Luego de un merecido descanso sin sueños ni sobresaltos, desperté sintiendo el corazón un poco más ligero. No recordaba haber dormido tan bien en mucho tiempo, sobretodo cerca de un extraño.

Me estiré sin hacer ruido y me quité las lagañas de los ojos. Mi aspecto seguramente no era el más agradable después de una tormenta de arena, pero nunca me había preocupado por la coquetería. Ahora me sentía extraña, como si entre nosotros se hubiera instalado un grado mayor de intimidad debido a una convivencia forzada y de repente quería que él se fijara en mí de alguna manera especial.

Pero eran tonterías, no debía pensar en esas cosas cuando la tormenta seguía allí afuera y se extendía ante mí otra jornada inusual. En vez de la rutina de todos los días, buscar chatarra para Unkar, debía dejar mi deslizador en condiciones para cuando por fin pudiéramos salir. Pensaba que sería útil para ahorrarnos la caminata, porque sabía que no podría llevarlo allí donde íbamos.

Durante la noche había meditado mis opciones varias veces hasta que tomé la decisión de ir con Ben. Sin embargo, quería asegurarme antes cuál sería mi papel en su vida. No me interesaba afiliarme a la Primera Orden pero para ser sincera conmigo misma, tampoco le debía lealtad a la Resistencia. La guerra entre ambas facciones era algo muy lejano para mí y deseaba mantenerme al margen de todo eso. Mi ingenuidad y egoísmo eran tan fuertes que pensaba que nunca me iba a ver en la obligación de tomar una postura. El tiempo la tomaría por mí.

No me justificaré ahora, no es la intención de este relato. Pero sí admitiré que la posibilidad de pasar más tiempo junto a Ben y poder descubrir más cosas de él eran los verdaderos motivos que me impulsaban a seguirlo. Algo se había despertado dentro de mí, una voz que me pedía respuestas. Sentía que él podría mostrarme el camino, parecía muy claro entonces. Aceptaría aprender lo que él quisiera enseñarme sobre la Fuerza y sus misterios.

Mientras me despertaba, noté que él seguía en el mismo sitio que antes pero estaba inclinado sobre algo, como si leyera. Me apoyé sobre un codo sin hacer ruido para poder ver mejor y no interrumpir su actividad pero era en vano tomar tantas precauciones cuando él era consciente de cada uno de mis movimientos.

—Tus dibujos son muy interesantes.

Entonces comprendí con horror que él había encontrado mi cuaderno de bocetos en mi bolso y los estaba mirando con la luz del exterior que se filtraba por los huecos de la gran nave.

Mi primera reacción fue enojarme porque me sentía vulnerable y expuesta ante su mirada, pero me mordí los labios, tampoco es que tuviera algo que ocultar. Además parecía tranquilo, en paz. Incluso parecía divertirse.

No podía culpar a Ben por estar aburrido, notaba que no era la clase de persona que se queda quieta cuando se lo ordenan y a veces podía escuchar el bullicio que era su mente. Me llevó mucho tiempo acostumbrarme a él.

Me senté a su lado resistiendo la tentación de arrebatárselo. Ben pasaba las hojas y entrecerraba los ojos para leer, como si realmente se interesara en su contenido. Sus dedos acariciaban las hojas con delicadeza, como lo haría alguien que sabe que el papel no era algo muy común en un lugar como Jakku, en la era del datapad. Mucho tiempo después me contó que en el pasado practicaba caligrafía y coleccionaba libros, pero en ese momento yo pensé que estaba buscando otra forma de burlarse de mí.

Yo no entendía por qué le fascinaba tanto, ya que sólo contenía notas y fragmentos de propaganda que encontraba por ahí, cuestiones que no deseaba olvidar y dibujos que difícilmente podrían llamarse realistas. Pero me esforzaba mucho por captar mi entorno, eso era seguro. Es una verdadera lástima que no lo conserve, me pregunto qué habrá pasado con ese cuaderno.

Se detuvo en las últimas páginas después de quedarse mirando durante largos segundos un dibujo en particular. Eran imágenes de algunos de mis sueños más recientes, una mujer de espaldas con un largo báculo rojo y una túnica con capucha. Yo no le había dado demasiada importancia, pero al parecer a Ben le causaba cierta impresión.

—¿De dónde los has sacado? —su tono fue estudiadamente tranquilo pero firme.

—De mi cabeza.

—¿De esa que veo sobre tus hombros?

Asentí y me crucé de brazos.

—Dibujar en uno de los pocos placeres que he tenido.

—Entonces has conocido muy pocos placeres en la vida.

¿A qué se refería él? por la forma en que la miró no quise adivinar, pero una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo. Me sentí ignorante y no me gustaba quedar en evidencia enfrente de otros. Pero entendí que Ben hablaba más para él mismo que para mí. Aunque el instante fue fugaz porque él tenía un talento natural para hacerme pasar de la confusión a la furia en cuestión de segundos.

—¿Qué se supone que es eso? ¿Un hutt? —preguntó sin contener la risa mientras señalaba uno de mis mejores trabajos.

—¡Es un teedo!

Le quité el cuaderno muy mortificada pero no pude mantenerme seria. Su risa musical era irresistible, grave y contagiosa. Nuestras miradas se cruzaron pero él apartó la vista enseguida y yo hice lo mismo.

—Tu letra es bastante legible — ijo de repente muy serio y yo me puse a la defensiva.

—¿Te sorprende que sepa escribir? —me miró con algo de lástima pero no respondió, tal vez se arrepentía de haber sido tan duro conmigo antes o quizás estaba aprendiendo a no subestimarme—. Aprendí básico en los holos que encontré. También conozco algunos idiomas —le expliqué.

—Dices que has vivido aquí desde siempre. ¿Quiénes son tus padres? ¿Tienes hermanos?

Mi garganta se secó antes de que pudiera responder a una pregunta tan directa. Mi estómago se estremeció de dolor mientras recordaba las marcas en el duracero de mi AT-AT, contando los días desde que aquella nave me dejó en brazos de Unkar. Hice un esfuerzo por recordar algo más pero las imágenes se disolvían como fantasmas caprichosos. Se acumularon las dudas en la punta de mi lengua junto con las lágrimas en mis ojos.

Pero no pude recordar a mi familia.

—No lo sé.

Ben apartó la mirada, perdido en sus propios dolores. No estaba intentando consolarme, no era su estilo. Pero tenía una forma especial de comprender lo que me sucedía.

"No estás sola"

Su voz me llegó a través de la Fuerza, como el día anterior en medio de la tormenta. Yo quería saber cómo lo hacía y no iba a tener mejor momento para preguntar. Ben tomó aire y comenzó a hablar en voz alta, su tono confiado y tranquilo.

—La Fuerza nos conecta, Rey. Es por eso que me encontraste en el TIE. Aún no sé cómo pero estoy dispuesto a averiguarlo. Mientras tanto quiero que permanezcas a mi lado, pero no voy a obligarte a hacerlo.

Yo iba a abrir la boca para decir algo, pero no supe qué. Tal vez mi parte rebelde o mi orgullo seguían resistiendo, pero yo ya sabía que mi futuro estaba junto a él.

—Te he dicho antes que puedo ser tu maestro, no es diferente a lo que hacían los jedis con sus padawans… —Ben hizo una mueca de desprecio con la boca pero la borró inmediatamente—. Lo haremos a nuestra manera. Si tú aceptas, claro.

—¿Qué quieres a cambio?

La pregunta escapó de mis labios, un trato era un trato y yo conocía lo suficiente del tema como para no ser tan ingenua. Aquí estaba en desventaja por mi vulnerabilidad, pero al mismo tiempo no tenía nada que perder. En cambio Ben parecía esperar algo más, su urgencia por llevarme le delataba. ¿Se sentía solo también? ¿Cuáles eran sus planes?

—Jamás te lastimaría, Rey. Aunque es cierto que soy un monstruo, ya lo verás. Si vienes conmigo, te daré todo: alimento, refugio, conocimiento. Te ayudaré a buscar a tus padres si eso es lo que quieres.

Claro que quería todo eso, nadie me había ofrecido algo similar. Pero era demasiado bueno para ser verdad. Y lo que yo más ansiaba era una familia, un hogar. Me aferré a la posibilidad de encontrarlos pero también quería ser importante para él.

—Has sido obstinado, sí. Pero me has tratado con respeto, has velado por mí. No creo que seas malvado...

—Hay algo que deberías saber antes de decidir —interrumpió mi discurso como siempre que se ponía ansioso por intervenir—. Cuando te dije mi nombre no fui del todo sincero, aunque tampoco te he mentido. No sé por qué lo hice, pero fue algo tonto. No debes decirle a nadie acerca de esto —Ben hizo un gesto con su mano, como si intentara abarcar todo—. No le digas a nadie que me llamo Ben.

Me dolió un poco que admitiera su error porque estaba empezando a pensar que confiaba en mí. Pero lo que no decía era aquello que me causaba más temor.

—¿Por qué?

—Porque intentarán volverte en mi contra y eso no resultará bien para ninguno de los dos. Lo último que necesito son más enemigos.

Yo sentía que la amenaza volvía a teñir sus palabras, la advertencia me preocupaba pero estaba segura de que él no mentía, a pesar de ser incapaz de confesar todo. ¿Me convertiría en su aliada sin saber a qué nos enfrentábamos?

—Tienes muchos enemigos.

—Se podría decir que toda la galaxia está en mi contra, excepto tú. —se puso de pie y empezó a caminar de un lado a otro, ahora muy nervioso, mientras pasaba la mano por su cabello.

Me levanté también, pero me quedé en mi sitio. Me pedía una prueba de fe y yo quería creer, pero cada segundo que pasaba aumentaba mi malestar. ¿Por qué no podía evitar sentirme atada a él? Deseaba poder ayudarle casi tanto como ansiaba dominar mis poderes, esos dones que su llegada había despertado en mí.

—Cuando estemos solos puedes llamarme como quieras —agregó, dulcificando un poco el tono y con una mirada repleta de promesas—. Al menos por ahora.

Me acerqué hasta quedar a un paso de él.

—He visto lo suficiente de ti como para saber que estás en un aprieto y no eres mala persona. No puedo juzgar tus crímenes porque no los conozco y creo que no me corresponde hacerlo...

—Pero vas a descubrirlos pronto y no creo que quieras seguir a mi lado después de eso… Tal vez esto es un error… —bramó de repente y yo retrocedí un poco por instinto—. ¡Debería esconderte en algún otro planeta donde ni siquiera yo pudiera encontrarte!

Las paredes replicaron su estallido de furia con un pequeño temblor. Yo me sentía bastante desanimada por su repentino cambio de humor y aunque había soportado muchas de sus extrañas cualidades, en ese momento sentí algo que no tenía nada que ver con la empatía. Sentí que la historia se repetía, de nuevo alguien se deshacía de mí, otra vez iban a dejarme atrás.

Dejé que toda mi rabia saliera, los sentimientos que venía acumulando casi una vida entera de no quejarme, de no permitir que otros me vieran llorar. Claro que él no tenía la culpa, pero yo estaba muy herida porque cada vez que sentía que empezaba a comprenderlo, él se confundía entre las sombras, se convertía en otra persona, se alejaba de la mano que yo le tendía.

—¡Si eso es lo que quieres, hazlo! Pero no te tomes tantas molestias y simplemente vete, ¡Yo estaba muy bien antes de que tú llegaras!

Sus puños se cerraron con fuerza al igual que su boca, la ira y la angustia crecían dentro de él, yo podía notarlo. Pero también me sentía furiosa porque me estaba dejando afuera después de haberme ofrecido una pequeña posibilidad de llegar a entenderlo y con ello resolver todos mis propios enigmas.

Me preparé para su golpe, pero jamás llegó. Ben lo había dicho antes, jamás me lastimaría. En lugar de eso, abandonó el cuarto y bajó por la soga de emergencia, huyendo a gran velocidad y dejándome sola con mi enojo. Se había llevado el casco y unas mantas, como si pensara armar campamento en otro lugar, pero dejó la comida y el agua como si incluso en ese momento estuviera pensando en mi bienestar. Aunque lo primero que pensé fue que no volvería.

...

No supe más nada de él durante el resto del día y como tampoco podía quedarme de brazos cruzados, me dediqué a reparar mi deslizador. Me iría por mi cuenta en la mañana, con tormenta o sin ella, pero dejaría la mitad de las raciones por si Ben regresaba de dondequiera que estuviese.

Dormí sola esa noche, por lo menos lo intenté. Aunque su rostro se me aparecía para torturarme. ¿Estaría a salvo? ¿Había sido muy ruda con él? No me sorprendía que me hubiese abandonado cuando todos lo hacían. Pero pensé que Ben era diferente, realmente pensé que yo le importaba.

Finalmente, al amanecer cesaron los ruidos del viento y supe que ya era seguro salir. Me preparé en silencio y cargué la mochila en el deslizador. Con suerte llegaría a Tuanul para pedir combustible, ya que estaba muy lejos de Niima y mucho más de mi casa. Quizás Ben estuviera allí después de todo, cumpliendo su misión, aunque no existía forma de que llegara más rápido que yo a pie.

Eché una última mirada al espacio que él había ocupado y encendí el motor cargada de remordimientos y con muchas ganas de llorar, pero me tragué la tristeza para comenzar otro día en Jakku, otro día más, como si todo esto hubiera sido una pesadilla.

Sin embargo, algo estaba fuera de lugar. No podía precisar qué era pero lo sentía en mi cuerpo, como cuando supe que X'us'R'iia se acercaba. No pasaría mucho antes de que pudiera averiguarlo.

Por fuera del Destructor, el cielo era nuevamente azul como si nada hubiera pasado excepto por los montículos de arena y chatarra que se amontonan en algunos lugares. Todo parecía normal hasta que la sombra del Supremacy me cubrió.

Frente a mí aterrizó una lanzadera negra y una serie de stormtroopers bajaron, apuntándome con sus blásters. Al final de la línea un hombre pálido de cabello rojo y rasgos afilados me miró de arriba hacia abajo con desprecio apenas disimulado. Llevaba uniforme negro con el distintivo rojo de la Primera Orden, era la segunda figura de alto mando que conocía después de Ben, pero se veía muchísimo menos amistoso.

—¡Bajen las armas! Ren dijo que la quería sin un rasguño.

"¿Ren?" De alguna forma, supe que se trataba de él. ¿Quién más podría ser? Pero Ben no venía con la comitiva.

—Vamos, carroñera —El hombre avanzó con el mentón hacia arriba y un brillo burlón en sus ojos verdeazulados. Luego extendió una mano hacia mí—. El Líder Supremo te espera.

...

Nota de la Autora: Debido a cuestiones de la vida real he detenido las actualizaciones pero ya estoy lista para continuar! En una semana se cumple un año desde que la empecé y ya es hora de atar cabos. Gracias como siempre por leer y comentar, pero más que nada, gracias por su paciencia. 3