CAPÍTULO 4.
A Korra le costaba incluso moverse, apenas podía caminar y debía correr. Tenía que alejarse de Amón a toda costa, no estaba en condiciones de defenderse. Quiso deslizarse por la nieve colina abajo, pero sólo consiguió estrellarse contra un árbol. Tenía el cuerpo tan entumecido por el frío que ni siquiera dolió, no pudo levantarse, no pudo abrir los ojos.
Los cálidos lengüetazos de Naga la despertaron y el animal la hizo subir a su espalda. Korra apenas podía sujetarse, así que Naga comenzó a caminar lentamente de vuelta colina arriba. Casi anochecía, pero la figura de Alehk tirado sobre nieve enrojecida parecía proyectarse. Korra olvidó el cansancio y el frío y saltó de Naga para acercarse, en cuanto levantó el cuerpo del muchacho sintió la sangre sobre sus manos. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para mantener la cabeza fría. Sintió el corazón del maestro-aire, aún latía pero no iba a resistir mucho más. Derritió un poco de nieve y usó lo que le quedaba de energía para que las heridas de Alehk dejaran de sangrar, luego lo subió sobre Naga, y mientras el gran perro-oso polar los llevaba de vuelta a la ciudad, ella siguió tratando de sanarlo hasta que perdió la consciencia.
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Estaba casi amaneciendo en Ciudad República, ni Asami ni Bolin eran capaces de mantener los ojos abiertos, pero no se atrevían a dejar de buscar a Korra. No que Mako lo hubiera permitido. Habían recorrido toda la ciudad, habían vuelto al lugar del rapto una docena de veces y el paso del tiempo y la falta de resultados sólo les hacían ver lo inútil de sus esfuerzos.
- Deberíamos volver a la Isla del Templo del Aire – dijo Bolin – tal vez haya noticias de Korra o de Baku…
- Sólo una vuelta más – pidió Mako desesperado.
- Hermano…
- Sólo una vuelta más Bo… por favor.
Asami arrancó el Sato-móvil para dar "otra vuelta" por la ciudad.
- Mako, no importa lo que pienses – dijo la joven – no hubieras podido hacer nada. Tarrlok es un maestro-sangre, y eso sin contar a los otros dos…
- Pero pude haberlo intentado – dijo Mako angustiado. La idea de haber sido el responsable de lo ocurrido no lo dejaba ni a sol ni a sombra, si no le hubiera hablado a Korra como lo hizo, si hubiera intervenido cuando la raptaron…
- Habrías terminado como Baku y eso sólo habría empeorado todo, quién sabe si ahora sabríamos que Korra fue secuestrada – dijo Bolin.
- Pude haber hecho algo más – dijo Mako – pude haber hecho mucho más.
Asami lo observó por el retrovisor, su rostro no dejaba lugar a dudas: se sentía culpable por lo ocurrido y la angustia que reflejaba le dolía a ella también.
- ¿Escucharon eso? – preguntó Mako casi saltando del vehículo.
- Es el aullido de Naga – dijo Bolin entusiasmado.
- Y creo que se de dónde viene – dijo Asami dando una vuelta en U que casi hizo salir del auto a los hermanos.
- ¿Puedes ir más de prisa? – preguntó Mako desesperado.
- Es imposible que cualquiera pueda ir más de prisa – dijo Asami haciendo otra vuelta imposible.
Por fin pudieron ver a Naga al final de la calle, y los pocos segundos que tardó Asami en acercarse al animal le parecieron eternos a Mako. Saltó del auto en movimiento cuando vio que Korra estaba en las espaldas del perro-oso polar. Se estremeció cuando vio el estado de la joven, estaba pálida y tenía múltiples heridas, moretones por todo el cuerpo y su ropa estaba cubierta de sangre.
- Korra – la llamó mientras la tomaba en sus brazos con todo el cuidado posible. Estaba helada, Mako la acercó contra su pecho para tratar de calentarla – ya estás a salvo – le dijo al oído – y esta vez me aseguraré de que sigas así.
- Hermano… creo que él necesita más ayuda que Korra.
Mako tuvo que quitar su atención de Korra. En la espalda de Naga también estaba Alehk, cuando Bolin lo levantó para subirlo al auto pudieron ver que la sangre era de él y no de Korra. Sus heridas, sobre todo la herida del vientre parecían mucho más profundas que las del Avatar, tan profundas que los tres temieron lo peor.
- Debemos llevarlo cuanto antes a la Isla – dijo Asami.
Transportar a dos heridos sólo hizo que Asami descubriera que su auto si podía ir más rápido, el problema iba a ser que el ferri también se diera prisa. Afortunadamente para todos durante el trayecto de vuelta encontraron a una de las brigadas de búsqueda de los acólitos del aire y el bisonte volador los transportó el resto del camino.
Mako no soltó a Korra ni un segundo, sabía que su actitud debía herir a Asami, pero le sorprendía lo poco que le importaba. Si alguna vez había tenido dudas sobre a quién prefería, ya habían quedado atrás. Lo que sentía por Korra no podía compararse con lo que había llegado a sentir por Asami, era como comparar una chispa con una explosión.
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Korra tuvo que cubrir sus ojos con sus manos, la luz de la habitación le pareció muy intensa. Se sentía como si hubiera dormido mucho tiempo: descansada y desorientada. No recordó de inmediato lo que había pasado hasta que reconoció la habitación como la enfermería del Templo del Aire.
- Alehk - dijo con una voz que le costó reconocer como suya.
Mako que se había quedado dormido en el piso junto a su cama despertó al momento.
- Por fin despertaste – dijo entusiasmado.
- Mako, ¿qué haces…? Alehk – dijo angustiada – Alehk estaba herido…
- Las curanderas dijeron que habías hecho el mejor trabajo posible, detuviste la hemorragia y eso le salvó la vida.
- ¿Está bien?
- Si es de Baku de quien hablas, está en casa de Lin, en cuanto estuvo fuera de peligro ella insistió en llevarlo allá.
Korra suspiró aliviada y se dejó caer de nuevo sobre la almohada.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó Mako.
- Ahora me siento bien, ¿cómo llegué a este lugar?
- Te encontraron… los encontraron en la ciudad cuando Naga los traía de vuelta... Korra – Mako tomó su mano – estaba tan preocupado por ti, la idea de no volver a verte para pedirte perdón…
Los eventos recientes habían borrado lo ocurrido con Mako, pero sus palabras le devolvieron los recuerdos y su corazón volvió a sentirse oprimido. Retiró su mano de las del maestro-fuego, y hubiera querido escapar de sus palabras de lástima, decirle que lo que había pasado no lo obligaba a nada.
- Lo que dije…
- Ahora estoy cansada – mintió Korra.
Mako suspiró dándose por vencido. No tenía derecho a importunarla.
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Sus heridas casi habían cicatrizado por completo, pero su madre había amenazado con atarlo a la cama si se atrevía a levantarse y Alehk sabía que era capaz, así que tuvo que recibir a Korra postrado como un verdadero convaleciente.
- Tu madre me advirtió que no podía quedarme mucho tiempo, tampoco debo hacerte hablar demasiado, tengo prohibido darte malas noticias y como diez cosas más, y no quiero ser arrestada por segunda vez… en realidad no tengo idea de cómo tratarte Alehk Bei Fong.
- Por fin lo recordaste – dijo Alehk con una sonrisa.
- Me siento avergonzada – confesó Korra – no sé cómo pude olvidarme de ti.
Alehk no pudo evitar una carcajada.
- Shhh, tampoco puedo hacerte reír.
- Es obvio que si te olvidaste de mí, tampoco recuerdes que lo hiciste – aclaró Alehk.
- Debiste decirme desde el principio.
- En realidad, no debí decirte en absoluto. Ni siquiera debí acercarme a ti, pero no pude evitarlo.
- Tengo recuerdos fragmentados de ti, de tus visitas al Polo Sur, pero sé que fuimos amigos. ¿Qué pasó?, ¿por qué sólo yo te olvidé?
- Eso no puedo decírtelo yo, pero si ya comenzaste a recordar, eventualmente todo se aclarará.
- Eso me preocupa, ¿sabes? Mientras más recuerdo más me doy cuenta que desde que nos conocimos sólo te he hecho daño y te he puesto en peligro. Y eso me hace sentir mal porque aún así no quiero alejarme de ti. Eres una parte de mi vida que ahora que sé que existe no quiero perder… has sido mi mejor amigo en el mundo.
Aunque no fue la intención de Korra, sus palabras removieron una herida en Alehk que estaba lejos de sanar, quizá la más profunda y la más dolorosa de todas las que había sufrido: la herida de saber que la había perdido sin haber tenido la oportunidad de luchar por ella. Pero eso no cambiaba nada.
- Tuvimos buenos momentos también Korra, y ya los recordarás.
- Deberíamos tener buenos momentos en el futuro, en cuanto tu madre lo permita. Comienzo a extrañar a la mujer que me arrestó cuando llegué a Ciudad República, era dulce, amable y flexible, comparada con la que tuve que pasar para llegar aquí.
Alehk volvió a reír y Korra tuvo que acercarse para cubrir su boca y hacerlo callar.
- Shhh – volvió a decir – ¿qué parte del "no puedo hacerte reír" no entiendes? Ella vendrá a arrestarme si te escucha.
- Descuida, si te arresta prometo convencerla de que te deje libre en poco tiempo.
- No creo que Lin accedería a eso, tal vez no lo sabes, pero no le agrado mucho.
Alehk reprimió una carcajada. Era cierto que a su madre no le agradaba Korra desde que su hijo se había convertido en su guardián, y el verla en Ciudad República la enfureció porque eso significaba que lo llamarían a él.
- Eso es cierto Avatar – dijo Lin que apareció en la puerta - ¿todavía estás aquí?
- Aún no son quince minutos, de eso estoy segura…
- Puedes terminar tu visita más tarde, Alehk necesita una sesión se sanación, el maestro Senka ya está aquí.
- ¿Una sesión de sanación? Yo puedo hacerme cargo – se ofreció Korra encantada de poder serle útil a Alehk - no debería decirlo yo, pero soy una gran curandera, aprendí de Katara y ella es la mejor que hay.
- Eso quedó demostrado Avatar, gracias a tus habilidades Alehk sigue con vida – la voz de Lin no pudo ocultar la emoción.
- Creo que es mejor que Senka se haga cargo – dijo Alehk – sería un poco incómodo para mí…
- Es tu decisión – dijo Lin – pero estoy seguro que Korra sólo necesitaría una sesión más, el maestro Senka dijo que lo que ella hizo en la montaña no lo hubiera podido hacer nadie más. Luego de esta sesión serías libre, aunque no sé si eso sea algo bueno, la última vez te bastó menos de un día para volver a la enfermería en peor estado.
- Lo siento mucho Lin – trató de disculparse Korra. Había puesto a su hijo en peligro de morir dos veces en dos días.
- No tienes nada que ver en esto Avatar – dijo Lin – me queda claro que la decisión fue de mi hijo… y que te has mantenido fuera de problemas, aunque los problemas te han encontrado con mucha facilidad a ti.
Korra no entendió por completo las palabras de Lin, pero se dio cuenta de que no le guardaba ningún rencor.
- Le diré al maestro Senka que el Avatar terminará su trabajo – dijo Lin dándose la vuelta para marcharse – estoy segura de que se sentirá honrado.
Alehk no recordaba una situación tan incómoda, tenía que quedar medio desnudo frente a Korra que esperaba en silencio.
- Debería comenzar por la herida del vientre – dijo Korra que se estremeció al recordar la sensación de la sangre tibia de Alehk sobre sus manos heladas.
Alehk desabotonó la parte superior de su bata y se recostó, Korra respiró profundo antes de volver a palpar la herida. Su profundidad había disminuido, pero algo del daño interno aún permanecía. Tres heridas más eran visibles y Korra las examinó también. Luego tomó un poco de agua, la puso sobre la herida del vientre y comenzó a brillar.
- Recuerdo esta sensación – dijo Alehk cerrando los ojos. Sentía un calor fluyendo de la propia Korra a la herida y luego a todo el cuerpo, la sensación era muy agradable y única porque era la energía del Avatar, más intensa que cualquier otra.
- Por supuesto que la recuerdas, no es la primera vez que te lastiman por mi culpa y que tengo que hacer esto, pero si ha sido la peor.
Alehk sabía que eso no era verdad, pero no corrigió a Korra.
- Mientras estaba en esa caja de metal por fin recordé por qué tus ojos me parecían tan familiares… - Korra se sonrojó al recordar el final de sueño – no has cambiado tanto desde la última vez que nos vimos en el Polo Sur, aunque no recuerdo esa vez. ¿Por qué no volviste después?
- Pasaron muchas cosas que me impidieron volver… mi vida se hizo complicada.
- Tú eras el muchacho que visitaba todos los inviernos a la maestra Katara, ¿no es cierto?
- Nadie va al Polo Sur en el invierno, era la época perfecta para visitar a mi abuela.
- Alehk… ¿todos tus abuelos saben de ti?
Alehk guardó silencio unos segundos.
- ¿Quieres saber si el antiguo Señor del Fuego sabe que existo?
- No tienes que decirme nada que no quieras, o que no puedas. Sólo quiero tratar de entender…
- Zuko siempre ha sido un padre para mi madre, y también un abuelo para mí. El y Toph tuvieron que sacrificar su vida juntos para asegurar la estabilidad y la paz entre las Naciones, pero nunca sacrificaron a su familia.
- Esa historia siempre me pone triste – dijo Korra.
- Sacrificios más grandes se han hecho por fines menos nobles.
Korra había escuchado muchas veces la historia de Zuko y Toph, pero aún le indignaba que se hubieran resignado a separarse. Mai, la primera esposa de Zuko, había muerto dando a luz a su hija Ursa, dejándolo devastado. Toph había estado enamorada del Señor del Fuego desde los días en que ayudaban a Aang a derrotar a Ozai, y fue su principal apoyo durante los difíciles años que siguieron a la muerte de Mai. Con el tiempo Zuko también se enamoró de Toph y pensó en comenzar una vida a su lado, pero todos en la Nación del Fuego se opusieron. Toph Bei Fong era del Reino Tierra, y más aún, era a maestra-tierra más grande que había existido, y que un maestro-tierra llegara a gobernar la Nación del Fuego era impensable. Hubo intentos de derrocar a Zuko e instaurar a Azula en el trono para evitar que pasara, muchos de los generales amenazaron con levantarse en armas, y al final se dieron por vencidos. Toph volvió a Ciudad República, y aunque todos sabían quién era el padre de Lin, nadie se atrevió nunca a mencionarlo. La paz se había conservado, pero ni Zuko ni Toph llegaron a ser completamente felices luego de su separación.
- Creo que Lin tenía razón, puedes despedirte de la herida del vientre, aunque no creo que pueda hacer nada por esa cicatriz – dijo Korra acariciando la marca.
Observó a Alehk que estaba recostado con los ojos cerrados, su pelo revuelto caía sobre su rostro perfecto. Era en verdad muy apuesto, era la mezcla de lo mejor de las cuatro naciones. En todo el mundo no había nadie que tuviera un mejor linaje, la sangre de Aang, Katara, Toph y Zuko corría por sus venas… era un ser único que había puesto sus ojos en ella, ¿por qué no podía sólo corresponderle?
- Gracias Korra – dijo Alehk mientras Korra se sonrojaba por sus pensamientos – el dolor desapareció por completo.
- Creo que puedo hacer algo también por las demás heridas – dijo Korra tomando de nuevo el agua entre sus manos.
Una a una fue sanando las heridas de los costados y del pecho que fueron más sencillas, pero cada vez era más consciente de sus manos recorriendo el cuerpo de Alehk.
- Parece que has hecho grandes progresos – dijo Lin que hizo que Korra se sobresaltara avergonzada.
- Las heridas… creo que por fin están bien – dijo sonrojándose.
- Quítate la bata – le pidió Lin a su hijo.
- Mamá… - iba a protestar Alehk.
- Le tomará pocos minutos sanar por completo también las heridas de los brazos, y luego la herida de… - la expresión de pánico en el rostro de Alehk no pudo sino divertir a Lin que no recordaba la última vez que había podido sonreír – creo que esa herida ya casi está bien.
Alehk se quitó la bata y Korra sanó lo que quedaba de una herida en el hombro izquierdo y en el antebrazo derecho.
- Gracias Avatar Korra – dijo Lin cuando terminó – los dejaré para que termines los ocho minutos restantes de tu visita.
- Debes estar agotada – dijo Alehk – pude sentir que usaste gran parte de tu energía.
- Era lo menos que podía hacer, aún podría sanar la última herida, así podrías salir por fin de aquí…
- No, has hecho suficiente y no quiero te desmayes de camino a la Isla del Templo del Aire.
- Alehk – dijo Korra con un nudo en la garganta – gracias por salvarme la vida, lo has hecho una y otra vez y yo…
Alehk estaba seguro que Korra iba a besarlo, y casi dejó salir una maldición cuando la puerta de su habitación volvió a abrirse.
- Korra – dijo Bolin que apareció con Mako y Asami tras él – no sabíamos que estabas aquí, pensamos que seguías en cama.
Los ojos de Mako iban de Alehk a Korra y la opresión que sentía en el pecho sólo crecía.
- Te ves mucho mejor – dijo Asami que se acercó a Alehk – tu madre permitió que pasáramos las flores para alegrar la habitación.
- Gracias señorita Sato – saludó Alehk con una sonrisa.
- Llámame Asami, justo ahora el nombre Sato no me es muy querido – dijo Asami mientras ponía las flores en la mesa junto a la cama.
- Hombre, en serio te ves muy bien – dijo Bolin – la última vez parecías un cadáver…
- ¡Bolin! – exclamó Korra ante la referencia.
- Tú tampoco te veías muy bien, pero él… y ahora estás como nuevo.
- Korra acaba de sanar lo que quedaba de las heridas es la mejor curandera que haya visto en mi vida.
- Estoy de acuerdo contigo, una vez curó mi hombro y quedó mejor que nuevo, y la sensación de calor es lo mejor que…
- Lamento interrumpir – dijo Lin – pero creo que Korra debería volver a la Isla del Templo del Aire de inmediato. Tenzin tiene noticias.
- Supongo que volveré por mis dos minutos restantes después – dijo Korra que se inclinó para besar la mejilla de Alehk – Lin se asegurará de que descanses señor espiritual - y salió de la habitación de inmediato.
- Creo que deberíamos ir con ella – dijo Mako que habló por primera vez.
- Tienes razón hermano, te veremos después Baku… Alehk… ¿cuál es tu nombre? – preguntó Bolin.
- Deberían darse prisa – intervino Lin.
Los hermanos salieron sin más ceremonia para alcanzar a Korra, pero Asami se acercó para despedirse de Alehk de la misma forma que Korra lo había hecho.
- Señorita Sato – la llamó Lin haciendo un ademán para que se acercara – tengo que pedirle un gran favor.
Asami pensó que le pediría que se marchara lo antes posible o algo parecido, pero le pidió que cuidara de Alehk mientras ella iba a hablar con Tenzin.
- No puedo dejarlo solo porque seguramente escaparía – le explicó Lin – y si usted se queda tendrá que…
- Lo haré encantada.
- Volveré lo antes posible.
Alehk había aprovechado para volver a ponerse la parte superior de su bata, había sido demasiado embarazoso estar medio desnudo frente a sus visitantes, pero sentir las manos de Korra recorriendo su abdomen y su pecho había valido la pena.
- Siento mucho que la Jefa Bei Fong te haya obligado a quedarte de niñera es imposible negarle lo que pide, ¿no es cierto?
- Yo estoy encantada con la tarea – dijo Asami sentándose en la silla al lado de la cama que había ocupado Korra.
Asami no había permanecido ajena al encanto de Alehk, era más apuesto que Mako y había algo en el tono de su voz que le provocaba querer escucharlo todo el tiempo, así que la idea de poder conocerlo la entusiasmaba.
- Descuida, puedes irte cuando quieras, te doy mi palabra de que no me moveré de aquí no importa lo que pase.
- Pienso cumplir mi tarea al pie de la letra, dime si hay algo que pueda hacer por ti – dijo Asami sonriendo.
Alehk tuvo que reconocer que su primera impresión de Asami estaba equivocada, era como Korra había dicho: muy agradable. Entendió un poco más a Mako, era casi imposible ignorar los encantos de la mujer de ojos verdes frente a él.
- Lo que sea que te haga la espera más agradable ¿te gusta el Pai Sho?
- Ni un poco – respondió Asami de inmediato.
- Yo también lo detesto.
- ¿Te gustan los autos? – preguntó Asami.
- En el Reino Tierra tenía un Sato-móvil que era bastante veloz, pero allá aún no hay carreteras ni autopistas que hagan que conducir valga la pena.
- Se de lo que hablas, no recuerdo haber sentido más frustración que cuando intenté conducir en Ba Sing Se. No hay nada que me guste más que sentir el viento mientras conduzco a toda velocidad… es como si nada te atara a la tierra.
Alehk no pudo evitar sonreír.
- Así que eres del Reino Tierra – dijo Asami.
- Viví allí los últimos años.
- No pareces del Reino Tierra.
- No eres la primera persona que me lo dice, y no estás completamente equivocada, aunque si tengo ascendencia del Reino Tierra.
- Esto debe parecerte extraño, pero ¿cuál es tu nombre?
- Soy Alehk – dijo sonriendo – cuando llegué a Ciudad República traté de jugarle una broma a Korra que no me recordaba, pero se salió de control.
- Así que ya conocías a Korra.
- Fuimos buenos amigos hace algunos años.
- ¿Puedo hacerte una pregunta… personal? – preguntó Asami.
- No puedo asegurarte que la responderé…
- Entre Korra y tú… ¿ustedes?
A Alehk le sorprendió la forma en que se identificó con Asami, su expresión de angustia era la que él ocultaba de Korra todo el tiempo. Era la expresión de alguien que sabe que está perdiendo irremediablemente a la persona que quiere.
- Para mi mala fortuna… sólo somos amigos.
- Y también para mi mala fortuna... no soy tan estúpida, sé que Mako siente por ella más de lo que se atreve a admitir, antes estaba segura de que a mí me quería más, pero ahora… se volvió loco cuando secuestraron a Korra, parecía que iba a morirse si no la encontraba a salvo.
- Eso puede significar muchas cosas, tal vez sólo se sentía culpable por no haberla podido salvar…
- No, yo sé lo que significa. Y también sé que debería dejarlo ir – dijo Asami cubriendo su rostro con sus manos – pero si lo hago me quedaría completamente sola y no podría hacerle frente a lo que está por venir…
- Es natural que sientas miedo después de todo lo que has pasado – dijo Alehk tomando su mano – pero mereces mucho más que estar con alguien que quiere estar con otra…
- Sabes que Korra siente lo mismo por Mako, ¿no es cierto?
Alehk guardó silencio. Lo de menos era con quien estuviera Korra, él debía cuidar de ella.
- Esto no está bien – dijo Asami alejando su mano – lo último que necesito es involucrarme con alguien más que está interesado en Korra.
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Tenzin había enviado un bisonte volador para recoger a Korra y llevarla a la Isla del Templo del Aire, lo que significaba que era un asunto urgente. Korra se subió de un salto a la espalda del animal, que iba a despegar cuando escuchó la voz de Bolin que la llamaba.
- ¡Korra, iremos contigo! – dijo el maestro-tierra seguido de su hermano.
Korra suspiró resignada, lo último que necesitaba era estar cerca de Mako, las emociones que le provocaba eran más intensas cada vez. Detrás de los hermanos apareció Lin, a Korra le preocupó que el asunto requiriera que dejara solo a Alehk, pero cuando Asami no apareció no le fue difícil adivinar la solución que había encontrado.
Cuando todos estuvieron a bordo, el bisonte finalmente se elevó por los aires. Bolin, que estaba muy emocionado por la experiencia de volar en el legendario animal, se sentó al frente junto con el acólito que dirigía y Lin se les unió para presionar al pobre hombre con sus peticiones de aumentar la velocidad. Korra se sentó en la parte de atrás e inmediatamente ocultó su rostro detrás de sus rodillas para evitar que Mako le dirigiera la palabra.
El maestro-fuego ignoró su gesto y se sentó a su lado, tan cerca que pudo sentir su calor y su celestial olor inundó sus sentidos.
- Korra tienes que perdonarme – le dijo al oído.
El aliento de Mako hacía estragos en el control de Korra, su corazón se acelero de inmediato.
- No tengo nada que perdonarte – dijo Korra aún ocultando su rostro – sólo dijiste lo que pensabas, y tenías razón.
- No, eso no era… perdí el control y lo que dije no era lo que sentía, la verdad es que yo si te…
Korra levantó la vista, los dos estaban muy cerca, pocos centímetros separaban sus rostros y Mako no podía despegar sus ojos de los labios de Korra. El recuerdo del beso pocos días atrás lo había atormentado cada segundo, nunca había querido tanto algo como quería volver a besarla.
- Soy un idiota Korra, no debí haberte lastimado, no debí haber sido tan cobarde.
- Eso es cierto, pero también es cierto que deberíamos pasar esa página.
- Lo que yo quiero es regresar a la anterior, en la que me dijiste…
- En la que tú me dijiste que estabas con Asami, eso aún es verdad, y sé lo que eso significa.
- Korra…
- Olvidemos lo que pasó y volvamos a ser amigos.
- ¡Creo que deberían ver esto! – les dijo Bolin.
Korra se levantó y la vista de la ciudad bajo ataque la horrorizó. Había explosiones en decenas de puntos, meca-tanques recorriendo las calles y la bandera de los igualitarios estaba por todas partes.
- Creo que Amón está listo para su golpe final – dijo Lin.
