Reencuentro con el teniente Albornoz

Desde que Papelucho y Tita se volvieron amigos íntimos, trabajaban juntos en las clases del colegio, y uno iba a visitar al otro a su casa o viceversa. Tita ayudó a Papelucho cuando él se preocupó por la presunta desaparición de su hermano Javier, quien se había ido de casa porque el papá de Papelucho no aceptaba que su hijo mayor fuera hippie, pero tras cierto tiempo, el papá y Javier se reconciliaron.

Tras unas extrañas vacaciones y haberse perdido junto con ayudar al teniente Albornoz a detener una banda de ladrones, Papelucho tuvo que esforzarse mucho para no hacer un salto mortal en el aula de clases, sino en el gimnasio o en el patio del colegio.

Un día en que Papelucho caminaba junto a Tita en la calle, una figura alta apareció frente de ellos. Tras algunos segundos, Papelucho reconoció a su antiguo amigo teniente.

- ¡Hola, teni Albornoz! – exclamó alegre Papelucho abrazando a su amigo.

- ¿Papelucho? – preguntó sorprendido el teniente Albornoz.

- ¡Sí, soy yo! ¡Cuánto tiempo sin verlo, teni! Ella es mi amiga Tita – presentó Papelucho.

- Mucho gusto, señor Albornoz – saludó Tita.

- El gusto es mío, Tita – respondió el teniente Albornoz sonriente, tendiéndole la mano a Tita.

- ¿Qué ha sido de usted, teni? – preguntó Papelucho.

- ¡Oh, he tenido mucho trabajo que hacer, Papelucho! Siento no haberte llamado de nuevo.

- No se preocupe, mi teni, yo también he tenido mucho que hacer, aunque cada vez que miro el teléfono de mi casa, se me viene a la memoria la última vez que hablamos.

- Papelucho me contó cómo ustedes se conocieron y detuvieron a una banda de ladrones – comentó Tita.

- Ah, sí, recuerdo que Papelucho me dijo que vio caer una llave de un árbol, pero que decidió no tocarla – afirmó el teniente Albornoz.

- Sí, rescatar a mi perro Choclo de la perrera no fue nada comparado con ello – dijo Papelucho.

Y siguieron recordando cosas durante más de una hora. Cuando el teniente Albornoz se despidió cordialmente de los dos niños, y reafirmó su promesa de volver a llamar por teléfono a Papelucho, él se puso a llorar.

- ¿Papelucho, estás bien? – preguntó Tita dulcemente.

- Sí, ha pasado mucho tiempo desde que escribí por última vez en mi diario – respondió Papelucho.

- ¿Qué piensas hacer de ahora en adelante?

- Creo que escribí lo suficiente. Ahora me queda seguir con mi vida.

- ¡Yo siempre estaré para ti, Papelucho! – afirmó Tita sonriente.

- Gracias, Tita – dijo Papelucho devolviéndole la sonrisa.

Y los dos niños caminaron tomados de la mano.

Nota: Esta toma es una continuación del capítulo sobre la charla emotiva entre Papelucho y Tita, combinando con los hechos de los últimos tres tomos de la colección original de Papelucho, por Marcela Paz.