Capítulo 14

El Dragón de Jazmín estaba vacío.

- Tal vez no encontraron a nadie y fueron a otro lado – dijo Kiya, su respiración aún no se normalizaba. Alehk casi podía volar, y ella había tenido que correr todo el camino para alcanzarlo.

- El agua está caliente, las tazas de los clientes en las mesas… estaba abierto cuando ellos llegaron, pero no hay signos de que hubieran sufrido un ataque – dijo Alehk observando alrededor.

- ¿No crees que los llevaron a otro lado para proteger a Korra?

Un sonido detrás de la tienda los alertó y se apresuraron a ver de qué se trataba.

- ¡Pabu! – llamó Kiya al huroncito, que de inmediato saltó a sus brazos.

- Bolin no lo hubiera dejado – dijo Alehk, la angustia comenzaba a crecer en su interior – algo pasó Kiya, alguien se llevó a Korra.

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"Agni Kai", el rumor se regó como la pólvora por todo el Palacio, y las opiniones, siempre guardadas por el temor, comenzaron a expresarse en voz alta. Los simpatizantes de Azula resurgieron y se multiplicaron de pronto, veían en Iza la oportunidad de recuperar lo que habían perdido setenta años atrás.

Zein contempló a la Princesa y nueva Señor del Fuego caminar de un lado a otro del Salón del Trono, pensativa. Era extraño, no se sentía más intimidado con la nueva corona y el nuevo atuendo… pensándolo bien, nunca se había sentido realmente intimidado. La famosa crueldad y sangre fría de su abuela nunca habían formado parte de la jovencita de 14 años que había conocido seis años atrás, ni de la que tenía enfrente, y estaba seguro que si, como todos decían, Iza era igual que Azula, Azula no había sido la que todos pensaban.

- Creo que la única solución, – dijo Iza rompiendo el silencio – si el resultado no es el que esperamos, es tratar de convencer a los Ministros para que se opongan abiertamente a la decisión de Ursa… o de Iroh, no sé quién se quedaría con la corona… pero por supuesto es algo que ya no podré hacer…

Las palabras de Iza preocuparon a Zein casi tanto como su expresión de angustia. Él conocía de sobra las habilidades de la Princesa, y podía decir que nunca había visto una maestra-fuego más hábil o una estratega más brillante. Aunque el mismo Zuko había enseñado a Iroh, las habilidades del Príncipe no se comparaban con las de Iza. La única forma en que Iroh ganara el combate era que ella lo dejara… y algo le decía que la Princesa contemplaba esa posibilidad.

Pero perder el Agni Kai significaba la ruina de Iza. Pasaría el resto de su vida en prisión, como Ozai; sería exiliada, como Azula; o dada la gran cantidad de seguidores y su influencia sobre los asuntos de la Nación, podrían condenarla a muerte… aunque seguramente Iroh no haría algo así ni Zuko lo permitiría. Además, si Iza perdía, los Generales y los Ministros que estaban de su lado, volcarían su apoyo sobre Iroh, que no dudaría en llevar a la Nación a la guerra contra Amón y el Reino Tierra… una guerra que bien podría durar otros cien años.

Zein sacudió su cabeza tratando de desechar todas las ideas que comenzaron a acecharlo, y trató de volver su atención a las palabras de Iza, pero no lo logró. No podía dejar de pensar que la suerte de los más cercanos a ella sería aún peor que la de la propia Princesa. Él sería acusado de alta traición y condenado a pasar el resto de su vida en prisión… aún así su decisión estaba tomada.

Había sido el antiguo Señor del Fuego Zuko el que lo había nombrado encargado de los guardias de la Princesa. A él le había jurado protegerla aún a costa de su vida, pero ese juramento no tomó dimensión sino con el paso de los años. Él permaneció leal a Iza, se ganó la confianza de todos en el Palacio y logró ascender en su carrera. En el fondo siempre había sabido que llegaría el momento en el que su lealtad a la Princesa significaría traicionar a Zuko…

- … ¿escuchaste lo que te dije? – preguntó Iza, sacándolo de sus pensamientos.

- Lo… lo siento Prin… Majestad…

- Comienzo a tener dudas sobre tu capacidad, Zein – dijo Iza, su habitual tono de enfado estaba ausente – tienes suerte de que ya no tenga tiempo para hacer nada diferente. Puedes retirarte.

Zein hizo una reverencia, antes de salir por la puerta Iza volvió a llamarlo.

- Zein… - la joven titubeo un segundo – hiciste un buen trabajo todos estos años… si las cosas no salen bien… sólo diles que todo fue mi culpa, ellos creerán cualquier cosa.

- Majestad… - él no supo que decir en ese momento.

- Zuko te ayudará si se lo pides…

El recién nombrado General hubiera querido decirle a la Princesa que le sería leal hasta el final, que no iba a darle la espalda aún si perdía, que él mismo retaría al propio Iroh si ella no salía con vida de su encuentro… pero tuvo que conformarse con sólo pensarlo. Asintió con la cabeza y salió de inmediato.

En cuanto la puerta se cerró tras él, Iza se apoyó en una de las columnas del salón. Había llevado la corona menos de un día y ya se sentía exhausta. Formó una pequeña llama azul en la palma de su mano y comenzó a observarla.

- ¿Esto fue lo que sentiste antes de enfrentar a Zuko? – preguntó en voz alta – Creo que soy más débil de lo que pensaba, abuela. No sé si tengo más miedo de ganar o de perder.

El sonido de la puerta que volvía a abrirse la distrajo.

- Majestad – la llamó Jiang – todo está listo, los Sabios del Fuego vienen en camino.

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Era como si la tierra se los hubiera tragado, lo que era más que posible si los Dai Li estaban involucrados. Uno de los clientes les dijo que había visto llegar a una joven con ropa de la tribu agua y una perra-oso polar a la tienda, las descripciones de sus acompañantes encajaban con Asami, Bolin y Mako. El encargado, que debía ser el maestro Xi Feng, los había llevado a la parte trasera y no los habían visto más. Media hora después les habían pedido a todos los clientes que se marcharan.

Alehk revisó por enésima vez el lugar, no había una sola señal de lucha, nada que indicara que alguien hubiera puesto resistencia… no había huellas, pistas… nada.

- Deberíamos volver con Akuru – sugirió Kiya – él sabía que esto iba a psar, tal vez pueda decirnos algo más.

- No lo entiendo – dijo Alehk – los de la Orden debían estar aquí, Xi Feng los llamó hace días.

- Alehk, siento mucho haber insistido para que fueras conmigo…

- Si hubiera estado con ellos, habría corrido la misma suerte, seguramente no hubiera podido protegerla… además tú estás conmigo, si hubiera podido elegir a alguien para encontrarla, te habría elegido a ti, Kiya.

En otras circunstancias las palabras de Alehk habrían emocionado a Kiya, pero de sobra sabía que Alehk sólo se refería a sus habilidades, en ese momento la veía solamente como alguien útil para la tarea de encontrar a Korra.

- También podríamos enviarle un halcón a Iza, ella tiene que saber lo que pasó con el Avatar y tal vez…

- Iza ya no puede ayudarnos, Kiya.

- Pero ella tiene influencia sobre Amón todavía, aunque él ya no confía en ella como al principio, podría averiguar algo…

- Creo que tienes razón, deberíamos hablar con Akuru, pero no creo que el Palacio sea el lugar adecuado para hacerlo, ni siquiera pudo decirte abiertamente que Korra estaba en peligro.

- ¿Qué pasa con Iza, Alehk?, ¿por qué estás tan seguro que no va a ayudarnos?

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Iza observó indignada la gran cantidad de personas que había en la Plaza. Presenciar el primer Agni Kai en setenta años había logrado reunir lo mismo a los sirvientes del Palacio, que a los nobles y los Generales de la Nación, algunos incluso habían llevado a sus hijos, como si se tratara de un espectáculo y no de una de las tradiciones más antiguas de los maestros-fuego.

- Esto es ridículo – le dijo a Zein - ¿cuándo se convirtió en un espectáculo?

- Trate de ignorarlos, Majestad. Si quiere mostrar lo mejor de sus habilidades, tiene que concentrarse…

Iza se sintió aún más irritada de que su antiguo guardaespaldas tratara de decirle cómo hacer las cosas, pero antes de que pudiera decirle algo vio a Iroh aparecer del otro lado de la Plaza y su atención se dirigió hacia él. Los dos se acercaron a donde estaban los Sabios del Fuego, y antes de que alguno pudiera decir cualquier cosa, Iza se quitó la corona y se la entregó al hombre del centro.

- Volveré por ella más tarde – les dijo sonando más confiada de lo que en realidad se sentía.

- Yo no contaría con eso – dijo Iroh.

- Este duelo termina cuando uno de los dos no pueda mantenerse en pie – le dijo Iza a Iroh, ignorando a uno de los ancianos que iba a decir algo.

- Pero las reglas… - iba a decir otro.

- El Señor del Fuego hace las reglas, y mientras esté en pie, aún soy Señor del Fuego – dijo Iza.

Ninguno dijo nada más.

Los dos duelistas caminaron hasta los extremos opuestos de la arena e hicieron una reverencia. Iza se quitó la capa y recogió su cabello, mientras Iroh trataba de tomar la posición de uno de los movimientos más avanzados de fuego-control. Cuando el gong sonó, dos enormes columnas de fuego chocaron en el centro de la arena, ambos pudieron sentir el intenso calor derivado del ataque, pero un segundo después las llamas azules consumieron a las rojas con facilidad.

El rostro de Iroh no ocultó su sorpresa, pero no se permitió titubear, girando en el aire lanzó una gran bola de fuego, Iza adoptó una forma distinta y logró que de sus dedos saliera una llamarada con suficiente intensidad para repeler el ataque de Iroh. De inmediato el Príncipe comenzó a golpear el aire, y ráfagas de fuego comenzaron a salir de sus puños, Iza retrocedió un par de metros y luego formó una serpiente de fuego azul que destruyó las llamar rojas a su paso, antes de casi estrellarse contra el pecho de Iroh, que alcanzó a saltar antes de que ocurriera.

Iroh entendió entonces la desventaja en la que se encontraba. Iza lo tenía donde quería, y él había caído en la trampa. No era la primera vez que enfrentaba a la maestra de las llamas azules, pero ahora le quedaba claro que en cada combate, ella se había contenido. Lo había dejado creer que sus habilidades iban a la par, que su destreza como maestros era similar, cuando la realidad era que Iza era mucho más fuerte.

"Aún pueden pasar muchas cosas", se dijo Iroh a sí mismo, "ella no puede conservar el control para siempre, yo soy más fuerte y tengo más experiencia".

Iza sonrió satisfecha cuando vio el rostro de confusión de su primo, no recordaba la última vez que había hecho fuego-control durante el día, y la sensación era completamente diferente. Podía sentir la gran cantidad de energía fluyendo a través de su cuerpo y pidiendo a gritos ser liberada en forma de llamas, sentir todo ese poder era agradable, pero la hacía sentir ansiosa.

Iroh comenzó a atacar a Iza con una serie de ataques rápidos, esperando que alguno diera en el blanco y aprovechar luego para causar más daño, pero ella logró bloquearlos sin dificultad y mantuvo su posición defensiva. Se sintió más segura cuando él comenzó a fallar en algunas de sus formas, había estado demasiado concentrado tratando de encontrar puntos ciegos para atacarla, que él mismo había dejado uno, en una fracción de segundo de los dedos de Iza salió una llamarada que dio directamente en el abdomen de Iroh. El Príncipe fue arrojado violentamente por los aires y se estrelló de espaldas contra el suelo, pero consiguió rodar para mantenerse en pie y retomar su posición defensiva de inmediato, aunque su rostro delató el dolor que sentía.

"Esto no va a funcionar", pensó el General, "si quiero ganar, tengo que atacarla en serio".

Tomando una gran bocanada de aire, concentró su energía para formar una gran ola de fuego, suficiente para que Iza no tuviera escapatoria, pero un torbellino de llamas azules comenzó a girar alrededor de la Princesa, desintegrando la ola de fuego rojo. El Príncipe comenzó a sentirse desesperado, no le quedaban más recursos, si quería tener una oportunidad tenía que arriesgarse. Cerró los ojos y comenzó a formar círculos con sus manos, los ojos de Iza se abrieron por la sorpresa… sólo había una forma en que ella podía defenderse de ese ataque, ¿acaso Iroh no lo sabía?

Iza y Iroh dispararon sus rayos al mismo tiempo, y éstos se encontraron a la mitad del camino hacia su oponente, lo que resultó en una explosión que lanzó por los aires a ambos duelistas. Iza aterrizó sin problemas, mientras el cuerpo de Iroh se estrelló en una de las columnas alrededor de la arena, para luego caer con el rostro al suelo.

Las esperanzas de Iza de que hubiera sido suficiente y Iroh no pudiera continuar se desvanecieron cuando el Príncipe se puso de pie un segundo después, y observó incrédula cuando comenzó a hacer círculos con sus manos otra vez…

- ¿Quieres ver rayos? – preguntó Iza exasperada – te mostraré rayos – dijo mientras hacía círculos también con sus manos.

La energía del rayo de Iza fue mucho mayor a la del de Iroh, y esta vez los ataques se encontraron más cerca del Príncipe, y aunque no recibió directamente los rayos, la fuerza de la explosión fue suficiente para que resultara seriamente herido. En ese momento, Iza decidió que era tiempo de terminar el combate.

Iroh estaba exhausto y las quemaduras hacían que le resultara doloroso, incluso respirar. No recordaba haberse sentido más perdido en toda su vida. Mientras él apenas podía moverse, Iza parecía no tener problemas para seguir indefinidamente. El príncipe hizo un último intento por atacar, pero sus llamas rojas fueron nuevamente devoradas por llamas azules, mucho más intensas.

Iza adoptó entonces una posición de ataque y de la punta de sus dedos comenzaron a salir intensas ráfagas de fuego azul que Iroh apenas logró esquivar. El combate estaba casi acabado, y Iroh junto con él. Todos los que observaban lo sabían, nunca había tenido una oportunidad de ganar. Iza seguía atacando, sabía que debía detenerse porque Iroh ya era incapaz de defenderse, pero la sensación de poder era tan abrumadora que era más fácil dejarse llevar. Iroh seguía retrocediendo, y el fuego azul no cesaba, con cada paso, el final estaba más cerca.

"¿Es lo que Azula hubiera querido?", se preguntó Iza mientras observaba, como fuera de sí, lo que ocurría.

El Príncipe tropezó mientras retrocedía, y ella pudo ver el temor en sus ojos. Los asistentes dejaron escapar un grito cuando levantó su mano para terminar con lo único que se interponía entre ella y poder absoluto sobre la Nación del Fuego.

"Es lo que Azula hubiera querido", pensó.

Iroh cerró los ojos y ella se obligó a mantenerlos abiertos…

- ¡Iza! – gritó una voz familiar, y ella se detuvo.

Buscó entre la multitud, esperando que su inconsciente no la hubiera traicionado… Era verdad, junto a los Sabios del Fuego estaba Lin, que otra vez la había salvado de sí misma. Respiró profundo y dejó que la llama de su mano se extinguiera.

- Parece que se terminó – le dijo a Iroh, y le extendió la mano, él dudó un segundo, y luego la tomó. Lo único que le quedaba era aceptar su derrota con un poco de dignidad. – Yo gano la corona, y tú ganas tu libertad.

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Asami abrió los ojos, pero la imagen no cambió, todo estaba completamente a oscuras. Escuchó el ruido de un motor y sintió que se movían. Cuando tuvo un poco más de conciencia se dio cuenta que estaba atada de pies y manos. Lo último que recordaba era estar en el Dragón de Jazmín y de pronto todo se había vuelto borroso… había visto a Korra y Bolin desplomarse antes de perder también la conciencia.

Aunque no podía ver nada podía sentir que no estaba sola en ese lugar, podía escuchar la respiración de los otros.

- ¿Korra? – comenzó a llamar, su voz se escuchaba extraña.

- Aún no despierta – le dijo la voz de Mako, que debía estar a pocos metros.

- ¿Qué… qué pasó?

- Alehk nos envió directo a una trampa, eso fue lo que pasó – incluso en la oscuridad, Asami pudo adivinar la expresión de disgusto de Mako.

Asami trató de revivir sus últimos momentos de conciencia.

Mientras estaban en la trastienda del Dragón de Jazmín, Tenzin había aparecido y hablado con Korra unos minutos, y luego un mensajero llegó con una carta. Apenas la leyó, Tenzin anunció que tenía que marcharse de inmediato.

- ¿Te irás tan pronto? – preguntó Korra – ni siquiera hemos hablado sobre nuestros planes.

- Lo siento Korra, la Orden del Lotto Blanco me está llamando, tengo que partir hacia Ciudad República de inmediato.

- ¿Pasó algo? – preguntó la joven Avatar.

El rostro de Tenzin dijo lo que sus palabras no.

- Una vez que hayas hablado con Akuru – le dijo el ex maestro-aire – debes ir directamente a Ciudad República, le diste tu palabra a Ursa de que apoyarías a los ejércitos en sus esfuerzos por recuperarla…

- ¿Y si no puedo convencer a Akuru?

- No será la primera vez que un Avatar deba terminar con una Guerra – le dijo Tenzin serio - Tengo que irme.

Tenzin abrazó a Korra y antes de marcharse se dirigió a Asami, Bolín y Mako.

- Gracias por lo que han hecho por el Avatar – les dijo – pero una vez que comience la Guerra, es cuando ella va a necesitarlos más.

No les dio tiempo de decir nada, estrechó la mano del maestro Xi Feng y salió.

Korra estaba demasiado distraída por lo que Tenzin acababa de decirle para notar la actitud extraña de Xi Feng, en cuanto el ex maestro-aire salió, comenzó a sudar y a frotar sus manos insistentemente, obviamente estaba nervioso y Asami lo notó.

- No me siento bien – dijo Bolin tratando de ponerse de pie, pero se sintió mareado y tuvo que volver a sentarse.

- Debió ser el viaje – dijo Mako - o tal vez ya comiste demasiado.

- Yo tampoco me siento bien –dijo Korra apoyando sus manos sobre la mesa.

- Tal vez… tal vez un poco más de té los ayudaría a sentirse mejor – les dijo Xi Feng. Se acercó y comenzó a llenar sus tazas, pero sus manos temblaban tanto que derramó más té del que sirvió.

- Usted también debería tomarlo – le dijo Asami - ¿está todo bien, maestro?, parece nervioso.

- Todo… - el hombre aclaró su garganta antes de continuar – todo está bien, sólo… sólo estoy preocupado por la seguridad del Avatar…

Cuando Asami se dio cuenta de lo que pasaba, era demasiado tarde, Bolin se desplomó sobre la mesa y Korra cayó de rodillas. Ella no se mantuvo consciente mucho más.

- Alehk no tuvo nada que ver en esto – dijo Asami, volviendo a la realidad – ese sujeto puso algo en el té…

- Yo apenas bebí un poco y fue suficiente, pero Bolín y Korra bebieron mucho más…

- ¿Hace cuánto despertaste?

- Un par de horas.

- ¿Cuánto tiempo llevamos viajando?

- No lo sé, pero ya debemos estar lejos de Ba Sing Se.

- Deberíamos tratar de despertar a Bolín y Korra, tal vez ellos puedan hacer algo para sacarnos de aquí.

- Ya lo intenté y nada funciona, tenemos que esperar a que pase el efecto de lo que sea que Xi Feng nos haya dado.

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La decepción en los ojos de Lin no pasó desapercibida para Iza. Quería explicarle muchas cosas, decirle que todo lo había hecho por una razón… en el fondo sabía que no era suficiente. Kiya se lo había advertido: iba a quedarse sola, ya lo estaba. Después de lo que había hecho, Lin iba a abandonarla también, nunca iba a confiar en ella igual que los demás… era justo.

- ¿Dónde está Ursa? – preguntó Lin, luego de mucho tiempo de guardar silencio.

- Ella está bien…

- ¿Dónde está? – volvió a preguntar, esta vez levantando la voz.

- En la Isla Ember.

- ¿Aún está en la Nación del Fuego? – preguntó Lin desconfiada.

La incredulidad de Lin era entendible, si Iza le había quitado el trono a la fuerza, cualquiera hubiera esperado que la enviara a algún lugar apartado y secreto, donde sus seguidores no pudieran encontrarla para tratar de devolverle el poder… nadie hubiera esperado que cometiera el error de dejarla donde en cualquier momento podría volver para reclamar sus derechos.

- Tengo el apoyo de los Generales del Ejército y de la Armada, de los Ministros y acabo de ganar el derecho a heredar en lugar de Iroh, no había necesidad de hacer nada más.

- ¿Por qué hiciste esto, Iza?

Era la misma pregunta que le habían hecho una y otra vez durante las últimas horas, pero era la primera vez que se sentía obligada a responder.

- Era lo que tenía que hacer – dijo cruzándose de brazos. Su parecido con Azula nunca fue mayor, a los ojos de Lin, que en ese momento.

- ¿Azula te pidió que lo hicieras?, ¿te pidió que tomaras el trono en su nombre?

- Si te digo que sí vas a justificarme de inmediato, vas a pensar que soy una pobre huérfana tratando de cumplir los deseos de la única persona que le mostró afecto alguna vez, quizá hasta sientas lástimas por mí. Pero ahora que no tienes tu control, ¿cómo vas a saber si digo la verdad? – preguntó Iza tratando de mantener la calma.

- Nunca necesité mi control para saber cuándo mentías.

- Mi abuela no me pidió nada… al final no me creyó capaz de lograrlo – dijo Iza con un nudo en la garganta – después de todo lo que hice para que sintiera orgullosa de mí…

- ¿Lo hiciste por ella?, ¿para demostrarle que eras capaz?

- Después de tantos años siguen culpándola, incluso por las decisiones de los demás…

- Sólo trato de entenderte, Iza.

- ¡Lo hice porque no me dejaron otra opción! Traté de convencer a Ursa de no enviar los ejércitos a Ciudad República, traté de advertirle del plan de Amón para atacar la Capital, pero ni siquiera me escuchó. Confió en las palabras de un desconocido antes que en las mías. Ella me obligó a tomar el poder a la fuerza para tomar las decisiones que ella no fue capaz de tomar. Hice lo que tenía que hacer para detener el baño de sangre… para impedir que la Nación cayera en manos de Amón… Iba a devolverle la corona después… estaba dispuesta a aceptar el destierro…

Iza observó la expresión de Lin y pudo ver que dudaba, no podía culparla, pero de entre todas las personas, esperaba que la ex maestra-tierra confiara en ella, era su última esperanza.

- Aunque tal vez estoy mintiendo y sólo quería el poder para mí – dijo dándose por vencida.

- ¿Tomaste la corona para salvar la Ciudad?

- No me importa si me crees o no, nadie cree nunca lo que digo, así que no hace diferencia.

Lin no dijo nada, había escuchado demasiados rumores sobre la culpabilidad de Iza, y ella misma los había confirmado con sus acciones recientes, pero teniéndolo ya todo a su favor, no tenía razón para seguir mintiendo.

- Yo creo que dices la verdad – dijo por fin. Iza se sorprendió, y la ansiedad en sus ojos terminó por convencer a Lin - Te conozco mejor que nadie, y sé que no eres una traidora. Pero quiero ver a Ursa.

- Ya te dije que está bien.

- ¿Cómo lograste que se marchara a la Isla Ember? Tuviste que haberla forzado de alguna forma…

- Fue más sencillo de lo que crees – Iza observó la expresión de preocupación de Lin, y se sintió con el deber de tranquilizarla – es verdad lo que digo, Ursa está bien, pero si quieres verla, puedo arreglar que te lleven allá cuando quieras. Aunque tengo que advertirte que no es el mejor momento, y podría ser peligroso ahora que… - "ahora que ya no tienes tus poderes", iba a decir.

- Deja que yo me preocupe por mi falta de tierra-control, y aún puedo cuidarme sola.

- Lin… sé que no sirve de nada, pero siento mucho lo que te pasó…

- Tienes razón, no sirve de nada, lo mejor es hacerse a la idea cuánto antes y aprender a hacer las cosas de otra forma.

- Tal vez si no hubiera sido tan obstinada… la situación con Amón se me salió de las manos y no sólo tú saliste lastimada, Ursa y Iroh dejaron de confiar en mí y las cosas sólo han empeorado desde entonces…

- No es momento de lamentarse, sino de que encuentres soluciones. Pensaste que podías manejar las cosas mejor que Ursa, hasta el punto en que decidiste pasar sobre ella, es hora de que lo demuestres.

- ¿Crees que no voy a ser capaz de lograrlo?

- Iza, desde siempre has tenido responsabilidades y has sabido lidiar con ellas, pero tenías a alguien que te respaldara. Decidiste hacer las cosas a tu manera y eso te dejó sola… y vas a encontrar que esto es mucho más difícil que cualquier cosa que hayas hecho antes, pero por el bien de todos, tienes que encontrar la forma de resolverlo.

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Cuando Alehk había arreglado el encuentro entre Akuru y Korra, nunca se imaginó que resultaría en algo tan distinto. Tenía que ser él quien se reuniera con el jefe de los Dai Li para tratar de convencerlo de que lo ayudara a encontrar al Avatar.

Habían pasado toda la noche tratando inútilmente de buscar pistas. Y con cada hora que pasaba, Korra estaba más lejos y encontrarla se hacía más difícil. El único consuelo de Alehk era que los captores se habían llevado también a Asami, Bolin y Mako, y confiaba en que ellos la mantuvieran a salvo.

- ¿Por qué escogiste este lugar? – le preguntó Kiya cuando se detuvieron en medio de un parque, frente a una gran estatua del antiguo Rey Kuei.

- Es un lugar público, y siempre hay mucha gente. Si hubieran querido atacar a Korra… habría tenido más oportunidades de salir bien librada – la ironía de la situación no podía sino enfurecer a Alehk, al final había sido él, su guardián, el que la había entregado a manos de su enemigo.

- Aún creo que deberíamos decirle lo que pasó a Iza – dijo Kiya tratando de desviar el tema, sabía que algo andaba mal con la Princesa, porque Alehk se negaba a hablar de ella.

- Pensé que tú y ella eran buenas amigas – dijo Alehk – aunque, ahora que lo pienso, tal vez esa fue la razón por la que no te dijo nada…

- ¿De qué estás hablando, Alehk?

- Vas a enterarte tarde o temprano, así que es mejor si soy yo quien te da la noticia…

- No imaginé que volvería a verte tan pronto – dijo Akuru que apareció de algún lado, a ambos les costó un par de segundos reconocerlo.

Antes de que Kiya pudiera hacer algo, su hermano la abrazó y ella tuvo que esforzarse por no apartarse.

- Si el Avatar no está aquí, debe ser porque no pudieron llegar a tiempo – Alehk tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no sujetar del cuello al maestro-tierra y obligarlo a hablar.

- Ya que sabes exactamente por qué estamos aquí – dijo el maestro-aire - ¿por qué no nos dices lo que sabes? Ya perdimos demasiado tiempo…

- ¿Sabes quién se llevó al Avatar? – preguntó Kiya. Toda su atención estaba en los latidos del corazón de su hermano.

- Alehk debe saberlo, fue él quien la envió con Xi Feng…

- ¿Estás diciendo que la Orden está involucrada con el secuestro de Korra? – preguntó Alehk furioso.

- Te estoy diciendo que fue un miembro de la Orden el que la secuestró – dijo Akuru – y que hay muchos más que están de parte de Amón.

Alehk iba a decir algo, pero Kiya lo tomó del brazo para que guardara silencio.

- ¿Sabes a dónde pudieron haberla llevado? – preguntó la maestra-tierra.

- Estoy seguro que conocen la respuesta a esa pregunta – dijo Akuru.

- Pero Amón está en la Nación del Fuego…

- En este momento, él y el Avatar Korra van hacia Ciudad República, y todos sabemos lo que va a pasar cuando se encuentren.

- Akuru… ¿por qué nos estás diciendo esto si estás de parte de Amón? – preguntó Kiya.

- Porque tu deber es ayudar al Avatar, y mi deber es ayudarte a ti, aún cuando estoy seguro que vas a fracasar. Nadie puede detener a Amón a estas alturas, Kiya, y es mejor estar del lado de quien va a ganar la guerra. No espero que entiendas por qué hago las cosas…

- Porque eres un cobarde y un traidor – dijo Alehk – tú deber es primero con el Avatar…

- Mi deber es primero con el Reino Tierra – respondió Akuru de inmediato, incluso Alehk tuvo que reconocer su convicción - Amón tiene el apoyo de la Nación del Fuego y de la Tribu Agua del Norte, si le retiro mi apoyo, vamos a ser su siguiente objetivo, y todos saben que en una guerra es mejor ser el aliado que el perdedor.

- Amón no tiene el apoyo de la Nación del Fuego – dijo Kiya - la prueba es que en pocos días Ursa va a enviar al ejército a recuperar Ciudad República.

- No creo que la hija de Zuko pueda hacer nada más, ni siquiera estoy seguro que aún siga con vida…

Kiya palideció cuando escuchó las palabras de su hermano, sobre todo porque Alehk pareció poco sorprendido.

- ¿Qué… qué estás diciendo?, ¿qué le pasó a Ursa…?

- Iza… Iza usurpó el trono, Kiya – le informó Alehk – a esta hora debe ser la nueva Señor del Fuego…

Hacía años que Kiya sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero aún así la noticia la aturdió… Contra todas sus advertencias, Iza lo había hecho, había decidido seguir los pasos de Azula… y ella era la última en enterarse.

- ¿Tú lo sabías y no hiciste nada? – le reprochó Kiya a Alehk.

- Tuve mis razones, pero ahora no es el momento de hablar de eso… se suponía que Korra debía tratar de convencerte de retirarle tu apoyo a Amón – dijo el guardián dirigiéndose a Akuru.

- Debió convencer a Iza primero…

- Iza no está de parte de Amón, nunca lo estuvo… - dijo Alehk, que parecía completamente convencido, lo que hizo pensar a Kiya que tal vez Iza había tenido sus razones, después de todo - los maestros-fuego del ejército de los igualitarios le son leales sólo a ella, no van pelear si ella no se los ordena. Tus Dai Li tampoco deben hacerlo…

- Alehk, no tengo ninguna razón para confiar en tu palabra, ni para creer lo que me dices. Estoy aquí sólo por mi hermana.

- Amón le prometió a Iza que le daría el poder sobre la Nación del Fuego cuando estuviera en sus manos, tu ya tienes el control del Reino Tierra, ¿qué te prometió a ti?

- ¿Crees que mi lealtad tiene un precio? Si así fuera, ni tú ni el Avatar podrían ofrecerme más que Amón…

- No tengo que hacerlo, Amón no juega limpio, nunca. Al mismo tiempo que hacía tratos con Iza, los hacía con Sheng Yu, él convenció a Ursa de que enviara los ejércitos a la Nación del Fuego con el pretexto de recuperar Ciudad República y destruir las armas de los igualitarios, pero la verdad era que planeaba atacar la capital cuando estuvieran vulnerables, ¿cómo sabes que cuando tus Dai Li dejen Ba Sing Se no va hacer lo mismo con tu Ciudad?, ¿estás seguro que eres el único cercano al Rey con quien Amón ha hecho tratos? Si yo fuera tú, le ordenaría a todos los maestros-tierra que comiencen a buscar depósitos de armas, antes de partir hacia Ciudad República, estoy seguro que Amón también planea atacar cuando se encuentren indefensos.

- ¿Por qué creería lo que me estás diciendo?

- ¿Lo creerías si te lo dijera el Avatar?

Akuru guardó silencio, las palabras de Alehk lo habían hecho dudar, pero faltaba mucho más para que decidiera tomar una decisión tan arriesgada, y él tenía sus propios motivos.

- Sólo piensa en lo que te dije – pidió Alehk – alguien más, cercano al Rey está haciendo planes con Amón a tus espaldas. Por el bien de tu gente, los Dai Li y el ejército deben quedarse en Ba Sing Se, si el Reino Tierra cae en manos de Amón, otra guerra de cien años sería inevitable…

- Dime algo Alehk, ¿por qué el nieto de Zuko escogió estar del lado de Iza?, ¿por qué estás tan seguro de que te dijo la verdad?, ¿pondrías las manos al fuego por alguien que puede tener motivos aún más oscuros que Amón?

- Confío en Iza – respondió Alehk tranquilo - puse la seguridad del Avatar en sus manos.

- ¿Y cómo te está resultando hasta ahora…?

A eso Alehk no pudo responder como hubiera querido.

- Necesito hablar a solas con mi hermano – le pidió que Kiya, sorprendiendo a ambos.

- ¿Estás segura? – Kiya asintió – Si eso es lo que quieres... estaré cerca por si me necesitas – dijo Alehk, alejándose para dejarlos solos.

- Tú sabes que Iza no tuvo nada que ver con lo que pasó con el Avatar – le dijo Kiya a Akuru cuando Alehk ya no podía escucharlos - las huellas de los Dai Li estaban por todo el lugar, pero Alehk no pudo darse cuenta.

- Debiste decirle esto a él y no a mí…

- Pensé que tal vez él podría convencerte… ahora me queda claro que fue un error desde el principio. Fui yo quien le dijo a Iza que convenciera al Avatar de venir aquí, pensé que si hablabas con ella… pero no dejas de decepcionarme, Akuru. Tenía la esperanza de que conservaras algo de la lealtad que alguna vez le tuviste…

- Mis lealtades son diferentes ahora, pero eso no cambia el hecho de que sigo preocupándome por ti. Ellos están en camino a ver a Amón, pero tú estás a salvo...

- ¿Por eso pediste verme en cuanto llegamos a la Ciudad?, ¿querías alejarme del Avatar porque planeabas atacarla?

- Tenía que asegurarme que no estuvieras con ellos, pero no contaba con que llevarías a Alehk contigo, así que tuve que cambiar de estrategia – confesó Akuru.

- Pierdes el tiempo – dijo Kiya triste – los agentes que trajiste contigo son más obvios de lo que crees, si intentas atacarnos sólo conseguirías alarmar a todas las personas que están aquí. Créeme cuando te digo que podría vencerlos a todos con los ojos cerrados, a ti incluido. Y sería muy vergonzoso para el jefe de los Dai Li ser derrotado por su hermana en un lugar tan público, ¿no crees?

- Suenas demasiado confiada…

- Pensé que estabas al tanto de todo lo que había hecho desde que me marché, deberías saber que soy mejor maestra que tú – Akuru guardó silencio. – Tu plan casi funcionó, casi me convenciste de que tu interés por mí era sincero y cuando me advertiste del ataque al Avatar, casi estuve segura que estabas de nuestro lado, pero como siempre, el corazón te traicionó.

- Si es verdad que puedes saber cuando alguien miente, sabes que mi preocupación por ti es sincera. No importa lo que hagan, Kiya, Amón siempre va a estar un paso adelante. Si vuelves a caer en sus manos, no vas a salir con vida…

- ¿Sabes algo? No me sorprende que no puedas hacer metal-control, nunca fuiste muy perseverante, las pequeñas dificultades siempre sacaron lo peor de ti.

Kiya se quitó los brazaletes que llevaba en sus muñecas y formó con ellos una pequeña daga que le entregó a Akuru.

- Me dijiste que mientras la tuviera conmigo tú podrías cuidar de mí, pero ya no quiero que lo hagas. Ya no tengo esperanzas de que vuelvas a ser mi hermano…

- No eres tú quien decide si quiero cuidar de ti o no, y no vas a dejar de ser mi hermana sólo porque ahora no puedes ver las cosas con claridad, tengo mis razones, Kiya…

- Y seguramente tus razones son igual de egoístas que tú… pero tampoco quiero verte en manos de Amón. Deberías hacer caso de las palabras de Alehk, si él dice que Amón tiene planes en tu contra, debe ser cierto.

Akuru estaba demasiado impresionado para decir algo, el gesto de Kiya le dejaba claro que su hermana estaba cortando todos los vínculos que aún los unían, la había vuelto a decepcionar igual que diez años atrás.

- ¿Recuerdas el viaje que hicimos a Omashu cuando éramos niños? – preguntó Akuru cuando Kiya se dio la vuelta para marcharse – nos detuvimos en ese pueblo para ver el festival y te llevaste una gran decepción porque entonces aún no era tiempo, ¿lo recuerdas? Algo me dice que si te das prisa, esta vez sí podrías tener suerte… pero mañana es el último día.

Kiya escuchó confundida antes de alejarse.

OOO-OOO-OOO-OOO

- ¡Lin! – Iroh se arrepintió de haber tratado de levantarse cuando sintió un intenso dolor en el abdomen. Tenía vendajes cubriendo la mitad de su cuerpo, aunque las quemaduras del rostro y de los brazos casi habían desaparecido.

- Deberías tomar las cosas con calma – dijo Lin acercándose para ayudarlo a recostarse – acabas de sobrevivir a un Agni Kai.

- Me alegra que estés bien…

- Puedo decir lo mismo de ti, General – dijo Lin acomodando las almohadas detrás de la cabeza de Iroh.

- Y tengo que agradecerte a ti por eso, si no hubieras llegado a tiempo, yo no estaría aquí.

- Ella se hubiera detenido de todas formas, aún cuando la forzaste hasta el extremo, supo mantenerse en control.

- Tengo la sensación de que aún después de ver lo que ha hecho, sigues estando de su lado, ¿qué te dijo para convencerte? Lo que sea, seguramente son mentiras…

- Sé lo que vi en la arena, pudo haber acabado contigo y se limitó a defenderse. Si no hubieras decidido lanzarle rayos, habrías podido ganar. Iza estaba confundida y se sentía culpable por haberte puesto en esa situación, pero cuando se dio cuenta que tratabas de lastimarla, le diste la razón que necesitaba para apalearte como lo hizo.

- No puedes culparme por querer ganar, quería salvar a la Nación y a mi madre… y ella pudo haber redirigido mis rayos, también puse mi vida en peligro.

- Iza no sabe desviar rayos, Azula nunca aprendió y nunca le enseñó. Cuando te los lanzó, sólo trataba de protegerse.

- ¿Ella no…? No lo sabía…

- No me sorprende, pero no vine aquí para hablar del Agni Kai, sino de Ursa.

- ¿Lograste que Iza te dijera dónde está?

- No fue tan difícil, sólo tuve que preguntar. Cada vez entiendo mejor a lo que se refería cuando dijo que nadie le creía. Antes de continuar, ¿por qué no me cuentas tu parte de la historia? Quiero saber qué pasó para que de pronto dejaras de confiar en ella. Recuerdo que tú eras su más ferviente defensor.

- Eso fue antes de descubrir que era una traidora.

- Ella me dijo que Ursa le creyó a un desconocido antes que a ella cuando le habló de los planes de Amón para invadir la ciudad, ¿a qué se refería?

- Sheng Yu no es un desconocido, demostró ser mucho más leal que Iza, se opuso a su propio padre...

- ¿El hijo de Ministro de Guerra?, ¿qué tiene que ver él en todo esto?

- Hace varios meses él descubrió que había un grupo que trataba de infiltrarse en la Nación, se hacían llamar los igualitarios y comenzaron a ganar simpatizantes rápidamente, sobre todo entre los habitantes de las provincias. Cuando se dio cuenta que sus ideas eran peligrosas le pidió a mi madre que tomara cartas en el asunto, pero Iza la convenció de que la dejara hacerse cargo de la situación. Ella misma me dijo Amón no tardó en contactarla para tratar de convencerla de unírsele, le ofreció que una vez que tuvieran el control de la Nación, sería ella quien tomaría el poder. Al principio me pareció que ella tenía razón en aceptar, si encarcelaban a los líderes, no tardarían en volver a formarse con más apoyo y mejores formas de permanecer ocultos. Iza comenzó a trabajar bajo las órdenes de Amón, y supuestamente nos mantenía informados de todos sus movimientos, pero hace varias semanas comenzamos a notar algunas cosas que nos alarmaron.

- ¿Qué clase de cosas? – preguntó Lin interesada.

- Las actividades de los igualitarios eran mucho más radicales de lo que ella nos hacía creer, y el ataque que sufrió la Armada en Ciudad República nos hizo ver que Amón era mucho más peligroso de lo que Iza decía. Sheng Yu descubrió que Amón estaba produciendo armas en cantidades alarmantes, y que las estaba introduciendo a la Nación, con el permiso de Iza…

- Eso no es posible…

- Eso mismo dije yo – continúo Iroh - pero él decía la verdad, yo mismo vi los depósitos. Por suerte pudimos descubrirlos antes de que fuera tarde. Pero esa ni siquiera era la pero parte, Sheng Yu nos advirtió del plan de Iza para tomar el poder, en el que su propio padre estaba involucrado. Hacía meses que Iza tenía conversaciones secretas con los Ministros y con los Generales, tratando de convencerlos de apoyarla… pensamos que tendríamos tiempo de hacer algo, pero es obvio que ella se dio cuenta que la descubrimos porque adelantó los planes… y parece que es demasiado tarde.

- Así que Sheng Yu fue quien descubrió los planes de Iza, y quien los puso al tanto – dijo Lin poco convencida.

- Lin, no fue sólo su palabra contra la de ella, fueron los hechos contra la palabra de Iza. ¿Crees que no traté de defenderla y de justificarla hasta que fue imposible?

- Y cuando Ursa enfrentó a Iza, ¿qué pasó?

- Mi madre es una persona justa, eso ya lo sabes. Aún cuando Iza era una traidora, sólo le pidió que se marchara.

- Ahora tengo todo más claro – dijo la ex maestra-tierra cruzándose de brazos.

- ¿Dónde está mi madre?

- En la Isla Ember, iré a verla esta misma tarde.

- ¿En serio crees que es allí donde Iza la tiene?, ¿estás segura que esta no es sólo una trampa?

- Aún si Iza fuera lo que todos piensan, es demasiado lista para desperdiciar sus esfuerzos tratando de deshacerse de alguien que ya ni siquiera tiene sus poderes. Ella no me mentiría, Iroh. Y tú deberías aprovechar tu recién adquirido tiempo libre para pensar bien las cosas. Sin el apoyo de Iza, tu flota está condenada a terminar en el fondo de la bahía, igual que la última vez…

- Pero ella está decidida a no enviar a la Armada a Ciudad República, y ahora que no tiene que responder ante nadie…

- Te sugiero que encuentres la forma de convencerla. La única forma de derrotar a Amón es con el apoyo de la Nación del Fuego.


N/A: Este fue un capítulo completo sin Korra, espero que no haya sido demasiado. Gracias a todos por leer.