CAPÍTULO 6.

- ¿Pudiste encontrarla? – preguntó Kiya cuando Alehk volvió al campamento.

- Ella está bien.

- ¿Está con el maestro-fuego? – insistió Kiya.

Alehk se alejó sin decir nada y volvió a perderse entre los túneles por los que acababa de regresar. Caminó sólo lo suficiente para encontrar silencio y entonces dejó que las imágenes de lo ocurrido volvieran a su cabeza. Había pasado lo que tenía que pasar, una vez que Mako mostró interés, Korra cayó rendida a sus pies, era de esperarse. Korra era apasionada e impaciente, no dudaba cuando quería algo y quería al maestro-fuego.

Se dejó torturar por las ideas del hubiera, pero fueron más de lo que pudo soportar. Si él hubiera insistido para quedarse en la vida de Korra años atrás, si ella no lo hubiera olvidado luego de lo que pasó… tal vez estarían juntos. Korra lo había querido también, lo había querido primero, y Alehk no podía sino maldecir el día en que se habían tenido que separar en el Polo Sur, en el que ella había cambiado sus recuerdos por su vida.

- No tiene caso – dijo en voz baja - si ella me eligiera a mí, yo no podría elegirla a ella.

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Mako esperaba impaciente a que Korra dijera algo. El beso y los besos que siguieron habían sido lo mejor que le había pasado en la vida, pero luego ella se había alejado sin decir nada. Podía entender su confusión, podía entender que aún estuviera dolida por lo que él le había dicho pocos días atrás y decidió darle espacio.

- Deberíamos volver ahora – dijo Mako – todos deben estar despiertos y comenzarán a preocuparse si no aparecemos pronto.

Korra pensó de inmediato en Alehk y se sintió aún más confundida. Si una semana antes Mako le hubiera dicho lo que le dijo y la hubiera besado como la besó, la habría hecho la mujer más feliz del mundo, pero en pocos días habían pasado cosas que la habían llevado a cuestionarse sus sentimientos. Su instinto de Avatar seguía diciéndole que Mako era el hombre con el que estaba destinada a compartir su vida, y ahora que Mako le correspondía tenía sentido, pero esa idea ya no la hacía completamente feliz. En el fondo tenía miedo de reconocer que no confiaba en Mako, el maestro-fuego la había lastimado, había dudado de ella y la había hecho que dudara de sí misma. Y por otro lado estaba Alehk que la había salvado una y otra vez, Korra no podía seguir ignorando lo que el maestro-aire había comenzado a despertar en ella.

- Entiendo que no es el momento adecuado, y no tienes que decidir nada ahora Korra – le dijo Mako extendiendo su mano para que Korra la tomara – pero no es seguro que sigas aquí.

Korra tomó la mano de Mako y volvieron al campamento.

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Asami cerró los ojos para contener las lágrimas, últimamente sólo había tenido un día desdichado tras otro y sus fuerzas comenzaban a agotarse. Había pensado que aclarar las cosas con Mako la haría sentir mejor, pero en realidad la había hecho sentir más sola que nunca. Sin el maestro-fuego no tenía a nadie más en el mundo. Se sentía en medio de una guerra en la que estaba destinada a ser la perdedora.

Mako besó su frente y se alejó, ella sintió de inmediato el frío de la separación. Ni siquiera podía llorar, la tienda no le daba la suficiente privacidad para desahogarse. En algún momento el cansancio y la tristeza la vencieron y pudo dormir. Hacía mucho tiempo que no soñaba con su madre, pero ese día los espíritus fueron generosos y mientras dormía volvió a los días de su infancia en la que su madre estaba con ella y su padre no había sido consumido por el odio.

La despertaron las voces de Kiya y Alehk hablando afuera de la tienda.

- … ¿pudiste encontrarla? – preguntó ella.

- Ella está bien – le respondió Alehk.

- ¿Está con el maestro-fuego?

Asami no escuchó la respuesta pero pudo adivinarla. Mako no había perdido el tiempo, en cuanto fue libre la buscó, ni siquiera le sorprendió y hubiera querido sentirse más molesta, pero hacía tiempo que Korra le simpatizaba más de lo ella quería aceptar. Sólo la idea de que Alehk saliera lastimado la inquietaba.

Sólo Bolin preguntó por Korra y Mako mientras desayunaban, era el único que parecía no darse cuenta de la situación, incluso Kiya estuvo ansiosa y no dejaba de ver a Alehk que trataba de aparentar una tranquilidad que no tenía. Cuando finalmente Pabu saltó de los brazos de Kiya para ir al encuentro de Naga y escucharon pasos en el túnel cercano, Alehk se levantó de la mesa y se fue directo a la tienda.

Asami pensó que se había hecho a la idea y que verlos juntos iba a ser tolerable, pero se había equivocado, en cuanto aparecieron y Mako tomó de la mano a Korra, ella también tuvo que alejarse.

Su primer impulso fue buscar alguna clase de consuelo en Alehk. El maestro-aire estaba sentado al fondo de la tienda, una pequeña corriente en forma de espiral se formaba en sus manos. Cuando Asami se acercó él lanzó la corriente al rostro de la joven que la sintió como una caricia de aire.

- ¿Estás bien? – preguntó el muchacho.

Asami sintió una opresión en el pecho, incluso cuando él debía estar más triste se preocupaba por ella.

- Estaré bien en un par de días – dijo Asami sentándose a su lado – tenías razón, era peor sentirme tan insegura.

- Me alegro por Korra, pero hubiera preferido que tú no salieras lastimada – dijo Alehk con la vista en el pequeño torbellino en sus manos - Al principio pensé que Mako era sólo idiota y cobarde pero luego pude entender su confusión, no debe ser sencillo renunciar a alguien como tú Asami.

- ¿Intentas que me sienta mejor o que también caiga rendida a tus pies? – preguntó ella, Alehk no pudo evitar sonreír.

- No podría hacerte eso señorita Sato. Mereces a alguien mucho mejor.

Asami sonrió, pero su sonrisa fue amarga, apoyó su cabeza en el hombro de Alehk y respiró profundo.

- Nunca quise ser una maestra – dijo luego de un par de minutos contemplando las elaboradas formas que la pequeña corriente de aire tomaba en las manos de Alehk – pero ahora mismo no me molestaría poder controlar el aire.

- Extiende tus manos – pidió Alehk. Asami hizo como él le indicó.

El pequeño torbellino pasó de las palmas de las manos de Alehk a las de Asami, que de inmediato sintió un cosquilleo.

- Ahora eres una maestra-aire – dijo Alehk - ¿qué quieres hacer ahora?

- Siempre he querido volar – respondió Asami sonriendo.

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- ¿Dónde estaban? – preguntó Bolin cuando una turbada Korra y un emocionado Mako aparecieron en el campamento – tuvimos que comenzar a desayunar sin ustedes.

Korra vio a Asami levantarse de la mesa y desaparecer en la tienda cuando entraron y se sintió culpable.

- Tienen suerte de que aún quede algo – dijo el maestro-tierra antes de engullir un gran trozo de pan – no sé dónde consigue Alehk la comida, pero es de lo mejor.

Korra se sentó en silencio a la mesa y Mako se sentó junto a ella. Bolin le acercó un plato con arroz y comenzó a comer sin atreverse a levantar la vista. Sabía que Alehk estaba allí, lo había visto entrar a la tienda de prisa cuando llegaron y no tenía idea de cómo lidiar con la situación. Mako tomó su mano debajo de la mesa, ella se sobresaltó pero no la retiró.

- ¿Dónde estuvieron? – preguntó Bolin, aún sin tener idea de lo que pasaba.

- Salimos a tomar aire – se adelantó a responder Mako.

- ¿Por qué no me despertaron? Habría ido con ustedes, un poco de aire es lo que necesito justo ahora.

- Deberías tener cuidado Avatar – dijo Kiya – el bosque al oeste está lleno de igualitarios, tienen un campamento de bloqueadores de chi a pocos kilómetros.

- ¿Cómo sabes eso? – preguntó Mako.

- Porque fue allí donde yo estuve. Los leones-alce son sólo un rumor para mantener a los curiosos alejados.

- ¿Tú aprendiste…?, ¿en un campamento de igualitarios…? – Bolin estaba confundido – ¿Sabes algo? No entiendo lo que quieres decir.

- Kiya estuvo en las filas de los igualitarios como agente encubierta de Lin – explicó Korra – pero no tenía idea de que fueras bloqueadora de chi.

- Aprendí hace años, y soy bastante buena – dijo Kiya sin presunción - Iban a ascenderme al grupo del Teniente pero no pasé la última prueba.

- ¿Cuál era la última prueba? – preguntó Bolin interesado.

- No quieren saberlo – dijo Kiya levantándose de la mesa.

- ¿Alguna vez han conocido a una chica más sorprendente? – preguntó Bolin entusiasmado mientras observaba a Kiya alejarse – y no les he dicho la mejor parte, hermano ¿recuerdas que mi sueño cuando éramos niños era ir a la academia de metal-control Bei Fong?

- Claro que lo recuerdo, y también recuerdo lo mucho que lloraste el día que supiste que…

- Eso no importa – interrumpió Bolin – porque Kiya era maestra en la academia, ¡y ahora va a enseñarme metal-control!

- ¿Kiya era maestra de metal-control? – preguntó Korra. El día apenas comenzaba y Kiya ya la había sorprendido dos veces.

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Luego de desayunar Mako y Bolin fueron a la colonia a informarse sobre los movimientos de los igualitarios y el estado de la Ciudad. Korra quería hacer algunos ejercicios de aire-control, pero Alehk seguía en la tienda con Asami y por alguna razón no quería entrar y ver lo que pasaba. Kiya estaba pensativa, cambiando la forma de un trozo de metal entre sus manos mientras murmuraba palabras ininteligibles para el Avatar.

Korra optó por hacer un poco de meditación por su cuenta, iba al extremo opuesto del túnel cuando Kiya la llamó.

- Avatar Korra.

Korra no tuvo tiempo de reaccionar, cuando se dio cuenta estaba aprisionada contra la pared del túnel por una docena de anillos de metal que le impedían moverse.

- ¡¿Qué diablos estás haciendo?! – gritó el Avatar furiosa.

- Si tratas de liberarte con tu tierra-control el túnel caerá sobre todos – le advirtió Kiya.

- Kiya, ¿qué crees que haces? – preguntó Alehk que había salido de la tienda al escuchar el ruido.

Alehk y Asami tuvieron la misma suerte que Korra, anillos de metal los aprisionaron contra las paredes de la tienda.

- ¡Deja esto de una vez! – exigió Korra incapaz de mover sus manos.

- Kiya, ya fue suficiente – pidió Alehk - ¿por qué haces esto?

- Lo siento Avatar – dijo Kiya – pero alguien más a quien le debo mi lealtad me pidió que hiciera esto y tengo que cumplir mi palabra.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó Korra.

Alehk se estremeció cuando vio las espadas Dao a un par de metros saliendo de su funda.

- No hagas esto Kiya – suplicó incapaz de moverse - ¡diste tu palabra!

- Sólo tomará un momento – dijo Kiya mientras colocaba las espadas a pocos centímetros del rostro de Korra – Avatar Korra, deshazte de los anillos de metal – le ordenó.

- Si lo hago el túnel va a caer sobre nosotros – dijo Korra.

- Entonces te sugiero que uses metal-control – los ojos de la maestra-tierra brillaban con una emoción muy intensa.

- No puedo hacer metal-control – dijo Korra – pero puedo hacer esto – dijo lanzando una enorme llama por la boca que Kiya no tuvo problema en esquivar, y luego hizo lo mismo con el soplo de aire que le lanzó Alehk, que ya no sabía que pensar de su amiga.

Kiya movió las espadas y puso cada una a pocos centímetros de Asami y Alehk.

- Intenta otro truco – dijo dirigiéndose a Alehk – y me obligarás a sepultarlos para que no interfieran – advirtió mientras las espadas se acercaban al cuello de cada uno.

- ¡Estás demente! – gritó Korra desesperada.

- El metal es sólo tierra que ha sido purificada Avatar, alguien tan obstinada como tú no debe tener problemas para controlarlo…

Kiya acercó las aún más las espadas a Alehk y Asami hasta la hoja tocó su cuello, el solo roce provocó que una gota de sangre brotara.

- ¡No puedo hacer esto!, ¡detente! – gritó Korra

- Entonces no tengo opción Avatar – dijo Kiya cerrando los ojos.

Las espadas cambiaron de dirección, los anillos de metal cayeron dejando a quien aprisionaban libres, Kiya se arrodilló en el suelo esperando recibir los cortes de las espadas que se dirigieron a ella a toda velocidad, pero en el último segundo se detuvieron apenas a milímetros de su cuello. Korra estaba pálida y el sudor caía por su frente, había logrado hacer metal-control para detener las espadas antes de que decapitaran a Kiya.

- Estás… loca – dijo sin aliento antes de dejarse caer sobre el piso.

- Avatar Korra – dijo Kiya temblando – eres una maestra-metal.

- ¿Tenías que hacer esto? – preguntó Asami aún sobresaltada - ¿es que todos ustedes están locos?

- Korra, ¿estás bien? – preguntó Alehk.

- No fui yo quien estuvo a punto de ser decapitada.

- Kiya, sigues siendo una psicópata - dijo Alehk tomando las espadas junto a Kiya - ¿quién diablos te pidió que hicieras esto?

- Tu madre – dijo Kiya levantándose, sus piernas temblaban y Alehk tuvo que ayudarla – yo hice algunas modificaciones, pero fue su idea. Dijo que el Avatar debía aprender metal-control y no había tiempo para miramientos.

- No me sorprende – dijo Korra – aunque estoy segura que ella te pidió que arrojaras las espadas contra mí, y aún creo que esperaba que fallara.

- ¿Te pidió que arrojaras las espadas contra Korra? – preguntó Alehk alarmado.

- Le pidió que las arrojara contra ti – dijo Asami al ver la expresión de Kiya – eso quiere decir que confiaba en Korra… y que los maestros están dementes.

- Lo siento mucho Avatar – se disculpó Kiya.

- Me diste un susto de muerte Kiya – le dijo Alehk – por un momento pensé que…

- ¿Pensaste que sería capaz de traicionar al Avatar?

- Fuiste muy convincente – dijo Asami pasando su mano por el rasguño que la espada Dao había hecho en su cuello.

- Avatar Korra – dijo Kiya haciendo una reverencia – mi lealtad está contigo, y estaré honrada de poder probarlo.

- No tienes que probar nada – dijo Korra – Asami tiene razón, hoy fuiste muy convincente… y yo ya soy maestra-metal. ¿No tienes alguna técnica parecida para aprender aire-control? – le preguntó a Alehk que no pudo evitar sonreír.

Korra curó de inmediato las heridas en el cuello y las marcas que habían dejado los anillos en Asami y Alehk mientras Kiya se disculpaba con ambos una y otra vez. Los hermanos regresaron cuando todo había vuelto a la normalidad.

- ¿Cómo hiciste para que Naga no se moviera? – preguntó Asami mientras examinaba los delgados anillos que minutos antes la había aprisionado.

- Ella sabía que no intentaría herir a Korra.

- Lamento haber desconfiado de ti, pero en serio estás loca Kiya – dijo Alehk.

- ¿Qué me perdí? – preguntó Bolin que trataba de Pabu pasar a través de uno de los anillos de metal.

- Kiya está de nuestro lado – dijo Korra – y yo ya sé hacer metal-control.

El rostro de confusión del maestro-tierra provocó otra carcajada general.

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Era la primera vez desde que lo conocía que Korra se sentía incómoda al lado de Alehk. No iba a poder meditar de ninguna forma, sólo quería decir las palabras correctas para que su relación regresara a la normalidad.

- ¿Sabes lo que pasó entre Mako y yo?

La pregunta terminó con la recién adquirida concentración de Alehk y acabó con sus intentos de alcanzar la paz.

- Tuvieron un paseo esta mañana, espero que haya sido agradable – dijo el maestro-aire aún con los ojos cerrados.

- No fue un paseo, fue… él apareció de repente, yo le arrojé algo de agua, nos recostamos sobre el césped y luego…

- Korra, somos amigos, no me debes ninguna explicación.

- Pero siento que de alguna forma si te debo una… todo es muy confuso – suspiró la joven Avatar.

- Lo único que me interesa es que estés bien, y si estar con Mako te hace feliz por mí está bien.

- Lo que me dijiste en el parque hace algunos días… ¿qué significa eso Alehk? ¿fue sólo para hacerme sentir mejor? – preguntó Korra nerviosa.

Aún cuando nunca había sido el candidato más capaz para ser el guardián del Avatar, los ancianos de la orden del Lotto Blanco siempre halagaron su capacidad para mantener el control de sus emociones, irónicamente la única persona capaz de hacer trizas dicho control, era la persona a la que debía cuidar. "Si los ancianos lo hubieran sabido", pensó Alehk.

Negar lo que había dicho habría lastimado a Korra, pero aceptarlo era crear una situación aún más complicada entre él y el Avatar, a quien por su propia seguridad debía ver primero como protegida.

- Todo lo que dije fue verdad, siempre has sido especial para mí… - "especial" fue la palabra que usó Alehk, y no le hacía justicia en absoluto a la intensidad de lo que sentía por Korra.

Las palabras de Alehk no ayudaron a aclara la confusión de la joven Avatar que había esperado escuchar algo diferente.

- ¿Por qué viniste a Ciudad República? – preguntó Korra en otro intento por desenredar los sentimientos de Alehk - ¿por qué justo ahora? ¿volviste por mí?

- Korra – dijo Alehk tratando de sonar más seguro de lo que se sentía – no preguntes si no estás preparada para la respuesta.

Korra guardó silencio. Tal vez Alehk tenía razón, tal vez ella sólo buscaba pretextos para justificar sus dudas, ¿quería a Mako y con la confesión de Alehk sólo buscaba sentirse más segura a costa de su amigo?, ¿o tal vez buscaba una razón para rechazar a Mako? ¿Por qué Alehk tenía que ser tan esquivo todo el tiempo?, ¿por qué no sólo decía las palabras con todas las letras? Korra se sintió frustrada.

- Si viniste a visitar la Ciudad debiste venir antes – dijo el Avatar finalmente – dicen que Ciudad República es mejor en verano.

- Volví porque quería asegurarme de que estuvieras bien, volví cuando tuve que hacerlo.

- ¿Y sabías que no iba a recordarte?

- Contaba con que no lo hicieras.

- ¿Qué significa eso? – preguntó Korra molesta - ¿que no querías que te recordara?

- No, sólo que tuve suficiente tiempo para hacerme a la idea.

- ¿Vas a decirme por fin qué pasó en el Polo Sur y por qué no puedo recordar nada?

- No.

Korra se enfureció por la respuesta de Alehk, pero le enfureció más que su amigo parecía divertirse con su reacción.

- Te lo diré, pero sólo si tú me dices otra cosa a cambio.

- ¿Qué quieres que te diga?

- ¿Qué es lo que te tiene tan angustiada? Estos últimos días no pareces ser tú.

Korra guardó silencio. No estaba preparada para dar una respuesta. Era demasiado lo que pasaba en su interior, demasiado para expresarlo con palabras.

- Supongo que no me he sentido como yo misma desde que pasó lo de Tarrlok – dijo triste - Es como si las cosas pasaran a mí alrededor y se estrellaran contra mí sin que yo pueda hacer o decir nada… Me siento una marioneta en el juego de alguien más, me siento… me siento completamente perdida – confesó.

- ¿Tienes miedo de tu enfrentamiento con Amón?

- No es sólo eso, es la idea de fallar y que otros sufran las consecuencias… ahora que sé la magnitud del problema, puedo ver la gravedad de no ser el Avatar que debería.

- Eres muy joven aún para tener la responsabilidad que tienes sobre tus hombros, pero tienes que confiar en ti, eres el Avatar.

- ¿De qué le sirve al mundo tener un Avatar como yo, un Avatar que no puede siquiera conectarse con su lado espiritual?, ¿no me hace eso sólo… yo? Y sólo yo no es suficiente. Hay tantas personas que se han sacrificado por mí y no he podido proteger a ninguna – dijo Korra con las manos sobre su rostro.

- Korra, tienes que aprender a lidiar con la culpa y con el miedo, en este momento son tus peores enemigos porque van a nublar tu juicio. Todos los que intentan protegerte lo hacen porque saben que cuidar de ti es cuidar de todos, es proteger al mundo como lo conocemos.

Las palabras de Alehk no ayudaron a que Korra se sintiera menos insegura.

- Alehk – si tuvieras que elegir entre el Avatar o Korra, ¿a quién elegirías?

- Te elegiría a ti.

Hasta ese momento Korra no sabía que era la respuesta que quería escuchar.

- Ahora es tu turno señor espiritual, ¿qué pasó en el Polo Sur?

- Te dije que te lo diría, pero no que te lo diría ahora – dijo Alehk.

- Eso no es justo.

- Korra, confía en mí – pidió Alehk – no son recuerdos que quieras tener contigo ahora. Lo que pasó no fue agradable.

- Aún así me lo dirás después, ¿no es cierto?

- Te di mi palabra.

Cerró los ojos y respiró profundo, trató de volver a meditar, pero no tenía interés en conectarse con el Universo.

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Korra había estado evitando hablar con Mako todo el día, los recuerdos de lo ocurrido por la mañana la hacían sonrojarse, y aún se sentía confundida. Cuando lo vio acercarse luego de terminar la meditación no tuvo escapatoria.

- ¿Podemos hablar ahora? – preguntó Mako.

Korra sintió todas las miradas sobre ellos y tomándolo de la mano lo llevó a uno de los túneles más alejados.

- Y bien – dijo respirando profundo - ¿de qué quieres hablar?

- Creo que sabes de lo que quiero hablar.

- Mako, no digo que lo que pasó esta mañana haya sido un error, pero justo ahora no es el momento.

- Korra, entiendo que estés molesta por la forma en la que te traté antes, pero tienes que entender que…

- No estoy molesta Mako, estoy confundida.

- ¿Estás confundida por Alehk? – preguntó Mako furioso.

- ¿No crees que lo que ha pasado los últimos días puede ser suficiente para confundirme sin tener que involucrar a Alehk? Mako, creo que nosotros también debemos darnos un tiempo para aclarar nuestras ideas.

- Korra, yo no necesito aclarar nada, te quiero a ti, te quiero conmigo y haría cualquier cosa por ti.

- Apenas ayer estabas con Asami, y yo apenas ayer estaba segura de que entre tú y yo nunca iba a haber nada.

- Quiero que esto funcione más de lo que he querido nunca nada, y ya te dije que haría cualquier cosa por ti, así que si necesitas tiempo para pensar las cosas… - Mako respiró profundo – sólo no olvides que te amo.

Las palabras de Mako emocionaron a Korra, nunca nadie le había dicho que la amaba… su voluntad estuvo a punto de quebrarse.

- Eso no significa que no quiera estar contigo Mako – dijo casi arrepintiéndose de su decisión – sólo significa…

- Que necesitas tiempo – dijo Mako besando su mejilla – yo voy a estar aquí, no lo olvides – dijo antes de marcharse.

Korra lo vio alejarse con el corazón oprimido, hubiera ido tras él pero sabía que precipitar las cosas era condenar su posible relación al fracaso. Quería estar con Mako, pero quería estar con él libre de dudas.

Mako volvió solo al campamento y parecía triste. Alehk casi se sintió esperanzado. Korra apareció un par de minutos después, pero el maestro-aire no pudo adivinar si estaba triste o no.

- Creo que deberíamos ir a la superficie y ver cómo están las cosas – dijo Korra tratando de ignorar las mariposas que aún revoloteaban en su estómago.

- Los rumores dicen que los igualitarios están planeando algo grande – dijo Bolin – están reclutando a cualquiera que no sea un maestro. Y ahora no sólo ofrecen la igualdad, un mundo mejor y todo eso, también ofrecen un buen sueldo.

- Muchos vagabundos se han enlistado. Hay campamentos de bloqueadores de chi por toda la ciudad – añadió Mako.

- Algo como esto requiere de muchos recursos – dijo Alehk – ¿de dónde saca Amón el dinero?

- Mi padre tiene dinero – dijo Asami cuando las miradas se volcaron sobre ella – pero ninguna fortuna podría costear algo así.

- Alehk podría – dijo Kiya, pero guardó silencio en cuando se encontró con la mirada de reproche de su amigo.

- También tiene los recursos de Tarrlok y de los criminales de Ciudad República, y ahora que no hay autoridad no debe ser difícil conseguir cuanto quiere – dijo Korra.

- Si ahora no hay autoridad ni nadie que les haga frente, ¿por qué tienen tanta prisa en formar un ejército?

- Porque saben que es cuestión de tiempo para que el Reino Tierra, la Tribu Agua del Norte y la Nación del Fuego intervengan – dijo Korra – hay un tratado con el Avatar que los obliga a responder para conservar la paz.

- Estamos suponiendo – dijo Alehk – sería mejor saber las cosas con certeza. ¿Qué tan difícil sería infiltrarse entre los igualitarios? – le preguntó a Kiya.

- Cualquiera puede – respondió la maestra-tierra – después de que pasas la prueba y te dan tu uniforme y tu guante no vuelves a mostrar tu rostro. Te dan una placa con tu número y así es como te identificas.

- ¿Y aún tienes tu uniforme?

- Debe estar en mi departamento. Pero ese sólo me servirá para entrar a los campamentos de los bloqueadores de chi. Ya les dije que no pase la prueba para que me ascendieran. Cuando fui a ver a Lin tuve que robar un uniforme con una placa del grupo del teniente, son los únicos que tienen acceso a la Isla del Templo del Aire.

- ¿También hay un grupo que tiene acceso a Amón? – preguntó Mako interesado.

- Si, los de las placas doradas, pero no son fáciles de encontrar. Yo sólo he visto un par de ellos. Pero el grupo del teniente tiene acceso a todo lo demás. Son los mejores bloqueadores de chi y los mejores en el combate, fueron ellos los que atacaron la arena de pro-control y capturaron a los Concejales.

- Deberíamos conseguir algunos uniformes de esos – dijo Korra.

- OOO-OOO-OOO-OOO

- Eso fue muy sencillo – dijo Asami todavía agitada - ¿cómo supiste que esos hombres eran del grupo del teniente? Las placas se ven iguales.

- Sus placas y sus armas son de platino, puedo sentirlas vibrar pero no las puedo mover.

- ¿No crees que deberíamos dejar el auto por aquí? – preguntó Asami bajando la velocidad – estamos acercándonos a la entrada de los túneles.

- Descuida, sé esconder un auto – dijo Kiya – y podría sernos útil después.

- Gracias por aceptar que te acompañara.

- Tengo que confesar que lo hice porque pensé que la tensión del campamento te estaba asfixiando, pero al final sin ti no lo hubiera logrado. No tenía idea de que supieras defenderte tan bien, creo que te debo una disculpa.

- Descuida, estoy acostumbrada a que piensen que soy la indefensa hija de papá… - el rostro de Asami se entristeció con la sola referencia – luego de que mi madre murió, mi padre contrató a los mejores maestros para enseñarme técnicas de combate, nunca me hubiera imaginado que al final sería de él de quien tendría que defenderme.

- Yo también tuve que darle la espalda a mis padres – dijo Kiya – y es lo más difícil que he hecho en mi vida, pero no me arrepiento. Toph decía que debemos serle leales primero a nuestra conciencia, antes que incluso que a los lazos de sangre.

- Ni mi madre, ni el hombre que era mi padre cuando ella vivía hubieran estado de acuerdo con lo que trata de hacer ahora… él sólo está confundido, no puedo creer que sea capaz de hacer tanto daño – dijo Asami.

- El odio cambia a las personas – dijo Kiya recordando a su padre – se convierten en desconocidos… creo que este es un buen lugar para esconder el auto.

Cuando bajaron del auto Kiya usó su tierra control para esconderlo bajo tierra, y luego caminaron hasta los túneles.

- Kiya… ¿desde cuándo conoces a Alehk? – preguntó Asami mientras caminaban.

Kiya se sorprendió por la pregunta de Asami.

- Desde que éramos niños – respondió Kiya.

- ¿Y ustedes siempre han sido amigos?

- ¿Por qué me estás preguntando esto?

- No es lo que piensas – dijo Asami sonrojándose – sólo quiero conocerlo mejor.

- Hace algunos años intentamos ser algo más, pero luego de su último viaje al Polo Sur… ya te imaginas lo que pasó. Desde entonces no ha tenido ojos para nadie más, y aunque mucho tiempo trató de negarlo, estoy segura de que no hubo ni un solo día que no pensara en ella.

- Korra puede tener ese efecto – dijo Asami amargamente.

- Alehk es demasiado bueno Asami – dijo Kiya seria – y a veces va a tener gestos contigo que te van a confundir, te va a regalar flores para que sonrías o te va a hacer sentir la más especial de las mujeres, pero eso sólo quiere decir que se preocupa por ti. La única mujer que le interesa es Korra, y eso no va a cambiar aunque ella no le corresponda.

- Eso lo tengo claro – dijo Asami – nunca lo he visto más que como un amigo.

- A ti te gustan los maestros-fuego, ¿no?

- Prefiero no hablar de eso.

- ¿Te digo algo? Tenemos algo en común, yo estuve molesta mucho tiempo con Alehk por cambiarme por Korra – dijo Kiya sonriendo – fue hasta que conocí a Iroh que Alehk dejó de gustarme y volvimos a ser amigos. Si te gusta Mako, espera a que conozca a Iroh.

- ¿El General Iroh? – preguntó Asami.

- Pero no te entusiasmes demasiado con él, porque terminarás con el corazón roto.

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El mundo se veía diferente a través de la máscara, sus ojos azules y brillantes estaban ocultos detrás de los cristales verdes y ni sus movimientos ni sus ademanes habían despertado sospechas. Caminaba entre decenas de igualitarios que no hablaban de otra cosa: la proximidad del ataque final de Amón, pero aún entre ellos sólo eran rumores.

Kiya había reconocido a algunos compañeros de su campamento y se había acercado para hablarles. Korra siguió recorriendo el lugar, seguida muy de cerca por Alehk y Mako. No pudo evitar detenerse cuando escuchó su nombre entre un grupo de hombres que jugaban cartas.

- ¿Escucharon lo del Avatar? – preguntó uno de los que no llevaban máscara.

- Amón tiene razón – dijo su compañero – no podía esperarse otra cosa de ella, primero le falló a los no-maestros y ahora también a los maestros.

- ¿Qué pasa con el Avatar? – preguntó Korra antes de darse cuenta, de inmediato sintió una manos sobre su hombro.

- Esto no es una buena idea – le dijo Mako al oído.

- Pasa lo que todos esperábamos que pasara – dijo el hombre que repartía las cartas – salió huyendo en cuanto tuvo oportunidad, dicen que ahora se esconde en algún lugar del Reino Tierra.

- Pero no se fue sin antes reclamar los recursos de la Ciudad para sus gastos de viaje – dijo otro molesto – esos malditos maestros.

Korra sintió la mano de Mako aprisionando la suya, el maestro-fuego le decía sin palabras que mantuviera la calma.

- ¿Por qué te sorprendes Liu? Todos los maestros siempre han buscado su beneficio, y el Avatar debe ser el peor de todos. Por algo los espíritus decidieron que le falló al mundo. Amón es nuestro Avatar…

- Esas son estupideces – dijo Alehk incapaz de contener la ira.

Las miradas de todos pasaron de las cartas a Alehk que escuchaba indignado lo que decían esos hombres.

- Es cierto – dijo Mako en un intento por no llamar la atención – no creo que Amón le guste que lo comparen con el Avatar. Amón es el futuro y el Avatar está casi en el pasado.

Hubo silencio un par de segundos, luego todos volvieron su atención al juego.

- Creo que tienes razón - dijo otro de ellos - esa joven Avatar resultó ser sólo una ladronzuela cobarde, aún no entiendo por qué nos tomamos tantas molestias, es problema de los Dai Li ahora.

- ¿Los Dai Li? – preguntó Mako - ¿qué tienen que ver los Dai Li con… nosotros?

- ¿De qué campamento vienes tú? – preguntó el hombre - olvidándose definitivamente de las cartas.

- Del campamento del bosque del oeste – dijo Mako nervioso.

- ¿Del campamento de los leones-alce? ¿Y cómo llegó un principiante a la compañía del Teniente tan pronto?

- No creo que ese sea tu asunto – dijo Mako nervioso.

- ¡Quítate la máscara! – le ordenó.

- Vámonos de aquí – le susurró Korra cuando vio que la atención de todos estaba sobre ellos.

- ¡Aquí están!- dijo la voz de Kiya que apareció sin la máscara – Liu, ¿eres tú? no sabía que por fin te habían ascendido a la compañía, ¿lograste completar tu cuenta? – preguntó la joven con toda naturalidad y sangre fría.

- Quince maestros menos en esta Ciudad – dijo el hombre con un orgullo que le dio escalofríos a Korra.

- Nosotros tuvimos suerte – dijo Kiya – encontramos un grupo que se escondía cerca de bahía y nos promovieron, ya había llegado a pensar que me quedaría para siempre en el campamento, ¿qué ha pasado últimamente? Las noticias no vuelan por allá – dijo Kiya sentándose entre ellos.

- Hablábamos con tu amigo de la huída del Avatar al Reino Tierra.

- Y de los Dai Li – dijo Korra.

- Hay rumores de que Amón por fin pudo convencerlos de apoyar la causa, pobres ingenuos. No saben que Amón no negocia con maestros porque no confía en su palabra.

- ¿Por fin tuvieron éxito las negociaciones con Akuru Deng? – preguntó Kiya tratando de mantener el entusiasmo.

- Todos los maestros son predecibles – dijo Liu – su debilidad es el amor a su propio poder. No dudarán en entregar al Avatar.

Kiya volvió a colocarse su máscara, pero Korra supo que lo hacía para ocultar sus emociones.

- Escuché de la asamblea que preparan en la Isla del Templo del Aire, ¿cuáles crees que serán las noticias?

- Tal vez ya atraparon al Avatar, o la habrán atrapado para entonces, tal vez será una gran celebración – dijo Korra demasiado nerviosa para parecer creíble.

- Los rumores son que Amón limpiará de su impureza a varios personajes importantes – dijo el hombre junto a Liu – pero no creo que se trate del Avatar.

- Tal vez a Bei Fong o a los miembros de la orden del Lotto Blanco – dijo Mako.

- En serio, ¿cómo los dejan siquiera usar la máscara? – dijo Liu riendo – ellos fueron los primeros en pasar por Amón, ahora se pudren en la prisión del campamento de las montañas. Ni siquiera el Avatar, si le hubiera interesado rescatarlos, habría podido llegar a ellos.

Aunque seguir haciendo preguntas era tentador y todos los igualitarios estaban más que dispuestos a hablar de los planes, el ruido de hélices les advirtió que más dirigibles aterrizarían en cualquier momento y habría aún más hombres enmascarados alrededor de Korra. No podían arriesgar su seguridad.

- Debemos irnos – dijo la joven maestra-tierra – nos asignaron una ronda en el lado oeste de la Ciudad, vieron a alguien parecida a la señorita Sato.

- Amón es demasiado generoso consintiendo los caprichos de Hiroshi.

- Sin él esto no hubiera sido posible – dijo Kiya haciendo brillar su guante de electricidad – los veré por aquí. Dale mis saludos a Hiro.

- Le agradará saber que aún estás por aquí – dijo Liu con una sonrisa, pero Kiya no volteó a verlo. Se adelantó de prisa y los demás la siguieron en silencio.

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Korra caminaba impaciente de un lado a otro del túnel, tenía muchas preguntas para Kiya, pero la joven maestra-tierra parecía estar evitándolos a todos. Hacía más de una hora que había ido con Bolin a buscar la cena y no habían regresado.

- Korra, ¿quieres sentarte de una vez? – le dijo Asami cuando no pudo soportar más.

La joven Avatar se sentó de mala gana.

- Debí haberles dado una lección allí mismo – dijo Korra furiosa – así les habría quedado claro que el Avatar no huyó, y mucho menos le robó a la ciudad.

- No creo que nadie crea que eres una ladrona – dijo Mako.

- Esos hombres lo creían, ¿por qué soy yo quien robó el dinero y Amón quien lo gasta? ¡Culparme por sus crímenes!, ¿qué va a hacer después ese infeliz?

- ¿Por qué les dijo que huiste al Reino Tierra? – preguntó Asami que aún trataba de organizar toda la información - ¿no hubiera sido más lógico decir que volviste al Polo Sur?

- Creo que eso tiene que ver con los Dai Li – dijo Alehk – y con lo que sea que estén planeando en Ba Sing Se.

- ¿Por qué Kiya está tardando tanto? – preguntó Korra poniéndose de pie.

- Tal vez debería ir a ver si todo está bien – dijo Mako, que se puso en camino de inmediato.

- ¿Creen que haya pasado algo? – preguntó Asami luego de un par de minutos de silencio.

- ¿A Kiya? No creo que haya suficientes igualitarios por aquí para hacerle frente. Me alegra que esté de nuestro lado – dijo Korra recordando el incidente de los anillos de metal

- ¿Desde cuándo la conoces? – le preguntó Asami a Alehk.

- Desde niños. Ella también nació en Gaoling, aunque vivió varios años en Ba Sing Se regresó a aprender tierra-control de Toph.

- ¿Por qué Toph accedió a enseñarle? – preguntó Korra.

- Supongo que reconoció sus habilidades desde el principio. Creo que luego de Aang y mi madre fue su mejor alumna. Antes de morir la dejó encargada de su academia de metal-control en Gaoling. Luego de que aprendió a controlar el metal Kiya volvió un tiempo a enseñar, pero estoy seguro que aún se debate entre lo que le pidió Toph y lo que ella quiere hacer.

- Entiendo cómo se debe sentir… - dijo Korra - y sus métodos para enseñar metal-control son muy efectivos.

- Estoy seguro que la ofendí cuando dudé de sus intenciones, ella no creyó que intervendría.

- Pues en tu defensa ella fue muy convincente – dijo Asami recordando la sensación de la espada contra su cuello.

- Si un día tienes que elegir entre confiar en Kiya o en cualquier otra persona, confía en ella Korra.

- Lo haré, pero sólo porque confío más en ti.

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Kiya trató de retrasar la cena tanto como pudo. Había convencido a Bolin de buscar la comida en la superficie para variar sabiendo que eso llevaría más tiempo, el maestro-tierra que en otras circunstancias habría hablado sin parar para llamar la atención de Kiya, no parecía tener suficiente de las historias sobre Toph y sus increíbles habilidades de tierra-control.

- ¿Quién fue tu maestro de tierra-control? – le preguntó Kiya.

- Bueno… no tuve un solo maestro. Digamos que en la calle el que sabe algo le enseña al que no sabe y se corre la voz, no sé si sea el mejor método, pero es muy efectivo.

- ¿No tuviste un maestro?

- No al principio, pero luego Toza me enseñó mucho de lo que sabía y… podría decirse que Toza fue mi maestro.

- Debes ser realmente bueno si aprendiste casi por ti mismo – dijo Kiya haciendo que Bolin se sonrojara – yo fui afortunada de que Toph aceptara enseñarme, de no haber sido por ella no sería maestra en absoluto… entre otras cosas. Creo que además de metal-control hay un par de cosas que podría enseñarte.

- He escuchado que algunos maestros-tierra pueden ver con los pies, ¿puedes enseñarme eso?

- Podría intentarlo, pero es un poco complicado y requiere mucho tiempo, y no estoy segura de que… creo que tu hermano nos está esperando – dijo Kiya cuando vio a Mako a unos metros de la entrada del túnel.

- No tardamos tanto, ¿o si?

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Durante la cena nadie paró de hablar de lo que habían averiguado en el campamento de los igualitarios, pero todos estuvieron de acuerdo en que lo más prudente era esperar por la Armada de las Naciones Unidas.

- Amón sabe que Iroh vendrá – dijo Kiya – sabe el día y la hora en que la Armada estará aquí.

- ¿Cómo se enteró? – preguntó Bolin - ¿creen que haya sido Anuk?

- Es posible, aunque poco probable – dijo Alehk - El sabía que estábamos aquí y no nos delató. Tal vez sólo encontraron la forma de interceptar el telegrama.

- Debemos decirle a Iroh para que esté preparado – dijo Korra.

- También deberían decirle que no huiste al Reino Tierra – dijo Bolin – los rumores vuelan lejos y rápido. Y a todo esto, ¿qué tienen que ver los Dai Li con Amón? Pensé que luego de la caída de Ba Sing Se los habían disuelto por traición.

- Hace algunos años el Rey autorizó que volvieran a formarse bajo el mando de Akuru Deng, para su protección – dijo Alehk.

- Después de esta el Rey debería considerar seriamente no confiar más ellos, o por lo menos cambiarles de nombre – dijo Bolin.

- ¿Crees que hayan dicho la verdad? – le preguntó Alehk a Kiya que acariciaba a Pabu - ¿crees que Amón haya logrado convencer a los Dai Li?

- ¿Qué tiene que ver Kiya con los Dai Li? – preguntó Korra.

- Akuru Deng es mi hermano – respondió la joven.

- ¿Crees que Amón haya podido convencerlo?

- Hace más de diez años que no lo veo, no lo conozco… pero es posible.

- Tienes que hablar con él, advertirle de las verdaderas intenciones de Amón, decirle que lo que sea que le haya prometido no lo cumplirá, Amón no hace tratos con maestros…

- Si hay alguien a quien Akuru o cualquiera en mi familia no escucharía es a mí – dijo Kiya – no tengo ninguna influencia sobre ellos.

- Kiya, tenemos que informar de esto al Rey de Ba Sing Se, ¿sabes lo que eso significaría para Akuru?

- Si quieres que envíe ese telegrama, sólo tienes que pedirlo – dijo Kiya – si él decidió traicionar al Avatar, no hay nada que podamos o debamos hacer para ayudarlo.

La maestra-tierra se levantó y desapareció entre los túneles, Bolin iba a seguirla, pero Asami se lo impidió.

- Yo iré, creo que entiendo mejor que cualquiera de ustedes lo que le pasa.

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El joven General sonrió ante la vista de Ciudad República, la última vez que la había visitado era sólo un niño y ahora volvía al frente de la Armada de las Naciones Unidas. A través de la niebla pudo distinguir la monumental estatua del Avatar Aang dándole la bienvenida, pero no era la imagen que recordaba, los igualitarios se habían atrevido a colocarle una máscara y de su planeador colgaba una bandera. La imagen lo enfureció, pero pensó que sólo era cuestión de tiempo para que las cosas volvieran a la normalidad.

Kiya le había advertido que Amón sabía el día y la hora de su llegada, pero la bahía estaba inusualmente tranquila. Estaba al tanto de las armas de los igualitarios, sabía de los dirigibles y de los meca-tanques y estaba preparado para hacerles frente. Sus instintos le gritaban que algo no estaba bien, y los hechos no tardaron en darle la razón.

Cuando estuvieron a menos de trescientos metros de la bahía comenzaron a hacer explosión decenas de minas acuáticas que derribaron a dos de los buques sin problemas, y casi al mismo tiempo el sonido de las hélices de varias máquinas voladoras lo alertó del ataque estaban por sufrir y para el que no estaban preparados. Los habían emboscado y no tenían ninguna oportunidad.

El General ordenó a los maestros a su cargo que comenzaran a atacar para resistir el ataque, pero las pequeñas máquinas voladoras eran muy veloces y su arsenal era letal. Rápida y precisamente comenzaron a dejaron caer bombas sobre los buques y los cañones apenas podían hacer algo para repelerlos. Iroh comenzó a disparar llamaradas con sus manos y pies, y logró derribar a algunas, pero las demás seguían haciendo estragos en la flota.

Fue entonces cuando distinguió una figura familiar en el agua, era el Avatar Korra que había aparecido de algún lado para ayudarlos. La vio elevarse sobre el agua en un torbellino y destruir fácilmente a un par de máquinas usando sólo agua, y usar las propias armas del enemigo en su contra. Las historias sobre sus habilidades eran ciertas, pero aún con el Avatar no tenían oportunidad.

Iroh sintió miedo cuando vio que uno de los misiles iba a estrellarse directamente contra él y no podía esquivarlo. De alguna forma la explosión lo expulsó del buque antes de que éste estallara en pedazos, pero lo hizo perder la conciencia. Lo siguiente que vio fueron unos extraordinarios ojos azules que había extrañado por años, y una joven que había crecido lo indecible en poco tiempo.

- Avatar Korra – dijo emocionado – me has salvado la vida.

- También te disparé un rayo al corazón – dijo Korra sonriendo – ya era hora de saldar mi deuda.

Korra usó su agua-control para impulsarlos hasta donde los esperaban sus amigos abatidos por lo que acaba de pasar.

- Todo fue una trampa – dijo Alehk afligido - ¿qué vamos a hacer ahora?

- Alehk, Iroh está herido – dijo Kiya – debemos llevarlo al campamento para que Korra lo cure.

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Alehk se sentía desesperado y ansioso. No tenía idea de qué hacer a continuación ni de cómo ayudar a Korra y mantenerla segura al mismo tiempo. Sus esperanzas de poder cumplir su deber habían desaparecido con la flota de la Armada en la bahía de la ciudad.

- Iroh va a estar bien – dijo Korra que sorprendentemente parecía la más calmada del grupo – además de la quemadura en el brazo sólo tenía un par de huesos rotos. Mañana estará como nuevo.

- ¿Qué vamos a hacer ahora Korra? La Armada era todo lo que…

- ¿Qué le pasó a tu optimismo, señor espiritual? Si falló un plan hacemos otro, así funciona esto. Amón podrá tener un ejército de igualitarios mal entrenados, pero nosotros tenemos a los mejores maestros del mundo. No podemos perder esto.

- No somos los mejores maestros del mundo, ¿lo sabes?

- De acuerdo, tenemos a los segundos mejores maestros del mundo, pero igual no podemos perder esto, ¿o sí?

- ¿Qué le pasó a tu pesimismo, señorita Avatar?

- Sigue por aquí, pero justo ahora no lo dejaré aparecer. Cambia esa cara y ponte tu uniforme, Kiya dice que habrá una reunión de igualitarios esta noche y deberíamos estar allí.

- Korra, nosotros podemos ir, pero tú deberías quedarte. No tiene caso arriesgarnos más de la cuenta.

- Con lo que pasó esta mañana en la bahía Amón debe creer que ahora mismo estoy huyendo al Reino Tierra de verdad.

- Tal vez deberíamos comenzar a considerarlo como una opción.

- Para ser un maestro-aire estás comenzando a sonar demasiado pesimista.

El grito de emoción de Kiya cuando Iroh despertó los distrajo de su conversación. Vieron a la maestra-tierra abrazar al General que parecía aún confundido.

- Bienvenido a Ciudad República, General Iroh – saludó Korra con una sonrisa.

La imagen de la joven Avatar impresionó a Iroh, hacía dos años que no la veía y parecía una persona completamente distinta. Sus pensamientos no fueron más allá, sabía que Korra era el objeto del afecto de su pequeño primo y Alehk había demostrado con creces que la merecía más que nadie.

- ¿Cómo te sientes? –preguntó Alehk.

- Considerando que mi flota está en el fondo del mar, me siento bien.

- Deberías mejorar tu ánimo – dijo Kiya – aún te faltan muchas malas noticias, y algunas son, en serio, muy malas.

- Eres mejor enseñando metal-control que animando a las personas – dijo Korra – ahora deberías tratar de descansar General, las malas noticias seguirán allí cuando despiertes.