Capítulo 8.
Korra se sentía herida. El rechazo de Alehk había sido más doloroso que el de Mako. Entonces había tenido a Alehk para consolarla y ahora estaba completamente sola. Hubiera querido correr hasta perderse o desaparecer en medio del mar, pero apenas pudo alejarse lo suficiente para llorar sin sentirse observada.
- Korra, ¿estás bien? – preguntó Asami.
Korra trató de secar sus lágrimas.
- Sé que soy la última persona con la que quieres hablar de lo que pasa, pero tal vez te sentirías mejor si se lo dices a alguien…
Asami se sentó junto Korra. Ella sabía que no eran las mejores amigas, pero también sabía que Korra estaba confundida y la única persona en la que confiaba era la causa de su confusión.
- ¿Recuerdas lo que me dijiste la última vez que hablamos? – preguntó Korra dándose por vencida.
- ¿Sobre Alehk?
- Me dijo que me quiere - dijo Korra con un nudo en la garganta.
- Ah, ya veo. ¿Y tú qué le dijiste?
- No pude responderle…
- ¿Fue por Mako?
Korra guardó silencio. No había pasado tanto tiempo desde que Mako había roto su relación con Asami, y ella aún se sentía culpable por lo ocurrido.
- Korra, puedes decírmelo.
- Se suponía que Mako era el indicado, mis instintos de Avatar me decían que estábamos hechos el uno para el otro. Por eso fui tan obstinada, aún cuando él estaba contigo... pero Alehk lo cambió todo…
- ¿Ibas a elegirlo a él?
- No tiene caso hablar de eso.
- Si aún estás confundida, sólo necesitas tiempo. No es tan complicado…
- No entiendes Asami.
- Escucha Korra, sé que tomar una decisión es difícil, significa que estás renunciando a un futuro posible, pero hay cosas que eres la única que no puede ver. Si dejas ir a Mako vas a tener algunos días difíciles preguntándote lo que hubiera sido; pero si dejas que Alehk se vaya, te vas a arrepentir toda tu vida porque no importa a cuántas personas conozcas después, no vas a encontrar a alguien como él, a alguien que esté dispuesto a darlo todo por ti…
- Ya ni es mi decisión, Asami – dijo Korra cerrando los ojos para evitar que las lágrimas la traicionaran – ya ni siquiera se trata de Mako.
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Kiya supo que las complicaciones entre Korra y Alehk no se habían resuelto en absoluto cuando la joven Avatar salió corriendo de la bodega visiblemente molesta. Suspiró y con un movimiento levantó una cortina de arena que el viento se llevó de inmediato. Escuchó una risa familiar detrás de ella.
- Has aprendido nuevos trucos desde la última vez, pequeña Kiya – dijo Iroh.
Kiya giró sus manos de prisa haciendo que la arena de la playa se levantara en forma de torbellino y comenzara a avanzar en dirección del general que retrocedió un paso.
- Así que tu viaje al desierto no fue sólo por el jugo de cactus – dijo Iroh – eso imaginé. Ahora, ¿quieres deshacer esa cosa antes de que alguien la vea?
- Sólo si prometes que no me llamarás así otra vez.
- De acuerdo, Kiya – dijo Iroh remarcando cada sonido del nombre de su amiga.
La maestra-tierra sonrió satisfecha e hizo que la arena cayera al piso. Luego se lanzó sobre el General que tuvo problemas para conservar el equilibrio con los brazos de su amiga aprisionándolo.
- Te extrañé pequeño Iroh – dijo Kiya.
- ¿Tú si puedes llamarme así? Eso no es justo – dijo el General sonriendo.
- Yo puedo hacer que tengas arena en los lugares más incómodos, ¿qué puedes hacer tú contra eso?
- Absolutamente nada.
- Eso pensé.
- Ahora eres maestra-metal, controlas la arena, eres bloqueadora de chi… sin mencionar que consigues que te dé la razón, ¿hay algo más que deba saber de ti?, ¿cuánto más has cambiado desde la última vez que nos vimos?
- Dejaré que te sorprendas después, General – dijo Kiya besando la mejilla de Iroh.
- Acabo de ver al joven maestro-tierra dormido frente a cinco yuanes, ¿tú hiciste eso?
- Estoy enseñándole metal-control, pero no debería estar dormido – dijo Kiya dejando libre al General de su abrazo – supongo que tendremos que volver a los fundamentos.
- Parece que el destino del que huyes insiste en alcanzarte.
- No dejé Gaoling para alejarme de la Academia… es cierto que no volví después, pero tengo toda la vida por delante para hacerlo… Algún día seré lo que Toph quería, sólo no ahora…
- Kiya, si quieres huir al desierto y vivir con los areneros, por mí está bien. Todos tenemos derecho a vivir nuestra vida como mejor nos parezca. Es una de las ventajas de no ser el Avatar.
- Lo dice el hombre que se hizo General para viajar por el mundo antes de que el peso de dirigir una Nación lo alcance – el rostro de Iroh se entristeció y Kiya se apresuró a cambiar de tema - ¿cómo están tu madre y tu abuelo?
- Mi madre está bien, tanto como es posible con todo lo que ocurre alrededor; y el abuelo… el abuelo siempre está bien, es demasiado viejo y demasiado sabio para estar de otra forma. Lo último que escuché antes de embarcarme fue que iría a Gaoling antes de ir a la Tribu Agua del Sur.
- ¿Y cómo está Iza? – preguntó la maestra-tierra cambiando el tono de su voz.
- Ella dice que bien, pero… no estoy tan seguro – dijo Iroh preocupado – los días que estuve en el Palacio apenas pude hablar con ella. Parece tranquila y alegre como siempre, pero sé que algo no está bien, y no se trata sólo del asunto de los conflictos en las Provincias y de los igualitarios tratando de infiltrarse. Antes de que Lin te llamara estuve a punto de pedirte que fueras a verla.
Kiya bajó la vista. Luego de la muerte de su maestra, ella había viajado constantemente a la Nación del Fuego por petición de Zuko, que había intentado hacerse cargo de la joven en honor a la memoria de Toph. Estar en una tierra extraña hubiera sido mucho más difícil sin la amistad de Iza. La maestra-fuego se convirtió en su confidente y su mejor amiga, incluso la había convencido de viajar a Ciudad República para que Lin le enseñara técnicas avanzadas de metal-control y poder volver a la Academia, para cumplir con los deseos de Toph. El sentido del deber estaba sobre todas las cosas a los ojos de Iza, y Kiya había compartido su visión un tiempo, pero luego las propias palabras de Toph la habían liberado "su deber estaba primero con su conciencia", y su conciencia le decía que antes de establecerse debía verlo todo, aprenderlo todo y experimentarlo todo, sólo así se convertiría en la persona que su maestra había confiado que sería.
Y su último encuentro con Iza era algo que aún trataba de olvidar. Las cosas no habían salido bien, las palabras habían subido de tono, y las ideas que una vez las unieron las ponían en contra... de un día para otro se había roto su amistad. Las últimas palabras de Iza aún le dolían a Kiya.
- Si luego de mañana debemos ir a la Nación del Fuego – dijo la joven – estaré feliz de volver a ver a Iza.
- Eso dependerá completamente de Korra – dijo el General pensativo - ¿sabes algo? creo que pasó algo entre ella y Alehk. Pensé que iba a encontrarlos juntos y felices, ¿no era eso lo que él quería?
- Supongo que llegó tarde. No es al primero al que le pasa… ¿qué es eso? – preguntó Kiya cuando observó a un ave que volaba en círculos sobre ellos.
- Es Rhizu, el halcón de Iza.
Kiya extendió su brazo para indicarle que bajara y el halcón se posó de inmediato sobre él, luego Iroh sacó la carta que transportaba.
- Debemos alimentarlo – dijo Kiya acariciando al ave de la forma en que había visto a Iza hacerlo.
- Sólo déjalo libre, aún aquí encontrará algo para cazar.
Iza levantó su brazo y el halcón, que parecía haber entendido el mensaje, emprendió el vuelo.
- ¿Qué dice la carta? – preguntó Kiya luego de un par de minutos.
- Al parecer las noticias de la derrota de la Armada ya llegaron a la Nación del Fuego – dijo el General molesto – Iza está preocupada y quiere saber que estoy bien antes de darle las noticias a mi madre… esto no está bien – dijo Iroh cambiando su tono - debo responderle de inmediato.
- ¿Y Rhizu podrá hacer el viaje de vuelta tan pronto?
- Estamos hablando del halcón de Iza. Por cierto, me pidió que te dijera que te aseguraras de que su armadura esté bien ajustada para el vuelo de regreso.
Kiya trató de disimular su sorpresa, las palabras de Iza, como siempre, decían mucho más de lo que todos alcanzaban a entender.
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Al ver a Korra salir corriendo, el primer pensamiento de Alehk había sido olvidarlo todo y fingir que nada había pasado. Con el tiempo su relación con ella volvería a la normalidad y tal vez después él tendría otra oportunidad… una oportunidad real de estar con la joven. Una vez que la seguridad del Avatar no estuviera comprometida él pediría ser liberado de su promesa y entonces haría todo lo posible para ganarse el corazón de Korra. Después de todo, él aún tenía los recuerdos que ella había perdido y hacer que Korra los recuperara no era imposible. La idea parecía acertada y hasta prudente, pero también existía la posibilidad de que Korra se decidiera por Mako durante la espera, las imágenes de Korra y el maestro-fuego juntos volvieron a atormentarlo, y pensar en perderla definitivamente fue más de lo que Alehk pudo soportar.
Su mayor inquietud era que las noticias de su intento por acercarse a Korra llegaran a la Orden del Lotto Blanco, porque sin duda lo relevarían de inmediato de su trabajo y él tendría que alejarse del Avatar, esta vez dejándola en medio de una guerra en la que lastimarla era el principal objetivo de sus enemigos. Si el Avatar tenía suerte, tal vez Kiya se convertiría en su guardián, pero si no lo haría cualquier otro, uno que no iba a ser capaz de protegerla… o tal vez eso era lo que Alehk quería creer, tal vez cualquier maestro haría un mejor trabajo, tal vez él sólo quería estar cerca de ella sin importar si era lo mejor para Korra. Él no era el maestro más fuerte y Kiya se lo había hecho ver años atrás.
Aún podía recordar la sensación de impotencia al enfrentar a su amiga, luego de casi una hora de combate él sólo había conseguido esquivar la mayoría de los ataques de Kiya, que parecía inmune al cansancio o al paso del tiempo en la arena. Nada de lo que Alehk hacía podía siquiera llegar a la maestra-tierra, que tenía la mejor defensa posible y el ataque más letal. Kiya dominaba su elemento en una forma que Alehk sólo podía soñar entonces, y su elemento tenía una ventaja natural sobre el aire. Por enésima vez Kiya lanzó una lluvia de rocas contra Alehk que ya no pudo esquivarlas y luego de ser golpeado por la mayoría cayó al suelo. Sabía que tenía que levantarse cuanto antes, estaba a merced de Kiya, pero a su cuerpo ya no le importaba la imagen de Korra o lo mucho que él quería volver a verla, no pudo moverse. Kiya pudo haber terminado el combate en ese momento de mil formas, pudo incluso haberse sentado a esperar, Alehk ya no iba a levantarse.
- ¿Es todo lo que te queda, señor volador? – le preguntó la maestra-tierra acercándose - ¿así es cómo se termina tu historia con ella?
Mientras trataba de decidir si Kiya estaba alardeando de su victoria o infundiéndole ánimos sintió la tierra debajo levantarse y arrojarlo de nuevo por los aires, Kiya lo estaba devolviendo a su elemento. Luego de eso Alehk había ganado el combate de forma contundente, Kiya usó todos sus recursos, pero Alehk logró separarla de su elemento y arrebatarle la victoria. El rostro afligido de Kiya y sus lágrimas de frustración todavía estaban nítidos en su memoria, y aún no lograba entender por qué, queriendo tanto ganar, la joven le había dado lo que necesitaba para derrotarla.
El duelo con Iroh había sido mucho más difícil. El deseo del maestro-fuego por convertirse en Guardián había sido tan ardiente como el de Alehk, aunque por motivos distintos. Iroh quería alejarse de la corona y de las ataduras de convertirse en Señor del Fuego, y convertirse en el Guardián del Avatar era una forma honorable de hacerlo, mucho mejor que abdicar o perder un Agni Kai. La pelea con Iroh le había dejado muchas cicatrices, y aún se estremecía cerca del fuego recordando el dolor de las quemaduras, pero también le había dado la confianza que necesitaba. Había comenzado esa pelea creyendo estar destinado a ser el más débil de los dos, él que ni siquiera tenía derecho a llevar el título de Príncipe porque era sólo un maestro-aire, pero había terminado descubriendo que si un soplo de aire aviva el fuego, una ráfaga lo apaga por completo. Al final había ganado porque sus motivos eran más importantes, porque él quería convertirse en el Guardián de Korra y no en el Guardián del Avatar, porque si no era el maestro más fuerte, si era el que más estaba dispuesto a sacrificar porque ella estuviera bien.
Era todo lo que Alehk quería, que Korra estuviera bien. Y si pensar que él había elegido algo tan estúpido como un título de Guardián sobre ella la había lastimado, lo que tenía que hacer era aclarar las cosas, hacerle ver que era de Korra de quien siempre había querido cuidar. Salió dispuesto a hacerse escuchar, decidido a aclarar las cosas, pero su deber lo alcanzó en el camino.
- Tenemos que hablar – le dijo Iroh que parecía alterado.
Alehk observó a Korra que jugaba con Naga a lo lejos y suspiró resignado. Ella seguiría allí cuando terminara de hablar con Iroh.
- Acabo de recibir la carta de Iza – dijo el General.
- ¿Alguna buena noticia? – preguntó Alehk completamente desinteresado.
- Ni siquiera sé cómo decirte esto…
- Ahórrate los rodeos – pidió Alehk comenzando a inquietarse.
- Amón capturó a Tenzin y a su familia antes de que llegaran al Polo Sur… planea quitarles su control en la asamblea de mañana.
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- Debería hacer algo Bo – dijo Mako que paseaba de un lado a otro.
- Podrías empezar por quedarte en un lugar – dijo Bolin – mover esas monedas ya es bastante difícil sin tus pasos alterando mi concentración.
Mako se sentó en el suelo y cruzó los brazos.
- No se me ocurre qué es lo que podría hacer, le dije que le daría todo el tiempo que quisiera, pero ya no creo que sea una buena idea con Alehk siguiéndola a todas partes. Si sólo pudiera estar a solas con ella… pero con todos alrededor es casi imposible, y ni hablar de llevarla a algún lugar, sería peligroso con todo lo que ocurre en la Ciudad…
- Mako, si quieres hablar con ella, sólo acércate y pídele que hable contigo – dijo Bolin que sonaba exasperado, algo muy poco común en él – si Alehk puede pasar tiempo con ella, tú también puedes hacerlo, eres su amigo. Y si ya terminaste de decir lo mismo que me has dicho diez veces, apreciaría que me dejaras practicar. Kiya vendrá en cualquier momento y va a encontrar que aún no puedo mover ni una maldita moneda, va a darse cuenta que es inútil enseñarme y nunca podré aprender metal-control, eso sin contar que no tendré ningún otro pretexto para acercarme a ella – dijo Bolin que para cuando terminó estaba rojo.
- Bo, en serio tienes que calmarte.
- Y tú tienes que dejar de ser tan cobarde, la única razón por la que Korra no está con Alehk eres tú, ¿eso no es suficiente? El hombre ha hecho méritos, muchos méritos, y tú deberías empezar a hacer lo mismo si quieres estar con ella.
Las palabras de Bolin impresionaron a Mako, que pudo ver las cosas claras por primera vez en mucho tiempo.
- Relájate Bo. Aprendiste tierra-control observando a los mayores practicar cuando sólo eras un niño y te convertiste en el maestro-tierra más talentoso del torneo de pro-control. ¿Qué son algunas monedas comparadas con lo que hemos tenido que pasar? No hay nada que no puedas hacer si te lo propones, hermano.
Mako se puso de pie, ajustó su bufanda y salió dejando que su hermano siguiera con su entrenamiento. Como si los espíritus lo hubieran escuchado, apenas salió de la bodega se encontró con Korra.
- Korra, ¿estás bien?
- ¿Por qué todos preguntan lo mismo? Por supuesto que estoy bien – dijo la joven triste.
- Tal vez porque no lo pareces.
- Debe ser porque no me entusiasma nuestra situación – dijo observando alrededor.
- Hemos tenido días mejores, aunque pensé que considerarías esto una mejora, estamos frente al mar cuando podríamos seguir encerrados en un maloliente túnel bajo tierra.
- Supongo que tienes razón.
- ¿Quieres dar un paseo por la playa conmigo? Eso te haría sentir mejor.
A Korra aún le entusiasmaba la idea de pasar tiempo con Mako, sobre todo si eso incluía alejarse un poco del recuerdo de lo ocurrido con Alehk, pero el nombre de su "guardián", en serio odiaba la palabra, la devolvió a la realidad. El maestro-aire acababa de lastimarla, y ella aún tenía sentimientos por Mako, esa era una mala combinación, y contrario a lo que todos hubieran esperado, Korra quería ser prudente para no salir aún más herida.
- No es una buena idea, Mako.
- Korra… no importa – dijo el maestro-fuego frustrado – prometí que te daría tiempo y es lo que voy a hacer, pero recuerda que seguimos siendo amigos - dijo tomando su mano.
Aunque le resultaban agradables, Korra aún no conseguía acostumbrarse a las continuas demostraciones de afecto de Mako. Ella sabía que él era muy aprensivo con su espacio personal, una de las razones por las que Korra no le habría agradado al principio había sido por lo pocos dispuesta que estaba el Avatar a respetarlo. Pero desde ese día en el bosque Mako tomaba su mano a cada momento y la abrazaba con cualquier pretexto. En el campamento de los igualitarios se aseguró de rodear sus hombros con su brazo, y siempre buscaba estar lo más cerca posible de ella. Al principio Korra pensó que se trataba de un gesto posesivo, pero Mako parecía ni siquiera notarlo, como si sus acciones fueran inconscientes.
- Es hora de que empiece a hacer méritos – continuó Mako - si quiero estar con la persona más maravillosa del mundo, tengo que empezar a actuar como alguien que la merece… hasta ahora me he portado como un idiota contigo Korra, pero estoy dispuesto a hacer lo que sea para convertirme en alguien que te merezca.
Las palabras de Mako entristecieron a Korra. Desde el primer momento le quedó claro que había llamado la atención del maestro-fuego por ser el Avatar. Antes de revelar su identidad, él ni siquiera había volteado a verla. Pensó que con el paso del tiempo Mako había logrado apreciarla por ser Korra, pero al hablar de méritos quedaba claro que seguía pensando en ella como el Avatar.
- Eso depende de si quieres estar con Korra o con el Avatar – dijo triste – y de los dos, tú eres quien menos claro lo tiene.
- ¿Qué significa eso, Korra?
- Que los dos necesitamos tiempo para aclarar con quién queremos estar…
- Korra – la llamó Alehk.
Korra no pudo dejar de pensar que se trataba de una mala broma de los espíritus.
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Aunque el temperamento de Bolin desconcertaba a Kiya la mayor parte del tiempo, porque contrastaba con el de todos los maestros-tierra que había conocido en su vida, tenía que reconocer que era obstinado cuando se trataba de mantener el buen humor y el optimismo. Aún era incapaz de mover las monedas de cobre frente a él, pero no estaba dispuesto a renunciar o a frustrarse, por lo menos no frente a ella.
- Intenta cerrando los ojos – dijo Kiya.
- ¿Por qué contigo todo se trata de cerrar los ojos y estar descalzo? – preguntó Bolin poco dispuesto a perder de vista a la chica frente a él, su entrenamiento con Kiya era su parte favorita del día, y sus pobres resultados tal vez se debían a que pasaba la mayor parte del tiempo repasando lo que le diría en su cabeza.
- Así los sentidos que necesitas para el ejercicio estarán más alerta, si Toph no hubiera sido ciega no habría inventado el metal-control, haz como te digo Bolin.
- De acuerdo – dijo el muchacho cerrando los ojos.
- Ahora voy a dejar caer las monedas, siente cómo las vibraciones se transmiten a través de la tierra y de vuelta a ellas, como a través de un mismo elemento – dijo Kiya mientras dejaba caer las monedas - ¿lo sentiste?
- Eso creo.
- Bien, aún no abras los ojos. Voy a hacerlo de nuevo ahora trata de levantarlas, pero guiándote sólo por las vibraciones, ¿está bien?
- No sé si funcionará, pero puedo intentarlo.
Kiya levantó las monedas del piso con un movimiento de su mano y luego las volvió a arrojar. El corazón de Bolin estaba acelerado y antes de escuchar el sonido de las monedas contra el suelo sintió desde sus pies cómo las vibraciones se expandían y luego volvían, como si se tratara de otra porción de tierra. Bolin movió la palma de su mano para levantarlas, pero sintió la resistencia de inmediato, tuvo hacer uso de toda su voluntad para tratar de imponerse sobre el elemento.
- Ahora abre los ojos – pidió Kiya complacida.
Bolin abrió los ojos despacio, temiendo sólo haber levantado fragmentos del suelo, y entonces vio las cinco monedas de cobre flotando frente a él.
- ¿Yo hice eso? – preguntó sorprendido.
- Yo no lo hice y no hay otro maestro-metal por aquí, así que debiste ser tú.
Kiya esperaba una reacción eufórica y alegre de Bolin, pero el muchacho sólo se quedó observando las monedas flotando frente a él y luego se secó una lágrima con el dorso de la mano.
- ¿Estás bien? – preguntó Kiya confundida.
- Soy un maestro-metal – dijo desconcertado – todos me dijeron que nunca iba a lograrlo y les creí… y pude hacerlo… soy un maestro-metal…
- No sólo eso Bolin, eres un maestro con una voluntad excepcional, pocos maestros-tierra se convierte en maestros-metal y aún menos en tan poco tiempo.
Bolin se acercó y levantó a Kiya por los aires, luego besó su mejilla y salió feliz en busca de Korra y de su hermano para contarle las buenas noticias. Aunque el gesto tomó por sorpresa a Kiya no le dio mayor importancia, eran comunes los arrebatos de alegría en el nuevo maestro-metal. Sus progresos apenas podían compararse con los del Avatar, y seguramente iba a pasar mucho tiempo antes de que pudiera hacer otra cosa que levantar monedas, pero Kiya estaba segura de que con el entrenamiento apropiado Bolin podía llegar a ser tan bueno como ella.
El chillido de Rhizu la distrajo de sus pensamientos, salió de inmediato y vio al halcón que volaba sobre ella. Extendió su brazo y el ave bajó y se posó en el. Estaba segura que Iza lo había enviado con ella y no con Iroh, y eso la preocupó. Casi se sintió culpable cuando vio a todos lados para asegurarse que nadie la observaba, eso confirmaba que estaba haciendo algo que los demás iban a desaprobar y que estaba entrando en el juego de Iza. Acarició al ave antes de girar la pequeña insignia de la Nación del Fuego que llevaba en su armadura, la armadura se abrió en dos revelando una carta que Kiya tomó de prisa, verificando nuevamente que nadie la observara, cerró la armadura y Rhizu se elevó por los cielos
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Desde que Iroh le había dicho que Amón había capturado a Tenzin y su familia, la cabeza de Alehk había estado llena de imágenes de los niños atados y encerrados en una celda, y aún así observar a Korra y a Mako había sido aún más difícil.
- Korra – la llamó - ¿puedo hablar contigo?
La joven soltó su mano de la de Mako. Alehk hubiera querido no conocerla tan bien, la sorpresa y el enojo habían pasado y Korra también quería hablar con él. Desafortunadamente Alehk no podía permitírselo.
- Iroh recibió una carta de Iza… - la decepción y la tristeza fueron tan evidentes en los ojos de Korra que Alehk tuvo que desviar la vista – pasó algo…
- ¿Ah, sí? ¿qué fue lo que pasó?
- Amón capturó a Tenzin y a los niños antes de que llegaran al Polo Sur…
La tristeza en el rostro de Korra se volvió angustia en cuanto escuchó las palabras de Alehk.
- ¿Qué estamos esperando? No podemos permitir que les ponga una mano encima.
- ¿Están seguros? El amigo de Kiya no dijo nada esta mañana… - dijo Mako.
- Lamentablemente la fuente de la información de Iza es el propio Tarrlok.
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El sol aún se ocultaba en la Nación del Fuego, en el Palacio sólo se escuchaban los pasos sigilosos de algunos sirvientes. Los escasos guardias nocturnos comenzaban a bostezar, no era el sol el que les anunciaba que el inicio del día estaba próximo y que su jornada estaba por terminar, eran unas llamas de fuego azul que iluminaban la parte más alejada del Palacio.
La figura de la Princesa Iza era revelada sólo por la luz de su fuego, aunque la habían observado casi todos los días durante los últimos dos años, los movimientos etéreos, precisos, elegantes y mortales no habían dejado de impresionar a los únicos dos guardias que había en su arena de entrenamiento. Cada día su fuego era un poco más abrasador, cada día sus movimientos eran un poco más rápidos, cada día la Princesa se alejaba un poco más de todos los demás maestros-fuego.
Cuando el sol apareció en el horizonte la princesa se detuvo. El espectáculo de las llamas azules tendría que esperar hasta que el sol se ocultara. Era como si la princesa escondiera sus llamas del sol, nunca practicaba cuándo el astro estaba presente, y aunque todos creían que era invencible, nunca la habían visto en combate con nadie. Respiró profundo e hizo una reverencia, tal vez a Agni que le prestaba su fuego, tal vez a un espíritu protector o tal vez a un recuerdo.
Los guardias siguieron a la princesa por los corredores que llevaban a su residencia. Era una rutina inútil y ridícula, nadie necesitaba menos la protección que dos guardias de palacio pudieran proporcionar que ella, pero todos lo sobrellevaban con paciencia.
Se detuvieron a unos pasos de la entrada del ala oeste del Palacio, la que años atrás había sido asignada a la princesa Azula luego de su regreso del exilio, y en la que habían vivido ella y sus herederos hasta la princesa Iza, que era la única que la habitaba. Los guardias hicieron una reverencia y se alejaron.
Iza disfrutaba del silencio y de la compañía de su pensamientos todo el tiempo que sus ocupaciones le dejaban. Era una Princesa y siempre había como tal, pero el único capricho que se consentía era el disfrutar de su propio tiempo sin que nadie la importunara. Cuando ella estaba en su residencia no podía haber nadie más, los sirvientes tenían mucho tiempo para hacer su trabajo porque ella se ausentaba casi todo el día y tenía un horario estricto, pero cuando volvía todos debían haberse marchado.
Los enormes corredores amplificaban el sonido de sus pasos, que junto con su respiración era lo único que se escuchaba. Las puertas de su habitación estaban abiertas como de costumbre, y el lugar estaba impecable, su baño estaba tibio y listo esperando por ella, su ropa estaba preparada y el desayuno servido en la pequeña mesa en el centro. La eficiencia era algo que Iza disfrutaba, y sus sirvientes lo sabían.
Cuando estuvo lista tomó con la misma reverencia de todos los días la corona con la insignia de la Nación del Fuego que estaba en una caja dorada sobre su tocador y que había pertenecido a su abuela y la colocó sobre su cabeza. La imagen en el espejo era casi idéntica a la de la dueña original de la corona.
El antiguo Señor del Fuego Zuko le había advertido más de una vez los peligros de seguir el ejemplo de su abuela, su búsqueda por la perfección y la aprobación la habían llevado al borde de la locura. Pero a diferencia de Azula, Iza no buscaba la perfección, estaba convencida que si Azula no la había alcanzado no debía existir, Iza sólo buscaba parecerse a su abuela, llenar sus expectativas, alcanzar lo que ella no había podido en su nombre. Conocía de sobra los caminos equivocados que habían llevado a Azula a la ruina y sabía cómo evitarlos. Ella pensaba llegar de la forma correcta, de la forma que su abuela había descubierto al final de su vida.
El sonido de golpes sobre la puerta la sacó de sus pensamientos. Debía ser importante si se atrevían a importunarla en su residencia. Se dirigió de prisa a la puerta de entrada y encontró a uno de los guardias del Señor del Fuego.
- Su Alteza – dijo con una reverencia – Su Majestad lamenta importunarla a esta hora, pero solicita su presencia en el salón del trono lo antes posible. Desea tener una audiencia privada con la Princesa – dijo el hombre.
- De acuerdo – suspiró Iza por lo que esa audiencia le haría a su horario para el resto del día - supongo que eres mensajero y escolta.
- Su alteza está en lo correcto.
- Vamos de una vez – dijo cerrando la puerta tras ella y adelantándose al guardia que comenzó a caminar un par de metros tras ella.
Cuando llegaron al salón del trono, los guardias que vigilaban las puertas hicieron una reverencia antes de abrir las enormes puertas rojas.
- Gracias – dijo Iza antes de entrar. Tuvo que caminar veinte metros sobre la alfombra antes de estar frente a la cortina de fuego, detrás de la cual estaba Ursa. Se arrodilló y luego se inclinó hasta que su cabeza tocó el suelo.
- Retírense todos – ordenó el Señor del Fuego y todos obedecieron al instante.
Cuando estuvieron solas la cortina de fuego se extinguió y Ursa bajó para acercarse a Iza que seguía postrada.
- Eso ya no es necesario – dijo la mujer tocando el hombro de la joven que se levantó de inmediato.
- Me dijeron que quería hablar conmigo, Majestad.
- Acabo de recibir un telegrama de Ciudad República con noticias alarmantes. La flota de Iroh fue derrotada, todos los barcos hundidos y todos los hombres están perdidos en acción… todos – dijo el Señor del Fuego, la angustia en su voz era evidente.
- Estoy segura que Iroh está bien…
- ¿No tenías noticia de esto, Iza?
- No, pero dado lo que ocurrió espero un telegrama en cualquier momento. Amón sabe de mi interés por las noticias referentes al Príncipe Iroh.
- ¿No tienes forma de saber si mi hijo está bien?
- Le envié un halcón hace dos días, pero es un viaje muy largo. Si tenemos suerte recibiremos una respuesta mañana por la mañana, Majestad.
- Dadas tus conexiones con Amón podrías preguntarle si mi hijo está entre los prisioneros.
- Haré eso de inmediato.
- Hay otra cosa Iza, también recibí un telegrama oficial de Ciudad República. Los igualitarios han tomado el gobierno de la Ciudad y piden que la Nación del Fuego lo reconozca.
- Esas son malas noticias, Majestad.
- No pareces sorprendida.
- Había rumores al respecto.
- De los que no me informaste.
- Lo siento, Majestad. Esperaba tener información confiable antes de…
- En adelante quiero conocer también los rumores, sobre todo los rumores.
- Así será. ¿Puedo preguntar sobre su respuesta a la petición de Amón?
- Le daré la negativa que espera, por supuesto. Pero antes quiero tener noticias de mi hijo.
- Majestad, ambas sabemos que Iroh está bien.
- Iza, ¿estás segura que puedes controlar esta situación? Todo lo ocurrido en Ciudad República es alarmante, y si se extiende al Reino Tierra una guerra sería inminente.
- Confíe en mí, Majestad.
- Ya no se trata sólo de confiar en ti, Iza. Sé que el asunto de las revueltas en las Provincias y las reuniones con los representantes de la Tribu Agua del Norte ocupan todo tu tiempo, pero dada la gravedad de la situación, tal vez deberías ir a Ciudad República y ver tú misma lo que pasa.
Iza sintió sus músculos tensarse, ir a Ciudad República era imprudente, inapropiado e incluso peligroso. Era poner en peligro su cubierta frente a Amón. Si no hubiera estado frente al Señor del Fuego habría protestado de inmediato, pero sólo guardó silencio.
- Tal vez deberíamos esperar las noticias antes de tomar cualquier decisión – dijo Ursa – puedes retirarte
Iza hizo una reverencia y salió del salón del trono pensativa. Amón había avanzado en sus planes mucho más rápido de lo que ella había anticipado, lo que significaba que además del apoyo de los Dai Li en el Reino Tierra, debía tener alguna clase de influencia sobre el Jefe de la Tribu Agua del Norte. Era un enemigo que ya no podía ser subestimado y casi era tiempo de dejar las máscaras y los dobles juegos a un lado, y evidenciar su posición real. Iza no pudo dejar de sonreír ante la perspectiva de lo que se aproximaba.
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Korra ya ni siquiera recordaba la última noche que había despertado en una cama, parecía que había pasado mucho tiempo. Las mañanas habían dejado de disgustarla, ahora las esperaba ansiosa porque significaban el final de las noches sin dormir y muchas veces de las pesadillas. Otra vez había soñado con su enfrentamiento con Amón y otra vez había perdido sus poderes y había escuchado a todos decirle que era un fracaso como Avatar y que incluso los espíritus estaban molestos con ella. Ese era el día en el posiblemente sus pesadillas se hacían realidad.
Aún no amanecía cuando salió de la bodega, la última estrella aún podía verse en el cielo. No pudo evitar sonreír cuando sintió una mano sobre su hombro, era un gesto que ni siquiera ella sabía que estaba esperando, pero su sonrisa desapareció cuando encontró a Iroh y no a Alehk.
- ¿Estás bien? – preguntó el General.
- Amón no sabrá qué lo golpeo – dijo Korra tratando de sonar animada, pero lo cierto era que pocas veces había estado más apesadumbrada.
- Korra, no intentes ganar esto, hoy sólo se trata de dar el primer paso.
- Lo sé, lo sé. Aún no estoy lista. Aang derrotó a Ozai cuando tenía doce años, pero yo aún soy incapaz de…
- ¿Sabes cuántas veces Aang tuvo que retirarse para pelear otro día? No lo enfrentó hasta que no estuvo listo, y es lo que debes entender. No puedes forzarlo porque fracasarías invariablemente.
- ¿Por qué me estás diciendo esto?
- Porque no quiero que salgas lastimada. Todos los Avatares antes que tú tuvieron que recorrer un largo camino antes de cumplir su destino… tienes derecho a no estar lista aún, ¿puedes entender eso?
- Suenas igual que… - iba a decir Alehk, pero ni siquiera podía nombrarlo sin que se formada un nudo en su garganta.
- Ten cuidado hoy, y te prometo que la próxima vez será Amón quien tendrá miedo.
- No tengo miedo… - Korra suspiró – no engaño a nadie con eso, claro que tengo miedo.
- Eso sólo te hace mejor Avatar.
- Después de hoy deberíamos ir a la Nación del Fuego, ¿no es cierto?
- ¿Es lo que crees?
- Sí, eso es lo que creo.
- Entonces trataremos de conseguir una nave mientras estamos en ese campamento – dijo el General satisfecho.
Korra tenía la sensación de que al confiar en su instinto de Avatar lo único que Iroh esperaba era confirmar el suyo propio, pero se marchó antes de que ella pudiera decir algo al respecto.
Naga se levantó un par de minutos después para ir al encuentro de su maestro-aire favorito. Korra esperó en vano que Alehk se acercara.
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Bolin abrazó a Korra por tercera vez antes de subir sobre Naga, Asami le pidió que tuviera cuidado y Iroh sólo sonrió. El Avatar no tuvo tiempo para sentirse miserable.
- Es hora de irnos – dijo Alehk mientras se ponía la máscara – tenemos que tomar el ferri con los demás.
Korra respiró profundo, hubiera dado cualquier cosa por hablar con el Alehk de siempre, por contarle que estaba muerta de miedo, que no se sentía lista para estar tan cerca de Amón, para escucharlo decir que todo iba a estar bien… pensar en lo que había perdido sólo la hizo sentir peor.
- ¿Estás bien? – preguntó Mako.
- Estoy bien – volvió a mentir. Se colocó su máscara y comenzaron a caminar con rumbo al puerto.
Llegar a la Isla del Templo del Aire fue sencillo. Abordaron el ferri con otros cientos de enmascarados y en cuestión de minutos estaban desembarcando del otro lado. Ver en lo que habían convertido el lugar fue más difícil de lo que Korra había anticipado. Había banderas con el rostro de Amón por todas partes, y el lugar en el que antes se había respirado paz, ahora gritaba guerra. Habían convertido los dormitorios en cuarteles de guerra y los templos en depósitos de armas. Korra estaba parada en el lugar donde semanas atrás había entrenado aire-control y que ahora estaba lleno de igualitarios esperando que Amón apareciera.
- Deberíamos buscar un lugar con mejor vista – dijo Kiya nerviosa por la gran cantidad de personas a su alrededor.
- Es cierto, debemos estar más cerca de Amón – dijo Alehk.
Korra los siguió entre la marea de gente hasta que llegaron al frente, justo al lado de donde habían puesto el templete para el discurso de Amón. Era un lugar conveniente porque les proporcionaba una ruta de escape rápido a través del acantilado a menos de doscientos metros.
- ¿Estás seguro que no debemos buscar a Tenzin? – preguntó Kiya – rescatarlos a la vista de todos no parece un buen plan…
- Ni siquiera sabemos por dónde empezar a buscar – dijo Alehk – este es un plan como cualquier otro.
Kiya observó a su alrededor, toda la Isla estaba llena de enormes rocas que seguramente servirían para sus propósitos, si los maestros-aire estaban encadenados, ella podría liberarlos y escaparían volando… y si todo se salía de control sólo tenía que cavar su salida de allí… tenía que funcionar.
Amón apareció pocos minutos después entre una ovación ensordecedora. A su lado sólo estaba el teniente y algunos bloqueadores de chi con placas doradas.
- Hermanos igualitarios – comenzó, el solo sonido de su voz hizo que Korra se estremeciera – hoy comienza una nueva era, una gloriosa era de igualdad, justicia y paz. Cuando era apenas un niño, mis padres y yo fuimos atacados por un maestro-fuego. Yo logré sobrevivir, pero aún llevo la marca de la injusticia que el control trajo al mundo y que me obliga a ocultarme tras esta máscara. Ese hecho marcó mi destino y le dio propósito a mi vida. Los espíritus me eligieron para traer al mundo una nueva era, una era donde el Avatar y los maestros no tienen cabida, porque ellos le fallaron a todos usando sus poderes para oprimir a quienes debían servir. Ciudad República está hoy en manos de los igualitarios y las Naciones han comenzado a reconocer nuestro gobierno. El destino de la mayoría, que somos los no-maestros, estará en manos de nuestros hermanos de ahora en adelante. – Los gritos de la multitud no se hicieron esperar, Amón los hizo callar con un ademán y continuó - Esta nueva era ha comenzado en Ciudad República, pero eventualmente alcanzará a todas las Naciones, porque en todo el mundo los maestros oprimen a los no-maestros, en todas partes el control se usa para el beneficio egoísta de los maestros y eso debe terminar de una vez por todas. Hoy hermanos igualitarios, es un día glorioso, porque voy a liberar al mundo del aire-control.
El piso detrás de Amón se abrió y aparecieron Tenzin, Jinora, Ikki y Meelo, atados a una columna y amordazados. Fue más de lo que Korra pudo soportar.
- ¡Eres un mentiroso Amón! – gritó saltándose para acercarse a Amón y quitándose la máscara.
Se escuchó una exclamación general y decenas de voces de desaprobación. El teniente iba a tratar de detenerla, pero Amón se lo impidió.
- Escuchemos qué tiene que decir el Avatar.
- Todo lo que ha dicho es mentira, él es un maestro-agua – dijo dirigiéndose a la multitud – Amón es el hermano del Concejal Tarrlok, y también es un maestro-sangre…
- Eso es muy entretenido, pero yo tengo la prueba de que lo que digo es cierto – dijo Amón quitándose la máscara. Una enorme cicatriz cruzaba su rostro.
- Esto… esto no es posible – dijo Korra – lo que digo es cierto…
Kiya había aprovechado la confusión para liberar a los maestros-aire de sus cadenas, y en cuanto al plan de desenmascarar a Amón parecía haber fracasado intentaron escapar, pero varios bloqueadores de chi les impidieron el paso. Ni Tenzin ni los niños intentaron defenderse.
- Debí decirles que todo esto se trataba de un espectáculo – dijo Amón – en realidad ya había librado al mundo del aire-control.
El teniente trató de atacar a Korra, pero Kiya lo sujetó con las cadenas que habían aprisionado a los maestros-aire y lo inmovilizó, luego trató de hacer lo mismo con Amón, pero no pudo lograrlo.
- Alehk, tienes que sacarlos de aquí – dijo Korra.
- No puedo dejarte aquí.
- Son sólo niños, Alehk son tus…
Alehk no tuvo argumento contra eso, tomó a Meelo en sus brazos y aprovechó la confusión para escapar con Tenzin y las niñas, mientras Korra y Mako combatían a los bloqueadores de chi que trataban de ir tras ellos.
Kiya comenzó a lanzarle anillos de metal a Amón para inmovilizarlo, pero falló cada vez.
- ¿Un nuevo miembro del equipo? – le preguntó Amón a Kiya – temo decirte que no te has enfrentado a un rival como yo, maestra-tierra.
- Eres tú quien no se ha enfrentado a un rival como yo – dijo Kiya preparándose para atacar, pero de inmediato sintió cómo perdía el control de su cuerpo. Amón estaba haciendo sangre-control sobre ella y nadie parecía darse cuenta.
- Puedo sentir que eres una de las maestras más talentosas a las que les he quitado sus poderes - dijo Amón tomando Kiya por los hombros para que se arrodillara frente a él.
- ¡No lo harás! – dijo Korra lanzándole una llamarada, que no lo alcanzó, pero fue suficiente para distraerlo.
En cuanto Kiya tuvo algo de control sobre su cuerpo levantó un bloque de tierra debajo de Amón para aprisionarlo, pero el maestro-sangre consiguió volver a evitarlo. Kiya esperó por el dolor de volver a ser controlada, pero sólo escuchó un grito de Korra, que al no poder moverse, había sido alcanzada por uno de los bloqueadores de chi que la atacaban con su guante de electricidad. Mako dejó fuera de combate al atacante casi de inmediato, pero Korra aún no podía moverse.
- ¿Has escuchado la historia del maestro Daeku? – le preguntó Amón a Kiya que se horrorizó ante la posibilidad – creo que sí, es lo que podría pasarle al Avatar, a ti y a todos los que están aquí en este momento…
Korra emitió un grito desgarrador que incluso conmovió a los igualitarios. Uno de los rayos de Mako logró alcanzar a Amón, dejando libre a Korra de su control.
- Es hora de irnos, Kiya – le gritó el maestro-fuego tomando a Korra, que no podía moverse, en sus brazos.
Kiya pudo ver en los ojos de Amón la satisfacción de haber logrado su objetivo. Tratando de dejar el miedo a un lado, levantó un enorme muro de piedra entre ellos y Amón, logrando que el suelo se estremeciera. Fue su propio mensaje, mucho menos contundente que el de Amón. Luego siguió a Mako que llevaba a Korra. Casi se sintió aliviada cuando vio que Amón no estaba entre los bloqueadores de chi que los seguían, y de los que pudo deshacerse fácilmente.
Cuando por fin llegaron al borde del acantilado vieron que nadie más los seguía. Mako colocó a Korra, que comenzaba a recuperar la consciencia, en el suelo.
- ¿Qué fue eso? – le preguntó el maestro-fuego a Kiya - ¿qué le hizo a Korra?
- Trató de hacer que su corazón explotara – dijo Kiya que aún temblaba – es el uso más inhumano de sangre-control.
- ¿Va a estar bien?
- En cuanto Amón pague por esto – dijo Korra tratando de levantarse.
- ¿Estás bien, Avatar? – preguntó Kiya aliviada.
- No me hizo ningún daño, sólo se aseguró que fuera doloroso, muy doloroso – dijo Korra con la mano sobre su pecho - ¿dónde está Alehk?
- Deberíamos irnos de aquí ahora – dijo Mako – él puede alcanzarnos después.
- Estoy de acuerdo – dijo Kiya formando una plataforma de piedra para descender por el acantilado, pero antes de comenzar a bajar apareció un bisonte volador frente a ellos, Alehk, Tenzin y los niños estaban sobre él.
- ¿Están bien? – preguntó Tenzin.
- Detesto esa pregunta – dijo Korra que se vio rodeada de pronto por los brazos de Alehk.
Alehk quería asegurarse que Korra estaba bien, dejarla allí había sido lo más difícil que había hecho en su vida, y había pasado los últimos minutos imaginando que le pasaban las peores cosas, no tenía forma de saber que casi le habían pasado, sólo pudo ver algunos rasguños y algunos golpes.
- Si me subes en brazos al bisonte voy a lastimarte seriamente – le dijo Korra al oído.
- No sabes cuánto me alegra que estés bien. Espero que hayas disfrutado tu tiempo sin mí porque no voy a volver a perderte de vista – dijo Alehk apartándose.
- Puedo vivir con eso – respondió la joven Avatar con una sonrisa.
Alehk la tomó por la cintura y la ayudó a subir a Oogie. Kiya y Mako ya estaban arriba. Aunque era más de lo que el bisonte estaba acostumbrado a cargar, logro elevarse.
- Estaba preocupado por ti – le dijo Tenzin a Korra – me tranquiliza saber que estás bien.
- Estoy más que bien Tenzin ¿dónde están Pema y el bebé?
- En el Polo Sur – dijo Ikki – el hombre de la máscara los dejó ir porque no eran maestros – ahora también nos dejará ir a nosotros.
- Entonces… ¿es cierto lo que dijo Amón? ¿logró quitarles su control?
- Fue un intercambio justo – dijo Tenzin visiblemente abatido – no opusimos resistencia y a cambio los niños apenas sintieron el tiempo que estuvieron encerrados.
- Hacía mucho frío – dijo Ikki – pero había maestros que hacían trucos muy divertidos.
- Tengo que llevarlos al Polo Sur – dijo Tenzin – tú también deberías alejarte de aquí.
- Descuida, Iroh me llevará a la Nación del Fuego. No te preocupes por mí. Debes ir con los niños, no hay mucho que podamos hacer ahora en la Ciudad de todas formas.
- ¿Quién eres tú? – le preguntó Ikki a Kiya.
- Mi nombre es Kiya, soy…
- ¿Eres la alumna de Toph? – preguntó Tenzin.
- ¿Eres una maestra-tierra? Nosotros éramos maestros-aire – dijo Ikki.
- Los últimos maestros-aire – dijo Jinora triste.
- Aún lo son – dijo Korra – si hay una forma de devolverles su control voy a encontrarla, lo prometo.
- ¿Estás al tanto de lo que planea Amón? – preguntó Tenzin - ¿qué harán cuando lleguen a la Nación del Fuego?
- Ahora el plan es escapar para pelear otro día, pero fuera de eso no tenemos nada.
- Korra, la Nación del Fuego tal vez no sea el mejor lugar. Por lo que sé Iza está de lado de Amón, y es la mano derecha de Ursa…
- Maestro Tenzin – intervino Kiya – le aseguro que podemos confiar en Iza.
- En cuanto los niños estén a salvo iré a la Nación del Fuego y trataremos de encontrar la forma de resolver esta situación. Mientras tanto… confía en Alehk y deja que cuide de ti.
- Eso haré – dijo Korra volteando a ver a Alehk que estaba sentado junto a ella y trataba de parecer ajeno a la conversación.
- Oogie no podrá volar mucho más con todos nosotros – dijo Tenzin – sólo podré llevarlos hasta la playa.
- Eso será suficiente – dijo Korra.
A/N. Estoy de acuerdo con ustedes, no es el mejor capítulo pero no pude lograr que resultara de otra forma. Pero soy optimista y creo que lo mejor está por venir.
