Capítulo 7.
La reunión de los igualitarios en el centro de la Ciudad era más parecida a una celebración por el triunfo sobre la Armada que a una asamblea. La mayoría no llevaba la máscara, y eso hacía que Korra y los demás llamaran un poco la atención.
- Esto es una mala idea – dijo Bolin nervioso – son cientos de ellos, no tendríamos ninguna oportunidad si nos descubren.
- Entonces mejor nos aseguramos de que no lo hagan Bo – dijo Mako.
- Sólo actúen natural – dijo Kiya – digan cosas buenas sobre Amón y cosas muy malas sobre el Avatar y los maestros, eso bastará si alguien decide dirigirles la palabra.
- Si, digan cosas malas sobre el Avatar – dijo Korra irritada - ¿estás buscando a alguien Kiya? ¿por qué no le preguntamos a cualquiera? Todos parecen ebrios ahora.
- No necesitamos rumores sobre rumores, necesitamos a alguien que en realidad sepa de los planes de los igualitarios, alguien con una placa dorada – dijo mientras se adentraba entre la multitud.
- Dijiste que las placas doradas eran difíciles de encontrar – dijo Alehk.
- Sí, pero algo me dice que Liu pasó mi mensaje y que tengo posibilidades de encontrar una hoy.
Kiya se quitó la máscara y luego caminaron hasta el centro de la plaza y se sentaron a esperar. La estatua del antiguo Señor del Fuego estaba a un par de metros, no había sufrido la misma suerte que la del Avatar Aang, pero la llama que ardía en sus manos había sido apagada. Incluso a través de los cristales verdes Korra pudo ver la molestia en los ojos de Alehk.
- ¿Qué crees que hubieran hecho Aang y Zuko en esta situación? – le preguntó Korra para distraerlo.
- Ellos terminaron con la guerra de cien años, seguramente habrían tratado de negociar con Amón y Tarrlok… y luego definitivamente los habrían puesto en su lugar, pero nosotros en este momento carecemos de sus medios.
- ¿De un Avatar completo y de una Nación que nos respalde?
- Entre otras cosas – dijo Alehk cruzándose de brazos.
- Pero tenemos mucho más de lo que ellos tenían al inicio – dijo Mako – y sobre todo tenemos a Korra.
- ¿Has pensado que harás si esto se sale de control? – preguntó Kiya.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Llamarás a las demás Naciones para que se unan contra los igualitarios?
- Hacer eso… hacer eso es una espada de los filos – dijo Korra angustiada – no sé si podría hacerlo sin desatar otra guerra…no estoy segura, mis habilidades políticas no son… o mejor dicho no tengo ninguna.
- Esperemos no llegar a eso – dijo Alehk – aún hay más de una forma de detener todo esto.
Guardaron silencio en cuanto un grupo de hombres se acercó riendo escandalosamente. Lo que fuera que bebían en sus vasos de papel parecía estar teniendo efecto en la mayoría. Uno de los hombres del grupo se detuvo frente a la estatua de Zuko y luego de arrojarle su vaso y tratar de escupirle, comenzó a soltar maldiciones. El corazón de Korra casi se detuvo cuando Alehk furioso se puso de pie.
- Mejor respira profundo – dijo Kiya que ya se las había arreglado para aprisionar sus pies en el suelo – Korra terminará con Amón si pierdes la cabeza.
- Suéltame antes de que alguien se dé cuenta – pidió Alehk.
Kiya lo liberó y Alehk volvió a sentarse.
- Deberías tomar esto menos personal, hay estatuas e imágenes de tus abuelos por todas las naciones, más de un hombre ebrio debió desahogarse con alguna de ellas. ¿Qué pasa con tu cabeza fría últimamente? – preguntó Kiya.
- No todos sentimos un completo desapego por nuestra familia – dijo Alehk aún molesto.
La referencia evidentemente entristeció a Kiya que no respondió.
- Lo siento Kiya, no debí decir eso – se disculpó Alehk.
- Sería ridículo sentir alguna clase de apego por ellos, después de lo que…
- ¡Naya! – llamó un hombre que se acercó - ¿de verdad eres tú? – preguntó visiblemente entusiasmado
- Hiro – dijo Kiya fingiendo emoción – no sabía que iba a encontrarte por aquí.
- Estoy en la guardia del señor Sato ahora, va a dar un discurso en… no importa, Liu me dijo que te habían ascendido y que estabas en este grupo, pensé que no iba a volver a verte.
Korra casi se sintió mal por el muchacho. Estaba mucho más que interesado en Kiya, que obviamente sólo se había acercado a él como parte del trabajo. El pobre apenas parpadeaba mientras le hablaba y su sonrisa estaba fuera de control, mientras que Kiya le costaba incluso fingir interés. Era sencillo leer los gestos de los demás cuando no estaban sus emociones de por medio.
- Creo que ese tipo es un idiota – dijo Bolin celoso cuando los vio alejarse un par de metros.
- Seguramente lo es, y además tiene una placa dorada – dijo Alehk asombrado de que Kiya usara ese tipo de recursos – son buenas razones para que Kiya lo escogiera.
El hombre le susurró algo al oído a Kiya que pareció alegrarse y luego de besar su mejilla lo tomó de la mano y desaparecieron entre la multitud.
- Así que… el Señor del Fuego es tu abuelo – dijo Mako - ¿eso no te hace también su heredero?
Afortunadamente las máscaras escondieron la sorpresa de unos y la turbación de otros por el intento de Mako de conversar con Alehk.
- Aún para ser heredero debes ser maestro-fuego – dijo Alehk.
- ¿Y si algo le pasara a Iroh? – intervino Bolin repentinamente interesado en la conversación – no tiene que morir ni nada, sólo que no quisiera ser Señor del Fuego…
- Entonces la corona pasaría a los herederos de Azula.
- ¿Los herederos de Azula? – preguntó Korra casi alarmada - ¿aún tienen derecho sobre el trono?
- Justo después de Iroh.
- Azula era la hermana loca de Zuko, ¿no es cierto? – preguntó Bolin – la que casi mató a Aang y conquistó Ba Sing Se en dos días…
- Es cierto que tuvo un colapso, pero no estaba loca – dijo Alehk – es una larga historia y no creo que…
- ¿Es cierto que Iza heredó sus llamas azules? – preguntó Korra.
- Si, es verdad, pero creo que no deberíamos hablar de esto ahora – dijo cuando vio a Kiya acercarse de prisa.
- Hora de irnos – dijo la maestra-tierra que parecía agitada.
- ¿Pasó algo? – preguntó Korra.
- Saben dónde nos escondemos, ahora mismo decenas de bloqueadores van al túnel.
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Asami todavía no sabía lo que la había impulsado a ofrecerse como voluntaria para quedarse con General aún convaleciente. La idea de salir vestida como los igualitarios y tener un poco de acción le entusiasmaba un poco más, pero desde que lo había visto aparecer en la bahía las palabras de Kiya resonaron en su cabeza: "Si te gusta Mako, espera a que conozcas a Iroh", le había dicho, y desde ese momento Asami quiso conocer a Iroh.
El General estaba recostado en la tienda y Asami no se había atrevido a entrar, no quería parecer inoportuna, curiosa y mucho menos demasiado interesada, pero lo estaba. Iroh le había causado una impresión desde el principio, no sabía si era el uniforme, o que era más apuesto que todos los hombre que había conocido en su vida, o su título de Príncipe Heredero de la Nación del Fuego, pero había deslumbrado a Asami.
- Necesito un poco de agua – dijo Iroh.
Asami se levantó de inmediato y fue ayudarlo. Aunque se había puesto de pie aún no le era sencillo caminar, había tenido que apoyarse en las paredes de la tienda.
- Vuelva a recostarse General – dijo Asami mientras colocaba el brazo de Iroh alrededor de sus hombros para ayudarlo a volver a la tienda – debió llamarme yo le habría llevado el agua.
- Pensé que no había nadie más – dijo Iroh repentinamente interesado en la mujer de ojos verdes que lo sostenía - Creo que no nos han presentado.
- Soy Asami y usted es el General Iroh.
- Es un placer Asami – dijo Iroh mientras volvía a recostarse.
- Iré por el agua.
- Ya no tengo sed.
- De acuerdo… entonces vuelva a descansar…
- ¿Le importaría hacerme un poco de compañía, Asami? – preguntó Iroh.
Asami entendió entonces las otras palabras de Kiya "pero no te entusiasmes demasiado con él porque terminarás con el corazón roto". Se dio cuenta que el General Iroh seguramente era un conquistador, y tenía todas las razones, incluso el derecho para serlo. Pero Asami había tenido suficiente durante toda su vida de hombres dispuestos a conquistarla y eso hizo que el encanto del General casi desapareciera. Casi.
- Este lugar es… conveniente, ¿cuánto tiempo llevan aquí abajo?
- Cinco días, pero parecen muchos más – dijo la joven suspirando - Aunque gracias a Kiya este lugar es casi habitable.
Iroh vio a su alrededor y sonrió. Todo el lugar tenía el toque de Kiya, desde los detalles hasta las formas.
- Es cierto – dijo luego de unos segundos – sólo a ella se le ocurriría que una tienda bajo tierra necesita decoraciones.
Hubo un silencio incómodo luego de eso. Asami estaba demasiado preocupada en no parecer interesada y el General en parecer interesante, y los dos lo estaban logrando.
- ¿Cómo terminó en este problema, señorita Asami? O mejor dicho ¿cómo conoció a Korra?
Escuchar el nombre de Korra de labios de Iroh le revolvió el estómago a Asami, se preguntó si sería el tercero en discordia.
- Es una historia complicada, pero estaría en este problema aún si no la hubiera conocido.
Una idea desagradable cruzó por la mente de Asami. Se imaginó cómo hubiera sido descubrir que su padre era un igualitario sin tener el apoyo de Mako y los amigos de Korra, se imaginó tratando de librar la batalla por sí misma… se imaginó dándose por vencida y cediendo a los deseos de Hiroshi, traicionando sus principios y arrepintiéndose el resto de su vida.
Escucharon pasos afuera de la tienda, pero asumieron que se trataba de Korra y los demás que volvían.
- ¿Avatar Korra? – preguntó tímidamente una voz extraña.
Asami salió de inmediato y encontró a un hombre con pinta de vagabundo esperando.
- Lo siento señorita – dijo el hombre con una pequeña reverencia - ¿hay alguna forma de que pueda hablar con la joven Avatar? Mi nombre es Gommu y tengo un mensaje importante para ella.
- Korra no está aquí ahora…
- En ese caso – dijo mientras sacaba algo de su chaqueta - ¿podría hacerle llegar esto a través de usted? – preguntó entregándole un sobre y una pequeña bolsa de cuero.
- Por supuesto… ¿quién envía esto Gommu?
- Anuk, con sus más sinceras disculpas. Me pidió que lo entregara de inmediato, pero me perdí un par de veces antes de dar con el lugar… dijo que el Avatar debía recibirlo cuanto antes – el hombre parecía nervioso y no dejaba de ver el túnel por donde había llegado - hay rumores por todas partes… debo marcharme de inmediato.
- ¿Qué rumores? – preguntó Asami.
- Rumores de que el Avatar está aquí – dijo el vagabundo que parecía asustado.
- ¿Qué pasó con Anuk?
- Lo capturaron esta mañana, señorita. Ciudad República ya no es un lugar seguro para nadie – dijo Gommu antes de salir casi corriendo.
- ¿Está todo bien? – preguntó Iroh.
- No estoy segura.
Los agudos sentidos de Iroh le dieron la voz de alarma. Algo se aproximaba por el túnel hacia ellos, incluso Naga lo había sentido y se había despertado alarmada.
- Tenemos que salir de aquí – dijo Iroh - ¿hay algo importante que debamos llevar?
La joven corrió a la tienda y tomó las espadas de Alehk y el guante de electricidad, dedicó una rápida mirada a su alrededor y no se le ocurrió qué más llevar.
Iroh estaba sobre Naga cuando salió, le extendió la mano y ella la tomó para subir al animal. Pabu se les unió de inmediato.
- ¿Es todo? – preguntó Iroh. Asami asintió. El General lanzó una llamarada al interior de la tienda, seguramente para deshacerse de cualquier pista que pudieran dejar detrás y luego incendió el resto del campamento. Naga salió corriendo hacia la salida de los túneles que llevaba a la playa apenas sintió el calor del fuego.
Naga corría tan de prisa que Asami tuvo que sujetarse con todas sus fuerzas del General para no caer, seguramente lo lastimaba, pero él no dijo nada. Casi se sintió a salvo cuando vio la salida a pocos metros.
- ¿Estás bien? – preguntó Asami cuando estuvieron casi afuera.
- Si Amón esperaba encontrar a Korra y a Alehk debió enviar algo más – dijo Iroh – debió por lo menos asegurarse de cerrar las salidas.
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Nadie lo dijo, pero todos lamentaron que no fuera Asami quien conducía el camión robado. Alehk no era tan hábil al volante y no se atrevía a ir más rápido. Cuando por fin llegaron a la entrada del túnel por el lado de la playa encontraron a decenas de igualitarios esperando. Antes de que alguien pudiera decir nada Korra había salido del camión dispuesta a combatirlos.
- Es hora de demostrarles por qué el agua es mi elemento nativo – dijo con una sonrisa.
Mako y Alehk corrieron tras ella para ayudarla, pero con el agua del mar apenas a unos metros y a su completa disposición fueron casi innecesarios. Korra era una maestra-agua extraordinaria, los atacó con tentáculos y látigos de agua, cuchillos de hielo y finalmente la mayoría desapareció entre una ola gigantesca. Sólo nueve hombres quedaron al final.
- Deberían darse por vencidos de una vez – dijo Korra segura.
- Aún tenemos algunos trucos bajo la manga, Avatar Korra – dijo uno de ellos tirando su guante al suelo, y luego le arrojó una llamarada de fuego que la joven no iba a esquivar, Alehk tuvo que intervenir y lanzar a Korra con una corriente de aire lejos del alcance del fuego.
Tres maestros-fuego arremetieron contra Alehk que fácilmente saltó diez metros para esquivar sus ataques, pero de inmediato decenas de dagas de hielo comenzaron a ser disparadas por otros dos sujetos que resultaron ser maestros-agua. Korra que ya se había incorporado levantó una pared de tres metros para protegerlos del ataque, pero casi de inmediato el suelo se levantó debajo de sus pies catapultándola por los aires, Alehk alcanzó a reaccionar y la interceptó antes de que cayera al suelo.
Mako se había enfrascado ya en un combate de fuego contra fuego con los maestros que resultaron ser casi tan hábiles como él, y un rayo lo hubiera alcanzado si Bolin no hubiera intervenido protegiéndolo con un bloque de piedra. Los hermanos formaron un equipo contra los maestros-fuego, Mako atacaba y Bolin los defendía a ambos cubriéndolos de las llamas. Korra se encargó de los maestros-agua atacándolos con todos sus recursos y haciéndolos retroceder hasta que finalmente se vieron atrapados entre anillos de metal, cortesía de Kiya. Los maestros-tierra tenían dificultad para usar sus poderes en la arena de la playa, y no fueron rivales para Kiya que no tuvo problemas para usarla en su contra, y luego atraparlos también entre anillos. Los maestros-fuego fueron los últimos en caer. Alehk aprisionó en un remolino al que era capaz de lanzar rayos y Korra lo cubrió de hielo, cuando no pudo moverse Kiya lo aprisionó entre una lámina de metal. Los otros dos maestros-fuego se rindieron luego de eso.
- Eso fue sencillo – dijo Korra cuando los nueve maestros estuvieron sujetos y amordazados dentro de la caja de metal del camión que habían robado.
- Porque fue sólo una advertencia – dijo Alehk – Amón acaba de revelar otra pieza en su tablero.
No tuvieron que esperar mucho, pocos minutos después aparecieron Iroh y Asami montados en Naga.
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Korra tomó el sobre y sacó la carta que contenía.
- ¿Qué dice? – preguntó Bolin ansioso.
- No es una carta, parece un mapa… no estoy segura, pero creo que es de la Nación del Fuego… y tiene el sello del Lotto Blanco.
Las vistas de Alehk y Iroh se cruzaron, los dos entendían de lo que se trataba.
- ¿Qué hay en la bolsa? – preguntó Mako.
Korra abrió la bolsa para ver su contenido, sólo encontró monedas plateadas, cada una con una inscripción diferente.
- Parecen monedas, pero no estoy segura de…
- Son monedas de platino – dijo Kiya - ¿qué significa eso?
- Por lo pronto que Korra debe ir a la Nación del Fuego – dijo Iroh.
- No puedo irme de aquí, sería como dar por perdida la Ciudad, no puedo irme sin luchar…
- La Ciudad está perdida de todas formas, y si te quedas sólo conseguirás que Amón te atrape y que no haya nadie más que lo detenga, ¿no te dijo Kiya sobre los planes de los igualitarios?– siguió el General.
- Por eso debemos detener a Amón antes de que sea demasiado tarde, pensé que estábamos de acuerdo en eso.
- Korra, irte a Ciudad República no significa que pierdas esta batalla, sólo significa retroceder para pelear otro día, cuando tengas una oportunidad real de ganar – dijo Alehk.
- Ni siquiera he intentado pelear, cómo pueden estar tan seguro que voy a perder.
- Hasta que controles los cuatro elementos estás bajo la protección de la Orden del Lotto Blanco y tienes que someterte a sus decisiones – dijo Iroh – y sus órdenes fueron claras, debo llevarte a la Nación del Fuego.
- ¿Y cómo se supone que llegaremos allí? – preguntó Korra molesta – por si no te has dado cuenta estamos debajo de un puente, no tenemos siquiera dónde pasar la noche y en cuanto amanezca tendremos a miles de igualitarios detrás de nosotros. Con nuestros recursos sólo podemos ir al Reino Tierra donde los Dai Li están esperándonos…
- Eso podemos resolverlo – dijo Kiya – todos los días salen buques mercantes, podríamos…
- Sólo una oportunidad – dijo Korra – sólo les pido una oportunidad para enfrentar a Amón, si el plan falla…
- Ese es un riesgo que no podemos correr Korra – dijo Mako, tal vez él no tenía derecho a opinar sobre la seguridad del Avatar, pero sí sobre la seguridad de Korra – si el plan falla caerías en sus manos y lo menos que podría pasarte sería perder tus poderes.
- Tal vez deberías de tratar de enfrentarlo de otra forma – dijo Asami que hasta entonces había estado pensativa alejada del grupo – la fuerza de Amón todavía son los igualitarios, y ellos creen que su líder es alguien distinto, si lo desenmascaras frente a sus seguidores en la asamblea…
- Aún tendría que presentarse en una asamblea con miles de igualitarios – dijo Mako. Era la primera vez que se dirigía directamente a ella desde que habían terminado su relación y a la joven heredera pareció molestarle el comentario.
- Con Kiya, Alehk y Iroh los igualitarios no podrían ni acercarse a ella…
- ¿No te olvidas de nosotros Asami? – preguntó Bolin casi ofendido.
- No Bolin, pero creo que nosotros seríamos más útiles si tratamos de conseguir un medio de transporte adecuado mientras todos están ocupados.
- Ese suena como un buen plan – dijo Iroh complacido.
- Si, supongo que desenmascararlo sería suficiente por ahora – dijo Korra cruzándose de brazos.
- Y sobre nuestra estancia en este puente, no es que no me resulte familiar, pero creo que estamos demasiado expuestos – dijo Bolin – debe haber algún lugar donde podamos pasar la noche.
- Las bodegas del puerto – dijo Mako – son cientos y todas son iguales, no les sería sencillo localizarnos allí.
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La vista del mar de noche era uno de los espectáculos favoritos de Korra, la luna, con la que siempre había tenido una relación muy cercana, le parecía más hermosa cuando se reflejaba sobre el agua.
- Yue – dijo en voz baja – ¿qué voy a hacer? – preguntó suspirando.
- Pensé que no podías hablar con los espíritus – dijo Alehk que se sentó a su lado sobre el techo de una de las bodegas - ¿Qué me das si adivino lo que estás pensando?
- ¿En serio quieres algo de mí chico millonario?
- Quiero muchas cosas de ti, Avatar Korra – le dijo Alehk al oído, el corazón de Korra se aceleró de inmediato.
- ¿Qué estoy pensando? – preguntó la joven Avatar.
- Estás pensando si podrías llegar a la Isla del Templo del Aire antes de que cualquiera de nosotros se dé cuenta.
- Eres bueno.
- Crees que con el océano completo a tu disposición no tendría problemas para derrotarlos tú sola… lamento decepcionarte Avatar, pero sí tendrías problemas. Amón y Tarrlok también son maestros-agua, y maestros-sangre además. Arriesgarían sin duda su identidad para atraparte.
- ¿Cómo hiciste eso? – preguntó Korra sorprendida - ¿también puedes leer la mente?
- Sólo la tuya, y no todo el tiempo – dijo Alehk sonriendo.
- ¿Qué estoy pensando ahora? – preguntó Korra, sus ojos se clavaron en los de Alehk que brillaban con la misma intensidad, por un momento el maestro-aire estuvo dispuesto a dejar sus escrúpulos a un lado, no podía dejar de pensar en los labios de Korra y en lo mucho que había deseado volver besarlos, en la desesperación que crecía cada segundo que no podía confesarle lo que sentía. Alehk sabía que ella no iba a rechazarlo, sabía de su confusión, sabía que había logrado despertar sentimientos en la joven Avatar, él había logrado nublar en el corazón de Korra lo que sentía por Mako…
- No lo sé – dijo apartándose.
- No eres tan bueno entonces – dijo ella decepcionada.
- Deberías tratar de dormir un poco Avatar, nos esperan días más difíciles.
- Antes quiero hablar contigo – dijo Korra tomándolo del brazo para que no se marchara.
- ¿De qué quieres hablar?
Korra desvió la vista, la atmósfera se volvió incómoda de pronto por lo que tenía que confesar.
- Mako dijo que me amaba.
Alehk sintió como si lo golpearan en el estómago, la sensación fue muy desagradable.
- Eso es bueno… supongo…
- Esa noche tuve un sueño – siguió Korra con la vista en la luna reflejándose en el mar – soñé con un muchacho de ojos grises diciéndome que me amaba antes de desaparecer entre sombras…
Korra cerró los ojos tratando de recordar el sueño, no había sido una pesadilla porque las palabras del muchacho la emocionaron, pero luego había sentido mucho miedo por él, porque se alejaba para no volver…
- El muchacho eras tú Alehk, lo sé porque antes tuve sueños sobre nosotros en el Polo Sur que resultaron ser recuerdos, pero ese en particular… no sé si fue sólo un sueño…
Alehk no podía moverse, todos sus músculos se tensaron, temía que sus deseos lo traicionaran, temía no ser capaz de contenerse y suplicarle a Korra que se quedara con él, porque él la quería más, porque nadie podía quererla tanto como él.
- Necesito dejar de estar confundida Alehk – dijo Korra tomando su mano – necesito aclarar lo que siento de una vez…
Los pensamientos de Alehk no le daban tregua, una idea tras otra cruzaba por su mente haciendo que todo fuera demasiado confuso. Por el bien de Korra tenía que mantener la cabeza fría y sus objetivos claros, pero no podía engañarse más, desde que la había visto en el Templo del Aire no había sido capaz de pensar con ecuanimidad. La seguridad del Avatar había pasado a segundo término para él, el bienestar de Korra se había vuelto más importante y aunque eso era traicionar la confianza de todos, le asustaba lo poco que le importaba. De pronto la idea de mandarlo todo al diablo y hacer lo que quería en lugar de lo que debía le pareció la única que tenía sentido.
- ¿Y si te digo que fue un recuerdo? – preguntó tomando la mano de Korra entre las suyas.
- ¿Tú… me quisiste?
- No, no te quise – dijo Alehk emocionado de por fin decir las palabras que le oprimían – yo te quiero, te amo con cada partícula de mi ser, te amo tanto que sin ti no soy yo…
No pudo decir nada más, los labios de Korra sobre los suyos se lo impidieron y a Alehk le pareció que si el caos se desataba después, bien valía la pena.
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Korra despertó con el sol sobre su rostro y una sensación agradable en el estómago que casi desapareció cuando vio que estaba sola en la gran bodega llena de cajas de cartón. Se levantó de prisa, pero antes de que pudiera comenzar a preocuparse apareció Iroh.
- ¿Dónde están todos? – preguntó Korra.
- Fueron con Kiya a ver a un amigo.
- ¿Por qué no me despertaron?
- Creo que todos pensaron que era más prudente que te quedaras aquí. Sabían que no iban a poder convencerte y prefirieron marcharse antes de que despertaras. Seguramente fue idea de Alehk.
La sola mención del nombre de Alehk hizo que los recuerdos de la noche anterior volvieran y Korra estuvo a punto de sonrojarse.
- ¿Y tú te quedaste para asegurarte que no hiciera nada imprudente o sólo no quisieron llevarte?
- Todos hemos sido injustos contigo Korra, estaba seguro que iba a encontrar a la jovencita revoltosa de la que todos hablan pero las enseñanzas de Tenzin han empezado a calarte, ¿no es cierto?
- Tenzin es un maestro terrible y yo soy una alumna terrible, no creo que algún día vaya a ser capaz de hacer aire-control.
- No hablo del aire-control, hablo de que eres menos impulsiva e impaciente de lo que todos dicen.
- ¿Cómo es que todos te hablan de mí y de lo que hago?
- Mi abuelo te aprecia mucho, no sólo porque fue amigo de Aang. Siempre ha estado al tanto de tus progresos. Fue él quien le dijo a la Orden de llevarte a la Nación del Fuego si las cosas se complicaban aquí. Tienes todo el apoyo del Señor del Fuego en esta guerra, ya lo sabes.
- Aún no es una guerra, y aún sin ser un Avatar completa tengo que asegurarme que no se convierta en una.
- Tal vez eso no está en tus manos Korra, Amón está haciendo todo lo posible porque esto se convierta en una, y tiene todos los recursos para lograrlo.
- Iroh siento mucho lo que le pasó ayer, debimos saber que no se quedarían con los brazos cruzados al enterarse de que vendrían.
- Hemos sufrido emboscadas antes y hemos salido adelante Korra. La guerra es impredecible y nosotros estamos lejos de ir perdiendo.
- ¿En serio van a llevarme a la Nación del Fuego?
- Es el lugar más seguro por ahora.
- ¿Cómo estás tan seguro? Kiya dice que han logrado infiltrarse en todas partes…
- Los igualitarios trataron de infiltrarse en algunas provincias de la Nación del Fuego hace algunos meses pero Iza los descubrió. El señor del fuego iba a detenerlos, pero ella insistió en que eso sólo los retrasaría un poco, no tardarían en volver a intentarlo y no podíamos estar seguros de encontrarlos de nuevo. Ella nos convenció de dejarla manejar la situación, logró infiltrarse y ahora no tienen verdadero poder o influencia porque todo pasa por sus manos y sabemos que ella está de nuestro lado.
- ¿En serio confías en Iza?
Korra no podía dejar de relacionar el nombre de Iza con el nombre de su abuela, la temible mujer del fuego azul que casi logró acabar con los Avatares una vez.
- Tanto como confío en Alehk o en Kiya. Afortunadamente los igualitarios pensaron igual que tú y cuando les pidió unirse a su causa no dudaron en aceptarla. No le fue difícil ganarse su confianza.
- ¿Por qué no te dijo de la emboscada en la bahía? Ella debía estar al tanto, ¿o no?
- Sabíamos que había espías en la flota, cuando salí del puerto de la Nación del Fuego acordamos que no tendríamos más comunicación hasta que tu estuvieras a salvo. Espero su halcón mensajero en cualquier momento.
- ¿Halcón mensajero?, ¿hablas en serio?
- Son mejores formas de comunicación ahora que Amón puede interceptar telegramas, ¿no crees?
- Si tú lo dices. Aún creo que antes de salir huyendo a la Nación del Fuego deberíamos tratar de ganar esto antes de que sea tarde.
- ¿De verdad crees eso? – preguntó Iroh pensativo.
- Es lo que me dice mi instinto… tal vez si pudiera hablar con los espíritus podría salir de dudas.
- Después de todos estos meses, ¿aún no puedes hacer aire-control?
- Pensé que estabas al tanto de mi entrenamiento, ya deberías saber que soy un fracaso espiritual y que no puedo producir ni un pequeño soplo de aire – dijo Korra cruzándose de brazos.
- A los cuatro años ya podías controlar tres elementos… y a los nueve años podrías producir rayos.
- Ya me disculpé por eso más de una vez.
- Tal vez por eso llamaron a Alehk en primer lugar, tal vez te pasa algo parecido.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Nunca te ha dicho como aprendió aire-control?
- Tenzin le enseñó, lo que no es muy alentador porque teniendo el mismo maestro no podríamos tener resultados más diferentes.
- El tampoco pudo hacer aire-control hasta que cumplió quince años, y pasó de repente. Un día no podía hacer ni un pequeño soplo y al otro levantaba torbellinos de veinte metros sin problemas.
- ¿Eso es cierto?
- Por supuesto, de qué otra forma se hubiera convertido en el guardián del Avatar.
- ¿El guardián del Avatar? – preguntó Korra confundida.
Iroh se dio cuenta que había hablado de más cuando no pudo hacer nada para remediarlo.
- ¿Alehk es miembro de la Orden del Lotto Blanco?, ¿Alehk es…?
- Lo siento Korra, con todo lo que pasa entre ustedes pensé que ya lo sabías.
- Por supuesto que lo sabía – dijo con un nudo en la garganta – es muy obvio ahora que lo pienso.
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Korra se sentó en el piso de la bodega, adoptando la posición para meditar, puso su palma izquierda sobre su palma derecha, unió las puntas de sus pulgares y respiró profundo antes de cerrar los ojos. Escucho los latidos de su corazón que le dictaban el ritmo de su respiración, pero su mente no iba a aclararse, no hasta que llegar al fondo de los motivos de Alehk para acercarse a ella.
Le había ocultado que era el guardián del Avatar, que debía cuidar de ella porque era su obligación y no por qué quisiera hacerlo… había llegado a confiar en él sobre todo y sobre todos, y le había mentido.
¿Cuántas veces había intentado ponerle un rostro a ese hombre que sólo tenía por propósito en la vida espiarla y coartar su libertad?, un hombre escondiéndose en las sombras, robándole su intimidad le parecía odioso y despreciable, había llegado a pensar que no existía que era un mito para molestarla… pero era Alehk y él no había hecho sino salvarla cada vez que estaba en peligro. Alehk era un hombre honorable, un hombre que había sido capaz de renunciar a su familia por proteger a quien le había arrebatado todo; había aceptado vivir lejos de su madre por Pema y sus hermanos, había renunciado a todo lo que era suyo por derecho por guardar unas apariencias que no podían importarle menos. ¿Habría sido capaz de decirle que la quería para mantenerla a salvo?, tal vez no había querido lastimarla y le había dicho lo que quería escuchar… esa vez en el parque había tratado de hacerla sentir mejor y luego tal vez no se había retractado para no lastimarla…
- ¿Por qué fui tan imprudente? – se recriminó Korra - ¿por qué lo presioné para que aceptar algo que tal vez no sentía?
El sonido de la voz de Bolin la sacó de sus pensamientos, había olvidado su precaria situación de pronto. Estaba escondida, casi acorralada por Amón y Tarrlok que sólo tenían como propósito en la vida destruirla.
- ¡Korra! – escuchó la voz del maestro-tierra llamándola.
Trató de ignorarlo, pero el maestro-tierra fue muy insistente. Y finalmente se levantó y fue a su encuentro.
- Aquí estás – dijo Bolin - ¿qué hacías encerrada en esa bodega?
- Estaba tratando de… no importa, ¿qué pasa?
- Mañana por la tarde será la gran Asamblea en la Isla del Templo del Aire, y nosotros estaremos allí
- ¿Están seguros?
- Será un gran evento, todos los igualitarios estarán allí.
El corazón de Korra se aceleró, la incertidumbre le dio paso a un miedo muy intenso. Verse cara a cara con Amón era algo para lo que nunca iba a estar preparada.
- ¿Estás bien? – preguntó Mako.
- Sí, estoy bien – mintió.
- Todo va a salir bien Korra, ninguno va a dejar que nada te pase – dijo el maestro-fuego abrazándola.
Korra quería sentirse aliviada, pero cuando sus ojos encontraron a los de Alehk las dudas se hicieron insoportables.
- Hablábamos sobre el plan para mañana – dijo Alehk con la vista sobre Korra y Mako – Kiya, Iroh y yo iremos contigo a la Asamblea, allí tratarás de desenmascarar a Amón. La historia del ataque a su familia es mentira, así que no puede tener pruebas, pero creo que sería mejor obligarlo a hacer agua-control.
- ¿Y qué haremos nosotros? – preguntó Mako molesto - ¿nos quedaremos aquí mientras Korra está entre miles de igualitarios?
- Asami, creo que es mejor si tú les explicas.
- Nosotros iremos al campamento de las montañas, necesitamos un vehículo para ir a la Nación del Fuego. Y tal vez una vez allí podríamos tratar de hacer algo para detener la producción de armas.
- Creo que Kiya debería ir con ustedes – dijo Iroh – ella podría sepultar el campamento sin problemas, y acabar de una vez con la producción de armas.
- Kiya debe ir con nosotros – dijo Alehk – la seguridad de Korra va a estar comprometida con miles de igualitarios. Bolin es maestro-tierra, Mako es maestro-fuego y la señorita Sato es la peleadora más hábil que…
- ¿Asami Sato? – preguntó Iroh confundido - ¿tú eres la hija de Hiroshi Sato? ¿del hombre que construyó todas esas armas?
- Así es – dijo Asami.
- Yo debo ir con Korra – dijo Mako – tengo que asegurarme que estará bien.
- Asami y Bolin no pueden ir solos al campamento… - Alehk trataba de no sonar hostil, pero el brazo de Mako alrededor de la cintura de Korra hacía las cosas especialmente difíciles para él, sobre todo porque Korra parecía aceptar el gesto.
- Yo iré con ellos – dijo Iroh – no podré hacer el daño que podría hacer Kiya, pero nos las arreglaremos.
- ¿Y qué pasará después? – preguntó Korra que escuchaba en silencio – luego de Amón haya sido desenmascarado ¿sólo saldremos huyendo a la Nación del Fuego?
- Sólo si tú así lo quieres, Avatar – dijo Iroh – tú tienes la última palabra esta vez.
- ¿Yo tengo la última palabra?
- Mi abuelo confiaría en tu instinto, y yo también.
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- General Iroh, ¿puedo hablar con usted? – preguntó Asami.
A Iroh le sorprendió el tono y las palabras de Asami, no pudo dejar de notar cierto sarcasmo en ellas.
- Por supuesto, señorita Sato.
- Quería saber a qué se debe su repentino interés en acompañarnos al campamento, ¿acaso espera poder detenerme si decido traicionar al Avatar?
El rostro de Iroh fue muy elocuente, no tenía idea de por qué Asami le hablaba de esa forma ni de qué quería decir exactamente.
- Me temo que no entiendo lo que quiere decir, señorita Sato.
- ¿Le importaría dejar de llamarme así? No tiene razón para pensar que sólo porque mi padre es un igualitario yo voy a traicionarlos, tengo muy claro que…
- ¿Cree que decidí acompañarlos porque desconfío de usted, Asami? Tal vez debí explicarme mejor.
- ¿Qué quiere decir?
- Que decidí acompañarlos porque creo que ser la hija de Hiroshi la pone en un riesgo mayor. Es bien sabido que su padre la quiere a su lado, y no estoy muy seguro de cómo podría reaccionar si usted lo rechaza.
- Es mi padre, ha hecho cosas terribles pero sigue siendo mi padre, él me quiere, de eso estoy segura.
- El odio cambia a las personas, las convierte en extraños – dijo Iroh.
Asami se sorprendió de que usara las mismas palabras que Kiya había usado antes.
- ¿Esas son sus razones para querer ir con nosotros?
- Saber que es la hija de Hiroshi sólo aumentó mi admiración por usted Asami. Lo que hizo fue muy valiente y dice mucho de quién es.
- Kiya tenía razón – pensó Asami en voz alta, y de inmediato se despidió del General.
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- … imagina la forma Avatar, y obliga al metal a que se convierta en lo que quieres – le explicaba Kiya mientras Korra trataba de doblar la barra de acero que tenía frente a ella – los movimientos deben ser más precisos que cuando controlas la tierra porque el metal es un elemento más caprichoso.
Korra se concentró y girando la palma de su mano consiguió que la barra de metal se doblara frente a ella.
- Nunca he visto a alguien aprender tan rápido como tú – dijo Kiya entusiasmada.
- Eso explica por qué no soy maestra-aire todavía – dijo Korra devolviendo la barra de metal a su forma original.
- Creo que podríamos intentar con algo mucho más avanzado.
- Kiya, cuanto te pusiste frente a esas espadas, ¿de verdad creías que iba a poder detenerlas?
- Lin me dijo que ibas a lograrlo…
- Pero tú no estabas tan segura y tomaste el lugar de Alehk.
- Confiaba en Lin, pero la idea de ver a Alehk en esa situación me pareció insoportable.
- ¿Por qué no lanzaste las espadas directamente contra mí?
- Porque si hubieras estado en ese tipo de peligro Alehk habría hecho algo muy estúpido, habría volado los túneles o algo peor.
- Se toma su trabajo muy en serio, ¿cómo se hizo el guardián del Avatar? – preguntó Korra tratando de aparentar naturalidad.
- Me derrotó a mí y luego a Iroh.
- ¿Alehk los derrotó a ambos?, ¿todos ustedes querían ser…? ¿por qué alguien quiere ser el guardián del Avatar?
- Todos tuvimos nuestras razones, pero al final fue Alehk quien ganó. Pensé que no sabías que Alehk era tu guardián, Avatar.
- De hecho acabo de enterarme, Iroh me lo dijo esta mañana… y no sé por qué me sorprendió tanto, tiene sentido ahora que lo pienso… ¿sabes cuánto tiempo ha estado siguiéndome?
- El dejó Gaoling antes que yo, lo llamaron cuando viniste a Ciudad República, pero antes tuvo que ir al Polo Sur.
- ¿Y desde cuándo sabía que iba a ser… mi guardián?
- Tal vez deberías preguntarle todo esto a él, Avatar Korra – dijo Kiya incómoda por las preguntas, sentía como si traicionara la confianza de Alehk.
- Nuestra situación ahora mismo es… complicada, y hay cosas que tengo que saber antes de hacer algo, eres la única además de él que puede decirme lo que quiero saber... por favor Kiya.
Kiya respiró profundo antes de continuar.
- ¿Sabes algo de la historia de los guardianes, Avatar? – Korra negó con la cabeza y Kiya siguió – Después de su último viaje a la Tribu Agua del Norte, el Avatar Aang convocó a la Orden del Lotto Blanco y los instruyó para que se convirtieran en los protectores del próximo Avatar. Según sus órdenes, el Avatar no viajaría más por el mundo para aprender a dominar los cuatro elementos, el nuevo Avatar debía estar en un sitio seguro y los maestros tenían que viajar para enseñarle. También dijo que debía tener un guardián que cuidara de él hasta que fuera un Avatar completamente realizado. La Orden del Lotto Blanco comenzó a reclutar maestros después de la muerte de Aang, incluso antes de encontrarte, para que alguno se convirtiera en tu guardián. El primero fue un maestro-agua alumno de Katara, el maestro Daeku…
- ¿Daeku? He escuchado ese nombre antes… fue el maestro que… fue el maestro que asesinaron en el polo sur cuando yo era niña.
- Murió después de salvarte de un ataque. Hasta entonces las advertencias de Aang habían pasado casi desapercibidas, pero luego de lo que le pasó al maestro Daeku la Orden se dio cuenta del peligro que corrías y desde entonces tu seguridad fue su prioridad. La búsqueda del guardián se amplió a todas las naciones, los maestros más prometedores fueron entrenados por los mejores maestros de la Orden y si demostraban ser confiables se convertían en candidatos… los mejores candidatos se enfrentaban a los mejores candidatos una y otra vez hasta que sólo quedamos cuatro. Iroh derrotó al mejor maestro-agua de la Tribu Agua del Norte, Alehk me derrotó a mí y luego le ganó a Iroh, y así se convirtió en tu guardián. Y aunque algunos dicen que fue injusto, a mí me parece que nadie hizo más méritos que él.
- ¿Por qué dicen que fue injusto?
- Antes de que Alehk naciera, Aang le dijo a Lin que su hijo iba a ser un maestro aire, pero Alehk no pudo hacer aire-control durante muchos años. Algunos llegaron a pensar que no era maestro, aunque Tenzin siguió entrenándolo y lo hizo viajar por todos los Templos del Aire. Un día apareció en Gaoling haciendo torbellinos y deslizándose sobre bolas de aire, cuando le pregunté cómo lo había logrado me dijo que Aang le había enseñado.
- ¿Alehk puede hablar con Aang?
- Fue Aang quien le dijo que debía convertirse en el guardián del Avatar, pero eso no le hizo las cosas más fáciles. Aún tiene las cicatrices de las batallas, él era el más débil de los cuatro y no le fue nada sencillo ganar.
- Así que se convirtió en mi guardián porque Aang se lo pidió…
- Esa no fue la razón Avatar, y tú deberías saberlo.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiso convertirse en tu guardián desde que volvió del Polo Sur luego de que te conoció, no sé lo que pasó entonces, él nunca habla de eso, pero decía que era la única forma en que ibas a recordarlo… que era la única forma en la que iba a estar cerca de ti otra vez...
- Si sólo supiera qué fue lo que…
- Nuestro tiempo se acabó Avatar – dijo Kiya poniéndose de pie – creo que es hora de tu entrenamiento de aire-control.
- ¿Alehk viene hacia acá?
- Y parece más molesto que de costumbre.
- Estás equivocada, él nunca se molesta…
- Claro que se molesta, su corazón siempre lo delata – dijo Kiya sonriendo - Buena suerte con las complicaciones Avatar – dijo antes de marcharse.
Korra esperó que Alehk apareciera varios minutos que parecieron eternos, quería y no quería volver a hablar con su "guardián", no podía acostumbrarse a esa palabra, y aún no la podía relacionar con Alehk por completo…
- ¿Estás lista? – preguntó cuando apareció por la puerta de la bodega.
Korra notó algo diferente en él, pero no supo qué era de inmediato. Con todo lo que había pasado desde la noche anterior hasta los últimos minutos no era objetiva.
- Por supuesto, sólo dime si quieres que respire profundo o que trate de meditar – dijo Korra tratando de sonreír.
La expresión de Alehk no se alteró. Se quitó las espadas de la espalda y luego la chaqueta y las arrojó al piso, cuidando en todo momento de no voltear a ver a Korra.
- ¿Estás seguro que esto es necesario? – preguntó la joven Avatar – ¿crees que puedo aprender en un día lo que no he aprendido en meses? Tal vez es muy tarde para esto…
- No toma más que un segundo aprender a controlar un elemento, ¿ya lo olvidaste? Aún creo que tus posturas pueden mejorarse, y cuando puedas hacer aire-control verás que es necesario que las corrijas…
- ¿Por qué mejor no me dices cómo aprendiste tú? Tal vez es lo que necesito saber…
Alehk pareció no escucharla, comenzó a hacer movimientos de aire-control.
- Sólo trata de imitar la posición de los pies y de las manos – le dijo.
- No me dijiste que tú tampoco pudiste hacer aire-control al principio.
Entonces Alehk no pudo ignorarla más tiempo.
- ¿Te lo dijo Kiya?
- No, me lo dijo Iroh. Pensó que nuestro bloqueo podría ser parecido, ¿por qué no me dices cómo lo solucionaste? Eso podría ayudarme más que practicar posturas, sabes que las he memorizado todas.
- No creo que mi historia pueda ayudarte.
- ¿Por qué estás tan seguro?
- Tienes razón - dijo Alehk dándole la espalda – a estas altura un entrenamiento de aire-control no hará la diferencia, tal vez sería mejor que descansaras…
- ¿Estás molesto?
- ¿Por qué iba a estar molesto?, ¿crees que tengo razones para estarlo? – preguntó Alehk definitivamente molesto, no sólo su corazón lo delataba esta vez.
- Tal vez crees que tienes razones…
- Si, posiblemente sólo soy yo. Posiblemente debiste explicarme mejor las reglas de tu juego, debiste decirme que con mi confesión sólo querías aclarar tus ideas para volver a los brazos de Mako, pero hubiera ayudado que te ahorraras las demostraciones de interés porque eso hizo que todo…
- Estás celoso – dijo Korra cayendo en cuenta.
- ¡Por supuesto que estoy celoso!, anoche me besaste a mí y hoy estuviste todo el día abrazada a Mako, ya no tengo idea de qué se trata esto.
- Te lo diré en cuánto me digas por qué me ocultaste que volviste porque te obligaron, porque eres mi guardián…
El enojo de Alehk desapareció y fue reemplazado por la sorpresa y el temor. Había muchas cosas que quería decir en ese momento, muchas preguntas que no pudieron salir de sus labios.
- Iba a preguntarte si pensabas decírmelo, pero tu reacción acaba de delatarte.
- Eso no cambia las cosas Korra, me convertí en tu guardián porque quería cuidarte, porque no confiaba en nadie más para velar por tu seguridad… porque quería estar cerca de ti. No vine porque me obligaron, vine por ti.
- ¿Hace cuánto me estás siguiendo?
Alehk guardó silencio. El que la hubiera seguido durante meses era definitivamente una de las cosas que más debían molestar a Korra.
- Llegué dos semanas antes de la final del torneo – dijo Alehk por fin.
- ¿Y desde entonces estuviste espiándome? ¿por eso aparecías y desaparecías de repente?
- No te espiaba, me aseguraba…
- Ponle el título que quieras Alehk, lo hacías… aún lo haces, es parte de tu trabajo y todo eso.
- Debes olvidar lo que pasó Korra, si la Orden se da cuenta me enviarán de vuelta a Gaoling y otro ocupará mi lugar. Kiya no debió decir nada, tú no debías saber que yo era tu Guardián. Sé que la idea de que alguien siga tus pasos te parece repugnante, pero si no lo hago yo lo hará otro, uno que tal vez ni siquiera podrá cuidarte bien…
- Kiya no me dijo… ¿qué quiere decir que te enviarán a Gaoling? ¿no puedes estar conmigo sin ser mi guardián?
- Hay una línea que no debí cruzar.
- ¿Eso quiere decir que si yo quisiera estar contigo, escogerte a ti…? ¿tú no me escogerías a mí?
- Si tengo que elegir entre cuidar de ti o estar contigo… elegiría cuidar de ti Avatar Korra.
- No digas más – dijo Korra dolida – te costó mucho conseguir el título de Guardián y quieres conservarlo.
- No es así, lo único que quiero…
- Ahórratelo – dijo Korra alejándose de prisa.
