CAPÍTULO 3.

Mako despertó y ahogó un grito. Había tenido el mismo sueño cientos de veces y aún se estremecía cada vez. El asaltante atacaba a sus padres que caían sin vida mientras él abrazaba a Bolin con todas sus fuerzas para que no gritara, pero no podía hacer que su hermano dejara de llorar, el maestro-fuego se dirigía a ellos, levantaba su mano para terminar también con los niños y Mako cerraba los ojos y le pedía ayuda a los espíritus con toda la vehemencia de que un niño era capaz, sentía un calor abrazador y luego despertaba. Estaba cubierto de sudor, y el calor lo sofocaba. Se levantó y se dirigió de prisa a la ventana, el aire fresco le llenó los pulmones y casi lo tranquilizó.

Habían pasado más de diez años desde lo ocurrido, pero las imágenes de sus sueños se hacían más nítidas con el paso del tiempo, se preguntó si un día podría ver el rostro de los atacantes. Se preguntó de qué sería capaz si estuviera frente a frente con el hombre que le había arrebatado a sus padres y los había condenado a él y a Bolin a las calles de Ciudad República.

Ni siquiera se molestó en volver a la cama. Nunca había podido volver a dormir luego de ese sueño. Mientras caminaba por la playa escuchó la risa de Korra y se acercó lo suficiente para ver que hablaba con Baku, pero no se atrevió a escuchar su conversación, temía que fuera más íntima de lo que él era capaz de soportar. Korra parecía más feliz siempre que hablaba con ese desconocido, ni siquiera le importaba tratar de parecer fuerte o segura, era sólo Korra alegre y desenfadada. Mako apretó los puños y volvió a su habitación.

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Durante el desayuno Korra apenas pudo quitar la vista de Tenzin que pareció incomodarse más de una vez. Se sorprendió no haber notado antes el parecido. Los ojos de Tenzin y los de Baku eran idénticos, aunque tuvo que reconocer que su amigo era más parecido a sus abuelos que a sus padres.

- Creo que hoy tendrás que practicar con los niños – le dijo Tenzin – tendré toda la mañana ocupada con el nuevo jefe de la Policía.

- Preferiría practicar por mi cuenta si no te importa – dijo Korra volviendo la vista a su desayuno intacto.

- ¿Practicar por tu cuenta? – preguntó Tenzin extrañado.

- Creo que debo enfocarme en la meditación, voy a intentar un nuevo enfoque o algo así.

- ¿Un nuevo enfoque?, ¿hablas en serio? Si quieres un día libre sólo tienes que…

- Por supuesto que hablo en serio, me ofende que creas que quiero un día libre con la ciudad bajo amenaza y Amón haciendo de las suyas… De hecho se me hace tarde – dijo levantándose de la mesa de prisa.

Salió de prisa para buscar a Baku y entonces se dio cuenta que no tenía idea de cómo encontrarlo.

- ¡Korra! – la llamó Bolin que se acercó corriendo dejando a Mako y Asami detrás.

- Buen día Bolin, ¿está todo bien?

- Todo está perfecto, estábamos a punto de ir a la ciudad, ¿quieres venir con nosotros?

- Me gustaría – dijo mientras veía a Mako y Asami acercarse tomados de la mano – pero tengo una práctica de aire-control, y no puedo posponerla.

- ¿Estás segura? Vamos a comer un gran filete de carne, a ti te gusta la carne. Este lugar es grandioso, pero luego de dos días sin comer carne comienzo a sentirme muy débil – dijo Bolin frotando su estómago.

- Deberías venir con nosotros – le dijo Asami – luego de almorzar podríamos dar un paseo por la ciudad, necesitamos algo de diversión luego de los días que hemos tenido.

- Me gustaría, pero aún no puedo hacer aire-control…

- ¿Estás segura que no puedes posponerlo? – preguntó Mako.

Korra estaba a punto de ceder cuando vio que Naga se levantaba para ir al encuentro de Baku que llegaba.

- Hoy no, pero ustedes diviértanse en la ciudad. Los veré después – dijo despidiéndose.

Mako la vio abrazar Baku y sintió su estómago revolverse.

- Mejor nos damos prisa o perdemos el ferri – dijo malhumorado.

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- ¿Cómo es que siendo nuevo en la ciudad conoces este lugar?

- Mi madre me traía aquí cuando era niño.

- Es un lugar muy hermoso – dijo Korra disfrutando la vista de uno de los parques en las orillas de Ciudad República. El lugar era muy hermoso, lleno de árboles y jardines con flores multicolores, pero estaba casi desierto.

- Y está lejos de todo y de todos – dijo Alehk. Irónicamente era la razón por la que había llevado allí a Korra.

- Así que, señor espiritual, ¿qué vas a enseñarme hoy?

- Comencemos por un poco de relajación, señorita Avatar, ¿qué te parece?

- Creo que podría acostumbrarme a tu método – dijo Korra sonriendo, luego se sentó junto a Naga que ya dormía plácidamente.

- Has memorizado todas las posturas del aire-control, creo que más que practicar necesitas entender la naturaleza del elemento: la libertad – dijo Alehk sentándose frente a Korra.

- Soy el Avatar – dijo Korra seria – libertad es algo que nunca he tenido. Desde los cuatro años he estado rodeada de personas que vigilan todos mis movimientos tratando de protegerme, de grandes maestros con grandes expectativas y sobre todo… tengo un destino que determina mi vida, una responsabilidad que… que ya no estoy segura de poder…

- Pero lo harás, porque siempre lo has hecho Korra. Una y otra vez has sido capaz, pero una y otra vez lo has olvidado y luego lo has redescubierto.

- ¿Y si esta vez no puedo hacerlo?

- ¿Alguna vez te has preguntado cuántas veces te has hecho esa pregunta a lo largo de tus vidas?

- Eso es lo de menos. Nada de lo que haya hecho antes importa ahora, porque nada de eso derrotará a Amón y le devolverá la seguridad a Ciudad República.

- Tienes razón, eso no lo hará Kioshy, Roku o Aang, lo hará Korra, porque sólo es su destino.

- Dime la verdad, ¿no crees que soy la peor Avatar de la historia?

- No, pero definitivamente eres la más obstinada de todas. Nadie puede hacerte cambiar de opinión, ¿o sí?

- Tú has estado bastante cerca. Ahora tengo hambre – dijo Korra levantándose - ¿te gusta la comida de la tribu agua?

- No está tan mal.

- Pues estás de suerte porque voy a llevarte al mejor lugar para comerla en la ciudad.

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- No pensé que diría esto – dijo Bolin dejando el tazón de fideos a un lado – pero no puedo comer nada más, estoy lleno.

- Ya era tiempo – dijo Asami – pensé que dirías eso hace cuatro platos.

- Estoy creciendo, tengo que alimentarme bien.

- Pues si sigues alimentándote tan bien, en cualquier momento no podrás ver los dedos de tus pies – dijo Asami riendo.

- Aún así seré el más guapo de los dos, ¿o no hermano? – le preguntó a Mako que parecía ausente.

- ¿Estás bien? Apenas has dicho una palabra en todo el día – le dijo Asami molesta.

- No dormí bien – dijo Mako de mala gana – no puedo acostumbrarme al templo del aire.

- Yo también extraño la mansión – dijo Bolin – pero es uno de los mejores lugares en los que hemos estado hermano, tienes que ser justo. Aunque la comida podría mejorar.

- Pensé que Korra tenía práctica de aire-control – dijo Asami cuando vio al Avatar aparecer por la puerta.

- Tal vez terminó antes… o tal vez está tomando un descanso – dijo Bolin.

- ¿Es ese el muchacho que vimos en la Isla del Templo del Aire? – preguntó Asami.

- Su nombre es Baku – dijo Bolin – tal vez le enseña a Korra posturas de tierra-control, aún estoy sorprendido por los resultados de las posturas que me enseñó.

- No sabía que fuera un maestro-tierra – dijo Mako interesado.

- No creo que sea un maestro, pero sabe de tierra-control.

- Pues es muy apuesto – dijo Asami – no me sorprendería que le enseñara más que posturas a Korra.

Las palabras de Asami terminaron por enfurecer a Mako que se levantó de la mesa con el pretexto de ir al baño.

- ¡Korra! – la llamó Bolin atrayendo la atención de todos en el lugar, de modo que no pudo ser ignorado.

- Hola chicos – dijo Korra acercándose a su mesa – pensé que estarían paseando por la ciudad.

- El almuerzo de Bolin se extendió más de planeado – dijo Asami con la vista en Alehk.

- Eso siempre pasa cuando viene con Narook – dijo Korra con una sonrisa.

- Korra, ¿nos presentas a tu amigo? – preguntó Asami.

- Lo siento – se disculpó Korra – siempre olvido ser cortés. Asami él es Baku es… un invitado del Templo del Aire.

- Es un placer – dijo Asami extendiendo su mano que Alehk se apresuró a estrechar.

- Ella es Asami, es una gran amiga, y le debo haberme salvado más de una vez – dijo Korra a Alehk.

- El placer es mío, señorita Sato – dijo Alehk – aunque debo decir que, como todos en Ciudad República, ya la conocía por lo menos en fotografías en el periódico.

- Que por supuesto no le hacen justicia – dijo Mako que apareció de algún lado – soy un tipo con suerte – dijo besando su mejilla.

- Algunos dirían que con más de la que merece – dijo Alehk molesto.

- Creo que nuestros fideos están listos – dijo Korra tomando a Alehk del brazo – me muero de hambre. Los veremos más tarde en el Templo del Aire… espero que se diviertan.

- Fue un placer, señorita Sato – dijo Alehk antes de marcharse

Durante varios minutos Korra no pudo dejar de pensar en Mako y en la forma en la que había defendido a Asami, estaba celoso de Baku, celoso de Asami…

- Pensé que te gustaban los fideos – dijo Alehk.

- De repente ya no tengo hambre.

- ¿Es por lo que pasó con Mako?

- No quiero hablar de eso.

- Los hombres celosos siempre nos comportamos como idiotas.

- Asami es muy bonita, ¿no crees? – preguntó Korra triste.

- Si, es bonita.

- Tú le agradaste también, pero lamento informarte que no creo que tengas ninguna esperanza. Ella está tan enamorada de Mako como él de ella.

- ¿Por qué crees que quiero tener esperanzas con Asami Sato? – preguntó Alehk confundido.

- Porque te gustó, ¿o no? A todos les gusta Asami.

- Pero estoy seguro de que Korra les gusta más.

- No digas eso.

- Korra, Mako estaba celoso porque yo estaba contigo, no por Asami. Estaba celoso de ti.

- Eso no es cierto.

- Incluso Asami se dio cuenta…

- El me rechazó – dijo Korra finalmente – yo le confesé lo que sentía por él, y me rechazó.

Alehk hubiera recibido con más agrado un rayo que las palabras de Korra. Sabía lo que ella sentía por el maestro-fuego, pero escucharlo de sus labios era más difícil de lo que se había imaginado.

- Eso no quiere decir que luego no se haya dado cuenta de su error... – Alehk respiró profundo y apretó los puños antes de continuar – escucha Korra, soy bueno leyendo a las personas, sus intenciones y sus motivos, es parte de mi trabajo, y puedo decirte con toda seguridad que Mako también tiene sentimientos por ti, aunque no me queda claro si él ya lo sabe.

- Pero la prefiere a ella… ¿qué quieres decir con parte de tu trabajo?

- Eso no importa. Tal vez cree que la prefiere porque le da una falsa sensación de seguridad, después de lo que fue su vida, tal vez sólo es demasiado cobarde para enfrentar sus sentimientos, tal vez es sólo que no quiere lastimar a Asami después de todo lo que pasó… pero tarde o temprano se dará cuenta de su error…

- ¿De verdad crees eso? – preguntó Korra más entusiasmada de lo que había estado alguna vez - ¿de verdad crees que le gusto a Mako?

- Estoy seguro – dijo Alehk.

Una idea cruzó por la mente de Korra e impulsada por una repentina ráfaga de valor decidió llevarla a cabo antes de arrepentirse o de ver las cosas con más claridad.

- Tengo que hacer algo ahora – le dijo Korra a Alehk – volveré en un minuto.

A pocos metros Asami y Bolin aún discutían sobre a dónde irían enseguida, Asami quería ir a la pista de carreras y Bolin quería ir al teatro, y Mako sólo los ignoraba mientras trataba de adivinar de qué se trataba la conversación de Korra y Baku, cuándo ésta apareció como una ráfaga.

- Mako, ¿puedo hablar contigo?

Mako se sorprendió, en un segundo Korra hablaba con su amigo y al siguiente estaba de pie frente a él con una actitud completamente distinta.

- Por supuesto – dijo el maestro-fuego.

Korra guardó silencio, no se atrevió a decir "en privado" o "es personal", sólo esperó un par de segundos a que Mako lo adivinara.

- Creo que Korra quiere hablar contigo en privado – dijo Asami.

- Claro, ¿por qué no vamos afuera mientras deciden a dónde iremos? – dijo Mako entusiasmado por la idea.

A medida que los segundos pasaban el valor de Korra se agotaba y cuando salieron a la calle las piernas comenzaban a flaquearle y su garganta estaba seca. No podía pronunciar palabra.

- Pensé que tenías práctica de aire-control – le reclamó Mako molesto, lo que sorprendió a Korra.

- Así es… era… es, quiero decir, Baku va a enseñarme…

- Korra no seas tan ingenua – dijo Mako con una sonrisa burlona.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- ¿Cómo te convenció ese tipo de que podía enseñarte aire-control? Ni siquiera es un maestro, sus intenciones deben ser otras, deberías tener cuidado. Es un desconocido, siempre se anda escondiendo y… no confío en él.

- Por suerte no eres tú quien tiene que confiar en él. Y Baku me enseña a meditar y a casi entender el asunto de la parte espiritual, aunque eso no te importa.

- ¿Estás segura de que es todo lo que te enseña?, ¿a dónde te lleva a meditar? Seguramente escoge los lugares más apartados con el pretexto de…

- Ni siquiera lo conoces, ¿cómo puedes hablar así? – dijo Korra molesta por la actitud de Mako.

- Ese es el punto Korra, ¡tú tampoco lo conoces! Podría ser un loco o un pervertido…

- O tal vez Baku tenía razón – dijo repentinamente entusiasmada con la idea - ¡estás celoso! – dijo triunfante.

- No digas tonterías.

- No es una tontería, por lo menos ten el valor de admitirlo.

Korra se armó de valor y antes de que Mako pudiera hacer algo para evitarlo lo besó, él dudó un segundo pero luego la besó de vuelta. Korra sintió cómo el mundo daba vueltas y su corazón latía muy de prisa, era como si ella y Mako finalmente se comunicaran, y pudo ver que él sentía lo mismo.

- Sabía que si te gustaba – dijo Korra aún mareada por el beso.

- Fuiste tú quién me besó…

- Pero tú me besaste de vuelta.

- Korra, yo estoy con Asami – dijo Mako más para sí mismo que para la joven Avatar.

- Pero cuando estás con ella piensas en mí – insistió Korra.

Tal vez fue la expresión de suficiencia en el rostro de Korra o tal vez fue saberse vulnerable de pronto, pero a Mako no le gustó escuchar la verdad de los labios del Avatar, una verdad que él se había negado a reconocer una y otra vez.

- Korra – dijo Mako en un intento por sentirse dueño de la situación – eso sólo pasa en tu cabeza. Ya te lo dije una vez y ahora te lo repito: yo no siento lo mismo por ti, y por tu bien deberías entenderlo de una vez. Estoy con Asami, ¿por qué cambiaría a una mujer como ella por una chiquilla inmadura como tú?

Korra sintió que con cada palabra le clavaban un puñal en el corazón. Hizo uso de todo su autocontrol para no derrumbarse frente a Mako, pero era cuestión de tiempo. Lo que más dolía de todo, aún más que un segundo rechazo, era que ella sabía que Mako decía la verdad y le daba la razón. ¿Quién cambiaría a alguien como Asami por Korra que no podía ser siquiera lo que debía ser? Quería decir algo, herirlo de vuelta, pero lo quería demasiado. Cuando no podía más apareció Baku y la abrazó, y ella en un intento por sentirse segura lo abrazó tan fuerte que casi lo lastimó.

- Es hora de irnos Avatar Korra – le dijo al oído.

Naga apareció enseguida y ambos se subieron a su espalda, Korra aún abrazada de Baku para ocultar que lloraba.

En cuanto la vio alejarse Mako sintió el peso de sus acciones. Se había arrepentido de sus palabras apenas las había pronunciado, pero no había tenido el valor de retractarse, no había tenido el valor para detenerla o para aceptar sus sentimientos.

- ¿Está todo bien hermano? – preguntó Bolin.

- ¿Dónde están Korra y Baku? – preguntó Asami.

- Sólo vámonos de aquí – dijo Mako alejándose.

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Naga se detuvo a beber agua de una de las fuentes del gran parque de Ciudad República mientras Alehk y Korra se sentaron debajo de un árbol.

- Korra… siento mucho lo que pasó – dijo Alehk avergonzado, se sentía responsable por haber animado a Korra y por haberle dado más crédito del que merecía a Mako.

- Y yo siento haber ensuciado tu camisa con mis lágrimas – dijo Korra tratando sin éxito de sonreír.

- Deberíamos volver a la Isla, Tenzin podría molestarse.

- ¿Eso te causaría problemas?

- Por supuesto que no.

- Entonces quedémonos un poco más – pidió Korra cerrando los ojos y recostándose sobre el césped.

Alehk veía constantemente a su alrededor, estaban en un lugar muy concurrido y aunque él era el guardián del Avatar no era el único que cuidaba de la seguridad de Korra, algunas veces algún miembro de la Orden del Lotto Blanco la seguía para vigilarse y asegurarse de que estuviera bien, y si lo veían con ella seguramente iban a enviarlo de vuelta al Reino Tierra.

- ¿Qué te pareció Asami? – preguntó Korra aún con los ojos cerrados, quizá temiendo ver la reacción de Baku.

- Parece muy agradable, pero no soy completamente imparcial – dijo Alehk más tranquilo al asegurarse de que no había nadie más de la orden cerca.

- ¿Lo dices porque es muy bonita? – preguntó Korra con una extraña sensación el estómago, la idea de que Baku también pudiera preferirla le molestaba.

- Lo digo porque te salvó la vida, eso hace que cualquier persona me parezca agradable, simpática y todo lo demás

- En realidad es muy agradable – dijo Korra amargamente – no puedo culparlo por elegirla a ella – dijo secando una lágrima que se escapaba.

Aunque hubiera sido muy difícil para él, Alehk habría preferido verla con el maestro-fuego a verla con el corazón roto. Nunca se hubiera imaginado ver a la alegre, fuerte y alocada niña que conoció años atrás tan triste, eso le rompía el corazón y lo hacía querer golpear a Mako y abrazarla y besarla a ella.

- Pues yo no puedo imaginar que alguien que conociéndola, no quiera estar con Korra, ella es la persona más extraordinaria de todo el mundo. No sólo porque es la más hermosa de todas, y sus ojos pueden iluminar el mundo entero, sino porque es única. Es obstinada, impaciente, y tiene algo de mal genio, pero nunca vas a conocer a alguien más valiente, leal y arrolladoramente encantadora en todo el mundo, no hay nada que no harías por verla sonreír porque su sonrisa es… - Alehk se había dejado llevar por el momento y había hablado más de lo prudente, cuando se dio cuenta era tarde. Korra escuchaba con una mezcla de sorpresa, angustia y emoción sus palabras.

- ¿De verdad crees eso? – preguntó Korra extrañamente emocionada, nunca nadie le había dicho nada parecido y no podía evitar encontrarlo agradable.

- Tal vez me equivoqué cuando te dije que Mako te correspondía… pero es sólo porque no imagino que nadie pueda elegir a alguien más si puede estar contigo. Korra, eres la chica más increíble que existe o que haya existido… si viviera mil vidas, en todas te elegiría a ti o a nadie – dijo Alehk vehemente.

Korra guardó silencio, estaba confundida. Debía estar triste porque le acababan de romper el corazón, porque Mako no quería estar con ella, pero las palabras de Baku eran lo que siempre había querido escuchar, y ella sabía que el maestro-aire decía la verdad.

Alehk se levantó sintiéndose abatido, acababa de revelar sus sentimientos y Korra callaba, no había nada más que pudiera hacer, se había arriesgado y había perdido, pero eso no cambiaba nada.

- Es hora de irnos – dijo – Tenzin no sabe a dónde fuiste y se preocupará…

Korra se levantó y llamó a Naga que comenzó a caminar tras ellos. Los minutos que siguieron le parecieron eternos a ambos, Korra no se sentía propiamente incómoda, pero no podía hablarle abiertamente a Baku, no sabía qué decir. Él estaba demasiado ocupado tratando sin éxito de disimular su tristeza.

- Deberíamos ir en Naga – dijo Korra finalmente – llegaremos antes y Tenzin no se molestará…

- No puedo ir contigo al templo… tengo que… creo que sería mejor si…

Korra se estremeció. No le gustó la idea de que Baku se alejara, sin él iba a quedarse completamente sola en una ciudad que cada vez le parecía más extraña. Lo tomó de la mano para que se detuviera y él pudo leer la angustia en sus ojos.

- Aún somos amigos – dijo él para tranquilizarla – pero en serio no puedo llegar contigo al Templo del Aire. Tenzin me echaría a patadas.

- Entonces.. ¿qué dia…?

Un fuerte ruido los distrajo, cuando voltearon para ver de qué se trataba encontraron a Naga inconsciente, luego Korra y Baku sintieron sus cuerpos elevarse en el aire en medio de ráfagas de intenso dolor sin que pudieran hacer nada por liberarse.

- Avatar Korra – dijo un hombre frente a ellos – es una pena conocernos en esta situación.

- ¿Quién… eres? – preguntó Korra – ¿cómo puedes…?

- Más te vale que la dejes ir Tarrlok – dijo Alehk.

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Bolin y Asami parecían estar disfrutando de la obra, los dos reían y hacían comentarios entre sí sobre lo que creían que seguía a continuación, pero Mako ya no era capaz ni de fingir interés. Cuando no pudo más se levantó y salió del teatro sin decir nada. Había lastimado a Korra y tenía que hacer algo al respecto, tenía que decirle la verdad y pedirle de rodillas que lo perdonara.

Caminó de vuelta al restaurante de Narook y luego siguió la ruta habitual al templo del aire, que pasaba por el gran parque de Ciudad República. Uno de los vagabundos le dijo que el Avatar, su perro-oso polar y un muchacho habían estado allí hasta hacía algunos minutos, y Mako se apresuró para encontrarlos. Lo que vio cuando los encontró no lo hubiera imaginado nunca: Baku y Korra estaban suspendidos en el aire, Naga estaba inconsciente a un lado y un hombre frente a ellos parecía controlarlos. Mako se paralizó por la sorpresa y por el temor, ese hombre debía ser un maestro-sangre, y si eso era cierto, no había nada que él pudiera hacer. El hombre comenzó a azotar a Baku contra un muro una y otra vez mientras Korra gritaba desesperada, Mako estaba a punto de intervenir cuando Baku logró liberarse del control y con un soplo de aire derribó al maestro-sangre que observaba incrédulo. Furioso el hombre reclamó su control sobre el cuerpo de Baku e hizo que sus brazos y sus piernas se doblaran hasta que sus huesos se vencieron y Baku cayó inconsciente. Mako se acercó de prisa y una llamarada que salió de su puño fue esquivada magistralmente por el maestro-sangre que sólo le dedicó una sonrisa de desdén, con un ademán le indicó a dos hombres que Mako no había visto y que estaban a un par de metros que se acercaran, Mako repelió el ataque del maestro-fuego con sus propias llamas, iba a devolverlo, pero cuando vio los ojos y el rostro del sujeto no puedo moverse, sintió un gran temor que no pudo explicar y retrocedió inconscientemente.

- Buen muchacho – le dijo el maestro-fuego con una voz que lo hizo estremecerse por alguna razón.

El miedo paralizó a Mako que sólo observó mientras encerraban a Korra en una caja de metal y luego se la llevaban sin él pudiera hacer nada.

Mako no pudo reaccionar hasta que el auto se perdió de vista, entonces el miedo fue reemplazado por la angustia de saber a Korra en manos de esos hombres y por la culpa de no haber podido hacer nada para evitarlo. Cuando ya tuvo control sobre sus músculos corrió a buscar ayuda.

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Justo cuando iba a librarse por segunda vez todo desapareció en medio de sus gritos y los de Korra sin que él pudiera hacer nada por ayudarla.

Escuchó la voz de su madre preocupada mientras se preparaba para el enfrentamiento que iba a decidir su destino.

- ¿Estás seguro que quieres hacer esto? – le preguntó Lin Bei Fong con un tono que sólo usaba para él y que estaba seguro que nadie más en el mundo conocía.

- Es mi destino mamá, lo sé – dijo él con toda la seguridad de que era capaz.

Su madre besó su frente y él salió a la arena. Respiró profundo antes de caminar al centro donde el príncipe Iroh esperaba por él. A nadie le había sorprendido que el heredero de la nación del fuego fuera el más capaz entre los candidatos para convertirse en el Guardián del Avatar, era un maestro-fuego prodigio, el más fuerte de todos.

Hacía mucho que a Alehk había hecho las paces con Iroh, había dejado de molestarle que su primo tuviera todo lo que a él se le había negado. Desde que había conocido a Korra y había descubierto su propósito, su vida lo llenaba por completo.

- No esperes un trato especial, pequeño primo – le dijo Iroh al oído.

- Tú tampoco lo esperes de mí – había dicho él sólo por decir algo.

Luego de saludarse y saludar a los miembros de la Orden del Lotto Blanco y al Señor del Fuego que observaba expectante, Iroh había lanzado la primera serie de llamaradas que salían sin darle tregua a Alehk que tenía problemas para esquivarlas. Los puños, los pies e incluso la boca de Iroh se habían convertido en poderosos lanza-llamas. El príncipe era muy rápido y preciso, y le había causado ya más de una quemadura seria.

Por varios minutos que le parecieron eternos Alehk se dedicó a lanzar soplos y bolas de aire para repeler los ataques de Iroh que parecía más seguro y poderoso con cada ataque. La desesperación crecía en el joven maestro-aire porque no había forma en que pudiera ganar ese combate, y tal vez era lo mejor, se trataba de encontrar al más capaz, al más fuerte para protegerla a ella. Entonces la imagen de Korra apareció frente a él, sus ojos azules capaces de iluminarlo todo, su risa que era el sonido que más le gustaba en el mundo… sus gritos, sus gritos de terror mientras trataba de ayudarlo…

Abrió los ojos y le costó varios segundos entender lo que había pasado.

- Todo está bien – le dijo su madre que apareció frente a él y tomó su mano.

- ¿Y Korra? – preguntó Alehk aterrado de que no se hubiera tratado sólo de un sueño, pero la expresión de su madre confirmó sus peores temores - ¿él se la llevó? Fue mi culpa – dijo con lágrimas en los ojos.

- Es cuestión de horas para que la encuentren y la traigan de vuelta, tú no podías saber que Amón…

- ¿Despertó ya? – preguntó Tenzin que entró con Mako, Bolin y Asami tras él.

- No creo que sea el momento para esto, Tenzin – dijo Lin con un tono que los sorprendió a todos, parecía completamente vulnerable.

- No encontramos nada en los túneles, nadie pudo decirnos nada del ataque a…

- No fueron los igualitarios – dijo Alehk tratando de levantarse – fue Tarrlok. No sé por qué, pero fue él quien se llevó a Korra.

- Él era el maestro-sangre – dijo Mako acercándose a Alehk - ¿qué quería con Korra?

- ¿Cómo fue capaz de hacer algo así? Es el Concejal de la Tribu Agua del Norte – dijo Tenzin.

- Es un maestro-sangre, tenemos que encontrarla, es un maestro-sangre, ella no tiene oportunidad…

- Alehk, no estás en condiciones de levantarte todavía. Has hecho suficiente poniéndonos en la ruta correcta para encontrar a Korra – dijo Tenzin.

- Es cierto – dijo Lin tomando su mano – debes recuperarte y luego…

- Jefa Bei Fong, debes ir con ellos y ayudarlos a encontrarla, por favor… - pidió Alehk con tono suplicante, y su madre no pudo negarse.

- Lo haré – dijo Lin haciendo esfuerzos monumentales por no quebrarse frente a todos.

- Deberíamos llevar a Naga – dijo Mako tratando de mantener la cabeza fría a pesar de que lo que pasaba a su alrededor lo confundía – ya está bien y ella puede rastrear a Korra.

- Desde el ataque y la desaparición de Korra está agresiva y ansiosa – dijo Tenzin – no deja que nadie se le acerque… podría lastimar a alguien.

Cuando todos se marcharon Alehk se levantó de la cama y se vistió de prisa. Aunque estaba adolorido y le costaba mover sus músculos, los curanderos habían reparado todos sus huesos rotos y sus heridas habían cicatrizado bien. La Isla estaba en completo silencio, todos los de la Orden e incluso los acólitos del aire estaban dedicados a buscar al Ávatar y no había un solo bisonte volador en los establos. Naga estaba recostaba en la paja cuando la encontró, estaba triste, era consciente de lo que había pasado. Tarrlok la había dejado inconsciente a ella primero, incapaz de defender a Korra.

- Hola chica – la llamó Alehk. Naga levantó la cabeza, pero no se movió. – Necesito tu ayuda, tenemos que encontrar a Korra.

El sólo nombre de su ama la hizo levantarse. Alehk se montó en su espalda y salieron de inmediato.

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Hacía muchas horas que habían dejado la ciudad, y por la temperatura que bajaba implacablemente Korra pudo adivinar que subían a la montaña. Aunque estaba cansada, hambrienta y herida, el frío no era el menor de sus problemas, la caja de metal estaba helada y ella estaba al borde de la hipotermia, hacer fuego-control para calentarse era cada vez más complicado.

No dejaba de preguntarse sobre lo que le había pasado a Baku, Tarrlok lo había lastimado mucho, tal vez incluso… sacudió su cabeza tratando de desechar ese pensamiento. El vehículo por fin se había detenido y sintió la caja moverse, debía ser obra de un maestro-metal. Tarrlok no había actuado sólo, tenía maestros trabajando para él y lo que sea que planeara podía ser tan peligroso como el propio Amón. Korra trató de gritar pero su voz se había ido.

- Tarrlok ordenó que la vigiláramos todo el tiempo – dijo uno de los hombres.

- Tarrlok volverá hasta mañana y no hay forma en que yo me quede aquí a congelarme – dijo el otro malhumorado. No podría escapar aunque dejáramos la caja abierta.

- Supongo que tienes razón – aceptó el primero.

- Vámonos de aquí, hay un lugar cerca donde podríamos divertirnos hasta mañana.

Korra escuchó los pasos de los hombres y luego la puerta abrirse y cerrarse. Por los barrotes del techo de la caja pudo ver que estaban en alguna clase de cabaña. El frío comenzaba a remitir, pero estaba muy cansada.

Cerró los ojos y de pronto estuvo de nuevo en la Tribu Agua del Sur, hacía mucho frío aún para ella pero no podía volver. Estaba muy molesta y sobre todo era muy orgullosa para pedir disculpas después de lo que había pasado.

- Korra – dijo una voz familiar que la hizo secar de prisa sus lágrimas - ¿estás bien?

Korra levantó la vista y encontró a Alehk, aún con la nevasca podía distinguir sus ojos grises y brillantes.

- ¿Te pi-di-eron que vi-ni-eras a bus-car-me? – preguntó Korra tiritando por el frío.

Alehk se quitó el gran abrigo de piel que llevaba y lo puso sobre los hombros de Korra que sintió alivio del frío al instante.

- No, ellos creen que fuiste a casa de tus padres, pero yo pensé que estabas tan molesta que… este lugar es el mejor lugar para venir cuando estás triste o molesto – dijo el muchacho.

- No voy a volver – dijo Korra – yo no lo hice y ellos no debieron culparme primero.

- Ya lo saben, quien lo hizo confesó y… Vamos antes de que arrecie la tormenta, ¿quieres? Es peligroso aquí.

- No puedo volver – dijo Korra cubriendo su rostro con sus manos – les grité a mis maestros, no debí hacerlo… le grité a Katara – dijo sollozando.

- Katara entiende lo que pasó, nadie está molesto contigo Korra.

- ¿De verdad?

- Te doy mi palabra – dijo Alehk extendiendo su mano para que Korra la tomara.

Korra se levantó y comenzaron a caminar de vuelta, la tormenta había arreciado y Alehk puso su brazo alrededor de los hombros de Korra para tratar de protegerla.

- Cierra los ojos – le pidió.

- ¿Por qué? – preguntó Korra.

- Confía en mí, de todas formas no se puede ver nada con la tormenta. Cierra los ojos.

- De acuerdo – dijo Korra haciendo como Alehk le dijo.

- ¿Me das tu palabra de que no los abrirás hasta que yo te diga?

- Te doy mi palabra.

Alehk retiró su brazo de los hombros de Korra y se alejó un par de pasos. Korra sintió que la nieve dejaba de golpearle el rostro, y sentía una corriente de aire alrededor, sentía mucha curiosidad de lo que pasaba, pero cumplió su promesa.

- Abrázate a mí – le pidió Alehk – yo te voy a guiar.

Korra caminó con los ojos cerrados abrazada a Alehk un largo rato hasta que el viento cesó y la nieve volvió a caer sobre su rostro.

- Abre los ojos – le dijo Alehk.

Korra los abrió, estaban casi frente a la fortaleza.

- Vamos adentro – pidió Alehk – todos deben estar preocupados por ti.

Korra asintió y siguió a Alehk hasta la entrada, los guardias abrieron las puertas de inmediato. Cuando entraron todos parecieron aliviados de verlos, incluso sus maestros.

- Estás bien – dijo Katara abrazándola – estábamos muy preocupados por ti.

- Lo siento mucho maestra Katara – dijo Korra haciendo una reverencia – no debí haberle hablado así, debí haber sido más prudente…

- No fuiste la única que perdió la compostura - dijo la anciana sonriendo - ¿por qué no van a cambiarse de ropa antes de tomar algo caliente?

Cuando salieron de la sala de reuniones para ir a sus dormitorios Korra por fin pudo reparar en Alehk. Tenía quemaduras en el rostro y en las manos por el frío y parecía exhausto. Se sintió culpable y en deuda con el muchacho. Se quitó los guantes y tomó entre sus manos el rostro de Alehk.

- Déjame curarlos – dijo mientras derretía un poco de la nieve, el agua comenzó a brillar en el rostro y luego en las manos de Alehk.

- Gracias Avatar Korra – dijo Alehk emocionado.

- Soy sólo Korra… - los labios de Alehk sobre los suyos le impidieron continuar.

El primer impulso de Korra fue alejarse y enseñarle una lección al muchacho que se había atrevido a besarla, pero la sensación fue, de hecho, agradable y más intensa de lo que habría pensado que sería.

El sonido de algo golpeando la caja de metal la despertó y volvió a su realidad. Estaba cautiva, cansada, herida y hambrienta, pero no pudo evitar sonreír al atar los cabos que develaban la identidad de Baku. Era Alehk, el único amigo que había tenido, su recuerdo favorito de los días en el Polo Sur y al que había olvidado por alguna razón que no podía recordar. Sus palabras, sus acciones y el que era la persona en la que más confiaba…todo tenía sentido. Alehk tenía que estar bien, Lin y Tenzin no permitirían que fuera de otra forma, y él iba a encontrarla.

- Alehk – dijo en voz baja - ¿cómo pude ser tan estúpida?

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La desesperación de Mako aumentaba con el paso del tiempo, nunca se había sentido tan culpable y tan impotente. El habría podido hacer algo más, él habría podido evitar que se llevaran a Korra, pero a cambio se había quedado petrificado, inmóvil por el miedo… había sido un cobarde, primero por no aceptar sus sentimientos frente a Korra y haberla herido con su rechazo, y luego por no haberla protegido.

El encuentro con Tarrlok había sido un fracaso, el maestro-sangre había huído al saber que su identidad había sido descubierta y el peligro en el que se encontraba Korra sólo había aumentado. Volvieron al templo del aire esperando tener noticias de todos quienes la buscaban.

- Ni la policía, ni la Orden del Lotto Blanco, ni los acólitos tienen noticias sobre Korra – dijo Tenzin visiblemente preocupado – creo que debemos extender la búsqueda a las afueras de Ciudad República… tal vez hasta el Reino Tierra…

- Tenzin – lo llamó Lin visiblemente angustiada – Alehk no está, debió irse después que nosotros…

Aún con todo lo que tenía en la cabeza Mako no pudo evitar atacar cabos, Baku o Alehk había hecho aire-control contra Tarrlok, la forma en que Lin y Tenzin lo trataban y su preocupación por él... Alehk no era después de todo un tipo cualquiera. Mientras Tenzin trataba de tranquilizar a Lin Mako salió a buscar a su hermano y a Asami, estaban sentados en una de las rocas y hablaban en voz baja.

- Tenemos que seguir buscándola – les pidió.

- Pensé que nunca lo dirías – dijo Asami – creo que deberíamos cambiar de medio de transporte.

- Pensé que nunca lo dirías, Asami – dijo Bolin entusiasmado.

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Korra no pudo evitar sonreír ante la ironía de la situación. La jaula de metal y el estado de cautiverio fueron el lugar y el momento indicado para poder meditar. Cerró los ojos, y su respiración fue llevándola a un estado de total relajación y conexión con el universo. Sus sentidos se abrieron y pudo contemplar a través de los ojos de Aang lo que sólo conocía por anécdotas. El incidente de Yakón, el maestro-sangre prodigio que había aterrorizado Ciudad República muchos años atrás. Todo tuvo sentido entonces, Tarrlok debía ser descendiente de Yakón y seguramente quería tener éxito en lo que su padre había fracasado, y al secuestrarla había querido evitar que el Avatar lo detuviera, como Aang lo había hecho antes.

El sonido de la puerta abriéndose la sacó de concentración.

- Espero que el alojamiento sea de tu agrado, Avatar – dijo la voz de Tarrlok.

- No esperaba otra cosa del hijo de Yakon – dijo Korra.

- Así que ya lo sabes, supongo que era de esperar que tus vidas pasadas vinieran a darle la voz de alarma, aunque eso no cambia tu situación actual.

- Supongo que es cierto lo que dicen y nadie experimenta en cabeza ajena, pero ¿qué te hace pensar que tendrás éxito en lo que tu padre fracasó?

- Porque a mi padre lo detuvo Aang, y yo ya me hice cargo de ese pequeño detalle – dijo Tarrlok – tus amigos, Tenzin y la Jefa Bei Fong no tienen idea de dónde empezar a buscar, y cuando lleguen aquí, tú ya estarás muy lejos Avatar.

- ¿Qué piensas hacer conmigo?

- Sacarte del tablero, por supuesto. Tal vez incluso entregarte a Amón, si él te quita tu control, eso resolvería mis problemas. Los igualitarios están resultando ser exactamente lo que necesitaba, no sólo hacen el negocio del crimen en Ciudad República menos competido, también me ahorran el problema de deshacerme de los líderes. Ahora mismo estás viendo al nuevo jefe de la triple amenaza, los agni kai y los monzones rojos. Seremos los maestros y no los igualitarios los que tomen el control.

- Tus planes son más patéticos de lo que hubiera pensado – dijo Korra.

- No soy yo quien está encerrado en una caja de metal… Avatar.

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- Vamos chica – dijo Alehk a Naga que parecía agotada – al otro lado del rastro está ella.

Las palabras de Alehk parecieron motivar a Naga que apresuró el paso, haciendo difícil para el muchacho seguirla. Habían subido la por la montaña las últimas doce horas y el frío y el cansancio aumentaban exponencialmente. El sonido del motor de un auto llamó la atención de Alehk que se apresuró a subir a la punta de un árbol para ver de dónde venía el sonido. Dos autos se dirigían a la cima de la montaña. Desplazándose entre las ramas de los árboles casi sin vida, Alehk pudo ver que se dirigían a una pequeña cabaña que se veía a lo lejos, la única edificación en toda la montaña y tuvo un buen presentimiento y luego un súbito temo lo invadió. Se dirigió a la cabaña tan rápido como su scooter de aire se lo permitió

Cuando llegó al lugar había un par de igualitarios vigilando la entrada, un par de minutos después Amón salió arrastrando a Tarrlok que parecía haber perdido su control.

El terror recorrió toda su columna vertebral. Si Korra estaba adentro… ni siquiera se detuvo a pensarlo. Bajó del árbol en el que se escondía y cayó sobre el par de guardias que quedaron inconscientes, un dolor familiar lo recorrió mientras su cuerpo era suspendido en el aire, primero pensó que se trataba de Tarrlok, pero luego vio a Amón acercarse, era un maestro-sangre, casi todo tenía sentido ahora. Sus huesos recién sanados estaban a punto de romperse otra vez y el control de Amón era mucho más poderoso que el de Tarrlok, lo que le hacía casi imposible librarse.

- Eres… un… maestro… sangre… - dijo Alehk.

- Y tú eres el hijo bastardo de Bei Fong y Tenzin, el guardián del Avatar – dijo él con su voz profunda – no has hecho un buen trabajo pequeño Alehk – dijo Amón.

Alehk respiró profundo y recordó lo que le había enseñado Katara, la sangre-control tenía un poder limitado, porque el propio control era más fuerte.

- Entonces ya sabes que puedo hacer esto – dijo Alehk lanzando a Amón contra la punta de un árbol con una corriente de aire.

Korra apareció de pronto y Alehk sintió que el aire volvió a sus pulmones. Dos igualitarios más salieron tras ella y Alehk los arrojó con una ventisca a cincuenta metros sepultándolos en nieve.

- ¿Estás bien? – preguntó Alehk. Korra asintió casi sin fuerzas.

Alehk supo que Amón estaba de vuelta cuando una lluvia de cuchillos de hielo cayó sobre ellos, apenas tuvo tiempo de repelerlos con soplos de aire.

- Vete ahora – le dijo a Korra – Naga está cerca, ella te llevará de vuelta.

- Pero Amón…

- Yo me encargo de él esta vez, Avatar…

- Ten cuidado Alehk – dijo Korra tratando de sonreír.

Alehk pudo ver que Amón dejó que Korra se marchara, seguramente no quería que fuera testigo de su secreto. Una ráfaga de miles de cuchillos de hielo pusieron a prueba las habilidades de Alehk, que pudo esquivarlos casi todos. Malherido cayó de rodillas y lo último que vio fue a Amón clavarle uno más en el vientre.