Los ecos de la tormenta de arena apenas llegaban hasta el refugio, pero de tanto en tanto algún golpe de chatarra contra metal nos recordaba que no éramos libres de salir ni mucho menos de hacer nuestra voluntad. Por algo llamaban a ese lugar un cementerio de naves, yo sólo esperaba que no fuera también nuestra morada final.
Recostada en la puerta de acceso, permanentemente abierta desde que se cortara el flujo de energía tantos años atrás, podía contemplar la gran bóveda inclinada e incompleta de la nave. A lo lejos, algunas cascadas de arena descendían como finos hilos dorados pero no existía riesgo de quedar enterrados ni de que la estructura colapsara.
Esperar era la única opción y justamente era el tiempo aquello que teníamos en contra.
Frente a mí, unos metros más lejos, Ben dormía tranquilamente. No se sacudía con violencia como la noche anterior, a veces murmuraba palabras que yo no podía oír. Tenía la cabeza apoyada en su antebrazo y con la otra mano aferraba el casco que había tomado de su TIE.
Sentía que ya lo había visto antes pero no podía asegurarlo. Entendí que para Ben era importante ocultar su rostro y que por esa razón lo conservaba. No tenía caso conmigo, yo ya había memorizado todos sus lunares, el color cambiante de sus emociones en los ojos y cada uno de los gestos que hacía con la boca al hablar. Me preguntaba si eso era algo bueno o no, considerando que él pronto regresaría a la Primera Orden. ¿Pagaría el precio de ver su rostro con mi silencio o con mi propia vida?
Sin quererlo, yo también me rendí ante el sueño, lenta y profundamente. Quizás me dejé llevar por el lejano silbido del viento porque sabía que en realidad estábamos a salvo. Al parecer mi instinto de supervivencia, junto con los poderes de Ben, nos mantendría con vida. Y por sobre todo eso estaban mis habilidades recién descubiertas, aunque no tenía idea de cómo usarlas sin supervisión.
...
El niño escuchaba a los adultos discutir detrás de la puerta y sabía que el tema de la pelea era él. El hombre de ojos azules colocó una mano en su hombro y le apartó de allí, hablando en tono calmo pero reservado, lejano, como si no se tratara de alguien de su propia familia a pesar de compartir la misma sangre. Muy pronto tendría que irse de su hogar para iniciar un camino nuevo, porque al parecer sus padres lo consideraban un estorbo.
...
—Espero que seas mejor peleando que cuidando a otros...
Me despertó el sonido de su voz y una mueca de burla en su rostro, le parecía divertido que me durmiera en plena guardia y yo no tenía forma de saber si llevaba mucho tiempo mirándome o sólo habían sido unos minutos. Al parecer su ánimo había mejorado con el descanso y volvía a tener ese humor sarcástico de antes.
Nunca había pasado la noche fuera de mi hogar, excepto por algunas ocasiones que podía contar con los dedos de una mano, aunque llevaba en mi bolsa una especie de linterna que me ayudaba a encontrar piezas de chatarra en sitios oscuros. La encendí y la acomodé de manera que sirviera como lámpara. No es que me preocupara quedarme a oscuras junto a Ben, pero el pequeño resplandor me ofrecía un poco de calma. Yo siempre dejaba una luz encendida, incluso al dormir. Ese era uno de mis escasos lujos.
Después sacamos todas las porciones de comida y agua para fraccionarlas. Aguantaríamos como máximo cinco días estándar respetando las raciones, aunque Ben estaba seguro de que su señal de auxilio llegaría mucho antes que eso. Aún si la Primera Orden detectaba el llamado, no podrían encontrarnos con facilidad porque el paradero de la nave de Ben era incierto.
—Deberías pensar en un plan de contingencia por si eso no ocurre, Ben. No alimentaré tus ilusiones, tal vez ni siquiera han atendido el llamado.
—Deberíamos —me corrigió él—. Saldré de este planeta de alguna manera pero no te dejaré aquí. Es lo menos que puedo hacer después de que hayas salvado mi vida.
—No tienes ninguna obligación conmigo. Estamos a mano ahora. Cuando acabe la tormenta puedes regresar a tu vida y yo volveré a la mía.
Sus labios se contrajeron en una línea fina pero jamás dejó de mirarme a los ojos. Yo notaba que hacía un esfuerzo por no estallar y que mis palabras le estaban hiriendo, pero no podía evitarlo. Tarde o temprano me dejaría de lado, quizás cuando descubriera que yo no tenía tanto valor como él creía. Y prefería ahorrarme ese sufrimiento quedándome en Jakku donde tenía el control de la situación.
Como él no decía nada, yo seguí con mi discurso.
—En el puesto de Niima hay algunas naves pero no aceptarán tus créditos y yo no tengo nada que ofrecerles. Unkar tiene un viejo carguero coreliano que podría servir.
—Puedo encargarme de eso —dijo en tono áspero.
—¿Cómo hiciste con esos teedos? No, Ben. No estoy de acuerdo con manipular a otros de esa manera.
Ben se inclinó hacia mí, dándole la espalda a la lámpara y sumiendo mi mundo momentáneamente en oscuridad. Su rostro se volvió un poco tenebroso pero eso no logró que me pareciera menos interesante. No creo que intentara atemorizarme, pero yo no dudaba de que pudiera hacerlo con otras personas.
—Puedo tomar lo que quiera. Y tú también podrías… Pero eres demasiado pura, demasiado inocente. O tal vez no quieres descubrir la verdad.
Yo no le tenía miedo, pero de alguna manera él estaba en lo cierto. Fui consciente de la desesperación en sus ojos, sus puños crispados y la furia apenas contenida, pero nada de eso me asustó. Porque comprendí que por alguna razón su miedo a perderme era mucho mayor que el mío de abandonar Jakku.
—Yo soy nadie. No me necesitas.
Se echó atrás y de nuevo regresó la luz a mi mundo, pero no se alejó demasiado. No entendía entonces lo que él quería decirme, pero Ben se daba cuenta de la naturaleza de mi conflicto.
—Sé que aún no confías en mí, Rey ¿Pero te quedarás aquí después de lo que has sentido? ¿O acaso ya tienes todas las respuestas que buscabas?
Guardé silencio porque las emociones se agitaban en mi interior. Quedarme era admitir que tenía miedo de seguir adelante con mi vida. La llegada de Ben era una señal de que mis ilusiones se desmoronarían tarde o temprano, que nadie vendría por mí. Pero él estaba ahí, frente a mí, esperando una respuesta que no necesitaba porque tenía el poder necesario para convencerme. Había despertado muchas se sensaciones que no comprendía del todo pero necesitaba descubrir.
—Prometí ayudarte a encontrar tu nave y eso hice. Cumplí con mi palabra.
Estaba evadiendo sus preguntas de la manera más cobarde y él lo leía con claridad en mi mente.
—Respóndeme, Rey.
Ben extendió su mano y tomó mi rostro con suavidad, logrando que olvidara lo que le estaba diciendo. Confiaba en él, pero no podía explicarlo porque yo jamás me había sentido así con nadie. En Jakku lo mejor era dudar de todos y no hacer preguntas. Pero ignoraba todo acerca de él y Ben parecía estar en igualdad de condiciones conmigo. Era esa extraña cuestión de la Fuerza la que nos vinculaba, eso era lo que aumentaba su interés por mí y nada más.
—No tengas miedo. Puedo sentirlo —dijo casi en un susurro y me obligó a mirarlo a los ojos.
En realidad quería irme con él, pero una voz en mi interior me susurraba que no debía hacerlo, que él ocultaba un gran secreto, que yo resultaría herida de todas formas. Aunque sus ojos guardaban tanta tristeza que mi propio corazón comprendía a la perfección. No puedo decir que sentía lástima por él, no era eso. Era como si nuestras historias fueran similares, aunque la mía recién comenzaba y él cargaba con un oscuro pasado a cuestas.
Luego cerró los ojos un instante y dejó que entrara en su mente como lo había hecho antes. No me dejó ver todo, sólo lo suficiente para confirmar sus palabras. Su guardia estaba baja y yo sabía que él no haría eso con nadie, sin embargo, lo estaba haciendo conmigo. ¿Por qué?
—Puedo contestar tus preguntas ahora, si aún quieres saber.
Sentí frío cuando él quitó su mano de mi rostro y dije lo primero que se me ocurrió.
—¿A qué has venido a Jakku?
Él se apartó un poco y se tomó unos largos segundos para contestar, como si estuviera buscando las palabras adecuadas o pensando qué tanto revelar. Tal vez comprendía que me debía algunas explicaciones si quería que confiara en él, pero sus defensas estaban de nuevo activas.
—El Líder Supremo de la Primera Orden… —empezó a decir— me encomendó la misión de buscar a una persona cerca de aquí. Se suponía que iba a ser un trabajo rápido, pero mientras entraba en la atmósfera algo le ocurrió a mi nave. Alguna clase de interferencia—. entrecerró los ojos y me echó una mirada fugaz antes de sonreír—. Como si algo me dijera, de manera no muy sutil, que mi destino estaba en dirección contraria a Tuanul.
Yo escuchaba con atención, preguntándome por el destino de esa persona que Ben nunca encontraría. ¿Con mi aparición en escena habría salvado su vida? La Primera Orden no era precisamente un complejo vacacional, aunque el tono de Ben no me decía cuáles eran sus verdaderas intenciones en relación a este trabajo rápido .
—Entonces aún debes quedarte para completar tu trabajo. ¿Verdad?
Ben negó con la cabeza.
—Encontré algo mejor que eso. El único problema es que ella es muy difícil de convencer. Y bastante más obstinada que yo.
Sus cambios de humor eran fascinantes, yo pensaba que en realidad su personalidad era más brillante y que trataba de reprimirla con todas sus fuerzas. Pero descubría fragmentos de ella, como si no tuviera miedo de mostrarse completamente genuino conmigo. Por eso yo no sabía cuándo hablaba en serio y cuándo no, pero aprendí poco a poco a detectar esos momentos de sinceridad. No podía culparlo por eso, cuando aplicaba una estrategia similar para mí misma. Pero la diferencia era que yo no tenía nada que ocultar, sentía curiosidad por él y no iba a negarlo.
Por primera vez en mucho tiempo, me permití sonreír. No me sentía especialmente feliz, pero nadie se había interesado en mí de esa forma antes, con tanta insistencia. Los otros carroñeros sólo me querían por mis habilidades, a nadie le importaba más que el bienestar propio. Nadie me había tocado jamás sin que yo lo permitiera, sin embargo con él parecía ser correcto y me gustaba estar cerca suyo.
—Creí que nunca sonreías. Deberías hacerlo más seguido, Rey.
La forma en que lo dijo me produjo una sensación extraña, agradable. Cálida. No lo estaba haciendo para manipularme ni para convencerme. No estaba mintiendo.
—No es como si mi vida fuera muy alegre, Ben —no era mi intención sonar grosera, pero fue mi primera reacción. Me sentía completamente fuera de lugar con su mirada de anhelo. Actué como siempre lo hacía, respondiendo el golpe.
—Entonces debo considerarme afortunado.
Durante largos minutos nos ocupamos de cenar, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Aún tenía preguntas para hacerle y no quería arruinar el manto de paz que se extendía sobre nosotros. Sentía que podíamos ser amigos después de todo.
—Lamento lo de tu TIE.
Ben hizo un gesto con la mano como si le restara importancia.
—No te preocupes, tengo…
Se interrumpió bruscamente y no agregó nada más, concentrándose en su bocado, desviando la mirada hacia la nada frente a él. De nuevo su rostro se puso pálido y decidí que lo mejor era buscar otro tema de conversación.
—¿Cómo es allá afuera? Sólo he visto holos y simuladores de vuelo.
—¿Nunca has pilotado una nave real?
—Sólo una vez, apenas a unos metros del suelo. Pero jamás estuve en el espacio.
—Mi abuelo y mi padre… eran grandes pilotos. La Fuerza me brinda algunos puntos extra.
Mientras hablaba observé todo tipo de emociones en su rostro: dolor, orgullo, angustia de nuevo y al final ese humor tan particular con el que resolvía todo.
—¿Ellos te enseñaron a volar?
—No.
Su respuesta fue cortante y ahí supe que había detonado una bomba oculta. Lamenté no ser capaz de guardar silencio a tiempo. Me había confiado demasiado, dejándome llevar por su sonrisa. Ahora volvía a alejarse, llevándose su dolor y castigándose por eso.
Desde hacía rato el aire se había vuelto frío pero no lo había notado hasta después de comer. Un leve espasmo recorrió mi espalda y Ben se acercó para colocarme una manta sobre los hombros sin darme tiempo a protestar. Sus manos se demoraron un poco en mis hombros mientras las deslizaba con lentitud hacia los costados de mis brazos, en un intento un poco torpe de abrigarme. Por la forma en que miraba mis labios, pensé que iba a besarme, pero no lo hizo. En cambio se apartó con brusquedad.
—Deberías descansar un poco.
Quería decirle que no tenía sueño pero las palabras se perdieron y un bostezo me traicionó. Ben se alejó con una última mirada y se colocó de espaldas a mí frente a la entrada para cumplir con su guardia. Supuse que era su forma de decirme que necesitaba estar solo así que no lo seguí para arrancarle más confesiones.
Quizás por la mañana lograría que se abriera un poco más, o que me contara acerca de ese casco que seguía en un rincón de nuestro refugio.
...
Gracias por leer! estaré actualizando cada semana si todo sale como lo tengo planeado. Saludos!
