CAPITULO 2
Mako pensó que se trataba de una más de las fanáticas locas que Bolin llevaba a la arena todo el tiempo, ni siquiera se molestó en voltear a verla, tenía que pensar en sus rivales, en sus movimientos, en la estrategia para ganar el encuentro de pro-control, estaban muy cerca de su objetivo y una chica más, aún una tan hermosa, no valía la distracción. Ella no pudo perderlo de vista durante todo el encuentro, la forma en la que se deshizo de los rivales y obtuvo la victoria para su equipo la impresionaron, y ella no se impresionaba fácilmente. Su nombre era Mako y era el muchacho más apuesto que ella, el Avatar Korra, había conocido en su vida.
Le decepcionó que él se fijara en ella hasta que se presentó como el Avatar, pero era algo a lo que estaba acostumbrada. Mako llenó sus pensamientos desde entonces, se sentía extraña pensando en él como una adolescente tonta, era una adolescente, pero ella debía poder resistirse, era el Avatar después de todo, la persona más poderosa del planeta.
- ¿Quién es Mako? – le preguntó Ikki después de la meditación de esa tarde.
Korra se sonrojó al escuchar el nombre.
- Es… es el capitán de los hurones de fuego, mi equipo de pro-control, ¿por qué lo preguntas?
- Te quedaste dormida durante la meditación y sólo repetías su nombre – dijo Jinora sin despegar los ojos de su libro.
- Es porque me vuelve loca – dijo Korra exasperada – es un pesado, pedante y… y me vuelve loca.
Y la volvía loca, pero de una forma desconocida e intensa. La volvía loca porque lo veía todo el tiempo, pensaba en él todo el tiempo, incluso mientras dormía su imagen la perseguía.
El día que Korra lo vio aparecer del brazo de Asami Sato el mundo casi se derrumbó a sus pies. Él estaba interesado en alguien que era completamente opuesta a ella, Asami era elegante, sofisticada y millonaria, no podía competir contra eso, pero aún así lo intentó. Le quedaba claro que Mako era el hombre de su vida, y a pesar de que los hechos le decían lo contrario, algo dentro de ella, su intuición de Avatar, o sólo el hecho de que le gustaba demasiado, le decían que estaban hechos el uno para el otro.
- Lo siento, pero yo no siento lo mismo – le dijo él.
- Olvida lo que dije – tuvo que decir ella con el corazón hecho pedazos.
Sus lágrimas caían al mar y desaparecían sin dejar rastro, el viento trataba de consolarla acariciando su rostro, pero no había consuelo posible. No tenía el valor para olvidarlo y no tenía el valor para enfrentar lo que su rechazo significaba.
- Si te digo que pasará, ¿me creerías? – le dijo una voz que la hizo sobresaltarse.
Secó sus lágrimas de prisa, odiaba parecer vulnerable, sobre todo ante extraños. El muchacho se acercó y le ofreció un pañuelo.
- No sé quién eres, pero no deberías estar aquí a esta hora. No creo que a los guardias del Loto Blanco les gusten los extraños.
- Confía en mí, no les importará – dijo el muchacho sonriendo.
Korra sintió que su corazón se aceleraba, la sonrisa de ese muchacho le pareció extrañamente familiar, pero nunca lo había visto en su vida. Era un muchacho alto y fuerte con los ojos grises más luminosos que había visto en su vida, y a pesar de ser un desconocido le inspiró confianza.
- Estaba a punto de ir a dormir, creo que ha sido suficiente de sentirme miserable por hoy – dijo Korra secando sus lágrimas.
- ¿Le harías un favor a un desconocido insolente?
- Qué más da – dijo Korra cruzándose de brazos.
- ¿Podrías sonreír sólo un segundo? Estoy seguro que tus ojos son aún más bonitos cuando sonríes.
- Eso es algo bobo, ¿no crees? – dijo Korra que no pudo evitar sonreír.
- Buenas noches Korra – dijo el muchacho dedicándole otra sonrisa.
Korra le dio la espalda para llamar a Naga que dormía a pocos metros y cuando lo buscó para preguntarle su nombre, se había marchado.
Volver a las prácticas de pro-control fue una verdadera tortura para Korra, habría renunciado de inmediato, pero Mako y Bolin dependían de ganar los encuentros para subsistir. Hubiera sido ruin abandonarlos por haber sido impulsiva y salir lastimada en el intento. Mako nunca la había alentado.
Ver a Mako con Asami no se hacía más sencillo con el paso de los días. Cada día parecían más enamorados y a Korra se le hacía más difícil no desmoronarse. Tampoco su entrenamiento de aire-control ayudaba a su paz interior. Era incapaz de meditar porque las imágenes de Mako y Asami la asaltaban apenas cerraba los ojos, y su incapacidad de producir el menor soplo de aire aumentaba la frustración y la desesperación.
El último encuentro finalmente llegó, aunque le entusiasmaba poder ganar el campeonato, le entusiasmaba más la idea de poder poner algo de distancia entre ella y su capitán, que sólo la veía como una maestra-agua, una pieza en su tablero de pro-control. Desde el principio estuvo claro que no podrían ganar. Los lobo-murciélagos no sólo eran excelentes maestros, también habían comprado a los árbitros y tenían jugadas sucias de sobra para llevarse el campeonato otra vez. Y así ocurrió, un golpe ilegal envió a los tres al fondo del agua. Korra aún pensaba en reclamarle a los árbitros cuando sintió una poderosa descarga eléctrica y luego todo desapareció.
Lo siguiente que vio fue un rostro conocido cortando sus ataduras. No tuvo tiempo de preguntarle quién era o qué hacía allí. Con un torbellino de agua se elevó hasta el techo del estadio y comenzó a combatir a los igualitarios. Estaba furiosa por todo lo ocurrido, y ráfagas de fuego salían de sus manos, de sus pies y derribaban hombres a diestra y siniestra, y de pronto el techo bajo sus pies se resquebrajó y ella cayó al vacío. Escuchó su propio grito y se estremeció, sintió miedo al sentirse tan impotente.
- Si sólo supieras hacer aire-control – le dijo una voz familiar.
El muchacho de la playa, el que la había desatado minutos antes la tenía en sus brazos y luego aterrizaron suavemente sobre las gradas del estadio.
- ¿Cómo… cómo hiciste eso? – preguntó Korra aún temblando por la sensación.
- Con un poco de práctica – dijo el muchacho, y otra vez esa sonrisa que provocó mariposas en el estómago de Korra.
- Después de esto, necesito saber tu nombre – dijo Korra aún en los brazos del muchacho.
- Mi nombre es… Baku.
- Mi nombre es Korra, pero eso ya lo sabías. Baku, ahora puedo caminar.
- Podrías volar si quisieras… Avatar Korra.
- ¡Korra! – la llamó Mako que corría con Bolin a su encuentro - ¿estás bien? – preguntó tomándola de los hombros.
- Estoy bien, Baku me… ¿a dónde se fue? – preguntó Korra confundida. El muchacho acababa de desaparecer otra vez.
- Esa fue una caída espectacular – dijo Bolin - ¿cómo lograste aterrizar sin agua de por medio?
- Alguien me atrapó en el aire… aunque no me queda claro cómo fue…
- ¡Mako!, ¿estás bien, cariño? – preguntó Asami con sus brazos alrededor del cuello de Mako – tenía tanto miedo…
Asami lo besó y Korra tuvo que apartarse.
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El nuevo juego de ser una sombra y un fantasma que podía materializarse de vez en cuando en la vida de Korra comenzaba a gustarle a Alehk que disfrutaba lo indecible de la compañía del Avatar.
- ¡Aire-control! – gritó Korra furiosa, pero sólo logró que una gran llamarada saliera de sus manos - ¿por qué no puedo hacer un maldito soplo de aire? – gritó provocando una gran ola que desapareció a centímetros de ella.
- El aire-control no se alimenta de emociones, por lo menos no de emociones tan intensas como el fuego-control – dijo Alehk.
Korra se dio la vuelta y lo encontró acariciando a Naga sentado en la playa.
- ¿Cómo haces eso? Podrías aparecer como una persona normal – dijo Korra avergonzada.
- Vine hasta aquí caminando, pero estabas demasiado concentrada haciendo llamaradas.
- Trataba de hacer aire-control.
- ¿Pensando como una maestra-fuego? – preguntó Alehk con una sonrisa de suficiencia.
Por primera vez Korra encontró algo familiar en esa sonrisa, pero no pudo saber exactamente qué era. A la luz del día y sin estar atada o cayendo al vacío pudo apreciar el rostro del muchacho, era tan apuesto como Mako, aunque sus ojos eran más llamativos, grises, profundos y luminosos.
Alehk se acercó a Korra que se sobresaltó cuando sintió sus manos sobre sus hombros, mientras él tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para sólo corregir su postura.
- Intenta bajando los hombros, relajando la postura, respirando profundo e imagínate planeando en el aire, nada te ata a la tierra – le dijo al oído, aspirando el olor de su cabello.
Korra respiró profundo, cerró los ojos y se imaginó planeando, le costó dejar ir la seguridad de la tierra, saltar al vacío no era sencillo, pero finalmente se dejó ir y casi sintió un soplo de aire formándose…
- Así que aquí estás – dijo la voz de Mako devolviéndola bruscamente a la tierra y cargándola de emociones intensas – Jinora me dijo que estabas practicando tu aire-control – dijo Mako con la mirada fija en Alehk que aún tenía sus manos sobre los hombros de Korra.
- Creo que estaba por hacer algunos progresos – dijo Korra nerviosa. Alehk de inmediato se alejó dos pasos.
- Pensé que te gustaría conservarlo – dijo Mako entregándole una caja – es tu uniforme de pro-control. Tal vez cuando esto termine podamos volver a intentarlo.
- No creo que eso pase, pero gracias – dijo Korra tomando la caja – Mako, él es Baku, es… un invitado de Tenzin, o eso creo.
- Así que tú eres Mako, el capitán de los hurones de fuego. Más de una vez escuché tu nombre durante los encuentros de pro-control de esta temporada, debes ser realmente bueno – dijo Alehk fingiendo entusiasmo.
- Eres un aficionado – dijo Mako con un extraño sentimiento, definitivamente no le agradaba la cercanía de ese desconocido con Korra.
- Soy uno de los fanáticos locos de Korra – dijo Alehk provocando una carcajada de Korra, su sonido favorito en el mundo.
- Eres el primero y el último – dijo ella más relajada.
- Te veo mañana en casa de Asami, ¿aún irás?
- Se lo prometí a Pabu.
- Fue un placer Baku – dijo Mako alejándose sin más cortesías.
El corazón de Korra se oprimió cuando lo vio alejarse, iba a verla a ella, iba a vivir bajo su techo e incluso ella sabía lo que eso significaba. Su relación se hacía más sólida y ella cada vez lo quería más sin tener oportunidad.
- Debo seguir practicando – se dijo Korra en voz alta.
- No creo que sea una buena idea – dijo Alehk – ahora estás más alterada que hace diez minutos, podrías quemar toda la isla y no producir ni un soplo pequeño.
- No tengo opción. Amón está sobre mí y no soy más que un Ávatar a medias. No hay forma en que pueda enfrentarlo así.
"Y no hay forma en que yo te lo permita", pensó Alehk.
- Entonces intenta otra aproximación – le propuso.
- Comienzo a pensar que eres un acólito del aire que se negó a perder el pelo – dijo Korra sonriendo.
- Podría decirse que soy algo así.
- Pero no eres de Ciudad República, eso lo sé porque eres demasiado amable.
- Tienes razón, acabo de regresar del Reino Tierra.
- No pareces del Reino Tierra.
- Y tú no pareces una maestra de pro-control, y soy un gran conocedor.
- Podría enseñarte algunos movimientos para probarlo.
- No funcionaría, no soy maestro tierra, fuego o agua… pero podría ser tu mayor admirador – dijo Alehk probando su suerte, pero Korra seguía sin recordarlo.
Mientras Mako se alejaba no pudo evitar observarlos por última vez. Korra parecía más que cómoda con la compañía de ese desconocido, y eso lo molestaba mucho, pero Baku desapareció de la vista de Korra segundos antes de que Jinora e Ikki aparecieran llamando al Avatar y se quedó a pocos metros donde ninguna podía verlo. A Mako le llamó la atención no sólo la forma en que Baku se movía, sino que tratara de ocultarse.
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A Korra nunca le había importado demasiado la imagen que reflejaban los espejos, pero Asami era tan genial, además de ser hermosa, que no le hubiera importado verse mejor. La había imaginado remilgada y aburrida, pero era bastante agradable y divertida. Mientras más la conocía más se convencía de que era perfecta para Mako, y eso le dolía.
Iba a volver al templo del aire cuando la voz de Hiroshi Sato al teléfono llamó su atención, y apenas pudo dar crédito a lo que escuchó. Se despidió de prisa de Mako y Asami y se dirigó a la estación de policía para informarle a Lin lo que acababa de descubrir, iba a irrumpir sin llamar, pero la voz de Tenzin llamó su atención.
- ¡No es momento de hablar de esto! – dijo su maestro-aire, y sonaba molesto.
A Korra le extrañó el tono de Tenzin, el hombre más paciente que conocía estaba furioso.
- Nunca es el momento de hablar - dijo Lin haciendo que la habitación se estremeciera con un golpe sobre la mesa.
- ¿Y por eso lo trajiste aquí?, ¿sabes lo que pasaría si…?
- Avatar Korra – la llamó Lin que había escuchado su respiración - ¿qué haces aquí?, ¿volviste a destruir media ciudad?
- Acababa de llegar a Ciudad República y sólo trataba de ayudar, y fueron un par de negocios – dijo Korra molesta por la referencia de Lin al incidente – como sea, vine para hablarles de Hiroshi Sato, él es quien apoya a los igualitarios.
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Cerraba los ojos y sólo veía el rostro de Mako molesto diciéndole que no serían más amigos. Debía quererla mucho para cuidar así de ella. Apretó la almohada contra su rostro y ahogó un grito. ¿Por qué se había enamorado de él?, ¿y por qué ella había tenido que cruzarse en su camino? Si Mako no hubiera conocido a Asami… esa idea la atormentaba todo el tiempo.
Mientras repasaba las imágenes del día recordó el fragmento de la conversación entre Lin y Tenzin. Pensó que esos dos debían tener más historia de la que podía imaginar. El sonido del viento contra su ventana la distrajo, pero cuando se acercó para ver de qué se trataba sólo encontró calma.
- Lo que necesito ahora es una tormenta – dijo para sí – una gran tormenta.
Extrañamente lo último que vio antes de dormir fue el rostro de Baku y sus apacibles ojos grises. Cerró los ojos y se dejó caer al vacío, nada la ataba a la tierra.
De pronto estuvo de vuelta en su casa en la Tribu Agua del Sur, sintió el frío sobre su rostro y su cuerpo lleno de la energía infantil de los trece años. El Acólito del Aire que visitaba a la Maestra Katara durante el invierno lloraba en la orilla del acantilado. Sus lágrimas fueron entonces tan desconocidas para Korra como el aire-control. Ella no sabía lo que era sentirse triste, lloraba por frustración o por ira. Naga se acercó primero al niño y con lengüetazos sobre su rostro secó las lágrimas. El muchacho abrazó sonriendo y Korra se sintió aliviada por alguna razón.
- ¿Quieres dar un paseo con Naga? – ofreció Korra incómoda por la situación. Nunca le había dirigido al chico más que palabras de cortesía, pero sentía que era su deber hacerlo sentir mejor. El niño sonrió y se montó sobre Naga de un salto sujetándose de la montura y en un segundo Korra estuvo junto a él sobre el enorme perro oso polar.
Naga obedeció y comenzó a correr sin rumbo a toda velocidad.
- Me llamo Alehk, ¿cuál es tu nombre? – preguntó el muchacho gritando por la emoción.
- Me llamo Korra, soy el Avatar Korra – dijo ella con la misma presunción con la que se presentaba entonces a todo mundo.
- Ya sabía que eras el Ávatar. Katara me lo dijo. ¿De verdad puedes controlar los cuatro elementos?
- Por ahora sólo tres, pero cualquier día haré aire-control y seré un Ávatar completa, y no habrá nadie más fuerte que yo.
- Apuesto a que mi madre es más fuerte que tú – dijo el muchacho tratando de provocar a Korra – o Katara.
- ¡Nadie es más fuerte que el Ávatar! – gritó Korra haciendo que Naga se detuviera de pronto. Ambos salieron volando, pero el muchacho aterrizó con gracia mientras que el trasero de Korra resintió el golpe.
El niño comenzó a reír y eso enfureció a Korra.
- El Ávatar puede controlar los cuatro elementos – continuó ella – puede entrar en estado Ávatar, puede ir al mundo de los espíritus, ¡puede hacerlo todo! – gritó Korra vehemente.
- ¿Qué me das si puedo hacer algo que tú no puedes?
Korra se sintió primero indignada, pero luego sintió su confianza habitual y estuvo segura de que iba a hacerle pagar sus palabras al muchacho.
- Te daré cualquier cosa.
- ¿Me darías un beso? – preguntó Alehk con una sonrisa de suficiencia que volvió a enfurecer a Korra.
- Te daré dos, chico calvo del aire – dijo Korra segura.
- Te apuesto a que no puedes llegar allá arriba de un solo salto – dijo el muchacho señalando la cima de una montaña de hielo.
La sonrisa de Korra se borró. Era imposible para ella o para cualquiera lograrlo.
- Tú tampoco lo lograrías, no tiene sentido hacer esto.
- Si no puedo hacerlo, haré lo que tú quieras, incluso admitir que el Ávatar puede hacerlo todo.
- Harás más que eso, limpiarás el espacio de Naga y la cepillarás todos los días mientras estés aquí.
- De acuerdo.
- Y lo harás para siempre, cada vez que vengas aquí.
- Es un trato.
- Puedo usar agua-control, ¿cierto?
- Y fuego-control y tierra-control si quieres. Las damas primero.
Korra corrió a toda velocidad y luego derritió el hielo bajo sus pies y creó un torbellino de treinta metros para impulsarse, pero no fue suficiente. El pico estaba a 100 metros de distancia y tenía por lo menos cincuenta metros de altura. Apenas consiguió estrellarse contra la pared de hielo a 15 metros de la cima. Cuando levanto la vista Alehk aterrizaba en el lugar acordado sin dificultad. Korra furiosa hizo añicos una parte de la montaña de hielo y bajó deslizándose en un bloque. Cuando estuvo en el suelo, el muchacho ya la esperaba junto a Naga.
- ¿Cómo hiciste eso? – preguntó Korra.
- Con mucha práctica – dijo el muchacho sonriendo.
Korra despertó sobresaltada. No se había tratado de un sueño, era un recuerdo que había olvidado. Apenas estaba amaneciendo, pero no quiso volver a dormir. Iba a ser un día difícil, iba a volver a ver el rostro molesto de Mako mientras revisaban la mansión de Hiroshi Sato.
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Korra respiró profundo mientras Tenzin llamaba a la puerta de la mansión Sato, trataba de mentalizarse para las miradas de reproche y las palabras de desaprobación de Mako. Verlo con Asami no fue sencillo. El estaba furioso con ella, pero confiaba en que lo que había dicho el informante fuera verdad. Cuando Lin levantó la plancha de metal del piso y reveló un túnel casi se sintió aliviada, pero la confusión y la tristeza de Asami le devolvieron el sentimiento de aflicción.
Lo que siguió pasó muy rápido. Habían caído en la trampa de Hiroshi Sato y ni Lin ni Tenzin ni ella fueron pudieron hacer nada. Fue Asami quien salvó el día, Asami que eligió a Mako sobre su propio padre.
Cuando de vuelta a la estación de policía Mako se disculpó con ella, Korra ya había perdido todas las esperanzas. Sus palabras le causaron más tristeza que alivio. Incluso ella tuvo que pedirle que estuviera cerca de Asami, que cuidara de ella. Asami era mucho más valiente de lo que cualquier hubiera pensado. No sólo era hermosa, sofisticada y millonaria, también había decidido hacer lo correcto contra su propia seguridad y la de su padre. Había elegido a Mako sobre todo lo demás y eso tenía que ser definitivo.
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- ¿Sigues pensando en tu padre? – le preguntó Mako a Asami, que se apresuró a secar sus lágrimas.
- No es fácil hacerse a la idea, incluso ahora. Siempre pensé en él como en un héroe, como en todo lo que yo quería llegar a ser y ahora… ahora debe ser destruido por el bien de todos, antes de que haga más daño.
- Quisiera poder decir o hacer algo que te haga sentir mejor – dijo Mako abrazándola.
- Es suficiente que estés conmigo, no sé qué hubiera hecho sin ti a mi lado – dijo acercando su rostro al de Mako para besarlo.
- Por un momento estuve seguro de que lo habías elegido a él, siento mucho haber dudado de ti.
- Tal vez si tú no hubieras estado en peligro… tú eres un maestro Mako, no puedo estar de acuerdo en algo que puede lastimarte.
Asami se quedó dormida en los brazos de Mako que no podía dejar de pensar en lo ocurrido. Aún le atormentaba haber sido tan injusto con Korra y haber dudado de sus motivos. La había acusado de actuar motivada por los celos, y eso lo avergonzaba. Una vez más lo último que vio antes de quedarse dormido, fueron los ojos azules de Korra y no los ojos verdes de Asami.
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Las imágenes de lo ocurrido esa noche se repetían en la cabeza de Korra una y otra vez. Le preocupaba que Lin hubiera resultado herida, y lo que iba a significar para Ciudad República que dejara de ser la jefa de Policía. Le preocupaba que Amón estuviera ganando tanto terreno y sobre todo le preocupaba no estar a la altura de la situación. La ciudad había perdido el equilibrio, y ella era incapaz de restablecerlo, aún cuando era para lo que había nacido. Esa noche Korra esperó sentada en la playa que apareciera Baku y la animara como siempre, pero no se presentó.
- Parece que estamos solas en esta – le dijo a Naga que la siguió de vuelta a su dormitorio.
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- ¡Debiste ir con ella!, ¿no es eso lo que se supone que debes hacer? – le dijo furioso el maestro-fuego de la Orden del Lotto Blanco – Amón estuvo a punto de poner sus manos sobre el Avatar, ¿sabes lo que eso hubiera significado?
- No puedo ser una sombra y estar con ella en todas partes – trató de defenderse Alehk – no había forma en que pudiera entrar a ese lugar sin que ella…
- Fallaste, eso fue lo que pasó – dijo el hombre furioso.
- La jefa Bei Fong, sus hombres y yo estábamos con el Avatar – dijo Tenzin que apareció de algún lado – no había razón para pensar que algo como esto pasaría. Alehk tiene razón, no había forma en que pudiera entrar con nosotros a la mansión Sato sin que Korra o alguien más se diera cuenta.
- Visto de esa forma… - murmuró el hombre avergonzado.
- Creo que en adelante Alehk debe reportarse directamente conmigo. Soy el responsable directo del Avatar mientras esté en Ciudad República, así o dispuso la Orden.
- Tendré que consultarlo con el maestro Antzu, Concejal Tenzin.
- Haga lo que sea necesario, ¿puedo tener una palabra a solas con Alehk?
El maestro-fuego asintió de mala gana y se retiró.
- Debí tener más cuidado – admitió Alehk – la seguridad de Korra está por encima de…
- Hablaremos de eso después. Ahora deberías ir con Lin.
- ¿Pasó algo? – preguntó Alehk alarmado.
- Resultó herida en la emboscada, nada serio – aclaró Tenzin de inmediato – pero estoy seguro de que a ella le gustaría verte y de que tú te sentirías más tranquilo si fueras con ella.
Alehk quiso agradecer a Tenzin, pero se limitó a asentir y salió de inmediato.
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Korra trataba sin éxito de meditar. Después de todo lo ocurrido en Hiroshi y Asami le hubiera gustado estar menos entusiasmada con la llegada de Mako a la Isla del Templo del Aire, pero no pudo evitarlo. Aún cuando Ikki la había puesto en evidencia con Asami y ahora le resultaba incómodo estar en la misma habitación con la pareja, le agradaba tenerlo tan cerca.
- Para los principiantes – le dijo una voz familiar – la meditación depende del ánimo y momento indicados, y tú Ávatar Korra obviamente pierdes el tiempo porque no tienes ni lo uno ni lo otro – dijo Alehk sentándose a su lado.
- Eres todo un señor espiritual, ¿quién lo hubiera dicho?
- Si fuera calvo y con una flecha en la frente no lo dudarías.
- Pareces muy cansado, ¿estás bien?
- Fue una noche difícil para todos – dijo Alehk intentando sonreír, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos, aún estaba preocupado.
- Rompiste mis ilusiones, esperaba que una fiesta alocada se hubiera prolongado demasiado. Una noche difícil es menos excitante.
- No sabes de fiestas alocadas, apuesto que las fiestas en tu honor son muy aburridas.
- Si, les hace falta algo de entusiasmo, aunque recuerdo una fiesta en la Nación del Fuego por el cumpleaños de Zuko, el príncipe Iroh bebió demasiado y terminó bailando en las mesas, esa fue divertida.
- No para el Señor del Fuego – dijo Alehk reprimiendo una sonrisa, él recordaba perfectamente la ocasión – eso supongo – trató de corregir.
- Me alegra que estés bien. Estaba preocupada por ti – confesó Korra con un tono que conmovió a Alehk – en esta isla parece que nadie…
- ¿Que nadie nota que estoy aquí? Descuida, es parte del trato, pero es menos importante de lo que crees.
Korra no se resistió al impulso y abrazó a Alehk, que se sorprendió con el gesto. Tenerla tan cerca y mantenerse distante era cada día más difícil, y mucho más a medida que se atrevía a reconocer lo que sentía por ella.
- Debes descansar – le dijo Korra apartándose.
- Te aseguro que me siento mucho mejor.
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Mako había estado buscando el momento de estar cerca de Korra todo el día, cuando Asami decidió ayudar a Pema a preparar la cena encontró el momento perfecto. La necesidad de estar con ella aumentaba a medida que su relación con Asami se hacía más seria. Le daba miedo admitir que estaba más interesado en la joven Ávatar de lo que debía, pero la personalidad de Korra era demasiado arrolladora, era imposible que cualquiera pudiera resistirse. Más de una vez se había preguntado qué habría pasado si el día que ella le confesó sus sentimientos él se hubiera dejado llevar por su primer impulso y la hubiera besado, ahora él estaría con Korra y Asami ya lo hubiera superado, pero había sido demasiado cauto, o demasiado necio y ya no había vuelta atrás. Vio a Korra intentando meditar y no pudo reprimir una sonrisa, abría los ojos cada diez, segundos, se revolvía en el piso por lo incómodo de la postura y suspiraba por la frustración. Iba a acercarse, pero Alehk lo hizo primero y se sentó junto a Korra.
A Mako no le gustó la escena. ¿Por qué le resultaba tan difícil ver a Korra con ese muchacho? Korra parecía más relajada y feliz cuando estaba con Baku, él la tocaba todo el tiempo con el pretexto de corregir sus posturas cuando él mismo no era un maestro y eso lo enfurecía por alguna razón. Casi agradeció cuando vio a Bolin acercarse, con él ahí habría menos intimidad y eso, contra toda su voluntad, lo tranquilizaba.
- Korra, ¿practicas tierra-control conmigo? – preguntó Bolin – No sabía que Baku estaba contigo, si estás ocupada puedo volver…
A Alehk le agradaba el maestro-tierra, mucho más que su hermano. Si él hubiera podido elegir a uno para Korra lo habría elegido a él, aunque luego seguramente le habría desagradado también. Tal vez lo que le gustaba era que no tenía posibilidades con la joven Avatar.
- Pensé que tú eras mi maestro, me enseñaste muy buenos movimientos en el gimnasio – dijo Korra encantada de dejar la meditación a un lado.
- Si, sé algunos movimientos – dijo Bolin saltando sobre las puntas de sus pies y arrojando pequeñas rocas en todas direcciones – pero quiero aprender nuevos movimientos, y tal vez algo de metal-control.
Alehk sonrió al imaginar lo que su abuela hubiera dicho que la postura y la técnica de Bolin para hacer tierra-control. Obviamente el muchacho había aprendido la mayoría de los movimientos por sí mismo o por imitación, pero nunca con otro interés que el pro-control.
- Tu postura está bien para el pro-control – dijo Alehk acercándose – pero para hacer tierra control de verdad necesitas una postura firme, más firme que una roca.
- No sabía que fueras maestro-tierra – dijo Bolin imitando la postura de Alehk, mientras Korra lo observaba todo con interés.
- No lo soy, pero mi abuela nunca se dio por vencida y me enseñó todos sus movimientos.
- ¿Era buena? – preguntó Bolin mientras probaba su nueva postura levantando una gran roca sobre su cabeza.
- No era Toph Bei Fong, pero era bastante buena.
- Me gustaría ser nieto de Toph Bei Fong – dijo Bolin arrojando la roca a diez metros de distancia y provocando un gran alboroto entre los bisontes voladores – sería un gran maestro-metal.
- Tendrías que ser hijo de Lin – dijo Korra, y ella y Bolin comenzaron a reír animadamente.
El comentario no le agradó por completo a Alehk, pero sólo porque no estaba familiarizado con las referencias.
- Mi abuela decía que para ser un buen maestro-tierra debías ser como el propio elemento: firme y fuerte, mientras más grande el reto, más obstinado el maestro – dijo Alehk.
- Esa es una gran frase – dijo Korra – suena como algo que hubiera dicho la propia Toph.
- ¿Tienes más posturas que puedas enseñarme? – preguntó Bolin.
- Yo debo ir a ayudar a Pema a preparar la cena, hace días que le prometí que lo haría – dijo Korra despidiéndose.
Alehk no tuvo más remedio que quedarse con el maestro-tierra y ayudarlo a corregir algunas de sus posturas, mientras veía de reojo a Korra alejarse.
- Korra – la llamó Mako que apareció de algún lado.
- ¡Mako! – dijo Korra sobresaltándose – me asustaste, no sabía que estabas por aquí.
- Estaba caminando tratando de familiarizarme con la isla. Creo que no te he agradecido por traernos aquí, no teníamos a dónde ir luego de lo que pasó.
- Ni siquiera lo menciones, era lo menos que podía hacer – dijo Korra nerviosa.
Mako no supo qué más decir. Hacía semanas que la simple presencia de Korra lo dejaba sin palabras, y no ayudaba que cada día le parecía más hermosa. Le costaba apartar la vista de sus labios, en sus sueños sabía a qué sabían, pero en la realidad…
- ¿Cómo va tu entrenamiento de aire-control? – preguntó sólo por decir algo.
- Aún no puedo hacer un soplo de aire – dijo Korra confundida por la actitud de Mako – pero sigo intentándolo.
- Escucha Korra, siento mucho lo que pasó, no debí haberte acusado de actuar movida por los celos… lo siento mucho – dijo Mako avergonzado.
Las palabras de Mako la habían lastimado profundamente. Había dudado de ella como Korra y como Avatar, la había creído capaz de poner primero sus intereses y de tratar de lastimar a personas inocentes, y luego la había amenazado con su amistad, como si él hubiera estado seguro que ella necesitaba estar cerca de él...
- Ya lo había olvidado – mintió Korra – no pienses más en eso.
- ¿Estamos bien?, ¿seguimos siendo… amigos?
- Por supuesto – dijo Korra amargamente – seguimos siendo amigos.
- Korra…
- Prometí que ayudaría a Pema – dijo Korra alejándose de prisa.
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El sonido del viento contra su ventana la despertó, pero cuando se acercó para verificar lo que pasaba nuevamente lo encontró todo en calma. Un par de segundos después vio pequeños remolinos formándose en la playa, le sorprendió que Tenzin estuviera practicando tan tarde, pensó que debía estar tan inquieto como ella y que tal vez le ayudaría hablar con alguien. Pero no estaba preparada para lo que encontró. No se trataba de Tenzin, sino de Baku.
- ¡Eres un maestro-aire! – gritó Korra.
Era de noche, pero estuvo segura que Baku palideció. Se acercó a ella de un salto y cubrió su boca con su mano.
- Shhh. Baja la voz – suplicó el muchacho.
- ¿Cómo…?, ¿cómo es posible?
Pero Korra lo supo en ese momento, los ojos grises, el parecido a… tenía que ser así. No había otra explicación.
- Lin y Tenzin – dijo Korra cayendo en cuenta – no hay otra explicación.
- Te lo diré todo, pero tienes que prometer que guardarás el secreto – dijo Alehk poniendo su mano de nuevo sobre la boca de Korra que asintió. - La razón por la que he estado en el Reino Tierra toda mi vida es para que no se descubra, y ahora es el peor momento.
- ¿Tenzin lo sabe?
- Si, pero él también cree que es lo mejor guardar el secreto. Por Pema, los niños… es el Concejal Tenzin y mi madre es la Jefa de Policía, no pueden permitirse que algo así salga a la luz, así que por favor…
- Te doy mi palabra que guardaré el secreto.
- ¿Podrías darme tu palabra de Avatar? – preguntó el muchacho - ¿Me prometes que no le dirás a nadie?
- Te doy mi palabra de Avatar Korra.
- Soy un maestro-aire, ¿qué más quieres saber?
- No lo entiendo, si tú existías, ¿cómo es que Tenzin dejó a Lin por Pema?
- Él no supo de mí hasta varios años después. El día que mi madre iba a decirle que me esperaba él le dijo que ella era la mujer equivocada.
- Entiendo lo que debió sentir – dijo Korra recordando las palabras de Mako – suficiente para que ella no insistiera.
- Ella se marchó al Reino Tierra y a nadie le extrañó, acababa de sufrir una gran desilusión y con la boda de Tenzin y Pema… estuvo allá un par de años y luego no puso soportarlo más y volvió. La vida en la casa Bei Fong no era para mi abuela, y definitivamente tampoco para mi madre.
- ¿Toph sabía de…?, ¿Katara sabe de ti?
- Creo que lo supo incluso antes que mi madre… ella es Katara. También lo sabía Aang, aunque yo apenas tenía tres años cuando él murió; y la abuela Toph, ella me cuidó hasta que murió, incluso intentó enseñarme tierra-control, y entonces descubrimos que era maestro-aire, a ella le gustó menos que a mi madre. Luego de que mi abuela murió, mi madre quiso volver a Gaoling conmigo, pero Ciudad República la necesitaba.
- ¿En todo ese tiempo Tenzin no supo nada?
- Cuando mi padre… cuando Tenzin se enteró Pema estaba embarazada de Jinora y había sido un embarazo difícil, creyó conveniente esperar para decirle sobre mí, luego fueron Ikki, Meelo y el nuevo bebé. Pema aún no lo sabe y si ella no lo sabe, nadie puede saberlo.
- ¿Qué pasó después de que murió Toph?
- Los acólitos del aire hicieron un voto de silencio y me llevaron de templo en templo, Tenzin aparecía de vez en cuando y me enseñaba aire-control, yo practicaba por semanas o por meses lo que él me decía, luego él volvía y…
- Y aún así aprendiste antes que yo, debo ser el peor Ávatar de la historia – dijo Korra frustrada - ¿Y luego volviste al Reino Tierra?
- Alguien debía hacerse cargo de los negocios de la familia.
- Claro, eres el heredero de los Bei Fong. Creo que ahora me agradas un poco menos – dijo Korra suspirando – ahora será más obvio para ti que carezco de modales, compostura… "y todo lo que hace que Mako prefiera a Asami", pensó.
- ¿Sabes algo? Me recuerdas mucho a mi abuela, te pareces mucho a ella.
- Creo que es el mayor halago que alguien me haya hecho jamás – dijo Korra sonriendo – parecerme a Toph o a Katara, no sé cuál honor sería mayor. ¡Vaya! – dijo Korra cayendo en cuenta de la identidad de su amigo – Eres el nieto de Aang, Katara, Toph y de…
- Eso impresionaría a cualquiera, pero no a ti que eres el Ávatar.
- Un Ávatar a medias - suspiró Korra.
- Tenzin podría enseñarte algunas cosas con menos rigidez, yo podría enseñarte algunos movimientos también.
Los ojos de Korra se iluminaron con la idea.
- ¡Por supuesto! - Tú eres lo que necesito para aprender aire-control.
- La primera lección es que debes relajarte, y creo que un paseo por la ciudad te ayudaría, ¿qué dices?
- Tú eres el maestro y yo la alumna – dijo Korra entusiasmada.
- Entonces, alumna Korra, debes ir a dormir ahora. Mañana será un día agitado.
