Los días y las semanas pasaron con rapidez, aunque sin la presencia de algún sol como referencia, era fácil confundirse. La rutina estaba programada de manera artificial, pero curiosamente eso me ayudaba a olvidar mi antigua vida, como si todo hubiera sucedido muchos años atrás. Ya no llevaba la cuenta del tiempo marcando las paredes porque de alguna forma no esperaba el regreso de mi familia, aunque una parte de mí seguía sin aceptar del todo que ya estaba a salvo.
Tenía prohibido salir del cuarto sin supervisión, sin embargo no pasaba dentro de él más tiempo del necesario para mi descanso y aseo. Empecé a frecuentar el comedor principal de la flota, en el sector asignado a los tenientes de rango menor. No se me permitía hablar con nadie a menos que un superior estuviera presente.
El General Hux y Ben eran los dos únicos seres humanos con los que había intercambiado palabra desde que llegué, el resto me echaba miradas torvas o simplemente me ignoraba. El primero seguía mostrándose amable, yo ignoraba entonces si lo hacía por orden de Snoke o tenía otras intenciones. No podría decir que me relajaba su voz chillona y sus chistes sin gracia, pero era lo más parecido a una cara amistosa que yo tenía en un lugar como ese. Porque Ben continuaba comportándose conmigo como si llevara una máscara de gélida distancia, como si le hubieran asignado una tarea tediosa que cumplía sin ganas.
Ben se ocupó de demostrarme que los papeles se habían invertido, que ahora mi supervivencia dependía de él y no al revés como en Jakku. Por lo menos así fue al comienzo.
La Fuerza, eso que me había parecido tan misterioso unos días atrás, comenzaba a revelarse ante mí de manera lenta y frustrante, pero aprendí a dominar mi impaciencia para poder llegar más lejos. El uniforme que me habían asignado me quedaba sorprendentemente bien, parecía hecho a medida, aunque no creo que el Líder Supremo se tomara tantas molestias para vestir a una carroñera rebelde. Quizás ese pequeño detalle debió ser la primera advertencia. Pero no le hice caso.
Me apena admitir que empezaba a sentirme bien por primera vez en mucho tiempo, pero no era una sensación real, era un anhelo, una ilusión. De alguna forma, la Primera Orden hacía conmigo lo mismo que con los niños separados de sus hogares, a quienes les prometían un futuro y estabilidad a cambio de obediencia y lealtad. Y funcionó bastante bien para todo el mundo durante algún tiempo, o eso logré que ellos creyeran. Presentía que algo andaba mal.
Uno de los tenientes tenía una mascota, un pájaro que por alguna razón Hux le había permitido conservar. Yo nunca había visto uno a excepción de las aves carroñeras de Jakku, por eso me pareció triste que la conservaran en una jaula, se veía inofensiva. Todos los días la alimentaban y le permitían volar un poco dentro de la habitación, no le faltaba nada. Pero sus ojos eran tan expresivos que yo sentía que no era feliz, era como si pudiera escuchar sus lamentos y sueños de libertad.
Me sentía como esa criatura. Mi jaula no era el Supremacy , yo podría haber escapado en cualquier momento si me lo proponía, sin represalias, sin remordimientos, de la misma forma en que había llegado. Pero no podía hacer eso, no podía abandonarlo. Mi jaula era Ben.
El entrenamiento era intenso y agotador. Ben era un maestro exigente y mi temple orgulloso me impedía mostrar debilidad. Quería estar a su altura, demostrarle que podía ser tan fuerte como él. Pero lo que más ansiaba era conocimiento, aún tenía muchas preguntas por hacerle. Nadie se molestaba en explicarme para qué estaba entrenando concretamente, pero a medida que mejoraba en mi técnica y concentración, eso dejó de importarme. Sabía que mientras cumpliera con sus expectativas podría mantenerme cerca de Ben, pero la verdad es que disfrutaba esos breves instantes en los que sus ojos me miraban con algo parecido al asombro.
Pero detrás de su actitud, yo empezaba a detectar fisuras. ¿Por qué en Jakku se había mostrado tan entusiasmado con la idea de instruirme si no creía en la misión? ¿Acaso él tampoco obedecía ciegamente a Snoke? ¿Qué otras cosas ocultaba?
No volvimos a encontrarnos en privado desde esa conversación del primer día, siempre que lo hacíamos había guardias de Snoke custodiando con sus rojas presencias fantasmales. Pero debo agradecer que el Líder Supremo no se dignó ni una sola vez a vernos entrenar, porque de seguro eso podría complicar todo aún más. Ya era suficiente con escuchar su horrenda voz algunas noches, en esas pesadillas que eran demasiado oscuras como para querer entenderlas. Pero no eran mis pesadillas, sino las de Ben.
Comenzaron una noche como cualquier otra, a veces eran destellos y sonidos, otras veces episodios completos. En algunos yo tenía un sable de luz como el de Ben, mi piel ardía con su resplandor rojizo. En otros lloraba hasta perder la razón. Aprendí a navegar a través de ellos, aún cuando no tenía idea de que estaba lidiando con algo más poderoso que yo. Aún cuando ignoraba que no se trataba de sueños, sino de visiones.
Necesitaba entender por qué ocurría, por qué algunas veces sentía que él estaba a mi lado cuando eso era físicamente imposible.
La mujer parecía flotar en una nube oscura que afeaba su rostro, deformándolo en una mueca maligna e irreconocible. Sus ojos brillaban de puro odio e infinita tristeza, hasta que el anillo dorado se extendió hasta cubrirlos por completo. Ben estaba ahí, frente a ella, rogándole que se detuviera. Alrededor todo era fuego y desesperación, la voz de mando de Snoke retumbaba en mi cabeza como si estuviera encerrado dentro de ella. Pero la mujer soltó una risa que me heló la sangre y giró en dirección a mí antes de atravesarme con su espada.Fue una de esas noches cuando me desperté especialmente agitada, sudando y con algo de fiebre. Sentía un dolor lacerante en el estómago y me llevé la mano a ese lugar de manera instintiva. Pero no tenía nada, solamente había sido un mal sueño, uno bastante perturbador.
Sin embargo, la sensación de malestar persistía.
Yo estaba segura de que no era una pesadilla vulgar. Se parecía a esas visiones que tuve al rescatarlo del TIE, pero al mismo tiempo eran diferentes. No pertenecían al pasado, no formaban parte de su historia ni de la mía. Eran otra cosa.
Ben.
Me levanté y corrí descalza hasta la puerta. No conocía los códigos para abrirla pero logré hacerlo al primer intento. Al parecer la Fuerza era bastante útil y conveniente en momentos desesperados. No había guardias en el pasillo y la puerta de los cuarteles de Ben estaba entreabierta. Era extraño, él jamás se fiaba de nadie, ni siquiera de Hux.
Entré y la puerta se cerró con un clic. En la oscuridad absoluta apenas podía ubicar los muebles, aunque al parecer su habitación era tan austera como la mía. Cerré los ojos, no iba a necesitarlos. Me abrí a la Fuerza para detectar su presencia, pero Ben fue más rápido o tal vez estaba esperándome.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
Sentí sus palabras tan cerca de mi oído que me recorrió un escalofrío, y aunque no hizo ademán de sujetarme, yo sabía que una de sus manos sujetaba la empuñadura de su sable y la otra estaba peligrosamente cerca de mi garganta.
—Una pesadilla me despertó. Creí que estabas en peligro —mi voz sonó bastante firme a pesar de la excitación.
—¿Qué clase de pesadilla?
Su pecho se agitaba por la adrenalina, parecía enojado de verme ahí, invadiendo su descanso. Pero algo en su forma de entornar la mirada me advirtió que sentía curiosidad por lo que yo acababa de decirle. Había encendido las luces y yo ahora notaba que apenas vestía unos pantalones largos para dormir. Intenté desviar la mirada mientras pensaba en una forma coherente de responder a su pregunta, pero mi mente era un caos y sus encantos no me estaban ayudando a reunir ni una pizca de concentración.
No tuve tiempo de responder porque Ben ya estaba poniéndose su armadura y presionando el código para salir de la habitación. Su tono autoritario no dejó lugar a réplica.
—Quédate aquí. No hagas ruido.
Hice lo que me pidió porque estaba demasiado cansada como para resistirme. El entrenamiento de esa mañana y el esfuerzo por llegar hasta él me habían dejado extenuada. Me dormí en un cómodo sillón de cuero que, como todo en su habitación, olía a Ben. No sé exactamente cuánto tiempo pasó antes de que despertara de mi letargo, pero cuando abrí los ojos, él me estaba mirando desde el otro extremo de la habitación con una expresión indescifrable.
—No debes decirle a nadie acerca de esto. Ni una palabra.
—Pero... —me incorporé con toda la gracia que pude, aguantando las punzadas de frío en mis pies contra el piso de duracero con dignidad—. Alguien está intentando atacarte, o lo hará pronto…
Ben se pasó una mano por el cabello y soltó el aire que estaba aguantando en sus pulmones. Me miró a los ojos una fracción de segundo antes de alejarse de nuevo hasta su cama, tomó sus botas y me las ofreció. Le agradecí con un gruñido porque odiaba ser tan transparente en mis emociones, pero él no hizo ningún comentario sarcástico esta vez. Se veía abatido.
—Tranquila, nadie está detrás de mí. Tal vez sólo olvidé cerrar la puerta. No volverá a suceder. Sólo procura no decirle a Snoke acerca de tus… pesadillas.
—Él no puede hacerme daño.
—Sí, claro que puede. —contestó él con una sonrisa triste mientras se sentaba en su cama—. Pero te ayudaré a evitarlo. Debes mantener el secreto. No dejes que él lo sepa.
—Entonces, ¿Tú también lo has soñado?
Se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa.
—He tenido pesadillas desde siempre, lamento que hayas tenido que presenciar eso. Al parecer lo produjo el contacto estrecho de las últimas semanas —esbozó una media sonrisa que jamás se hubiera permitido frente a la guardia pretoriana—. Debí advertirte que no todo sería tan encantador.
Tenía ganas de decir tantas cosas, pero no podía hacerlo. él siempre tendría la última palabra y jamás revelaría más de lo conveniente. Aún así me sentía feliz de recuperar la complicidad pero tenía miedo de que él saliera lastimado. Veía una chispa de esperanza allí, él estaba intentando dar un paso hacia mí. Su explicación me convenció a medias, pero decidí dejar de insistir por el momento. Mordí mis labios y giré para dirigirme a mi cuarto. Pero su voz implorante me detuvo.
—Rey. No te vayas, no camines a mi lado como si fuéramos extraños.
—¿Qué debo hacer entonces? —dije, de repente muy enojada—. Me pides que mantenga una distancia que ni siquiera comprendo, pero cuando estamos solos te muestras comprensivo y protector. Incluso me haces partícipe de tus conspiraciones y tienes el descaro de bromear al respecto. ¿Qué es lo que está sucediendo realmente? Tal vez siga siendo una carroñera vulgar, pero no soy tonta...
Mientras yo hablaba, él se había acercado lentamente. No es como si yo no supiera entonces lo que su cercanía me producía, después de todo llevábamos semanas luchando cuerpo a cuerpo. Pero ahora estábamos solos y mis emociones a punto de explotar como una celda de energía.
Extendió su mano y yo me moví con pesadez, puse mi mano sobre la suya con lentitud abrumadora, o tal vez era mi corazón que amenazaba con salirse de mi pecho con sus latidos alocados. Él colocó su otra mano sobre la mía y me apretó los dedos con ternura antes de pronunciar las siguientes palabras.
—Sabía que me harías bien de algún modo. Lo supe desde el momento en que abrí los ojos en ese AT-AT. Algo nos conecta, Rey.
Su rostro estaba tan cerca que sentía su respiración como una caricia, nuestra diferencia de altura ahora se equilibraba por las botas. Eso era de lo más inconveniente, porque hacía que nuestras bocas estuvieran a escasos centímetros y yo contenía los temblores de mi cuerpo con penosa voluntad. Ben, en cambio, parecía estar en completo dominio de su ser.
Las alarmas en mi mente se dispararon. Algo estaba fuera de lugar.
—¿Me dejas así?
—Tengo frío —fue todo lo que atiné a decir, pero no era cierto. Tan solo estaba siendo cobarde.
Ben extendió su capa sobre mis hombros y me dejó escapar hasta el dudoso refugio de mi cuarto.
No volvería a verlo en varias semanas.
