Capítulo 12.
El corazón de Kiya latía muy de prisa, en cuanto Amón estuviera cerca iba a cambiar uno de sus brazaletes en algo con lo que pudiera lastimarlo antes de que él la tocara, y luego trataría de cambiarlo de nuevo para inmovilizar a Hiro de alguna forma. Con el otro tal vez podría tratar de despegar las láminas de platino del suelo… o defenderse de otro ataque… a quién engañaba, lo único peor que perder su control era conservarlo a costa de herir a alguien, incluso a Amón. Ni Toph ni Lin lo hubieran aprobado.
Sintió en su cuerpo los efectos del control de Amón, pero sorpresivamente cuando no opuso resistencia, el dolor desapareció. En un segundo estuvo de rodillas frente al maestro-sangre que extendió su mano, pero antes de que la tocara comenzó a retorcerse, Hiro lo había atacado por la espalda con su barra de electricidad. La descarga fue tan intensa que Amón perdió la consciencia pocos segundos después.
Al principio Kiya no creía lo que había pasado: Hiro trataba de ayudarla, estaba arriesgando su vida por salvarla.
- Es mejor que nos vayamos antes de que despierte – dijo el muchacho, Kiya escuchó en su voz que estaba aterrado. Las piernas de la maestra-tierra también temblaban y no le fue fácil levantarse.
- Hiro… gracias – dijo Kiya que aún no lograba entender lo que había pasado.
- Aún no me agradezcas, si despierta antes de que logremos salir, ambos vamos a estar muertos – dijo el muchacho, sus manos temblaban y apenas atinaba a introducir la llave para abrir los grilletes.
En cuanto los pies de Kiya pisaron la tierra sintió como el aire volvía a sus pulmones. Cerró los ojos y trató de sentir con sus pies el lugar donde estaban. La construcción en la superficie era pequeña, pero bajo tierra había varios túneles que conectaban casi una docena de cámaras, algunas de ellas eran muy amplias. Kiya pudo sentir que había muchas personas por todo el lugar.
- Tenemos que salir por otro lado – le dijo Hiro, Kiya ahora podía escuchar el corazón del muchacho latiendo violentamente, estaba asustado - hoy hay luna llena, y detrás de esa puerta hay más maestros-sangre, además de Tarrlok.
- Puedo hacer un túnel hasta la superficie, pero en cuanto escuchen el ruido vendrán tras nosotros…
Cuando Kiya sintió las vibraciones que la alertaban de que Amón había despertado, era demasiado tarde, de inmediato sintió cómo perdía el control de su propio cuerpo. Debía estar furioso porque sentía que sus músculos iban a explotar por la presión, el dolor era terrible.
- Debería enseñarte una lección aquí mismo – le dijo Amón – debería acabar con tu vida de una vez, y con la este traidor.
- A-a-kuru – dijo Kiya – él va a saber lo que me hiciste…
- Yo mismo voy a decírselo – respondió Amón.
Kiya casi sintió cómo la presión de su sangre aumentaba, estaba a punto de perder la conciencia por el dolor. Amón sabía que la joven era una prisionera demasiado valiosa y sólo quería infringirle suficiente dolor para que no volviera intentar escapar. El control del maestro-sangre sobre el cuerpo de Kiya era absoluto, igual que su concentración, había una delgada línea entre hacerla sufrir y asesinarla, y casi se olvidó de Hiro. En cuanto el muchacho tuvo un poco de dominio sobre su cuerpo, lanzó una llamarada hacia el rostro de Amón, haciendo que su máscara cayera.
Antes de que Amón pudiera recuperar el control sobre sus cuerpos, Hiro disparó un rayo al techo sobre él, haciendo que varias rocas se desprendieran y cayeran sobre el maestro-sangre. Kiya, pudo recuperarse lo suficiente para abrir un túnel en la pared y desaparecieron en él.
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- ¿Vas a dejar a Korra a merced de… ella? – le preguntó Mako a Alehk – pensé que tu deber era protegerla, ¿te das cuenta que se la estás entregando a sus enemigos?
- Tu desconfianza en Iza es ridícula, ni siquiera la conoces – le dijo Alehk impaciente – no hay nadie mejor que ella para cuidar de Korra.
- Podrás ser el Guardián del Avatar, pero yo no estoy sujeto a tu voluntad, tú confías en Iza, yo no. Me quedo con Korra.
- No tenemos tiempo para esto, así que haz como quieras, Mako.
Alehk subió a Naga, seguido de Asami y Bolin, que no pudo evitar sentirse decepcionado cuando vio que su hermano se quedó parado en medio del jardín mientras ellos se alejaban.
Mako sintió un poco de culpa, pero su instinto le decía que la Princesa no era de confianza, que su relación con Amón era más seria de lo que quería que todos pensaran, y cuando perdió de vista a Naga volvió a la habitación de Korra.
- … ¿no pudiste producir rayos luego de eso? – escuchó que preguntó Iza.
La puerta estaba entreabierta y Mako podía escuchar de lo que hablaba.
- Es la única vez que logré hacer uno. Mi maestro de fuego-control me dijo una vez que los rayos eran el fuego frío, porque se debía tener un completo control de las emociones para producirlo… y mis emociones siempre han sido un problema.
- Eso no es tan cierto, mi abuela pudo producir rayos en su Agni Kai contra Zuko, y para entonces ya había perdido todo dominio sobre sus emociones. Olvidan que al producir un rayo hay una parte física, además de la emocional. Aunque no puedas controlar tus emociones, puedes separar y concentrar la electricidad, pero sería peligroso tratar de redirigir algo tan poderoso e inestable si no tienes un buen control, por lo menos sobre ti misma.
- ¿Tú puedes enseñarme a producir rayos? – preguntó Korra.
- ¿Para qué los usarías? Los rayos cuando no son desviados, son mortales… y casi nadie sabe cómo desviarlos.
- ¿Alguna vez has usado un rayo… contra alguien?
- La primera vez que pude producir uno, pero era muy joven entonces y mi fuego-control no era muy fuerte todavía.
- Entonces… ¿no murió?
- No, pero aprendió la lección – dijo Iza ensombreciendo su tono – creo que tu amigo podría enseñarte a producir rayos más… inofensivos.
Mako supo que había sido descubierto cuando escuchó el tono despectivo de Iza, y de inmediato llamó a la puerta antes de abrirla.
- Mako, ¿está todo bien?, ¿qué haces aquí?, ¿no deberían estar en camino a buscar a Kiya? – preguntó Korra, que se levantó del suelo donde había sentado sentada hasta entonces en cuanto lo vio entrar.
- No iba a dejarte sola después de lo que pasó esta noche…
- Pero Iza está conmigo.
- Lo siento, pero no confío en ella – dijo Mako decidido, pudo ver un gesto de fastidio en el rostro de la Princesa.
- ¿Y te quedaste para defender al Avatar de mí? – preguntó Iza - ¿y se supone que tú serías capaz de detenerme si decido atacarla? – el desprecio en su tono era evidente.
- Sólo inténtalo y ya verás si mis rayos son tan inofensivos, Princesa – dijo Mako furioso.
- Mako, ya fue suficiente – dijo Korra – Iza no nos ha dado motivos para desconfiar de ella, y tú ni siquiera la conoces. ¿Y por qué todos creen que necesito alguien que cuide de mí? Aún si no puedo hacer aire control, ¡soy el Avatar! Puedo cuidarme sola.
- A menos que puedas usar tus poderes bajo el efecto de la sangre-control, necesitas que alguien te ayude a defenderte por ahora – dijo Iza levantándose del sillón en donde estaba - y si tu amigo quiere cuidar de ti, por mí está bien. Detesto que las cosas simples se compliquen… y hablando de complicaciones – dijo con un todo de fastidio, y un segundo después volvieron a llamar a la puerta.
La propia Iza se acercó a abrirla y de inmediato entró Iroh, que parecía furioso.
- Kiya fue secuestrada y hubo un atentado contra Korra – dijo mientras atravesaba la habitación - ¿y nadie se tomó la molestia de informarme?
- Ni siquiera sabíamos que estabas en la Ciudad, mucho menos en el Palacio – respondió Iza - ¿y desde cuándo es mi obligación mantenerte al tanto de lo que pasa?, ¿no tienes docenas de sirvientes que se encargan de eso?
- Si tuviste algo qué ver en esto… - dijo dirigiéndose a la Princesa, que tuvo que disimular su turbación, Iroh la acusaba directamente, ya tampoco confiaba en ella.
- ¿En el secuestro de Kiya o en el atentado contra el Avatar? No me queda claro cuál acusación sería más grave – dijo Iza tratando de mantener la calma.
- ¿Qué piensan hacer para rescatar a Kiya? – preguntó el General, tratando de corregir, pero era demasiado tarde.
- Alehk, Asami y Bolin fueron con Naga, van a tratar de rastrearla… - dijo Korra.
- ¿Es todo? – preguntó Iroh, estaba indignado y le resultaba difícil mantenerse calmado – tienes a todos los maestros-fuego de la Nación a tu disposición – le dijo a Iza acusándola - ¿y es todo lo que harán? Déjame adivinar: sigues tratando de conservar tu imagen frente a Amón.
- Siéntete libre de enviar a lo que queda de tu Armada a buscarla – dijo la Princesa visiblemente molesta – sólo asegúrate de planear mejor las cosas esta vez, o no quedará nadie para ir a Ciudad República – dijo antes de salir de la habitación.
Korra no se atrevió a decir nada, para ella la relación entre Iroh e Iza nunca había sido menos que cordial, pero lo que acababa de ver se parecía mucho a una discusión.
- Lo siento mucho, Korra – se disculpó Iroh tratando de sonreír – al parecer la situación de Kiya nos afectó demasiado. Es nuestra amiga más querida y saberla en peligro no es fácil para ninguno de los dos.
- No tienes que disculparte – trató de decir Korra.
- ¿Tienen alguna idea de dónde podrían tenerla?
- Ni siquiera Iza lo sabe.
- Cuesta creer que Iza no lo sepa todo – dijo Iroh, Korra notó algo de sarcasmo en su voz – no los molestaré más, es tarde y luego de lo que pasó debes… deben estar cansados. Buenas noches, Korra – dijo Iroh, con un ademán se despidió de Mako y se marchó.
- Parece que no soy el único que desconfía de la Princesa – dijo Mako cuando estuvieron a solas.
- Dime la verdad – pidió Korra - ¿alguna vez te ha dado alguna razón para desconfiar?, ¿o es sólo porque no te agrada y es la nieta de Azula?
- Es obvio que no está siendo completamente honesta con nosotros… pero tienes razón, tal vez estoy siendo demasiado paranoico porque no me agrada… la forma despectiva en la que se dirige a mí todo el tiempo, como si haber nacido en un Palacio la hiciera mejor que todos…
- ¿Sabes algo? Creo que ustedes se parecen mucho, tal vez por eso no te agrada.
- ¿Qué quieres decir?
- La mayor parte del tiempo tú actúas como si fueras mejor que todos porque creciste en las calles…
- Korra, lo que dices es ridículo, ¿cómo puedes siquiera comparar…?
- No conozco tan bien a Iza, y no trato de defenderla, pero sé que las cosas no fueron sencillas para ella. Su madre murió cuando ella nació y su padre… a su padre lo desterraron cuando ella aún era una niña…
- Y supongo que debió ser muy difícil crecer en un Palacio después de eso… tenerlo todo con sólo chasquear los dedos…
- ¿Crecer en un Palacio hubiera hecho menos dolorosa la pérdida de tus padres? – preguntó Korra.
Mako no respondió.
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Hacía más de una hora que Zein observaba desde las sombras. Al principio pensó que sus pesquisas lo habían llevado al lugar equivocado, la casa frente a él no tenía nada que la diferenciara de las demás, pero había demasiado movimiento para un vecindario casi deshabitado. Varios camiones se habían detenido en el tiempo que él llevaba observando, y mucha gente entraba y salía llevando cajas y paquetes. El Capitán estuvo casi seguro que allí era a donde habían llevado a Kiya cuando reconoció a uno de los hombres que habían acompañado a Amón unas horas antes. Y un par de minutos después, cuando pudo ver al propio Tarrlok a lo lejos, ya no tuvo dudas. Comenzó a debatirse entre llevarle la información a Iza y arriesgarse a perder de vista a Kiya, o intentar algo por él mismo. Al final se decidió por lo segundo, si le llevaba información errónea a la Princesa podía irse despidiendo, no sólo de su trabajo, sino de su vida en la Nación del Fuego.
Pero intentar algo no iba a ser sencillo. La única forma de entrar era hacerse pasar por uno de ellos, y había muchas razones para pensar que iba a ser descubierto. Seguía ideando un plan de acción cuando sintió que el piso retumbaba bajo sus pies, apenas tuvo tiempo de voltear, entonces pudo ver que a veinte metros de dónde él estaba, emergían del suelo dos figuras, como si la tierra las hubiera expulsado de sus entrañas. Zein reconoció a Kiya mientras volaba por el aire, antes de caer completamente inconsciente. El otro sujeto estaba enmascarado, era un igualitario. Zein no se detuvo a buscar una explicación a lo que pasaba, de inmediato corrió para ayudar a la maestra-tierra.
- Vienen detrás de nosotros – dijo el enmascarado – tenemos que salir de aquí.
Zein tomó a Kiya en sus brazos, y un par de segundos después, dos hombres salieron del suelo, igual que lo habían hecho ellos antes, ambos eran maestros-tierra y comenzaron a arrojar rocas, que el otro sujeto desvió con un par de llamaradas.
- A ellos puedo detenerlos – le dijo a Zein - pero los otros estarán aquí en cualquier momento y no podremos hacer nada, tienes que sacarla de aquí.
- Yo puedo ayudarte – ofreció el Capitán.
- Los otros son maestros-sangre – dijo el otro sujeto, mientras derribaba a uno de los atacantes con un rayo y hacía explotar las rocas que lanzaba el otro – tienes que sacarla de aquí.
Zein dudó un segundo, aunque el hombre era muy hábil, dejarlo allí era condenarlo. Pero si eran maestros-sangre los que iban tras ellos, quedarse era condenarlos a los tres… era condenar a Kiya.
- Voy a volver con ayuda…
- No tiene caso, sólo dile que tenía razón – dijo el enmascarado disparando un rayo tan potente que dejó inconsciente al maestro-tierra que aún lo atacaba – y que siento haberme molestado con ella cuando yo también le mentí.
Zein asintió y se marchó de prisa, pudo ver a un grupo de hombres que salían desde la abertura en el suelo que los maestros-tierra habían hecho, y otro grupo que salían de la casa, no alcanzó a ver nada más, se alejó de prisa esperando que ninguno lo siguiera.
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Naga había seguido el rastro de Kiya desde el sitió de la reunión de Iza con Amón, pero terminaba en medio de ningún lado y no tenían más pistas.
- Es como si se los hubiera tragado la tierra – dijo Bolin.
- Esa también es una posibilidad – dijo Alehk – si entre ellos hay maestros-tierra pudieron haber hecho un túnel… Bolin, ¿puedes saber si debajo de nosotros hay alguno?
- Lo siento – dijo el muchacho negando con la cabeza.
- ¿Cómo vamos a continuar buscando sin pistas? – preguntó Asami – la ciudad es inmensa.
- Aún así tenemos que intentarlo, tenemos que encontrar a Kiya – dijo Bolin comenzando a desesperarse.
- Buscar a ciegas y en estas condiciones es perder el tiempo – dijo Alehk.
- Si se tratara de Korra no te darías por vencido tan fácilmente – reclamó Bolin.
- No se trata de darse por vencido, tenemos que…
Naga gruñó para llamar su atención antes de comenzar a correr, los tres la siguieron. Luego de una carrera de casi veinte minutos, la perra-oso polar se detuvo y comenzó a olfatear el suelo antes de recostarse.
- Creo que quiere decirnos que Kiya estuvo aquí – dijo Alehk – observando alrededor en busca de alguna señal.
- Parece que alguien hizo un hueco y luego trató de cubrirlo – dijo Asami – pueden observarse los bordes todavía.
- Podríamos seguirlo y ver a dónde nos lleva – propuso Bolin.
- Si nos lleva a donde está Kiya, lo más probable es que terminemos como prisioneros de Amón – dijo Alehk.
- ¿Vamos a dejarla en manos de ese demente?
- Aún no sabemos si esto va a llevarnos a ella, pero si es así, lo mejor es que ustedes regresen al Palacio y le pidan a Iza que envíe refuerzos, mis posibilidades de salir bien librado son mejores, debería ir yo solo – dijo el maestro-aire.
- Y si Amón te quita tu control, ¿qué va a pasar con Korra? – preguntó Asami alarmada por la propuesta de Alehk.
- Si eso pasa, Iza tendría que cumplir su palabra.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Asami.
- No tenemos tiempo para esto – urgió Alehk - Bolin, necesito que abras…
El aullido de Naga los distrajo, la perra-oso polar se había alejado mientras discutían y los estaba llamando. Cuando se acercaron vieron que trataba de despertar a un hombre que estaba inconsciente frente a ella.
El sujeto estaba vestido como igualitario, pero había algo familiar en él. A Alehk le llamó la atención su placa, cuando le quitó la máscara reconoció de inmediato al amigo de Kiya.
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En cuanto Iza abrió la puerta de entrada le llamó la atención que la luz en la habitación que ocupaba Kiya estuviera encendida, por primera vez en toda la noche se sintió esperanzada. Corrió hasta la habitación, la puerta estaba abierta y, recostada en su cama, estaba su amiga.
- Pensé que debía traerla aquí de inmediato – le dijo la voz de Zein que apareció de algún lado.
Iza estaba demasiado aliviada para poder sentirse siquiera sorprendida.
- ¿Tú hiciste esto? – preguntó Iza mientras observaba a Kiya en busca de alguna señal de que había sido lastimada.
- Yo sólo la traje hasta aquí, alguien más la ayudó a escapar – dijo el Capitán.
- ¿Sabes si Amón… sabes si él consiguió…?
- No estoy seguro, pero creo que aún tiene sus poderes. Ella y el muchacho que la ayudó aparecieron de debajo de la tierra, el otro era maestro-fuego, así que debió ser ella quien los sacó de allí.
- Parece que te juzgué mal, Capitán – dijo Iza respirando aliviada al ver que Kiya estaba bien – pensé que eras más listo y te habías marchado en cuanto escuchaste mis amenazas.
- Con todo respeto, Alteza, no soy un cobarde. Estoy consciente de que aún puedo ser desterrado, pero no podía quedarme de brazos cruzados sólo a esperar.
- ¿Qué pasó con el maestro-fuego que la ayudó a escapar?
- No lo sé, tuve que dejarlo atrás… - dijo Zein casi avergonzado.
- Bienvenido al mundo de las decisiones difíciles, Capitán – dijo Iza que había recuperado su actitud indiferente – hiciste lo que tenías que hacer.
- Alteza, creo que el lugar donde la tenían es el mismo que usan para almacenar las armas…
- ¿Estás seguro?
- Mientras esperaba vi media docena de camiones ser descargados, la casa era muy pequeña para ser un almacén, así que seguramente…
- Tienen sus depósitos bajo tierra, ¿por qué no había pensado en eso? – dijo Iza satisfecha por la información - A todo esto, ¿cómo encontraste ese lugar?
- Pude ver el camión en el que se la llevaron, sólo tuve que seguir las marcas y hacer algunas preguntas…
Iza comenzó a caminar por la habitación, obviamente tratando de decidir algo. Habiendo dejado atrás la preocupación por Kiya podía volver a concentrarse en todos los eventos que amenazaban con arrebatarle el control.
- Cambié de opinión, Capitán – dijo tomando por sorpresa a Zein que comenzó a sentirse intranquilo- No importa si Kiya aún conserva su control o lo perdió, desde este momento no estás más a mi servicio.
- Pero Princesa…
- Dos veces en una noche – dijo Iza clavando sus ojos en los de Zein, haciendo que el muchacho se quedara sin palabras – dos veces has desafiado mi autoridad, por menos que eso mi abuela te habría reducido a cenizas.
- ¿Debo entender que aún seré desterrado?
- No seas dramático, Zein. Esta noche me probaste tu lealtad, te estoy ascendiendo. Dile a Jiang que tomará tu puesto de Capitán, que envíe a algunos de sus hombres a buscar a Alehk y los demás, y los traiga al Palacio. Y avísale personalmente al Avatar que Kiya está bien.
- Enseguida, Alteza – dijo Zein tratando de disimular su satisfacción.
- Trataré de no subestimarte en adelante, General Zein.
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Habían pasado casi tres horas desde que habían salido a buscar a Kiya. Aún era pronto para tener noticias, pero la zozobra de saberla en manos de Amón, o de que Alehk, Asami o Bolin pudieran ser capturados también, no hacía la espera más sencilla. Eso sin contar el mal humor de Mako, que no había dicho una palabra luego de su pequeña discusión sobre Iza.
- ¿Crees que ya deberíamos tener noticias? – preguntó Mako luego de un rato.
- Aún no ha pasado tanto tiempo, ¿o sí? – Korra se levantó y caminó hasta la ventana, casi empezaba a amanecer.
- Deberías tratar de dormir – dijo Mako – puedes esperar mientras duermes…
- Pasé la mitad del día soñando, no podría dormir aunque quisiera.
- ¿Puedo preguntarte algo? – Mako ajustó la bufanda alrededor de su cuello, Korra lo conocía lo suficiente para saber que eso significaba que estaba nervioso - ¿qué estabas soñando esta mañana, cuando te encontré en el jardín?
- Lo dices como si hubiera estado dormida – dijo Korra tratando de parecer ofendida - estaba meditando… o eso creo. ¿Por qué lo preguntas?
- Te observé por varios minutos, parecías angustiada y repetías que había sido tu culpa… y el nombre de Alehk, por eso me atreví a despertarte, pensé que tenías un mal sueño.
- Ya te lo dije, no estaba dormida… y no fue un mal sueño – dijo Korra triste - sólo recordé algo que había olvidado.
- ¿Y tiene que ver con Alehk? – preguntó Mako mientras jugaba con las puntas de su bufanda.
- Alehk y yo tenemos una historia que yo había olvidado – dijo Korra volviendo su vista a la ventana.
- ¿Qué clase de historia? – el corazón de Mako estaba acelerado. Sabía que no debía preguntar, porque tal vez no estaba preparado para escuchar la respuesta, pero ya no podía con la incertidumbre. Quería saber si aún tenía posibilidades de recuperar a Korra.
Ella no respondió, no se le había ocurrido hacerse esa pregunta, ¿qué clase de historia era la suya con Alehk?, ¿la historia de una amistad que había sido interrumpida?, ¿o de una amistad que hubiera podido llegar a ser algo más? Por alguna razón recordó las palabras de Sihe: "un amor olvidado y un destino no cumplido", ¿había sido su destino estar con Alehk y haber hecho el trato con ese espíritu lo había cambiado todo?, ¿por qué cuando pensaba en destino lo único que se le venía a la mente era el día que conoció a Mako?
- Korra – dijo Mako sacándola de sus pensamientos – aún somos amigos, ¿recuerdas? Puedes decirme si dejaste de estar confundida… aún si eso significa que dejaste de sentir algo por mí – las palabras fueron más difíciles de decir de lo que el maestro-fuego había pensado. Se sintió vacío de pronto, sintió que sin Korra su vida perdería todo el sentido…
- No es… no es así… - Korra respiró profundo antes de continuar, la verdad era que estaba confundida y tenía miedo de aclarar las cosas – Alehk y yo nos conocimos hace años en el Polo Sur, nos hicimos buenos amigos… podría decir que nunca volví a tener un amigo como él. Pero algo pasó, hubo un incidente y él resultó herido por mi culpa. Mientras meditaba esta mañana lo recordé… supongo que por eso decía lo que tu escuchaste, por eso lo llamaba…
- ¿Y por qué no podías recordar lo que pasó?
- Tuve que olvidarlo para salvar su vida.
- ¿Olvidarlo para…? Korra, no entiendo lo que quieres decir.
- Al parecer hice un trato con un espíritu. Le di mis recuerdos con Alehk a cambio de que me dijera cómo salvar su vida – dijo Korra pensativa – pero, ahora que lo pienso, no sé qué fue lo que me dio a cambio.
- ¿Y por qué pudiste recordarlo ahora?
- Todavía no lo sé…
- Supongo que eso cambia todo, ¿no es cierto? – dijo Mako poniéndose de pie, al principio Korra pensó que se marcharía, pero comenzó a caminar hacia donde estaba ella - Ahora que sabes que Alehk es mucho más que tu guardián y que lo conociste primero… debes estar menos confundida.
Mako se detuvo a un paso del Avatar y desvió la vista al paisaje de la ventana: comenzaba a amanecer. Korra no pudo alejar la vista del maestro-fuego, la última vez que había visto esa expresión en sus ojos fue cuando Bolin había sido secuestrado por los igualitarios. Mako estaba angustiado, y ella era la causante esta vez.
- Ahora es cuando estoy realmente confundida – dijo Korra volviendo su vista a la ventana – es difícil explicarlo, Mako, pero desde que te conocí… vas a pensar que es una tontería, pero desde que te conocí estuve segura que mi destino era estar a tu lado.
Los ojos de Mako se abrieron por la sorpresa, de todas las confesiones que podía haberle hecho Korra esa era la más inesperada…
- Por eso no me alejé de ti cuando te portaste como un idiota y te fijaste en mí hasta que supiste que era el Avatar… por eso fue tan difícil verte con Asami… y cuando me dijiste que nunca ibas a cambiarla por alguien como yo… – dijo Korra con un nudo en la garganta.
- Lo siento mucho, Korra. Me arrepentí en el momento en el que las palabras salieron de mi boca, pero fui demasiado orgulloso para reconocerlo.
- Ni aún entonces pude dejar de pensar en ti, pero algo pasó. Alehk estuvo allí y me dijo lo que siempre había querido escuchar, y luego me salvó de Tarrlok y de Amón… y casi murió por mí. – Mako se forzó a escuchar a Korra, pero no fue sencillo darse cuenta que mientras él la había lastimado, su Guardián había hecho todos los méritos posibles – No podía ser indiferente. Al principio pensé que sólo era agradecimiento lo que sentía por él, y cuando pensaba en Alehk, era a ti a quien veía al final. Mi única duda era si podría volver a confiar en ti como al principio. Pero ahora sé que sentí algo por él primero, Mako, lo quise antes que a ti, sólo que lo olvidé.
- Y ahora que por fin lo recordaste…
- Ahora es cuando estoy realmente confundida, y tengo que saber cómo terminó todo hace cuatro años para poder aclarar lo que siento.
- Eso… eso suena lógico – dijo Mako tratando de mantenerse en control.
- Pero tú no tienes que tolerar nada de esto, dijiste que esperarías, pero no tienes que hacerlo.
- Korra, no me importa seguir esperando. Y voy a demostrarte que puedo cuidar de ti igual que él…
- Eso no es lo que quiero…
- Aún así, voy a demostrarte que, a pesar de todos los errores que cometí al principio, yo te quiero más…
Mako acercó su rostro al de Korra, iba a besarla, pero antes de que sus labios se tocaran llamaron a la puerta. La joven sólo sonrió antes de alejarse para abrir.
- ¡Zein!, ¿pasa algo?
- Tengo buenas noticias, Avatar Korra – anunció el ex Capitán con una sonrisa.
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- ¿Cómo te sientes? – preguntó Korra cuando terminó de sanar las heridas de Kiya.
- Después de todo lo que pudo haber pasado, me siento extraordinariamente bien – dijo Kiya con una sonrisa.
- Sólo tenías un par de huesos rotos, no pude sentir que Amón hubiera dañado nada más. Al parecer sólo trataba de asustarte, no puedo asegurarlo. Por experiencia sé que el dolor desaparecerá en poco tiempo.
- Gracias, Avatar Korra.
- Ahora deberías descansar, en cuanto Alehk y los demás estén aquí seguramente van a atiborrarte con preguntas y no van a dejarte en paz.
- ¿Dónde están?
- Salieron a buscarte, pero Iza ya envió por ellos y volverán pronto, así que duerme mientras puedas – dijo Korra antes de marcharse.
Iza había observado todo desde el otro lado de la habitación, no estaba segura de cómo iba a reaccionar Kiya a su presencia, pero tenía motivos para esperar lo peor. Cuando Korra salió de la habitación, finalmente se acercó a su amiga.
- Sé que he dicho esto antes – comenzó a decir la Princesa– pero es la primera vez en mi vida que lo digo tan en serio: lo siento mucho, Kiya.
- No tienes que decir nada, sé que pasaste un mal rato y no sólo porque perdiste el control de la situación por una vez en tu vida – dijo Kiya sonriendo - Además, las disculpas no son lo tuyo, Princesa, así que olvídalas, no son necesarias. Seguirte y aparecer en medio de tu reunión con Amón no fue de mis ideas más brillantes.
- Debí haber hecho algo más por ti, tú trataste de ayudarme y yo te di la espalda…
- Hiciste lo que tenías que hacer, siempre lo haces. Estoy bien, así que deja de atormentarte. Pero si quieres hacer algo por mí, estoy más que dispuesta a aprovechar la oportunidad.
- Estoy en deuda contigo, Kiya, haré lo que sea para compensarte.
- Princesa – la llamó uno de sus guardias – el maestro Alehk acaba de llegar al Palacio.
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Korra apenas podía mantener los ojos abiertos mientras caminaba de vuelta a su habitación, seguida por su Guardián. Dos sesiones de sanación consecutivas la habían dejado exhausta, no pudo evitar bostezar un par de veces. Era casi medio día, pero estaba dispuesta a recuperar el sueño perdido.
- ¿Crees que Hiro va a estar bien? – le preguntó Alehk, que parecía aún más cansado.
- Va a necesitar muchas más sesiones, yo me haré cargo mientras estemos aquí, pero Iza le prometió a Kiya que haría traer al mejor sanador del Polo Norte de ser necesario.
- Pienso que deberíamos partir de inmediato a Ba Sing Se, el tiempo se acaba.
- Supongo que Asami y tú ya lo arreglaron todo.
- ¿Asami y..?, ¿a qué te refieres?
- ¿No fue eso lo que hicieron ayer?, ¿arreglar todo para el viaje a Ba Sing Se?
- Iremos en una de las naves de Ursa, no hay mucho que arreglar, podemos partir en cualquier momento.
- Entonces, ¿puedo preguntar qué hicieron ayer Asami y tú?, ¿por qué desaparecieron todo el día?
- Puedes preguntar, pero no podría responderte aunque quisiera.
A Korra le enfureció la respuesta de Alehk, pero no dijo nada. Guardaron silencio hasta que llegaron a la puerta de su habitación, la joven la abrió y entró de inmediato sin despedirse de Alehk.
El maestro-aire no le dio importancia y volvió sobre sus pasos, mientras atravesaba el jardín Iroh lo abordó.
- ¿Cómo está Kiya? – preguntó el General, era obvio que sabía la respuesta, Bolin ya le había contado con todo detalle lo que había pasado la noche anterior.
- Ya está completamente recuperada, creo que ahora está entrenando con Bolin.
- ¿Saben qué fue lo que pasó?, ¿cómo fue que Amón pudo secuestrarla? – preguntó Iroh que comenzó a caminar junto a Alehk, cruzando sus manos en la espalda.
- ¿No deberías preguntarle a ella?
- Estoy seguro que me diría sólo lo que Iza le pidió que dijera…
- ¿Y por qué crees que yo no haré lo mismo?
- Porque no eres tan influenciable como Kiya. Eres la única persona que conozco que siempre haría lo correcto, a pesar de las consecuencias.
- ¿Por qué no me dices de una vez lo que quieres saber? Los dos tenemos mejores cosas que hacer que perder el tiempo con rodeos.
- Estoy preocupado – dijo Iroh serio – la situación con Amón está empeorando muy rápido…
- ¿Es sólo eso?
- Creo que ya no podemos confiar en Iza.
Alehk se detuvo, sorprendido por las palabras de Iroh. El General era la única persona que siempre había creído en la Princesa, y algo grave debía haber pasado para que perdiera la confianza en ella.
- ¿Estás hablando en serio, Iroh?
- A mí también me costó creerlo, pero la evidencia en su contra no deja lugar a dudas. Sabemos que ha estado conspirando para tomar el trono, y que su relación con Amón no es lo que ella quiere que creamos, lo ha estado apoyando de verdad y frente a nuestros ojos. Alehk, por difícil que sea aceptarlo, Iza si está de parte de los igualitarios y en contra de nosotros – dijo Iroh visiblemente decepcionado.
- No puedes estar hablando en serio…
- ¡Dejar a Kiya a merced de los igualitarios lo confirmó! Pero no es la única prueba, hay testigos, Ministros que aceptan haber sido parte del plan para derrocar a mi madre y que tuvieron miedo al final porque Amón también estaba involucrado. La mitad de los Generales está de su lado, si no hacemos algo de inmediato, el caos se va a apoderar de la Nación.
- Iroh, tú mismo me dijiste que desde que Zuko ascendió al trono, la Nación se dividió. Los simpatizantes de Azula siempre han existido, y todos sabemos que ahora están de parte de Iza, eso no prueba nada. Además, si ella está de parte de Amón, ¿por qué no ha tratado de lastimar a Korra? Deshacerse del Avatar es la prioridad de los igualitarios, y si sus intereses son los de Iza, ya hubiera hecho algo…
- Los representantes de la Tribu Agua del Norte acaban de decirle a mi madre que Iza trató de convencerlos para apoyarla, una vez que tome el poder, y ella misma invitó al Príncipe Kuei, ¿qué otro motivo puede tener sino tratar de conseguir también el apoyo del Reino Tierra? - Iroh entendía la renuencia de Alehk, él mismo se había negado a creer las acusaciones en contra de Iza hasta que las pruebas fueron tan convincentes que seguir defendiéndola hubiera sido estúpido. Y su primo siempre había sido muy cercano a ella, así que sólo podía esperar que la defendiera aún con más determinación – Sé que es más fácil creerle a ella, y seguramente ya te dio su versión de los hechos, y no dudo que se haya adelantado a poner a su favor mucho de lo que te acabo de decir, pero por lo menos trata de pensar en serio en la posibilidad de que Iza sea una traidora, Alehk. Seguir confiando en ella, es peligroso para Korra y para todos.
Iroh tuvo que usar el único argumento contra el que Alehk nunca tenía defensa: la seguridad de Korra, era lo único con lo que el maestro-aire no tomaba riesgos, y sabía que de esa forma iba a obligarlo a cuestionar de verdad los motivos de Iza.
Y sus palabras hicieron dudar a Alehk, que nunca se hubiera imaginado estar en una situación donde estar del lado de Iza o Iroh era estar en contra del otro.
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Korra abrió los ojos, Katara estaba frente a ella, se veía sorprendida y angustiada.
- ¿Agua del estanque de los espíritus?, ¿cómo la conseguiste? – le preguntó tomándola por los hombros.
La joven Avatar trató de recordar, pero todo parecía confuso.
- No lo sé. Lo último que recuerdo es que caminaba hacia acá, sabía que debía traerla, pero no tengo idea cómo la conseguí… ¿alguien está herido o enfermo?
- Korra... ¿qué hiciste? – preguntó Katara alarmada.
- Maestra Katara – interrumpió una de sus alumnas – el muchacho… - la joven se cubrió el rostro con sus manos y comenzó a sollozar.
Katara tomó el agua y entró de inmediato a la habitación. Korra la siguió por curiosidad.
Había un muchacho tendido en una de las camas, debía estar enfermo o herido porque estaba pálido y había muchas curanderas a su alrededor. Para sorpresa de Korra, Naga se adelantó y se acercó a él.
- Todos afuera – pidió Katara levantando la voz, y todos obedecieron de inmediato. Korra iba a irse también, pero algo le decía que la orden no era para ella. Se quedó a unos pasos mientras Katara comenzó a usar el agua en el chico.
Su curiosidad se convirtió en admiración cuando vio el brillo del agua, era diferente de cuando usaban agua normal, parecía que había cientos de diamantes suspendidos que añadían su brillo al de la energía de su maestra.
Korra se sintió triste al ver al muchacho, parecía muy enfermo. Estaba segura de que no lo había visto nunca, pero parecía ser alguien importante para su maestra. Por primera vez le preocupó haber olvidado algo más que la mañana de ese día… Luego de unos minutos el rostro del chico fue un poco menos pálido y se hizo evidente que Katara estaba más tranquila.
- ¿Se pondrá bien? – preguntó Korra genuinamente interesada.
- Estará bien, gracias a ti – dijo Katara con una sonrisa de agradecimiento.
- Ni siquiera sé lo que hice, maestra Katara – dijo Korra con su vista sobre el muchacho, parecía que por fin sólo dormía.
Su maestra salió de la habitación para seguir discutiendo con los Ancianos sobre su desaparición. Korra no entendía por qué estaban alarmados sólo porque no podía recordar lo que había hecho la mañana de ese día. A ella no le parecía tan grave. Durante toda su vida había sufrido varios golpes que la habían hecho olvidar cosas, no recordaba cómo se había hecho varias cicatrices, y nadie se había escandalizado por eso… o tal vez sólo no lo recordaba.
Observó al muchacho tratando de buscar algo familiar en él, pero no encontró nada. Naga insistía en no separarse de él, y eso era confuso.
- Ko… Korra… - dijo el muchacho extendiendo su mano para tocar la mano de Korra, pero la joven Avatar la retiró de inmediato.
- ¿Sabes quién soy?
- Por supuesto que sé quién eres… ¿qué pasó? – preguntó el chico tratando de levantarse, pero desistiendo enseguida - ¿por qué siento como si hubiera dormido un año completo?
- Que sea el Avatar no quiere decir que lo sepa todo… mejor voy por la maestra Katara… - dijo Korra extrañada por la familiaridad con la que le hablaba.
- ¿Estás bien? Porque lo último que recuerdo fue que la serpiente de hielo te golpeó y te arrojó contra…
- En serio te golpeaste la cabeza – dijo Korra comenzando a desesperarse.
- ¿De qué estás hablando? Fuiste tú quien se golpeó la cabeza, ¿ya lo olvidaste?
- Por fin despertaste – dijo Katara cuando entró a la habitación.
Korra despertó casi de inmediato. Le había pasado tantas veces los últimos días que no le costó volver a la realidad. Se levantó de prisa y salió a buscar a Alehk. Estaba a punto de incendiar el Palacio por la frustración, cuando lo encontró en uno de los jardines. Estaba hablando con Asami, pero ella no tenía tiempo para cortesías.
- ¿Sabes algo? – dijo interrumpiendo su conversación con Asami, consiguiendo su atención de inmediato - Ya tuve suficiente, me diste tu palabra y exijo que me digas de una vez por todas lo que pasó en el Polo Sur.
- Korra, ¿estás bien? – preguntó Alehk confundido por su repentina aparición.
- No, no estoy bien. Estoy cansada de estar confundida. Me debes una respuesta y tienes que dármela, me diste tu palabra y eso debe valer algo…
- Creo que es mejor si continuamos esto después – dijo Asami decidida a alejarse cuanto antes – obviamente ustedes tienen asuntos más urgentes – te veré después – dijo la joven dejándolos solos.
- Tienes razón, te di mi palabra. ¿Qué quieres saber?
- ¿Qué pasó después de que despertaste?
Alehk tuvo que darse por vencido. Se sentó debajo de uno de los árboles de jardín y Korra junto a él.
- Sólo puedo hablarte de mis últimos días en el Polo Sur y de la última vez que nos vimos, antes de que te encontrara en Ciudad República – respiró profundo y trató de recordar todo lo que había pasado entonces.
Durante el tiempo que estuvo inconsciente, Alehk había estado sumergido en un largo sueño donde constantemente hablaba con Aang y su tema favorito era Korra, despertar y descubrir que la joven Avatar no sólo lo había olvidado por completo, sino que rehuía su compañía había sido demasiado doloroso, y cuando Katara le propuso marcharse en el siguiente barco hacia la Nación del Fuego, Alehk no dudó un segundo en aceptar, sólo quería alejarse del Polo Sur y olvidarse de Korra, pero en el último minuto no fue tan sencillo dejarlo todo atrás.
- ¿Tienes todo listo? – le preguntó Katara.
- No voy a volver – dijo el joven Alehk secando las lágrimas de su rostro con el dorso de su mano – no voy a volver nunca a este lugar.
- Voy a extrañarte – dijo su abuela, sentándose a su lado.
- Después de todo lo que hice por ella… ¡después de todo lo que pasamos juntos y de todo lo que me dijo! - reclamó el muchacho amargamente - yo también la voy a olvidar, no voy a volver a verla nunca.
- Olvidar a alguien no es algo que podamos hacer a voluntad, ¿lo sabías? Ella no sólo decidió olvidarte y lo hizo, algo más tuvo que haber pasado, algo que te borró de su memoria y logró salvarte la vida al mismo tiempo.
- ¿Salvarme la vida?
- Korra desapareció la noche anterior y regresó el día que despertaste con agua del Oasis de los Espíritus. Gracias a ella pudimos salvar tu vida. Pero cuando volvió también se había olvidado de ti. Esa no es una coincidencia.
- ¿Qué quieres decir, abuela? – preguntó Alehk expectante.
- Ojalá lo supiera. Sólo me vienen a la cabeza las palabras que Aang me dijo alguna vez "En el mundo de los espíritus puedes obtener casi cualquier respuesta, si estás dispuesto a pagar el precio". Korra se marchó dispuesta a encontrar la forma de salvarte la vida y volvió con ella… pero aparentemente también pagó un precio.
- ¿Se olvidó de mí para salvarme la vida?
- La única persona que puede darte una respuesta… la olvidó, hijo mío.
- Entonces tengo que quedarme, tengo que hacer que me recuerde – dijo el muchacho ilusionado – y si no me recuerda sólo tengo que comenzar de nuevo…
- No, hijo. Tienes que irte. No sabemos las consecuencias que podría acarrear el que te quedes… por tu bien y por el de Korra, tienes que irte.
- Pero ella ya pagó el precio, ¿es que también estuvo de acuerdo en que no volviéramos a estar juntos?
- Hasta que no lo sepamos, no puedes acercarte a ella…
- Eso no es verdad – dijo Korra – Sihe no me pidió nada más, sólo mis recuerdos.
- Pero nosotros no sabíamos qué había pasado, y Katara y los ancianos de la Orden pensaron que lo mejor era que yo me alejara, era difícil imaginar qué clase de trato habías hecho y cuáles serían las consecuencias de romperlo.
- ¿Katara te dijo que no te acercaras a mí? – preguntó Korra - ¿por eso te fuiste?
- Luego de todo lo que habíamos pasado no iba a alejarme sólo así. Traté de retrasar mi viaje, perdí a propósito el barco que iba a llevarme a la Nación del Fuego y tuve que esperar al siguiente que me llevaría a Ciudad República, eso iba a darme dos semanas más para tratar de hacer que me recordaras, pero mis intentos fracasaron una y otra vez. No sólo no me recordabas, sino que mi compañía te resultaba insoportable, y al final decidí darme por vencido… o casi por vencido.
Alehk continuó su historia.
- Vamos chica, tú puedes hacerlo…
Naga dejó de perseguir la esfera de agua que Korra sostenía con su agua-control para recibir al muchacho que se acercaba.
- Otra vez tú – dijo Korra con absoluta indiferencia haciendo que Alehk se sintiera miserable.
- Vine a despedirme – dijo el muchacho, mientras acariciaba a Naga.
- Pero acabas de llegar – dijo Korra sin ningún interés particular, sólo le parecía extraño que alguien viajara al Polo Sur para pasar un par de días medio inconsciente y luego sólo se marchara.
- Hace tres meses que estoy aquí… no importa. Sólo quería darte un regalo de despedida.
- ¿Un regalo de despedida? Apenas nos conocemos, no creo que…
- Sólo acéptalo – dijo Alehk extendiéndole una pequeña bolsa de piel.
Korra la tomó con desconfianza, pero no pudo contener su curiosidad y la abrió.
- ¿Es una broma? – preguntó Korra furiosa sosteniendo una pequeña piedra azul, que era lo que contenía la bolsa.
- La encontramos en uno de nuestros viajes de caza, ¿recuerdas? Tú la querías, pero yo te la pedí y me la diste a cambio de que te dijera…
- ¿Cuál es tu problema? ¡Ya te dije que no te conozco! Te golpeaste la cabeza y crees que algo pasó entre nosotros, pero no es así. Yo nunca hubiera sido amiga de alguien tan molesto como tú, ¿y por qué querría una estúpida roca? – Korra tomó la pequeña piedra y la arrojó para que se perdiera en la nieve.
Alehk apretó los puños tratando de tranquilizarse, pero se le agotaba el tiempo.
- Tienes que recordar – dijo sujetando a Korra por los hombros y sacudiéndola por la desesperación – tienes que recordar lo que pasó, lo que me dijiste antes de salir a buscar la maldita puerta, tienes que recordar…
- ¡Suéltame! – pidió Korra tratando de alejarse del muchacho - me estás lastimando.
Uno de los guardias que siempre seguían a Korra se acercó y Alehk la dejó de ir de inmediato.
- Lo… lo siento – dijo el muchacho sintiéndose culpable, había perdido el control y había lastimado a Korra con sus insistencia.
- ¿Por qué no te vas de una vez? No quiero volver a verte… quienquiera que seas – las últimas palabras de Korra fueron demasiado para Alehk, que se dio por vencido al fin.
- Haz lo que te dice o yo mismo voy a llevarte arrastrando hasta el barco, muchacho – dijo el guardia.
- … el guardia le dijo a los Ancianos que te había atacado, y me prohibieron volver a acercarme a ti, ni siquiera pude volver al Polo Sur luego de eso.
- Pero eso no fue lo que pasó, si me hubieran preguntado yo les habría dicho la verdad.
- Sihe reclamó todos tus recuerdos, Korra, también los de nuestros encuentros luego de que desperté. Katara me dijo que te encontraron llorando luego del incidente, no recordabas exactamente lo que había pasado, ni mi nombre, pero sí que te habían lastimado, aunque no de la forma en que todos pensaron.
- Alehk… lo siento mucho…
- ¿Algo de lo que te he contado parece haber sido tu culpa? El único responsable fui yo, Korra.
- La piedra… - dijo la joven recordando de pronto – la encontramos y no pude usar mis poderes en ella, tú dijiste que tenía que valer la pena porque no se sometía a mis caprichos y yo te dije que era sólo porque me gustaba tal y como estaba. Yo la quería porque era azul, pero tú me la pediste para hacer un collar, como los de la Tribu Agua del Norte… lo demás no lo recuerdo.
- Me dijiste que me la darías a cambio de te dijera un secreto, así que te dije que era maestro-aire. Iba a devolvértela porque si lo habías olvidado todo… no tenía caso que yo la conservara… y porque tenía la esperanza de que algún día te hiciera recordar algo más.
- Alehk…
- Sólo te lo dije todo esto para cumplir mi palabra, pero preferiría no volver a hablar al respecto. Lo mejor es que tratemos de dejar atrás lo que pasó. Lo único que debe interesarnos ahora es evitar la guerra. Mañana mismo saldremos hacia Ba Sing Se.
- Tú pudiste haberlo dejado atrás, pero yo apenas lo recordé – dijo Korra poniéndose de pie – es como si hubiera ocurrido ayer. Por alguna razón me están devolviendo nuestros días en el Polo Sur, y no va a ser la última vez que hablemos sobre ellos.
