En ese instante sólo pude pensar en ponernos a salvo de X'us'R'iia, postergando las dudas para otro momento. De alguna forma Ben había sentido mi inquietud aunque a juzgar por la expresión de su rostro no alcanzaba a comprender la magnitud de nuestro peligro. Lo supe cuando su nave cayó con fuerza en la arena, mi ansiedad se reflejaba en sus ojos y el flujo de su extraño poder se interrumpió de repente. Se veía desconcertado y molesto, pero no tuve miedo de provocar su furia. Sin decirlo con palabras, me hacía responsable de su fracaso.

—¡Debemos buscar refugio! La tormenta llegará en unos minutos —me acerqué hacia donde él estaba con la intención de arrastrarlo hasta mi deslizador pero en el último segundo me detuve, lo pensé mejor. O tal vez fue la mirada furibunda que me obsequió.

—No me iré sin mi nave. ¡Estaba a punto de sacarla! —respondió con un gruñido, creando nuevamente ese aura oscura en sus facciones que yo no terminaba de comprender.

—Hace falta mucho más que eso para hacerla volar de nuevo y a menos que tengas algún otro secreto para discutir, te sugiero que abandones la idea.

La urgencia en mi voz hizo que Ben reaccionara, estoy segura de que habría querido decirme algunas cosas, pero se limitó a asentir confiando en mi experiencia. Recogí nuestras pertenencias a gran velocidad y él aprovechó el momento para buscar algo dentro de su TIE. Antes de que pudiera protestar, estábamos abordando mi deslizador en dirección al viejo Destructor Estelar abandonado en la épica Batalla de Jakku.

En el camino nos cubrimos las cabezas con las prendas y las antiparras para evitar que la arena nos lastimara y me sorprendió que él lo hiciera con tanta destreza. Supuse que estaba acostumbrado a salir airoso de situaciones más extremas de esa.

—¿En verdad es este tu grandioso plan? —Ben soltó el reproche justo cuando el graznido de la tormenta subía de volumen creando remolinos de arena acercándose hasta nuestros pies como si fueran garras fantasmales.

Pero no había tiempo que perder y la verdad es que no le debía explicaciones cuando intentaba salvarle por segunda vez en menos de dos días estándar.

Es cierto que pretendía buscar refugio dentro de alguna nave. En Jakku no existían las cavernas naturales y no era la primera vez que X'us'R'iia me sorprendía en medio de la nada. Por esa razón sabía que el TIE estaba perdido y pronto quedaría completamente enterrado, porque el azote del viento lo haría volar como a una hoja de papel. No quise decírselo a Ben, ya buscaría la forma de enfrentarlo luego. Adiós a la idea de volar en esa magnífica nave.

Aunque Ben no parecía una persona demasiado sentimental. Lo único que tomó entre sus pertenencias fue el casco que yo ya conocía levemente y nada más. ¿Por qué era tan importante arriesgar nuestras vidas por un trozo de metal?

Estaba empezando a considerar que su compañía me había traído muchos problemas, muchos más de los que ya tenía. Sólo ahora sé que jamás iba a volver a lo de antes, a esa rutina dolorosa que yo llamaba vida pero era una carrera contra la muerte. En ese entonces pensaba que Ben sería una anécdota muy pronto.

—¿Acaso esta chatarra puede ir más rápido?

Ben comenzaba a darse cuenta de que mi reacción no había sido exagerada cuando el cielo se cubrió de un desagradable color marrón y el muro de polvo devoraba todo a su paso, acortando rápidamente la distancia entre X'us'R'iia y nosotros.

—¡Está en su máxima potencia! —grité, dejando traslucir un poco de mi temor. Empecé a hacerme a la idea de que quizás no llegaríamos sanos y salvos.

De pronto no me fue posible ver el camino con claridad y tuve que apelar a la memoria de tantos años de hacer el recorrido diariamente. Sentía las manos de Ben aferradas en mi cintura y el motor del deslizador temblar bajo nosotros. La tormenta arrastraba restos de naves medio enterrados y los hacía revolotear peligrosamente a nuestro alrededor.

El calor era insoportable, sofocante. La nube nos envolvió sin que pudiéramos evitarlo pero mi deslizador seguía su curso con determinación. Intentaba esquivar los pedazos de chatarra que volaban y todo estuvo bien mientras se trataba de trozos pequeños. De pronto algo grande se proyectó en el frente, no podía verlo pero sabía que estaba allí.

—¡Cuidado!

Ben gritó al mismo tiempo que se aflojaba de su agarre y extendió una de sus manos hacia adelante, encendiendo su sable de luz mientras se mantenía aferrado con las piernas al deslizador. Lo que parecía ser un viejo caza estelar T-65 Ala-X rozó apenas el costado del deslizador sin sacudirlo, partido por la mitad gracias a la arriesgada maniobra de mi acompañante. No pude verlo con claridad pero no olvidaré jamás el calor, el sonido chirriante y el olor de duracero fundido.

—¡¿Que kriff fue eso?! —grité, girando un poco para poder ver lo que acababa de hacer. Pero mis palabras fueron engullidas por la arena.

Concéntrate en el camino, Rey! Puedes hacerlo. Usa la Fuerza." —él colocó una mano sobre mi hombro y eso provocó un escalofrío en mi cuerpo, aún en medio de una tormenta mítica que amenazaba con acabar con nosotros.

El viento aullaba con furia pero no lograba ahogar sus palabras, de hecho yo podía escuchar su voz con tanta claridad como si estuviéramos hablando casualmente en el mercado de Niima. Era muy extraño, como si se comunicara conmigo sin despegar sus labios. ¿Cómo lo hacía?

—¿Cómo se supone que...?

"Cierra los ojos. ¡Confía en mí!"

El sujeto estaba loco, ¿A quién se le ocurría delirar de esa forma en un momento como ese? Aunque la arena y el polvo de X'us'R'iia ahora era tan denso que no podía ver absolutamente nada, ni siquiera mis manos en el manubrio del deslizador. Cerrar los ojos no haría la diferencia, ya no teníamos nada que perder.

"Puedes canalizar la energía de la tormenta en tu beneficio, cierra los ojos y siente cómo te rodea. Sólo tú conoces el camino. Respira."

Era devastador y placentero, sentir cómo todo se desvanecía y volvía a crearse a mi voluntad. Mis manos seguían aferradas con fuerza al deslizador pero ya no existía esa resistencia al avanzar. La tormenta no parecía mermar, pero de alguna manera se abría ante nosotros un túnel y hacia el final nos esperaba el implacable cielo azul de Jakku. No podía ver nada, al menos no con mis ojos, pero podía sentirlo como si los tuviera abiertos. La tortura del sonido dentro de mi cabeza cesó de repente y en su lugar se extendió una melodía agradable, casi como un arrullo.

Por un instante imaginé que podía doblegar a X'us'R'iia y me dejé embargar por el poder. Pero las dudas empañaban mi visión. ¿Por qué estaba sucediendo todo esto? ¿Por qué ahora? ¿Quién era yo realmente y por qué era capaz de hacer todo esto gracias a Ben? Me sentía poderosa, invencible, pero también estaba muy asustada y el recuerdo de una nave surcando el cielo me llenó de una melancolía tan profunda que apenas podía respirar. Alguien importante partía en esa nave. Alguien me estaba dejando atrás y yo no podía hacer nada al respecto.

Ben no transmitió ningún otro pensamiento pero noté que se impresionaba tanto como yo. ¿Cómo era posible que yo estuviera percibiendo cada una de sus emociones con tanta claridad? ¿Podía él hacer lo mismo conmigo?

Furia. Mi cuerpo se llenó de angustia por el recuerdo y el sentimiento se extendió como electricidad.

—¡Es suficiente! —exclamó espantado y yo abrí los ojos.

Fue un error.

La masa de arena volvió a cerrarse delante de nosotros y de pura suerte logré esquivar el impacto de otro pedazo de chatarra. Perdí toda la confianza en lo que estaba haciendo, aunque no la determinación de salir viva de ese embrollo. La silueta del Destructor Estelar a nuestra derecha se veía cada vez más grande y nítida a pesar de la arena y el polvo. Sólo faltaba un tramo para llegar.

Con un giro de último segundo que casi nos arroja a los dos por los aires, entramos en el Destructor abandonado por uno de sus propulsores traseros. Pero aún debíamos internarnos más en la colosal nave para quedar a resguardo.

Un poco más aliviados, sin la presencia mortal de la tormenta, ambos nos relajamos y poco a poco disminuí la velocidad del deslizador. No era cuestión de escapar de un peligro para meternos en otro peor, por lo tanto tenía que buscar un sitio seguro entre los cables, paneles y salientes de la nave, que no se sacudía por la tormenta pero nos preocupaba con ruidos espeluznantes de cosas chocando entre sí.

En ese lugar el tiempo parecía congelado, pero afuera todo seguía su curso. La señal de auxilio de Ben llegaría a destino muy pronto, pero antes tendríamos que hablar y sobrevivir a nuestros propios demonios.