N/A: Ya sé que fue una larga espera, y aunque tengo muy buenas excusas, estoy segura que no les interesa leerlas. Si alguien aún está interesado, aquí está el siguiente capítulo. Feliz año nuevo a tod s!


CAPÍTULO 16.

- Creo que nos vemos bien como igualitarios – dijo Bolin – mientras caminaban por el corredor entre las celdas vacías de la prisión.

- Me alegra que te guste el uniforme – dijo Mako.

- ¿Por qué hay tantas celdas y no hay prisioneros?

- Quieren estar preparados, los prisioneros van a llegar cuando comience la guerra…

- ¡Ustedes dos! – llamó un hombre señalándolos - ¿qué están haciendo aquí? La sirena sonó hace diez minutos, deberían estar en sus posiciones.

- Estábamos… teníamos que asegurarnos que los prisioneros estuvieran… en prisión… encerrados - dijo Bolin.

Mako se golpeó la frente con la mano, y hubiera hecho lo mismo con Bolin.

- Ya lo hicieron, dense prisa y dejen de perder el tiempo. Tarrlok no va a estar feliz si encuentra alguno de sus puestos vacante.

- Enseguida, señor – dijo Bolin dándole un saludo militar. Mako lo golpeó con el codo antes de comenzar a caminar rumbo a la salida.

Mako y Bolin vieron el campamento por primera vez y no pudieron dejar de sorprenderse por la enorme cantidad de igualitarios llevando y trayendo armas por todos lados. Fue un espectáculo que los estremeció. Lo que fuera que estuvieran preparando era muy grande.

- ¿De qué unidad son ustedes? – les preguntó otro hombre.

El corazón de ambos comenzó a latir de prisa, ninguno supo qué responder. Mako volteó a ver a Bolin y luego su atención se desvió a la placa en su uniforme, había un siete en ella.

- De… de la unidad siete – respondió esperando que fuera una respuesta válida.

- ¿Y qué hacen aquí? La nave de Tarrlok ya aterrizó, ustedes deberían estar en sus posiciones – dijo el hombre señalándoles hacia donde estaban una de las tiendas más grandes, del otro lado del campamento. Bolin y Mako se dirigieron hacia allí.

En cuanto entraron a la tienda y tuvieron que esquivar un par de rocas y luego un chorro de agua, no les fue difícil imaginar que esa unidad era una de maestros. Mientras esperaban por instrucciones, algunos hacían alarde de sus habilidades.

- Este lugar me recuerda a la arena de pro-control durante la primera ronda del torneo – dijo Bolin mientras observaba a su alrededor.

- Creo que es posible que termine igual, Bo.

- ¿No sería mejor que tratáramos de salir de aquí y buscar a Korra?

- Algo me dice que si nos quedamos aquí, eventualmente llegaremos a ella.

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Cuando Alehk y Kiya estuvieron a un par de metros del edificio de la prisión, las luces de una nave aterrizando del otro lado del campamento llamaron su atención. De inmediato una sirena comenzó a sonar y las actividades parecieron interrumpirse un par de minutos.

- ¿A qué se debe el alboroto? – le preguntó Kiya a uno de los hombres que pasaban cerca, cargando una gran caja de madera.

- Es la nave de Tarrlok – dijo el sujeto sin emoción, antes de continuar su camino.

- La de Amón no debe estar lejos – dijo Alehk – debemos darnos prisa.

Al contrario de lo que habían pensado, entrar a la prisión fue relativamente sencillo, sólo tuvieron que mostrar su placa. Al parecer nadie quería entrar a ese lugar, sobre todo si se trataba de descender hasta donde debían tener a Korra.

Había incontables celdas en los dos pisos que estaban sobre la superficie, pero apenas algunas de ellas estaban ocupadas.

- Tal vez Asami, Bolin y Mako y están en alguna de ellas – dijo Kiya cuando entraron.

- Por ahora tendrán que arreglárselas solos, si Amón está cerca, tenemos que encontrar a Korra cuanto antes… luego trataremos de ayudarlos también – tuvo que añadir Alehk.

Al final del pasillo que llevaba a las celdas había una escalera que conducía hacia abajo, y sólo un hombre en la entrada vigilaba.

- ¿Ya es hora? – les preguntó sin levantar siquiera la vista.

La pregunta sorprendió a Alehk y a Kiya, que no supieron que responder.

- Espero que hayan memorizado e mapa, o no van a poder salir de ese lugar. ¿Alguno es maestro-fuego? – preguntó. Ambos negaron con la cabeza. El sujeto les entregó una antorcha, que Alehk se apresuró a tomar.

- Si alguno es maestro-tierra, no intenten nada, el lugar se derrumbará sobre ustedes, sólo sigan las marcas en las esquinas y no se perderán – dijo el hombre.

- Gra…gracias – dijo Kiya.

- Los últimos aún no están de vuelta. Si encuentran algún derrumbe, lo mejor es que vuelvan por el mismo camino. La ira de Amón no vale quedar sepultado en ese lugar, seguramente los derrumbes se encargaran del Avatar antes de que Amón tenga oportunidad – dijo el hombre.

Kiya tomó de la mano a Alehk cuando sintió su corazón acelerarse por la indignación y lo llevó hacia las escaleras que se hundían en la oscuridad bajo la tierra.

- ¿Puedes sentirla? – preguntó Alehk ansioso.

Era difícil estar en lugar así, pequeñas piedras caían del techo continuamente, indicando lo peligroso que era estar allí, y la sensación de encierro era abrumadora. El túnel tenía un par de metros de ancho y apenas la altura suficiente para que una persona pudiera caminar a través de él, el sólo pensar que Korra estaba en ese lugar sin saber cómo salir de allí… y si intentaba hacer tierra-control… Alehk apretó los puños, su estómago se revolvió…

- No, pero sólo es cuestión de tiempo – le aseguró Kiya.

Comenzaron a caminar, en cada esquina cuando el túnel se dividía, había pequeñas marcas en las paredes que indicaban el camino. Eran muy pequeñas y se perdían entre las rocas, era imposible identificarlas si no se sabía que estaban allí. Caminaron en silencio, y a medida que pasaba el tiempo y parecía que iban en círculos, su desesperación crecía. Había pasado mucho tiempo, ninguno sabía exactamente cuánto, cuando por fin vieron la luz de una antorcha que se extinguía. Olvidándose de todo, Alehk corrió hacia la luz y encontró que la celda donde había estado Korra estaba vacía. Había logrado escapar, pero seguramente estaba perdida en ese lugar.

- ¿Puedes sentirla?, ¿sabes a dónde pudo haber ido? – preguntó Alehk mientras examinaba el lugar, había un par de grilletes en el suelo y los barrotes estaban doblados, Korra había usado metal-control para salir.

Kiya cerró los ojos y golpeo el suelo para sentir las vibraciones y tratar de encontrar a Korra, y esta vez dio resultado, pudo sentirla.

- Sé dónde está, pero tenemos que darnos prisa – dijo Kiya que comenzó a correr en dirección o puesta a por donde habían llegado.

- ¿Está cerca?

- Está algunos metros más adelante, pero el túnel está bloqueado. Debió tratarse de un derrumbe, tal vez trató de hacer tierra-control…

La luz de la antorcha no les permitía ver más que un par de metros más adelante, y sintieron el derrumbe antes de verlo. Una gran cantidad de escombro se desprendió del techo sobre ellos, Kiya alcanzó a reaccionar y con movimientos certeros, para provocar el menor número de vibraciones y no agravar el derrumbe, hizo que la tierra que caía sobre ellos se compactara y formara columnas a cada lado. Luego hizo lo mismo con la que bloqueaba el paso.

Apenas se deshicieron del escombro una intensa llamarada salió de la nada y los arrojó contra una de las paredes túnel, casi provocando otro derrumbe.

Alehk se reincorporó de inmediato y trató de contra-atacar, y entonces se encontró con la persona que estaba buscando.

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Korra se levantó para seguir caminando, no tenía más opción, algo le decía que el tiempo se terminaba, y que no estaba preparada para lo que se aproximaba. Caminó mucho tiempo, hasta que la desesperación volvió a hacer presa de ella y decidió cambiar de táctica. Sabía que hacer tierra-control era suicida, apenas lo intentaba la vibraciones que provocaba a su alrededor le advertían que era más de lo que podía controlar, aún cuando hubiera sido su mejor elemento no lo habría logrado, pero la desesperación pudo más que el sentido común y lo intentó. Lo único que consiguió fue provocar un derrumbe del que apenas salió bien librada, pero que definitivamente debía haber alertado a sus captores de su ubicación.

Estaba claro que por sí misma no iba a lograr salir de ese lugar. Lo único que le quedó fue esperar a que decidieran buscarla, que la sacaran de allí, y luego tratar de escapar de otra forma. No pasó mucho tiempo antes de que sintiera la presencia de alguien más. Por los sonidos de sus pisadas supo que se trataba de dos personas. La condición del túnel en ese lugar era tan precaria, que las vibraciones provocadas por los pasos fueron suficientes para provocar otro derrumbe, al principio Korra trató de alejarse para evitar quedar sepultada, pero de pronto el derrumbe no sólo se detuvo, sino que los escombros que bloqueaban el paso fueron removidos y usados para formar columnas a los lados. Era indudable que el maestro-tierra capaz de hacer eso iba a ser imposible de vencer en las condiciones en las que se encontraba, y lo único que le quedaba era la sorpresa. En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca para que sus ataques pudieran alcanzarlos, comenzó a lanzarle llamaradas. Lo inesperado del ataque jugó a su favor y logró lanzar a ambos sujetos contra la pared, uno de ellos incluso quedó inconsciente, el otro se reincorporó de inmediato, pero ella tenía el momento a su favor, iba a terminarlo cuando escuchó su nombre.

- Korra – dijo la voz de uno de ellos, demasiado familiar para que ella pudiera ignorarla.

- ¿Alehk? – preguntó Korra con voz temblorosa.

Uno de los igualitarios a los que había arrojado contra la pared se quitó la máscara, era Alehk. Korra se sintió aliviada de inmediato, casi pudo respirar profundo. Se lanzó contra él y lo abrazó, por primera vez desde que había despertado se permitió creer que todo iba a estar bien.

- ¿Estás bien? – preguntó Alehk, que aún se negaba a dejar ir a Korra de sus brazos.

- Ahora sí… ¿Kiya? – preguntó Korra cuando vio que el otro enmascarado al que había atacado se ponía de pie.

- Tengo que enseñarte a ver usando tierra-control Avatar Korra – dijo Kiya mientras se quitaba la máscara, y luego comenzó a frotar sus sienes con sus manos – eso fue doloroso.

- Lo siento, no sabía que se trataba de ustedes…

- Kiya, ¿puedes sacarnos de aquí? – preguntó Alehk tomando a Korra de la mano, no estaba dispuesto a perderla otra vez.

- Tenemos que salir por donde entramos, no puedo atravesar el túnel, sin que se derrumbe el edificio completo.

Comenzaron a caminar, casi a correr de vuelta a la entrada. Con cada paso más piedras se desprendían del techo y las paredes, estaban contra el tiempo.

- ¿Dónde estamos? – preguntó Korra casi sin aliento.

- Dao-Yi, no muy lejos de Ba Sing Se – respondió Alehk.

- ¿Dónde están Mako y los demás?

- No estamos seguros, hay una prisión sobre nosotros, tal vez están allí.

- ¿Cómo me encontraron?

- Akuru nos ayudó – dijo Kiya.

- Alehk, la Orden hizo esto, están de parte de Amón ahora, ¿qué vamos a hacer?

- No fue la Orden, Korra, fue sólo una persona…

- Ya casi estamos afuera – dijo Kiya deteniéndose de pronto – podemos salir por aquí. Avatar Korra, necesito tu ayuda para abrir un hueco sobre nosotros, Alehk puede impulsarnos con aire-control para salir de aquí.

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Iza abrió la palma de su mano derecha y una enorme llama azul se formó. La acercó a Rhizu que estaba apoyado en su brazo izquierdo y el halcón no se movió, estaba demasiado acostumbrado a sentir el fuego cerca, Iza se había encargado de enseñarle que no había razón para temer, los vendajes en el ave demostraban que se había equivocado, a veces un poco de miedo era necesario.

La puerta del Salón se abrió sin previo aviso y no pudo evitar sobresaltarse. Ella nunca se sobresaltaba.

- ¿Estás bien? – preguntó Lin mientras se acercaba.

- ¿No deberías estar rumbo a la Isla Ember? – en otras circunstancias Iza se habría sorprendido de que Lin hubiera adivinado y burlado sus planes de llevarla lejos de la línea de fuego, pero dada su situación casi se sintió aliviada cuando vio a la antigua maestra-tierra aparecer en el Salón del Trono.

- Estoy furiosa por lo que trataste de hacer, no me malinterpretes – dijo Lin cuando estuvo frente a ella - Escuché lo que pasó con Zein… lo siento mucho, Iza.

- Fue una lástima – dijo Iza con un nudo en la garganta – era mi mejor General…

- Y tu amigo.

Iza guardó silencio, estaba preparada para afrontar la muerte de uno de sus Generales, pero no la de un amigo.

- Entiendo cómo debes sentirte, pero tal vez deberías esperar antes de…

- El hombre que me atacó lo pagó con su vida… - le informó Iza, esperando ver la reacción de Lin al saber que había matado a un hombre.

- Hiciste lo que cualquiera hubiera hecho en tu lugar.

- No será el único, Lin. Fui amenazada por el príncipe del Reino Tierra y atacada en mi propio palacio, frente a docenas de mis guardias, no puedo quedarme de brazos cruzados

- ¿Qué vas a hacer ahora?

- Todavía no lo decido, pero Amón va a pagar por lo que hizo. Si quería provocarme lo consiguió, y va a desear no haberlo hecho.

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- Nunca pensé que estar dentro de una prisión me alegraría tanto – dijo Korra cuando abrió los ojos y vio a su alrededor, estaban dentro de una de las celdas de la prisión sobre el túnel.

- Debe ser porque está en la superficie – dijo Kiya – incluso yo comenzaba a sentir claustrofobia allí abajo.

- ¿Crees que Asami, Mako y Bolin están aquí? – le preguntó el Avatar a Alehk, que observaba pensativo a su alrededor – El lugar está casi vacío, no será difícil encontrarlos si están aquí…

- Eso tendrá que esperar – dijo Alehk – primero tenemos que llevarte a un lugar seguro.

- ¿Hablas en serio?, ¿quieres llevarme a un lugar seguro cuando mis amigos están en prisión y Amón tiene un ejército a las puertas de Ba Sing Se?

- Mi deber es mantenerte a salvo…

- Y el mío es tratar de detener a Amón…

- No está a discusión, Korra…

- Deberíamos irnos cuánto antes – dijo Kiya cuando comenzó a sentir vibraciones que la alertaban de que alguien se acercaba, pero ninguno pareció escucharla.

- En eso tienes razón – dijo el Ávatar con autoridad – mi deber no está a discusión, no voy a ir a ningún lado esta vez.

- Eso es cierto, Ávatar – dijo la voz de Amón, las paredes de la celda en la que estaban desaparecieron, y de pronto se vieron rodeados por un grupo de igualitarios que apareció de algún lado.

De inmediato sintieron los efectos de la sangre-control y se vieron suspendidos sin poder mover un solo músculo.

- Avatar Korra – dijo Amón mientras se acercaba - comenzaba a dudar que saldrías con vida del laberinto. Hubiera sido una pena que los derrumbes se encargaran de ti.

- ¿Hiciste un laberinto planeando que saliera de él? Tienes mucho tiempo libre, Amón – dijo Korra tratando de parecer más segura de lo que se sentía. La situación no dejaba de empeorar.

- Los mantuvo ocupados mientras arreglaba otros asuntos, ese era todo su propósito.

Alehk sentía los efectos del control de Amón, pero aún era capaz de mover con dificultad sus músculos. Cuando iba a lanzar un soplo de aire, un grito de Korra lo distrajo.

- El corazón del Avatar explotaría antes de que tu aire-control me alcance – le dijo Amón – y esta vez no me voy a complicar, si intentan escapar no voy a dudar en terminarlos a todos, ¿has entendido?

Alehk se apresuró a asentir con la cabeza.

- Ya tuve suficiente de nuestros juegos, Avatar. Pensaba hacer esto públicamente, pero me conformo con librar al mundo de ti de una vez por todas.

Hizo que la joven se arrodillara frente a él, la intensa opresión que Korra sentía en el pecho le hacía olvidar el dolor de sus músculos siendo doblados contra su voluntad. Estaba completamente a merced de Amón y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Mientras observaba, Alehk se debatía entre tratar de salvar al Avatar y arriesgar la vida de Korra… Si Amón le quitaba sus poderes perdería cualquier interés en ella, el Avatar desaparecería, pero Korra estaría a salvo… le aterraba lo mucho que le agradaba esa idea. Pero si no hacía algo para impedir que Amón le arrebatara sus poderes, ella nunca iba a perdonárselo… necesitaba ser rápido, muy rápido, y tenía que asegurarse que su ataque dejara inconsciente a Amón, o por lo menos lo distrajera lo suficiente para liberar a Korra. Estaba a punto de arremeter contra Amón cuando una gran explosión los distrajo.

- ¿Qué está pasando? – preguntó Amón, y antes de que alguien pudiera contestar un grupo de igualitarios irrumpió en el lugar. Rocas, llamas y espadas de hielo comenzaron a ser lanzados en todas direcciones.

La distracción fue suficiente para liberarlos del control de Amón y antes de Alehk pudiera reaccionar, Kiya corrió hacia Korra, la tomó de la mano y las hizo desaparecer a ambas bajo tierra. Aún confundido, el maestro-aire trató de rehacerse y reaccionar, y cuando se disponía a atacar se sorprendió al reconocer a la mayoría de los hombres que habían irrumpido en la prisión.

- ¿Vas a quedarte sólo mirando o vas a hacer algo para ayudarnos? – le preguntó una voz conocida.

- Lukin – dijo Alehk visiblemente sorprendido - ¿qué están haciendo aquí?

- ¿Qué parece que hacemos? – dijo el maestro-agua mientras lanzaba por los aires a uno de los igualitarios – Tratamos de rescatar al Ávatar y deshacernos de Amón de una vez por todas.

Los maestros que acababan de entrar se deshicieron de sus ropas de igualitarios y los uniformes de la Orden del Lotto Blanco aparecieron en su lugar. En un momento todos fueron suspendidos en el aire, pero Alehk consiguió librarse del control, y haciendo uso de toda su energía lanzó una ráfaga de aire que arrojó a Amón contra la pared y los liberó.

- Nada de lo que hay aquí tiene el menor interés para mí – dijo Amón poniéndose de pie – acabas de sentenciar a Korra – dijo dirigiéndose a Alehk – La única razón por la que hoy casi todos van a salir con vida, es para ver a su Ávatar y a sus ciudades caer.

Antes de que cualquiera pudiera hacer nada movió la palma de su mano, al mismo tiempo uno de los maestro de la Orden que estaban al frente lanzó un grito y se desplomó sin vida frente a todos.

- Llévenle este mensaje a Tenzin y a los demás miembros de la Orden: – dijo Amón mientras pasaba entre los miembros de la Orden, que no se atrevían a moverse – la próxima vez que nos veamos, será el último día para ustedes.

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Iroh respiró profundo cuando estuvo frente al Salón del Trono, le había costado mucho decidirse a aceptar la invitación de Iza y aún no estaba seguro de que fuera una buena idea.

La imagen que se encontró le provocó sentimientos encontrados. El lugar estaba vacío, la cortina de fuego apagada e Iza estaba en el piso junto al trono, un halcón que debía ser Rhizu cubierto en vendajes estaba sobre su mano y ella lo acariciaba.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó sin levantar la vista.

- Me mandaste llamar, ¿ya lo olvidaste? – dijo el príncipe mientras se acercaba - Escuché lo que le pasó a Zein, sólo quería decir…

- Ahórratelo.

- Entiendo cómo debes sentirte…

- No, no entiendes – dijo Iza poniéndose de pie – Y no tengo tiempo para escuchar tus condolencias, aún si fueran sinceras. Tengo un viaje a Ciudad República que preparar y una guardia que alistar.

- ¿Cambiaste de opinión?, ¿vas a enviar las tropas a Ciudad República?

- No, pero tengo una propuesta que podría hacer que tú cambies de opinión.

- Te escucho.

- Tengo el ejército que necesito en Ciudad República, pero… el infeliz de Kuei tiene razón, tengo que ir allá y hacerme cargo personalmente.

- No entiendo…

- Es hora de ser realistas, Iroh. Tu Armada no tiene oportunidad, tus armas son obsoletas contra las de los igualitarios y sin ellas tus hombres son inútiles… Ni siquiera tienes el elemento de la sorpresa, todo el mundo sabe que irán y Amón ha tenido tiempo de sobra para prepararte una recepción aún más memorable que la última vez.

- Yo no diría…

- Si insistes en hundir los tres barcos que aún siguen a flote, es tu decisión. Tengo entendido que la flota de Bumi se dirige ahora hacia Ciudad República, y da lo mismo si se hunden bajo tus órdenes o bajo las suyas...

- ¿Qué quieres decir, Iza?

- Necesito ir a Ciudad República, pero necesito que alguien se quede a cargo… te estoy devolviendo al corona.

- ¿Qué estás… hablas en serio?

- No puedo traer a Ursa de vuelta, eso tomaría tiempo y no lo tengo. Además, ella aún estaría en contra de mis métodos…

- Para que tomarte la molestia de hacer todo lo que hiciste si sólo vas a devolverme la corona… no entiendo Iza y no confío en ti.

- No es tan complicado, Iroh. Lo creas o no, la corona nunca me interesó. Además, cuando la quiera de vuelta, sólo tengo que retarte a otro Agni Kai.

Iroh guardó silencio, no podía dejar de pensar que Iza tenía intenciones ocultas, pero aún si las tenía le estaba dando la oportunidad de detenerla…

- La invasión que Amón y Sheng Yu planearon es real, planean atacar en cinco días. Necesito que te quedes y te encargues de coordinar a las tropas para defender la ciudad.

- Pero yo soy un General de la Armada de…

- ¿Y aún te sorprende que los Generales de la Nación se hayan aliado conmigo?, ¿cuando su propio Príncipe prefirió servir en otro Ejército? Se sintieron traicionados, y la prueba es que no dudaron en aceptar mi propuesta. Te estoy devolviendo la corona, pero tú mejor que nadie sabe lo que eso implica.

- Y cuando yo tenga la corona, ¿quién va a tener realmente el poder, Iza?, ¿de parte de quién va a estar los Generales y los Ministros?

- No puedo hacerlo todo por ti. Tienes que ganarte su confianza, no va a ser difícil, la mayoría está de parte de Ursa, pero todos, igual que yo, pensaron que su respuesta a la situación de Amón no era la adecuada.

- Aún no sé qué quieres con todo esto.

- Sólo quiero reducir a Amón y a quién está detrás de él a cenizas, luego de eso mis planes no son muy claros.

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El grupo se había dispersado mientras caminaban a través de las montañas que estaban cerca de Dao Yi, para evitar llamar la atención. Lukin se había quedado junto a Alehk para guiarlo, pero ninguno había dicho una palabra, lo ocurrido en el campamento de los igualitarios aún estaba fresco en su memoria.

- ¿Qué es este lugar? – preguntó Alehk cuando se detuvieron.

- Ellos construyeron su campamento, nosotros el nuestro – dijo Lukin señalándole varias tiendas que trataban de disfrazarse entre la vegetación del lugar.

Las preguntas que tenía para Lukin sobre lo que había pasado desaparecieron cuando vio aparecer a Kiya de una de las tiendas. De inmediato corrió hacia ella.

- ¡Kiya!, ¿dónde está Korra?

- El Avatar está bien – dijo la maestra-tierra bajando la vista.

- ¿Dónde está? Tengo que verla…

- Te están esperando – dijo entrando la tienda de la que acababa de salir. La actitud de Kiya preocupó a Alehk, trataba de parecer distante, pero era más como si se sintiera culpable, el muchacho pensó entonces que podría tratarse de Korra, que algo malo podría haberle ocurrido, estaba a punto de pedirle una explicación cuando levantó la vista y vio que todos los miembros de la orden estaban en ese lugar.

Alehk se sintió igual que meses atrás cuando iban a nombrarlo guardián, pero algo en la expresión del rostro de los ancianos le dijo que algo iba realmente mal, primero se alarmó pensando que podía tratarse de Korra, pero luego todo tuvo sentido.

- Parece que tenía razón, después de todo- dijo uno de los más ancianos, era el maestro Azain, uno de los partidarios de Iroh, que nunca habían estado de acuerdo en que él se convirtiera en el guardián de Korra.

- Alehk, acércate – le dijo Tenzin que estaba al frente, al parecer tomaba el lugar de Katara.

- Pensé que estarían en Ciudad República… - fue lo único que el maestro-aire acertó a decir.

- Esos nunca fueron nuestros planes, sabíamos que Amón planeaba invadir Ba Sing Se y que los Dai Li estaban de su parte. Fue un rumor que hicimos correr para que algunos de nuestros maestros pudieran infiltrarse en el ejército que Amón estaba reclutando en el Reino Tierra.

- ¿Y enviarnos con Xi Feng era parte de su plan?

- Había rumores sobre Xi Feng, pero nunca pensamos que pudiera traicionarnos, su padre fue uno de los primero miembros de la Orden...

- Debiste decirme sobre los rumores, nunca habría dejado que se acercara a Korra – reclamó Alehk furioso.

- Aún con los rumores, no esperábamos que él pudiera capturarla – dijo Tenzin tranquilo.

- Y no lo habría hecho si tú hubieras cumplido con tu deber como guardián – dijo el maestro Azain – y no estamos aquí para discutir nuestros planes, sino para discutir tu futuro.

- ¿Mi futuro?, ¿de qué están hablando? – preguntó Alehk confundido. La expresión de Tenzin de pronto imitó a la de Kiya, y bajó la vista.

- Alehk… dados los recientes hechos y lo que ocurrió esta tarde…

- La orden considera que no eres más apto para desempeñar el cargo de guardián del Avatar – dijo el maestro Azain.

- ¿Por lo que ocurrió? Fueron ustedes quienes nos enviaron con Xi Feng y… - Alehk trataba de defenderse, aunque sabía que al final sería inútil - no es la primera vez que Korra cae en manos de Amón y yo habría podido salvarla, aún si ustedes no hubieran llegado… soy el único que puede sobreponerse al control de Amón, habría podido… - las palabras salían de su boca, pero la expresión en el rostro de los ancianos no cambiaba, Alehk se sintió desesperado.

- No es sólo que Amón haya capturado a Korra otra vez – dijo Tenzin - Creemos que hay situaciones personales que podrían interferir con tu deber como guardián…

- Desde el principio fue así –dijo el maestro Azain, la expresión de satisfacción en su rostro enfureció a Alehk, pero no había nada que pudiera hacer.

- No pueden hacer eso, yo gané el derecho, pasé todas las pruebas que ustedes ordenaron… hice todo lo que me pidieron…

- Nunca fuiste el mejor candidato, tuviste suerte en el combate contra Iroh y con Kiya… todos sabemos lo que pasó entonces – dijo el maestro Azain - No eres más el guardián del Avatar, Kiya tomará tu lugar.

- ¿Kiya? – la vista del maestro-aire de inmediato se cruzó con la de su amiga, que se apresuró a desviar la vista, casi avergonzada.

- Lo siento Alehk – dijo la maestra-tierra, era obvio que la situación le complacía menos que a nadie, pero Alehk no pudo evitar sentirse traicionado también por su amiga.

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Habían pasado varias horas, y las noticias sobre el Ávatar iban y venían. El rumor de que había escapado había sido confirmado, también que la Orden del Lotto Blanco había sido capaz de infiltrarse en el campamento y que incluso Amón había tenido que huir.

- Deberíamos irnos de inmediato, con todo el movimiento, no sería difícil hacerlo…

- Creo que deberíamos quedarnos. Ahora que Korra está segura, seríamos de más utilidad en este lugar, podríamos enterarnos de cosas…

- No sé, Mako, no creo que sea una buena idea estar rodeados de igualitarios. Si nos descubren…

- No lo harán, Bo. Trataremos de no llamar la atención y de no quitarnos las máscaras. Tú lo dijiste, con todo el movimiento nadie presta demasiada atención.

- De acuerdo, pero que quede claro que creo que es una mala idea… ¿crees que Korra esté bien?

- Debe estar bien… Alehk no habría permitido que algo le pasara.

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El silencio de las alturas siempre había podido reconfortarlo, pero estaba demasiado molesto con él mismo con los miembros de la Orden para pensar siquiera con claridad, y aún el aire sobre su rostro no hacía nada para calmarlo. Escuchó las ramas del árbol moverse y supo que ya no estaba solo.

- ¿Vienes a echarme en cara tu nueva posición?

- Sabes que nunca haría eso… y que si hubiera tenido otra opción…

- ¡Pudiste haber dicho que no!

- Habrían puesto a otro en mi lugar, ¿habrías estado tranquilo sabiendo que cualquier maestro cuida de Korra? No soy tú, Alehk, y no tengo tu motivación, pero trataré de hacerlo lo mejor posible. Sabes que daría mi vida por el Avatar sin pensarlo.

Era difícil estar molesto con Kiya cuando el maestro-aire sabía que decía la verdad y que tenía razón.

- Tal vez debiste ser tú desde el principio… tal vez tienen razón y yo sólo compliqué las cosas…

- Eso no es verdad – dijo Kiya sentándose a su lado, sobre la rama más alta del árbol - Además, no importa quién es el guardián, tú vas a estar allí y vas a cuidar de ella aún si…

- Ya no puedo, Kiya.

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Korra observaba sin apetito la comida frente a ella, debía estar hambrienta porque apenas había comido en el último par de días y porque su cuerpo había estado sometido a más estrés del habitual, pero el desasosiego que las últimas noticias le habían producido, se lo impedía.

Aún le dolía el pecho y si cerraba los ojos, aún podía ver a Amón frente a ella, listo para quitarle sus poderes o quitarle su vida, no sabía qué le habría aterrado más. Aunque sabía que Alehk y los demás miembros de Orden se quedaban atrás, se sintió aliviada cuando Kiya consiguió sacarla de la prisión y volvió a ver la luz del día. Intentó pedirle a la maestra-tierra que volvieran, pero ésta le hizo ver que su presencia sólo complicaría las cosas, y Korra tuvo que aceptar que tenía razón.

Cuando llegó al campamento, Tenzin y los ancianos la recibieron y le contaron sobre los planes de la Orden para tratar de evitar la invasión de Amón a Ba Sing Se, y durante toda la conversación lo único que Korra tuvo claro fue que ninguno de sus planes la incluía.

- Lo mejor que puedes hacer para ganar esta guerra – dijo el maestro Azain – es seguir con vida y conservar tus poderes, y eso no lo vas a conseguir si estás cerca de Amón.

Korra habría querido seguir discutiendo, pero al parecer los ancianos no tenían tiempo y Tenzin la llevó a una de las tiendas, donde tenía que descansar.

- Tú sabes que no soy la misma que escapó del Polo Sur, Tenzin, tú sabes que puedo hacer mucho más que esconderme de Amón – le dijo Korra al antiguo maestro-aire.

- Lo sé, y estoy dispuesto a ayudarte a convencer a los demás maestros, pero ahora hay otro asunto del que debo hablarte… tiene que ver con Alehk.

- ¿Le pasó algo?, ¿Amón lo lastimó…?

- Alehk está bien – se apresuró a decir Tenzin para tranquilizar a Korra - pero lo ocurrido los últimos días no pasó desapercibido por los ancianos. No es la primera vez que estás en este tipo de peligro y…

- Él me encontró aún en ese laberinto, y me hubiera rescatado aún si ustedes no hubieran llegado.

- Korra, tú sabes cómo se siente Alehk con respecto a ti, ¿no es cierto?

- ¿Qué tiene que ver con…?

- No tengo idea de cómo te sientes tú con respecto a él, y creo que es mejor que por ahora no lo sepa. Tú no puedes verlo, pero muchas de las situaciones en las que estuviste en riesgo, pudieron haberse evitado si él hubiera sido más… profesional.

- Eso no es verdad, Tenzin. Alehk me dejó claro que su deber como guardián estaba primero…

- Está claro que no, Korra.

- ¿Qué estás tratando de decirme?

- Alehk va a ser despojado de su cargo de guardián y Kiya va a ocupar su lugar.

- Están siendo injustos, Alehk no ha hecho más que protegerme desde el principio, ¿tienes idea de cuántas veces me ha salvado la vida? No pueden…

- Está hecho, Korra. Pero puedes estar tranquila, tú sabes que Kiya te mantendrá a salvo, fue ella quien te salvó de Amón esta tarde.

Luego de esa noticia, los pensamientos de Korra estuvieron constantemente en Alehk, no tenía idea de cómo cambiaría su relación con él. Tal vez sin la obligación de protegerla, el maestro-aire iba a marcharse. La única razón por la que había aparecido en su vida después de cuatro años había sido porque lo habían llamado… Korra no podía imaginarse enfrentar a Amón sin Alehk a su lado.

El sonido de pasos la sacó de sus pensamientos y vio a Kiya entrar a la tienda.

- Así que ahora tú eres mi guardián.

- Avatar Korra, siento mucho que las cosas resultaran así, si hubiera podido hacer algo para que Alehk…

- Es sólo un título, Kiya. No creo que Alehk decida marcharse sólo porque ya no es mi guardián… - dijo Korra tratando de parecer segura, pero su voz la traicionó al final. No estaba segura que el maestro-aire se quedaría y eso la asustaba.

- No es tan simple, Avatar.

- Supongo que el título era importante para él y todo eso, pero Alehk no hizo nada mal, no puede dejar que le afecte lo que digan…

- No era el título lo que Alehk quería conseguir cuando comenzó su entrenamiento… no sólo el título, sino lo que el título iba a darle… la posibilidad de estar cerca de ti.

- ¿Qué quieres decir?

- Si no es tu guardián no puede acercarse, Avatar. Si no es tu guardián aún está bajo el castigo que se lo prohíbe. Ahora seguramente lo enviarán de vuelta a Gaoling.

Korra sintió un balde de agua helada caer sobre ella. Había olvidado completamente por qué Alehk se había alejado en primer lugar.

- No pueden hacer eso… no pueden decirme que no puedo acercarme a Alehk, ya no soy una niña… Tengo que verlo, tengo que decirle que esto es ridículo, que no puede hacer caso a algo así…

- Me temo que eso no va a ser posible – dijo Tenzin que entró a la tienda.

- Tenzin, ¿escuchaste lo que quieren hacer? Quieren que Alehk se marche, no puedes permitirlo… - pidió Korra desesperada.

- Es un poco tarde para eso, Korra. Alehk acaba de marcharse rumbo a la Nación del Fuego. Va a apoyar a Iroh en la defensa de la Ciudad contra la invasión de Amón.

- ¿Alehk se marchó?

- Nos reuniremos en una hora con la Orden para planear la estrategia a seguir para la defensa de Ba Sing Se, los ancianos quieren escuchar lo que tienes que decirles, espero que puedas convencerlos de que eres más valiosa con nosotros que ocultándote. También han ocurrido cosas en la Nación del Fuego de las que deberías estar al tanto.

- No pudo irse sólo así – dijo Korra poniéndose de pie – tengo que verlo, tengo que hablar con él y decirle…

- Korra, entiendo que esta situación te va a parecer difícil al principio, pero todas las decisiones que toma la Orden son por tu bien.

- No Tenzin, no entiendes…

- Descansa, nos veremos en una hora – dijo el antiguo maestro-aire antes de marcharse.

- No tuvo opción, Avatar – dijo Kiya cuando estuvieron a solas – No podía acercarse, para él habría sido muy difícil quedarse.

- Por lo menos debió decir adiós.

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- Hay noticias – dijo un sujeto que se sentó junto al grupo donde estaban Bolin y Mako – Amón le ordenó al Teniente formar una unidad para ir tras el Avatar y la Orden. Está furioso, se dice que incluso retrasará el ataque a Ba Sing Se, quiere al Avatar de una vez por todas y en cuanto los encuentren va a atacar con todos los hombres.

- ¿Puede hacer eso? – preguntó Bolin nervioso.

- No quiere arriesgarse a que interfiere en los planes del ataque simultáneo. Si no puede quitarle sus poderes, va a destruirla, ya no le importa si luego tiene que buscar a otro Ávatar.

- ¿Ataque simultáneo? – preguntó Bolin antes de darse cuenta – pensé que sólo atacaríamos Ba Sing Se…

Antes de que alguien pudiera cuestionar su falta de información, el alboroto que comenzó a formarse los distrajo y todos se pusieron de pie para ver de qué se trataba. Varios hombres llegaban con cajas que otros abrían entusiasmados.

- Son los nuevos guantes, acaban de llegar – dijo un hombre colocándose un guante y haciéndolo brillar - Sato les hizo modificaciones, son mucho más potentes, una descarga de estos y no vas a despertar en una semana.

- Ese hombre es un genio – dijo otro que sacó una barra de electricidad más ligera, pero visiblemente más potente que la anterior.

- ¿Lo dices en serio? – dijo el hombre que había llevados la caja, y que era uno de los jefes de la unidad - Si es un genio dime ¿por qué no se ha dado cuenta que Amón le ha estado mintiendo todo este tiempo y que nuestra unidad es de maestros?, ¿qué haría si se enterara de que los Agni Kai estamos de parte de Amón y hemos estado usando su armamento todo este tiempo?

- El día que lo sepa, va a ser el último de Hiroshi Sato – dijo otro maestro, tomando uno de los guantes de la caja y haciéndolo brillar en el aire – por lo pronto vamos a usar sus guantes y a pilotear sus máquinas voladoras.

Mako reconoció la voz del hombre, era la misma voz del maestro que estaba con Tarrlok el día que habían secuestrado a Korra, el día que él no había podido ayudarla, y su voz le provocó los mismo sentimientos que aquélla vez.

- Estos sujetos están locos – le dijo Bolin al oído - ¿cuánto tiempo más vamos a estar aquí?

- Los guantes son buenos – dijo el mismo maestro – pero no hay nada como el fuego para solucionar los problemas – dijo formando una llama en la palma de su mano.

La expresión en el rostro del hombre le heló la sangre a Mako, que no entendía lo que pasaba. Sentía miedo de un hombre que no era mejor maestro-fuego que él, pero ¿por qué?

- ¿Qué pasa contigo, muchacho? – preguntó el hombre dirigiéndose a él – si tienes miedo, ve hacia otro lado.

Entonces todo tuvo sentido. Eran las mismas palabras que había escuchado esa vez… era la misma voz.

- Fuiste tú – dijo sintiendo como la ira se alzaba en su interior, y no iba a ser capaz de contenerse. Antes de darse cuenta lanzó una llamarada que arrojó al sujeto contra la pared, provocando que en su trayectoria una de las cajas con barras de electricidad se volteara, desperdigando su contenido. Mako siguió lanzando llamaradas, deseando con todas sus fuerzas que su fuego fuera más ardiente y poder reducir al sujeto a cenizas, pero su energía no fluía y sus ataques no causaban el daño que quería. Varios hombres trataron de acercarse para detenerlo, pero las barras en el suelo los hacían caer, uno de ellos consiguió derribarlo con un ataque de agua y entonces otros pudieron acercarse para sujetarlo.

El maestro-fuego iba entonces a arremeter contra Mako cuando de pronto se vio suspendido en el aire, víctima del control de Tarrlok que entró en ese momento a la tienda.

- Tienen suerte de que haya asuntos más urgentes que atender o Amón se haría cargo de los dos de inmediato.

- Ese chico me atacó sin razón, tengo que enseñarle una lección – dijo el maestro cuando estuvo libre del control de Tarrlok.

- Esta no es la primera pelea que empiezas, pero la próxima será la última, Iken.

- Pregúntale a cualquiera, fue ese chico quien…

- No quiero excusas, no voy a tolerar más peleas en esta unidad. Tú – dijo dirigiéndose a Mako – repórtate con el Teniente – vas a ir con la Unidad que irá tras el Ávatar, si la Orden del Lotto Blanco no acaba contigo, ajustaremos cuentas a tu regreso. Y tú – dijo dirigiéndose a Iken – agrupa a tu unidad y asegúrate que todos estén armados. Amón los espera.

- Señor… Tarrlok, me preguntaba si yo también podría ir con los que van tras el Ávatar… - preguntó Bolin armándose de valor.

- ¿Eres maestro-fuego?

- No, soy maestro-tierra, señor…

- Tenemos suficientes maestros-tierra aquí, si quieres ir con ellos, es tú problema.

- Gracias, señor. No lo voy a defraudar…

- Todos, tomen un arma y repórtense con sus unidades de inmediato – ordenó Tarrlok antes de salir.

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Las noticias de la captura del Avatar a manos de los igualitarios la había tomado por sorpresa, le preocupaba que las habilidades y la dedicación de Alehk no hubieran sido suficientes para mantener a Korra a salvo, pero le preocupaba un poco más que no pudiera resolver la situación. Lin siempre había sido una mujer práctica, y su falta de tierra-control sólo había acrecentado esta cualidad, no podía ir al Reino Tierra a ayudar a Alehk, pero podía convencer a Iza de que lo hiciera.

Lin conocía muy bien el carácter de la maestra del fuego azul, sabía que la muerte de Zein la había vuelto vulnerable, pero aún en ese estado, Iza haría nada de lo que no estuviera convencida, y Lin aún estaba segura si sus intereses y los de Korra aún eran los mismos.

- ¿Qué le pasó a Rhizu? – preguntó cuando vio al ave sobre su percha junto al trono.

- No tuvo una buena recepción en el Reino Tierra. Tuvo suerte de salir con vida, aunque es posible que no vuelva a ser de utilidad.

- Se acostumbrará – dijo Lin amargamente – Vi a Jiang salir hace un momento, ¿cómo va el asunto del atentado en tu contra?

- Jiang consiguió que uno de los guardias hablara. Al parecer, cuando Amón supo que Hiro y Kiya se conocían, y que él tenía la confianza de Kiya, montaron un escape para que pudiera infiltrarse en el Palacio y pudiera acercarse a mí. La visita de Kuei proporcionó la distracción perfecta, pero fue Amón quien lo planeó todo.

- ¿Qué piensas hacer ahora?

- Eso tendrá que esperar, hay asuntos más urgentes.

- ¿Tienes alguna noticia sobre Alehk y Korra?

- Recibí un telegrama de Mei-Yu esta mañana, no traía noticias sobre ellos, lo que podría ser un buen indicio. Si las cosas se hubieran complicado, Alehk me habría pedido ayuda, tenemos un trato.

- ¿Habrías tratado de rescatar a Korra si Alehk te lo hubiera pedido?

- ¿Aún con lo que pasó con Zein crees que estoy de parte de Amón?

- No, pero me preocupa que puedas estar de parte de Azula.

- Estoy de su parte Lin, que no te quepa duda, pero por ahora sus intereses y los de Korra son los mismos. Además, le di mi palabra a Alehk de que haría todo lo que estuviera de mi parte para mantenerla a salvo. Tengo hombres cerca de Ba Sing Se que puedo movilizar si la situación lo requiere. Pero por ahora hay asuntos mucho más urgentes… Hay rumores de que Amón planea invadir Ba Sing Se al mismo tiempo que la Capital…

- Iza, si Ba Sing Se cae en sus manos, sería casi imposible ganar esta guerra, ¿qué piensas hacer?

- Es extraño, normalmente le diría esto a Zein, él me escucharía en silencio mientras hablo sin parar sobre posibles escenarios, elaboro un plan de acción, luego cortésmente me haría ver las fallas en mi plan y la forma de corregirlas, yo le ordenaría que lo llevara a cabo y él haría como si todo hubiera sido mi idea desde el principio…

- Es normal que estés triste Iza, pero ahora…

- No estoy sólo triste, estoy furiosa, nunca me había sentido así y temo que eso afecte mi percepción y mi capacidad de tomar decisiones.

- ¿Por qué no me dices lo que piensas? También confías en mí y yo podría darte mi opinión.

- Amón no tiene suficientes hombres para mantener Ciudad República ocupada e invadir Ba Sing Se y la capital. Así que no será una invasión, sino un golpe de estado. Los Dai Li van a tomar el poder en su nombre y los guardias del palacio y algunos miembros del ejército harán lo mismo aquí. Los igualitarios debieron infiltrarse en posiciones estratégicas, lo que pasó con Sheng Yu fue sólo la punta del iceberg… y si aún no los hemos podido identificar, no lo haremos en dos días, así que lo mejor es estar preparados para lo peor.

Lin escuchó casi admirada lo que decía Iza. Después de toda la información que había llegado a sus manos, seguramente de parte de Amón para confundirla, había logrado ver a través de todo y descifrar el plan de acción de los igualitarios.

- ¿Estar preparados para que tengan éxito?

- Precisamente.

- ¿Y qué piensas hacer?

- Darles un Señor del Fuego al que puedan derrocar.


N/A2: Ya sé que después de tanto tiempo no pasa demasiado en este capítulo, pero es de transición hacia el siguiente, que el inicio del final. Gracias a todos por leer!