crítica de sabelotodo me ponía los pelos de punta y tenía muchas ganas de golpearlo—. Tal vez podamos ofrecerle eso —Señalé su arma prendida en el cinturón.

—Ni lo sueñes. Esto se queda conmigo. ¿Cuál es el plan B?

—Podemos negociar con los teedos, ellos saben dónde encontrar agua y no están lejos. Entiendo su idioma y me deben un favor. Pero debes quedarte aquí, no sé cómo se tomarán que un… que alguien como tú se aparezca por sus dominios —aún no estaba segura de cuál era su rango o su papel en la Orden, también podía ser un traidor, no podía asegurarlo.

—De ninguna manera. Voy contigo —Su obstinación me estaba haciendo doler la cabeza pero de alguna manera me tranquilizaba saber que podía pasar más tiempo con él.

—Entonces deberás vestirte de otra manera. No resistirás el calor con esas ropas oscuras y no necesitarás tu armadura aquí —Ben levantó una ceja y abrió la boca para quejarse pero le detuve—. Creo que tengo algo que puede servir.

Entré a mi AT-AT y después de revolver un poco, encontré lo que buscaba. En una de mis incursiones había hallado una mochila con ropas de hombre que pertenecieron a un piloto no tan afortunado, pero servían ahora para el propósito de vestir a Ben. Se las entregué y al principio pensé que no iba a aceptar las ropas de un muerto, pero no dijo nada.

Salió minutos después con el cabello en un rodete parecido al mío y parecía una persona completamente diferente, alguien que podría haber pasado desapercibido en las calles de Niima de no ser por esa mirada penetrante y triste que yo nunca podría olvidar. Completé su atuendo con unas gafas de repuesto que yo usaba para protegerme de la arena. El toque final fue usar los restos de su capa para cubrirle la cabeza del sol. Estábamos listos.

Confieso que me sorprendió su resignación cuando minutos antes estaba tan alterado. Creo que poco a poco empezaba a comprender que tenía que hacerme caso para sobrevivir allí, al menos hasta que lograra recuperar su nave. Yo no había hecho ninguna promesa de volver con él, pero sabía en el fondo de mi corazón que no me quedaría en Jakku, donde no tenía futuro.

Cuando subimos al deslizador tuve el presentimiento de que jamás volvería a mi hogar, pero lo deseché enseguida. Estaba acostumbrada a no aferrarme a las cosas ni a las personas y esta vez me dejaría llevar por la voluntad de la Fuerza. Y la de Ben.

Pero las cosas no irían en la forma en que yo pensaba, por supuesto.