Stan Marsh:

Supuse que la respuesta de Ken, se debió a que esa tarde seguramente me vió masajeando la salchicha en cuestión de segundos por encima de las ropas en favor a lo que estábamos viendo, sin mencionar lo que dije en la hora de receso. A lo mejor me estaba contrariando y en el fondo sabía que está oportunidad no se presentaba todos los días.

—Aaaahh... ¿Sí? —Pregunté al mirarlo fijamente a los ojos y convencerme a mí mismo lo que deduje con anterioridad—.

—Sí... Entonces, ¿Qué dices?

—Está bien... Bésame.

Kenny acercó sus labios a los míos, en una posición incómoda y a la vez directa, de chupar nuestros bordes como fruta. Excitante a la hora de imaginar un espacio solitario que pudiéramos pasar a un segundo nivel, de poder montarme en sus piernas y continuar con el beso que se prolongará durante el viaje; pero la realidad aconseja abrir los ojos y ver que uno de nuestros compañeros se dió cuenta de lo que estábamos haciendo.

—Kenny, nos están mirando —Susurré tras cortar el beso al acomodar mi cuerpo nuevamente contra el espaldar de la silla—.

El rubio dirige la mirada hacia el otro lado del bus, fijándose que para él no era gran cosa, quién estuviera mirando.

—¿Seguimos? Ellos están haciendo lo mismo.

Fruncí el entrecejo, aprisionando la zona con mis dedos índice y pulgar, durante unos segundos que agaché la cabeza por un momento.

—¿Qué... No te gustó?

—No, es eso Ken... Sino que...

Enmudezco lo que voy a decir al alzar la mirada y ver que se acerca el maestro de Biología en ese instante a mirar lo que estábamos haciendo los estudiantes de la parte de atrás del bus. Kenneth frunce el ceño al acomodarse bien contra el espaldar de la silla, apartando la vista de mi presencia por no haber cumplido su capricho.

—Ahora Ken, no seas caprichoso —Hablé a lo bajo que tan solo él entendiera—.

McCormick voltea a verme, esbozando una pequeña sonrisa que le correspondo de igual manera, aunque con las ganas de cogerlo y darle un beso.

Fin de Stan Marsh

Pasados de unos minutos, el bus llega a su destino. El maestro de Biología anuncia que es hora de descender del transporte, esperándolos afuera reunidos en cinco minutos.

Stan sale detrás de Kenny, siendo casi los últimos en bajar del transporte y reunirse con sus demás compañeros en el círculo que habían formado con sus propios cuerpos. McCormick aprovecha a apretarle la nalga al menor, estando ansioso por querer disfrutar en su boca, todo ese placer prohibido en minutos.

El pelinegro sobresaltó de manera que sus mejillas se ruborizaron a tal punto que habló en voz baja, quejándose por la acción del contrario.

El rubio sonríe ladino al apartar la mirada del bottom.

—¡Hágase el pendejo! —Exclamó el pelinegro en voz baja al dirigir la mirada hacia varios lados, disimulando que nada pasó frente a varios ojos que lo estaban mirando—.

—¿Alguna pregunta? —Intervinó el maestro de biología, tras dar las pautas necesarias sobre la salida ecológica para que tuvieran en cuenta cada detalle que les serviría para su ensayo.

—Todo está claro... —Respondió Wendy al levantar la mano y dirigir la mirada hacia varios de sus compañeros que muchos le quedaron mirando y fijarse por unos cuantos segundos lo que hacía su ex.

—¡Bien! Entonces, formen grupos de cuatro personas —Ordenó su maestro al romper el círculo—.

Como era de esperarse el grupo de Stan se reunió estando cerca al de Craig, Stan aprovechó un poco el desorden para llamar al pelinegro del sombrero de chullo azul, en privado.

—¿Qué quieres? —Cuestionó Craig—.

—Lo que viste, por favor no quiero que lo comentes con nadie —Demandó Stanley con una voz sutil—.

—¿Por qué? Yo no sabía que eras bi... ¡Vamos Marsh! Controla más bien, ahora tu novio, se ve que el pobre está ansioso por joderte.

—¡No jodas, Craig! Solo quiero saber lo que te pedí...

—Sí, sí...Tranquilo, despreocúpate por eso. Más bien, atiende bien a Kenny... Adiós...

Stanley se apartó de aquel pelinegro que ya lo estaba jodiendo con su novio, cosa que le dió algo de gracia al enfocar la mirada en esos tres que lo miraron con intriga, pretendiendo averiguar qué habló con Tucker, ya que no es algo común que ellos conversen.

—¿Nos vamos? Los demás grupos están comenzando a apartarse de nosotros para conocer el parque.

—¡Sí! ¿Por dónde vamos? —Preguntó Kyle al mirar por los alrededores del parque ecológico—.

—Adentro de los árboles —Respondió Kenneth al descargar el antebrazo del hombro del pelirrojo—.

—Estoy de acuerdo. Necesito ir a cagar —Anotó Eric al sentir que necesitaba rápido un baño—.

—¡Oh no, culo gordo! Aquí no vas a ensuciar el pasto de tu sucia mierda —Reprochó Kyle de inmediato, partiendo hacia el lugar donde el rubio señaló anteriormente—.

—Disculpa, estúpido judío; pero yo no voy a ensuciar mis pantalones por tu culpa, además esto le sirve de abono para las plantas. Hay que aprender de la biología... —Replicó Cartman—.

—¡Vete a la mierda! —Espetó Broflovski al fruncir el entrecejo—.

—Chicos... Recuerden que hay casas rodantes por acá cerca, ustedes pueden ir y nosotros vamos tomando fotos —Intervinó Stan al dirigir rápido la mirada en el rubio, sabiendo lo que realmente iban a hacer—.

—Está bien... Veo que no tengo opción —Reprochó el pelirrojo, sintiéndose que todo iba en su contra—.

—Ve Kyle, ahora nos vemos —Dijo Stan.

—¡Sí, ya! Y, ¿Qué voy a aprender de esta excursión? Aguantarle la mierda al gordo. Mientras, que ustedes sí disfrutan de este lindo paisaje —Se quejó el pelirrojo al comenzar a apartarse de la parejita de amigos—.

—Vamos, no seas exagerado —Respondió de nuevo el pelinegro—.

Kyle levantó su brazo, tras darle la espalda a Stan y Kenny, señalando con un ademán que ya había aceptado lo que le tocaba.

Los chicos comenzaron a apartarse más de la vista de los presentes, fingiendo estar interesados en la labor encomendada del maestro o más que todo Stanley, quien iba tomando fotos del hábitat natural del parque con su celular; mientras Kenny observaba el lugar adecuado para cumplir su tarea de placer sexual.

Caminaron algo ansiosos por encontrar un lugar perfecto, ayudado por un beso que se pronunció durante el camino, en medio de una cerca que conducía a un bosque más profundo. Kenneth sentía que sus hormonas estaban poniéndose más calientes de lo que ya estaba... rápidamente visualizó un árbol grande que daba mayor sombra para acorralar al menor y que él mismo se bajará los pantalones, dejando a la vista del top su hermoso paquete.

Cómo acto seguido, el rubio se agachó, dejando que las rodillas tocarán el frío y húmedo suelo del pasto, que más tarde vería su pantalón embarrado por lo que ahora estaba disfrutando. Él no tenía prisa, es más no le importaba si lo llegarán a mirar; pero Stan entre gemidos que lanzaba se notaba un poco ansioso por la misma razón en que Kenny analizó acerca de dónde se encontraban.

Una lamida tras otra, Stanley agarró los cabellos rubios de su compañero entre sus manos queriendo calmar esa ansiedad que ahora lo estaba incomodando; pero dentro de sí, sabía que Kenneth era un horno muy difícil de apagar.

—Kenny, ¡Dios mío! Me estás mordiendo —Clamó el pelinegro de ojos azules, entrecerrando sus ojos y encontrar la forma de relajarse, al mirar que el mayor le estaba apretando el falo con sus dientes—.

—Discúlpame, bebé... —Respondió el rubio al levantar por un segundo la mirada —¿Me lo atiendes o ya te vas a venir?

—Creo que ya me voy a venir.

Kenneth sonrió al seguir con su labor, sabía que debía retener ese líquido espeso y blanquecino en su boca para que el contrario lo besará, experimentando ese sabor a uva en sus cavidades bucales, dejando que por varios segundos rebotará de un lado para otro con la finalidad de que alguno se lo tragará.

Está era la fantasía de Stan a la que bautizó copito de nieve.