Capítulo 11.

- No tiene ningún sentido – le dijo Iza a Alehk mientras observaban el mapa, muchos de estos puntos están en medio de ningún lado, y otros sólo señalan cosas sin importancia.

- Tiene el sello del Lotto Blanco, pensamos que sólo era una señal para traer a Korra a la Nación del Fuego.

- No muchas personas pueden hacer este tipo de mapa – explicó Iza – no se trata de una simple nota.

- ¿Qué estás haciendo? – preguntó Alehk alarmado cuando una llama se formó en la palma de la mano de Iza – ese mapa podría ser la única pista…

Iza acercó el mapa al fuego y una imagen completamente diferente se reveló.

- ¿Cómo sabías qué hacer?

- Los sabios del fuego usan mapas parecidos para ocultar información. ¿Cómo llegó esto a sus manos?

- Conocí a un hombre en Ciudad República que se ofreció a ayudarme a cambio de dinero. Pensé que era sólo un vagabundo. Un día desapareció y poco después envió este mapa junto con un puñado de… ¿qué pasa, Iza?, ¿ya sabes qué significa? – preguntó Alehk cuando vio el cambio de expresión de la Princesa.

- Necesito que hagas algo por mí.

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Korra sabía que algo no estaba bien, Alehk estaba demasiado pálido y parecía que cada vez le resultaba más difícil respirar. Todas las curanderas de la Aldea se habían acercado para tratar de ayudarlo, luego de un rato todas decían lo mismo: "no hay nada más que podamos hacer", y la desesperación y la angustia de la joven Avatar sólo crecían.

Ella había despertado hacía dos días, le habían dicho que había permanecido inconsciente tres, así que Alehk llevaba cinco días tratando de vencer a la muerte, y era evidente que se quedaba sin fuerzas con cada hora que pasaba.

Naga había decidido no separarse del chico, lo ocurrido había hecho que se formara un vínculo entre ellos, las lealtades del animal se habían dividido, y Korra ya no estaba segura de que la que sentía por ella era la más fuerte. Alehk le había salvado la vida a ambas, y Naga lo sabía.

- ¿Por qué lo hiciste, Korra? – preguntó el maestro Riku. Seguramente todos estaban igual de furiosos con ella, pero el viejo maestro-tierra era el primero en demostrarlo.

- No fue mi intención…

- Nunca es tu intención, pero aún así sigues poniéndonos a todos en peligros. Primero el maestro Daeku y ahora Alehk… - Korra tuvo que desviar la vista, lo que vio en los ojos de ese hombre fue más de lo que pudo soportar, había visto decepción, enojo… pero nunca odio.

- Ya fue suficiente – dijo Katara que entró en ese momento.

- Maestra Katara, ella es el Avatar, pero sigue siendo una jovencita insolente y…

- He dicho que fue suficiente – dijo Katara levantando la voz, e incluso el maestro Riku obedeció - No es el lugar ni el momento.

El maestro-tierra se retiró de inmediato, junto con las demás curanderas, dejando a Korra a solas con Katara. Hubiera preferido que le gritara a que guardara silencio como lo hizo, sólo se dio la vuelta y volvió a sentarse junto a la cama de Alehk.

- Lo siento mucho, maestra Katara – dijo Korra con un nudo en la garganta – yo no quería… lo siento mucho.

- No dejes que te afecte, no fue tu culpa.

- Pero si yo no me hubiera ido…

- Si hay un culpable, soy yo – dijo Katara acariciando la frente de Alehk – fui yo quien lo envió a que te buscara…

- ¿Porque es un maestro-aire? – Katara la observó sorprendida – no se lo diré a nadie – la anciana sonrió, pero no dijo nada - ¿Por qué no puede curarlo? Es la mejor curandera del mundo…

- No hay nada más que podamos hacer, sólo ser pacientes y esperar lo mejor.

Korra no podía resignarse a esas palabras. Ser paciente era para los cobardes, esperar era para quien no podía hacer nada más… si Alehk le había salvado la vida, lo menos que ella podía hacer era tratar de hacer lo mismo.

- ¿Qué estabas buscando? – le preguntó Katara, sacándola de sus pensamientos.

La respuesta tomó por sorpresa a Korra, aún si hubiera tenido tiempo para inventar una mentira creíble no lo habría hecho, no le habría mentido a ella.

- La puerta al mundo de los espíritus - respondió Korra avergonzada.

- ¿Alehk te habló de ella?

Korra no respondió, no quería compartir la culpa, ella era la única responsable de lo que había pasado. Alehk le había advertido de los peligros y aún así ella se había escabullido para perseguir un capricho.

- Hay una razón por la que se debe llegar allí a través de la meditación, Korra. – dijo Katara. A la joven Avatar le sorprendió que su maestra no estuviera más molesta, o que no la hubiera reprendido por ir tras una idea que, dicha en voz alta, parecía sacada de un cuento. – En tu camino hacia convertirte en Avatar, tratar de tomar atajos es peligroso.

- Entonces, ¿es cierto que existe?

- Dicen que está en el fin del mundo, y quienes la han encontrado nunca han vuelto… o se perdieron en su búsqueda, nadie lo sabe. Pero ninguno regresó.

- Korra… Korra… - la llamó una voz familiar.

La habitación y todo a su alrededor comenzó a desaparecer y supo que sólo se trataba de otro sueño. Cuando abrió los ojos estaba de vuelta en el jardín del Palacio.

- Mako, ¿qué estás haciendo aquí? – preguntó todavía confundida por lo que acababa de ver.

- Estábamos preocupados por ti, has estado así varias horas.

- ¿Varias horas? No es posible, hace apenas unos minutos que…

Korra levantó la vista, el sol estaba en lo más alto. Ella había comenzado su meditación apenas había amanecido.

- ¿Estás bien? – preguntó Mako preocupado.

- Lo siento – dijo Korra mientras trataba de ponerse de pie, pero sus músculos estaban adoloridos por haber estado tanto tiempo en la misma posición, tuvo que sujetarse de Mako para no caer – tengo que saberlo todo de una vez.

- ¿De qué estás hablando, Korra?

- Tengo que saber qué pasó, tengo que saberlo todo, ¿dónde está Alehk?

La pregunta molestó a Mako, pero trató de no darle importancia.

- Nadie lo ha visto desde ayer.

- ¿Alehk no está?

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Korra siguió a Kiya por el corredor hasta una habitación muy amplia. Era sin duda el salón más agradable en el que había estado Korra hasta entonces, aunque no era tan lujoso como el resto del palacio. Había cuadros en las paredes y el rojo y el negro eran reemplazados por colores más suaves, era el primer lugar en el que se sentía cómoda desde que había llegado a la Nación del Fuego.

- Iza estará aquí en un momento – dijo Kiya mientras se sentaba en uno de los sillones, y como siempre, comenzó a jugar con los brazaletes de metal que llevaba en las muñecas cambiándolos continuamente de forma.

- ¿Sabes dónde está Alehk? – Korra había querido hacer esa pregunta desde que Kiya apareció frente a ella pidiéndole que se reuniera con Iza – no lo he visto en todo el día.

- Asami me dijo que saldrían de la Ciudad – dijo la maestra-tierra formando pequeñas esferas con el metal – no sé a dónde fueron, pero estarán de vuelta hoy mismo.

- ¿Alehk y Asami salieron juntos? – preguntó Korra con una extraña sensación en el estómago.

- Lo dices como si hubieran salido en una cita o algo así – dijo Kiya bromeando – estoy segura que Alehk sólo quería asegurarse que Asami es capaz de manejar la nave que nos llevará a Ba Sing Se, pero puedes preguntarle tú misma.

- Alehk puede hacer lo que quiera – dijo Korra que se alejó con el pretexto de examinar los libros en el extremo opuesto de la habitación.

Durante su recorrido le llamó la atención uno de los cuadros, supo que se trataba de Azula porque parecía una versión más joven de Iza, pero tuvo que esforzarse en recordar la última vez que había visto una imagen de la hermana de Zuko. En realidad nunca había visto una. Conocía su nombre por las historias de Katara, pero incluso su maestra evitaba ahondar en detalles. Era como si todos hubieran querido borrar a la infame Princesa de la Nación del Fuego de la memoria de los más jóvenes, reducirla a una anécdota, a una nota al final de la página en los libros de historia.

- ¿No te parece que su historia es fascinante? – le preguntó Kiya mientras giraba dos esferas de metal entre sus manos, Korra se preguntó si la maestra-tierra podía además leer la mente.

- ¿A qué te refieres?

- Tenía 14 años cuando conquistó Ba Sing Se, hizo en una semana lo que nadie más pudo en 100 años, y lo hizo sin derramar una gota de sangre, tienes que reconocer que fue impresionante

A Korra no se le había ocurrido describir lo ocurrido en Ba Sing Se como impresionante, siempre que escuchaba la historia se referían a Azula como una maestra en el arte de la manipulación, alguien que había recurrido al engaño y la traición para lograr sus objetivos. Sus recursos resultaban tan ruines que no se podía pensar en utilizarlos… pero en realidad había sido impresionante.

- No justifico lo que hizo – siguió Kiya – sólo digo que era una gran estratega.

- No lo dudo, pero sus métodos…

- ¿Pensarías lo mismo si pudieras recuperar Ciudad República de la misma forma que ella conquistó Ba Sing Se?

Korra no tuvo tiempo de pensar en su respuesta, la puerta del salón se abrió y apareció Iza.

- Lamento haberte hecho esperar, Avatar Korra – dijo mientras saludaba con una inclinación – ya sabes que el Señor del Fuego dio la orden de preparar a los ejércitos y mi reunión con el Ministro de Guerra se extendió más de lo esperado.

- ¿De qué quieres hablar conmigo? – preguntó Korra cruzándose de brazos.

- Ursa me puso al tanto de la conversación que tuvo contigo, me dijo que le diste tu palabra de apoyarla en su intento por recuperar Ciudad República.

- Me pareció que era lo correcto. No podemos retrasar por más tiempo…

- No soy quien para cuestionar las decisiones del Avatar – interrumpió Iza – prefiero adaptarme a las nuevas circunstancias. Mi intención de evitar que los ejércitos se movilicen sigue intacta, pero soy una persona realista y tengo que comenzar a considerar la posibilidad de un enfrentamiento con los igualitarios.

- Aún tengo dos semanas, pero no creo que sea tiempo suficiente…

- Todo depende de lo que quieras lograr – dijo Kiya.

Korra hubiera querido que Alehk estuviera allí, se hubiera sentido menos intimidada. De haber sido más paranoica, habría pensado que Iza había planeado reunirse sólo con ella desde el principio, Kiya estaba obviamente del lado de la Princesa.

- Quiero evitar un enfrentamiento – respondió Korra.

- Ursa me dijo esta mañana que el Príncipe Kuei de Ba Sing Se vendrá a la Nación del Fuego en una semana para negociar la participación del Reino Tierra en la invasión a Ciudad República.

- Esa es una buena señal, ¿o no? Quiere decir que el Reino Tierra está de nuestro lado… - el repentino entusiasmo de Korra desapareció cuando vio la expresión en los rostros de Iza y Kiya.

- Yo no contaría con eso, la influencia del líder de los Dai Li sobre el Rey es casi absoluta, la opinión de Akuru es la única que importa – dijo Iza – él es quien tiene el verdadero poder en Ba Sing Se.

- Si eso es así, ¿por qué tu hermano estaría interesado en compartir el control con Amón? – preguntó Korra confundida.

- Akuru también es influenciable – dijo Kiya – hay alguien más detrás de sus decisiones y de las del Rey, pero si tienes suerte no tendrás que vértelas con él.

- ¿Y por qué creen que Akuru me escuchará? Y aún si lo hace, ¿cómo voy a convencerlo de que tiene que estar de mi lado?

- Akuru es ambicioso – dijo Kiya casi triste – pero no es tonto, Amón le ha estado mintiendo y cuando lo descubra no seguirá de su lado.

- ¿Cómo saben que Amón le ha estado mintiendo?

- No es difícil imaginarlo, seguramente le dijo lo mismo que le dijo los Ancianos de la Tribu Agua del Norte… lo mismo que me dijo a mí – dijo Iza.

- Y aún si le dijo la verdad, estoy segura de que tú puedes convencerlo de unirse a ti en contra de Amón… Akuru fue leal al Avatar alguna vez, no pudo haberlo olvidado – dijo Kiya.

- Kiya cree que podrías convencer a Akuru, pero lo cierto es que hace años que no sabemos nada de él. También existe la posibilidad de que sepa de los verdaderos planes de Amón para el Reino Tierra y aún así haya decidido apoyarlo, y entonces convencerlo no sería una opción, pero con suerte no tendrán que llegar a esos extremos.

- ¿De qué extremos hablas? – preguntó Korra comenzando a sentirse rebasada.

- Te prometo que te lo diré si llega el momento – dijo Kiya – por ahora es mejor pensar que podemos convencer a Akuru.

- Una vez que tengas a los Dai Li de tu lado, yo puedo ayudarte a conseguir el apoyo de la Tribu Agua del Norte – dijo Iza – he hecho avances al respecto, pero no tomarán una decisión hasta que hablen contigo.

- ¿Y después qué?, ¿Ciudad República va a convertirse en un campo de batalla? Debí detener a Amón hace mucho – dijo Korra – debí intentarlo cuando lo tuve frente a mí…

- Amón te habría matado, Avatar, y eso sólo habría condenado al mundo – dijo Kiya.

- Aún tenemos más de un as bajo la manga, Avatar – dijo Iza – los maestros-fuego del ejército de Amón son leales al señor del Fuego y la mayoría de los no-maestros dejarían de apoyarlo cuando descubran sus engaños… pero mientras conserve las armas, me temo que el enfrentamiento es inevitable.

- Pero no sería nada comparado con lo que podría ocurrir si conserva a sus aliados – dijo Kiya.

- Hay algo más que podemos hacer, Avatar, pero tendrías que confiar en mí - dijo Iza.

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Hacía media hora que Korra escuchaba sobre los encuentros de pro-control que Mako y Bolin habían visto esa tarde. Les habían gustado tanto el estilo de pelea de la Nación del Fuego, mucho más rápido y violento, que habían vuelto a la pequeña arena que habían descubierto el día anterior. La joven Avatar ya no recordaba cuándo el pro-control le había parecido siquiera importante.

- ¿Crees que nos quedaremos lo suficiente para ver el campeonato? – le preguntó Bolin luego de un rato.

- No lo creo, en pocos días debemos ir a Ba Sing Se – respondió Korra.

- ¿Hablas en serio? Siempre he querido conocer Ba Sing Se – dijo Bolin entusiasmado – ver la gran muralla ha sido mi sueño desde niño.

- Eso quiere decir que ya tienen un plan – dijo Mako.

- Aún no es un plan, ni siquiera he hablado con Alehk sobre lo que haremos a continuación…

- ¿Alguien ha visto a Alehk y a Asami? – preguntó Bolin – ¿no les parece sospechoso que hayan desaparecido juntos?

- Bo, casi estamos en medio de una guerra y Alehk es el Guardián de Korra, insinuar algo así es…

Korra se levantó de la mesa.

- ¿Estás bien? – preguntó Mako.

- Sólo estoy cansada, los últimos días comienzan a tener efecto en mí, y algo me dice que los siguientes no serán más fáciles. Es mejor si todos tratamos de descansar.

- Korra…

- No ha sido un día fácil, Mako – dijo Korra, pidiendo sin palabras que la dejaran ir sin más preguntas.

Los hermanos no dijeron nada más, y ella salió del salón. Mientras se dirigía a su habitación pudo ver un par de guardias que caminaban tras ella, no era la primera vez que veía sus rostros ese día. Alehk había tomado sus precauciones después de todo… de todas las cosas que Korra tenía en la cabeza, la menos agradable en ese momento, era la ausencia de su Guardián.

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Korra estaba cansada, pero no quería dormir, tenía miedo de soñar. Respiró profundo antes de cerrar los ojos, sabía que el sueño la atraparía de inmediato, era como si los espíritus trataran de devolverle sus recuerdos y cualquier momento a merced de su inconsciencia era llenado con imágenes de lo ocurrido en el Polo Sur. No se equivocó, casi de inmediato la joven Korra estuvo caminando sobre la nieve helada.

La determinación con la que cruzó la Aldea era abrumadora, sentía que no tenía opción, tenía que encontrar una forma de salvar a Alehk a cualquier precio. Salir de la fortaleza a mitad de la noche había sido muy sencillo, las atenciones de todos estaban sobre Alehk, y luego de lo que había pasado nadie esperaba que Korra volviera a hacer lo mismo, el sentimiento de culpa casi la hizo desistir.

No tuvo que caminar mucho para encontrar el lugar del que Alehk le había hablado, el lugar donde Aang meditaba cada vez que visitaba el Polo Sur. La vieja torre abandonada junto al puerto era la construcción más alta de toda la Aldea, había sido utilizada por los centinelas durante la guerra, luego todos se olvidaron de ella. Alehk le había dicho más de una vez que era el mejor lugar si quería establecer una conexión con el Avatar anterior. Subió a la torre sin dificultad. El interior no era lo que esperaba, era sólo una habitación fría, oscura y vacía.

- Supongo que es todo lo que necesito – dijo sentándose y cruzando las piernas para meditar. Unió sus manos, cerró los ojos y respiró profundo. Era tan difícil como cada vez… de pronto sintió como si su espíritu fuera separado de su cuerpo.

Ahogó un grito cuando, desde arriba, vio su cuerpo sentando en la oscuridad.

- Hace mucho que te esperaba – le dijo una voz familiar.

Al principio pensó que se trataba de Tenzin, era muy parecido y su ropa era idéntica, pero luego de unos segundos supo de quién se trataba.

- Aang, por fin lo conseguí – dijo la joven Avatar entusiasmada.

- Tus motivos por fin fueron los correctos.

- Tengo tantas cosas que…

- A Alehk no le queda mucho tiempo – le dijo Aang tomándola del hombro.

La sensación fue extraña para Korra, era como si la esencia de Aang tocara la suya propia, era diferente a todo lo que conocía… por fin estaba en el mundo de los espíritus.

- ¿Sabes lo que pasó?

- Sé por qué estás aquí, tenemos que darnos prisa.

- ¿Tú puedes decirme lo que tengo que hacer para salvarlo? – preguntó la joven esperanzada.

- Lo siento, Korra, yo tampoco lo sé.

- Pero yo pensé que… - Korra estaba decepcionada, en su mente Aang tendría todas las respuestas, le diría qué hacer…

- Pero en el mundo de los espíritus puedes encontrar cualquier respuesta… si estás dispuesta a pagar el precio – le dijo el antiguo maestro-aire.

- Estoy dispuesta, haré cualquier cosa.

- Pensé que dirías eso, y sé que no puede convencerte de lo contrario. Es mejor que nos vayamos de una vez.

Aang comenzó a caminar y Korra lo siguió, en algún momento llegaron al borde de un acantilado, donde un bisonte volador esperaba por ellos. La sensación mientras volaban era extraña, no sentía el viento sobre su rostro y aunque parecía que se movían porque el paisaje debajo de ellos cambiaba, ella sentía que no se desplazaban.

- Aang, ¿dónde estamos? – preguntó Korra cuando el bisonte descendió.

- Cerca de donde habita el espíritu que puede darte una respuesta.

Cuando ambos bajaron del bisonte, el animal se elevó y desapareció. A Korra le preocupó un segundo cómo iban a volver sin él, antes de recordar que seguramente ese el menor de sus problemas. Aang comenzó a caminar, adentrándose en lo que parecía un bosque.

- ¿Qué espíritu me dirá lo que quiero saber? – preguntó Korra que caminaba detrás de Aang, lo que pasaba a su alrededor era demasiado para que la joven pudiera asimilarlo, y decidió concentrarse sólo en lo que la había llevado allí.

- Hay uno que sabe todas las cosas, un espíritu muy antiguo… pero demasiado peligroso.

- ¿Koh? – Korra deseo con todas sus fuerzas no tenerse que encontrar con él.

- Faltan muchos años para que seas capaz de dominarte lo suficiente para enfrentarte a él – le dijo Aang – Koh es peligroso, pero te diría lo que necesitas sólo porque te atreviste a buscarlo. Sihe, el espíritu al que buscamos, te dirá lo que sea, pero te pedirá algo a cambio.

- Soy un espíritu, no tengo siquiera poderes en este mundo, ¿qué podría darle?

- Lo llaman el ladrón de recuerdos, pero puede pedirte cualquier cosa: una emoción, un secreto… un recuerdo. Una vez que aceptes, no volverás a sentir esa emoción, no podrás ocultar ese secreto y nunca recordarás lo que le diste, ¿aún quieres seguir con esto?

- Eso no suena tan mal, Koh parece más peligroso.

Aang se detuvo frente a un puente, debajo de éste pasaba un pequeño río, pero no era agua lo que fluía en él sino imágenes, muchas imágenes de incontables personas que se superponían y hacían imposible distinguir una de otra.

- ¿No irás conmigo? – preguntó Korra, sintiendo miedo por primera vez, porque sabía la respuesta de Aang.

- No puedo ir hasta allá.

Korra cruzó de prisa, luego del puente el bosque se hacía más oscuro, cada árbol en ese lugar era distinto y único. Korra no sabía si era su imaginación, el miedo que tenía o ambas cosas, pero parecía que los árboles susurraban. Volteó esperando ver a Aang, había olvidado preguntarle hacia dónde debía ir después, pero no encontró a nadie, detrás del puente no había nada. Su primer impulso fue volver, luego trató de recordar la convicción que había sentido minutos atrás y comenzó a caminar internándose en el bosque.

"Ya estás cerca", le decían voces en su cabeza, era confuso como se sentía todo en ese lugar. Siguió caminando, aunque tuvo la sensación de permanecer en el mismo lugar, no importaba cuánto moviera sus pies, el paisaje no cambiaba, estaba rodeada por los mismos árboles.

- Avatar Korra – le dijo una voz en su cabeza. Volteo para encontrar a quien la llamaba, pero nuevamente nada cambió, no importaba lo que hiciera estaba atrapada en la misma posición en el tiempo y el espacio. Hasta que por fin una forma se materializó frente a ella. Korra nunca había visto un espíritu, pero había oído hablar de ellos, la mayoría tenían forma de animales, el que tenía enfrente sólo era la sombra de algo – conocer mi identidad también tiene un precio, y aún no puedes pagarlo – dijo el espíritu.

- ¿Eres el espíritu que…?

- Sabía que vendrías, y también sé lo que quieres saber. Lo único que necesito escuchar es si estás dispuesta a pagar el precio.

- ¿Qué… qué quieres a cambio?

- Pocas personas tienen tantas cosas que quiero – dijo la sombra que tomó una forma muy parecida a ella - Tu obstinación es tentadora, y tu oscuro secreto es casi irresistible, pero prefiero el recuerdo de un amor olvidado y un destino no cumplido.

- ¿Quieres un recuerdo?, ¿qué… cuál recuerdo? – preguntó Korra distraída por la forma en la que el espíritu imitaba sus movimientos.

- Tus recuerdos con el muchacho que quieres salvar.

Korra casi se sintió aliviada. No era algo que no pudiera dar, si Alehk vivía iban a poder hacer nuevos recuerdos. Habían pasado muchas cosas juntos, pero no le molestaría que el muchacho olvidara varias cosas que ella le había dicho…

- Si te doy mis recuerdos de Alehk, me dirás lo que necesito saber – dijo más tranquila – pero, ¿no olvidaría entonces que lo quiero salvar?

- No soy un ladrón, joven Avatar. Tus recuerdos serán míos hasta que obtengas lo que necesitas.

- ¿Lo olvidaré todo?

- Sólo lo olvidarás a él.

- ¿Por qué quieres algo así?

- ¿Me darías los recuerdos de tus padres a cambio de la respuesta a tu nueva pregunta, Avatar?, ¿o tal vez preferirías no volver a sentir miedo?

- ¿Puedes hacer que no vuelva a sentir miedo? – preguntó Korra interesada.

- Puedo hacer mucho más, puedo hacer que nunca vuelvas a sentir el dolor que sentiste cuando murió tu abuelo, ¿recuerdas que querías olvidar a cualquier precio?

Las posibilidades de una vida sin miedo y sin dolor aparecieron frente a Korra, y cuando comenzó a considerarlas con algo más que curiosidad, la imagen de un muchacho que necesitaba su ayuda apareció, y recordó sus prioridades.

- Sólo dime cómo salvarlo y mis recuerdos son tuyos.

- Es una pena que también olvidarás que nos conocimos – dijo el espíritu – o podrías volver, pocas personas tienen tantas cosas que me interese poseer como tú, joven Avatar.

Korra abrió los ojos despacio, tenía miedo de encontrarse en otro lugar. Tenía miedo de seguir en ese mundo. Pudo ver por la ventana que el sol ya se había ocultado. Había visto tantas cosas ese día, que incluso le dolía la cabeza.

Alguna vez había sido capaz de ir al mundo de los espíritus… incluso había hecho un trato con uno. El nombre de Alehk la devolvió por completo a la realidad. Tenía que verlo, tenía que decirle lo que había recordado.

- ¿Por qué puedo recordarlo? – se preguntó en voz alta – Aang me dijo que una vez que hiciera el trato con Sihe no volvería a recordar… ¿por qué creo que esa respuesta sólo voy a encontrarla donde no puedo ir?

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- ¿Vas a volver a salir por los túneles? – preguntó Kiya.

- ¿Crees que debería pedirle permiso a Ursa? – preguntó Iza malhumorada.

- Deberías tener cuidado, Iza. Tus acciones podrían ser malinterpretadas.

- Kiya, ¿en serio crees que alguien confía realmente en mí en este lugar?, ¿crees que los guardias me siguen a todas partes para protegerme y no para espiar mis movimientos? Escucho lo que dicen a mis espaldas, todos esperan que traicione a Ursa en cualquier momento… cuando entro al Salón del Trono los guardias apenas se separan de la puerta… a los ojos de todos es cuestión de tiempo para que me convierta en una traidora.

- ¿Y vas a hacerlo?

- ¿Crees que no podría?

- Creo que si lo decidieras ahora, antes del desayuno serías Señor del Fuego, pero no eres una traidora.

- ¿Estás segura? Soy la nieta de Azula antes que cualquier otra cosa, no lo olvides.

- Yo soy la hija de mi padre…

- Tú escogiste cambiar tu destino, Kiya, yo escogí seguir el mío, he trabajado toda mi vida para lograr cumplirlo.

- Te quedarías sola, Iza.

- Dime algo Kiya, ¿cómo han sido todos estos años viviendo en Gaoling para ti?

- ¿Qué quieres decir?

- No has sido una hija, Alehk es el hijo; tú has sido la protegida de Toph, su mejor alumna, luego la protegida de Lin… te convertiste en la mejor maestra-tierra después de tu maestra y a ellos sólo les importó que Alehk pudiera hacer pequeños soplos…

- ¿Por qué me dices esto? – preguntó Kiya con un nudo en la garganta.

- Porque después de que murió Azula fue lo mismo para mí… a nadie le importa lo que logre o lo que haga, me mantienen cerca para asegurarse que no ponga en peligro el título de Iroh, no porque realmente les interese mi opinión o lo que puedo hacer por la Nación… ya estamos solas, Kiya. Lo que hagamos no es realmente importante para nadie, sólo para nosotras.

- Eso no es verdad…

- Tú ni siquiera tienes idea de qué vas a hacer con tu vida cuando esto termine. Tal vez vas a seguir viajando por el mundo y vas a convertirte en la mejor maestra-tierra del mundo, tal vez llegues a ser mejor que Toph, pero ni siquiera recordarán tu nombre, siempre serás sólo la alumna. Y yo voy a ser la concejera de Ursa y luego la concejera de Iroh, pero siempre seré sólo la nieta de Azula, nunca van a confiar realmente en mí.

- Voy a ayudarte en tu plan contra Amón, pero luego de eso no voy a seguirte, Iza. No puedo traicionar a Toph apoyándote en algo que ella desaprobaría…

- Si prefieres seguir siendo una sombra, es tu decisión. Pero ellos ya olvidaron que dejaste a tu familia, tu título, tu posición… habrías podido llegar a ser…

- ¿A qué precio?, ¿sabes lo que seguir los pasos de nuestro padre le hizo a Akuru? Lo convirtió en un traidor, y eso es lo que seguir los pasos de Azula te haría a ti.

- No sabes de lo que estás hablando.

- ¿No era eso lo que ella quería?, ¿que tomaras el trono en su nombre?

- Kiya – dijo Iza tratando de mantener la calma – eres la única amiga que tengo, y si continuamos esta conversación no me quedará ninguna.

- Deberías tener cuidado – dijo Kiya dándose la vuelta para marcharse – los túneles están casi en ruinas y podría ser peligroso.

- Puedo arreglármelas.

- Tu fuego-control no siempre será suficiente. No importa lo que creas, no puedes hacerlo todo – dijo Kiya antes de marcharse.

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Korra respiró profundo antes de llamar a la puerta, llamó una, dos y tres veces sin obtener respuesta, antes de abrirla ella misma. La habitación estaba a oscuras y no parecía haber nadie.

- No está aquí – dijo Korra preocupada.

Iba a marcharse cuando la luz se encendió.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Alehk que llegaba.

- ¿Qué parece que hago? Vine a buscarte, ¿dónde estuviste? Estaba preocupada – dijo Korra olvidando de momento los motivos que la habían llevado allí.

- Te dejé una nota, te dije que… no importa – dijo Alehk visiblemente cansado - Es tarde, deberías ir a dormir.

- Tengo que hablar contigo.

- ¿Pasa algo?

- Ya lo recordé – dijo Korra repentinamente incómoda – lo que pasó en el Polo Sur… ya lo recordé, por lo menos la mayoría…

- ¿Hablas en serio? – preguntó Alehk olvidando el cansancio y todo lo que había pasado ese día - ¿qué fue lo que recordaste?

- Te recordé a ti, lo que pasó con la serpiente de hielo y que casi moriste después… y recordé por qué te olvidé… pero faltan muchas cosas y esperaba que tú pudieras…

El sonido de pasos acercándose de prisa los distrajo. Era como si una multitud se acercara por los pasillos.

- Quédate aquí – le ordenó Alehk antes de salir de la habitación.

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Iza no lo admitió, pero sintió miedo. Amón estaba frente a la chimenea, del otro lado de la habitación estaba Tarrlok, que jugaba hablaba con tres sujetos. Ninguno de ellos llevaba guantes o barras de electricidad, seguramente todos eran maestros.

- La Princesa acaba de llegar – le anunció a Amón uno de sus hombres.

Amón se levantó de inmediato para recibirla, los ojos azules, que eran lo único que no cubría la máscara le provocaron escalofríos.

- Es un placer recibirla, Princesa – dijo Amón – desafortunadamente este lugar es todo lo que podemos ofrecerle – el sarcasmo en su voz era evidente.

- Pensé que controlar una Ciudad sería más demandante, obviamente estaba equivocada si a estas alturas puedes permitirte un viaje hasta la Nación del Fuego – dijo Iza descubriéndose la cabeza.

- Hablar contigo siempre es un placer, Princesa. Creo que solicité una conversación privada – dijo refiriéndose a Zein que acompañaba a Iza.

El sonido de la espada de Zein moviéndose en su funda casi hizo enfurecer a la Princesa.

- Espera afuera – le pidió a Zein.

- Princesa…

- ¿Estás desobedeciendo una orden, Capitán? – preguntó Iza furiosa.

Iza esperaba que Zein se retractara de inmediato, pero el joven sostuvo la mirada y su intención de quedarse.

- Responderás después por tu insolencia. Ahora sal antes de que pierda la paciencia.

- Como ordene, Princesa – dijo el Capitán antes de salir.

- Espero que no me hayas hecho venir hasta aquí sólo para saludar – dijo Iza.

- Hubiera sido tentador, pero nos conocemos mejor que eso. En realidad fueron las noticias sobre nuestra querida Avatar las que me trajeron hasta aquí.

- Así que recibiste mi telegrama y ya sabes que Korra está en el palacio. Seguramente entiendes que no puedo intentar nada mientras permanezca allí, irónicamente es el sitio más seguro que pudo encontrar.

- Si creyera que ese es un obstáculo para ti, Princesa…

- Incluso yo tengo limitaciones, Amón. Korra es muy fuerte, y los maestros que la acompañan…

- Fuiste tú quien me dijo que las peleas justas eran una pérdida de tiempo, y los rayos nunca son más letales que cuando se reciben por la espalda, así que no creo en tus limitaciones, Princesa.

- Tu desconfianza es algo con lo que tendré que aprender a vivir – dijo Iza tratando de mantener la compostura – deshacerte del Avatar puede ser lo más importante para ti, pero conservar mi imagen frente a todos en el Palacio es lo más importante para mí en este momento y no voy a arriesgar mi posición por intentar algo imprudente.

- Entonces, tal vez sea yo quien deba intentarlo.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó Iza alarmada – no hay forma en que permita que entres al Palacio, ni siquiera deberías estar aquí.

- Una de las ventajas de un pacto como el nuestro, es que yo aún puedo tomar mis propias decisiones, y tú tienes que conservar tu imagen.

Los ojos de Iza se abrieron por la sorpresa, de repente las acciones de Amón tuvieron sentido y ya no había nada que pudiera hacer.

- Eres un… por eso me hiciste venir – dijo Iza consciente de que había caído en la trampa de Amón – querías que saliera del palacio…

- Ya es hora de acelerar las cosas, yo no puedo perseguir al Avatar para siempre y tu fachada ya no será necesaria cuando haya quitado a Korra del camino.

Iza estaba furiosa, casi podía sentir el fuego formándose en sus manos. Cuando sintió que las cosas no podían ir peor, y que su posición no podía ser más vulnerable la puerta se abrió y Kiya apareció, la había seguido hasta allí.

Aprovechó la sorpresa y en un despliegue de habilidad y rapidez logró inmovilizarlos con grilletes de piedra y luego trató de sujetarlos a la pared. Iza hubiera querido decirle que eso no iba a detener a Amón, que no necesitó mover un solo músculo para suspender a la maestra tierra en el aire. El efecto del control de Kiya desapareció de inmediato liberándolos a todos.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Iza tratando de disimular lo mejor posible el pánico que sentía.

- Pensé que podías necesitar ayuda – dijo Kiya antes de emitir un grito de dolor.

- No tenía idea que conocías a esta talentosa maestra-tierra – dijo Amón acercándose.

- Por supuesto que la conozco, es una de las maestras que viaja con el Avatar.

- No cabe duda que sabes cómo ganarte a las personas, estuvo dispuesta a arriesgarse por ti, eso es casi conmovedor.

- Iza… no hagas esto – pidió Kiya.

- Ahora que sabe que estás implicada, dejarla libre no es una opción, pero no me queda claro qué hacer con ella – dijo Amón. Iza pudo ver en sus ojos que disfrutaba con el sufrimiento de Kiya.

- Lo mejor en estos casos es deshacerse de los problemas – dijo Tarrlok que hasta entonces sólo había observado.

- Deberías pensarlo con cuidado – dijo Iza intentado parecer indiferente – es la protegida de Zuko y muy cercana a Iroh y Ursa, su desaparición podría ser difícil de cubrir y siempre podría serte útil después.

- Me gusta tu forma de pensar, Princesa – dijo Amón – nunca se sabe cuándo podemos necesitar algo con qué negociar. Electrocútenla y llévensela de aquí – ordenó Amón.

El pánico se reflejó en el rostro de Iza que de inmediato volteó a ver a Iza.

- No es nada personal – dijo Iza, y antes de que los igualitarios se acercaran con los guantes, de sus dedos salió un rayo sólo con la suficiente energía para dejar inconsciente a la maestra-tierra.

- Eres una enemiga terrible, pero sospecho que eres una amiga aún peor – dijo Amón provocando que Iza se sintiera culpable.

- Ya podrás comprobarlo tú mismo.

Iza observó con un nudo en el estómago mientras Tarrlok y otro sujeto se llevaban a Kiya.

- Ahora Princesa, ¿quieres decirme cómo vas a evitar que las tropas de la Nación del Fuego ataquen Ciudad República?