Capítulo 11 – Cont.
Alehk pasó entre la multitud de guardias que se aglomeraban frente a la habitación de Korra.
- ¿Qué pasó aquí? – les preguntó mientras observaba el cuarto completamente destruido.
- Al parecer el Avatar sufrió un ataque – dijo uno de los hombres.
- ¿Dónde están los maestros-fuego imperiales que debían cuidar de ella? – preguntó Alehk.
- Los encontraron inconscientes en el pasillo, los atacantes entraron por la puerta y la ventana, el Avatar debió estar dormida… – dijo el hombre nervioso.
- ¿Dónde está Naga?
- Alehk – lo llamó Asami pasando entre los guardias – se llevaron a Korra, Naga logró atrapar a uno de los atacantes, pero no hay señal de Korra.
- ¿Dónde está ese hombre? Quiero hablar con él de inmediato…
- Lo llevaron a la prisión del palacio.
- ¿Quién dio la orden?
- Fui yo – dijo el hombre nervioso de antes – soy el Capitán de…
- ¿Dónde está Zein?
- El Capitán Zein está al servicio de la Princesa Iza, lo que pasó con el Avatar es asunto de la Guardia Imperial…
- Entonces, Capitán, asegúrate de que los intentos de escapar de ese sujeto fracasen, o serás tú quien cumpla su condena en su lugar, ¿está claro?
- Pero, maestro Alehk…
- ¿Sabes cuál es la condena por alta traición? – lo amenazó el maestro aire visiblemente molesto, y el sujeto se retiró de inmediato - ¿Dónde está Zein? – volvió a preguntar.
- El Capitán no está – respondió otro de los guardias.
- Chain, estás a cargo hasta que Zein esté de vuelta, envía a alguien a que le informe sobre lo sucedido a Iza.
- Con todo respeto, maestro Alehk – dijo Chain – creo que lo adecuado es buscar indicios en este lugar para encontrar al Avatar.
- Chain tiene razón – dijo Asami – no podemos perder el…
- ¿Por qué tienen que encontrarme? – preguntó Korra que apareció.
- Por suerte la habilidad de Korra para burlar a sus guardias sigue intacta – dijo Alehk - pero tenemos que aclarar lo que pasó antes de que se repita.
El guardia asintió y salió de la habitación.
- Korra, me alegro que estés bien – dijo Asami.
- ¿Qué pasó en este lugar? – preguntó Korra.
- El palacio dejó de ser seguro para ti – respondió Alehk – lo mejor es que nos vayamos de aquí cuanto antes.
- ¿No te parece que los atacantes fueron descuidados? – preguntó Asami – aún con la sorpresa Korra habría podido con ellos, eso sin contar a Naga.
- Inmovilizaron a tres de los mejores maestros-fuego imperiales sin problemas, y esperaban poder someter a Korra, seguramente tenían a un maestro-sangre con ellos, o tal vez a más de uno.
- Si los maestros-sangre eran su as bajo la manga – dijo Korra – perdieron su oportunidad, a menos que sean hijos de Yakon, tendrán que esperar a que haya luna llena de nuevo.
- Eso explicaría el ataque – dijo Asami - no tuvieron suficiente tiempo para planearlo porque hace apenas dos días que estamos aquí, y debía ser precisamente hoy. Lo que no me queda claro es ¿cómo entraron al Palacio y lograron llegar hasta aquí?
- Iza me advirtió que ella no era la única persona cercana a Ursa aliada de Amón, y obviamente ya no podemos confiar en los guardias, no en todos.
OOO-OOO-OOO-OOO
El miedo de Zein se convirtió en algo distinto mientras se acercaban al palacio. Había algo diferente en la actitud de la Princesa, era casi como si estuviera consternada. El Capitán se limitó a seguirla, no tuvo el valor de decir nada. No volvieron por lo túneles como acostumbraban, sino por la entrada principal, al principio los guardias le impidieron el paso, pero se retiraron haciendo una reverencia cuando la reconocieron.
Apenas cruzaron la explanada que conducía a las residencias, Chain apareció de algún lado, aunque parecía exaltado y ansioso, Iza no parecía sorprendida por su actitud.
- Princesa, algo pasó durante su ausencia – dijo el guardia.
- Ahora no – fue la respuesta de Iza.
- Pero Alteza, hubo un atentado…
- Creo que fui clara, Chain. Ahora no tengo tiempo para ocuparme de tonterías, ¿dónde está el Avatar?
Aunque Iza apenas levantó la voz la impresión que causó en Chain fue suficiente para que no insistiera.
- En una de las habitaciones del ala norte, tuvimos que…
- Puedes retirarte.
- Como ordene, Princesa.
Zein iba a retirarse también, pudo ver el movimiento de los guardias en el palacio, no le fue difícil adivinar que algo serio había pasado.
- Dame una buena razón para no enviarte al Reino Tierra de por vida – le dijo la princesa furiosa.
Zein se sobresaltó, pudo ver las chispas que precedían a los rayos formándose en el puño de Iza, que parecía exaltada. A diferencia de lo que todos creían, ella rara vez perdía el control o se mostraba un poco más que indiferente.
- No quise faltarle al respeto, Princesa, sólo pensé que podía necesitar mi ayuda…
- ¡Debiste detenerla! – gritó arrojando uno de sus rayos que desapareció en el cielo.
El Capitán conocía demasiado bien a la Princesa para saber que el haber sido inmovilizado por Kiya antes de notar su presencia no era una excusa válida.
- Si ese monstruo le quita sus poderes, el exilio será tu castigo – dijo Iza tratando de recuperar la calma - pero si no sale con vida, entonces no habrá lugar donde puedas esconderte para que mis rayos no te alcancen, Capitán.
El corazón de Zein tardó varios minutos en recuperar su ritmo normal.
OOO-OOO-OOO-OOO
Alehk estaba sentado en el suelo junto a la puerta de la nueva habitación de Korra, la que le habían asignado apenas a dos puertas de la de Ursa, ese lado del Palacio se había convertido en el lugar más seguro de la Nación a petición del Señor del Fuego. Naga, que estaba dormida a su lado, se despertó con el sonido de un trueno, y trató de recuperar su actitud vigilante.
- Parece que tuviste un día agitado – dijo Korra mientras observaba a Alehk desde el otro lado de la habitación.
- Fue un día difícil – suspiró Alehk mientras acariciaba a Naga.
- ¿Qué decía la nota que me dejaste?
- Nada importante, sólo que volvería antes de que anocheciera y que no hicieras nada demasiado imprudente.
- Fui una protegida modelo durante todo el día, debiste verme. Incluso logré meditar.
- Veo que te las arreglas bastante bien sin mí, no se lo digas a los ancianos de la Orden o puedo perder mi trabajo.
- ¿Sabes que ya he ido al mundo de los espíritus? Hablé con Aang una vez.
- ¿Fue allí donde estuviste?
- ¿A qué te refieres?
- El día que… el día que te olvidaste de mí, desapareciste toda la noche y toda la mañana del día siguiente, volviste casi al anochecer con… Pensé que ya lo habías recordado todo.
- Lo último que recuerdo fue haber hecho un trato con un espíritu…
- Con Sihe, el ladrón de recuerdos.
- ¿Cómo lo supiste?, ¿te lo dijo Aang?
- Cuando no pudiste recordarme hice algunas averiguaciones, pero fue Aang quien me dijo que te había llevado con él.
- Aún no recuerdo lo que pasó después.
- Tal vez yo debería ir con Sihe, porque quisiera olvidarlo – dijo Alehk cerrando los ojos.
- ¿Qué pasó luego de eso, Alehk?
- Deberías tratar de dormir, tal vez lo recuerdes tú misma.
- Estás decidido a no decirme nada, ¿no es cierto? Aún cuando me diste tu palabra de que lo harías.
- Yo quiero olvidarlo, aún más de lo que tú quieres recordarlo, Korra. No fueron días fáciles para mí, ¿cómo te sentirías si después de todo lo que hemos pasado yo me olvidara de ti?
Korra no pudo evitar sentirse herida por las palabras de Alehk, acababa de recordar lo importante que el maestro-aire había sido en su vida, y él sólo hablaba de olvidar… antes de que pudiera decir algo llamaron a la puerta. Alehk se puso de pie de inmediato y tomó una de sus espadas.
- Un atacante no llamaría a la puerta – le dijo Korra antes de abrir.
- Avatar Korra, tengo que hablar contigo – dijo Iza que estaba visiblemente alterada.
OOO-OOO-OOO-OOO
Cuando Kiya despertó estaba encadenada y dentro de una celda, completamente a oscuras. Pasaron varios minutos antes de que pudiera recordar todo lo que había pasado. De inmediato sintió pánico al pensar que Amón podía haberle quitado ya sus poderes, nada a su alrededor respondía a su control, pero se tranquilizó cuando los brazaletes de sus muñecas comenzaron a vibrar.
La pequeña prisión debía estar hecha para maestros-metal, no sólo los barrotes eran de platino, había un revestimiento de ese metal en toda la pequeña celda, no había forma en que Kiya pudiera controlar la tierra debajo. La oscuridad era algo a lo que estaba acostumbrada, Toph la había hecho pasar seis meses sin ver la luz mientras la enseñaba a usar su sentido sísmico, pero sin poder sentir la tierra bajo sus pies estaba tan ciega como cualquiera. Se sentó, y con la escasa movilidad que le permitían los grilletes en sus manos abrazó sus rodillas y comenzó a analizar su situación.
El sonido de pasos acercándose hizo que su corazón se acelerara, no era capaz de defenderse de Amón, y aunque perder su control no era lo peor que podría pasarle, era lo único que le preocupaba.
Escuchó el sonido de una puerta abriéndose y la luz que se filtró reveló la sombra de dos hombres.
- Por fin despertaste – le dijo Tarrlok que estaba de pie del otro lado de los barrotes – esto comenzaba a ser aburrido.
Kiya ni siquiera levantó la vista.
- Lo que te pasó fue lamentable – continuó Tarrlok – confiaste en quien no debías, apuesto a que quieres verla hundirse tanto como yo.
Ciertamente Kiya estaba furiosa con Iza, y no le hubiera molestado arrojarle algunas piedras, pero con un poco de perspectiva era fácil ver que había sido su culpa. Iza había hecho lo que tenía que hacer, siempre lo hacía, no importaba lo doloroso que fuera, y en el fondo sabía que para la Princesa tampoco había sido fácil dejarla en manos de Amón.
- Todavía puedes hacerla pagar y conservar tu control, sería una lástima que una maestra tan talentosa como tú perdiera sus poderes.
- Nunca me has visto hacer tierra-control, ¿cómo sabes que soy talentosa? – preguntó Kiya.
- Amón ordenó que te pusiéramos específicamente en esta celda, tienes que serlo para que se tome tantas molestias.
- Así que mis grilletes son un cumplido, agradécele cuando lo veas, dile que no debió molestarse.
A Tarrlok le enfureció no tener la reacción que esperaba. La joven ni siquiera tenía miedo, o lo ocultaba demasiado bien.
- Escucha niña, puedes quedarte aquí encerrada y perder tu control a manos de Amón en el mejor de los casos, o puedes decirnos lo que necesitamos, hacer que esa maldita Princesa pague por lo que te hizo y salir sana y salva. La decisión es tuya.
- ¿Qué quieres saber? – preguntó Kiya levantando por fin la cabeza.
Tarrlok no pudo evitar sonreír.
- ¿Qué está planeando Iza?
- Eso tú lo sabes mejor que yo. Estoy en este lugar porque no me dijo algo tan obvio como que era aliada de Amón, ¿por qué crees que me diría sobre sus planes?
- No soy estúpido. Aunque trató de ocultarlo, el pánico en sus ojos cuando apareciste fue evidente. No se hubiera preocupado si te considerara sólo uno más de los peones en su tablero. Se aseguró de que Amón aceptara conservarte con vida, cuando lo más conveniente para ella era que desaparecieras para que no revelaras sus nexos con nosotros. Si le preocupó más tu vida que conservar su fachada, es porque siente alguna clase de afecto por ti, y eso quiere decir que confía en ti.
- Si lo que dices es cierto, ¿por qué estoy aquí? Sólo tienes que extender tu mano para hacer que mi corazón se detenga.
- Trato de decirte que tu lealtad hacia ella ya no puede ayudarte, Iza ya te considera una baja, no va a mover un dedo para ayudarte. La única persona que puede salvarte eres tú, y la única forma de hacerlo es decirnos lo que queremos saber.
- Entonces estoy perdida, porque no sé nada.
- Sólo recuerda que nuestra paciencia se está agotando – dijo dándose la vuelta para marcharse - Mantenla vigilada – le ordenó al hombre que iba con él – y electrocuta la celda cuando quieras tomar un descanso. No podemos correr riesgos con ella.
OOO-OOO-
OOO-OOO
- ¿Por qué nos dijiste lo que pasó si nos iba a pedir que no hiciéramos nada? – preguntó Korra cuando Iza terminó de decirles lo que había pasado.
- No estaba pensando con claridad – dijo Iza frotando sus sienes – pensé que por lo menos debían saberlo.
- No podemos dejarla en manos de Amón, no sólo podría quitarle su control, ya vimos de lo que es capaz. La vida de Kiya está en peligro – dijo Korra.
- Su vida por ahora no está en riesgo, pude convencer a Amón de que puede usarla después… por ser la protegida de Zuko.
- Aún así deberíamos de tratar de encontrarla – insistió Korra – Amón no tiene que relacionarte con su búsqueda…
- Eso es lo de menos, estoy segura de que él ya no confía en mí en absoluto – dijo Iza – está tratando de usarme por última vez antes de deshacerse de mí. Venir hasta aquí sólo confirma que está manipulando a alguien más, cercano a Ursa.
- Entonces ya qué importa, ayúdanos a encontrarla – pidió Korra.
- Kiya es sólo el señuelo esta vez, debo ser la persona más ruin del mundo por sugerir esto, pero no debes ir tras ella. Sólo lograrás que Amón te atrape.
- Ella es tu amiga, si estuvieras en su lugar, Kiya no habría dudado en hacer lo necesario para encontrarte, lo hubiera hecho por cualquiera.
- Iza tiene razón, Korra – dijo Alehk - Es un riesgo demasiado grande, y seguramente ya no hay nada que podamos hacer por ella.
- No puedo creer que estén hablando así – dijo Korra indignada – se supone que debo ayudar a las personas, no ser un pretexto para no hacer nada – dijo antes de salir de la habitación.
- Alehk, ahórrate tus reproches – pidió Iza cuando estuvo a solas con el maestro-aire – sé que todo esto es mi culpa y Kiya no va a perdonarme…
- Creo que hiciste lo que tenías que hacer. Enfrentar a Amón y a Tarrlok hubiera sido imprudente, no tenías ninguna posibilidad contra los dos y todo se hubiera venido abajo. Encontraremos la forma de ayudar a Kiya sin poner a Korra en peligro.
- El Avatar ya está en peligro. Amón vino hasta aquí porque está perdiendo la paciencia y eso lo hace más peligroso.
- ¿Escuchaste del atentado en su contra?
- El mismo Amón me lo dijo, por eso me hizo salir esta noche.
- No confío en los guardias del palacio, ¿puedes pedirle a Zein que se encargue de asignarle una nueva escolta?
- Si Zein es la mitad de listo de lo que creo, ahora mismo debe ir hacia el Reino Tierra. Yo no contaría con él en adelante.
- Es una lástima, era el mejor de los maestros-fuego imperiales. Le pedí a Chain que se hiciera cargo, espero que esté bien por ti.
- Él tendrá que ser suficiente – dijo Iza suspirando - ¿Encontraste lo que te pedí?
- Tenías razón, Iza. Revisamos tres de los lugares señalados en el mapa y en todos están fabricando armas. La mayoría son a base de pólvora. Asami dice que la tecnología para fabricar meca-tanques y guantes sólo existe en Ciudad República, ella cree que sería más factible que ese tipo de armas las estuvieran transportando desde las fábricas de su padre hasta aquí, y la única forma posible de transporte es en barco…
- Y los únicos barcos que no son revisados en las aduanas son los de la Armada Imperial… sabía que Sheng Yu estaba involucrado.
- ¿El hijo del Ministro de Guerra? Pensé que estaba de tu parte.
- El Ministro lo está, pero aparentemente nuestro querido Almirante tiene sus propios planes. Tengo que encontrar el lugar donde almacenan las armas…
- Iza, ¿vas a decirme de una vez que es lo que está pasando?
- Alguien le contó algunas cosas de mi plan a Ursa para ganarse su confianza, y digamos que lo logró. Ahora ella está más dispuesta a seguir los consejos de esa sabandija que los míos. Consiguió informes muy alarmantes sobre la producción de armamento de Amón y se los mostró, y logró convencerla de tratar de recuperar Ciudad República lo antes posible. Al principio pensé que trataban sólo de que estallara la guerra, pero hace algunos días recibí un halcón, lo envió uno de los Capitanes que sirve en el ejército de Amón, informándome de un repentino cambio en el flujo de tropas y armamento…
- ¿Qué significa eso, Iza?
- Amón está jugando dos cartas distintas en todos los frentes. Con el Ejército y la Armada peleando en Ciudad República, la Nación del Fuego será vulnerable y entonces él tratará de tomar el control, por eso está aquí.
- ¿El estaba al tanto de tu doble juego?
- No lo creo. Me exigió que impidiera que enviaran a los ejércitos porque sabe que no lo lograré, pero estoy segura que confía en que los hombres que le envíe, y los Dai Li le ayudarán a resistir el ataque en Ciudad República, y ya sea que logren ganar o que le den tiempo suficiente para tomar el control de la Capital.
- Pero esos hombres sólo te son leales a ti, ¿no es cierto?
- ¿Eso de qué servirá si están a miles de kilómetros? Tengo que convencer a Ursa para que no envíe las tropas. Si la Nación del Fuego cae no habrá forma de detener a Amón.
- Y si planea hacer eso aquí, seguramente también tratará de hacerlo en Ba Sing Se con los Dai Li fuera de la ciudad… eso es muy grave, Iza, ¿por qué no le muestras las pruebas a Ursa? Las fábricas de armas están allí y si encontramos los depósitos…
- Ursa ya no confía en mí, y no confiará en ti, ni siquiera en Korra. Cree que los engañé a todos, si lograron convencerla de iniciar una guerra después de tantos años de paz, lograrán convencerla de cualquier cosa. Tengo que encontrar otra forma.
- ¿Le dijiste a Kiya sobre esto?
- No estaba segura hasta que vi el mapa. Quienquiera que lo haya enviado logró infiltrarse hasta el círculo más alto de los igualitarios para saber algo así. Alehk, no debes decirle a nadie sobre esto, ni siquiera a Korra. ¿Alguien más sabe lo que hicieron hoy?
- Hice como dijiste, estoy seguro que nadie nos siguió cuando salimos del palacio y cambiamos naves en Hao Yi por si acaso.
- Alehk, dime la verdad – preguntó Iza pensativa - ¿crees que debería tratar de ayudar a Kiya?
Alehk no podía estar más sorprendido, Iza, que siempre parecía tener el control de todo y de todos, le estaba pidiendo consejo.
- Sé que tal vez ya sea tarde para salvar su control – dijo la Princesa visiblemente intranquila – y sé que Amón va a respetar su vida porque en algún momento va a usarla para chantajearme… no sé qué hacer.
- ¿Tienes alguna idea dónde podrían tenerla?
- No – dijo Iza que no estaba acostumbrada a no tener las respuestas.
- Irónicamente necesitaríamos a alguien con su sentido sísmico para encontrarla…
- O a alguien con un olfato casi tan bueno como el de un shirshu - dijo Korra que entró a la habitación - y me refiero a Naga. ¿Qué hacen ahí sentados? Tenemos que encontrar a Kiya. Mako y Bolin están listos para salir de inmediato…
- Korra, no vas a salir del palacio – le dijo Alehk - ¿no escuchaste que Amón y todo el ejército de igualitarios están en la Ciudad?
- Después de lo que pasó, no creo que haya diferencia entre esperar un ataque aquí o mientras buscamos…
Alehk conocía de sobra a Korra para saber que lo único que podía hacer era tratar de negociar.
- Yo iré con Naga, y con Bolin y Mako si quieren acompañarnos, no será necesario que tú vayas. Chain puede hacerse cargo de tu seguridad mientras buscamos a Kiya.
- Chain no es suficiente – dijo Iza – no cuando no estamos seguros de la lealtad de la mitad de los guardias, yo misma me haré cargo de la seguridad del Avatar.
OOO-OOO-OOO-OOO
- ¿Por qué no sólo electrocutas la celda y te vas a dormir? – preguntó Kiya luego de un rato. Aún a través de las gafas verdes podía sentir la mirada del sujeto que la vigilaba – supongo que es tan desagradable para ti estar aquí, como para mí que lo estés. A menos que te parezca entretenido.
- Lograste engañarme – tal vez era la imaginación de Kiya, pero su voz le pareció familiar – tengo que reconocer que hiciste un buen trabajo, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ti.
- ¿Hiro?
El hombre se quitó la máscara y Kiya reconoció a su amigo, toda la gentileza había desaparecido de sus ojos cobrizos.
- Así que eres una maestra-tierra, aliada del Avatar, y te acercaste a mí con el único propósito de conseguir información, ¿me equivoco en algo?
- Creo que no – respondió Kiya casi avergonzada.
- Ahora entiendo tu curiosidad… y tus repentinas atenciones hacia mí.
- No puedes decir que no estoy pagando por haber mentido – dijo levantando las manos con los grilletes – estoy atada, encerrada y voy a perder mi control, tal vez hasta la vida.
- No vas a conseguir que sienta pena por ti, Naya. No después de que me usaste como lo hiciste…
- No espero que la sientas, sólo que entiendas que tenemos que hacer lo necesario. Hubiera querido que no salieras lastimado, lo digo en serio, pero mi deber es proteger al Avatar, igual que el tuyo es proteger a Amón.
- Así que acercarte a mí fue parte de tu deber, el Avatar debe estar orgullosa de tu nivel de compromiso, Naya.
- Me llamo Kiya.
- Por supuesto, como si algo de lo que me dijiste fuera verdad.
- Si te sirve de algo, la mayoría de lo que te dije es verdad. Me uní a los igualitarios porque la persona a quien le debo más en el mundo me lo pidió, lo hice para proteger a quienes más quiero… igual que tú.
- Deja eso de una vez, ya te dije que no vas a conseguir que sienta pena por ti, tus palabras ya no van a funcionar.
- Eso ya lo sé, conozco de sobra el odio que sientes hacia los maestros, ahora que sabes que soy una, sólo puedo esperar lo mismo. Pero ya no tengo nada que perder, y por lo menos puedo ser honesta contigo… aunque sea tarde, tengo que intentar que veas el error que estás cometiendo al apoyar a un monstruo como Amón…
- Tengo que reconocer que eres buena, pero no voy a caer en la misma trampa dos veces. ¿Vas a repetir la historia de cómo perdiste a tus padres por culpa de un maestro?
- En realidad fue un maestro quien me salvó de mis padres, o mejor dicho, de ser igual que ellos. No todos los maestros somos… son iguales, y el Avatar definitivamente no es lo que Amón dice.
- Viniendo de alguien que sólo dice mentiras como tú…
- ¿Sabes algo, Hiro? – dijo Kiya enfadada - Estoy atada, encerrada y esperando a que Amón aparezca para perderlo todo, y aún así siento pena por ti. Convertiste tu odio por una persona, en un odio contra miles que nunca lastimaron a nadie. No todos los maestros son iguales, y tú lo sabes. Y ahora serán ustedes quienes le harán daño a los dicen proteger, porque la mayoría de los heridos en la guerra serán no-maestros, y tú serás tan responsable como Amón…
Hiro estaba furioso, Kiya podía ver que apretaba los puños y su mandíbula temblaba.
- Cállate de una vez o vas a desear no haberte cruzado en mi camino.
- Electrocuta la celda si quieres que me calle – dijo Kiya acalorada - ya te lo dije, no tengo nada que perder y tú tienes que entender que lo que le pasó a tu hermano no te justifica. Todos hemos tenido pérdidas, Hiro, no eres el único que conoce el sufrimiento. Si continúan con esto, miles de vidas inocentes se van a perder…
La barra en la mano de Hiro comenzó a brillar y Kiya cerró los ojos esperando sentir la descarga en cualquier momento. La puerta de la prisión se abrió y entró otro sujeto enmascarado.
- Parece que ésta merece trato especial – le dijo el otro igualitario a Hiro – Amón quiere que electrocutes la celda antes de que venga a visitarla.
- Está atada y encerrada, ¿qué podría hacer para defenderse?
- Sólo hazlo, habrá una maestra menos en el mundo – dijo el sujeto antes de marcharse.
- Si te sirve de algo – dijo Kiya levantando la vista - no te guardo rencor, sólo cumples tu deber. Cualquiera en tu lugar habría hecho lo mismo…
- Lo… lo siento Kiya – dijo Hiro, toda la ira que sentía había desaparecido.
Kiya sintió un intenso dolor, pero sólo duró un segundo, levantó la vista para ver por qué su castigo había sido interrumpido apenas había empezado y le pareció ver culpa en los ojos de Hiro antes de que volviera a colocarse la máscara y las gafas verdes la ocultaran. Amón entró pocos segundos después.
- Parece que aún soy capaz de subestimar a las personas. Tenías razón cuando me dijiste que nunca había conocido a una maestra-tierra como tú – dijo el maestro-sangre cuando estuvo frente a la celda de Kiya – no sólo eres alumna de Toph y protegida del Señor del Fuego, eres la hermana de Akuru, la hija perdida de Li Deng… casi una Princesa del Reino Tierra.
- De lo que acabas de decir, sólo es cierto que soy alumna de Toph – dijo Kiya.
- Eres la prisionera más valiosa que he tenido, no sé quién estaría dispuesto a ceder más por recuperarte sana y salva: la Princesa de la Nación del Fuego o el jefe de los Dai Li, pero estoy dispuesto a averiguarlo.
- Pierdes tu tiempo, no soy tan importante ni para Iza ni para Akuru, pero dejaré que te decepciones tú mismo.
- Desafortunadamente eres una amenaza, no puedo dejarte conservar tu control.
Kiya se equivocó al pensar que ya se había resignado a lo que seguía, había decidido no pelear y esperar a que Amón respetara su vida, pero en ese momento no fue siquiera una opción. Iba a perder su control, los años de intenso entrenamiento, los meses en absoluta oscuridad… el rechazo de sus padres, las esperanzas de Toph… todo iba a ser en vano en cuanto Amón le pusiera una mano encima…
- Cuando estuve en el campamento me dijeron que todos los maestros tenían la oportunidad de pelear por sus poderes, que eras un hombre justo – dijo Kiya desesperada.
- No tiene caso, no tengo siquiera una audiencia con la que guardar las apariencias. Terminarías retorciéndote por el dolor y sin tu control.
La aún maestra-tierra se concentró en los brazaletes que llevaba en sus manos, sólo tenía un segundo antes de que Amón pudiera usar su control, y también estaba Hiro… sus oportunidades de salir bien librada eran escasas, y seguramente luego de eso a Amón ya no le interesaría conservarla con vida, pero si no lo intentaba nunca iba a perdonárselo.
- Abre la celda – le ordenó Amón a Hiro.
N/A: Viéndolo bien, no hubiera sido un capítulo tan largo… en fin. Espero que la historia no se esté volviendo confusa, las cosas ya van a comenzar a aclararse.
Les agradezco a quienes se han tomado el tiempo de comentar, especialmente a mokona-kuchiki y Aldi1708, gracias por apoyar esta historia. Lucky Charming: gracias por tus sugerencias, y no me he olvidado de las tramas inconclusas, la historia todavía no termina.
