N/A: Hacía muchísimo tiempo que no me daba una vuelta por fanfiction, y hacía muchísimo más tiempo que no le dedicaba tiempo a las historias, pensé que ya nadie tenía interés, pero me encontré con un par de comentarios que me motivaron a publicar el resto de la historia. La verdad estoy publicando lo que está escrito desde hace mucho tiempo, así que no está editado ni revisado, pero supongo que es mejor que nada.

Este es el penúltimo capítulo, sólo falta uno más que publicaré en algunos días.

CAPÍTULO 17.

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- Estamos a punto de aterrizar, Majestad – le informó Jiang a Iza.

Iza recordó la última vez que había visitado Ciudad República, apenas unas semanas antes de que Azula muriera.

Habían viajado dos días en un gran buque de la Armada, la salud de Azula seguía deteriorándose, pero se negaba a abandonar sus funciones como Delegada de la Nación del Fuego.

Iza no pudo evitar emocionarse cuando los grandes edificios aparecieron a lo lejos. Era diferente de la Nación del Fuego y de todo lo que conocía.

- ¿Él es el abuelo de Alehk? – preguntó Iza cuando vio la gran estatua.

- El Ávatar Aang – dijo Azula sin emoción – también hay una de Zuko por ahí, y de todos los campesinos que los ayudaron durante la guerra. Patético.

- Es una ciudad muy grande, es más grande que la Capital – dijo Iza viendo cómo Ciudad República se extendía a uno y otro lado casi infinitamente.

- Por eso estamos aquí – dijo Azula – porque es grande y poderosa… y porque seguirá creciendo alimentada por las cuatro naciones. En pocos años, quien controle Ciudad República controlará el mundo.

- ¿Y tú la quieres controlar?

Azula sonrió.

- Ya no voy a estar aquí. Tú en cambio, vas a estar en el centro de todo. No ocurrirá nada en ningún rincón del mundo de lo que no estés enterada.

- ¿Cómo voy a hacer eso?

- De la misma forma que lo he hecho yo los últimos veinte años.

Durante sus viajes como representante de la Nación del Fuego Azula había logrado hacerse de miles de seguidores, todos los que seguían creyendo en la superioridad del fuego frente a los demás elementos se le habían unido incondicionalmente, y con el paso de los años el número de seguidores sólo había crecido. Aún en sus últimos años en el trono el antiguo Señor del Fuego Zuko había ignorado que la mitad de los que se inclinaban frente a él, lo hacían en atención a su hermana y no a él.

Ahora a Iza le tocaba tomar el lugar de abuela frente a sus seguidores, y no podía estar más ansiosa.

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Mako se sentó por enésima vez tratando de calmarse. Aún dentro del campamento era difícil saber qué estaba pasando. Algunos hablaban sobre atacar el campamento de la Orden del Lotto Blanco, otros hablaban sobre el ataque a Ba Sing Se y algunos estaban seguros que regresarían a Ciudad República. Las órdenes cambiaban todo el tiempo. Amón no estaba seguro de cuál sería su siguiente paso, o quería confundir a los espías que sabía había entre sus hombres.

- Estamos tan cerca de Amón – dijo Bolín – si fuéramos más fuertes y más rápidos, podríamos terminar con la guerra aquí mismo.

- Nunca lograríamos atravesar siquiera el primer círculo de su defensa, Bo.

- ¿Qué vamos a hacer entonces?

- En cuanto sepamos algo, tenemos que escapar e informar a la Orden y a Korra.

- ¿Qué pasó con ese sujeto? Nunca te había visto reaccionar así, estabas tan furioso que sentí miedo… - preguntó Bolín por fin. No era difícil imaginar que era la pregunta que había querido hacer desde el principio.

- ¿Alguna vez has intentado recordar lo que pasó ese día?

- ¿Te refieres al día que…? Al principio lo intentaba, luego pensé que tal vez no recordar el peor día de nuestras vidas no es tan malo… recordar lo que pasó después es suficiente.

- ¿Qué harías si lo volvieras a ver? Al hombre que los asesinó, ¿qué harías si lo tuvieras enfrente?

- ¿A qué vienen tantas preguntas? Nunca te gustó hablar de lo que pasó, te molestabas cuando trataba de preguntarte algo.

- Sólo quiero saber qué harías tú, sé lo que haría yo… lo que voy a hacer cuando lo tenga enfrente otra vez…

- Me alejaría antes de cometer una tontería, eso es lo que haría.

- ¿Cómo puedes decir eso? Ese hombre asesinó a nuestros padres y nos condenó a una vida en las calles…

- Tratar de vengarnos no los traería de vuelta, ni borraría todos los malos años. Cobrar venganza sólo empeoraría las cosas, sé que me arrepentiría toda la vida de matar a un hombre, no importa si fue el que asesinó a nuestros padres…

- El sujeto de esta mañana… ese maestro-fuego… ese fue el hombre que los asesinó.

- Mako, ¿cómo puedes estar tan seguro?

- He escuchado su voz todos los días desde hace diez años, la reconocí desde la primera vez, pero no sabía de quién se trataba hasta esta mañana… fue él, ahora estoy seguro porque me dijo lo mismo que me dijo ese hombre ese día…

- Si es verdad lo que dices, espero que no lo volvamos a ver nunca.

- ¿Todavía no entiendes, Bolin? Ese hombre asesinó a nuestros padres, no hacer nada sería como traicionar su memoria…

- No Mako, convertirte en un asesino o salir lastimado sería traicionar su memoria, no puedes…

La aparición de Tarrlok los interrumpió.

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Korra no era la única molesta en esa reunión, desde su reencuentro con Naga le parecía que su mascota estaba esperando encontrar a alguien más además del Ávatar. No podía culparla, la ausencia de Alehk era una de las razones por las que estaba disgustada. La otra, y casi tan importante, era la forma en que la Orden del Lotto Blanco estaba manejando el asunto del comienzo inminente de una guerra. Sólo discutían, hablaban y en cuanto parecía que llegaban a algún acuerdo, comenzaban a discutir de nuevo y cambiaban de opinión.

- Nuestro plan es reforzar las defensas de Ba Sin Se – dijo Tenzin, dirigiéndose al resto de los miembros de la Orden que escuchaban atentos – no hemos detectado campamentos en otro sitio, por lo que creemos que Amón intentará atacar por el lado Norte, lo que tiene sentido porque es la zona de más fácil acceso. El Rey no nos autorizó a entrar a la ciudad, por lo que tendremos que permanecer en las afueras, cuando vea que la invasión es real, seguramente aceptará nuestra ayuda y podremos avanzar, pero hasta entones…

- Aún si logramos detener a los igualitarios, ¿cómo vamos a detener a los Dai Li que están dentro? – preguntó Korra.

- Los seguidores del Avatar dentro de la Ciudad están tratando de reclutar a tantos maestros cómo es posible, esperamos que…

- No será suficiente para detenerlos – interrumpió Kiya, que hasta entonces había permanecido en silencio.

- Lo sabemos, pero es todo lo que podemos hacer. Nuestra idea no es combatirlos, sino proteger al Rey y evitar que el poder caiga en manos de Akuru.

- Con todo respeto, maestro Tenzin – insistió Kiya - toda la Ciudad es vigilada por los Dai Li, seguramente Akuru ya sabe lo que tratan de hacer y…

- Le das demasiado crédito a tu hermano, Kiya – dijo el maestro Azain – si supiera de nuestros planes habría arrestado a nuestros colaboradores, y no lo ha hecho.

- Tal vez está esperando el momento adecuado…

- O tal vez no tiene idea – dijo otro maestro, apoyando a Azain.

- He visto cómo funciona sus sistema de espionaje, no pasa nada en la Ciudad de lo que no se enteren los Dai Li…

- Ba Sing Se es una ciudad demasiado grande, es imposible saber todo lo que ocurre allí, y la prueba es que nuestros agentes siguen libres y nuestros seguidores se multiplican, ¿crees que si Akuru lo supiera habría dejado que el problema creciera? Hace muchos años que dejaste Ba Sing Se, las cosas seguramente han cambiado desde entonces – Kiya apretó los puños y guardó silencio - ¿Hay algo más que quieras decir o podemos continuar con nuestra reunión?

Kiya negó con la cabeza.

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- Yo también creo que es un mal plan – dijo Korra cuando ella y Kiya estuvieron a solas - pero no se me ocurre ningún otro. Tal vez podríamos pedirle ayuda a la Nación del Fuego, pedirles que vengan aquí en lugar de ir a Ciudad República…

- Iza no se involucraría, Ávatar. No se arriesgaría a desatar otra guerra de cien años. Incluso detuvo los planes de invasión a Ciudad República.

- ¿Qué tiene que ver Iza con…? – al principio las palabras de Kiya confundieron a Korra, pero luego todos los rumores tuvieron sentido - ¿qué pasó con Ursa?

- No lo sé, pero puedo asegurarle que está bien. Iza no la lastimaría, es la hija de Zuko y la hermana de Lin…

- ¿Quieres decir que Iza…? Todos los rumores eran ciertos, Iza sí era una traidora.

- No sé si lo que hizo podría considerarse traición – trató de aclarar Kiya - tomó el poder de la Nación del Fuego para evitar los planes de invasión.

- ¿Iza derrocó a Ursa?, ¿qué pasó con Iroh?, ¿por qué no hizo nada para detenerla? Esto no es posible – dijo Korra alarmada - si Iza está de parte de Amón no hay nada que podamos hacer para ganar esta guerra.

- Iza no está de parte de Amón, Ávatar.

- Después de lo que hizo, ¿cómo estás tan segura?

- Porque yo sé exactamente lo que ella quiere hacer. Le dije que podía confiar en ella, y es verdad, pero también es cierto que no nos apoyará si se lo pedimos.

- Si no contamos con la Nación del Fuego, tenemos que alertar a la Tribu Agua del Norte, ellos también tienen un ejército poderoso.

- Iza se encargó de convencerlos de que se mantuvieran al margen…

- Pero están obligados a responder si el Ávatar les pide ayuda.

- Creo que Iza es más convincente que el Ávatar, les dio razones suficientes para no involucrarse.

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Desde la ventana, Asami podía ver todo lo que ocurría en el campamento. Al parecer se alistaban para algo importante, las naves que aterrizaban eran descargadas de inmediato y decenas de camiones salían cada hora, seguramente trasportando armas. La puerta de la habitación donde estaba se abrió, y de inmediato se sobresaltó, pensando que pudiera tratarse de Amón.

- Me dijeron que habías despertado y que querías verme – dijo Hiroshi, por su tono y su expresión, Asami pudo ver que su padre estaba esperanzado en que hubiera cambiado de opinión.

- Era venir aquí o ir a una de las celdas de la prisión – dijo Asami cruzándose de brazos - ¿dónde está el Ávatar?

- ¿Era eso lo que querías saber? Te preocupas demasiado por las personas que no se preocuparon por ti. El Ávatar y todos sus amigos maestros fueron rescatados. Al parecer no necesitan más de ti. No habría sido difícil para ninguno de ellos sacarte de la celda en la que estabas.

Asami trató de ignorar el comentario de su padre, pero no pudo. De inmediato recordó lo que le había dicho Iza.

- ¿Sabes que Amón tiene maestros a su servicio? – preguntó, intentando por última vez convencer a Hiroshi.

- Tus supuestos amigos te llenaron la cabeza de ideas equivocadas, Asami. Te mintieron, igual que cuando te hicieron creer que eras parte de ellos. Sólo te utilizaron, todos los maestros son iguales…

- Los he visto, papá – insistió – Los Agni Kai, los Monzones, la Triple Amenaza, todos trabajan para Amón ahora.

- Yo le vi quitarle el control a esos delincuentes.

- Lo que visto debió ser un circo montado para que…

- ¡Suficiente, Asami! Si estás aquí, es para decirme cuál es tu decisión, vas a estar a mi lado o vas a ir a prisión…

- No tengo muchas opciones, ¿o si?

- Te advertí que no podías confiar en los maestros, tuviste que aprender la manera difícil.

- Después de todo lo que he hecho, ¿crees que Amón me dejará estar aquí, sólo así?

- Soy yo quien provee de armas a su ejército. Estoy seguro que eso hace que tenga que concederme lo que sea que le pida.

- No quiero ir a prisión, papá.

Hiroshi sonrió satisecho y luego la abrazó, Asami se estremeció, ni siquiera en ese momento pudo reconocer al hombre en el que se había convertido su padre.

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- ¡Están hablando de enviarme al Polo Sur! No puedo permitirlo – dijo Korra indignada – soy el Ávatar, tengo que tratar de detener esta guerra, o tengo que quedarme a pelearla.

- No hay mucho que pueda hacer, Ávatar. Mi lealtad está con la Orden, incluso antes que contigo.

- Pero lo que quieren hacer es estúpido. Tenemos que hablar otra vez con Akuru, convencerlo de que está cometiendo un error.

- Lo siento, Ávatar, es demasiado peligroso. Ir a Ba Sing Se fue la razón de que terminaras en prisión.

- Iza tenía razón cuando nos envió a hablar con Akuru. Ba Sing Se va a caer de la misma forma que cayó hace ochenta años, y tenemos que evitarlo.

- Tratar de convencerlo sería inútil, no va a cambiar de opinión.

- Iza dijo que si no podíamos convencerlo había otra forma, ¿de qué hablaba?

- La sucesión del líder de los Dai Li, es parecida a la del Rey Tierra. Antes que Akuru, mi abuelo fue el líder de los Dai Li, y antes que él fue Long Feng. El maestro-tierra más hábil de mi familia, es por derecho el líder de los Dai Li.

- ¿Tu abuelo y Akuru?, ¿por qué tu padre no es el líder?

- Mi padre no es maestro-tierra, por eso no dejó que Akuru se marchara, porque con él se iban el poder y el control de Ba Sing Se. Tuvo suerte de que mi abuelo pudiera mantenerse tanto tiempo, y de que Akuru hubiera dominado el elemento siendo muy joven.

- Pero tú eres más fuerte que Akuru, ¿no es cierto?

- Cuando Akuru cumplió catorce años lo designaron como líder de los Dai Li, la tradición dice que debíamos competir y el más hábil de los dos sería elegido, pero yo era mujer y… mi padre ni siquiera trató de que me enseñaran a hacer tierra-control. Akuru me enseñaba a sus espaldas, más como un juego que como un entrenamiento serio. – Kiya respiró profundo antes de continuar, y cerró los ojos como tratando de alejar malos recuerdos. - Un día estaba en el jardín practicando lo que me había enseñado y se acercó una mujer a la que nunca había visto, me dijo que si conseguía mover una gran roca que estaba cerca, me iba enseñar el truco más increíble del mundo, conseguí mover la roca y ella me enseñó a manipular la tierra para esconderme y moverme debajo de ella para aparecer en un sitio distinto.

- ¿Esa mujer… era Toph?

- Si, pero yo no lo sabía, fue hasta después que supe que era le mejor maestra-tierra del mundo. Cuando llegó el día de la competencia, todos pensaron que era sólo un trámite, pero Akuru me dijo que diera lo mejor de mí y que tratara por todos los medios de ganarle, él sabía que no podría, yo apenas tenía ocho años… pero hice el truco que me enseñó Toph. Akuru era hábil, pero aún era muy joven y fue suficiente para hacerlo perder la concentración y luego el equilibrio… de alguna forma logré ganarle. Yo ni siquiera sabía las formas para hacer tierra-control, sólo sabía un truco y fue suficiente – dijo Kiya como tratando de justificarse, Korra apenas podía imaginar las veces que se había disculpado por la misma razón.

- ¿Qué pasó después?

- Mi padre estaba furioso, me ordenó que dijera que Akuru me había dejado ganar, pero era mentira. Cuando no lo hice, me desconoció frente a todos y luego de eso apenas me volvió a dirigir la palabra. Un mes después Akuru me retó por el derecho a ser el líder en mi lugar y por supuesto me derrotó, yo aún sabía un solo truco.

- ¿Fue por eso que dejaste tu casa?

- Algo así – dijo Kiya dándose la vuelta - mi padre me dijo que si volvía a su casa, ya no sería como su hija, y con la condición de nunca aprender tierra-control. Por suerte entre los asistentes estaba Toph, ella me ofreció enseñarme tierra-control y llevarme con ella. Mi padre se enfureció por su ofrecimiento y dijo que me recibiría de nuevo, que me entrenaría y que con el tiempo llegaría a ser la mano derecha de Akuru. No sé si lo dijo en serio o si sólo trataba de que no me fuera con Toph, pero eso hizo que mi decisión fuera más difícil.

- Pero si tú ganaste primero, y Akuru te retó…

- Yo también puedo retarlo a él, a eso se refería Iza.

- Si lo haces, y le ganas, podrías salvar a Ba Sing Se.

- Pero si pierdo, le daría a Akuru más poder del que soñó tener alguna vez.

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Ciudad República parecía una ciudad fantasma, las calles estaban desiertas y llenas de basura y escombros. Llevaba diez minutos recorriendo las calles y había visto ya a cuatro patrullas de igualitarios, la estrategia de Amón era obvia: implantar el miedo para desalentar a quienes le oponían resistencia.

- Es aquí, Majestad – dijo Jiang cuando se detuvieron frente a un edificio casi en ruinas.

Iza le dedicó una mirada de incredulidad, pero no dijo nada y siguió a su Capitán.

Uno de sus Generales se acercó en cuanto la vio aparecer y se inclinó para saludarla, Iza le indicó con un ademán que se pusiera de pie y luego examinó el lugar, no había nada distinto de lo que habría en una bodega desvencijada.

- ¿Qué es este lugar? – preguntó.

- Es nuestro cuartel transitorio, estará acondicionado en un par de horas… llegó antes de lo previsto – dijo el hombre nervioso.

- ¿Dónde están mis hombres, General?

- En cuanto tuvimos noticias del atentado que sufrió, dejamos el campamento y volvimos a la Ciudad. Le aseguro que tenemos hombres en cada punto de la Ciudad y que podemos darle informes precisos de lo que ocurre. Estamos listos para atacar hoy mismo, si esas son sus órdenes, Majestad.

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Alehk cruzó los brazos y se sentó a esperar. Era más de media noche y toda la actividad en el campamento había cesado. Aún no entendía por qué la Orden insistía en esperar y en hacer planes sin sentido. Esa había sido una de las razones por las que había decidido ir a la Nación del Fuego, pensaba convencer a Iza de ayudar a Korra.

La rama sobre la que estaba sentado se agitó y supo que no estaba solo.

- ¿Cómo supiste que estaba aquí?

- Las hojas de los árboles comenzaron a caer. En esta época del año, no hay viento en el Reino Tierra – dijo su visitante, sentándose a su lado.

- ¿Dónde está Korra?

- Debe estar durmiendo. Fue un día difícil. ¿No deberías estar en camino a la Capital?

- Estaba en puerto cuando recibí un telegrama. Iza se marchó a Ciudad República. Pensé en ver cómo iban las cosas aquí antes de alcanzarla allá.

- Sólo te ausentaste un día, Alehk. Y aquí no han hecho más que esperar y planear. Korra está bien, aunque molesta contigo porque te fuiste sin despedirte.

- Hay algo extraño, Kiya, lo siento en los huesos. No es normal la forma en que están manejando las cosas, están siendo demasiado pasivos y…

- ¿Sospechas de la Orden porque te quitó tu título? Fueron ellos quienes llegaron a salvar a Korra.

- ¿Y no crees que fue muy conveniente?

- No deberías decir eso, Alehk.

- Tienes razón, tal vez sólo estoy molesto. Estoy atado a personas en las que no confío, y no me dejan acercarme a ella…

- Tengo que volver con Korra, no puedo vigilar si estoy aquí arriba.

- Kiya, mantén los ojos abiertos. A veces confías demasiado en las personas.

- Y tú a veces confías muy poco. Confía en mí, Alehk. Voy a cuidar a Korra por ti… sólo por ti – murmuró Kiya al final, antes de alejarse de un salto.

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Iza decidió que el ataque al campamento de los igualitarios era la prioridad. Tenía que detener el suministro de armas. Luego del atentado en su contra, Amón había trasladado gran parte de su maquinaria a Dao-Yi, pero el campamento de las montañas aún era el lugar del que provenían la mayor parte de las armas.

La seguridad del lugar había sido reforzada, había redes de electricidad por toda la montaña. Asami le había advertido de los postes de electricidad, e Iza dio la orden de destruir cada uno de ellos antes de avanzar. Luego de eso, no tuvieron problemas para entrar en el campamento.

- Tenemos que detener el suministro de platino, sin él no podrán construir armas útiles ni aquí ni en Dao –Yi – les informó Iza.

- Nuestros informes dicen que el depósito más grande está del otro lado de la montaña, transportan el metal por un sistema de rieles hasta la fundidora, tendríamos que destruir todo el sistema, pero si lo hacemos los alertaríamos y podrían embarcar el resto del armamento. Tendríamos que detener los embarques primero y luego…

- Es más sencillo que eso General – dijo Iza adelantándose – destruimos el suministro de electricidad y luego las naves y la mina. Así las armas y el platino se quedan aquí. Dígale a los hombres que se preparen a atacar y a destruirlo todo en una hora. Para entonces la planta debe estar destruida y no habrá forma en que puedan mover nada más.

- Pero Majestad, necesitamos más tiempo, ni siquiera sabemos donde está la planta ni cómo…

- Puedo sentir la electricidad fluyendo por cada cable debajo de nuestros pies, General. Jiang vendrá conmigo y ustedes esperarán antes de atacar. Es su primera prueba General, y espero que no haya fallas.

- Así será Majetad.

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En cuanto entraron Iza supo que algo estaba mal, de inmediato sintió cómo era levantada por los aires y arrojada contra la pared, antes de darse cuenta, grilletes de metal habían aprisionado sus muñecas y sus tobillos contra la pared.

- Si tratas de formar rayos, vas a ser la primera en sentirlos – dijo Tarrlok, que apareció frente a ella – no sabes cuánto he esperado por este momento, Princesa. Desde nuestra última conversación…

- ¿Y esto fue lo mejor que pudiste hacer?

- Sheng Yu tenía razón, no ibas a dejar que alguien más arruinara tus planes, tenías que hacerlo tú misma…

- Su último plan no resultó nada bien, deberías considerar cambiar de asesores…

- ¿Eso fue lo que tú hiciste cuando Hiro mató a tu Capitán?, ¿lo cambiaste por un muchacho que no puede ni siquiera defenderse a sí mismo? – preguntó Tarrlok cuando vio a Jiang inconsciente en el piso.

- Aún tienes que pagar por eso – dijo Iza furiosa.

- Lamento informarte que no estarás aquí para verlo – dijo Tarrlok levantando su mano izquierda, Iza sintió cómo la presión de su sangre aumentaba – tengo que informarte que no soy tan hábil como Amón así que no puedo darte una muerte rápida, tendrá que ser lenta y dolorosa – dijo el maestro-sangre.

- No me sorprende, ¿cuándo has hecho algo bien, Tarrlok? – dijo Iza ahogando un grito.

- Estoy a punto de terminar con la vida del Señor del Fuego, eso es algo que Amón no consiguió – dijo Tarrlok satisfecho.

Iza sintió cómo de pronto era difícil respirar, sus músculos no respondían y de pronto todo se volvió oscuro.

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- ¿Qué estamos haciendo aquí? – le preguntó Bolín al jefe de su unidad, era un maestro-tierra mucho menos hábil que él, pero de aspecto intimidante.

- Hay informes de que los maestros-fuego van a atacar el campamento antes de que saquemos todas las armas.

- ¿Los maestros-fuego?

- Los que enviaron de la Nación del Fuego, se negaron a unirse a Amón y ahora planean atacar el campamento – dijo el jefe.

- ¿Y creen que nosotros vamos a poder detenerlos?

- Sólo tenemos que detener a una, los demás caerán luego de eso – dijo el jefe.

Mako, Bolín y el resto de la guardia siguieron a Tarrlok por el campamento hasta que llegaron al último edificio del extremo norte.

- ¿Qué es este lugar? – preguntó Bolín.

- Es la planta de energía que alimenta todo el campamento – dijo Mako cuando vio una enorme bobina en el centro.

- ¿Qué estamos haciendo aquí? – preguntó Bolín más alto de lo que esperaba.

- Por ahora sólo esperar – dijo Tarrlok. Si alguno arruina esto va a ser lo último que haga – dijo el maestro-sangre.

Esperaron en silencio más de veinte minutos, hasta que el sonido de pasos acercándose los alertó. La puerta se abrió y dos personas entraron, Tarrlok los arrojó a ambos contra la pared, y otro maestro aprisionó a uno de ellos contra la pared con grilletes de metal, el otro quedó inconsciente en el piso.

En cuanto el sujeto que estaba aprisionado contra la pared levantó la vista, Mako sujetó a Bolín del brazo, haciendo que ahogara su grito de sorpresa.

- Si tratas de formar rayos, vas a ser la primera en sentirlos – le dio Tarrlok a Iza.

- ¡Es Iza!, ¿qué vamos a hacer? – preguntó Bolín en voz baja.

- ¿Qué está haciendo aquí? – preguntó Mako ignorando la pregunta de su hermano.

- Deberíamos ayudarla – dijo Bolín cuando vio lo que Tarrlok trataba de hacer.

Iba a detener su corazón sin que ella pudiera hacer nada al respecto. Mako dudó, si Iza no tenía oportunidad contra Tarrlok, ¿qué podían esperar él y Bolín? No podía poner a su hermano en peligro…

El muchacho que había llegado con Iza y que parecía inconsciente se levantó y antes de que alguien pudiera hacer nada bloqueo el chi de Tarrlok que cayó inmóvil al piso, uno de los maestros-fuego le lanzó una llamarada, pero Bolín levantó un muro de tierra que lo protegió.

- ¿Qué estás haciendo, Bolín? – preguntó Mako furioso. Ahora estaban involucrados.

El muchacho tampoco entendía lo que había pasado, cuando Bolín se acercó iba a atacarlo, pero el maestro-tierra se quitó la máscara y Jiang lo reconoció de su visita al Palacio.

- Tienen que distraerlos un segundo, mientras la libero de los anillos – le dijo Bolín a Mako y Jiang.

La mitad de la guardia de Tarrlok aún no entendía lo que había pasado y algunos trataban de ayudar a Tarrlok que estaba inconsciente y otros comenzaban a prepararse para atacar. Jiang saltó más alto de lo que Mako había visto salgar alguna vez a alguien y bloqueo el chi de uno de los maestros-fuego, antes de que pudieran atacar a Bolín, luego volvió a saltar y derribó a otro. Mako trataba de desviar los ataques de los maestros-tierra y de los maestros-agua con ráfagas de electricidad. Pocos segundos después Iza estuvo libre y Bolín la cargó en sus hombros.

- Tenemos que salir de aquí… - le dijo Mako a Bolin.

- Aún no – dijo Jiang mientras dejaba inconsciente a otro maestro. Era muy rápido y muy ágil, la mayoría de los ataques en su contra fallaban o terminaban lastimando a alguien más. Ni Mako ni Bolín habían visto nunca a alguien moverse así, era distinto – tenemos que destruir la planta, fueron sus órdenes – dijo el muchacho.

- Si no salimos ahora, nada de esto habrá valido la pena porque no podemos ganarle, ¿quieres que Tarrlok, termine lo que empezó con tu Princesa?

Jiang se dio por vencido y asintió. Mako lanzó un rayo contra el techo del edificio causando un desprendimiento, y aprovecharon la distracción para escapar.

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Cuando Iza abrió los ojos estaba dentro de una bodega.

- Está despertando – dijo una voz extrañamente conocida.

- Majestad – dijo Jiang acercándose - ¿se encuentra bien?

- ¿Qué pasó?, ¿quién…?, ¿qué hacen ustedes aquí? – preguntó cuando reconoció a Mako y Bolin.

- Salvándote la vida – dijo Mako – un poco de gratitud sería apreciada…

- ¿Qué pasó con la planta de energía?

- Sólo conseguimos sacarla de allí, Majestad.

- ¿Aún estamos en el campamento? – preguntó Iza, Jiang asintió - ¿cuánto falta para que se cumpla el tiempo?

- Pocos minutos… traté de comunicarme con el General…

Iza se puso de pie de inmediato.

- ¿Qué crees que estás haciendo? – preguntó Mako.

- ¿Estamos lejos de la planta?

- No, por desgracia. ¿Sabes lo difícil que fue sacarte de allí?

- Necesito que me ayudes.

- ¿Estás… estás hablando en serio? – preguntó Mako incrédulo.

- Podría hacerlo yo misma, pero será un poco más rápido si tú y tu hermano me ayudan – dijo Iza.

- Ni siquiera sé qué estás haciendo aquí, ¿por qué te ayudaría?

- Porque por el momento mis intereses son los mismos que los tuyos, en pocos minutos mis hombres van a invadir el campamento y a dejar a Amón sin su provisión de armas, pero están contando con que no haya electricidad. Si no destruimos esa planta, todas las armas que están en las bodegas van a ser embarcadas y enviadas a Ba Sing Se.

- Esa es una buena razón – dijo Bolín – yo digo que lo intentemos.

- ¿Y cómo piensas destruir la planta en tan poco tiempo? Si descubrieron tus planes de apagarla, el lugar debe estar lleno de maestros.

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- Tenemos informes de que los igualitarios se están preparando para partir a Ba Sing Se esta noche, sus cargamentos de armas acaban de llegar a Dao-Yi – dijo Tenzin.

- Creo que deberíamos adelantarnos y tratar de detenerlos antes de que lleguen a la gran muralla – dijo otro maestro.

- Lo mejor sería esperar, estamos en el Reino Tierra, no podemos sólo empezar una batalla, podría haber consecuencias. No queremos que expulsen a la Orden.

- ¿Tú qué opinas, Korra? – le preguntó Tenzin.

- Kiya dijo que Amón tenía más armas que hombres en Dao-Yi, ella piensa que una vez que los Dai-Li ganen el poder dentro de la Ciudad los dejarán entrar para abastecerlos. Cree que las tropas y las armas son para controlar a los que se opongan una vez que tomen el poder…

- No tenemos evidencia de eso…

- Si Kiya tiene razón, lo que tenemos que hacer es infiltrarnos para tratar de detenerlos…

- Korra, no podemos hacer eso.

- ¿Qué vamos a hacer entonces?, ¿pelear una batalla en el frente equivocado? Amón sólo quiere distraernos…

- La escolta del Ávatar acaba de llegar, pero no podemos encontrar a su guardiana – dijo un hombre que entró.

- ¿Que Kiya no está?, ¿cómo pudo dejar su posición sólo así? – preguntó el maestro Azain furioso.

- Dijo que tenía algo que hacer, pero que volvería cuanto antes – dijo Korra.

- No podemos esperarla, la escolta tendrá que ser suficiente.

- ¿De qué están hablando?

- Nuestra prioridad es mantenerte a salvo, Korra. Vas a volver al campamento en el Polo Sur.

- No, no voy a hacer eso. No voy a esconderme mientras Amón trata de apoderarse del mundo…

- Korra, eres la única esperanza, pero hasta que sepamos cómo puedes detener a Amón, tienes que estar segura. No podemos perderte.

- No voy a escapar…

- ¿Y cómo vas a enfrentar a Amón? – preguntó el maestro Azain - ¿cómo vas a acercarte a él sin que te quite tus poderes o detenga tu corazón?, ¿tienes alguna idea? Si te quedas sólo vas a ponerlos a todos en peligro, porque él va a seguir atacando y nosotros vamos a tener que defenderte, y nadie puede detenerlo.

- Ahora no es el momento de enfrentarlo, Korra – dijo Tenzin.

- El mundo va a estar en guerra, no puedo sólo esconderme, Tenzin.

- No vas a esconderte, vas a encontrar la forma de derrotarlo.

- Maestro Tenzin – dijo un muchacho que entró a la tienda – acabamos de recibir un telegrama, dice que los igualitarios están por invadir el campamento.

- ¿Quién envió el telegrama?

- No sabemos.

- Tenemos que sacarte de aquí.

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Mako apenas podía creer que el plan de Iza hubiera resultado. Siguiendo sus instrucciones no les fue difícil distraer a las decenas de maestros que resguardaban la planta mientras Jiang se escabullía sin problemas para apagar el interruptor. Todos reaccionaron como Iza había previsto y en menos de lo previsto Jiang estaba de vuelta y su Princesa sonreía satisfecha.

- Mis hombres van a llegar por el lado Norte, son bienvenidos a unírsenos, o pueden esperar a que haya terminado y luego les daré una nave. A menos que planeen volver con Tarrlok.

- No creo que esa sea una opción – dijo Mako – pero tampoco vamos a unirnos a tu ejército, aún no sé cuáles son tus planes. ¿No eras tú quien se oponía a la invasión porque querías evitar otra guerra de cien años?

- Las circunstancias han cambiado, y aún quiero evitar la guerra. Así que no estoy aquí en nombre de la Nación del Fuego, la mayoría de mis hombres son de Ciudad República.

Jian, que se había subido a una de las torres de vigilancia para esperar la llegada de los invasores bajó de pronto y se inclinó frente a Iza.

- Están a menos de cien metros de la entrada Norte, Majestad.

- Llegó la hora, si no van a acompañarnos, les sugiero que busquen un lugar para esconderse.

- Vamos a apoyarte, pero en nombre del Ávatar – dijo Mako.

- Por supuesto – dijo Iza extendiendo las palmas de las manos, de inmediato comenzaron a formarse pequeñas ráfagas de electricidad.

- ¿Dónde aprendiste a moverte así? – le preguntó Bolín a Jiang - ¿has escuchado del pro-control? Eres justo lo que le falta a nuestro equipo, seríamos invencibles, Mako es bueno, pero su actitud comienza a ser molesta…

- Bolin, no es el momento - dijo Mako respirando profundo, a veces no podía entender a su hermano.

- No… no soy maestro, no podría competir – dijo el pequeño acróbata que acababa de ocupar su lugar detrás de Iza.

- ¿Tu guardaespaldas no es maestro-fuego? – preguntó Mako incrédulo. Por las historias que había escuchado sobre la Familia Real, le sorprendía que Iza le dirigiera siquiera la palabra a un no-maestro.

- Jiang es el jefe de mi guardia, y es mucho más competente que la mayoría de los maestros que sirven en el palacio. Su abuela lo entrenó personalmente.

- ¿Qué pasó con…? – Mako no terminó su pregunta. El sonido de una explosión del lado Norte los distrajo.

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- ¿Estás segura que este es el lugar?

- Estoy completamente segura. Mei Yu dijo que este era el lugar, la nave debería estar justo aquí…

- ¿Mei Yu?, ¿ella es tu contacto con los Dai Li?

- Iza me dijo que…

- No hablaba de Mei , Kiya. El contacto de Iza era Luei. Y ahora entiendo por qué tenías que traerme contigo – dijo Alehk furioso – trataban de alejarnos de Korra, y seguramente hicieron lo mismo con la Orden.

- Alehk… no lo sabía.

Alehk saltó por los aires y abrió su aerodeslizador y comenzó a volar en dirección al campamento, haciendo aire-control para crear corrientes y aumentar su velocidad. Sólo esperaba llegar a tiempo.

En pocos minutos pudo ver las tiendas, y su corazón se aceleró cuando vio a una docena de igualitarios afuera de la tienda que era de Korra. Amón había llegado primero. Aterrizó sobre la tienda, rompiendo la lona con su entrada.

Los dos miembros de la Orden que se habían quedado a cuidar de Korra estaban inconscientes en el piso, y el Ávatar no estaba por ningún lado.

- Esperaba que llegaras a tiempo – dijo Amón.

- ¿De qué estás hablando?, ¿dónde está Korra?

- Hoy es el día en el que libero al mundo del último maestro-aire.

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Korra no protestó más y subió a la nave. Tenzin tenía razón, su presencia sólo ponía en peligro a los hombres que estaban allí.

- ¿Cómo podemos irnos dejándolos tan vulnerables? – preguntó Korra cuando vio desde las alturas la desventaja en la que se encontraba la Orden. Los igualitarios los doblaban en número y tenían armas.

- Aún si nos quedamos no podríamos hacer nada

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Kiya se abrió paso entre los hombres que peleaban tratando de alcanzar la tienda del Ávatar. Literalmente había removido la tierra para llegar cuanto antes. Si el Ávatar estaba en peligro, era en gran parte su culpa. Cuando llegó su corazón casi se detuvo. No había nadie, sólo Alehk estaba en el piso.

- ¿Alehk? – preguntó con voz temblorosa.

- Estoy bien – dijo el muchacho.

- ¿Dónde… dónde está Korra?

- No estaba aquí cuando atacaron. Alguien les avisó…

- ¿Estás seguro que estás bien?

- No te preocupes por mí, tienes que ayudarlos. Tenemos que resistir hasta que lleguen los hombres de Iza, luego podemos ir a buscar a Korra.

La batalla los alcanzó, antes de darse cuenta la tienda estaba en llamas y tuvieron que defenderse de los ataques simultáneos de varios maestros. Kiya se dio cuenta de que Alehk estaba lastimado y trató de pelear también por él. Aún con sus habilidades le costó hacerles frente, eran demasiados maestros y sus compañeros cada vez eran menos. Había maestros de la Orden inconscientes o inmovilizados por todo el lugar.

Cuando tuvo que bloquear tres llamaradas simultáneas, supo que había muy poco que pudiera hacer. Todo pasó muy rápido y cuando pensó que una de las espadas de hielo que le lanzaban iba a alcanzarla, sólo alcanzó a cerrar los ojos. Cuando los abrió una llamarada amiga la había librado.

- ¿Luei Yu? – preguntó confundida.

- Parece que necesitan ayuda.

Kiya no sabía si sorprenderse porque Luei Yu podía hacer fuego-control, porque estaba allí, o porque estaba vestida como los generales de la Nación del Fuego.

El rumbo de la batalla no tardó en cambiar con la llegada de los maestros-fuego. En poco tiempo ganaron la batalla e incluso lograron apresar a la mayoría de los igualitarios.

- ¿Pueden tomar prisioneros? – preguntó Kiya - ¿qué van hacer con ellos? Están en el Reino Tierra.

- Su Majestad consiguió una alianza con Omashu – dijo Luei Yu – mientras no entremos a Ba Sing Se, podemos considerarnos la guardia armada de Omashu.

Algunos de los miembros de la Orden que seguían en pie se les unieron, aún confundidos por lo que había pasado. Alehk vio a Lukin, y de inmediato se acercó para interrogarlo.

- ¿Dónde está Korra? – preguntó Alehk.

- Recibimos un telegrama que nos avisó del ataque al campamento, el Ávatar tuvo tiempo de escapar. El Maestro Tenzin la llevó al Polo Sur con el resto de los hombres para protegerla. Teníamos órdenes de defender el campamento, pero no hay nada qué defender, ¿qué tenemos que hacer ahora? – preguntó Lukin confundido.

- Al parecer alguien no contaba con que lograran salir con vida – dijo Luei Yu.

- ¿Iza los envió a proteger Ba Sing Se? – preguntó Kiya.

- No, sólo teníamos que ayudar a proteger al Ávatar, pero si ella ya no está aquí, nuestro trabajo está hecho.

- ¿Qué van a hacer ahora? Iza no habría reunido a un ejército sólo para proteger a Korra.

- No, sus planes eran más discretos. Nuestras órdenes eran destruir el campamento de Dao Yi y luego reunirnos con Su Majestad en Ciudad República.

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Cuando la última de las naves cargadas con armamento comenzó a arder, Iza se permitió relajarse. Tomar el campamento había sido más difícil de lo que había anticipado, sus defensas eran complejas y su tecnología le había costado más hombre de lo que había pensado, pero acababa de dejar a los igualitarios sin una de sus principales fuentes de armas.

- En serio eres buena dando órdenes – dijo Bolin todavía entusiasmado por la victoria - ¿te gusta el pro-control? Serías la mejor capitana de toda la historia. Mako es bueno, pero tú serías…

- No es el momento, Bo – dijo Mako.

- Majestad – dijo uno de los generales – el campamento está asegurado y los prisioneros están siendo embarcados a la Isla Roku. Esperamos sus órdenes para continuar a la Ciudad…

- Majestad – la llamó Jiang – recibimos un telegrama de la Nación del Fuego – dijo entregándole un papel doblado.

Iza lo leyó y palideció. Trató de mantener la calma, pero era obvio que no habían sido buenas noticias.

- La ocupación de la Ciudad tendrá que esperar – dijo Iza observando a su alrededor – si no somos suficientes la batalla podría extenderse y las pérdidas aumentarían. Tenemos que esperar a los hombres que están a las afueras de Ba Sing Se.

- Como ordene, Majestad.

- Una cosa más, General – lo llamó Iza – un asunto en Ba Sing Se requiere mi presencia inmediata, en mi ausencia, usted y todos los demás Generales responderán directamente a Mako, él está a cargo desde ahora y hasta mi regreso.

- ¿Estás…? – Mako no pudo terminar su reclamo, Jiang se lo impidió.

- Luei Yi y su tropa estarán aquí en dos días, y entonces deben ejecutar los planes de ocupación. Es posible que para entonces esté de vuelta, pero si hay contra tiempos, será Mako quien los resuelva.

- Como usted ordene, Majestad.

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- ¡¿Estás loca?! – dijo Mako en cuanto estuvieron solos.

- Deberías bajar la voz, no puedo dejar que me hables así enfrente de mis generales.

- ¿Quieres que sea yo quien dirija a tu ejército? No puedes hablar en serio…

- La Ciudad Capital cayó – dijo Iza – eso era lo que decía el telegrama. Amón y Sheng Yu tomaron el control de la Nación del Fuego. Si queremos ganar la guerra, tendrá que ser antes de que puedan usar a mi ejército en nuestra contra.

- ¿La Nación del Fuego está en manos de Amón? Pero…,¿cómo pasó eso?

- Creo que mis generales no eran tan leales como pensaba. Escucha Mako, tengo maestros capaces y leales aquí, pero necesitan a alguien que esté a cargo… y en este momento, eres en el único en el que confío.

- Pero no sé cómo dirigir a un ejército…

- Ya te lo dije, mis generales lo harán. Tú sólo tendrás que asegurarte que no pierdan de vista los intereses del Ávatar mientras lo hagan.

- Lo que me pides es una locura, Iza…

- Además de Amón, tenemos que detener a quienes están detrás de él. Por eso tengo que ir a Ba Sing Se… Escucha, Mako, sólo sigue tu instinto, y no dejes que sus opiniones te afecten, si tienes mi respaldo, ellos no van a discutir tu autoridad.

- De acuerdo.

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El campamento de Dao Yi ardía en llamas. Ni Alehk ni Kiya habían estado de acuerdo, pero no podían hacer nada al respecto.

- Yo tenía que haber ido con el Ávatar – dijo Kiya mientras observaba a Alehk limpiar las espadas que acababa de recuperar.

- No podrías hacer mucho para protegerla en el Polo Sur.

- Este lugar estaba casi vacío – dijo Luei que se acercó – La mayoría del armamento ya había sido embarcado.

- Tal vez alguien les avisó.

- No, llegamos tarde. La guerra comenzó antes. La Capital de la Nación del Fuego cayó, y hay reportes de disturbios en Ba Sing Se. Tengo un mensaje para ti de Su Majestad – dijo entregándole un sobre a Kiya.

- ¿La Nación del Fuego está en manos de Amón?

- Eso parece – dijo Luei. Algo en su tono hizo dudar a Alehk.

- Necesito una nave para ir al Polo Sur, ¿puedes ayudarme? – preguntó el maestro-aire.

- Si lo pides de la forma correcta… - dijo Luei-Yu con un tono sugerente.

- O tal vez sólo debería pedírselo a Iza – intervino Kiya de inmediato.

- ¿Qué hay de divertido en eso?

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Los bisontes pastaban como si el mundo no estuviera a punto de arder en llamas, y Tenzin y el maestro Azain bebían té para acentuar el agravio. Korra estaba furiosa, pero no había mucho que pudiera hacer, se había dejado llevar y traer por todos, y lo peor era que no había nada que pudiera hacer al respecto. Era incapaz de derrotar a Amón y eso la condenaba a seguir en la misma situación.

- Una nave se aproxima, maestro Tenzin – le informó uno de los guardias.

Korra se puso de pie de inmediato, pero ninguno la imitó.

- Tiene la bandera de la Orden, deben ser algunos de los maestros que se quedaron el campamento – dijo el maestro Azain aún bebiendo de su taza. Tal vez ahora podríamos viajar más cómodamente, el viaje en bisonte es demasiado cansado para alguien de mi edad.

Korra lo observó con incredulidad, algo debía estar muy mal con ella si no sentía ganas de responder a lo que acababa de escuchar.

- ¡Es la maestra Kiya! – gritó el maestro.

Korra sonrió finalmente.

Luego de que la nave aterrizó y el maestro Azain dedicó a Kiya la reprimenda de su vida, todos acordaron en que dada la situación de la Orden del Lotto Blanco, lo mejor era que la maestra-tierra se reincorporara a sus funciones y aceptaron que escoltara a Korra al Polo Sur. Tenzin, el maestro Azain y los pocos maestros que aún los acompañaban, aceptaron viajar de vuelta a Ciudad República para reunirse con el resto de la Orden y tratar de convencer a Iza de que los apoyara en sus intentos por detener a Amón.

- Cuídate, y saluda a mi familia de mi parte – le pidió Tenzin antes de despedirse.

- Así lo haré – dijo Korra.

- Nos veremos pronto, Ávatar Korra – dijo Tenzin mientras la abrazaba.

Korra vio con cierto desasosiego como los bisontes se alejaban, algo le decía que lo peor estaba por venir, y que a muchos de ellos no los volvería a ver.

- Es hora de irnos, Avatar Korra – dijo Kiya.

Habían volado casi una hora en silencio, Korra había tratado de iniciar la conversación con Kiya, pero la maestra-tierra se limitaba a responder monosílabos, y al final la joven Ávatar se había dado por vencida.

El paisaje se había vuelto monótono, seguramente estaban a mitad del Reino Tierra. Si todo iba bien, al amanecer estarían el Polo Sur.

- No sabía que podías pilotear una nave – dijo Korra cuando no pudo soportar más el silencio.

- La señorita Sato me enseñó, y esta nave es pequeña, es muy fácil pilotearla.

Korra se sorprendió, no tenía idea de que Kiya hubiera pasado tanto tiempo con Asami.

- ¿Han sabido algo de ellos? ¿de Asami, Mako y Bolín?

- No, no estaban en Dao-Yi, pero deben estar bien… los tres son muy hábiles, Avatar.

- Eso espero – murmuró Korra – Kiya, necesito pedirte algo… - no pudo continuar, la aparición de una nave más grande la interrumpió, antes de darse cuenta sintió el impacto de cuerdas de metal que se impactaban contra las paredes de la suya.

- ¿Qué está pasando? – preguntó Korra alarmada.

- Lo siento, Ávatar, no tuve opción – dijo la maestra-tierra tranquila.

- ¿De qué estás hablando?

Kiya presionó un botón del panel de mando y la puerta de la nave se abrió. Un hombre vestido con el uniforme de la guardia de la Nación del fuego apareció y tras él entró Iza.

- ¿Qué significa esto? – preguntó Korra alarmada por la situación.

- Ávatar Korra, espero no ser inoportuna – dijo la maestra de las llamas azules.

- Lo siento, Ávatar, sé que es mi deber escoltarla al Polo Sur, pero hay otros asuntos que debo atender – dijo Kiya.

- No entiendo…

- Supongo que Kiya no te dijo nada - Iza se sorprendió cuando la postura de la maestra-agua se tensó y retrocedió, como si se sintiera amenazada.

- No me sorprende en absoluto – dijo una voz que hizo que Korra se relajara de inmediato – Alehk apareció por la puerta de la nave y se puso de pie junto a Iza.

- Necesito a Kiya conmigo – dijo Iza – pero por supuesto, no puedo dejarte sin guardián. Alehk te escoltará al Polo Sur, si estás de acuerdo.

- Lo siento Ávatar – dijo Kiya – sabía que el maestro Azain no accedería a dejarte ir con Alehk, por eso tuve que ser yo quien se presentara.

- Tienen una forma muy peculiar de hacer las cosas – dijo Korra aliviada.

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El viaje a Ba Sing Se había sido corto, y su visita anterior les aseguró la entrada al Palacio, ya todos los Dai Li sabían que ella era la hermana de Akuru, la hija perdida de Li Deng. Cuando pidió hablar con su hermano, los agentes sólo se inclinaron y obedecieron de inmediato.

- Este lugar no ha cambiado nada – dijo Iza mientras observaba el salón en el que esperaban.

- ¿Habías estado antes aquí?

- Conozco todos los palacios que valga la pena conocer en todas las naciones, en sus últimos viajes como delegada, Azula siempre me llevó con ella.

Akuru entró ansioso de ver a su hermana, pero se encontró con la última persona que esperaba ver.

- Iza, ¿qué haces aquí?

- Yo le pedí que viniera conmigo – dijo Kiya que estaba detrás.

- ¿A qué debo su visita?

- Quiero hablar con Azue – exigió Iza.

- ¿Azue?, ¿de qué estás hablando? Tú sabes mejor que nadie que no lo han visto en años…

- Sé que Azue está detrás de la invasión a la Nación del Fuego, nadie más que él pudo haberla planeado. Y sé que el único lugar en el que lo recibirían es aquí.

- ¿Por qué haríamos algo así? Recibir a Azue es una declaración de Guerra…

- Puedo ver la influencia de Azue y Li Deng en cada paso de los igualitarios, Akuru.

- Y yo puedo escuchar que mientes cada vez que dices que no está aquí – dijo Kiya.

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Luego de que Kiya e Iza se marcharon, el silencio más incómodo que cualquiera pudiera recordar se formó entre Korra y Alehk. El maestro-aire se apresuró a tomar los controles de la nave y a cambiar el curso para dirigirse al Polo Sur.

- Pensé que no podías acercarte si la orden no te lo permitía – dijo Korra molesta - ¿cómo cambiaste de opinión?

- No podía acercarme porque ellos no me lo permitían, pero ya que no están aquí…

- ¿Cómo pudiste irte sin despedirte?!

- No podía sólo oponerme a toda la orden, Korra, ellos me ordenaron que…

- Es demasiado conveniente para ti, ¿no crees? Obedeces y desobedeces a la Orden según tu conveniencia…

- ¿De qué estás hablando?

- No te importó lo que la Orden pensara cuando fuimos a la Nación del Fuego, no te importó cuando fuimos a Ba Sing Se, pero de pronto te piden que te alejes y lo haces sin decir nada.

- ¿Crees que fue sencillo alejarme de tí?

- Mucho más sencillo que quedarte…

- No sabes lo que estás diciendo.

- ¿Sabes algo? Ya no importa. En cuanto lleguemos al Polo Sur no importará porque tu trabajo estará terminado, eso es lo que quieres, ¿no es cierto?

- No tienes idea de lo que quiero, Korra.

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En cuanto entraron a la habitación se vieron rodeadas y de inmediato ataron sus muñecas con esposas de platino.

- Ha pasado mucho tiempo, querida hija – dijo Azue que apareció frente a ella. Los años habían sido generosos con él, apenas había cambiado desde la última vez. Todavía llevaba el pelo largo y vestía como la realeza de la Nación del Fuego.

- No ha sido suficiente – dijo Iza obligándose a verlo a los ojos.

- Esta no es una visita de cortesía, así que debo preguntar por qué estás aquí.

- Vine a detenerte, a matarte si es necesario. Zuko fue muy generoso al exiliarte, pero yo sabía que no podía confiar en ti. Casi provocaste otra guerra y te atreviste a invadir a la Nación del Fuego…

- Esas son acusaciones muy graves…

- ¿Pensaste que no podría ver tus palabras detrás del discurso de Amón?, el odio a los maestros sólo podría venir de un no-maestro, y todos sabemos que el más grande fracaso entre los no-maestros siempre fuiste tú.

- ¡Cuida tus palabras! – gritó Azue poniéndose de pie, las palabras lo Iza lo habían enfurecido.

- Ya no te tengo miedo, ya no puedes lastimarme. Ahora soy más fuerte que tú.

- Aún teniendo a mi madre como tu maestra, nunca entendiste el poder, Iza. Por eso cuando esta guerra termine, el nuevo Señor del Fuego seré yo, como siempre debió haber sido.

- ¿Y cómo vas a encender la cortina?, ¿me pedirás que lo haga por tí? El azul le sienta bien al Salón del Trono…

Una bofetada la silenció, le pareció tan familiar que apenas sintió el dolor.

- Siempre has sido arrogante, pero siempre supe cómo controlarte, ¿no es cierto? ¿Crees que no sé que te convertiste en la mascota de Ursa? En una mascota a la que le convenía tener cerca, pero en la que nunca confió. Ella te exilió en cuanto tuvo oportunidad y entonces tú tomaste el trono. Dicen que el Agni Kai fue aburrido, ni siquiera tuviste el valor de terminarlo apropiadamente. ¿Luego qué pasó?, ¿por qué saliste corriendo y devolviste la corona?, ¿pensaste que te querrían más si hacías lo correcto?

- Hice lo que ella quería que hiciera. Tú nunca pudiste…

Azue hizo una señal y uno de los hombres que los rodeaban se acercó y bloqueó el chi de Iza hasta que se llevó la mano a la cintura y tomó la daga que llevaba en el cinto, luego la acercó al cuello de Iza.

- Pero ya no está, dime Princesa, ¿quién va a salvarte esta vez?

- No soy más una princesa, padre, ¿no te has enterado? Soy la nueva Señor del Fuego.

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- Ese es el último cargamento – dijo Hiroshi entusiasmado.

Asami observó como el último cargamento de meca tanques salía del depósito. Ella misma había ayudado a armar cada uno de ellos, pero no se permitió pensar en las implicaciones.

- Los últimos guantes están siendo probados – dijo sin emoción – en cuanto estén cargados podrán empacarlos también.

- Serán de gran ayuda en la Capital Caldera – dijo el inventor – las tropas de Amón tomaron la ciudad, pero los maestros-fuego están oponiendo resistencia.

- ¿La Nación del Fuego cayó? – preguntó Asami.

- No sólo la Nación del Fuego, también Ba Sing Se. Amón está preparando la invasión a la Tribu Agua del Norte, pero surgieron algunos problemas en Ciudad República.

- ¿Qué clase de problemas? – preguntó Asami, no disimulando el interés.

- Nada lo de lo que tengas que preocuparte. Algunos maestros-fuego están oponiendo resistencia, pero no hay nada que puedan hacer contra nuestras armas, cariño.

- ¿Han tenido noticias del Avatar, papá?

- Hay rumores de que está oculta en Omashu, pero la ciudad no resistirá mucho más. Los igualitarios están por apoderarse de la ciudad y en cuanto caiga, el Ávatar estará en manos de Amón.

- Entonces no hay tiempo que perder – dijo Asami – los nuevos meca tanques tienen que estar ensamblados para entonces.

- Me alegra que estés con nosotros –dijo Hiroshi satisfecho.

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- Tenemos un reporte de la división a cargo del General Yu – le informó Jiang a Mako - Hubo un problema, al parecer fueron interceptados antes de llegar a Ciudad República, ahora mismo están teniendo problemas para mantenerse a flote, solicitan que enviemos refuerzos.

- ¿Qué se supone que tenemos que hacer? – preguntó Mako frustrado.

- Los refuerzos podrían llegar demasiado tarde – dijo Jiang, señalando en el mapa frente a ellos la posición de la zona donde se encontraba la flota - arriesgándonos a perder los refuerzos y a la flota del General Yu, pero si no los enviamos…

- Estaríamos perdiendo a la flota más grande que tenemos a nuestra disposición, lo que sería desastroso – dijo Mako.

- Nosotros estamos muy lejos, pero tal vez si la ayuda viene de la Nación del Fuego podrían llegar a tiempo – dijo Bolín observando el mapa.

- Bo, estamos tratando de resolver un problema…

- Sólo piénsalo, Mako.

- El maestro Bolín podría tener razón – dijo otro de los generales – hay una flota completa en la Isla Roku preparándose para ir a Caldera para enfrentar a los igualitarios, podríamos enviarla a apoyar al General Yu.

- ¿Y que pasará con la Capital, entonces?

- Por ahora, la defensa de Ciudad República debe ser prioridad, así lo ordenó el Señor del Fuego.

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- Acaba de llegar otro telegrama – les informó Tonraq – Omashu acaba de caer.

Korra luchaba con todas sus fuerzas contra la desesperación que sentía al no poder hacer nada. Desde su llegada al Polo Sur hacía dos días, lo único que podía hacer era sentarse a escuchar las noticias de cómo las ciudades del mundo caían una por una bajo el poder de Amón y los igualitarios.

- Tenemos que darnos prisa – dijo Alehk – cuando se den cuenta que Korra no está allí, comenzarán a buscar de nuevo, y no tardarán en seguir la hasta aquí.

Korra todavía estaba enojada con el maestro-aire, pero tenía que reconocer que se había mantenido ecuánime, era el único que aún tenía ideas sensatas. Habían tratado de comunicarse con la Tribu Agua del Norte, pero no habían obtenido respuesta, y parecía que Iza había desaparecido.

- El lugar más seguro parece ser la Tribu Agua del Norte – dijo el guardián – si viajamos allá ahora, no tendrán más remedio que apoyarnos.

- Tal vez haya otra forma – dijo Korra – si hay una forma de derrotar a Amón, hay alguien que sabe cuál es.

- ¿De qué estás hablando? – preguntó Katara.

- De Sihe, él tiene todas las respuestas, me dijo cómo salvar a Alehk hace años…

- A cambio de tus recuerdos – aclaró Tonraq.

- Cualquier precio es poco si a cambio logramos detener la guerra – insistió Korra.

Korra, tendrías que ir al mundo de los espíritus, y a menos que tu entrenamiento espiritual haya resultado en algo que no nos has dicho…

- Pero hay otra forma, ¿no es cierto? La puerta al mundo de los espíritus, cualquiera puede acceder al mundo espiritual si la cruza, no importa si es el Ávatar o no.

- Pensé que esa era una leyenda – dijo Alehk.

- Es real – dijo Katara – pero encontrarla no es sencillo.

- Aang pudo hacerlo, él sabe dónde está.

- Pero no puedes hablar con él – les recordó Tonraq.

- Alehk puede hacerlo.

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Alehk respiró profundo, si hubiera tenido otra opción jamás hubiera accedido, pero tenía que reconocer que no había mucho más que hacer que recurrir a los espíritus por ayuda. Había accedido a hablar con Aang, pero ni siquiera tuvo que hacerlo. El conocía la entrada, la había encontrado durante su primer viaje al Polo Sur. Y sin la serpiente de hielo era un viaje relativamente seguro.

Korra había convencido a todos de que era la única opción y fue así como se encontraron en el punto más lejano del Polo Sur, a punto de embarcarse en un viaje del que ninguno de los dos sabía qué esperar.

- ¿Estás lista? – preguntó Alehk.

Korra respiró profundo y asintió. Alehk le extendió la mano y ella la tomó, y ambos cruzaron. De inmediato sintió cómo su espíritu se desprendió de sus cuerpos, que quedaron suspendidos en algún lugar entre los dos mundos. La separación fue tan violenta que resultó desagradable. El paisaje aún cuando extraño, le resultó familiar a Korra. Lo había visto en sueños más de una vez. Vio a su alrededor tratando de encontrar algo qué le dijera a su inconsciente dónde estaba, pero era inútil. Cuando se dio cuenta Alehk ya no estaba a su lado y sintió pánico de pronto.

- Alehk – lo llamó, y el maestro-aire apareció a su lado.

- Pensé que te había perdido – dijo Korra aliviada.

- No te preocupes, en este mundo no es posible.

- ¿Cómo lo sabes?

- Confía en mí – dijo Alehk extendiendo su mano para que Korra la tomara.

- ¿Cómo vamos a llegar a dónde está Sihe? Preguntó Korra observando alrededor. No tenía idea de por dónde comenzar a buscar.

- Aang me dijo que sólo debíamos seguir el camino frente a nosotros, él sabe que estás aquí y quiere que lo encuentres.

Korra no tardó en entender las palabras de Alehk, cuando comenzaron a caminar un camino se dibujó frente a ellos y comenzaron a seguirlo. Aún cuando el tiempo parecía fluir diferente en ese lugar, y sólo podían medirlo por la distancia que recorrían, Korra supo que el silencio entre ella y el que había sido su guardián se había prolongado demasiado.

- Gracias – dijo Korra – no estaba segura si aceptarías venir aquí, mucho menos…

- ¿Dudabas que te ayudaría si me lo pedías? – preguntó Alehk. Korra sintió su indignación cómo si fuera propia. Tal vez esa no era una conversación para el mundo de los espíritus.

- Siempre te opusiste a que hiciera… este tipo de cosas.

- Me opuse cuando tenías doce años y sólo querías probar tu independencia. Es diferente cuándo tratar de detener una guerra.

- Querías que me ocultara en lugar de enfrentar a Amón…

- Porque no estabas preparada… no puedes enfrentarlo, Korra. Detendría tu corazón antes de que pudieras siquiera acercarte.

- Tiene que haber una forma, y Sihe la sabe.

- ¿No has pensado que tal vez no podrías pagar el precio?

Antes de que pudiera decir algo, el paisaje a su alrededor cambió y se detuvieron.

- Es aquí, ¿no es cierto? – preguntó cuando estuvieron frente al puente que había cruzado la última vez.

- ¿Crees que puedas cruzarlo conmigo?

- Ya te lo dije, en este mundo sólo tienes que querer que esté a tu lado y lo estaré.

Korra tomó la mano de Alehk, se sentía distinto de cómo se sentía en el mundo físico. No podía tocarlo, pero sentía una conexión. Atravesaron el puente y se internaron en el bosque.

No caminaron mucho antes de que Sihé apareciera frente a ellos.

- Ávatar Korra, sabía que volverías – dijo el espíritu apareciendo de pronto frente a ellos.

- Entonces también sabes por qué estoy aquí.

- Lo que aún no sé es si aceptarás pagar el precio.

- Quiero saber cómo derrotar a Amón y a cambio puedes tener lo que quieras.

- Korra, no digas eso – le dijo Alehk – tienes qué saber qué es lo que te pedirá antes de hacer un trato.

- El tiene razón, deberías escucharlo.

- ¿Qué quieres a cambio de decirme lo que quiero?

- Lo siento Ávatar, hoy no es contigo con quien quiero hacer un trato.

- ¿De… de qué estás hablando?

- La intensidad de tus sentimientos, palidecen al lado de los de él, es demasiado tentador…

- ¿Quieres hacer un trato conmigo? – preguntó Alehk confundido.

- ¿Quieres saber cómo derrotar a Amón? Dame tus recuerdos de Korra y te daré la respuesta.