Capítulo 13.

Asami recorrió por última vez el Palacio, durante su vida había visto muchos lugares, pero nunca se había sentido más impresionada que cuando recorría los jardines y se imaginaba la historia detrás de cada rincón del Palacio. Se detuvo frente al estanque de los patos-tortuga y comenzó a lanzarles trozos de pan, al parecer era una tradición alimentarlos, y no quería marcharse sin hacerlo. Los animalitos comenzaron a acercarse de inmediato.

- Parece que les agradas, señorita Sato – dijo Iroh que estaba sentado debajo de un árbol a pocos metros. Asami no lo había visto.

- Creo que lo que les agrada es el pan de especias – dijo Asami sonriendo, ya había perdido las esperanzas de verlo antes de marcharse – no sabía que un General tenía tiempo para pasar la tarde debajo de un árbol contemplando el atardecer.

- Sólo los Generales tenemos tiempo para hacerlo – dijo Iroh poniéndose de pie – los demás aún tienen que trabajar duro.

- Ser General parece sencillo – bromeó Asami.

- Mucho más que ser hijo del Señor del Fuego – Iroh se acercó y tomó un trozo de pan y comenzó a lanzarlo, pero los patos-tortuga siguieron comiendo el que les arrojaba Asami - ¿Lo ves, señorita Sato? Puedes tratar de alimentarlos, pero ellos deciden si les agradas o no, y tú les agradas.

- No sabía que animales tan lindos pudieran ser tan quisquillosos.

- Sólo han tenido malas experiencias, la mayoría de los habitantes de este lugar son maestros-fuego y tienen mal temperamento – dijo Iroh sonriendo.

- ¿Entonces sólo les agrado porque no puedo prenderlos en llamas?

- ¿Cómo logras que me sienta como un tonto cada vez que hablo contigo, Señorita Sato? – preguntó el General haciendo que Asami se sonrojara.

- Estoy en tu Palacio, y además tienes una Armada a tu disposición, no voy a responder a eso.

- Siempre he tenido claro que eres una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida.

Hubo un silencio extraño entre los dos.

- Tal vez sea la única oportunidad que tenga para agradecerte tu hospitalidad – dijo Asami para romper el silencio.

- Hubiera querido tener más tiempo estos días para mostrarte la Capital, o por lo menos el Palacio… desafortunadamente son tiempos difíciles…

- Esa es la razón de que estemos aquí.

- La próxima vez espero que sea diferente…

- Dudo que haya una próxima vez, General, pero si Ciudad República sobrevive y algún día vas de visita…

- Habrá una próxima vez, Asami – dio Iroh mirándola a los ojos. Asami tuvo que desviar la vista – me propuse impresionarte, y no lo conseguí ni aún en un Palacio…

- Así que el General Iroh no puede soportar la idea de que haya una mujer que no caiga a sus pies.

- ¿En serio piensas eso de mí? – preguntó Iroh serio. Al parecer las palabras de Asami lo habían ofendido.

- No importa lo que piense, estamos a punto de marcharnos. Si te hace sentir mejor, no tuviste que hacer nada para impresionarme, lo conseguiste desde la primera vez que te vi.

- Pues si me hace sentir mejor, porque no había conocido a una mujer más extraordinaria, ahora me siento un poco menos intimidado.

- ¿Quieres que crea que el General de la Armada de las Naciones Unidas y Príncipe de la Nación del Fuego se siente intimidado por mí? Pensé que me considerabas más lista…

- Olvidas que te he visto dejar inconscientes a una docena de igualitarios sin esforzarte y aprender a pilotear una nave en diez minutos, y eso sólo en una tarde, eso hace que cualquiera se sienta intimidado, sea General o no.

- Eso sólo quieres decir que cuando me viste no esperaste demasiado de mí…

- Esperar más hubiera sido ridículo, Asami. Eras la mujer más hermosa que había visto…

El rostro de Iroh estaba a pocos centímetros del de Asami que parecía hipnotizada por la situación, cuando él comenzó a acercarse para besarla, ella tuvo que reaccionar.

- Aquí va otra sorpresa, General – dijo alejándose – conozco tu juego y no estoy dispuesta a participar.

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Alehk había destapado una caja de Pandora al contarle a Korra lo que había pasado en el Polo Sur, y no podía dejar de pensar en cuáles serían las consecuencias. Por lo pronto había reabierto una herida que, aunque nunca había sanado por completo, con el tiempo había dejado de doler lo suficiente para ignorarla.

- La Princesa estará aquí en cinco minutos – le anunció Zein – su reunión con el Señor del Fuego se extendió mucho más de lo previsto.

- Así que ahora eres General – dijo Alehk tratando de entablar una conversación para librarse de sus pensamientos – Iza te promovió porque rescataste a Kiya, ¿no es cierto?

- Traté de explicarle a la Princesa que fue fortuito que la encontrara y la trajera de vuelta. Prefiero no acostumbrarme a la idea, porque cuando lo piense mejor podría retractarse…

Alehk comenzó a reír de buena gana, y el oficial se esforzó por no parecer ofendido.

- Tú y yo sabemos que Iza no se retracta nunca, no importan las consecuencias. Mejor acostúmbrate cuanto antes a tu nueva posición.

- Eso es lo que me temo – dijo Zein desanimado.

- A todos nos resulta obvio que prefieres tu trabajo en el Palacio, pero tal vez esta es la razón que necesitabas para decidirte a dejar eso atrás, no va a llevarte a ningún lado, Zein. Más de uno ha arruinado su vida persiguiendo algo que es imposible alcanzar.

- No entiendo lo que quiere decir…

- Iza es una persona agradecida, aún con quienes están a su servicio. ¿Te digo que es lo que creo? Que te dio la oportunidad de decidir otra vez, te devolvió tu palabra para que puedas alejarte cuando las cosas se compliquen. Deberías tomarla, Zein. Aquí ya no hay nada para ti.

- Mi decisión no va a cambiar, y no son estúpido, maestro Alehk, sé que nunca hubo nada para mí, además de la satisfacción del deber cumplido.

- Eso es algo que tenemos en común…

La puerta del salón se abrió y entró Iza visiblemente abatida. Si Alehk no la hubiera conocido mejor habría apostado que había llorado, pero Iza nunca lloraba.

- Es tu primer día como General y estás perdiendo el tiempo – le dijo a Zein - ¿no tienes trabajo que hacer?

- Sólo vine a darle instrucciones a Jiang…

- Jiang sabe lo que tiene qué hacer, te vio hacerlo durante años. Márchate a hacer tu trabajo antes de que me arrepienta y decida enviarte como guardia a alguna prisión.

- Enseguida, Princesa – dijo Zein, que hizo una reverencia y salió inmediatamente.

- ¿Quieres que vuelva más tarde? – preguntó Alehk, sabía que Iza detestaba parecer vulnerable.

- Ya no tenemos tiempo – dijo la Princesa tratando de recuperar la compostura – la nave está lista, saldrán por la mañana hacia Ba Sing Se.

Iza se alejó dos pasos para apoyar sus manos en la mesa donde desplegaban los mapas y se inclinó, la cortina de su cabello cubría su rostro, pero cuando un par de gotas cayeron sobre el mapa de Ciudad República, Alehk se dio cuenta que estaba llorando. La última vez que la había visto llorar había sido durante el funeral de Azula, y antes de ese día, ni una sola vez, algo serio debía haber pasado.

- Iza, ¿qué pasó con Ursa? – preguntó Alehk, contradiciendo a su sentido común, que le decía que se alejara y dejara el tema en paz.

- Tengo que pedirte un favor – dijo Iza sin levantar la vista, e ignorando la pregunta de Alehk – el Ministro de Guerra está intranquilo por la situación, está al tanto de que Amón está aquí y de los depósitos de armas, y quiere alejar a sus hijas de la Capital… quiere que las lleves contigo a Ba Sing Se.

- Preferiría no arriesgar a Korra a viajar con… - Alehk se apresuró a dar su negativa, pero Iza lo interrumpió.

- El hombre arriesgó su posición y su seguridad por apoyarme, lo menos que puedo hacer por él es insistir, Alehk – había algo parecido a la desesperación en la voz de Iza, que no ayudó para que el maestro-aire pudiera pensar con claridad - Preparar otra nave tomaría otro día… y ya no hay tiempo…

- De acuerdo, Iza.

- Estoy casi segura que Luei y Mei son inofensivas, pero no estaría de más que las mantuvieras vigiladas, siguen siendo hermanas de Sheng Yu. Eso era todo, debes tener cosas que arreglar antes del viaje.

Alehk se dio la vuelta para marcharse, pero no pudo hacerlo en el último momento. Ver a Iza en ese estado lo había impresionado, algo grave debía haber pasado y no iba a estar tranquilo hasta averiguarlo. Aunque era poco probable que Iza se lo dijera, tenía que intentarlo. Cuando volteó de nuevo pudo ver que la Princesa secaba sus lágrimas, había algo en esa imagen que lo conmovió, hasta entonces no hubiera creído que la orgullosa nieta de Azula pudiera parecer tan vulnerable.

- ¿Olvidaste algo? – preguntó Iza recuperando la compostura, y su tono distante.

- Iroh y Ursa ya no confían en ti – dijo Alehk sin rodeos.

- Esas son noticias viejas, ¿ya olvidaste lo que te dije?

- ¿Qué pasó con Ursa? – por un segundo Alehk pensó que Iza le arrojaría una ráfaga de fuego azul por insistir, pero luego su expresión se relajó y él también pudo hacerlo.

- Sólo me dijo lo que yo ya sabía… fue mi culpa porque me permití olvidarlo – dijo Iza sonriendo - No pasará otra vez.

- ¿Es ahora cuando tengo que elegir de parte de quién quiero estar?

- Elige bien, pequeño Alehk. La seguridad de tu querida Korra depende de que estés del lado correcto cuando llegue el momento.

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Mako observó desde la ventana de la nave cómo se quedaban atrás los volcanes y el continente, y sólo quedaba debajo el mar. No podía decir que su estancia en la Nación del Fuego hubiera sido completamente agradable, pero había valido la pena. Estaba decidido a volver algún día.

Hacía varias horas que volaban rumbo al Reino Tierra, y el dirigible en el que lo hacían era tan grande, que desde el despegue no había visto a nadie. La atmósfera en la nave no era del todo agradable, Korra estaba inusualmente callada, su relación con Asami aún no era cordial, a Kiya no la conocía y Bolín seguía molesto con él. Eso sin contar a las dos chicas a las que Alehk había accedido a llevar a Ba Sing Se. Mei y Luei Yu, eran las últimas personas con las que hubiera querido relacionarse, pero si el Ministro de Guerra pedía un favor, podía considerarse una orden. Así que dada la situación, Mako había preferido recluirse en uno de los camarotes.

- Korra me pidió que te avisara que servirán la comida en diez minutos – le dijo Bolin asomando sólo su cabeza por la puerta, evidentemente aún no quería hablar con él.

- Bo, ¿podemos hablar?

- Tal vez después de la comida me sienta con ánimos de escucharte – dijo Bolin, iba a cerrar la puerta, pero Mako se apresuró a impedírselo.

- No puedo creer que todavía estés molesto…

- Y yo no puedo creer que todavía no lo entiendas, Mako – dijo Bolin serio.

Mako se dio por vencido y dejó que su hermano se marchara. Iba a ser un viaje largo hacia el Reino Tierra.

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En cuanto Mei Yu se abalanzó sobre Korra, entusiasmada por conocer al Avatar, y le dijo que esperaba que se convirtieran en mejores amigas, la joven Avatar supo que iba a ser un viaje muy largo hacia Ba Sing Se. La hija menor del Ministro de Guerra comenzó a seguirla por todas partes sin dejar de hablar un segundo, incluso Naga tuvo que alejarse y refugiarse junto a Alehk, que seguía igual de callado que los últimos días.

Y aún con lo molesta que le resultaba Mei, Luei Yu le parecía aún más difícil de tolerar. La mayor parte del tiempo trataba de hacer quedar mal a su hermana con comentarios sarcásticos y malintencionados, y la otra mitad se abalanzaba sobre Alehk con cualquier pretexto. Korra casi adivinó que esa era la razón de que Mako hubiera preferido alejarse de todos durante el viaje, si ella hubiera podido, también lo hubiera hecho.

- ¿Quieres decirme otra vez cómo dejaste que te convencieras de llevarlas con nosotros? – le preguntó Korra a Alehk cuando no pudo soportar más escuchar a Mei Yu.

- Fue una petición del Ministro de Guerra, él cree que estarán más seguras en Ba Sing Se que en la Capital. No podía negarme.

- Por lo menos debiste intentarlo, si escuchó un comentario más sobre zapatos voy a lanzarme por la ventana.

Alehk no pudo evitar sonreír.

- Es un buen cambio – dijo Korra satisfecha – ahora soy yo quien te hace sonreír.

- Por la mañana estaremos en Ba Sing Se y ni siquiera vas a recordar que viajaron con nosotros.

- Así que el plan es llegar a la Ciudad, hablar con Akuru y cruzar los dedos para que nos apoye, ¿qué puede salir mal?

- De hecho, pensaba que Kiya debería hablar primero con él. Así tendríamos una idea de qué esperar cuando sea tu turno.

- Ese plan me parece aún mejor – dijo Korra aliviada de poder retrasar su entrevista con el líder de los Dai Li - ¿Sabes algo? He estado recordando varias cosas desde la última vez que hablamos, ¿alguna vez tratamos de atrapar focas-pingüino con…?

- Aquí estás – dijo la voz molesta de Luei Yu, que de inmediato rodeo a Alehk con sus brazos, Korra pensó que esa chica tenía serios problemas para respetar el espacio personal, siempre estaba colgada de alguien, e incluso el afectuoso Bolin lo encontraba extraño – te he buscado por todas partes, ¿estás tratando de esconderte de mí? Tengo un problema con la puerta del camarote y tienes que ayudarme.

- Deberías pedirle ayuda a alguien de la tripulación – dijo Alehk incómodo – ellos saben mejor que nadie cómo solucionar esos problemas.

- Vamos, Alehk, sé un caballero y ayuda a una dama que necesita tu ayuda, ¿quieres?

Alehk suspiró resignado.

- Casi puedo asegurarte que no podré arreglar tu puerta, pero dejaré que te decepciones por ti misma…

Korra los vio alejarse con una extraña sensación en el estómago.

- Ahora no te parece tan mala Mei, ¿o sí? – preguntó Kiya que había estado observando.

- ¿Cuál es su problema? – preguntó Korra.

- Sólo están acostumbradas a tener todo lo que quieren, y Luei no le perdona a Alehk que nunca le haya eso caso… va a hacerlo sufrir tanto como sea posible mientras pueda, y supongo que por ahora eso incluye tenerlo cerca… y alejarlo de ti, Avatar.

- Ahora me agradan todavía menos.

- La vida de los nobles es distinta, tienen demasiado dinero y poder, y muy poco qué hacer. Manipular a los que están a su alrededor y arruinar sus vidas es casi como un deporte para ellos – dijo Kiya triste.

- ¿Estás bien?

Kiya parecía inusualmente deprimida mientras observaba por la ventana.

- Ya estamos acercándonos a Ba Sing Se.

Korra pudo ver la angustia en los ojos de la joven. No conocía toda su historia, pero sabía que ver a su familia no era algo que Kiya esperara con ansias.

- Alehk acaba de decirme que hablarás primero con tu hermano… ¿es eso lo que te preocupa?, ¿ver a tu hermano?

Kiya suspiró y se sentó debajo de la ventana, Korra se sentó junto a ella.

- Pensé que estarías emocionada, ha pasado mucho tiempo.

- Emocionada no es la palabra… - dijo Kiya abrazando sus rodillas - pero si, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que los vi. Tal vez ni siquiera voy a reconocerlo…o él a mí.

- Yo podía reconocer a mis primos luego de muchos años de no verlos… no tengo hermanos, pero es fácil adivinar que un vínculo tan estrecho es mucho más difícil de olvidar. Estoy segura que él va a reconocerte y tú a él.

- Eso no es lo que me preocupa, Avatar, sino lo contrario, ver que en verdad es mi hermano, el mismo que cuidaba de mí cuando éramos niños el que se convirtió en un traidor.

- No te entiendo, Kiya.

- Con el tiempo mis recuerdos de Akuru se han ido borrando – dijo Kiya cerrandos los ojos - pero hay uno que permanece intacto. Yo tenía como cinco años, estaba en el jardín practicando uno de los movimientos que me había enseñado, y él apareció llamándome casi a gritos. Nunca lo había visto tan emocionado. Me dijo que había escuchado en la radio que por fin habían encontrado al nuevo Avatar en el Polo Sur. Yo había escuchado alguna vez la palabra, pero no sabía de qué estaba hablando. El me explicó que el Avatar era el puente entre nuestro mundo y el mundo de los espíritus, que era el único maestro que podía controlar los cuatro elementos, que mientras hubiera un Avatar en el mundo habría esperanza. Yo no lo entendí por completo, pero recuerdo el brillo en sus ojos y la emoción mientras hablaba. Un par de días después le dijo a nuestro padre que iba a marcharse para ser parte de la Orden del Lotto Blanco porque quería convertirse en el Guardián del Avatar, la única vez que vi a nuestro padre más molesto que ese día fue cuando yo misma me marché, lo amenazó de todas las formas posibles para que se quedara… y al final Akuru cedió y se quedó.

- ¿Por eso tú trataste de convertirte en Guardián? – preguntó Korra.

- Sólo en parte, mi razón principal fue mucho menos noble, pero no importa porque no lo conseguí.

- Tal vez Amón si lo engañó, tal vez Akuru no sabe de sus planes…

- Mi hermano es una buena persona, Avatar, pero siempre ha sido incapaz de desobedecer a nuestro padre… ni siquiera me defendió cuando me echaron, y no me buscó después… y no puedo dejar de pensar que tal vez esa es la razón por la que se alió con Amón. Akuru no es ambicioso, pero nuestro padre sí…

- ¿Y aún así crees que vamos a poder convencerlo, Kiya?

- Tengo que pensar que sí, porque la otra opción es… ni siquiera quiero pensar en eso.

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La vista de Ba Sing Se desde el aire era un espectáculo al que nadie podía acostumbrarse. La ciudad era impresionante, no sólo porque era gigantesca, sino por su belleza. Parecía que el tiempo se había detenido y la había conservado intacta… o casi intacta, el color de la tierra ya se mezclaba con el color del asfalto en gran parte de la Ciudad, y rascacielos comenzaban a levantarse por todas partes.

Aún cuando hacía setenta años que había terminado la guerra, los procedimientos para atravesar la Gran Muralla e ingresar a la Ciudad habían vuelto, junto con los Dai Li. Aún si era la Nave del Señor del Fuego, tuvieron que aterrizar a las afueras y pasar la inspección. El sólo nombre del Avatar les hubiera facilitado las cosas, pero los Dai Li tenían ojos y oídos en todas partes, y una vez dentro de Ba Sing Se, Korra iba a estar completamente vulnerable.

En cuanto estuvieron dentro de la ciudad, la sensación de sentirse vigilados fue inevitable, y Alehk comenzó a ver las innumerables fallas de su plan. Se habían metido en la boca del lobo y no había marcha atrás.

Habían caminado pocos minutos por sus calles, y el encanto de Ba Sing Se comenzaba a desaparecer, el bullicio de la gente que iba y venía se mezclaba con el sonido de los radios que había en todas partes; y el ruido del tren, aún movido por maestros-tierra, con el sonido de motores de autos.

Cuando uno se detuvo frente a ellos y un sujeto bajó preguntando por Mei y Luei Yu, todos ahogaron un suspiro de alivio, las despedidas duraron más de lo que todos hubieran querido, y cuando vieron al auto desaparecer dando la vuelta en una esquina, por fin se permitieron sonreír.

- ¿A dónde irán? – preguntó Bolin, el único suficientemente amable para mostrar interés.

- ¿A quién le importa? – dijo Mako malhumorado.

- Creo que su familia tiene una casa enorme en algún vecindario lujoso – dijo Kiya – estarán bien.

- ¿Y a dónde iremos nosotros? – preguntó el maestro-tierra.

El estómago de Kiya se revolvió ante la perspectiva de su próxima reunión con Akuru.

- Al único lugar seguro en toda la Ciudad – dijo Alehk que comenzó a caminar.

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El Palacio de Ba Sing Se era la construcción más impresionante que cualquiera hubiera visto en su vida, no podía esperarse otra cosa del Rey con los mejores maestros-tierra del mundo a su disposición. Aún así ninguno pareció disfrutar la vista, ambos sumidos en sus propios pensamientos. Antes de darse cuenta estuvieron frente a la puerta, apenas anunciaron el motivo de su visita, la abrieron para ellos.

Kiya recordaba vagamente algunos de los lugares mientras los conducían a los cuarteles de los Dai Li. El Palacio era el único lugar al que el tiempo no había cambiado en setenta años, las personas que lo habitaban, en cambio, no podían ser más distintas. Ni los nobles ni los altos funcionarios vivían más allí, todo el lugar se había convertido en un gran complejo de oficinas donde se manejaban los asuntos del inmenso Reino Tierra. Había que caminar pocos metros para encontrase con personas venidas de Omashu, Gaoling, incluso de la Isla Kioshy y de las villas más pequeñas, todo se movía y se ordenaba desde ese lugar… y no era el Rey el que tenía la última palabra.

Cuando por fin se detuvieron frente a una enorme puerta verde de metal, el corazón de Kiya comenzó a latir violentamente. Diez años más podían pasar y ella aún no estaría lista para ese encuentro.

- El señor Akuru Deng los espera – dijo el oficial que los guiaba y con un movimiento de metal-control abrió la puerta.

Kiya dudó un segundo antes de entrar. Volvió a sentirse tan vulnerable como la niña de ocho años a la que su familia le había quitado hasta el nombre.

- Akuru ya no puede hacerte daño – le dijo Alehk al oído – es hora de que dejes eso atrás – dijo abrazándola. La joven se sintió mucho más segura.

Kiya respiró profundo y entró al salón. Era una habitación enorme, como todas en el palacio, pero sorprendentemente austera. Las altísimas paredes estaban decoradas con estandartes del Reino Tierra y los pisos con alfombras con motivos verdes y dorados, pero además de eso sólo había una mesa en el centro con un mapa del Reino Tierra. Había un hombre de pie observándolo, el corazón de Kiya casi se detuvo, después de diez años volvió a ver el rostro de su hermano.

Akuru se acercó de inmediato, y aunque trató de disimularlo, su corazón lo delató. La presencia de su hermana lo había emocionado y estaba genuinamente feliz, o tal vez era sólo curiosidad.

- Cuando me dijeron que me buscabas casi pensé que era una mala broma – dijo sonriendo.

Kiya estaba emocionada y conmovida, pero el temor era un poco mayor. Escuchó la voz grave de su hermano y le pareció escuchar a un extraño, ella recordaba su voz diferente. No era lógico, pero en su imaginación aún escuchaba la voz de un muchacho de quince años. Además de eso Akuru sólo se había hecho más alto, más fuerte, su piel era ligeramente más oscura y su cabello más largo, pero sus rasgos eran los mismos.

A Akuru le decepcionó el silencio de Kiya, habían pasado muchos años y él se había permitido, si no olvidar, si minimizar lo que había pasado y esperaba un reencuentro más emotivo. Pensó que su hermana aún debía guardarle rencor, no se le ocurrió pensar que todo lo que pasaba era demasiado para que la joven lo asimilara de inmediato.

- Supongo que la intención de tu visita no es convocar una reunión familiar – dijo Akuru desviando su atención a Alehk - así que ¿a qué debo el honor de la presencia de los guardianes del Avatar?

- Estoy seguro que sabes la respuesta – dijo Alehk – pero aún así deberíamos discutirlo en privado.

- Soy el jefe de los Dai Li, no puedo tener secretos con mis oficiales.

- Pero aún el jefe de los Dai Li puede recibir a viejos amigos para hablar de viejos tiempos. Esta es una visita personal Akuru, Kiya quería ver a su hermano y yo a un buen amigo.

Akuru hizo una señal y los oficiales que estaban en el salón salieron de inmediato, cerrando la gran puerta de metal tras ellos.

- ¿Esta es toda la privacidad que podemos tener? – preguntó Alehk.

- Es toda privacidad que una reunión familiar merece – dijo Akuru – Has crecido mucho, Kiya, y te pareces tanto a nuestra madre – la emoción en la voz del muchacho era evidente – cuando le diga que estás aquí va a emocionarse…

- ¿Le… dirás que estoy aquí? – preguntó Kiya, el pánico en su voz fue evidente.

A diferencia de Kiya, a Akuru le pareció que escuchaba a la misma niña de seis años que lo seguía a todas partes para que la enseñara a hacer tierra-control a escondidas de sus padres.

- No te preocupes, sólo se lo diré a nuestra madre – la aclaración no ayudó mucho a que Kiya se tranquilizara, no sólo porque su madre había sido tan inflexible como su padre, sino porque no había nada que no le dijera de inmediato a él.

- ¿Cómo están… todos? – preguntó Kiya por algo parecido a la cortesía.

- No te molestaré dándote una respuesta que no quieres saber – dijo Akuru sonriendo – pero te aseguro que yo si les diré lo bien que te encuentras, y van a alegrarse…

- En realidad es una suerte que Kiya haya podido hacer el viaje – dijo Alehk desconcertado por la actitud cordial de Akuru y por lo emocionado que estaba de ver a su hermana – hace apenas dos días era la prisionera de Amón y esperaba para perder su control, o incluso su vida.

- ¿Amón…? ¿Amón te quitó tu control? – preguntó Akuru. Alehk pudo ver que su sorpresa y su indignación eran auténticas.

- Conseguí escapar antes de que lo hiciera.

- Pero te tuvo prisionera… Dime la verdad Kiya, ¿te lastimó? – preguntó el jefe de los Dai Li tomando la mano de su hermana, que por reflejo la retiró de inmediato y retrocedió.

- ¿Eso cambiaría en algo las cosas? – preguntó la maestra-tierra molesta - ¿cómo pudiste hacer algo así, Akuru?, ¿cómo pudiste aliarte con Amón?, ¿tienes idea de lo que planea hacer y de la cantidad de personas que van a resultar lastimadas?, ¿es que sólo te importa conservar el poder…?

Alehk había conocido a Akuru durante la coronación de Ursa, cuatro años atrás. En ese entonces aún no era jefe de los Dai Li, sino uno de los consejeros del Rey. Antes de saber de quién se, le había parecido un tipo demasiado agradable para estar involucrado en la política, fue cuando escuchó su nombre que toda la simpatía por él desapareció. Aún así le costaba relacionarlo con el Akuru de las historias de Kiya, con el muchacho que no había hecho nada por defenderla.

Pero ver su reacción lo confundió, estaba feliz por ver a Kiya, le había enfurecido saber que Amón la había capturado, y escuchó los reproches de Kiya sin mostrar el menor indicio de estar molesto, al contrario, las palabras de su hermana parecían mortificarlo.

- Kiya, no entiendes nada. Mis motivos para aliarme con él son mi problema. Pero hice un trato con ese infeliz y no podía ponerte una mano encima…

- ¿Sabías que yo estaba con el Avatar? – preguntó Kiya sorprendida.

- Sé todo lo que has hecho desde el día que dejaste Ba Sing Se – dijo Akuru serio – deberíamos hablar en otro lugar.

Con un movimiento hizo que el piso se abriera y apareciera una escalera que llevaba a una habitación debajo.

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- ¿El Dragón de Jazmín?, ¿estás segura que es aquí a dónde Alehk quería que viniéramos? Esto parece una cafetería – dijo Bolin mientras revisaba de nuevo la dirección – aunque tengo un poco de hambre.

- El nombre me resulta familiar – dijo Korra.

- ¿Tu guardián nos hizo venir hasta aquí sólo para almorzar? – preguntó Mako.

- Deberíamos ir y preguntar – dijo Asami adelantándose a los demás.

- Y tomar un poco de té no estaría mal – dijo Bolin.

Entraron al lugar, que estaba completamente lleno. Los clientes hablaban sin parar y los meseros iban y venían llevando tazas de té y algunos postres, de los que Bolin no podía apartar la vista, no habían comido nada en todo el día.

Mako se adelantó hasta el mostrador, donde había un hombre mayor acomodando las fichas en un tablero de Pai Sho.

- Disculpe, señor – dijo tratando de no parecer impaciente - ¿podríamos hablar con el encargado de este lugar? Tenemos que tratar un asunto importante, hay una carta que…

- ¿Sabes jugar Pai Sho, muchacho? – preguntó el anciano ignorando lo que Mako acababa de decirle – creo que los jóvenes no juegan suficiente Pai Sho…

- Escuche, se trata de algo urgente, estamos buscando a… creo que su nombre es…

- Pudiste haber comenzado diciéndome que el Avatar estaba aquí – dijo el anciano cuando levantó la vista y vio a la joven con atuendo de la Tribu Agua y su enorme perra-oso polar a pocos metros – Trae a tus amigos y síganme.

El anciano los llevó a una habitación detrás de la tienda. Luego de leer con interés la carta de Alehk, desapareció algunos minutos para volver después con té y pasteles para todos.

- ¿Por qué Alehk nos envió aquí? – preguntó Korra mientras comía, hasta ese momento no se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba.

- Porque Ba Sing Se no es una Ciudad segura para el Avatar – dijo el anciano – tienes muchos enemigos aquí. Tu guardián te envió con tus únicos amigos.

- ¿Usted es de la Orden del Lotto Blanco? – preguntó Korra.

- ¿Y Alehk nos envió aquí para que usted protegiera a Korra? – preguntó Bolin - ¿no es un poco…?

- ¿Viejo? A decir verdad sí – dijo el hombre sonriendo - pero no soy el único. Mientras estés en Ba Sing Se te mantendremos segura, Avatar Korra… veo que ya está aquí – dijo el anciano entusiasmado cuando escucharon pasos acercándose – él también estaba ansioso por verte.

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Mientras observaba el enorme salón subterráneo, Alehk trataba de adivinar cuántos lugares más así habría debajo del Palacio, y si el Rey sabía de todos. El lugar era obviamente un sitio de reunión, había una enorme mesa de roca en el centro con decenas de sillas alrededor, y si estaba escondido, las decisiones que se tomaban allí seguramente no beneficiaban a todos.

- ¿Qué es lo que quieren de mí? – preguntó Akuru por fin, por un par de minutos sólo había guardado silencio mientras golpeaba la mesa con sus dedos, tal vez estaba nervioso.

- Dije la verdad – respondió Alehk – Kiya quería verte, no teníamos otra intención al venir aquí.

- Entonces tal vez podrías adelantarme algo sobre mi próxima reunión con el Avatar…

- La información viaja rápido en Ba Sing Se…

- En cuanto me anunciaron que Kiya quería verme, supe que el Avatar, tú y los otros chicos con quien viajan estaban aquí también. Y aún no lo entiendo, si creen que estoy aliado con Amón, ¿por qué están aquí? En teoría, todos mis recursos están a disposición de los igualitarios…

- Tienes que hablar con el Avatar Korra – dijo Kiya – tienes que escucharla antes de enviar tus tropas a Ciudad República.

- No soy yo quien comanda las tropas, sino el Rey. Y estoy seguro que estaría encantado de recibir a nuestro Avatar.

- Akuru… - la súplica se evaporó antes de salir de los labios de la maestra-tierra.

- ¿Recuerdas cuando me obligabas a llevarte conmigo los días que tenía guardia en la Academia? – preguntó Akuru de pronto - Estaba prohibido, pero eras tan pequeña que nadie notaba tu presencia, decías que eras mi teniente y te quedabas conmigo las dieciocho horas… la mayor parte del tiempo dormías, aún eras muy pequeña – dijo Akuru con cierta melancolía – siempre fuiste la más tenaz de los dos, incluso a esa edad.

- Es poco lo que recuerdo de mis días en casa – dijo Kiya triste.

- Algo debes recordar, estoy seguro.

- ¿Lo harás? – preguntó Kiya cambiando el tema - ¿hablarás con el Avatar?

- Por supuesto, será un placer conocerla – dijo el jefe de los Dai Li sonriendo.

- Pero entiendes que no puede venir aquí, que no puedo arriesgar su seguridad trayéndola al Palacio – aclaró Alehk – su reunión tiene que ser en un lugar seguro…

- Si tus sospechas son correctas, ya la trajiste a Ba Sing Se, y la dejaste desprotegida al venir aquí…

- Descuida, ella estará bien – dijo Alehk.

Aunque Akuru parecía tranquilo, su pulso lo delataba, su ansiedad crecía cada segundo. Y seguía golpeando la mesa con los dedos mientras hablaba, Kiya no recordaba que tuviera esa manía.

- ¿Cuándo y dónde sería nuestra reunión? Si es un asunto oficial tendría que comunicárselo al Rey…

El corazón de Kiya se aceleró cuando entendió lo que su hermano estaba haciendo. Estaba tratando de decirle algo en código con el golpeteo de sus dedos sobre la mesa. Kiya trató de concentrarse en los golpes mientras Alehk comenzó a darle los detalles del sitio y las condiciones de la reunión con el Avatar.

T-i-e-n-e-n /q-u-e/ m-a-r-c-h-a-r-s-e/s-a-b-í-a-n/q-u-e/v-e-n-d-r-í-a- n/e-l/a-v-a-t-a-r/ e-s-t-a/ e-n/p-e-l-i-g-r-o.

Los ojos de Kiya se abrieron por la sorpresa y Akuru supo que había entendido el mensaje.

- De…debemos irnos, Alehk – dijo Kiya poniéndose de pie.

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Iroh pasó revista por última vez a su tripulación, ninguno parecía tener la confianza de antaño. Las noticias de lo ocurrido en Ciudad República, del ejército de Amón y de las terribles armas se habían extendido. Era mejor estar preparados para lo peor, un poco de miedo era saludable.

- General – le dijo uno de los oficiales saludándolo – tengo noticias del Ministro Liang Yu.

- ¿Noticias de Liang Yu? Hable de una vez, Teniente – ordenó Iroh impaciente.

- El Ministro le ordena a la Armada de las Naciones Unidas salir de la Nación del Fuego de inmediato, y sé de buena fuente que le ha dado orden a los Generales de la Nación del Fuego de detener los preparativos de la invasión.

- ¿Qué estás diciendo?

- La Nación del Fuego acaba de retirarse, General…

- Eso no es posible – dijo Iroh – mi madre… el Señor del Fuego no haría algo parecido… tengo que hablar con ella.

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- ¡Tenzin! – gritó Korra al tiempo que se levantaba para abrazar a su maestro.

- Korra, me alegra que estés bien. Estaba muy preocupado por ti…

- ¿Qué estás haciendo aquí?, ¿cómo están Pema y los niños?, ¿cómo sabías que iba a estar aquí? – preguntó Korra sin darle tiempo al monje de responder.

- No lo sabía. Estaba a punto de marcharme rumbo a la Nación del Fuego para encontrarme contigo cuando me dijeron que estabas aquí, ¿qué estás haciendo en Ba Sing Se?

- Es una larga historia…

- Debiste quedarte en la Nación del Fuego, Korra. Ursa te habría protegido, esta Ciudad es muy peligrosa para ti… ¿dónde está Alehk? – preguntó Tenzin cuando notó la ausencia del maestro-aire.

- El está bien – aclaró Korra para tranquilizar a Tenzin.

- Ahora debe estar en el Palacio, él y Kiya fueron a hablar con Akuru Deng – dijo Bolin.

- ¿Con el jefe de los Dai Li?, ¿qué estaba pensando para hacer algo tan peligroso? – preguntó Tenzin molesto – su deber es cuidar de ti.

- Akuru es el hermano de Kiya, ¿no lo sabías? Vine aquí para tratar de convencerlo de que le retire su apoyo a Amón, antes de que las tropas de la Nación del Fuego y la Armada de las Naciones Unidas ataquen Ciudad República…

- ¿Tratar de convencer a Akuru? Esa idea es absurda, ¿cómo dejó Alehk que trataras de hacer algo así?

- Tenzin, quitarle a Amón el apoyo del Reino Tierra es la única forma para evitar que la Guerra se extienda…

- Lo que estás diciendo es ridículo. Ahora tienes el apoyo de Ursa, y de la Tribu Agua del Norte, el Rey Akei no se atreverá a apoyar a los igualitarios, y aún si lo hace no tendrían oportunidad de ganar.

- Amón ya no sólo tiene algunos simpatizantes, Tenzin. Tiene un ejército completo y miles de maestros de su lado. Tú no has visto las armas, ni las máquinas voladoras… la flota de Iroh no duró ni una hora… Si el Ejército del Reino Tierra se le une, las demás Naciones no tendrían oportunidad, y Ciudad República no sería la única que estará en manos de los igualitarios.

- Todavía creo que lo mejor es que vayas a un lugar seguro hasta que sea la hora de la batalla – dijo Tenzin – pero si quieres intentar convencer al Jefe de los Dai Li, no puedo detenerte. Y me temo que ahora lo único que puedo hacer para ayudarte es darte un consejo: confía en tus instintos de Avatar, antes que en las personas. No estás segura en ningún lado.

¿Tenzin le estaba diciendo que desconfiara de las personas? Viniendo de la persona más espiritual que conocía, Korra no pudo sino pensar que su maestro sabía más de lo que estaba dispuesto a revelarle, y estaba al tanto de los juegos dobles que había en todos lados.

- ¿Irás con nosotros? Estoy segura que podrías convencerlo mejor que yo…

- Ahora que sé que estás bien, voy a ir a Ciudad República. La Orden del Lotto Blanco también se está preparando para la guerra, y aún sin mi aire-control puedo ayudarlos en más de una forma.

- Pero eso sería peligroso… - "ya no eres maestro-aire", iba a decir Korra.

- Alehk y tus amigos han hecho un excelente trabajo manteniéndote a salvo y apoyándote en tus decisiones, Korra. Estoy mucho más tranquilo.

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A Iroh le sorprendió que hubiera maestros-fuego imperiales resguardando el Salón del Trono, pero no le dio mayor importancia.

- Necesito ver al Señor del Fuego – le anunció a uno de los guardias.

- El Señor del Fuego dio órdenes para que no la molestáramos, General – dijo Zein, que apareció tras él.

- ¿Qué estás haciendo aquí?, ¿por qué estás con la guardia de mi madre? – preguntó Iroh alarmado, y de inmediato entró al Salón.

Nada lo había preparado para lo que encontró, sintió al mismo tiempo pánico e indignación. Llamas azules ardían frente al trono. Su estómago se revolvió y miles de ideas cruzaron por su mente, pero una sobresalió de todas: traición. Iza los había traicionado, y todos, excepto él, lo habían visto venir hacía años.

- ¿Qué hiciste, Iza?, ¿dónde está mi madre? – preguntó caminando de prisa, casi corriendo para acercarse a la traidora.

- ¿Así es cómo te diriges a tu Señor del Fuego? – preguntó Iza con un tono sarcástico, que hizo enfurecer a Iroh.

- ¡¿Dónde está mi madre?! – preguntó arrojando una llamarada que fue devorada por la cortina de fuego azul.

- Ella está bien, es todo lo que necesitas saber – dijo Iza, extinguiendo las llamas de la cortina para ver a Iroh.

- Después de todo lo que hicimos por ti… todos nos advirtieron que nos traicionarías, pero decidimos confiar en ti, ¿cómo pudiste…?

- ¿Qué fue exactamente lo que hicieron por mí, querido Iroh? – preguntó Iza mientras caminaba hacia él - ¿darme lo que por derecho me pertenecía o usar mis habilidades diplomáticas a su favor sin darme nunca las gracias? ¿Crees que les debía más cortesía por no haberme culpado por crímenes que nunca cometí? No te equivoques, querido primo, no me dieron nada más de lo que era mío. Si lo que querían era que no reclamara mi derecho al trono, debieron esforzarse más…

- ¿Tu derecho al trono? No te engañes, los traidores no tienen derechos.

- Soy descendiente de Sozin, igual que tú. La misma sangre corre por nuestras venas. Y a diferencia de ti, yo he hecho méritos…

- ¿Méritos? ¿Así le llamas a tus sucias artimañas…?

- Si le llamas artimañas a atender los asuntos de la Nación, a ganarme la confianza de los Generales y de los Ministros porque sé cómo resolver los problemas, entonces sí. ¿Qué has hecho tú en cambio? Sólo te has mostrado indiferente por los problemas de los demás, has buscado egoístamente una libertad que se o pone al derecho que ahora reclamas, y has insistido en alejarte de tu Nación…

- Deja tu palabrería, ¿dónde está mi madre?

- El dónde no es importante, ya te dije que está bien. Y tienes mi palabra de que no va a pasarle nada.

- La palabra de una traidora, eso no me tranquiliza…

- Es una pena, porque es todo lo que tienes ahora.

Iroh estaba furioso, la sorpresa había sido demasiado grande y aún trataba de decidir qué hacer. No podía zarpar hacia Ciudad República, los resultados serían los mismos de la última vez.

- Si quieres tu trono de vuelta, sólo di las palabras, yo estoy ansiosa por escucharlas.

Iroh no lo dudó, era su única oportunidad, aún si la derrota significaba el fin del legado de su abuelo y de todos los esfuerzos por lograr la paz.

- Agni Kai.

- Ya era hora – dijo Iza, que no pudo esconder su satisfacción.