Capítulo 9.
- Ese lugar es impresionante – dijo Bolin cuando pudieron ver el campamento - ¿cómo consiguieron construir algo así sin que nadie se diera cuenta?
- Deberíamos caminar desde aquí – dijo Iroh. Él, Asami y Bolín bajaron de Naga.
- Naga, tienes que volver con Korra, ¿entiendes lo que digo? – preguntó Bolin. La perra-oso polar le dio un lengüetazo – tomaré eso como un sí. Se una buena chica y cuida de Pabu por mí, ¿lo harás? – Naga respondió con otro lengüetazo en la cara del maestro-tierra. Luego se quedó sentada a observar cómo sus amigos se alejaban.
Caminaron por el bosque varios minutos hasta que encontraron varios postes alineados que llamaron su atención.
- No lo entiendo – dijo Asami – hay postes, pero no hay cerca.
Los tres trataron de cruzar a través de los postes y de inmediato sintieron una descarga eléctrica que los hizo perder la conciencia.
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Oogie aterrizó y permaneció en tierra sólo lo suficiente para que Korra y los demás bajaran. No hubo tiempo para despedidas o para últimas palabras, Tenzin no tenía otra forma de proteger a sus hijos que volar lo más rápido posible para alejarse de la Ciudad. Aunque en el fondo todos sabían que Amón no tenía más planes para ellos y que conseguirían llegar al Polo Sur sin problemas. Lo último que Korra vio mientras el bisonte volador desparecía en el cielo fueron los rostros tristes de los niños mientras se despedían de ella. Tenía que haber una forma de reparar lo que Amón había hecho, y ella tenía que encontrarla. Ya no se trataba sólo de detenerlo, se trataba de remediar el daño.
- Tenemos que darnos prisa y salir de la Ciudad antes de que decidan que quieren venir tras nosotros – dijo Alehk.
Aún iban vestidos como igualitarios, aunque después de lo ocurrido en la asamblea difícilmente iban a engañar a alguien que prestara un poco de atención a los detalles. Caminaron varias calles hasta que Kiya reconoció el lugar donde días atrás había escondido un auto. Asami lo había escogido para robarlo porque, según sus palabras, era el mejor auto que fabricaba su padre, y además llevaba una matrícula que lo identificaba como perteneciente a los igualitarios. A Kiya le había parecido buena idea conservarlo y ahora era su forma de salir de la Ciudad y llegar al punto de reunión donde Asami y los demás los encontrarían al final del día.
Korra parecía exhausta y ajena a todo lo que pasaba a su alrededor, la experiencia con Amón había sido peor de lo que quería admitir. Alehk pudo ver en el espejo retrovisor del auto cuando Mako la rodeo con sus brazos, estaba acostumbrado a que el maestro-fuego hiciera eso, y no le molestó particularmente. Era del lugar donde debía estar su corazón de donde no podía apartar la vista. Si Amón se hubiera dejado llevar por sus instintos, si hubiera tenido menos control sobre sus habilidades… él la habría perdido, Korra habría muerto. Hacía mucho tiempo que Alehk no sentía tanto miedo.
- Creo que debiste girar a la derecha – dijo Kiya.
- Lo siento, estaba distraído – dijo el maestro-aire volviendo la vista al camino.
- Así que, ¿hace cuánto que saben que Amón también puede hacer algo así? – preguntó Mako acariciando el cabello de Korra.
- Creo que en teoría todos los maestros-agua pueden hacer eso – dijo Kiya – pero ninguno se había atrevido nunca a usar sus poderes de esa forma. Hacer sangre-control es una cosa, pero manipular la sangre de esa forma…
- Es más sencillo de que crees – dijo Korra.
Desde que se había enterado de lo ocurrido, Alehk no podía sacar la imagen del cuerpo sin vida de Korra de su cabeza. El mensaje de Amón había sido claro: perder sus poderes no era lo peor que podía pasarles a los maestros en adelante. Ya no le importaba jugar sucio, y no iba a detenerse ante nada para conseguir su objetivo. No había podido matar a Korra frente a todos porque eso la hubiera convertido en mártir, y miles de maestros se habrían levantado para luchar en su nombre, pero deshacerse de ella en secreto, hacer que el Avatar desapareciera, le daba la posibilidad de hacerla ver como una cobarde frente al mundo. Amón quería desaparecer a Korra, y si no podía quitarle sus poderes iba a asesinarla, aunque eso significara comenzar su búsqueda en el Reino Tierra después.
- Alehk, ¿está seguro que sabes a dónde vas? – preguntó Kiya cuando vio que se acercaban a una calle sin salida.
- Lo siento, estaba distraído.
- Otra vez – señaló Mako - Tal vez sería mejor si me dejas conducir, conozco la ciudad como la palma de mi mano.
- No sabía que podías conducir – dijo Korra.
- Nunca lo preguntaron.
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Cuando Asami abrió los ojos lo primero que llamó su atención fueron los barrotes de la celda en la que estaban. Se levantó con dificultad porque tenía las manos atadas a la espalda, y trató de recordar lo que había pasado, estaban en el bosque, cruzaron los postes y luego todo desapareció.
- ¿Estás bien? – le preguntó Iroh.
El General y Bolin estaban en el suelo, atados espalda con espalda con gruesas cadenas.
- Estoy bien, ¿cómo está Bolin?
- Estoy de maravilla – dijo el muchacho – te estábamos esperando para comenzar la diversión.
- ¿De qué estás…?
- Asami – dijo la voz de su padre. El corazón de Asami se aceleró.
- ¿Papá?
- Detesto verte aquí – dijo Hiroshi extendiendo sus manos a través de los barrotes de la celda en un intento por alcanzar a Asami – le dije a Amón que no era necesario, que entrarías en razón.
- ¿De qué estás hablando, papá?
- Hice mal ocultándote mi alianza con Amón, pero no quería que te involucraras antes de tiempo. Ahora es diferente, hija, ahora tenemos todo de nuestro lado. Amón ya tiene el control de la Ciudad y es cuestión de tiempo para que tenga el apoyo de las demás Naciones, no hay forma en que no ganemos esto, y tú tienes que ser parte…
- ¿Ser parte de tu cruzada de odio contra los maestros?
- ¡Ellos nos arrebataron a tu madre! – gritó Hiroshi furioso.
- No fueron los maestros, fue un maestro…
- Todos los maestros son iguales – dijo perdiendo la compostura, sus ojos relampagueaban e incluso Asami sintió miedo - todos en algún momento van a lastimar a alguien como ese maestro-fuego nos lastimó a nosotros. Si no puedes ver que hago esto por la memoria de tu madre y por ti, porque quiero protegerte…
- ¿No ves que estás cegado por el odio? Mamá hubiera detestado en lo que te estás convirtiendo…
- ¡No te atrevas a usar su nombre!
- No hagas esto, papá – pidió Asami, pero su padre no escuchó.
- Tal vez un par de días en una celda sin tus amigos, te ayuden a ver las cosas más claras – dijo Hiroshi antes de marcharse.
Asami bajó la vista, la angustia en su rostro era evidente.
- ¿Podemos irnos ahora? – preguntó Bolín tratando de parecer animado.
- ¿Puedes quitar estas cadenas? – preguntó Iroh aún con la vista en Asami.
- De hecho sí – dijo Bolin satisfecho – es un buen momento para decirles que soy maestro-metal, ¿no creen?
Asami no pudo sino sonreír. Bolin debía haber planeado ese momento durante mucho tiempo. Luego de quitarles las cadenas dobló los barrotes de la celda y pudieron salir. Deshacerse de los bloqueadores de chi que resguardaban la prisión fue sencillo, Asami pudo vencer fácilmente a la mayoría, no que tratara de impresionar al General.
- ¿No creen que sería buena idea tomar prestados sus uniformes? – preguntó Bolin – sería más sencillo robar esa nave.
Hicieron como Bolin dijo, desvistieron a tres de los guardias y se pusieron sus uniformes.
- Creo que comienza a gustarme como me veo con esto – dijo Bolin poniéndose las gafas verdes – aunque tengo que decir que a ti no te favorece, Asami.
- Tendré que vivir con eso – dijo Asami recogiendo su cabello.
La prisión del campamento estaba bajo tierra, la celda en la que habían estado era la más cercana a la superficie, seguramente Hiroshi lo había pedido así por Asami. No les fue difícil salir a la superficie. Definitivamente no esperaban encontrar lo que encontraron. El lugar era aún más grande de lo que habían anticipado y había por lo menos una docena de pabellones en los que se fabricaban armas y vehículos. Había muchos enmascarados yendo de un lugar a otro y docenas de vehículos entrando y saliendo cada minuto, seguramente recogiendo armas.
- Creo que no deberíamos tratar de destruir nada hoy – dijo Bolin.
- Estoy de acuerdo con eso – dijo Iroh.
- ¿Cómo vamos a robar una nave en medio de todo esto? – preguntó Asami aún asombrada por la capacidad de su padre para levantar un campamento de esa magnitud en tan poco tiempo.
- Tengo una mejor idea – dijo el General.
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Hacía más de dos horas que el sol se había ocultado, Naga y Pabu habían logrado encontrar a Korra y los demás, pero aún no había señales de Asami, Bolin y Iroh.
- Deberíamos ir también a buscarlos – dijo Mako que comenzaba a ponerse nervioso a medida que pasaba el tiempo.
- Creo que Kiya y Alehk pueden arreglárselas sin nosotros – dijo Korra que acariciaba a Naga – para Kiya la oscuridad no es un problema y Alehk puede ver desde arriba si se acercan. Además todavía no se cumple el plazo, y si lograron robar la nave es posible que hayan esperado hasta que oscureciera para hacer un movimiento.
- Supongo que tienes razón – dijo Mako sentándose al lado de Korra - ¿alguna vez te he dicho lo sorprendente que es que tu mejor amiga sea una perra-oso polar? ¿cómo lograste acercarte a un animal tan peligroso?
- Cuando la conocí no era peligrosa, era sólo un cachorro hambriento y perdido, y supe de inmediato que estábamos destinadas a estar juntas.
- ¿Cómo lo supiste?
- Es una cosa de Avatar – dijo Korra – puedes sentir de inmediato cuando una conexión va a permanecer…
- Ahora entiendo por qué no te diste por vencida conmigo cuándo nos conocimos.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Korra sonrojándose.
- Que me porté como un patán y aún así no te alejaste como lo hubiera hecho cualquiera, me diste una oportunidad. Tal vez sabías que tarde o temprano me iba a dar cuenta de lo maravillosa que eras…
- O tal vez sólo me gustó la idea de entradas gratis a la arena de pro-control – dijo Korra alejándose – aún si tenía que soportarte.
- Nunca podré disculparme lo suficiente por la forma en que te traté cuando nos conocimos…
- No es necesario. Sólo fuiste tú siendo… tú. Me costó tiempo darme cuenta que prefieres ahuyentar a las personas para protegerte, pero vale la pena soportar al Mako idiota un poco, el que aparece después es bastante agradable…
Naga se levantó entusiasmada de un salto y Korra supo lo que significaba: su maestro-aire favorito llegaba.
- Yo también te extrañé – dijo Alehk acariciando la cabeza de Naga que no dejaba de darle lengüetazos.
- Creo que si tuviera que elegir entre Korra y tú estaría en problemas. ¿Por qué le gustas tanto? – preguntó Kiya.
- Ese es un secreto entre nosotros – dijo Alehk antes de que Naga lo embistiera.
- ¿Hay alguna noticia? – preguntó Mako.
- Un dirigible pequeño viene hacia acá, creo que podría ser nuestra nave – dijo Alehk levantándose del suelo – aunque no va a ser capaz aterrizar, tendremos que subir mientras está en el aire.
- Ese obviamente no es un problema para ti – dijo Mako – pero creo que los demás tenemos que preguntar cómo hacer eso.
- Casi me siento ofendida – dijo Kiya – podría levantar una plataforma hasta esa altura con los ojos cerrados, aunque de hecho así sería más sencillo.
- Kiya, deja de presumir.
- No sería alumna de Toph si no lo hiciera – dijo Korra.
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Iroh había escuchado muchas veces de Sokka, la historia de cómo habían logrado secuestrar un buque de la Armada de la Nación del Fuego y habían viajado por todo el mundo sin ser descubiertos. Al joven General siempre le pareció que había sido un plan brillante, nada mejor que hacerte pasar por el enemigo y pasearte frente a él para no despertar sospechas.
En el campamento había muchas naves, más de las que les era posible a los igualitarios mantener aprovisionadas apropiadamente. Obviamente aún se estaban a acostumbrado a que sus números hubieran aumentado de forma tan dramática, y su falta de organización e información era evidente. Sólo tuvieron que subir a uno de los dirigibles que transportaban armas haciéndose pasar por miembros de la tripulación, y una vez en el aire no les fue difícil tomar el control de la nave. Los pilotos y los ingenieros no eran buenos peleadores, eso lo había aprendido Iroh durante sus años en la Academia Naval. Cuando todos los demás tripulantes estuvieron atados y amordazados, los encerraron en una caja y los entregaron junto con las armas en uno de los campamentos. Nadie sospechó nada. Para cuando los encontraran, ya estarían en territorio de la Nación del Fuego.
Ver las habilidades en el combate de Asami había sido toda una revelación para Iroh, que no podía negar que Asami mantenía el porte aún mientras peleaba. Era extraño ver que alguien que parecía tan frágil pudiera ser tan letal. Descubrir que podía pilotear un dirigible, había sido algo completamente distinto. Iroh estaba perdiendo las esperanzas de impresionarla cuando se sentó frente al panel de control de la nave y vio que no se parecía nada al de un buque, y que no tenía la menor idea de qué hacer. La señorita Sato tomó los controles y comenzó a pilotearla haciendo ver torpes a los ingenieros, y también a Iroh, que no estaba acostumbrado a la sensación de sentirse superado de esa forma.
- Y deberías verla al volante en un auto – dijo Bolin – esta mujer es una en un millón.
Iroh no lo dijo en voz alta, pero estuvo completamente de acuerdo.
- ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se den cuenta que esta nave está desaparecida? – preguntó Asami.
- Con el escaso control que tienen, podrían ser varias horas o tal vez hasta mañana. Estaremos fuera de su alcance para cuando lo sepan.
- Entonces sugiero que busquemos a Korra y nos vayamos cuanto antes.
Iroh no pudo sino sonreír ante la ironía, en ese momento él no era el General, esa era la nave de la señorita Sato y era la que estaba al mando, había sido su plan desde el principio y tuvo que reconocer que había salido bien. Encontraron a Korra y los demás en el punto de reunión y comenzaron su viaje a la Nación del Fuego. Tal vez allí tendría una oportunidad de impresionarla.
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Las voces se habían extinguido por fin. Las historias de lo ocurrido ese día se habían contado más de una vez a petición de unos y otros, y aunque aún se fabricaban armas en el campamento de las montañas y Amón aún era un héroe para los igualitarios, todos en la cabina del dirigible se sentían satisfechos. Iban rumbo a la Nación del Fuego y eso tenía que considerarse una victoria.
Luego de un par de horas Asami, que debía pilotear, era la única que permanecía despierta. Trataba de despejar su mente de lo ocurrido ese día con su padre contemplando la vista del cielo frente a ella, recordándose a sí misma que por fin cumplía su sueño de volar… pero los ojos de su padre la atormentaban, el odio se había llevado toda la gentileza y parecía una persona distinta, o tal vez siempre había sido así y ella nunca se había dado cuenta. Esas ideas la afligían, el que su padre pudiera estar más allá de cualquier intento suyo por salvarlo la angustiaban profundamente, después de todo era lo único que le quedaba en el mundo.
- Pensé que podría servirte la compañía – le dijo una voz que la hizo sonreír. De todos en esa cabina en ese momento sólo quería hablar con él.
- Parece que puedes leer la mente. Estoy tentada a decirte que vuelvas a dormir, pero no lo haré.
- Siento mucho lo que pasó hoy con tu padre, debió ser difícil verlo en esas condiciones...
- Algo me dice que no es lo peor que pudo haber pasado, debiste ver sus ojos… era como ver a otra persona, como si mi padre hubiera desaparecido…
- Mientras te quiera un poco siempre podrá volver, y por lo que te dijo aún se preocupa por ti. Te quiere a su lado.
- ¿Cómo haces eso? Siempre me dices exactamente lo que quiero escuchar.
- Sólo digo lo que pienso – dijo Alehk sentándose a su lado – no puede ser tan malo si te ayudó a convertirte en lo que eres, Asami. A veces cuando la confusión se aclara, el odio desaparece.
- ¿En serio crees que aún haya salvación para mi padre?
- Creo que tiene suerte de tenerte. Si alguien es capaz de salvarlo, eres tú.
- Aprecio que digas eso Alehk, de verdad – dijo Asami conmovida - Desde ayer quiero hablar contigo de otra cosa, pero con todo lo que pasó no pude encontrar el momento, ¿no adivinas de qué?
Alehk guardó silencio. Por supuesto que podía adivinar de qué quería hablar Asami.
- No te culpo, después de pasar tanto tiempo esperando a que se decidiera por ti rechazaste a Korra y la hiciste sentir miserable.
- ¿Korra te contó…?
- Me lo dijo a mí porque no tiene muchas opciones para desahogarse. Aunque entiendo menos que ella lo que pasó, ¿no era eso lo que querías?
- Ella no se decidió por mí, sólo se planteo considerarme como una opción.
- ¿Y por qué después de lograr que lo hiciera te echaste para atrás? Alehk, eso lo hubiera esperado de cualquiera menos de ti.
- Korra no te lo dijo todo.
- ¿Qué quieres decir?
- Que soy su Guardián, soy un miembro de la Orden del Lotto Blanco y mi deber es cuidar de la seguridad del Avatar, por eso vine a Ciudad República en primer lugar.
- ¿Y le dijiste eso a Korra?
- En realidad se enteró por alguien más.
- Conociéndola, me sorprende que no haya estado más molesta – dijo Asami sorprendida - Así que como es parte de tu trabajo no puedes involucrarte con ella.
- Es más complicado que eso, yo no podría ni acercarme a Korra si no fuera su Guardián.
- ¿Es por lo que se supone que pasó en el Polo Sur?
- ¿Cómo sabes eso?
- Lo escuché en alguna parte – dijo Asami recordando su conversación con Kiya – Alehk, ¿por qué trataste de acercarte a ella si al final ibas a rechazarla? ¿por qué no sólo te mantuviste al margen?
- Eso nunca fue sencillo para mí, Asami. Y si las cosas fueran diferentes, si yo tuviera una posibilidad real…
- ¿Por qué crees que no la tienes? – dijo Asami comenzando a sentirse desesperada - No lo escuchaste de mí, pero Mako no es la mitad de…
- Eso es lo de menos si Korra está destinada a estar con él.
- No puedes hablar en serio. Yo también creí que era mi destino estar con él, y ahora me cuesta estar en la misma habitación…
- Dicen que los Avatares pueden ver más allá cuando conocen a una persona, que pueden saber si será importante en sus vidas o si sus destinos están unidos. Ellos pueden reconocer a la persona con quien van a compartir su vida desde la primera vez. Mi abuelo decía que desde que vio a mi abuela cuando lo encontró en el iceberg supo que era la indicada, en ese momento pudo ver su futuro juntos, pudo ver a sus hijos… pudo verme a mí. Yo sé que Korra no sintió eso conmigo, y estoy seguro que lo sintió cuando conoció a Mako, de ninguna otra forma hubiera actuado como lo hizo. Aunque ahora está confundida, yo sé que ella no va a elegirme a mí, pero aún así quiero estar cerca, quiero saber que está bien… no puedo ser su compañero, pero puedo ser su Guardián.
- Alehk… yo creo que te estás dando por vencido antes de dar la batalla.
- Esto ya es bastante difícil como es, Asami – dijo Alehk levantándose – preferiría no hablar más.
Korra escuchó los pasos de Alehk que se acercaba y de inmediato cerró los ojos, aunque seguramente no iba a poder volver a dormir.
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Alehk observaba el paisaje con la frente en el cristal de la gran ventana del dirigible. Era extraño ver las nubles frente a él y no sentir el viento contra su rostro. Sintió un cosquilleo en el estómago al recordar la sensación de volar en su planeador. Le gustaba tanto elevarse y dejarse llevar por el viento, y hacía meses que tenía que conformarse con caminar.
- Tal vez cuando lleguemos podrías intentarlo – dijo Kiya – no creo que en la Nación del Fuego les importe mucho ver a alguien en un planeador.
- ¿Cómo supiste en qué pensaba?
- Eres un adicto a las alturas y hace meses que estás anclado al suelo, no es difícil de imaginar.
- Tú debes estar volviéndote loca suspendida en el aire.
- No estoy tan mal, hay mucho metal alrededor para sentirme segura – dijo Kiya acercándose a la ventana - ¿estamos cerca?
- Ya estamos volando sobre las islas volcánicas del norte, tal vez estamos a un par de horas de la Capital.
- Detesto ese lugar – dijo Kiya – todo son cenizas y humo, rojo y negro, llamas y dragones en todas partes. Prefiero el verde.
Alehk no pudo evitar reír ante el comentario de Kiya.
- Por supuesto que prefieres el verde, el calor y la vegetación del Reino Tierra.
- ¿Recuerdas la primera vez que visitamos el Palacio?
- No podría olvidarlo aunque quisiera. Te gustaron tanto los patos-tortuga que quisiste llevártelos todos en tu maleta, por suerte una de las sirvientas te descubrió y te hizo devolverlos. Los pobres hubieran muerto asfixiados.
- Arruiné toda mi ropa para nada, pero no era a ese recuerdo al que me refería, aunque también ocurrió en el estanque de los patos-tortuga.
No era difícil adivinar a lo que se refería Kiya, Alehk lo recordaba perfectamente. Fue cuando la pequeña Kiya de doce años se abalanzó sobre él haciéndolo caer al césped y besándolo después. Todo había sido un juego, pero había sido su primer beso y el recuerdo permanecía.
- Hiciste más de una locura durante ese viaje – dijo Alehk incómodo.
- Y una sola cosa de la que no me arrepiento – Alehk volvió su vista a la ventana tratando de que Kiya dejara el tema, pero la maestra-tierra no estaba dispuesta a darse por vencida.
- Alehk… si ella no va a escogerte a ti…
- Eso no cambia las cosas, Kiya.
- Somos buenos amigos y alguna vez sentiste algo más por mí… yo podría hacerte feliz…
- No sería justo para ti…
Kiya se acercó y lo besó. La sensación fue muy familiar para los dos, pero no despertó ninguna emoción en Alehk. Desde que había conocido a Korra sentía por Kiya la misma clase de afecto que hubiera sentido por una hermana.
- No me importa si es justo o no, yo sólo quiero estar contigo.
- Kiya… no debiste hacer eso – dijo Alehk – no es el momento para complicar las cosas.
- Descuida – dijo la maestra-tierra triste – seguiremos jugando a que nada pasó, yo seguiré fingiendo que ya no siento nada por ti, y tú fingirás que no te ocultas detrás de tu título de Guardián para no hacer nada respecto a lo que sientes por Korra.
- ¿Qué… qué quieres decir con que me escondo? No tienes idea de…
- Si vas romperme el corazón, por lo menos dame la satisfacción de verte feliz – dijo Kiya dándose la vuelta para marcharse.
- Kiya…
- No pasó nada Alehk, nunca pasó nada – dijo Kiya alejándose. Ni siquiera pareció notar cuando se cruzó con Iroh.
- Nada como encerrar a todo el mundo en la cabina de un dirigible para que las cosas exploten – dijo el General.
- Pensé que eso había quedado atrás.
- Entonces eres demasiado ingenuo, pequeño primo. Llegaremos en menos de una hora a la Capital, pudimos establecer comunicación así que nos dejarán aterrizar cerca del Palacio.
- Supongo que son buenas noticias …
- Korra está segura y por fin tenemos los medios para hacerle frente a Amón, eso debería alegrarte un poco.
- Gracias Iroh, no sé qué hubiera hecho…
- Vamos Alehk, tú sabes que estos últimos días no he sido yo el General. Si alguna vez dudé de tu capacidad para ser el Guardián del Avatar, me retracto completamente.
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- Y aquí estamos – dijo Iroh orgulloso - bienvenidos a la Capital de la Nación del Fuego.
La Ciudad era impresionante, pero nadie se sintió más emocionado que Mako. El era un maestro-fuego que nunca había visitado la Nación de sus abuelos, y desde el primer momento le pareció que ningún lugar en el mundo podía compararse. La ciudad estaba rodeada por volcanes, y las cenizas que arrojaban hacían que el cielo pareciera casi nublado. Desde las alturas podía verse el magnífico Palacio en el centro, y las calles construidas de forma concéntrica alrededor de éste, en perfecta simetría. No había rascacielos ni grandes construcciones como en Ciudad República, pero las humeantes fábricas le daban un aire progresista.
Si el príncipe Iroh no hubiera viajado con ellos habrían tenido que aterrizar el dirigible cerca de las montañas, pero les permitieron hacerlo en una de las explanadas cercanas al Palacio, donde aterrizaban las naves que trasportaban a los miembros de la familia real. Mako apenas podía creer lo que iba a pasar, él había sido un huérfano y un vagabundo en Ciudad República y estaba a punto de entrar al palacio del Señor del Fuego, un lugar que sus abuelos y su padre sólo habían soñado con conocer. Sintió su corazón acelerarse y una emoción muy particular lo invadió.
- Aquí estamos – dijo Korra – en la Nación del Fuego.
- Prepárense para sentirse asfixiados – suspiró Kiya.
Los motores se apagaron y la puerta de la nave se abrió. El olor a humo y ceniza llenó los sentidos de todos, pero sólo a Mako le parecieron agradables.
Iroh fue el primero en salir de la nave seguido por Korra y Kiya, ellas ya conocían el Palacio; Asami, Bolin y Mako caminaron tras ellos y Alehk se quedó último. Había una fila de diez guardias esperando recibirlos, Mako apenas podía contener las ganas de voltear a todas partes para apreciarlo todo. Uno de los guardias se adelantó e hizo una reverencia frente a Iroh y Korra.
- Príncipe Iroh, bienvenido a casa. Avatar Korra, su presencia honra a la Nación del Fuego – luego se dirigió a los demás - Le damos la bienvenida a los amigos del Avatar.
- El Avatar y sus amigos necesitan un lugar para asearse y descansar, asegúrate que se les asigne una habitación de inmediato – le dijo Iroh al guardia que los había recibido mientras caminaban rumbo al Palacio- ¿mi madre sabe de nuestra llegada?
- No puedo asegurarlo, Alteza.
- Avísale al Señor del Fuego de nuestra llegada y dile que estaremos honrados de que nos reciba cuando lo crea conveniente. ¿Está Iza en el Palacio?
- La Princesa está en una reunión con los representantes de las Provincias.
- En cuanto termine dile que solicito hablar con ella, me gustaría que fuera hoy mismo.
- Así lo haré, Alteza – dijo el hombre adelantándose para cumplir sus órdenes.
Por primera vez Mako estaba más entusiasmado que Bolin de conocer un lugar, la cultura de la Nación del Fuego era algo que nunca le había llamado la atención, pero estando allí se sintió orgulloso de ser un maestro.
- Este lugar supera a todos los demás en los que hemos estado – dijo Bolin - ¿cuánto tiempo creen que nos quedaremos aquí?
- Es difícil saberlo – dijo Alehk.
- Eso está bien – dijo el maestro-tierra - ¿quién tiene prisa por dejar un Palacio?
- Sólo espera un par de días – dijo Kiya con tono de resignación.
Iroh los acompañó hasta el salón donde iban a servirles la cena, y a esperar mientras acondicionaban sus habitaciones. Luego se despidió, no sin antes animarlos a que se sintieran como en casa y que recorrieran el lugar. Para Asami y Bolin la idea de recorrer el Palacio era tentadora, pero estaban demasiado cansados y hambrientos, además tenían varios días por delante para poder hacerlo, y prefirieron esperar por la cena. Pero Mako no pudo resistirse, recostarse sobre cojines a esperar la cena no era algo que pudiera competir con recorrer el Palacio del Señor del Fuego.
- Asegúrate de ver por dónde vas si no quieres perderte – le advirtió Korra antes de que saliera – este lugar es como un laberinto.
- O sólo pídele a un guardia que te traiga al salón Ámbar cuando quieras volver – dijo Kiya.
Mako agradeció los consejos y salió entusiasmado. Recorrió los corredores y los jardines tratando cuidadosamente de memorizar por dónde iba, no quería ser escoltado de vuelta si podía evitarlo. No se atrevió a adentrarse en los salones del Palacio, prefirió recorrer los jardines. Todos eran hermosos, y los árboles que creían en uno y en otro eran distintos. Luego de atravesar uno en el que había cerezos, y que parecía ser el último antes de la gran muralla que separaba el Palacio de la ciudadela, llegó a lo que parecía una arena de entrenamiento. Era una plataforma rodeada de muros deteriorados con incontables daños causados por quienes entrenaban allí. El lugar imponía a simple vista. Mako se preguntó si era allí donde el Señor del Fuego entrenaba. No pudo resistirse a hacer fuego-control en ese mismo lugar. Vio a su alrededor para asegurarse que estaba solo y luego de asegurarse que no había nadie comenzó a lanzar llamas con sus manos y con sus pies. La sensación era única, comenzó a sentirse lleno de energía y a lanzar también rayos, hasta que una risa lo sacó de concentración.
Aunque estaba casi oscuro y la ausencia de una fuente de iluminación cercana lo hubiera ocultado, no se permitió ruborizarse por haber sido encontrado allí.
- Espero no haber interrumpido – dijo la propietaria de la risa que apareció frente a él.
Era una joven de pelo negro y piel pálida, pero lo que llamó la atención de Mako fueron sus ojos, el dorado intenso en ellos brillaba con luz propia y había algo que lo exhortaba a alejarse, estaban llenos de arrogancia y algo más que Mako no pudo distinguir.
- Lo siento, sólo quería ver lo que era entrenar en este lugar – dijo Mako.
- ¿Era eso lo que hacías?, ¿entrenabas? – preguntó la joven, Mako no pudo dejar de distinguir algo de burla en su tono.
- No precisamente, sólo lanzaba algunas llamas y algunos rayos…
La joven volvió a reír casi a carcajadas haciendo que Mako se enfureciera.
- Bueno, aclarado eso, no te quito más tu tiempo – dijo Mako ofendido.
- Lo siento, no quise ofenderte – dijo la joven, pero Mako supo que no lo sentía, tal vez nunca había lamentado nada en su vida – es sólo que cuando dijiste rayos… no pude evitarlo.
- ¿Mis rayos te parecen graciosos? – preguntó Mako, que ahora estaba confundido.
- Aún creo que deberían llamarlos de otra forma, sólo no se me ocurre cómo… Verás, en la Nación del Fuego, cuando hablas de rayos hablas de algo completamente distinto.
Mako se ruborizó por la ira y esta vez la joven se esforzó por no volver a reír.
- Acabo de ofender tu orgullo de maestro, ¿no es cierto?
- A menos que me muestres de qué estás hablando, no me siento ofendido – dijo Mako tratando de parecer ecuánime.
- Déjame adivinar, de dónde vienes todos te dicen todo el tiempo lo buen maestro-fuego que eres y muy pocos pueden lanzar, de acuerdo llamémoslos rayos, y ahora te enfurece que alguien dude de tus habilidades. Considerando que estás en la Nación del Fuego, deberías acostumbrarte a eso, lo más probable es que aquí haya mejores maestros-fuego que tú, ¿no lo crees?
- Supongo que tienes razón.
- Lo dices, pero no lo crees – dijo la joven clavando sus ojos dorados sobre los ojos cobrizos de Mako - La soberbia es peligrosa, ¿lo sabías? Sobre todo cuando no va acompañada de habilidades.
- Pues hasta ahora tus palabras sólo han ido acompañadas de más palabras – dijo Mako molesto.
- ¿Tratas de provocarme de esa forma?
- Si mis rayos son divertidos, muéstrame uno que no lo sea.
La joven sonrió, pero su sonrisa no tenía nada de amable, sólo intensificaba el brillo de sus ojos.
- Curar tu soberbia no puede ser tan malo – dijo adelantándose a Mako.
La otra maestra-fuego comenzó a hacer círculos con sus manos y Mako pudo ver chispas formándose, nunca había visto que nadie lanzara rayos de esa forma. Luego apuntó con su mano hacia una montaña a más de medio kilómetro y de la punta sus dedos salió una ráfaga de electricidad que cimbró todo el lugar e hizo que el cielo, ya oscuro, se iluminara y retumbara. Ese era un rayo, como los que se forman en las tormentas, con el poder de destruir cualquier cosa. Tuvo que reconocerlo, ese era un rayo, y los que él podía lanzar si debían tener otro nombre.
- Bueno, es mi turno de entrenar en este lugar – dijo la joven, pidiéndole implícitamente a Mako que se marchara.
Mako hubiera querido decir algo, pero era incapaz de aceptar una derrota, y hacerle un cumplido a la joven hubiera sido terrible para su autoestima. Sólo se marchó. Cuando se había alejado varios metros, una serie de destellos azules llamaron su atención. La joven estaba haciendo fuego azul, la joven debía ser… Ni siquiera se distrajo pensando en que acababa de entablar una irrespetuosa conversación con la Princesa de la Nación del Fuego, las llamas azules eran todo lo que podía ver. Alguien tenía que ser un maestro-fuego para poder admirar completamente lo que significaba poder formar fuego azul. Los maestro-agua, tierra o aire siempre controlaban el mismo elemento, el que ya estaba allí, pero los maestros-fuego creaban su propio elemento, y crear fuego-azul era tan extraordinario como controlar un elemento distinto… como lanzar rayos, verdaderos rayos.
- Eres un idiota, Mako – se dijo a sí mismo, y se dio la vuelta para marcharse.
Volvió sobre sus pasos al Salón Ámbar donde todos estaban cenando.
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- ¿El Señor del Fuego no tiene tiempo para recibir al Avatar? – le preguntó Alehk al sirviente que había sido encargado de llevar el mensaje. El hombre negó con la cabeza antes de salir del salón.
- No deberías tomarlo así – dijo Kiya – creo que es una atención más que un desaire. Ursa sabe que Korra está cansada después de todo lo que pasó. Las cenas en Palacio son reuniones diplomáticas, lo más probable es que quiera ahorrarle el cansancio de participar en una.
- Y yo le agradezco eso – dijo Korra.
- Ahora que escapamos para pelear otro día, ¿cuál es exactamente el plan? – preguntó Mako.
- Si tienen uno soy toda oídos – dijo el Avatar.
Todos guardaron silencio.
- Tal vez podríamos pedirle su opinión a Iza – dijo Kiya.
- ¿Darle información sobre Korra a una de las aliadas de Amón? – preguntó Mako, que para entonces estaba todo lo predispuesto que era posible contra Iza. Nadie de fiar podía ser tan soberbio.
- Pensé que estaba claro que podíamos confiar en ella – dijo Kiya.
- ¿Cómo sabemos que de verdad está de nuestro lado? ¿qué ha hecho para probarlo…?
- Esa es una excelente pregunta – dijo una voz que los hizo sobresaltarse a todos.
Las miradas se volcaron sobre la recién llegada.
- A…Azula – dijo Korra incrédula. La impresión que esos ojos dorados y esa sonrisa habían causado en su vida pasada no habían desaparecido de su memoria de Avatar por completo.
- Aunque me siento halagada por la confusión – dijo una voz que la intimidó – me temo que soy sólo Iza. Es un honor conocerte por fin, Avatar Korra – dijo haciendo una reverencia.
- Princesa Iza… - dijo la joven Avatar tratando de recuperar la compostura – el honor es mío.
- Eso no es necesario. Si está bien para ti, podríamos dejar las cortesías a un lado, puedes llamarme Iza y considerarme completamente a tus órdenes.
Korra no pudo ocultar la impresión que las palabras de Iza le causaron.
- Espero que encuentren todo de su agrado, sus habitaciones han sido asignadas y están listas para que las ocupen – dijo la maestra del fuego azul – como ya les informaron, el Señor del Fuego no podrá recibirlos hoy, pero les concederá una audiencia privada mañana por la tarde.
- De hecho, esperábamos poder hablar contigo primero – dijo Alehk, que además de Kiya era el único que se hubiera atrevido a dirigirle la palabra a Iza.
- Por supuesto querido primo, me temo que hoy es imposible porque tengo compromisos previos, pero mañana podemos hablar.
Los ojos de Iza y Kiya se cruzaron un segundo, y la maestra-tierra se apresuró a desviar la vista, tenía que recordar que aún estaba molesta con la Princesa.
- Avatar Korra, señorita Sato – dijo dirigiéndose a Asami que no pudo ocultar su sorpresa – Bolín y… Mako – dijo reprimiendo un gesto cuando se dirigió al maestro-fuego que no pudo evitar sonrojarse ante el recuerdo de su encuentro previo – sean bienvenidos a la Nación del Fuego, considérense huéspedes distinguidos, y háganos saber si podemos hacer algo para que se sientan más cómodos – dijo Iza antes de salir.
En cuanto la figura de la princesa desapareció por la puerta, todos dejaron de contener la respiración.
- Es la primera vez que conozco a una Princesa – dijo Bolin – pensé que serían menos agradables.
- ¿De qué estás hablando? – dijo Mako – esa mujer es insufrible.
- Usa ese tono siempre que está haciendo su trabajo – dijo Alehk – una vez que deja el título de Princesa a un lado es bastante agradable, es muy parecida a Kiya, creo que por eso son tan buenas amigas.
- ¿Iza y tú son buenas amigas? – preguntó Korra – por alguna razón no lo puedo imaginar.
La puerta del salón volvió a abrirse y apareció otro guardia.
- La Princesa solicita la presencia de la señorita Kiya en su salón privado – dijo el sujeto con una reverencia.
- Mejor termino con esto cuanto antes – suspiró Kiya siguiendo al guardia.
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- Tienen que irse de aquí – dijo Iza levantando su taza de té.
- Eso no está siquiera a discusión – dijo Iroh – primero porque Korra está segura aquí, y luego porque no tiene a dónde ir. En Ciudad República no queda nadie y en el Reino Tierra…
- No de la Nación del Fuego, del Palacio. ¿Qué crees que pensará a Amón de nuestra alianza cuando sepa que tengo al Avatar a mi disposición y no hago lo que conviene a nuestros planes?
- ¿Y a dónde iríamos? – preguntó Kiya.
- A un lugar seguro, por supuesto, a un lugar donde en teoría yo no tenga acceso…
- Podríamos ir a la Isla Ember – dijo Kiya – está cerca y es agradable.
- No lo sé, está cerca pero es un lugar demasiado expuesto y Amón se está volviendo insolente. Podría atacarlos y luego tratar de solucionar todo con una disculpa.
- Iza, ¿no crees que este juego se extendió demasiado? – preguntó Iroh.
- Necesito seguir en él un poco más. Amón sabe que el respaldo de la Nación del Fuego le garantiza resultados más rápidos, pero si sospecha o encuentra rechazo, se aliará con el Reino Tierra o con la Tribu Agua del Norte, y entonces podremos hacer muy poco para evitar la guerra. Su juego final está cerca, y tenemos que estar del mismo lado si queremos que fracase.
- ¿Y crees que sigue confiando en ti? – preguntó Iroh.
- No confía en mí, pero cree que lo que quiero es ganar el control cuando ganemos la guerra, y eso es conveniente porque seguirá usándome, esperará hasta el final para deshacerse de mí.
- Deberías tener cuidado, es un maestro-sangre terrible – dijo Kiya – y no tiene escrúpulos al usar sus poderes…
- Yo tampoco los tengo – dijo Iza bebiendo su té – pero tal vez tienes razón y debo mostrarle que no le conviene intentar jugar sucio antes de tiempo. Y volviendo a lo que nos interesa, creo que lo mejor es que salgan de pronto y elegir un lugar al azar.
- Podríamos terminar en un campamento de los igualitarios – dijo Iroh recordando de pronto el mapa – he querido preguntarte esto desde que llegamos, un hombre le envió un mapa de la Nación del Fuego a Korra antes de dejar Ciudad República, ¿tienes idea de qué significa?
- Tal vez si puedo verlo.
- Parecía la localización de los campamentos de los igualitarios.
- Eso es imposible – dijo Iza – no hay campamentos aquí.
- ¿Estás segura?
- Por supuesto, fue uno de los puntos en los que no cedí.
- ¿Y no pudo haberlos establecido sin tu aprobación?
- ¿Por qué se arriesgaría a algo así? – Iza consideró la posibilidad por primera vez.
- Tú lo dijiste, se está volviendo insolente – dijo Iroh.
- Tengo que resolver este asunto cuánto antes, ¿puedo ver ese mapa?
- Se lo pediré a Alehk – dijo Iroh levantándose.
Cuando Iroh salió de la habitación, Kiya clavó la vista en la mesa y tomó su taza de té como si en beberlo le fuera la vida. Lo último que quería era estar a solas con Iza después de todo lo que había pasado.
- Me alegra que estés bien – dijo Iza - y creo que te debo una disculpa…
- No necesito una disculpa, viniendo de ti no significaría nada.
- ¿Ahora soy una mentirosa?
- Iza, no creo que te hayas disculpado con nadie en tu vida, ¿por qué ibas a empezar conmigo?
- Te equivocas, me disculpo todo el tiempo, por lo menos diez veces al día con el Señor del Fuego y otro tanto…
- Con Azula.
- Eso es lo de menos. Y aunque no fuera así me disculparía contigo, lo que te dije la última vez… no sé qué me pasó, perdí el control pero no quise decir nada de lo que dije. Tú sabes que no pienso eso de ti.
- No estoy tan segura.
- ¿Por qué haces una tormenta en un vaso de agua, Kiya?
- Porque creo que sólo me pides disculpas para que acepte ser parte de tu juego.
- Tomé la armadura vacía de Rhizu como un no, y voy a respetar eso.
- ¿De verdad?
- No quiero ponerte en un peligro mayor. La única razón por la que estás metida en esto es por Alehk y deberías poder salir cuando quieras.
- Si te sirve de algo saber que estabas en lo correcto por millonésima vez… tenías razón. No importa lo que haga, las cosas no van a cambiar.
- Entonces aléjate, Kiya. ¿Te das cuenta de lo que podría pasarte si esto sale mal? Ya viste de los que son capaces Amón y Tarrlok. Aún no es tarde…
- No podría aunque quisiera, se lo prometí a Lin… ¿sabes que está encerrada en una prisión bajo tierra y que Amón le quitó su control?
Iza casi dejó caer su taza de té.
- ¿Estás segura?
- Yo la vi allí… fue… fue lo más difícil que hecho en mi vida. Estaba en una celda oscura, presa en su propia armadura… aún tengo pesadillas imaginando lo que debe estar sufriendo. Traté de ayudarla, pero me pidió que la dejara y que ayudara a Alehk.
- Tarrlok me dijo de Tenzin y sus hijos, pero no me dijo de Lin. En serio debe creer que soy estúpida – dijo Iza furiosa.
- Iza, si acepto ayudarte… ¿me prometes que Alehk estará a salvo?
- Te prometo que haré todo lo posible.
- Es suficiente. Cuenta conmigo.
- Gracias, Kiya – dijo Iza aliviada – la verdad es que no hubiera podido hacerlo sin ti.
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Hacía más de diez minutos que Iza esperaba y su paciencia estaba por agotarse. Había pocas cosas que detestara más que la impuntualidad. Después de haberse escabullido por los polvorientos pasadizos secretos del Palacio y caminado a través de la Ciudad soportando más de una insinuación de algún ebrio, esperar era aún peor.
La puerta de la casa se abrió por fin y la Princesa saltó de su asiento. Tarrlok y media docena de hombres aparecieron.
- Siento el retraso, Princesa – dijo el maestro-agua con muy poca convicción – tuvimos algunos contratiempos.
- Ahórrate tus disculpas, ya desperdicié suficiente de mi tiempo esperando por ti.
- De acuerdo. ¿Qué es eso tan importante que requería una reunión tan urgente?
- ¿Crees que soy estúpida, Tarrlok? – preguntó Iza sin rodeos.
- Creo que es el adjetivo que menos podría aplicarse a usted, Princesa.
- Entonces el estúpido debes ser tú. ¿Por qué diablos no se me informó de la situación de Lin Bei Fong?
- Debería cuidar sus palabras, Princesa. Y la situación de Bei Fong es irrelevante.
- Es irrelevante si crees que tu patética revolución puede permitirse enfrentar en este momento a decenas de miles de los mejores maestros-fuego del mundo.
- ¿Qué tiene que ver Bei Fong en eso?
- A que en cuanto el Señor del Fuego se entere de su situación no habrá nada ni nadie que la convenza de no enviar a su ejército a recuperar Ciudad República, y no puedo culparla. Quitarle los poderes a su hermana y encerrarla en una prisión es para molestar a cualquiera, ¿no te parece? Pero eso no es siquiera es lo que más me preocupa, ¿sabes que es lo peor? Que en cuanto se entere de la situación, el antiguo Señor del Fuego tampoco va a escatimar esfuerzos en acabar con ustedes. ¿Y quién crees que tiene más influencia sobre los Jefes de las Tribus Agua? ¿tu enmascarado hermano o Zuko?
El silencio de Tarrlok fue muy elocuente. Ninguno había reparado hasta entonces en lo que la situación de Lin Bei Fong podía desencadenar.
- No pongas esa cara, Tarrlok. Tú sabías tan bien como todos quién es el padre de Lin. Ahora te aconsejo que envíes un telegrama de inmediato y pidas su liberación, y entonces tal vez Ursa lo piense dos veces antes de enviar a sus ejércitos. Y no te equivoques otra vez, enfrentar a maestros-metal con armaduras y cables, no se compara con enfrentar a maestros-fuego, seguimos siendo más de lo que hasta el momento puedes manejar.
- Tú no te equivoques, niña – dijo Tarrlok furioso – no te has enfrentado a un maestro como yo – dijo levantándola del suelo con su sangre-control – ya es hora de que aprendas quién debe tener miedo aquí, por si se te ocurre traicionarnos.
- Suéltame de una vez – pidió Iza que a pesar del intenso dolor no se permitió gritar.
- Podría hacer que tu corazón y cada uno de tus órganos explotara en este momento, no lo olvides la próxima vez que vengas con tu actitud…
- ¿Crees que eres el único que sabe hacer trucos con la mente? – dijo Iza mientras las chispas que precedían a sus rayos comenzaban a formarse en sus manos - ¿sabes a qué velocidad viajan los rayos? Podría matarte diez veces, a ti y a tus patéticos acompañantes antes de que pudieras hacerme algo, ¿en serio quieres intentarlo?
Tarrlok observó aterrado como las chispas aumentaban, podía sentir la estática formándose en toda la habitación, cuando sintió que la descarga era inevitable liberó a Iza.
- Envía ese telegrama de inmediato – dijo la maestra-fuego – y la próxima vez, no traten a la hermana del Señor del Fuego como si fuera una maestra cualquiera.
- ¿Cómo harás que Ursa se mantenga lejos de los asuntos de Ciudad República?
- Eso déjamelo a mí.
- No trates de jugar sucio, Princesa. Sabemos que el Avatar está a tu disposición, así que esperamos que resuelvas ese asunto lo antes posible.
- Cada vez me queda más claro por qué Amón es el de las ideas y tú sólo entregas los mensajes. No puedo deshacerme del Avatar mientras está en el Palacio, ¿o sí? Tengo que ganarme la confianza de Ursa, no convertirme en la principal sospechosa.
Tarrlok apretó los puños, pero no dijo nada. Iza ya le había dejado claro quién tenía la ventaja de los dos.
- Dile a Amón que le enviaré dos mil maestros más la próxima semana, y que espero que me mantenga al tanto de sus negociaciones con los Dai Li y con el jefe Takeda. No quiero más sorpresas desagradables.
- Y tú no olvides que si fallas en deshacerte del Avatar, nuestro trato se acaba y Ursa se entera de nuestros negocios, Princesa.
- Eso me queda claro – dijo Iza cubriendo su cabeza con su túnica – hasta la próxima vez, Tarrlok – dijo antes de marcharse.
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Korra caminaba detrás del sirviente que la conducía a su habitación, seguida por Alehk, que parecía más metido en su papel de Guardián que nunca, y Naga, que cada día parecía menos dispuesta a separarse del maestro-aire. Su Guardián apenas le había dirigido la palabra el último par de días. Después de haber escuchado su conversación con Asami, la situación se había vuelto incluso más confusa para Korra. Sabía que la única forma de aclarar las cosas era hablar con Alehk, pero hasta ahora le habían faltado las oportunidades o el valor.
- Esta será su habitación, Avatar Korra – dijo el sirviente haciendo una reverencia.
La puerta de la habitación era enorme, y Korra pudo imaginarse que el interior también debía serlo. A Korra no le agradó la idea de hacerle frente a las pesadillas por sí sola y en un lugar tan grande, la compañía de Naga no era lo reconfortante que solía ser.
- ¿Por qué yo me quedo aquí y los demás del otro lado? – preguntó en un último intento por no quedarse sola.
- La habitación de Asami está a dos puertas, y Kiya siempre se queda en la residencia de Iza. Si lo que quieres saber es dónde se quedarán Mako y Bolin… ellos estarán en el ala oeste, la de invitados.
- ¿Y tú?
- En mi habitación.
- Olvidaba que prácticamente vives en este lugar.
- ¿Hay algo más que en lo que pueda servirle, Avatar? – preguntó el sirviente ansioso por retirarse.
- No, es todo. Gracias.
- Buenas noche, Avatar Korra – dijo el hombre haciendo una reverencia antes de marcharse.
- Deberías descansar – dijo Alehk – por fin dormirás en una cama… y aún aquí no sabemos lo que nos espera mañana.
- Tú también descansa… si te sirve de algo, prometo no salir de mi habitación en toda la noche.
- Eso no es necesario.
- Pero no lo haré, no saldré, así que trata de dormir.
- Eso haré, buenas noches, Avatar Korra…
- Alehk… - de las mil frases que cruzaron por la cabeza de Korra para hacer que Alehk se quedara un poco más, ninguna pudo salir por sus labios - buenas noches.
Alehk sonrió y acarició a Naga por última vez antes de marcharse.
La habitación era todo lo que Korra había esperado que sería: enorme, lujosa y con seda roja por todas partes. Los de la Nación del Fuego tenían poca imaginación cuando se trataba de decorar un lugar. Por lo menos en el Polo Sur tenían la excusa de no disponer más de que de pieles de animales y hielo.
Korra se dejó caer sobre la enorme cama, si iba a tener malos sueños, definitivamente era mejor tenerlos en ese lugar.
Naga bostezó ruidosamente antes de dejarse caer sobre la suave alfombra. Al animal no le desagradaba el lugar en absoluto.
- Lo hubiera esperado de todos menos de ti – le dijo Korra a la perra-oso polar que levantó la cabeza para escucharla – después de todo lo que hemos pasado juntas me cambiaste por él – dijo en tono de reclamo – apuesto a que también te gustan sus ojos… no puedo culparte chica.
Korra se quedó dormida en algún momento y sintió como era transportada de vuelta al Polo Sur. Sentía el frío calarle hasta los huesos mientras observaba el paisaje blanco extenderse hasta más allá de donde creía posible. No tenía idea de dónde estaba, su búsqueda la había llevado a adentrarse en lo desconocido de la tundra. Naga estaba echada sobre la nieve, completamente exhausta. Una llama se formó en la palma de la mano de Korra en un intento por obtener calor de cualquier lado.
- Vamos chica – le dijo a la perra-oso polar que apenas pudo levantar la cabeza – tenemos que irnos de aquí antes de que empiece la tormenta, tenemos que volver a casa.
Naga volvió a bajar la cabeza.
- Te prometo que si nos vamos ahora te dejaré descansar una semana completa, sólo comerás todo el pescado que quieras y dormirás, pero tienes que levantarte.
Naga gruñó débilmente pero no se levantó.
- De acuerdo – dijo Korra dándose por vencida – descansa unos minutos y luego volvemos.
Korra se sentó junto a Naga y formó una enorme flama entre sus manos, finalmente sintió el fuego haciendo efecto y su cuerpo comenzaba a absorber el calor, entonces escuchó un chillido escalofriante y el suelo cubierto de nieve comenzó a temblar. Naga se levantó de inmediato dejando el cansancio atrás y Korra vio el hielo de la montaña cercana quebrarse. Algo enorme se aproximaba hacia ellas.
A lo lejos Korra pudo distinguir una forma, pero se negó a reconocerla. Era la serpiente de hielo, la que se suponía habitaba en lo más lejano de la Tundra, la criatura que ella habría jurado que habían inventado los ancianos para que los niños no fueran lejos de la aldea, pero era verdad, existía y se acercaba furiosa. El primer reflejo de Naga fue huir, pero cuando Korra se quedó paralizada por el miedo, la perra-oso polar volvió y comenzó a ladrar para que la joven se moviera. La joven Avatar supo que era tarde cuando vio al enorme animal a menos de cincuenta metros y acercándose. Era más parecida a un dragón blanco, pero se desplazaba en la nieve como una serpiente y debía medir por lo menos diez metros. Se abalanzó sobre Korra que apenas esquivó la embestida y rodó a un lado, cuando iba a atacar otra vez Naga se puso en su camino, pero la serpiente la arrojó contra la montaña de hielo con facilidad. Korra comenzó a lanzarle llamaradas, pero éstas sólo enfurecieron al monstruo que embestía con más furia mientras Korra apenas lograba esquivarla y trataba de responder con más fuego.
- ¡Deja de lanzarle fuego! – le gritó Alehk que se acercaba volando en un planeador.
La serpiente aprovechó la distracción para golpear a Korra con su cola, pero Alehk la detuvo en el aire y evitó que se estrellara en el hielo.
- El fuego sólo la enfurece, ¿no aprendiste nada de Katara? – preguntó Alehk alterado – esa cosa es ciega, se guía por el calor y tú le estás gritando dónde estás.
- No tenía idea…
- Nunca la tienes, ¿o sí?
Alehk estaba furioso con Korra y la joven podía entender sus motivos.
- Cúbrenos con hielo – le ordenó y Korra obedeció al instante.
La serpiente parecía confundida, se movía de un lado a otro buscando una fuente de calor y la encontró en la perra-oso polar que con el cansancio y el golpe no podía moverse.
- ¡Naga, huye! – gritó Korra pero Naga no podía moverse.
Korra deshizo la capa de hielo que los cubría a ella y a Alehk, iba a ir a ayudar a Naga, pero Alehk se le adelanto. Con un salto se puso entre la serpiente de hielo y Naga, y le lanzó un torbellino de aire y nieve que apenas la hizo retroceder.
- ¡Llama a Naga y cúbranse! – gritó Alehk antes de elevarse 20 metros con un salto para empujar a la serpiente con una corriente de aire.
Esta vez Naga se levantó y fue al lado de Korra que las cubrió a ambas con hielo, pero la serpiente ya se había olvidado del Avatar y su amiga, concentró toda su atención en el maestro-aire que irradiaba calor por su esfuerzo. Emitió un chillido aterrador antes de embestir a Alehk que saltó por los aires para evitar ser alcanzado, pero la serpiente pudo seguir su trayectoria y lo atacó apenas aterrizó sobre la nieve, la sangre tibia de la herida de la pierna del maestro-aire la distrajo y no pudo esquivar la espada de hielo que Korra le arrojó y que se clavó en la parte posterior de su cabeza. Furibunda por el dolor y por el miedo comenzó a lanzar coletazos, Alehk se elevó para esquivarlos, pero en un intento por salvar a Naga que seguía aprisionada en el hielo Korra recibió uno y perdió la conciencia.
Como si el golpe la hubiera separado de su espíritu, Korra comenzó a observar la escena fuera de su cuerpo. Vio la desesperación en los ojos de Alehk que con una ráfaga de aire arrojó a la serpiente lejos de ella y luego sin titubear la atravesó con su planeador. Sus ojos se llenaron de culpa y de lágrimas, pero de inmediato volvió a la realidad. Corrió al lado de Korra y trató de reanimarla, pero no podía lograrlo, su desesperación era evidente.
La visión fue dolorosa para Korra que sentía la angustia de Alehk como suya. El muchacho secó sus lágrimas y tomó a la joven Avatar en sus brazos.
- Ve a buscar ayuda – le ordenó a Naga, que olvidando el cansancio obedeció.
Alehk comenzó a caminar de vuelta a la aldea. Cada paso fue más penoso que el anterior, pero siguió caminando, no se detuvo a descansar, no se detuvo a revisar su herida, sólo siguió caminando. A la mitad del camino, cuando ninguno iba a poder soportar más, una brigada de búsqueda de la Orden del Lotto Blanco los encontró. En cuanto supo que Korra estaría a salvo, Alehk cayó extenuado.
Cuando Korra despertó sintió la humedad de las lágrimas sobre su rostro, no se detuvo a pensar si había sido un sueño o un recuerdo, tenía que sabe que Alehk estaba bien. Saltó de la cama y salió a buscar al maestro-aire. Lo encontró meditando en el jardín, se abalanzó sobre él rodeándolo con sus brazos y escondiendo su rostro en su cuello.
- Lo siento mucho Alehk – dijo entre sollozos – lo siento mucho.
Alehk no tenía idea de qué pasaba, ni de por qué había sido tan violentamente devuelto a la realidad, pero no podía importarle menos.
- ¿Estás bien, Korra?
Korra no respondió, la emoción por lo que acababa de ver la había dejado sin palabras, sólo quería asegurarse de que el muchacho de su visión estuviera bien.
