CAPÍTULO 10.
- ¿Estás bien? – volvió a preguntar Alehk.
Korra respiró profundo, volviendo a la realidad su reacción parecía exagerada y difícil de explicar. A estas alturas ya sabía que en la mayoría de los sueños que involucraban a Alehk, los recuerdos se mezclaban con imágenes confusas y sin sentido, pero en ese en particular cada detalle parecía real.
- Korra – volvió a llamarla Alehk. La joven se sonrojó, tenía sujeto al maestro-aire sin darle oportunidad de moverse.
- Lo… lo siento – dijo apartándose de prisa – tuve un mal sueño – explicó.
- Debió ser muy intenso – dijo Alehk pasando su mano por las mejillas de Korra, aún había restos de sus lágrimas - ¿quieres contarme?
- Ahora no.
Su respuesta decepcionó a Alehk, que esperaba que las cosas hubieran vuelto a la normalidad entre ellos.
- De acuerdo, pero si necesitas hablar con alguien…
- Lamento haber interrumpido tu meditación.
- Ya estás aquí, podríamos adelantar tu entrenamiento de aire-control.
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- Una de las sirvientas casi se desmayó cuando me vio en la cocina – le dijo Kiya a Iza mientras desayunaban – la pobre se tranquilizó cuando vio que se trataba de mí. Es extraño porque nunca he visto que le levantes la voz a nadie.
- No es necesario, tengo ese efecto sobre las personas.
- Bueno, todos hemos escuchado las historias sobre Azula, y tú… bueno, eres muy parecida.
- Eso espero – dijo Iza bebiendo su té – tengo la impresión de que quieres decir algo y no te decides a hacerlo, ¿todavía no confías en mí?
- Anoche saliste por los túneles.
- ¿Eso es todo?
- ¿Así son tus encuentros con los igualitarios? Deberías tener cuidado, Iza, no importa lo buena maestra-fuego que seas…
- De hecho, si importa – Iza no pudo evitar sonreír al recordar la expresión de pánico de Tarrlok cuando vio los rayos formándose en sus manos, el haber soportado su sangre-control bien había valido la pena - Normalmente habría escogido condiciones más ventajosas para mí, pero después de saber lo de Lin no podía esperar. Tenía que ver a Tarrlok.
- ¿Tarrlok está aquí?, ¿fue con él con quien te reuniste? – preguntó Kiya alarmada.
- Te alegrará saber que pude convencerlo de que mantener a Lin prisionera era una muy mala idea, hoy mismo estará libre.
- ¿De verdad hiciste eso, Iza? – preguntó Kiya emocionada - Alehk va a estar feliz cuando…
- Ni siquiera lo pienses – le advirtió Iza - te lo dije a ti porque estabas preocupada, pero nadie más puede saber que intervine.
- Pero Alehk…
- Las noticias le llegarán de alguna forma, pero no puedo seguir arriesgando mi posición. Ni siquiera debí haber intervenido, estoy segura que Amón va a leer mis acciones mejor que Tarrlok y hará algo drástico para probar mi lealtad.
- Iza…
- Todavía no sé cómo voy a decírselo a Ursa, Kiya. Tengo que decirle al Señor del Fuego que Amón capturó y torturó a su hermana, que le quitó su control y la mantuvo prisionera... que no moví un dedo para evitarlo.
- No lo sabías.
- Ese es el problema, ni siquiera lo sabía. Tal vez esto sí es más de lo que puedo manejar.
- No puedes estar hablando en serio, si tú no puedes hacerlo, nadie puede. Lo de Lin fue una desgracia, pero ella tomó una decisión…además, lo peor para ella ya pasó, van a liberarla.
- Kiya, Lin dedicó su vida a ser la mejor maestra-metal del mundo, ¿no crees que lo peor para ella está apenas por comenzar? Amón le quitó su control, ¿cómo te sentirías si te hubiera pasado a tí?, sé que para mí sería peor que…
- ¿No crees hay una forma de revertir lo que hizo Amón?
- Hasta donde sé el daño es permanente, muchos de los maestros a los que les quitó sus poderes meses atrás han recorrido el mundo en busca de una cura y hasta ahora nadie ha podido encontrarla…
- Tal vez el Avatar pueda hacer algo.
- ¿Qué tan bien conoces al Avatar?
- No diría que somos mejores amigas, pero estos últimos días me han dado alguna idea, ¿por qué lo preguntas?
- Los comentarios que llegan hasta aquí son poco alentadores, pero no sé hasta qué punto están contaminados por lo que Amón quiere que todos piensen.
- ¿Qué has escuchado?
- Sus maestros y varios de sus guardias dicen que es muy fuerte, pero demasiado impulsiva e impaciente. La falta de control en estas circunstancias es algo grave, pero no tanto como su incapacidad para hacer aire-control y para comunicarse con los espíritus.
- Pero Korra es muy joven todavía…
- Amón ha usado esa información para confundir. Uno de los Ancianos del Concejo de la Tribu Agua del Norte está convencido de que esa es la prueba de que lo que dice Amón es cierto, que los propios espíritus han abandonado al Avatar y están a favor de Amón. Para ganar esta guerra hay que quitarle aliados a Amón, y la única forma de convencerlos es mostrándoles un Avatar realizada, y no sé si Korra puede lograrlo a tiempo.
- Korra podrá no ser la persona más espiritual del mundo, pero si es la más tenaz. No sé a qué se debe su bloqueo, pero si se lo propone puede lograrlo… aunque no deberías dar por hecho lo que digo, apenas la conozco. Alehk es el indicado para decirte lo que quieres saber.
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- ¿Qué piensas cuando haces aire-control? – preguntó Korra mientras observaba a Alehk formar una ventisca con la punta de sus dedos mientras ella fracasaba notablemente.
La pregunta fue completamente inesperada para Alehk y no supo qué responder de inmediato.
- ¿Qué piensas tú cuando haces agua-control?
- Pienso en muchas cosas, pero en ninguna en particular. El agua y yo siempre hemos tenido esa conexión, mi energía fluye a través de ella como a través de mí y sólo tengo que pensar en algo para que ella obedezca, nunca opone resistencia como la tierra ni me exalta como el fuego, sólo es una extensión de mí; pero el aire es diferente, me es completamente extraño. Ni siquiera puedo sentirlo.
- Korra, ¿quieres que te diga la verdad? – preguntó Alehk cruzándose de brazos - estoy convencido de que no hay nada más que puedas hacer para ser maestra-aire, sólo esperar por el momento…
- ¿Esa es tu forma de decirme que no importa lo que haga no voy a lograrlo?, ¿o sólo quieres deshacerte de mí? – preguntó Korra molesta - No sé si lo sabes, pero no tengo opción, tengo que aprender aire-control…
- La obstinación y la perseverancia son necesarias para dominar los demás elementos, pero la principal característica de un maestro-aire es la docilidad. No puedes forzar nada, tienes que ser paciente.
- Ese asunto de ser paciente es absolutamente irritante, ¿quieres que crea que el aire-control sólo aparecerá?
- Eso es lo que pienso.
- No puedes estar hablando en serio… o eres el peor maestro-aire del mundo.
- Hablo en serio, y por ahora no tienes muchas opciones de conseguir otro, así que…
- Pudiste haberme dicho eso desde el principio, ¿no crees?
- Yo tampoco lo tenía muy claro.
- ¿Así fue como tú aprendiste? ¿te sentaste a esperar que el aire-control hiciera su aparición…?
- En mi caso fue diferente, yo no quería aprender aire-control. Practiqué cuanto me exigieron y aprendí las formas, pero nunca tuve verdadero interés.
- ¿No querías ser maestro-aire? – preguntó Korra confundida. Ella siempre había creído que era mejor ser maestro que no serlo.
- ¿Tú nunca has querido revelarte contra tu suerte?
- Más veces de las que puedo contar, ¿qué te hizo cambiar de opinión?
- Una vez mientras meditaba, Aang apareció frente a mí – Alehk guardó silencio antes de continuar, cada vez que contaba esa historia se arrepentía al ver la cara de incredulidad de todos, pero Korra parecía no tener problemas para creerle.
- ¿De verdad puedes hablar con Aang? También podrías enseñarme a hacer eso.
- No fue producto de mi imaginación, mi abuelo murió cuando yo tenía tres años, pero aún conservo recuerdos borrosos de él, y cuando hablamos parece mucho más joven, no lo conocía entonces…
- Yo si te creo, Alehk.
- Eso te hace la primera.
- ¿Qué te dijo Aang?
- Hablamos varias veces de muchas cosas, a él podía decirle cosas lo que a nadie más. Al final me di cuenta que mi oposición a convertirme en maestro-aire en realidad se debía a que tenía miedo. Tenía miedo de las responsabilidades y trataba de ocultarlo detrás del enojo.
- ¿Y cómo lograste superar el miedo? – preguntó Korra interesada.
- No desapareció, y no creo que desaparezca nunca, pero ahora sé que existe, le temo a muchas cosas, y ese es el primer paso vencerlo cada vez.
- Siempre creí que el miedo era algo que debía dejar de sentir para poder ser Avatar.
- No creo que eso sea verdad. Fue miedo lo que sentí la primera vez que hice aire-control, y no creo que lo hubiera conseguido de ninguna otra forma.
- ¿El miedo te hizo aprender aire-control?
- Un día mientras meditaba en el Templo del Este, vi a alguien caer al vacío desde la torre, gritó mi nombre pidiendo ayuda y el miedo de no poder salvarla fue mayor al miedo de estrellarme contra el suelo, me arrojé tras ella y… pude hacer aire-control.
- ¿Y lograste salvarla?
- Algunos meses después pude hacerlo.
El rostro de Korra no dejaba lugar a dudas: estaba confundida y con miles de preguntas en la punta de la lengua.
- Ten paciencia, Korra – dijo Alehk – lo entenderás eventualmente, y podrás hacer aire-control.
- Te debo una disculpa, no eres el peor maestro-aire, eres el mejor.
- Ahora soy el único, así que no cuenta – dijo tratando de sonreír.
- Aunque hubiera miles, serías el mejor. Y no serás el único por mucho tiempo, te prometo que si hay una forma de devolverle el control a Lin, a Tenzin y a tus hermanos, voy a encontrarla.
- De eso no tengo duda, Avatar.
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- ¿Hace cuánto lo sabías? – preguntó Ursa visiblemente molesta.
- Kiya me lo dijo ayer por la noche.
- ¿Me estás diciendo la verdad?
Iza no pudo responder, trataba de decidir si estaba más ofendida o preocupada por la desconfianza de Ursa, detestaba no poder defenderse cada vez que lanzaban acusaciones en su contra, pero esa era incluso hiriente. Todos sabían lo que Lin había hecho por Iza, y creerla capaz de traicionarla era insultante.
- Iza, ya no sé qué pensar. La forma en la que manejas la situación no está resultando adecuada.
- Majestad, aún cuando me hubiera enterado en cuanto pasó no tenía forma de ayudar a Lin… nadie hubiera podido ayudarla.
- Esto es muy grave, también lo que le pasó a Tenzin y a su familia, pero no son las únicas razones que me llevaron a tomar esta decisión.
- ¿Enviará tropas a Ciudad República?
- Tienes dos semanas, Iza, que es el tiempo que le tomará a todos los ejércitos y la Armada alistarse y reunirse en nuestras fronteras. Si luego de eso no has logrado controlar la situación, la Nación del Fuego tratará de retomar Ciudad República en nombre del Avatar.
- Majestad, ese no es tiempo suficiente, la influencia de Amón ha crecido en todas partes…
- Entonces te sugiero que cambies tu estrategia. No habrá prórrogas ni concesiones. Puedes retirarte.
Iza hizo una reverencia y salió del Salón del Trono. El ultimátum de Ursa la obligaba a adelantar sus planes y sin tener aún las piezas necesarias.
Desde el principio supo que personas cercanas saldrían lastimadas. Al enterarse de que Tenzin y los niños habían sido capturados, casi se sintió culpable, pero aún así estuvo dispuesta a seguir el plan al pie de la letra. Pero Lin Bei Fong era un daño colateral que no podía aceptar, Amón iba a pagar tarde o temprano por lo que le había hecho, sus llamas o sus rayos iban a alcanzarlo al final.
- Princesa – la llamó el Capitán de sus guardias, sacándola de sus pensamientos – el representante del Jefe Takeda la espera en su salón privado.
- Infórmale que la reunión con el Señor del Fuego se extendió más de lo esperado, que lo veré en diez minutos.
- Enseguida, Princesa.
- Zein – llamó Iza al guardia – espero que mi reunión no se extienda más de media hora, dile al Avatar que luego de eso la recibiré cuando lo crea conveniente.
- Así lo haré, Alteza.
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- Tal vez si hubiéramos entrenado así para la final del torneo no habríamos perdido aún con las trampas de Tahno – dijo Bolin exhausto.
- Hay cosas más importantes que un torneo de pro-control, Bo – dijo Mako malhumorado.
- ¿Puedes decirme una? – preguntó el maestro-tierra casi indignado. Por casi dos años el pro-control había sido su vida.
- ¿Te parece poco ayudar al Avatar a salvar al mundo?
- No había querido decirte esto antes – dijo Bolin frotando la parte posterior de su cabeza – pero no creo que salvar el mundo dependa tanto de nosotros como de los demás.
- ¿Qué significa eso, Bo?
- Hermano, no puedes ser tan...
- Aquí están – dijo Korra que apareció con Alehk - ¿están practicando o hiciste enojar a Mako otra vez, Bo?
- ¿Quieren unirse?, ¿o reemplazarme, por favor? – pidió Bolin - Estoy exhausto. Este clima no es para los maestros-tierra que han vivido toda su vida en Ciudad República.
- Estoy de acuerdo contigo – dijo Korra - ¿por qué alguien querría hacer fuego-control cuando hay todo este calor alrededor?
- Creo que esa es precisamente la razón – dijo Mako – vamos Bo, no seas holgazán.
- ¿Por qué no practicas con Korra? – sugirió Bolin para librarse de seguir entrenando - ¿quién mejor que el Avatar para medir tus fuerzas? En este lugar ni siquiera soy un oponente, no puedo ir destruyendo el Palacio y estoy cansado de esquivar tus ataques, he estado a punto de perder mis cejas más de una vez, y todos saben que eso sería trágico.
- Tengo una mejor idea – dijo Korra entusiasmada - ¿por qué no practicas con Alehk? No todos los días se puede ver a un maestro-aire en acción, y estoy segura que podrías hacer que usara algunos de sus mejores trucos, eso sería muy ilustrativo para alguien que trata de aprender aire-control como yo.
- Korra, no creo que esa sea una buena idea – dijo Alehk.
- Por supuesto que no – dijo Mako con una sonrisa de suficiencia – todo el mundo sabe que el aire sólo aviva las llamas.
- Creo que deberías aceptar – le dijo Bolin a Alehk – es mi único hermano, pero a veces es demasiado… tú entiendes.
- Vamos Alehk – dijo Mako – estoy seguro que tienes otros trucos además de saltar, veamos si puedes apagar algunas llamas.
- ¿Por qué todos los maestros-fuego dicen lo mismo? – preguntó Alehk resignado.
Mako fue el primero en atacar, una llamarada intensa salió de su puño y Alehk saltó para esquivarla, pero el maestro-fuego no le dio tregua, comenzó a disparar bolas de fuego en su dirección y el Guardián apenas alcanzó a extinguirlas con una ráfaga de aire. En cuanto los pies de Alehk tocaron el suelo Mako lo embistió con una columna de fuego que logró hacerlo retroceder, el maestro-aire tuvo que deshacerse de su chaqueta cuando ésta comenzó a incendiarse.
- Alguien se está tomando esto demasiado en serio – dijo Korra cuando vio la determinación en los ojos de Mako.
- Hasta yo sé que no fue de tus ideas más brillantes – dijo Bolin entusiasmado por el encuentro.
- Fuiste tú quien lo sugirió al final.
- Como si esto tuviera algo que ver conmigo.
Alehk se había enfrentado más de una vez a maestros-fuego, pero Mako era algo fuera de lo ordinario, su entrenamiento en el pro-control hacía que sus movimientos estuvieran llenos de fallas técnicas, pero al mismo tiempo los hacía poco predecibles y eran demasiado rápidos. El maestro-fuego estaba entusiasmado, seguramente quería impresionar a Korra o demostrar alguna clase de superioridad, pero Alehk no tenía ningún interés en llevar la práctica más allá de lo necesario, le bastaba con evitar las quemaduras.
- ¿Alguna vez has enfrentado a un maestro-aire? – le preguntó Bolin a Korra.
- Nunca, pero parece frustrante – dijo la joven Avatar observando como Alehk esquivaba nuevamente los ataques de Mako que comenzaba a perder la paciencia.
A Alehk le sorprendió la energía de Mako y cuando uno de sus ataques casi lo alcanzó decidió que no podía seguir sólo evitándolos. El maestro-fuego le había dejado claro que no había nada de amistoso en el enfrentamiento.
- ¿Vas pelear en serio? – preguntó Mako.
- Aún no decido si vale la pena – dijo Alehk haciendo que Mako se enfureciera.
Mako decidió dejar las llamas de lado y comenzó a lanzar rayos, requerían más energía y concentración, pero eran más precisos. Alehk comenzó a perder la calma cuando más de un rayo estuvo a punto de alcanzarlo. Cuando notó signos de agitación en el maestro-aire, se abalanzó contra él, de sus manos y de sus pies salieron intensas ráfagas de fuego y su oponente tuvo que cubrir su rostro con sus manos para protegerse. Alehk tuvo que reconocer que el propio Iroh no lo habría hecho mejor, pero había estado en esa situación más de una vez y sabía exactamente qué hacer: saltó casi veinte metros y mientras estaba suspendido en el aire formó un torbellino alrededor de Mako haciendo que el fuego se extinguiera, luego con una corriente de aire lo arrojó al suelo. Mako se levantó de un salto, sólo para verse envuelto por una espiral de aire que le impedía moverse.
- Recuerda que el aire sólo aviva las llamas – le dijo Alehk – si yo fuera tú no lo intentaría.
Mako trató de crear rayos, pero la corriente de aire se hacía más intensa y comenzaba a costarle respirar, bajó los brazos en señal de derrota y de inmediato estuvo libre.
Korra lamentó haber provocado esa situación en cuanto vio la expresión de Mako que se alejó furioso y sin decir una palabra. Alehk tampoco parecía satisfecho con su victoria.
- Creo que fue suficiente entrenamiento por hoy – dijo Bolin – y me muero de hambre, el clima aquí es horrible, pero la comida bien lo vale – dijo despidiéndose para ir tras su hermano.
- Siento mucho haber provocado eso – dijo Korra extinguiendo los últimos vestigios de fuego de los árboles del jardín.
- Fue sólo una práctica – dijo Alehk tomando su chaqueta del suelo.
- ¿Estás bien? – preguntó Korra cuando vio al maestro-aire esconder su mano derecha detrás de su espalda.
- Íbamos a desayunar, ¿recuerdas?
Korra tomó la mano que Alehk trataba de ocultar, tenía una severa quemadura en el dorso como resultado de tratar de protegerse de uno de los ataques de Mako, la piel estaba calcinada y debía ser muy dolorosa.
- Alehk, lo siento mucho – dijo sintiéndose culpable.
Tomó al maestro-aire de la otra mano y lo llevó hasta el estanque del jardín para curarlo. Cuando sus manos tocaron la herida casi pudo sentir el dolor del maestro-aire.
- No fue tu culpa… - iba a decir Alehk.
- Ni siquiera trates de hacerme sentir bien.
- Korra, sólo trataba de hacerlo enojar. Pude haberlo detenido desde el principio. He enfrentado a muchos maestros-fuego antes, sé cómo apagar las llamas.
- ¿Y por qué no lo hiciste?
- Me gusta molestar a tu amigo más de lo que es prudente. Aún no lo perdono por haberte tratado como lo hizo. Y obviamente yo tampoco le agrado mucho.
- La mayoría de las personas no le agradan al principio… y muchas no le agradan nunca – dijo Korra mientras curaba la mano de Alehk - ¿cómo logró quemarte así en apenas un segundo? Si Katara no me hubiera enseñado te habría quedado una cicatriz.
- Entonces tengo suerte de tenerte como mi sanadora.
- Soy la causa de la mayoría de tus heridas, yo no diría que tienes suerte – dijo Korra retirando el agua de la herida – creo que es todo, ¿cómo te sientes?
- Katara no lo hubiera hecho mejor – dijo Alehk satisfecho.
Korra tomó la mano de Alehk para examinarla y asegurarse que estuviera completamente sana, y entonces se le ocurrió hacer una de las preguntas que se había guardado desde que había descubierto que su amigo era maestro-aire.
- ¿Por qué no tienes tatuajes como todos los maestros-aire?
Alehk retiró su mano y se puso de pie, parecía que la pregunta lo había molestado.
- Son más difíciles de conseguir de lo que parece…
- Te he visto hacer aire-control y eres tan bueno como es posible… se supone que son importantes, no renunciarías a ellos por guardar las apariencias, ¿o sí?
- No por guardar las apariencias, pero sí por algo mucho más importante – dijo Alehk serio.
- Entonces si hay una razón…
- Sólo puedo controlar el elemento, Korra. No tengo nada que ver con la cultura de los nómadas del aire, no practico sus costumbres, no vivo en sus templos… sólo soy un habitante del Reino Tierra que puede hacer aire-control.
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- Avatar Korra – dijo Iza cuando entró al salón – espero que su estancia en el Palacio esté resultando agradable…
- Iza, no es necesario – se adelantó a responder Alehk – sería más sencillo para todos si dejas la actitud de Princesa mientras hablamos.
- ¿Desde cuándo eres tan directo, pequeño Alehk? – dijo Iza sonriendo – pensé que a los maestros-aire les gustaban los rodeos… a veces olvido que también eres el hijo de Lin.
Todos ocuparon los lugares alrededor de la mesa, era imposible no sentir la atmósfera de formalidad y respeto que inspiraba ese lugar. Ese salón era, después de todo, el lugar donde se tomaban decisiones que afectaban la vida de todos en las Cuatro Naciones.
- Si no esperamos a nadie más…
- ¿Iroh no vendrá? – preguntó Asami.
- Entre reuniones con Generales y… otros asuntos, no creo que lo veamos en los próximos días – respondió Iza - pero me pidió que me asegurara de que tu estancia, y la de todos, resultara lo más cómoda posible… pero he insistido suficiente con eso, ¿de qué quieren hablar conmigo?
- Tenemos que planear qué hacer a continuación – dijo Alehk – pero nos falta información, y pensamos que la única persona que sabe exactamente lo que está pasando eres tú.
- Obviamente sobreestimas mi influencia en todo esto, ¿qué clase de información esperan que pueda darles?
- Sabemos que Amón tiene el control de Ciudad República y que está formando un ejército de maestros y no-maestros, que tiene aliados en el Reino Tierra y ha intentado infiltrarse en las Tribus Agua y en la Nación del Fuego…
- Sabemos que Amón ha hecho su trabajo – dijo Korra impaciente – y nosotros no tenemos idea de qué hacer ahora o cómo enfrentarlo.
- ¿Están hablando en serio? – preguntó Iza sorprendida - ¿esperan que asuma la responsabilidad de decirle al Avatar qué hacer en esta situación?, ¿saben lo peligroso que es siquiera que yo sepa de sus planes?
- Por ahora no tenemos ninguno, así que…
- ¿Cuál era el objetivo de venir a la Nación del Fuego?, ¿sólo querían huir de Ciudad República?
- Nuestra prioridad era que Korra estuviera a salvo – dijo Alehk – y una vez conseguido eso podríamos buscar la forma de contraatacar a Amón…
- Contraatacar a Amón es declararle la guerra – dijo Iza tratando de mantener la calma - Es cierto que la Armada de las Naciones Unidas es leal al Avatar, pero ya quedó claro que no es suficiente, no duraron ni medio día en Ciudad República, y la flota de Iroh era una de las más grandes…
- La Nación del Fuego también es leal al Avatar – dijo Alehk.
- De eso no hay duda, pero puedo decirles que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para evitar que la Nación del Fuego entre en esta guerra, sería desastroso…
- Pero tienen al ejército más poderoso – intervino Mako – el único que podría hacerle frente a los igualitarios.
- Amón ya mostró indicios de la capacidad destructiva que poseen sus armas y su tecnología, y todo el mundo sabe lo que los maestros-fuego pueden hacer en una guerra, los resultados de iniciar otra en estas condiciones serían trágicos.
- En eso tienes razón – dijo Korra – pero tarde o temprano tendremos que enfrentarlo, y si continúa ganando poder y aliados…
- ¿Quieres mi consejo, Avatar? Quítale su poder y sus aliados antes de enfrentarlo, es tu única posibilidad de ganar esto sin provocar otra guerra de cien años.
- Intentamos desenmascararlo frente a los igualitarios antes de venir aquí, pero él siempre está un paso adelante, incluso tenía una cicatriz debajo de la máscara…
- Tu error es pensar que puedes confiar lo suficiente en Amón para hacer las cosas de frente, supongo que no estás acostumbrada a tratar con personas sin escrúpulos. Amón es muy persuasivo y terriblemente convincente, habría podido hacer agua-control frente a todos y luego hacerlos creer que no era un maestro. Hasta ahora su palabrería ha sido su mejor arma.
- ¿Y qué puedo hacer contra eso? Yo ni siquiera soy capaz de convencerme a mí…
- Su principal argumento es que los espíritus abandonaron al Avatar y lo prefirieron a él, te hizo ver débil y manipulable. Los no-maestros siempre se han sentido abandonados por ti y los maestros tienen miedo de estar del lado que va a perder la guerra. La forma en que logró el apoyo de unos y de otros al mismo tiempo y con razonamientos distintos fue brillante, pero su odio por ti hace que subestime la lealtad que, en el fondo, todos tienen por el Avatar.
- ¿Lealtad por el Avatar? – preguntó Korra confundida, ninguno en la asamblea le había parecido leal, todo lo contrario.
- Iza tiene razón – dijo Kiya que había permanecido en silencio hasta entonces – todos los igualitarios que conocí en los campamentos estaban molestos con los maestros, pero la mayoría se negaba a odiar al Avatar, sigues siendo un símbolo de esperanza para todos.
- Amón usó tus debilidades para confundir a sus aliados y lograr su apoyo –continuó Iza – pero son ambiciosos y van a elegir estar del lado con más posibilidades. Muéstrales que eres un Avatar poderoso y tendrás la lealtad de los Dai Li. La Tribu Agua del Norte no seguirá a Amón si ellos le dan la espalda.
- Lo harán si creen que la Nación del Fuego lo apoya – dijo Alehk.
- Amón no tendrá mi apoyo para siempre, pero sí por ahora.
- ¿No sería mejor que el primer aliado de Korra fuera la Nación del Fuego? – preguntó Mako.
- El apoyo de la Nación del Fuego hará que Amón se sienta confiado – dio Asami – si le retiran el apoyo en el último momento no tendrá tiempo para recuperarse.
Iza sonrió satisfecha, Asami había sido la primera en darse cuenta de la finalidad de sus planes, tal vez era la pieza que había estado buscando para completar su esquema.
- Así que debo convertirme en un Avatar completo y tratar de convencer a los Dai Li de que le retiren su apoyo a Amón – dijo Korra pensativa – eso no suena tan difícil.
- Creo que olvidas el pequeño detalle de que eres lo único que se interpone entre Amón y la dominación mundial – dijo Bolin – y que su motivo para despertarse por las mañanas es eliminarte para declararte perdida en acción.
- ¿Amón sabe dónde estamos? – preguntó Alehk.
- Por supuesto que lo sabe, debe tener más de un informante en el Palacio. Y Bolín tiene razón, esta parte del plan de Amón consiste en deshacerse del Avatar. Así que, ¿qué harán a continuación? Mantener a salvo al Avatar es un buen plan, pero insuficiente…
- Princesa – interrumpió Zein – el Ministro de Guerra solicita hablar con usted de inmediato.
- Me temo que no puedo hacerlo esperar – suspiró Iza resignada – llévalo al Salón Azul y dile que lo veré en diez minutos.
- Enseguida, Princesa – dijo el guardia antes de marcharse.
- Si creen que hay algo más de lo que tenemos que hablar, Zein puede arreglar otra reunión cuando nos resulte conveniente a todos – dijo Iza antes de marcharse – Alehk, ¿podría hablar contigo más tarde?
- Por supuesto, Iza.
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Korra trataba de meditar, pero otra vez estaba perdida en sus pensamientos. Al principio fueron las palabras de Iza, luego sus propios recuerdos le robaron la paz. Cada vez que cerraba los ojos nuevas imágenes aparecían, recuerdos que hubiera preferido que se mantuvieran ocultos. Alehk tenía razón, lo que había pasado en el Polo Sur seguramente no había sido agradable, y ahora que parecía inevitable, sintió miedo de recordarlo.
- ¿Por fin te deshiciste de tu sombra? – le preguntó Mako haciendo que se sobresaltara.
- ¿Estás hablando de Alehk? – Korra abrió los ojos y decidió olvidarse de la meditación, otro día sin lograr su escurridiza paz interior.
- ¿Alguien más te sigue a todas partes? – preguntó Mako sentándose junto a Korra.
- Ahora que lo preguntas, Naga solía hacerlo – dijo Korra refiriéndose al último recuerdo que había emergido de su inconsciente.
- ¿Cuál es el problema del maestro-aire? Últimamente no te pierde de vista y se está volviendo molesto…
- Yo no creo que sea molesto, pero aún cuando lo fuera, es su trabajo – Korra se preguntó, por primera, vez si Mako había siempre tan hostil con Alehk.
- ¿Qué quieres decir con que es su trabajo?
- Alehk es… es algo así como mi guardaespaldas. Es miembro de la Orden del Lotto Blanco.
- Eso explica muchas cosa – dijo Mako recordando todas las veces que había visto a Alehk seguir a Korra por la Isla del templo del Aire – por eso te seguía a todas partes, y por eso estaba detrás de ti todo el tiempo… eso tiene sentido, por lo menos no era un acosador.
- ¿Tú sabías que me seguía a todas partes?
- Lo vi ocultarse más de una vez mientras estábamos en la Isla del Templo del Aire. No sé por qué no se me ocurrió antes, era de esperarse que el Avatar tuviera un guardaespaldas, y él tenía toda la actitud.
- En realidad es mi Guardián, pero no veo que el nombre haga diferencia.
- Tengo que reconocer que hicieron una buena elección. Antes de hoy no hubiera creído que era tan difícil enfrentarse a un maestro-aire.
- Mako, sobre lo que pasó hace un rato…
- ¿Te refieres a mi humillante derrota frente a tu Guardián?
- No creo que haya sido humillante, o que pueda considerarse una derrota. Todo fue parte de un entrenamiento…
- Korra, me ganó en mi propio juego, tal vez no lo notaste pero puse todo de mí y a él le bastó esforzarse un poco para vencerme.
- Estabas en desventaja, tú nunca habías enfrentado a un maestro-aire y Alehk ha peleado con decenas de maestros-fuego. No sabías qué esperar y él tenía casi todo a su favor.
- Tal vez tienes razón, pero también es cierto que estaba demasiado confiado de mis habilidades, alguien ya me había dicho que no era buena idea sentirme así.
- Mako, eres uno de los mejores maestros-fuego que he visto…
- No, no lo soy. Eso es lo que estos últimos días me han enseñado. Soy un buen oponente en la arena de pro-control, pero eso no me hace un buen maestro y tuve que venir a la Nación del Fuego para darme cuenta. Si quiero ayudarte… si quiero protegerte, tengo que ser mejor.
- Parece que tenemos eso en común.
- Si te refieres a lo que dijeron hace un rato, estoy seguro que vas a lograrlo, Korra.
- No estoy segura, ya no sé si tengo suficiente tiempo para convertirme en el Avatar que describió Iza.
- Korra, ¿estás segura que puedes confiar en ella?
- Alehk confía en ella, y también Kiya y Iroh.
- Hay algo en ella que no termina de convencerme.
- Esa es la reacción natural al conocer a un maestro-fuego, ¿lo sabías? – dijo Korra sonriendo.
- ¿Qué quieres decir?
- Ustedes suelen ser… algo chocantes al principio.
- Tú también eres maestra-fuego…
- No es mi elemento nativo, así que no cuenta.
- Creo que tu sombra volvió – dijo Mako cuando vio que Alehk se acercaba con Naga – ¿cómo consiguió ganarse la confianza de Naga?
- Ella es bastante sociable, y le agradan las personas.
- No es tan sencillo agradarle a Naga. Cuando Tarrlok te secuestró, se volvió agresiva con todos, Alehk fue el único que pudo acercarse, incluso consiguió que lo ayudara a encontrarte…
- Tal vez porque lo conoció antes, en el Polo Sur – dijo Korra recordando su sueño.
La perra-oso polar se adelantó para saludar a su ama, y luego se recostó a su lado visiblemente molesta por el calor.
- Kiya, Asami y Bolin irán a visitar la ciudad – les informó Alehk –pensé que tal vez querrías ir con ellos.
- ¿En serio podemos ir a la Ciudad? – preguntó Korra entusiasmada.
- De hecho, se lo decía a Mako. No creo que sea una buena idea que salgas del Palacio por ahora, no podríamos protegerte si Amón decide atacarte.
- Ni siquiera voy a intentar discutir, la Ciudad no me gusta de todas formas – dijo Korra molesta – y el clima es insoportable.
- Están esperando por ti en el Salón Ámbar – le dijo Alehk a Mako.
- ¿Vas a estar bien, Korra? Podría quedarme contigo si…
- Estoy segura que eres el más interesado en conocer los alrededores – dijo Korra – hay cosas aquí que definitivamente tienes que ver.
- Te veré en un rato – dijo Mako besando su mejilla antes de marcharse.
- ¿Tú no irás? – le preguntó Korra a Alehk que no se movió de su lugar.
- Tampoco me gusta mucho la Ciudad.
- Alehk, si es por mí prometo no hacer nada imprudente mientras…
- Estoy seguro que Zein y los guardias del Palacio son capaces de mantenerte a salvo un par de horas, pero prefiero no ir con ellos.
- Olvidaba que estás atrapado conmigo.
- Korra, fue mi decisión, nadie me obligó a convertirme en tu Guardián.
- ¿Puedo preguntarte algo? ¿Cuándo se termina tu contrato? Kiya mencionó algo sobre dominar los cuatro elementos, pero eso podría llevarme un tiempo, mi lado espiritual sigue sin aparecer.
- Si quieres librarte de mí deberías darte prisa. Cuando puedas hacer aire-control y entrar en estado Avatar, serás libre, la Orden no tendrá más autoridad sobre ti y yo volveré a Gaoling.
Naga gruñó antes de levantarse del suelo, el calor la incomodaba y estaban en medio del jardín.
- Vamos chica – la llamó Korra dirigiéndose al estanque – apuesto a que te mueres por un poco de hielo.
Korra congeló la superficie del estanque y Naga se apresuró a recostarse sobre el hielo. La imagen hizo que la joven recordara su sueño, los detalles aún estaban en su memoria parecían aún más claros… imágenes diferentes comenzaron a aparecer y Korra tuvo que alejarlas.
- ¿Te digo un secreto? – Preguntó para romper el silencio que se había formado - Siempre pensé que el aire era el elemento más inútil de todos a la hora de pelear, llegué a creer que tal vez ni siquiera necesitaba dominarlo para convertirme en Avatar, eso fue hasta que te vi hacer aire-control, en serio eres bueno.
- Alguna vez yo pensé lo mismo – dijo Alehk – no se lo digas a nadie, pero cuando era niño quería ser maestro-fuego. Cuando venía al Palacio y veía a Zuko enseñarle a Iroh, hubiera dado cualquier cosa por hacer fuego-control para que me enseñara a mí también… para pasar más tiempo con él. Pero luego, cuando tuve edad suficiente, me enseñó a usar las espadas. Hace mucho tiempo que no cambiaría lo que soy por nada.
- ¿Ni siquiera por convertirte en Señor del Fuego?
- Pocas cosas me interesan menos que convertirme en Señor del Fuego, y por suerte no tengo que preocuparme por eso, Iroh o Iza heredarán el trono.
- ¿Ursa dejaría que Iza la sucediera en el trono?
- Para nadie es un secreto que sería mejor gobernante que Iroh, pero nunca ha mostrado interés. Si Iza quisiera ser Señor del Fuego sólo tendría que extender la mano y tomar la corona, tiene la lealtad de los nobles y los Generales, y a los habitantes de la Nación seguramente les gustarían las llamas azules en el Salón del Trono.
- ¿Y eso no les preocupa?
- Espera a conocerla mejor, si alguna vez deja que te acerques lo suficiente, te vas a sorprender.
- Avatar Korra – llamó uno de los guardias, al que Korra reconoció de inmediato – maestro Alehk, el Señor del Fuego solicita hablar con ustedes.
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El guardia abrió las enormes puertas de metal y el salón del trono apareció frente a ellos. Korra había estado antes en el Palacio, pero nunca en ese lugar. Lo que le hizo darse cuenta que siempre había sido recibida como una invitada y ahora era el Avatar, con todas las responsabilidades de su título. Caminaron hasta que estuvieron a un par de metros de la cortina de fuego, Alehk se arrodilló de inmediato y se inclinó hasta que su frente tocó el suelo, Korra no sabía si se debía hacer lo mismo cuando la cortina de fuego se apagó. Ursa se levantó del trono y se dirigió hasta ellos, Korra iba a inclinarse para mostrar respeto, pero la mano del Señor del Fuego sobre su hombro se lo impidió.
- No es necesario, Avatar Korra – le dijo Ursa – y mi querido sobrino puede levantarse – Alehk se puso de pie de inmediato.
Al Avatar le costó reconocer a la mujer que había visto el día de su coronación. No sólo parecía que había envejecido diez años, sino que las responsabilidades del trono parecían haberle arrebatado la alegría.
- Entiendo que la situación en Ciudad República es tal que los obligó a venir aquí – dijo sin rodeos, el tiempo del Señor del Fuego era demasiado valioso para desperdiciarlo en cortesías, después de todo – y que empeora con cada hora que pasa.
- Amón tiene el control de Ciudad República…
- Es mucho más grave que eso, acabo de recibir un telegrama de uno de los agentes de Iza, la capacidad de los igualitarios para producir armamento es alarmante, y no podemos perder más tiempo. Espero que estés de acuerdo en que es necesario recuperar el control y ponerle un alto a Amón de una vez antes de que la situación empeore…
- Majestad, ¿está diciendo que enviará los ejércitos a Ciudad República? – preguntó Alehk – pensé que Iza…
- Las medidas de Iza en este momento son tan oscuras como insuficientes. Es cierto que impidió que los simpatizantes de Amón se infiltraran, pero esto ya no se trata sólo de la Nación del Fuego, se trata de detener un movimiento que amenaza la paz que mi padre logró instaurar.
- ¿Va a declararle la guerra a Amón para conservar la paz? – preguntó Korra.
- No vamos a declarar la guerra, vamos a reclamar Ciudad República en nombre del Avatar.
- Pero aún así va a haber víctimas.
- Avatar Korra, el tiempo de solucionar esto sin desatar otra guerra de cien años se está terminando.
- No puedo dejar que reclamen Ciudad República en mi nombre, mi deber es mantener la paz, no provocar una guerra.
- Avatar, estoy poniendo al Ejército y la Armada de la Nación del Fuego a tu disposición, te estoy ofreciendo el respaldo que necesitas para resolver este problema.
Las palabras de Ursa impresionaron a Korra, era verdad, le estaban dando la posibilidad de ganar la guerra de la forma en la que ella hubiera querido hacerlo. Un par de meses atrás ni siquiera lo hubiera pensado, habría tomado la palabra a Ursa y con el respaldo del ejército más poderoso del mundo le habría hecho ver su suerte a Amón, pero esa no era la forma. Un Avatar no debía comandar ejércitos, debía buscar mantener la paz a toda costa, hasta el último momento…
- Y se lo agradezco, Majestad. Pero no creo que esa sea la solución.
- Tal vez aún eres muy joven para ver que esta guerra es inevitable, lo único que puedes hacer es tratar de que no se extienda.
- Y eso es lo que voy a tratar de hacer…
- Necesitamos tiempo, Majestad – intervino Alehk – Korra va a tratar de convencer a los aliados de Amón de retirarle su apoyo…
- Iza está decidida a hacer las cosas a su modo, y veo que consiguió convencerlos – dijo Ursa resignada - Voy a decirles lo mismo que le dije a ella: dos semanas es lo mejor que puedo darles, luego de eso la Nación del Fuego y la Armada de las Naciones Unidas van a atacar Ciudad República.
- Pero la Armada es leal al Avatar, no pueden decidir atacar sin que ella lo apruebe – dijo Alehk.
- Nuestra Avatar es muy joven, la Orden del Lotto Blanco es quien toma las decisiones todavía, y ellos están de acuerdo conmigo en que esto debe tratar de detenerse de una vez.
- Atacar Ciudad República en nombre de Korra sólo va a confirmar lo que Amón le ha dicho a todos…
- Ellos tienen razón, Alehk – dijo Korra – no podemos seguir perdiendo el tiempo porque Amón sólo se hará más fuerte. Tomaremos las dos semanas, Majestad, luego de ese tiempo, si la Orden decide que lo mejor es atacar Ciudad República… tendrán todo mi apoyo.
- Es alentador ver que las enseñanzas de Tenzin han tenido efecto sobre tí, Avatar – dijo Ursa satisfecha – siempre esperamos grandes cosas de ti, ahora puedo ver que estamos cada vez más cerca de verlas.
- Yo no contaría con eso todavía, Majestad – dijo Korra desanimada.
- Recuerda que incluso Aang huyó antes de enfrentar a Ozai. Aunque ahora no estés lista, no significa que no lo estarás cuando sea necesario – dijo Ursa, y por primera vez Korra pudo ver a la mujer que había conocido años atrás – Alehk, siento mucho lo que pasó con Lin, tengo la intención de traerla aquí en cuanto pueda localizarla…
- Majestad, Amón la tiene prisionera.
- Pero Iza logró que la liberaran, ¿no lo sabías?
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La Capital de la Nación del Fuego era, sin duda, un lugar que tenía mucho que ofrecer a los visitantes. Era la más colorida de las grandes Ciudades del mundo, y el entusiasmo de Mako y Bolin sólo crecía con cada paso que daban a través de sus calles, nunca habían salido de Ciudad República y había muchas cosas que querían ver y lugares que querían visitar, pero les bastó encontrar una pequeña arena de pro-control para olvidarse de lo demás.
- Me alegra que alguien esté disfrutando esto – le dijo Kiya a Asami mientras caminaban por las calles de la Ciudad – debimos aceptar el auto que nos ofreció Zein.
- Incluso yo prefiero caminar por estas calles, son hermosas, ¿por qué te desagrada tanto la Ciudad? – preguntó Asami.
- Sólo me trae malos recuerdos.
- A mí me pasa lo contrario. Papá nos trajo aquí en uno de los últimos viajes que hicimos con mi madre… lo siento – dijo Asami cuando vio que la conversación incomodaba a Kiya – olvidé que no te gusta hablar de la familia.
- No me gusta hablar de la mía, pero no me molesta escuchar de la de los demás. Es agradable saber que no todos los padres son como los míos.
- Mi padre no es precisamente un modelo a seguir.
- Pero tuviste una madre que te quiso, y es más de lo que yo puedo decir… pero no quiero hablar de eso, esta Ciudad ya es deprimente sin todos los malos recuerdos.
- Creo que Bolin y Mako no saldrán de ese lugar hasta que los combates terminen, ¿hay algún lugar que quieras visitar? Vi un cartel de los actores de la Isla Ember, creo que son famosos, podríamos ir al teatro…
- Kiya, ¿eres tú? – la llamó una joven.
Kiya reconoció la voz de inmediato, pero le costó algunos segundos resignarse.
- ¿La conoces? – preguntó Asami cuando vio a una joven acercarse a ellas.
- Quisiera decir que no – dijo Kiya tratando de sonreír.
- Kiya, no sabía que estabas en la Ciudad – dijo la joven entusiasmada – ha pasado tanto tiempo, ¿cuándo fue la última vez que nos vimos? Cuando veo a Iza siempre le pregunto por ti, pero ya la conoces, no puedes conseguir que diga dos palabras seguidas. Estás tan cambiada, y lo digo como un cumplido, los años te han sentado de maravilla, yo no puedo decir lo mismo, todos insisten en que cada día me parezco más a mi madre y ya no sé si eso es algo bueno o no.
Asami se sorprendió de que pudiera hablar tanto sin detenerse siquiera a respirar, y aún pudiera examinar con tanto cuidado a Kiya, que se esforzaba por mantener la sonrisa.
- ¿Ella es una de tus amigas de Gaoling? – preguntó la joven dirigiendo su atención a Asami.
- Asami viene de Ciudad República – fue lo único que alcanzó a decir Kiya.
- Es un placer, yo soy Mei Yu – dijo la entusiasta joven abrazando a Asami- Me encanta Ciudad República, si papá pudiera dejar su trabajo en el Palacio ya lo habría convencido de mudarnos allá. No sé porque alguien quiere vivir en otro lado si puede vivir en Ciudad República, las cosas más emocionantes ocurren allá.
- No creo que ahora sea un buen momento para visitarla, pero es cierto que la Ciudad es agradable – dijo Asami.
- ¿Se están quedando en el Palacio?, ¿saben si Iroh está de vuelta?
- El vino con nosotros, pero…
- ¡Lo sabía! – dijo la joven casi exaltada – papá me dijo que probablemente volvería, pero no quise emocionarme demasiado, y ese Príncipe es todo lo desconsiderado que se puede ser, como si enviar un telegrama fuera algo del otro mundo. Pero es tan encantador que es imposible no perdonarlo.
- Ni siquiera tienes que decirlo, Mei…
- Tenemos tantas cosas de qué hablar, Kiya, ¿cuánto tiempo estarás en la Ciudad?
- No lo sé…
- Entonces tienes que venir a cenar a casa, a mamá le va a encantar volver a verte. Siempre me pregunta por la pequeña maestra-tierra, ¿recuerdas que así es como te llamaba? Alehk no vino contigo, ¿o sí? Eso sería el colmo de la buena fortuna. A Luei Yu le gustaría volver a verlo, siempre habla de él, desde que lo conoció insiste en que los maestros-tierra son mejores que los maestros-fuego, y ya sabes que Shang Yu es maestro fuego y esos comentarios siempre lo hacen enfurecer, mi hermano no es muy paciente con nosotras.
- Alehk está aquí, pero no puede dejar el Palacio. Si Luei Yu quiere verlo…
- Estoy segura que en cuanto lo sepa se las arreglará para que papá la lleve a Palacio, apenas puedo esperar para darle la noticia. Pero tienes que venir a cenar a casa, y Asami también, por supuesto.
- Nos encantaría ir, pero justo hoy tenemos… tenemos…
- Tenemos boletos para el teatro – dijo Asami – es el último día que se presentan los actores de la Isla Ember y hace años que quiero verlos, pero sólo actúan en la Nación del Fuego.
- Son grandiosos, definitivamente tienen que ir. Yo he visto "Amor entre dragones" como diez veces, siempre lloro al final. No sabía que era el último día que se presentaban, espero que aún haya boletos. Pero mañana tienen que cenar con nosotros, ¿lo harán?
- Sólo espero que aún estemos en la Ciudad – dijo Kiya.
- Seguramente así será. Acaban de llegar. Espero que puedan convencer a Alehk de que vaya con ustedes, Luei Yu me lo agradecería toda la vida y tal vez dejaría de molestarme con lo mucho que le debo porque me presentó a Iroh. Las espero mañana, entonces, y siéntanse libres de llevar invitados. Mamá siempre dice que mientras más, es mejor.
La joven volvió a abrazarlas antes de despedirse, y luego se alejó por donde había aparecidos.
- ¿Ella y Iroh? – preguntó Asami cuando se aseguró de que ya no podían escucharla - ¿en serio?
- La mayoría de las hijas de los nobles están convencidas de que son la futura Señora del Fuego, él tendrá que elegir a alguna eventualmente. Y las hijas del Ministro de Guerra siempre han sido de las favoritas. Yo me preocuparía más por Luei Yu, tiene la malicia que a Mei le falta…
- Es fácil olvidar que Iroh es un Príncipe… hasta que llegas a la Nación del Fuego.
- No olvides lo que te dije, Asami.
- ¿A qué te refieres?
- Es obvio que Iroh está tratando de impresionarte, pero su relación no tendría futuro.
- Kiya, apenas hace unos días era la novia de Mako, y hay mil razones por las que sería una mala idea relacionarme con Iroh…
- Me alegra que lo tengas claro.
- ¿Sabes algo? Estoy confundida, ¿por qué me dices todo esto?
- Porque eres mi amiga, y trato de protegerte. Sé el efecto que puede tener Iroh, pero aún cuando él de verdad quisiera tener algo serio contigo, no puede. Siempre ha dicho que su deber es primero con su Nación.
- Sigo sin entender.
- Mientras no te dejes impresionar por el apuesto Príncipe, no necesitas saberlo. ¿Aún quieres ir al teatro? Si a Mei Yu le gustó tanto la obra, creo que preferiría ver un encuentro de pro-control.
- A Bolin y a Mako va a encantarles saber que tenían razón.
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Alehk había olvidado por cuánto tiempo había observado a Iza practicar, era fácil perderse en la rara belleza de su fuego azul y en la mortal precisión de sus movimientos. Iza había pagado el precio, y se había convertido en un prodigio del fuego-control, como siempre había querido.
- Azula no pudo haberlo hecho mejor – dijo sorprendiendo a Iza, que por reflejo lanzó ráfaga de fuego azul en su dirección. Alehk apenas logró saltar para esquivarla.
- ¿Cuántas quemaduras te costará aprender la lección? – preguntó Iza molesta – no debes aparecerte así cuando alguien está practicando.
- Esa pudo haber sido la última vez, ¿cuándo te volviste tan buena?
- Siempre lo he sido.
- No así, parece que pasaron años desde la última vez que te vi practicar y son sólo unos meses. La diferencia es sorprendente.
- Dime que no viniste hasta aquí sólo para decirme eso.
- Vine porque quería agradecerte, Ursa me dijo que lograste que Amón liberara a mi madre.
- No tienes nada que agradecer, le debo mucho más que eso a Lin.
- No voy a incomodarte más con el tema…
- ¿Por qué no trataste de hacer algo, Alehk? Incluso Kiya se las arregló para verla.
- ¿Crees que habría podido hacer algo por ella? Mi deber es primero con el Avatar… y Aang me dijo que ella estaría bien.
- ¿Y confiaste en la palabra de una alucinación?
- No sabes lo que estás diciendo, Iza. Tendrías que haber perdido lo que yo para entender.
- Y no puedes perder lo que nunca tuviste, he escuchado eso antes.
- ¿Era eso lo que querías decirme?, ¿echarme en cara que abandoné a mi madre a su suerte?
- Todavía es muy fácil hacer que pierdas el control, pequeño Alehk – dijo Iza satisfecha - ¿por qué no piensas que fue Lin quien te abandonó a ti? Fue ella quien escogió proteger a Tenzin y a su familia, ¿no es cierto?
- ¿Cómo puedes decir eso? Ella hizo lo que tenía qué hacer…
- El deber es algo singular, ¿no te parece? Nos quita la libertad, pero calma nuestra conciencia. No importa si lo que hacemos es bueno o malo, si es nuestro deber, está bien.
- Pensé que yo era el de los rodeos, ¿por qué me estás diciendo todo esto?
- Honestamente, porque me sorprendió tu sentido del deber. Siempre pensé que tu convicción era más débil, pero dejar a un lado a Lin para proteger al Avatar… eso fue inesperado, pero aún tengo que saber, ¿hasta dónde serías capaz de llegar por proteger a Korra?
- Hasta donde sea necesario.
- Esas palabras son peligrosas, pequeño Alehk.
