CAPÍTULO 5.

Asami escuchaba el radio tratando de olvidar su conversación con Alehk cuando escuchó el sonido de una explosión y luego la casa comenzó a retumbar. Volvió de prisa a la habitación de Alehk para advertirle del peligro.

- Alehk debemos irnos de inmediato…

- Siento mucho haberte puesto en esta situación – dijo Alehk, que ya estaba listo y vestido para marcharse, tomó las dos espadas que estaban colgadas en la pared, y luego de girarlas hábilmente en sus manos las puso en la funda detrás de su espalda.

- Soy yo quien debería disculparse – dijo Asami nerviosa – fue mi padre quien hizo esto.

Otra explosión más cercana que la anterior volvió a ponerlos en alerta, Alehk tomó a Asami de la mano y la llevó afuera. Cuando estuvieron en la calle vieron que el caos se apoderaba de Ciudad República. Los igualitarios habían comenzado su ataque final y la guerra había sido declarada. Asami sintió miedo, no sabía qué hacer o a dónde ir.

- Debemos ir con Korra – dijo Alehk.

Asami dudó un segundo, al lado del Avatar sólo le esperaban el rechazo de Mako y la furia de su padre.

- Al lado de Korra estarás a salvo, – dijo Alehk – a su lado podré protegerte a ti también.

Asami había estado rodeada toda su vida de personas que le decían lo que quería escuchar, y había aprendido a dudar de todo y de todos. Las únicas personas en las que confiaba la habían decepcionado también, su padre le había ocultado que era un igualitario y Mako le había mentido al decirle que la amaba, pero no dudó un segundo de las palabras de Alehk.

- Mi auto está del otro lado, mejor nos damos prisa – dijo Asami mientras corría al otro lado de la calle.

A Alehk aún le pesaban las piernas y le costaba coordinar sus movimientos, pero era cuestión de horas para que su cuerpo se recuperara por completo. Aún podía sentir la energía de Korra recorriéndolo, sanando las células que quedaban por sanar. Subió al auto con menos gracia que Asami, que lo arrancó de inmediato.

- Tengo que confesar que no esperé que pudieras impresionarme más – dijo sin poder evitar disfrutar de la velocidad – eres la mejor conductora que he visto en mi vida, señorita Sato.

- Llámame Asami, y aún no has visto nada.

La siguiente vuelta pudo haber sido más tranquila, pero a Asami le agradaba la idea de impresionar a Alehk con sus habilidades. Era la primera persona que reconocía su capacidad al volante.

- ¿A dónde vamos?

- A buscar a Korra – dijo Alehk sujetándose con fuerza de su asiento.

- Tienes que ser más específico…

- Al gran parque de Ciudad República.

- ¿Estás seguro? Creo que deberíamos tratar de alejarnos y no ponernos justo en la zona de guerra.

- Confía en mí – pidió Alehk.

Era todo lo que Asami tenía que escuchar.

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Korra secó sus lágrimas y respiró profundo. Tenzin y su familia habían logrado escapar, pero Lin había sido capturada, ¿cómo iba a decirle a Alehk que no había sido capaz de proteger a su madre? Lin iba en camino a Amón.

- Debemos irnos – dijo Mako tomándola de los hombros – no es seguro aquí.

Mientras recorrían los túneles debajo del suelo de Ciudad República las imágenes de lo ocurrido las últimas horas volvían a asaltar a Korra. Los rostros de los miembros del Lotto Blanco tratando de ocultar su temor y mentalizándose para cumplir su deber, para cuidar de una jovencita inmadura sólo porque era el Avatar, un Avatar que no podía cuidar de ellos, un Avatar que era incapaz de hacer aire control… ¿cuántas personas más iban a resultar lastimadas porque ella no podía cumplir con su deber?

- Korra, llegamos – le susurró Mako al oído.

- ¿Está bien que me sienta como si volviera a casa? – preguntó Bolin levantando los brazos - ¿qué dices tú Pabu? – le preguntó al pequeño hurón rojizo que comenzó a explorar el lugar.

Luego de dejar la Isla del Templo del Aire y con la ciudad bajo ataque, Mako los había convencido de buscar refugio en las colonias de vagabundos debajo de la Ciudad. Las personas que vivían allí, maestros o no maestros no le interesaban a Amón, los igualitarios no parecían saber siquiera que existían.

- Lo siento Korra – se disculpó Mako – hubiera preferido no traerte nunca a este lugar, pero no se me ocurrió a dónde más ir.

- Este lugar es perfecto para esconderse. Y no tienes que disculparte, después de todo lo que has hecho por mí – Korra estaba triste, incluso Mako y Bolin estaban en peligro por su culpa…

- Hermano, ¿te das cuenta que Asami aún está en casa de Lin? – preguntó Bolin.

- Está con Alehk – dijo Korra con un extraño sentimiento en el estómago – él cuidará de ella, pero deberíamos tratar de encontrarlos cuanto antes - "y decirle que Lin fue capturada y va en camino a ver a Amón", pensó Korra angustiada.

- ¿Crees que aún estén donde Lin? – preguntó Mako.

- Estoy segura que ese fue uno de los primeros lugares que atacaron, pero también estoy segura de que están bien. No creo que nos busquen aquí y no tengo idea de dónde encontrarlos…

- Descuida Korra – dijo Bolin – Alehk tiene ese sexto sentido para encontrarte. Siempre sabía dónde estabas, aún cuando te secuestró Tarrlok…

- Comenzaba a desesperarme – dijo una voz familiar que los hizo sobresaltarse – este lugar apesta.

Asami y Alehk aparecieron frente a ellos.

- ¿Cómo…? ¿cómo llegaron aquí? – preguntó Bolin sorprendido – pensé que este era un lugar poco predecible para encontrarnos.

- Anuk, un vagabundo del gran parque nos dijo cómo encontrar este lugar – explicó Alehk – con todo lo que pasa en la superficie no hay mejor lugar para esconderse, además… - el rostro de Mako le impidió continuar.

- Además ¿qué? – preguntó Mako.

- A ustedes no les es desconocido por aquí. Korra no conoce Ciudad República, era esto o la arena de pro-control.

- ¿No te lo dije Korra? Este hombre tiene un sexto sentido para localizarte, es como si pudiera seguir tu olor a Avatar o algo así – dijo Bolin dándole una palmada en la espalda a Alehk - ¿cómo haces eso amigo? Un día podría sernos útil.

- Korra es bastante predecible – dijo Alehk esperando un puñetazo de la joven, o por lo menos una palabra de desaprobación, pero Korra guardó silencio.

- ¿Qué pasó en la Isla? – preguntó Asami - ¿dónde están Lin, Tenzin y…?

- Alehk… - Korra no quería continuar, no quería ver en los ojos de Alehk ira, enojo, irritación o rencor hacia ella, no quería ver lo que había visto alguna vez en los ojos de todos los demás.

- Los igualitarios la capturaron mientras trataba de proteger a Tenzin y su familia – dijo Mako – no pudimos hacer nada.

- Pero Tenzin y su familia lograron escapar, y también nosotros – dijo Bolin, esperando que las buenas noticias hicieran las malas más llevaderas, pero no entendía que sólo se trataba de Lin.

Alehk se alejó, estaba muy alterado. Su madre había sido capturada e iba camino a perder su control en manos de Amón… su madre… y él tenía que ir a buscarla.

"Me diste tu palabra", escuchó en su cabeza.

- No sabía que esto pasaría – dijo golpeando la pared del túnel con su puño.

"Tu deber es cuidar del Avatar", repitió la voz.

- ¡Pero mi madre está en manos de ese loco! – gritó Alehk desenvainando las espadas, provocando la sorpresa de quienes lo escuchaban.

"Sin ti Korra no lo logrará, y entonces no habrá esperanza para tu madre o para nadie", dijo la voz.

Alehk no tuvo argumento contra eso.

"Te prometo que Lin estará bien".

- Y yo te prometo cumplir mi palabra Aang – dijo secando una lágrima con el dorso de su mano.

Asami y Bolin contemplaban la escena completamente pasmados, Mako sólo había confirmado lo que ya sabía y a Korra le aterraba que Alehk saliera en busca de Amón porque ella no podía ayudarlo.

Luego de un par de minutos que parecieron eternos Alehk recuperó la compostura, guardó sus espadas y se acercó al grupo de amigos que lo observaban sin saber qué decir o qué hacer.

- Deberíamos buscar un lugar para pasar la noche – les dijo adelantándose.

- ¿La Jefa Bei Fong es…? ¿su abuela es Toph Bei Fong? – le preguntó Bolin a Korra al oído – ¿crees que sepa metal-control?

Korra no pudo evitar sonreír.

- Alehk no es maestro-tierra Bolin.

- ¿Estás segura? Con esos genes debe ser una mala broma.

- Una pésima broma – dijo Korra suspirando.

- Deberían quedarse aquí – dijo Mako refiriéndose a Korra y Asami – no sabemos si les gustará que hayamos traído al Avatar con nosotros, y si Amón ya te puso un precio, habrá más de un interesado en cobrarlo.

- Eso tiene sentido – dijo Korra resignada.

- No me molesta no volver a ese lugar – dijo Asami cruzándose de brazos

Mako y Bolin desaparecieron pocos metros más adelante, ambos parecían conocer demasiado bien el lugar, Korra pensó que Alehk se quedaría, pero cuando se dio cuenta se había marchado también. Se quedó sola con Asami y el silencio fue terriblemente incómodo.

- Así que... ¿cómo supieron que estaríamos aquí? – preguntó Korra sólo por decir algo.

- Fue como Alehk dijo. Le preguntamos al vagabundo y él nos trajo hasta este lugar, sólo tuvimos que buscar los túneles más cercanos al templo del aire, fue bastante sencillo, luego llegaron ustedes…

- Siento mucho haberte involucrado en esto a ti también Asami.

- Korra, mi padre diseñó las armas que están aterrorizando la Ciudad, lo hizo mientras yo pensé que trabajaba en autos a escala, ¿y tú te disculpas conmigo?

- Es sólo que… soy un desastre como Avatar y todos tienen que pagar las consecuencias.

- No creo que Alehk crea que lo de Lin sea tu culpa, nadie duda que hayas hecho todo lo posible – Korra guardó silencio pero su expresión fue muy elocuente - debo decir que la noticia debió sorprenderme menos, es muy obvio ahora que lo pienso, ¿por qué la Jefa Bei Fong iba a recibir en su casa a un desconocido? Yo había llegado a pensar…no importa, no eran buenos pensamientos.

- ¿Dónde está Alehk? – preguntó aterrada – tal vez fue a buscar a Amón...

- No se iría sólo así, prometió cuidar de ti y cuidar de… no te mentiría antes de irse.

- Tienes razón – dijo Korra más tranquila.

- Korra… - Asami respiró profundo antes de continuar, lo último que quería era darle un mal consejo a Korra – Alehk es un buen tipo… el mejor que haya conocido… deberías darle una oportunidad.

- Asami, con o sin Alehk no voy a acercarme a Mako. Puedo respetar que él está contigo, además él me ha dejado más que claro que no le intereso.

- No lo digo por Mako, lo digo por Alehk… y por ti Korra, si alguien me quisiera como Alehk te quiere a ti… - un nudo se formó en la garganta de Asami, tenía que hacer algo con Mako porque ya había tenido suficiente de sentirse tan insegura.

- ¿De verdad crees que Alehk me quiere? – preguntó Korra.

- ¿El no te lo ha dicho?

- No con todas las palabras.

- Tal vez tiene miedo de tu respuesta – dijo Asami.

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Alehk se alegró de haber llevado las espadas Dao de su abuelo con él, no sólo porque de otra forma podrían haberse perdido, sino porque le daban la apariencia temible necesaria para permanecer sin problemas en los túneles de la Ciudad.

- ¡Joven Baku! – lo llamó el vagabundo amigo de Korra.

- Anuk, te estaba buscando, ¿hiciste lo que te pedí?

- Al pie de la letra, señor – dijo el hombre saludándolo como si se tratara de su superior – sólo pudimos traer el telégrafo y lo que estaba en el escritorio del Concejal, aunque no había mucho más que tomar, cuando los igualitarios se marcharon los ladrones cayeron como aves rapaces sobre el edificio del Concejo, pero no pudieron abrir la oficina del Concejal Tenzin, tuve que hacer lo que tú… lo que usted me dijo, señor, ¿cómo sabía que funcionaría?

- Tuve un buen presentimiento – dijo Alehk - ¿dónde están los documentos?

- Justo aquí, señor – dijo el hombre entregándole un montón de papeles arrugados – fue un viaje de regreso agitado.

Alehk los tomó y comenzó a buscar la información que necesitaba mientras Anuk esperaba paciente.

- ¡Aquí está! Anuk, ¿estás seguro que sabes cómo enviar un telegrama?

- Yo era el telegrafista de Cabagge Corp antes de que ese infeliz Arook me delatara por beber en el trabajo, ese infeliz puede podrirse en el…

- Estoy seguro de que tu hermano se arrepiente de lo que hizo. Necesito que envíes un telegrama importante, ¿puedes hacerlo?

- Con una mano en la cintura y otra atada a la espalda, joven señor. ¿Quién es el destinatario de nuestro mensaje?

- El General Iroh de la Armada de las Naciones Unidas. Necesito que le digas que Ciudad República está bajo ataque y que el Avatar necesita su ayuda de inmediato.

- ¿El Avatar?, ¿usted conoce al Avatar? – preguntó el hombre entusiasmado.

- Si y prometo presentártela si envías ese mensaje de inmediato.

Anuk estiró los brazos y los dedos de sus manos en preparación, luego se sentó frente al telégrafo y comenzó a enviar el mensaje de Alehk con un profesionalismo que el joven no hubiera creído posible.

- Está listo, joven señor, ¿esperamos respuesta?

- Por supuesto.

- El pobre Arook y sus aburridos mensajes – dijo Anuk satisfecho – ya quiero ver su cara cuando le diga que soy el telegrafista del Avatar, y que la conozco en persona, ¿cuándo la conoceré, joven señor? – preguntó confundido.

- En cuanto sea seguro para ella aparecer por aquí, no queremos arriesgarla a caer en manos de los igualitarios ¿o sí?

- Por supuesto que no joven señor, ella es nuestra Avatar – digo Anuk serio- ¿le importa si envió un mensaje a mi hermano mientras esperamos respuesta?

- No seas demasiado cruel con él, no todos pueden ser el telegrafista del Avatar, y su amigo personal.

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Los túneles yendo al centro de la Ciudad estaban repletos, además de los visitantes regulares había muchos maestros que habían perdido su control a manos de Amón y otros que se ocultaban y habían buscado allí refugio, lo que significaba que no tardarían en llamar la atención.

- Fue una gran noticia, ¿no crees? Que la Jefa Bei Fong… ¿quién crees que sea el padre de Alehk? – preguntó Bolin.

- No creo que sea nuestro asunto hermano. Ahora debemos concentrarnos en averiguar qué saben por aquí de los igualitarios.

- Y en conseguir algo de comida – añadió Bolin acariciando a Pabu - ¿Crees que a Korra le interese Alehk?

- Ese tampoco es nuestro asunto – dijo Mako furioso.

- ¿Sabes algo? A veces te comportas como un patán. Con todos los problemas que tiene Korra con eso de ser el Avatar y Amón atacando la Ciudad, lo último que necesita es que tú sigas… confundiéndola.

Mako se detuvo y volteó a ver a su hermano. No era usual que Bolin le reclamara por nada, su hermano solía respetar sus decisiones.

- ¿Qué significa eso Bo?

- Estás con Asami, tú repites eso como tu mantra personal, se lo has dicho a Korra, me lo has dicho a mí, a la propia Asami… pero aún así sigues confundiendo a Korra. Actúas como si te interesara y cuando ella muestra interés te portas como un idiota y la lastimas; le dices que estás con Asami y cuando ella quiere estar con alguien más, te portas como el ex novio celoso… en serio hermano, deberías dejar eso porque sólo las lastimas a las dos.

- Lo último que quiero es lastimar a alguien, pero no logro hacer nada bien Bo.

- Asami es guapa, agradable… y tiene una mansión enorme, y los mayordomos… luego de esto deberíamos conseguirnos un mayordomo - dijo Bolin entusiasmado - pero Korra es… es extraordinaria, no merece que la hagas sufrir.

- Yo tampoco quiero eso.

- Entonces toma una decisión de una vez, y no vayas cambiando de opinión o con segundos pensamientos. Habla con Asami o deja que Korra sea feliz con alguien que la merezca… y Alehk la merece. Y no lo digo porque es el nieto de Toph Bei Fong.

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Cuando Alehk estuvo de vuelta Korra y Asami se habían quedado dormidas esperando, ambas estaban sentadas en el suelo con los brazos cruzado, apoyadas en Naga. Alehk se acercó y tocó la mejilla de Korra y luego la de Asami, que despertó primero.

- Estás de vuelta.

- Pareces sorprendida – dijo Alehk sonriendo.

- Korra estaba preocupada por ti, pensó que habías salido a buscar… Alehk, siento mucho lo que pasó, pero te aseguro que si hay alguien que puede hacerle frente a Amón…

- Conozco a mi madre, se que está bien – dijo Alehk tratando de sonreír de nuevo – traje algo de comer, pensé que tendrían hambre, ¿no han vuelto Mako y Bolin?

- Tal vez se están poniendo al corriente, creo que conocen a varias personas aquí, podrían tardar un rato. Ojalá ya estuvieran de regreso, Bolin podría hacer algo para que esto fuera más cómodo…

- Descuida, yo lo haré – dijo Korra que acaba de despertar.

Se levantó y se alejó un par de metros, y luego con su tierra-control levantó una tienda de piedra y del otro lado del túnel una mesa y varias sillas con respaldo alrededor. El lugar parecía casi habitable. Finalmente se deshizo de las goteras y la humedad, e incluso el mal olor desapareció.

- A veces olvido que además de ser una gran maestra-agua eres el Avatar – dijo Asami satisfecha con los resultados.

- Ojalá yo también pudiera olvidarlo – dijo Korra en voz baja.

- ¡Este lugar debe ser la suite de los vagabundos! – dijo Bolin que llegaba con su hermano – incluso el mal olor desapareció, esperen… si, desapareció.

- Hiciste un buen trabajo Korra – dijo Mako mientras se sentaba al lado de Asami.

- ¿Encontraron algo? – preguntó Asami.

- Este lugar ha cambiado mucho desde la última vez que estuvimos aquí – explicó Bolin – todo es más caro que en la superficie, 20 yuanes apenas compraron la cena para uno, pero aún podemos dividirla.

- Tampoco deberíamos ir más allá – dijo Mako – hay rumores de que Amón o Hiroshi pagarían mucho dinero por ti y más de uno está dispuesto a tomar el riesgo de intentar atraparte. Deberíamos hacer guardias durante la noche para evitar sorpresas desagradables.

- Y de vuelta a la cena, creo que lo más apropiado es que…

- Descuida Bolin – dijo Alehk – ya me encargué de eso.

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Korra comenzaba a sentirse claustrofóbica en ese lugar, pero los constantes sonidos de explosiones en la superficie le recordaban que era el mejor lugar posible. Estaba exhausta, pero ni siquiera intentó cerrar los ojos, las imágenes de lo ocurrido en el día, y las ideas de lo que le deparaba el futuro cercano le impedían dormir. Se levantó y vio en la esquina de la tienda a Asami que dormía en los brazos de Mako, estaba tan cansada y angustiada que ni siquiera sintió celos. Bolin que era el guardián en turno dormía a la entrada de la tienda, lo que significaba que Alehk había tomado su lugar.

- Deberías ir a dormir – le dijo Korra sentándose a su lado, junto a Naga – hace cuatro días estabas tan malherido que pensamos que no despertarías.

- Lo intenté pero no pude, y Bolin estaba tan cansado que pensé que era justo tomar su lugar. Mako me relevará en un par de horas.

- Todo esto es un desastre Alehk… ¿esas son? – preguntó cuando las espadas de Alehk llamaron su atención - ¿son las espadas Dao del espíritu azul? No sabía que supieras usar espadas.

- Mi abuelo me las dio cuando me convertí en… cuando pude usarlas apropiadamente. El mismo me enseñó. Iroh nunca tuvo interés en aprender… es demasiado bueno siendo maestro-fuego.

- El Príncipe General Iroh – dijo Korra suspirando - creo que fue mi primer amor o algo así. Yo tenía nueve años la primera vez que fue al polo sur, él tenía dieciséis y lo perseguí hasta que se hartó y me encerró en uno de los salones. Quemé la puerta y fui tras él, cuando lo encontré lo desafié a un Agni Kai enfrente de los ancianos de la Orden, todos comenzaron a reír y me enfurecí aún más, le disparé un rayo, él lo desvió con facilidad, pero todos se asustaron y me prohibieron volver a hacer fuego-control sin supervisión hasta que cumplí 14 años.

- Eso suena como algo que harías tú.

- Cuando lo volví a ver en la coronación de Ursa estaba dispuesta a disculparme, pero él ni siquiera lo recordaba, estaba feliz porque lo acababan de nombrar General, creo que es el General más joven que ha tenido la Armada.

- Korra, tengo que decirte que esta tarde…

- ¡La Armada de las Naciones Unidas! – dijo Korra entusiasmada.

- Korra, yo ya…

- ¡Debemos llamarlos!, ellos vendrían y…

- Korra – dijo Alehk tomándola por los hombros – le envié un telegrama a Iroh. La Armada de las Naciones Unidas estará aquí en pocos días y te ayudarán a recuperar Ciudad República.

- Alehk – dijo Korra conmovida – no sé por qué viniste a Ciudad República, no sé por qué lo hiciste justo ahora, pero estaría perdida sin ti – dijo abrazándolo.

Korra sintió como si un gran peso cayera de sus hombros, se sintió segura en los brazos de Alehk, y un torbellino de emociones agradables la invadió.

- Siento mucho no haber ayudado a Lin – dijo Korra escondiendo su rostro en el pecho de Alehk que acariciaba su pelo - lo siento mucho.

- Si hubieras intentado ir tras ella la habrías hecho enfurecer y sólo los espíritus saben de lo que habría sido capaz. Mi madre habría odiado verte en peligro Korra. Ella tomó una decisión y tú hiciste lo correcto en respetarla.

- Mientras la veía alejarse sólo pensaba… sólo pensaba en lo aliviada que me sentía porque no estabas allí. Tú habrías ido tras ella y tampoco habría podido ayudarte a ti.

- Ella debió pensar lo mismo, por eso se aseguró de que no pudiera seguirlas.

- Deberías odiarme, Alehk, o por lo menos guardarme algo de rencor. Te he puesto en peligro desde que nos conocimos y ahora incluso Lin…

- Tal vez si me hubieras lanzado un rayo directo al corazón… espera, Iroh no te odia tampoco. Entonces no se me ocurre nada que puedas hacer para conseguir que alguien te odie.

- Podrías preguntarle a Amón.

- Korra, hay algo que tengo que decirte. Debí decirlo apenas pude articular palabra.

Korra levantó su cabeza y sus ojos se encontraron con los de Alehk. Su corazón se aceleró, quería escuchar las palabras…

- Amón es un maestro-sangre, igual que Tarrlok.

No era lo que Korra esperaba oír, pero la noticia le hizo olvidarlo.

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El ruido de la superficie logró despertar a Mako. Hacía tanto frío que se había acurrucado con Asami para mantenerla caliente, él era un maestro-fuego después de todo. Puso la cabeza de Asami con cuidado en el suelo y luego se levantó. Escuchó a Korra y a Alehk hablando afuera de la tienda. Pasó sobre Bolin que se las había arreglado para dormirse justo en la puerta de entrada y salió. Pudo ver a Korra y Alehk sentados a un par de metros recostados sobre Naga que dormía.

- … no pareces sorprendida por lo que dije – escuchó que dijo Alehk.

- Lo estoy, pero… supongo que eso tiene sentido, tal vez usa su sangre-control para… ¡Mako! – exclamó cuando vio aparecer al maestro-fuego.

- Es hora de mi guardia – dijo él tratando de ocultar la molestia que le causaba ver a Korra con Alehk.

- No tiene caso que los dos estemos despiertos – dijo Alehk levantándose – esta será la primera de varias noches. Korra, deberías intentar descansar también.

Korra dudó un segundo, quedarse con Mako era una idea demasiado agradable, pero lo último que necesitaba era complicarlo todo con un corazón roto. Iba a marcharse con Alehk cuando Mako tomó su mano.

- Korra, ¿puedo hablar contigo?

Korra volteo a ver a Alehk esperando que le diera razones para no hacerlo, pero el maestro-aire entró a la tienda sin voltear a verla.

- No voy a insistir con lo mismo – le aseguró Mako – quiero hablarte sobre Tarrlok.

- De acuerdo – dijo Korra volviendo a sentarse y cruzándose de brazos.

Mako se sentó junto a ella y apoyó su cabeza sobre Naga que era ajena a todo lo que pasaba a su alrededor.

- Korra, los hombres que estaban con Tarrlok, el maestro-tierra y el maestro-fuego… - Mako respiró profundo antes de continuar - ¿qué pasó con ellos?

- ¿Por qué quieres saber?

- Sólo responde, por favor.

- ¿Cómo sabes que había un maestro-tierra y un maestro-fuego con Tarrlok? – preguntó Korra – Yo nunca los vi controlar nada.

Mako guardó silencio. No se atrevió a decirle a Korra que él había dejado que se la llevaran y no había hecho nada para impedirlo.

- No estoy segura de lo que pasó, sólo escuchaba voces – dijo Korra cerrando los ojos para revivir la escena – Tarrlok volvió a buscarme, iba a entregarme a Amón para que me quitara mi control. El y sus hombres, no estoy segura de que fueran los mismos que habían estado con él cuando me capturó, discutían sobre la mejor forma de hacer la entrega. Amón llegó poco después y le pidió a sus hombres que electrocutaran la caja donde yo estaba, me las arreglé para quedar suspendida y la electricidad no me tocó. Cuando pensaron que había perdido la consciencia, Tarrlok le recordó a Amón los términos de su trato, pero Amón le dijo no confiaba en la palabra de un maestro. Sólo escuché gritos después de eso, supongo que los igualitarios electrocutaron a los hombres de Tarrlok y luego Amón les quitó su control. Dijo que no había forma en que hiciera pactos con maestros que además eran delincuentes. En ese momento no entendí por qué Tarrlok no había podido defenderse de Amón, pero supongo que ahora todo tiene sentido – dijo Korra pensativa.

- ¿Cómo conseguiste escapar?

- Pensaron que estaba inconsciente y los sorprendí cuando abrieron la caja, luego Alehk los distrajo… supongo que los hombres por los que preguntas perdieron su control a manos de Amón y deben estar prisioneros si eran hombre de Tarrlok, de cualquier forma no pudiste haberlos ayudado…

- Korra – dijo Mako con la vista en sus manos – yo vi cuando esos hombres los atacaron a ti y a Alehk, vi cuando te subieron a la camioneta y no…

- Tú fuiste quien lanzó la llamarada que distrajo a Tarrlok, pensé que la había imaginado…

- No pude ayudarlos Korra, me paralicé y no pude…

Mako recordó los ojos y la voz del maestro-fuego y se estremeció, lo invadieron los recuerdos de la noche en que había perdido a sus padres y comenzó a temblar. Korra se asustó al principio, nunca había visto a Mako en un estado tan vulnerable, se acercó él Mako la abrazó por la cintura y ocultó su rostro en su regazo.

- Tuve miedo Korra – confesó por fin – tuve miedo de ese hombre y no pude protegerte – dijo Mako entre sollozos.

Korra no sabía qué decir, sólo acarició su pelo mientras Mako la abrazaba con todas sus fuerzas.

- ¿Fue ese hombre? ¿ese maestro-fuego? – preguntó Korra.

- Siempre pensé que cuando lo tuviera enfrente… me aterraba pensar de lo que sería capaz, pero no fui capaz de nada. Sentí miedo y no pude moverme…

- Tal vez fue mejor así Mako, tal vez fue mejor que no pudieras moverte. Los espíritus de protegieron de hacer algo de lo que te hubieras arrepentido…

- No Korra, los espíritus nunca me han protegido – dijo levantando su cabeza – los espíritus no me escucharon cuando era un niño, ¿por qué querría algo de ellos ahora? – preguntó Mako secando sus lágrimas. – Si Amón le quitó su control a un monstruo como ese, e impidió que siguiera haciéndole daños a las personas, tal vez no es tan malo después de todo.

- No digas eso. También le quitó su control a los miembros de la Orden… a Lin… - el control no es el problema Mako, son las personas.

- Eres el Avatar, estás destinada a ser la fuerza más poderosa del mundo, no puedes entender lo que es sentirse tan indefenso y vulnerable como me sentí cuando asesinaron a mis padres.

- Mako, siento mucho lo que te pasó, pero no dejes que el deseo de venganza te convierta en lo mismo que odias. Los malos sueños se irán cuando se vaya la ira…

- ¿Cómo sabes de los sueños?

- Los espíritus si te escucharon, Bolin y tú están bien.

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- ¿Crees que dejar a Naga con Bolin fue una buena idea? – preguntó Korra.

- Naga cuidará de Bolin y Bolin cuidará de Anuk – dijo Alehk – es un buen hombre y sabe enviar telegramas, pero no podemos correr riesgos.

- ¿Qué estamos buscando exactamente? – preguntó Asami.

- Una ruta segura de ida y vuelta a la bahía, no sabemos cuándo estará aquí la Armada y tenemos que estar listos – dijo Alehk.

- ¿No podían Bolin y Korra hacer un túnel? No hay nada más seguro que eso.

- Podría intentarlo – dijo Korra – pero no les aseguro que no terminaremos en una de las prisiones de los igualitarios, soy pésima tratando de orientarme. Y el problema con los túneles siempre es remover los escombros.

- El auto debe estar en la siguiente calle – dijo Asami – espero que aún tenga suficiente combustible.

Encontraron el auto de Asami en uno de los callejones, sorprendentemente intacto. Con la Ciudad bajo ataque los ladrones no se arriesgaban a salir a las calles, si no eras un maestro, estabas completamente a salvo.

Mako tomó uno de los volantes que estaban tirados en el piso antes de subir al auto.

- ¿Qué dice? – preguntó Korra sentándose en la parte de atrás del auto junto con Alehk.

- Hacer cualquier tipo de control ahora es ilegal – dijo Mako - ¿qué crees que harán los igualitarios con su líder cuando descubran el engaño?

- No sé, pero me gustaría estar allí.

- Tal vez esa idea no sea tan mala – dijo Mako prendiéndole fuego al volante que se hizo cenizas en un segundo.

Asami condujo por las calles casi desiertas hasta la bahía, cuando estaban a un par de kilómetros un proyectil que se estrelló contra la parte trasera del auto los hizo salir disparados. Mako y Asami, que iban al frente salieron bien librados, pero Alehk tuvo que hacer aire-control para amortiguar la caída de Korra, que tenía una herida en la pierna izquierda.

- ¿Estás bien? – preguntó Alehk.

- Nada que no pueda curar yo misma – dijo Korra examinando la herida.

- ¡Son el Avatar y sus amigos! – gritó uno de los bloqueadores de chi que Alehk reconoció como el teniente – los habíamos estado esperando.

En pocos segundos se vieron rodeados por decenas de hombres con guantes y barras de electricidad, y varios meca-tanques se acercaban de prisa. Alehk fue el primero en hacerles frente y todos se sorprendieron por sus habilidades. Era como un ejército de un solo hombre que se movía demasiado rápido para ser neutralizado, era letal y escurridizo, y ni siquiera había hecho aire-control. A Korra le parecía que estaba viendo al Espíritu Azul del que le habían hablado cuando lo vio manejar las espadas, pero espectáculo no duró mucho. Ella, Asami y Mako tuvieron que unírsele a Alehk con mucho menos éxito. Los bloqueadores de chi llegaron a Mako que ya sólo era capaz de usar su brazo derecho; Asami era mucho más hábil en el combate de lo que cualquiera hubiera pensado, pero pronto se vio superada en número, incapaz de hacerle frente a la docena de hombres que la amenazaban con sus barras de electricidad. Uno de los atacantes le disparó a Korra un rayo que no pudo desviar mientras otro trató de bloquearla, pero Alehk se lo impidió.

- Esto no es bueno – dijo Korra cuando vio a decenas de igualitarios que se aproximaban al lugar.

- Debemos irnos de aquí – dijo Alehk.

- No creo que eso sea sencillo – advirtió Asami – estamos completamente rodeados.

Montículos de tierra comenzaron a levantarse en diferentes puntos arrojando por los cielos a decenas de igualitarios, luego una enorme muralla circular se levantó alrededor de los cuatro y se desplazó a los extremos llevándose con ella a los igualitarios que los rodeaban.

- ¿Tú hiciste eso? – preguntó Mako a Korra.

- No – respondió el Avatar asombrada por las habilidades del maestro-tierra que lo hubiera hecho.

Los meca-tanques destruyeron la enorme muralla y los igualitarios se prepararon para seguir su ataque cuando olas de roca de quince metros de alto comenzaron a golpearlos y desplazarlos.

- ¿Quién está haciendo esto? – preguntó Asami asombrada.

- Lo averiguamos después – dijo Mako – hora de irnos.

Aprovecharon la confusión para escapar, y los minutos que siguieron sólo se preocuparon en correr lo más de prisa posible.

- No creo que nos hayan seguido – dijo Korra cuando no pudo dar un paso más por el dolor y confundida por lo que acaba de pasar.

- ¿Qué fue eso? – preguntó Asami tratando de recuperar el aliento.

- Debe ser el mejor maestro-tierra que haya visto en mi vida – dijo Mako – a Bolin le hubiera gustado estar aquí.

La tierra se levantó justo debajo de Alehk catapultándolo veinte metros y antes de que se recuperara de la sorpresa un sujeto vestido de negro lo alcanzó en el aire, estrellándolo contra el edificio frente a ellos lo aprisionó de las muñecas y los tobillos con grilletes de piedra.

- ¿Cuál va a ser tu excusa ahora señor volador? – le preguntó el extraño, al que el maestro-aire reconoció de inmediato.

- Debí saber que se trataba de ti, siempre sabes cómo hacer una entrada – dijo Alehk aliviado.

Korra lanzó una enorme roca que se estrelló un par de centímetros a la izquierda de Alehk.

- ¡Seas quien seas, déjalo ir ahora mismo! – gritó el Avatar furiosa.

- Mejor haz lo que te dice – dijo Alehk con una sonrisa.

- ¿Ella y cuántos maestros-tierra van a obligarme? – preguntó el sujeto con un gesto de suficiencia.

- No necesita de nadie más, es el Avatar – le dijo Alehk al oído.

El sujeto dejó libre a Alehk de inmediato y bajó de un salto, aterrizando justo frente a Korra que estaba en guardia y lista para atacar. El desconocido se inclinó frente a Korra hasta que su cabeza tocó el piso.

- Es un honor Avatar Korra – dijo descubriéndose la cabeza.

El extraño era una joven, no mucho mayor que Korra.

- ¿Quién…? ¿quién eres? – preguntó Korra confundida.

- Mi nombre es Kiya y estoy a su servicio – dijo la joven aún con la cabeza en el suelo.

- El misterio está resuelto – dijo Alehk que apareció junto a Korra frotando sus muñecas.

- ¿Por qué te atacó? ¿por qué…? Esto no es necesario – dijo Korra – ¿puedes levantarte de una vez?

La joven se levantó, era pocos centímetros más alta que Korra y una versión poco menos sofisticada de Asami. Tenía el cabello castaño y hasta la mitad de la espalda, sus ojos le recordaron a los de Bolin, eran grandes, verdes y brillantes, y tenía una apariencia de fragilidad que contrastaba con lo que acaba de demostrar. Debajo de la capa negra llevaba un atuendo de los nobles del Reino Tierra.

- Kiya es una buena amiga – explicó Alehk – y la mejor maestra-tierra que conozco.

- No que me pueda comparar con el Avatar – dijo Kiya de inmediato.

- Fue la mejor alumna de mi abuela cuando era pequeña – siguió Alehk.

- ¿Fuiste alumna de Toph? – preguntó Korra impresionada.

- Ella me enseñó todo lo que sé… o la mayoría. Lin también fue mi maestra, ella me enseñó metal-control. Vine en cuanto Iroh me dijo lo que pasaba en Ciudad República, pero no esperaba encontrarte tan pronto – le dijo a Alehk – volvía de buscar en la casa de Lin cuando vi que esos sujetos los atacaban.

- ¿Conoces a Iroh? – preguntó Korra cuando pudo interrumpir a la joven.

- Si, los tres fuimos los últimos contendientes para ser el guardián del…

- Deberíamos irnos de aquí, los igualitarios pueden volver a aparecer en cualquier momento – interrumpió Alehk.

- Honestamente – dijo Korra – no creo que después de la demostración de Kiya les interese volver a enfrentarnos, no sin refuerzos.

- Así que – dijo Kiya tomando del brazo a Alehk mientras caminaban de vuelta a los túneles - ¿cuándo estará aquí Iroh? Me muero de ganas de verlo, ¿es aún más apuesto que como lo recuerdo?

Korra no escuchó la respuesta de Alehk se quedó atrás y vio por última vez el enorme cráter que Kiya había dejado en la Ciudad.

- Es la mejor maestra-tierra que he visto en mi vida – dijo en voz baja.

- No que pueda compararse con el Avatar – dijo Mako.

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Cuando llegaron a la entrada de los túneles Mako insistió en llevar a Korra al campamento improvisado para que curara sus heridas y Asami lo acompañó. Kiya insistió en acompañar a Alehk mientras intentaba conseguir comida y mantas para que la estancia fuera más cómoda.

- ¿Cómo me encontraste? – preguntó Alehk – y dime la verdad porque sabré si mientes.

- No tendrías ni idea, recuerda que sólo eres un maestro-aire. Este lugar es deprimente – dijo Kiya observando a los vagabundos a su alrededor.

- Estás en una colonia de vagabundos bajo tierra, ¿qué esperabas?

- Me muero de hambre, pero no creo que me guste la comida que puedas conseguir aquí.

- Si tienes suficientes yuanes es tan buena como la de la superficie.

- Entonces es una suerte tenerte aquí – dijo Kiya besando su mejilla. - ¿Cómo va tu trabajo de guardián? ¿es tal y como lo esperábamos?

- Es diferente.

- ¿Y tu amor platónico por el Avatar? Por favor dime que ya lo superaste. Odiaría tener que soportar otros cuatro años escuchándote hablar de lo mucho que la has olvidado.

- Ya lo superé.

- Y por supuesto estás mintiendo, ni siquiera tengo que escuchar tu corazón para saberlo. ¿Cómo es que Korra puede resistirse a alguien como tú?

- Kiya deja eso de una vez. ¿Aún te preguntas porque salí huyendo de ti? Mejor dime cómo me encontraste.

- Estuve un par de días vigilando a los igualitarios, sabía que tarde o temprano los encontrarían. Pero es cierto que fui a buscarte a casa de Lin, los saqueadores se llevaron un buen susto, no creo que vuelvan allí.

- No has preguntado por mi madre.

- Ella está bien.

- ¿Cómo sabes eso? – preguntó Alehk.

- Porque soy mucho mejor rastreadora que tú y cuando supe que los igualitarios la tenían prisionera traté de encontrarla.

- ¿Y lo hiciste?

- Estaba en una prisión provisional en el Templo del Aire, pero a ella y a los miembros de la Orden del Lotto Blanco iban a trasladarlos a otro lugar. Se negó a que la ayudara a escapar y me hizo prometerle que te encontraría y que te ayudaría a cuidar de Korra. Dicen que Amón le ofreció conservar su control a cambio de que le diera información sobre cómo encontrar al Avatar… ni ella ni los miembros de la Orden aceptaron.

- Kiya, Amón logró quitarle su control a mi madre, si sigues con esto tú podrías ser la próxima.

- Mejor yo que el Avatar, ¿no crees? – Alehk guardó silencio - Escucha señor volador, tú ganaste el honor de ser su guardián porque eres terriblemente testarudo, afortunado y tienes un enamoramiento del tamaño de Ba Sing Se, pero aún soy mejor maestra que tú, y ni hablar de que soy mejor en el juego de las sombras, así que deja de preocuparte y acepta mi ayuda porque la necesitas.

- ¿Estás segura que no lo haces porque Iroh llegará en cualquier momento?

- Esa es una afortunada coincidencia. Compra esa comida de una vez, me muero de hambre.

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Cuando Korra, Asami y Mako llegaron a su campamento improvisado en los túneles Bolin ya los esperaba impaciente.

- ¿Por qué tardaron tanto? Estaba muy preocupado, Anuk escuchó sobre un enfrentamiento cerca de la bahía, pensé que podrían haber sido ustedes.

- Si se trató de nosotros Bo – dijo Mako ayudando para que Korra se sentara en una de las sillas de piedra improvisadas.

- ¿Estás bien? – preguntó el maestro-tierra a Korra.

- Sólo necesito un poco de agua – dijo la joven Avatar examinando la herida de la pierna que era menos superficial de lo que había pensado en un principio.

Bolin le acercó el recipiente con agua y se sentó a su lado.

- En el radio dijeron que los igualitarios habían controlado la situación y capturado a los disidentes, estaba muerto de miedo.

- Mintieron – dijo Korra mientras el agua brillante sobre su pierna aliviaba el dolor – hoy Amón tuvo una mala tarde, debiste haber estado allí.

- Eso fue lo que traté de decirles desde el principio, ¿dónde está Alehk?

- Fue a comprar comida y mantas, al parecer vamos a estar en este lugar varios días más – dijo Asami - ¿dónde está Anuk?

- Creo que tenemos un problema – dijo Bolin.

- ¿Qué clase de problema hermano?

- Anuk y el dinero que Alehk guardaba en su bolsa… tal vez desaparecieron.

- Bo, te quedaste aquí para vigilarlo, ¿cómo pasó eso? – preguntó Mako molesto.

- Naga estaba muy ansiosa, pensé que sería buena idea sacarla a pasear al bosque, nadie va por allí por los leones-alce y Naga es enorme, se me ocurrió salir por la salida oeste de los túneles no hay nadie por los derrumbes y cuando volví… ya no estaban.

- ¿Cómo sabes que Alehk tenía dinero en su bolsa? – preguntó Asami.

- Eso era muy obvio – dijo Bolin – debió ser más cuidadoso, estaba entre vagabundos después de todo. Pero dejó un sobre para Alehk, tal vez una carta de agradecimiento o un pagaré firmado… o un telegrama que recibió mientras Naga, Pabu y yo estuvimos fuera. Por lo menos dejó el telégrafo, esa es una buena noticia, ¿no creen?

- Lo sería si alguno de nosotros supiera cómo usarlo – dijo Mako – Asami, tú no tienes idea - ¿o si?

- ¿Por qué crees que se cómo usar un telégrafo?

- Yo sé cómo usarlo – dijo Kiya que llegó con Alehk.

- ¿Qué pasó con Anuk? – preguntó el maestro-aire mientras dejaba las mantas sobre el piso.

- Se fue con el dinero de tu bolsa – dijo Korra – es una suerte que seas tan rico, tienes más yuanes contigo ¿cierto?

El interés de Bolin pasó de la desaparición de Anuk a la aparición de Kiya en segundos. La joven atrajo su atención de inmediato.

- Todos los que necesites señorita Avatar, pero es una lástima, había llegado a confiar en Anuk, supongo que eres la nueva telegrafista a cargo – le dijo a Kiya.

- Es un placer poder ser útil – dijo la joven entusiasmada – Espero que se encuentre mejor Avatar Korra.

Korra no pudo ignorar más tiempo la mirada de Bolin que pedía a gritos que le presentaran a la nueva integrante del equipo.

- Kiya, aún no conoces a Bolin, él es hermano de Mako y un gran maestro-tierra.

- Es un honor conocer a los amigos del Avatar – dijo Kiya haciendo una reverencia frente a Bolin que avergonzado comenzó a frotar la parte posterior de su cabeza.

- El honor es mío, es todo mío – dijo con su cordial sonrisa.

- Kiya es la mejor maestra-tierra que he visto en mi vida – dijo Korra – y te gustará saber que también es maestra-metal…

- Y que fue alumna de Toph – dijo Mako.

Era como si a Bolin le describieran la mujer perfecta, una que en sus mejores sueños no se hubiera imaginado. Kiya tenía todos los atributos posibles, con muchos menos Bolin habría caído rendido a sus pies.

Alehk tomó el sobre de las manos de Bolin que no era capaz de articular palabra, no que Kiya lo notara, sus habilidades como rastreadora eran extraordinarias, pero también era bastante despistada cuando se lo proponía.

- Kiya, ¿puedes leer esto? – preguntó Alehk extendiéndole el sobre que Kiya tomó de inmediato.

- Es del General de la Armada de las Naciones Unidas, ¡es de Iroh! Dice que el clima no ha sido favorable pero que confía en llegar a la bahía de Ciudad República en tres días con su flota completa.

- Esas son buenas noticias – dijo Korra evaporando el agua entre sus manos cuando su herida estuvo sanada.

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Las habilidades de Kiya hicieron la estancia en el campamento subterráneo un poco más cómoda. Ella era capaz de manipular la tierra con más precisión y control que Korra y Bolin y pudo hacer modificaciones en el espacio y en la forma de la tienda con el mínimo de ruido y vibraciones, y tuvo el detalle de añadir incluso formas decorativas al lugar, lo que sólo Bolin apreció.

- Tienes que enseñarme a hacer eso, las columnas son grandiosas – dijo Bolin cuando decidió acercarse a Kiya.

- ¿También eres maestro-tierra…? ¡Eres adorable! – dijo cuando Pabu apareció frente a ella - ¿cómo se llama este huroncito tan lindo? – preguntó alzando al animalito.

- Su nombre es Pabu – dijo Bolin – es un mamífero arbóreo de… de algún lado del Reino Tierra, debí ponerle más atención a Jinora – murmuró.

- Pues es la criatura más adorable que he visto en mi vida – dijo Kiya entusiasmada.

- Así que eres maestra-metal, yo he tratado de controlar el metal desde que descubrí que era maestro tierra, pero no es nada fácil, ¿crees que podrías enseñarme algunas técnicas?

- Por supuesto – dijo Kiya con su atención aún en Pabu – hace algunos años fui maestra en la academia de metal-control Bei Fong, si tienes lo necesario aprenderás enseguida.

- ¿Hace algunos años…?

- Hace como cinco años, tuve que dejarlo cuando comenzó el entrenamiento de guardián, ¿es seguro que este adorable huroncito esté cerca del perro-oso polar del Avatar?

- Naga y Pabu son buenos amigos. ¿De verdad aprendiste tierra-control de Toph Bei Fong?

- Sólo los primeros años, ella murió cuando yo tenía catorce.

- ¿Y de verdad era tan buena como dicen?

- No sé lo que dicen, pero sé que era la mejor maestra-tierra que cualquiera hubiera visto jamás.

- ¡Bo! – lo llamó Mako – la cena está lista.

- Por fin – dijo Kiya – me muero de hambre.

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La guardia de Korra, la primera de la noche, estaba a punto de terminar. Los últimos minutos los había pasado pensando en Amón, y en cómo exponerlo frente a los igualitarios.

- Avatar Korra – le dijo la voz casi infantil de Kiya con su habitual reverencia – es hora de mi guardia.

- Podrías llamarme sólo Korra, y dejar las reverencias y las inclinaciones, no son necesarias.

- ¿Está segura Avatar Korra? - preguntó Kiya confundida.

- Muy segura – dijo Korra levantándose para ir a dormir.

- Korra – la llamó Kiya - ¿puedo hablarte un minuto? – Korra se detuvo cruzándose de brazos y Kiya continuó – Lin me pidió que te dijera algo… sólo a ti.

- ¿Cuándo viste a Lin? – preguntó Korra interesada.

- Desde que llegué a Ciudad República estuve a sus órdenes…

- ¿Cuándo llegaste a Ciudad República?

- Una semana después de que se… de que te infiltraste en la reunión de los igualitarios. Lin me llamó cuando se dio cuenta de la gravedad del problema.

- ¿Por qué te llamó a ti?

- Porque fui la mejor alumna de Toph… y porque confiaba en mí y nadie aquí me conocía. Me enlisté en las filas de los igualitarios apenas llegué a la Ciudad, Lin quería que fuera su informante desde el interior, pero desafortunadamente no tuve tiempo para acceder a los niveles donde se maneja la información. El día que capturaron a Lin conseguí hacerme pasar por una de sus guardias y pude hablar con ella, y me pidió que te advirtiera de Amón…

- Es un maestro-sangre.

- Si, es un maestro-sangre – continuó Kiya – pero también es el hermano de Tarrlok.

- ¿Por qué no me sorprende? Ambos son hijos de Yakon, están juntos en esto… - dijo Korra cayendo en cuenta - pero no entiendo ¿por qué Amón le quitó su control a su propio hermano y cómplice?

- Tarrlok aún es un maestro-sangre – continuó Kiya – todo debió ser un truco para guardar las apariencias. Su revolución no busca acabar con el control sino controlar a los maestros, quitarles el control a los que no estén de acuerdo con sus métodos y… destruir al Avatar.

- Eso tiene mucho sentido – dijo Korra tratando de disimular su preocupación.

- Los rumores entre los igualitarios dicen que se están expandiendo, hay grupos en el Reino Tierra, en la Tribu Agua del Norte y en la misma Nación del Fuego que sólo esperan que Ciudad República y el Avatar caigan para salir a la luz. También dicen que Amón y Tarrlok están entrenando a maestros-agua del más alto nivel para enseñarlos a hacer sangre-control

- Esto es mucho más grave aún de lo que pensaba… pero sólo significa que debemos detener a Amón y Tarrlok antes de que sus planes avancen.

- Lin me pidió que le… que te dijera que debemos evitar que caigas en manos de Amón a cualquier costo… Si la Ciudad cae, Iroh te llevará a la Nación del Fuego mientras la Armada trata de recuperarla.

- No podría hacer eso, no podría huir mientras…

- El mundo puede permitirse que caiga Ciudad República, pero no puede permitirse que caiga el Avatar – dijo Kiya.

Lo que Kiya acababa de decirle había terminado por agotar su espíritu. No estuvo de acuerdo con la joven, pero tampoco tenía energías para discutir. Le sonrió a manera de despedida y se marchó a su espacio en la tienda de piedra.

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Korra detestaba las mañanas, pero sus sueños habían estado plagados de pesadillas en las que ella y sus amigos caían en manos de Amón y tuvo que levantarse apenas abrió los ojos. Salió de la tienda y vio a Bolin, el encargado de la última guardia de la noche, profundamente dormido en la entrada. Pasó frente a él sin hacer ruido y llamó a Naga que imitó su sigilo y la siguió. Recordó que Bolin le había dicho que podían salir al bosque por los túneles del lado oeste y se dirigió hacia allá.

Sabía que era imprudente y riesgoso, pero también sabía que no podía soportar un minuto más sintiéndose aprisionada en ese lugar. Caminó menos de quince minutos antes de que se hiciera obvio por qué nadie iba por ese lado, los túneles que llevaban al bosque estaban en ruinas o eran una trampa mortal con piedras cayendo al menor movimiento. Hizo tierra-control para remover los escombros y abrirse paso durante todo el trayecto hasta que pudo ver la escasa luz del día que apenas comenzaba y sentir el aire filtrarse del exterior.

Naga corrió hacia el bosque y Korra no intentó detenerla. Aún era muy temprano y había niebla por todo el lugar, Korra de inmediato entendió por qué era tan poco concurrido, la invadió la sensación de que era vigilada y de que en cualquier momento un león-alce saltaría sobre ella. Al parecer Naga había sentido lo mismo, porque luego de correr algunos minutos por el lugar volvió al lado de Korra con actitud de protegerla.

- Descuida chica – le dijo Korra acariciándola – si quieren llegar a ti, tendrán que pasar sobre mí – Naga gruñó como si estuviera en desacuerdo – de acuerdo, tendrán que pasar sobre ti – Korra en respuesta recibió un lengüetazo en la cara – Disfrutemos de prisa del aire fresco, tampoco queremos que se vuelvan locos en el campamento pensando lo peor.

- Un poco tarde para eso – dijo Mako – tu huída fue todo menos discreta.

- No fue una huída.

- Eso pareció. Es muy difícil llegar aquí cuando no eres un maestro-tierra, ¿lo sabías? Casi quedé atrapado entre piedras allá atrás – dijo sacudiendo el polvo de su chaqueta y su cabello.

- Necesitas un baño chico rudo – dijo Korra sonriendo.

- Tú eres maestra-agua, ¿puedes hacer algo al respecto? – preguntó Mako quitándose su bufanda para sacudirla también.

Estaba distraído y no vio cuando Korra colectó la niebla y el rocío de los alrededores en una masa de agua que luego arrojó sobre el maestro-fuego que apenas atinó a cerrar los ojos.

La joven comenzó a reír a carcajadas mientras Mako empapado trataba de decidir si estaba molesto o no. Resultó que no lo estaba, ver reír a Korra después de días de angustia bien valía un poco de agua.

- Muy graciosa Avatar – dijo exprimiendo su bufanda - ¿podrías terminar tu trabajo y quitarme el agua de encima?

- Podría hacerlo, pero no estoy muy segura de querer.

- Vamos Korra, el agua estaba helada y hace frío aquí afuera, podría enfermar y contagiar a todos…

- Es sólo un poco de agua chico rudo – dijo Korra cediendo. Con un movimiento retiró el agua de la ropa del maestro-fuego.

- Lamento haberte seguido sin que lo supieras, pero me preocupé cuando vi que te marchabas con Naga.

- Sólo quería un poco de aire fresco y Naga también – dijo Korra dejándose caer sobre el césped húmedo.

Mako se acercó y se recostó a su lado.

- Anoche hablé con Asami – dijo el maestro-fuego provocando que el corazón de Korra se acelerara.

- ¿Lo hiciste? ¿sobre qué hablaron? – preguntó Korra antes de darse cuenta.

- Sobre que es obvio que nuestra relación… que no está funcionando. Estuvimos de acuerdo en que deberíamos tomarnos un tiempo para pensar si aún queremos estar juntos.

- ¿Y por qué me lo dices?

Mako rodó sobre su costado y con su mano comenzó a acariciar el rostro de Korra que apenas podía moverse.

- Porque creo que eres la mujer más valiente, leal, honesta y hermosa que he conocido, y porque no imagino mi vida sin ti en ella.

- Mako, ahora no…

Korra no pudo decir o pensar nada más, el beso más dulce se lo impidió.