El General Hux me lo confirmó al día siguiente cuando lo encontré en el puente de mando dando órdenes a diestra y siniestra. Aunque yo presentía que algo andaba mal por el frío que nada tenía que ver con el aire reciclado de la nave.
—¿No te lo dijo? —Hux no despegó la vista de su datapad mientras contestaba mis preguntas—. Kylo fue hasta Varnak a buscar a los Caballeros. Voe está con ellos.
—¿Quién es Voe? —No pude evitar preguntar. Yo sabía algo de los Caballeros de Ren por las insinuaciones de Snoke, pero este nuevo nombre no me resultaba familiar.
—Es una ex jedi que se quedó sin maestro y juró lealtad al lado oscuro el mismo día que Ren. Podría decirse que son muy unidos —agregó Hux con una sonrisa torcida—. Al parecer Snoke tiene intenciones de verlos colaborar en alguna nueva misión, pero si se me permite una conjetura, creo que a Kylo en realidad le gusta ella. Se conocen desde hace mucho tiempo. Ella es poderosa y hasta donde sé, es la única que lo ha vencido en un entrenamiento. Él es diferente cuando está con ella, no lo reconocerías.
Sentí un vuelco en el estómago mientras intentaba asimilar la información. Aunque me hubiera encantado, no podía refutar a Hux y eso era lo que más me molestaba, porque durante nuestras sesiones de pelea jamás había logrado derrotar a Ben. Estaba segura de que no se trataba solamente de mis inseguridades advirtiéndome que los pronósticos de Hux podrían cumplirse, algo se escapaba en los márgenes de mi mente y me hacía sospechar lo peor.
¿Sería la tal Voe la mujer de las pesadillas? ¿Era por eso que Ben la protegía? ¿Qué tenía que ver Snoke con ella? ¿Qué clase de relación tenían?
Sentir celos no era parte del plan, pero eso fue antes de saber que tenía sentimientos profundos hacia Ben. ¿Por qué otra razón seguía yo en ese lugar? Aunque llegué a comprender que él tenía varios rostros además del que simbolizaba su máscara. Cuando nadie más que yo lo miraba, se volvía vulnerable. Lástima que eso no iba a volver a ocurrir pronto y con sus invitados no tendría siquiera oportunidad de acercarme de nuevo.
—¿Esperan que vuelva pronto? —me tragué mi orgullo para que Hux no notara lo infeliz que era.
—No lo creo. Ellos tienen el privilegio de no tener prisa. El Líder Supremo tiene a sus aprendices bastante consentidos. Puede que vayan a Mustafar o a Exegol, quién sabe. Tal vez no vuelvan hasta dentro de unos cuántos meses.
No obtuve más respuestas del General ese día, porque los preparativos de una misión ocuparon todo su tiempo. Entonces me dediqué a entrenar hasta que cada músculo de mi cuerpo implorara por un descanso, me ocupé en aprender todo lo que pudiera serme de utilidad, estudié toda clase de idiomas y me esforcé por entender el funcionamiento de la rutina del Supremacy. Pero nada de esto podía quitarme de la mente a Ben y cuánto extrañaba su presencia a bordo. La Fuerza parecía esquivarme cuando él estaba lejos, como si fuera un dispositivo que solamente podía funcionar en sintonía con él.
La información a la que podía acceder era bastante limitada, pero mi tiempo hurgando en tecnología de destructores estelares me ayudó a desbloquear los sistemas de seguridad para acceder a la DarkNet sin que saltaran las alarmas. Así fue como me enteré de que existía la Resistencia.
La Primera Orden era una organización extensa, cuyas raíces parecían tener origen mucho antes de la época del Imperio. Pero yo estaba empezando a comprender que no todos sus integrantes eran fanáticos ciegos, muchos tenían dudas que no expresaban en voz alta por miedo a Snoke. Al igual que yo, tenían sus motivos para soportarlo. Al igual que yo, tenían personas dentro de la Primera Orden a las que querían salvar. La Resistencia era un insecto molesto al que debían aplastar, insignificante con sus pequeños golpes y sus ideas rebeldes, al menos esa era la información que se transmitía todas las mañanas a los tripulantes en grandes y estruendosas holopantallas. Yo no me fiaba de la propaganda, aunque lamento decir que tampoco me importaba demasiado lo que sucedía afuera de esas paredes de duracero porque mi vida se reducía al presente y a lo que podía llegar a significar en la vida de Ben.
No vale la pena relatar la monotonía de los días que siguieron, lo insípidos que se me hacían mientras esperaba. Comencé a abrigar la idea de escapar, empezar una nueva vida lejos de allí, descubrir quién era yo realmente. Claro que a esas alturas tenía todo a mi alcance para cumplirlo, podía escabullirme y robar una nave junto con algunas provisiones, marcar las coordenadas de alguno de esos planetas que no figuraban en los mapas de dominación de la Primera Orden. No le tenía miedo al Líder Supremo, pero no podía ni quería hacer nada de eso sin Ben.
Armitage jugaba su propio juego en ese lugar aunque jamás quiso dañarnos a Ben ni a mí. El tiempo me permitió reunir las piezas que faltaban para comprender que no era del todo devoto a Snoke y que tenía una gran deuda con Kylo Ren, una que hasta el día de hoy permanece en el misterio. De todas formas no podía considerarlo mi amigo pero sí un aliado temporal. Parecía complacido de tener alguien que escuchara sus quejas y le ayudara a reparar droides descompuestos de vez en cuando. El General no tuvo reparos en contarme que conocía a Ben desde algunos años atrás, pero sonrió enigmáticamente cuando quise saber acerca de su identidad anterior, de su familia. Me dijo que no lo sabía, por supuesto que mentía y yo iba a descubrirlo más adelante.
Algunas semanas después, ellos regresaron.
La tripulación estaba inquieta, yo podía escuchar y sentir cada uno de sus pensamientos con claridad y sin necesidad de que los expresaran en voz alta. Intenté no dejarme llevar por el pánico, aferrada a la idea de que Ben seguía siendo aquel hombre perdido en Jakku detrás de la figura Kylo Ren. Aunque debo confesar que daban una terrible primera impresión con sus rostros inexpresivos de máscara y sus armas, apenas podía distinguir a Ben del resto de ellos con ese casco de beskar que había diseñado él mismo y que rara vez utilizaba en mi presencia.
Voe era la única que no se cubría el rostro y lucía con arrogancia digna de una princesa su cabello blanco trenzado y su piel oscura. No me costó reconocer que era hermosa, que se movía en ese lugar como si hubiera nacido para ser misteriosa y letal. Sin embargo, eso no la hacía más agradable ante mis ojos. Su presencia ponía en relieve cada una de mis debilidades, mis defectos físicos, mi falta de experiencia. Ella tenía todo lo que yo pensaba que podía gustarle a Ben, o al menos todo lo que podía servirle en sus propósitos. Aún desde lejos y sin cruzar palabra con ella, me transmitió con una simple mirada que era la clase de persona que siempre conseguía lo que deseaba sin importar lo que costase, ni quien se interpusiera en su camino.
El Líder Supremo solicitó verlos de inmediato en lo que sería una Reunión de Bienvenida. No me moría de ganas de ir, de hecho prefería permanecer al margen de todo. Hasta el momento había tenido bastante suerte en mantenerme fuera del radar de interés de Snoke. Ignoraba entonces que Ben me estaba protegiendo.
Traté de concentrarme en una simulación de batalla para calmar mi ansiedad y reforzar mis habilidades, pero no tenía remedio. Mi mente no dejaba de torturarme, o tal vez eran mis celos. Fallaba cada objetivo y me enojaba cada vez más, hasta que el General Hux interrumpió mi deficiente desempeño para entregarme nuevas instrucciones: Kylo Ren requería mi presencia también, quería presentarme a sus Caballeros.
—Me ha ordenado decirle que si te resistes, vendrá él mismo en persona a buscarte.
Hice una mueca desafiante pero no intenté rebelarme. Al menos tendría oportunidad de volver a verlo en un contexto diferente, podría hacerme una idea de otra faceta de su carácter.
Después de una ducha rápida que me quitó el sudor y el cansancio, me debatí entre usar o no el uniforme que me habían asignado. Una parte de mi quería recordarle que yo no había cambiado, la otra estaba más inclinada a superar sus expectativas. Me dejé el cabello suelto excepto por un moño simple que sujeté detrás de mi cabeza y me puse el traje sin poder evitar sentir que era como un disfraz. El espejo me devolvió una imagen distorsionada de lo que yo creía que era, lo suficientemente normal como para pasar desapercibida en ese mundo de metal como una tripulante más. Una tripulante sensible a la Fuerza.
Armitage me guió hasta una parte del Supremacy en la que nunca había estado pero reconocía por los mapas, una sala de conferencias con una gran mesa ovalada. No se trataba de una reunión estratégica sino más bien de un agasajo para los recién llegados con comidas y bebidas exóticas. Algunos oficiales de alto rango conversaban alegremente en un rincón y echaban miradas furtivas a los Caballeros del otro lado que apenas se movían y no hablaban en absoluto. Yo sentía sus miradas penetrantes y curiosas debajo de sus máscaras, entendiendo que no se trataba de espectros sino de presencias de carne y hueso que podrían acabar conmigo si hacía algo mal.
Snoke no había llegado todavía, pero todos mis sentidos estaban puestos en la pareja que parecía dominar la sala con su magnetismo.
Apenas entré, Voe me miró de arriba a abajo con arrogancia, mientras compartía una conversación privada con Ben frente a la gran ventana que daba al espacio. Su brazo se entrelazaba con el de él y debo admitir que se veían muy bien juntos. Ella era casi tan alta como Ben y se había puesto un vestido largo que resaltaba sus curvas. La rica tela de color carmesí se abría en su pierna derecha, justo por debajo de la cadera revelando su cuerpo firme y ágil, producto de años de entrenamiento. Llevaba un escote pronunciado que me hizo sentir por primera vez en la vida que mi cuerpo no tenía gracia en comparación.
Odié cada segundo de esa reunión.
—Ben, ¿por qué no me dijiste que habías comprado una mascota en tu viaje a Jakku? ¿Qué hace exactamente ella aquí? ¿Es tu esclava o algo así?
La familiaridad con la que lo trataba me hizo enojar casi tanto como su desdén. Sabía que se refería a mí, a mis extrañas circunstancias. Mi garganta se cerró y me sentía mareada.
—Rey es mi aprendiz —contestó él sin siquiera mirarme, como si yo no estuviera ahí. Si le molestaba la cercanía de Voe, no se le notaba.
—Ya veo. Bueno, ya veremos qué es lo que puede hacer. Seguro que estás trabajando mucho para sacar algo de ella. Parece poca cosa…
El tema se agotó allí mismo y ella dedicó sus atenciones a Ben, descartando mi presencia por completo.
Mis inseguridades salieron de nuevo a flote mientras intentaba reprimir alguna respuesta. Me sentía fuera de lugar, me sentía tonta por haber creído que todo iba a ser como antes o que tenía alguna posibilidad de ser una igual para Ben, al menos de que él me considerara su amiga.
Tenía que salir de ese lugar de inmediato o lastimaría a alguien, sentía la furia de aquel día con X'us'R'iia. No me quedaría a escuchar cómo mis ilusiones se destruían.
Nadie notó que me escabullía por la puerta, nadie excepto Ben.
—Rey. ¿Qué ocurre?
Su voz congeló mis pies en el lugar, no era capaz de ignorarlo. Me di vuelta para enfrentarlo. No le había dirigido la palabra desde nuestro último encuentro en su habitación, no había tenido un momento a solas desde que llegara con sus invitados. Intenté que las sensaciones de esa noche no fueran demasiado evidentes y construí una exitosa barrera mental para que él no lo supiera.
Se había cambiado la armadura por una túnica negra exquisitamente confeccionada que flotaba a su alrededor dándole una presencia aún más inalcanzable. Parecía en verdad un príncipe. Se había peinado el cabello hacia atrás y me miraba con el ceño fruncido, su voz áspera me confirmó que no le agradaba mi huída.
—Estoy cansada —mentí con un tono tan gélido como el suyo.
Avanzó unos pasos hasta quedar a un metro de mí. Pensé que iba a obligarme a regresar. No lo hizo.
—Puedes retirarte por esta noche, pero mientras los invitados estén aquí, quiero que estés cerca. Son órdenes del Líder Supremo —era como si estuviera dando una una orden a un droide.
Quise gritarle en la cara que me importaban un kriff Sus invitados, pero no pude hacerlo. Entendí que la farsa que sosteníamos tenía algo de verdad: ambos éramos prisioneros en el Supremacy.
Asentí lo suficientemente rápido como para que no viera mis lágrimas y me encerré en mis cuarteles de inmediato. Me quité el uniforme como si me quemara la piel y me vestí con algo más parecido a mi atuendo de Jakku. No me habían permitido conservar nada, pero encontré una túnica de color claro que parecía más un camisón y me acurruqué en un rincón.
Las lágrimas que tanto me había costado aguantar, ahora se resistían a salir, así que me recosté en una silla y retomé mi abandonado hábito de dibujar. Al terminar su retrato, los ojos de Ben me miraron con burla desde el papel y me acompañaron durante unas breves pero intensas pesadillas.
Más tarde, no estoy segura de cuánto tiempo después, escuché un grito y luego unos golpes en la puerta. En realidad fue un solo golpe seco, como si algo o alguien se hubiera arrojado contra la pared. Corrí hasta ella y la abrí sólo para comprobar que era él.
Ben se incorporó con dificultad. Estaba herido, apenas podía caminar. Le costaba mantenerse consciente.
No perdí tiempo en preguntas. Lo llevé hasta mi cama y lo acosté allí para poder revisarlo. Le quité la ropa como pude, traté de dejar de lado la atracción que sentía por él para concentrarme en asistirlo.
Tenía una gran cicatriz que comenzaba en el ojo derecho y se extendía de manera intermitente hasta la cintura. La herida era profunda pero la sangre estaba seca como si hubiera cicatrizado durante el impacto, sospeché que se trataba de una herida de sable láser. Me estremecí por el dolor que él debía estar soportando.
¿Acaso una pelea con Voe le había causado esto?
No.
Snoke.
—Cuando él llegó y vio que no acudiste se molestó muchísimo. Le dije que no estabas lista para una demostración. Me temo que no fui demasiado convincente.
Luego de su explicación, entrecortada por la falta de aliento, hizo una sonrisa triste y perdió el conocimiento.
Tenía que llevarlo hasta el ala médica, pero por alguna razón él había llegado hasta mi cuarto en vez de buscar ayuda en otro lugar. Tal vez se sentía avergonzado o necesitaba ocultar lo que había sucedido entre él y el Líder Supremo.
Cerré los ojos, buscando entre mis recuerdos un curso a seguir cuando parecía que no podría hacer nada por él. Recordé su primera noche en Jakku y cómo lo había curado con la Fuerza, me dejé llevar por esa sensación de paz que me conectaba con ella. Imaginé que era una puerta y que esa puerta se abría para mí, rodeándome para llegar hasta él. No era tan poderosa como para borrar de manera permanente la huella de la pelea, pero logré calmar su dolor y cerrar la herida. Mientras eso ocurría, no pude evitar echar un vistazo a su mente. Necesitaba saber por qué me estaba protegiendo y qué le atormentaba tanto.
Pero no encontré lo que estaba buscando.
...
Las llamas cubrían todo el espacio, apenas podía respirar. la risa escalofriante y familiar estaba allí. Ben temblaba y miraba sus manos, arrodillado en el suelo. En un costado había una nave hecha pedazos, los restos de un ataque o una explosión. Sin sobrevivientes. Él se puso de pie y giró. Su mirada se fijaba en algo detrás de mí. Empuñó su sable y el resplandor rojo iluminó un brillo salvaje en sus ojos. No parecía el de siempre.
—¿Qué crees que va a suceder cuándo ella descubra lo que hiciste? ¿Por qué debería perdonarte cuando le has quitado todo?
La voz era imprecisa, indefinida. Resonaba en aquella pesadilla haciendo pedazos la voluntad de Ben, invadiendo todos los rincones de mi mente, causándome el mismo dolor que él sentía.
Entonces volví a ver a la mujer, pero no se parecía a Voe.
...
Salí del trance justo antes de poder reconocerla. Ben estaba consciente de nuevo y se retorcía incómodo. Creí que estaría molesto por mi atrevimiento, pero en realidad estaba preocupado.
—Ben ¿Quién es ella? ¿Por qué quiere lastimarte?
—No estás en peligro… ella… no puede hacerte daño.
Se incorporó hasta quedar sentado en mi litera. Su cuerpo recuperaba la fortaleza de antes como si no le hubieran dado una paliza. Su mente, sin embargo, seguía atribulada.
—¿Es Snoke quien te envía esas visiones? ¿Por qué dejas que él te torture de esa forma? —insistí.
—No puedo decirte.
—¿Por qué…?
—Arrastro un error terrible de por vida. Su consecuencia arruina mi existencia. Durante años he intentado evadirlo. Pero conocí a una persona que con su presencia amable me ha devuelto la esperanza.
Pensé que se refería a Voe ¿quién más podría ser? Me crucé de brazos, obligándome a escucharlo sin decir una palabra de protesta porque se trataba de sus sentimientos y no de los míos, y además nunca le había visto tan vulnerable.
—Dime —continuó él, animado por mi silencio—. ¿Es justo pensar que merezco felicidad?
—¿Qué es lo que te detiene? —pregunté con un nudo en la garganta.
—Ella no me miraría de la misma forma si supiera lo que hice, la vida que perdió por mi culpa.
—Ella eligió su destino, no es tu culpa. Nadie le obligó a elegir esta vida, su ambición por el poder lo hizo.
—¿De quién crees que hablo?
—Voe.
—Oh, Rey… —se echó a reír pero su expresión cambió al sentir dolor en la herida—. Siento que puedo hablarte de mi amor, porque la conoces... —Ben extendió una mano para acomodar un mechón de cabello suelto detrás de mi oreja—. Ella es espontánea, libre. ¿Has visto alguna vez a un pájaro?
Pensé que no podía referirse a los pájaros carroñeros de Jakku. Creí que estaba delirando, tal vez se había intoxicado con algo o mi curación le había dejado secuelas. De todas formas no necesitaba oír el catálogo de las cualidades de su amada y había tenido un día largo.
—Necesitas descansar. Te llevaré hasta tu habitación.
—¿Puedo quedarme contigo?
"Por favor."
Envió las palabras directo a mi mente. Sentía su desesperada soledad que era un reflejo de la mía. Me necesitaba tanto como yo a él.
—Está bien —acepté a regañadientes— dormiré en el suelo.
—No, ven aquí.
Nuestras miradas se cruzaron, sentía mis mejillas arder pero él no hizo ningún comentario al respecto. No había rastro de burla en sus ojos, de alguna manera quería decirme que no tenía nada que temer. Su anhelo podía ser tan fuerte como el mío, pero no cruzaría los límites que él mismo se había impuesto.
—No creo que compartir una cama sea correcto para un Maestro y su Aprendiz —le dije, intentando bromear un poco para apaciguar mis nervios. Sin embargo, hice lo que me pedía.
Me acomodé junto a él de manera que no rozara su herida ni cualquier otra parte de su cuerpo, lo cual era difícil porque mi cama no era adecuada para ambos. Ben no hizo ningún intento por tocarme, solo cerró los ojos y se llevó las manos detrás de la cabeza.
—Te advertí que el entrenamiento no era convencional —respondió sonriendo y luego suspiró—. Y no, Rey. Jamás haría nada que no quisieras. Es que... no quiero estar solo esta noche. Eso es todo.
Apagó las luces presionando unos botones con la Fuerza y se cubrió con una manta, extendiéndola para que yo no pasara frío tampoco. No había nada romántico en la situación, y sin embargo, yo caminaba por una cuerda floja. Me sentía segura con él, aunque la sensación agradable de tenerlo tan cerca se mezclaba con el dolor que me había causado su actitud de horas antes, su frialdad y su indiferencia.
—¿Qué hay de Voe?
—¿Qué pasa con ella? —murmuró casi dormido, cerca de mi oído. su voz ronca me hacía cosquillas.
"¿Le amas?"
No podía formular la pregunta en voz alta, aunque no hubo necesidad de avergonzarse porque él ya se había dormido de nuevo, esta vez tan relajado que su calma me contagió y pronto me rendí también al primer sueño tranquilo en mucho tiempo.
