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Los noviembres no solía tener proyectos porque era un mes en el que le tocaba cumplir un año más desde lo del maldito ese y también de vida, así que se lo reservaba para atender su bazar y así darle más días libres a Ayumi, que vaya que los merecía, en especial después de eventos tan fuertes como el último que habían tenido, el cual, por cierto, las había dejado un poco traumadas.

Después del terrible fiasco en que había resultado la llamada con InuYasha, Kagome solo pudo dedicarse a seguir con su vida lo más normal que pudo, borró el número de Taishō y siguió como si nada, de hecho, aquello había sido bueno ya que había tenido que obligarse a dejar de pensar en toda su desgracia y poder pasar más tranquila la fecha en la que ya se cumplían cuatro años. Luego había venido su cumpleaños y había estado todo bien, tomó alguna decisión en su vida que la tenía conforme, se daba el tiempo de salir a comer con sus amigos y pocas, muy pocas veces recordaba el mal sabor de boca que InuYasha le había dejado.

Estaba muy concentrada terminando de ordenar las repisas de la parte de abajo cuando se levantó y se dio vuelta, dio un respingo por el susto que le causó ver a alguien parado en la puerta.

—Hola —saludó con una sonrisa amable y movió la mano hacia la chica—. Pensé que habías escuchado la alerta de nuevo cliente —le dijo sin dejar de sonreír y caminando hacia la vitrina. Estaba contento de verla.

—Hola —le respondió igual y negó con la cabeza—, soy una despistada, no escuché nada o tal vez sí, no lo sé, estaba con la mente en… —se detuvo al darse cuenta de que estaba yéndose por donde no debía, en realidad no era cosa de él en qué pensaba—. En fin, no te esperaba tan temprano —sin evitarlo se llevó unos mechones de cabello detrás de la oreja, ¿se vería bien? Quería decir, había estado por ahí sin siquiera verse al espejo.

—Bueno, tuve tiempo después del trabajo, así que quise pasar por ti —se encogió de hombros y al instante notó que ella se estaba pasando las manos por el cabello más de lo normal, disimulando—. Y estás hermosa como siempre, Kagome —decidió halagarla sinceramente. La vio ponerse muy roja y abrir los ojos por la impresión de saberse descubierta, eso lo hizo sonreír, ¡era tan adorable!

Seguía siendo tan linda como siempre y él mismo no podía creer que después de haber tenido un tonto noviazgo en primaria, todavía le siguiera gustando igual o más que antaño.

—G-gracias, Hōjō.

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Había tenido dos semanas de mierda. Realmente podrían estar en el libro de récords mundiales como las peores semanas que había sufrido una persona viva hasta ese día.

La pelea con sus padres se había quedado ahí, ninguno de los tres se había animado a pedir disculpas y él no lo haría, ah, no, claro que no. Al correo electrónico empresarial de Sesshōmaru había enviado un e-mail diciendo que por favor Kagura enviara abogados para empezar el proceso de anulación del matrimonio o se iría presa y lo único que había recibido una un escueto mensaje diciendo que lo contactaría apenas estuviera lista. ¿Lista? ¡¿En serio tenía que esperar a que se le diera la gana de arreglar toda la mierda que había hecho?! La cólera le había subido a niveles impensables, pero qué podía hacer, ahora lo único que restaba era que sus abogados hicieran el trabajo porque seguro que ninguno de los dos quería verse la maldita cara. Lo único que había salido medianamente bien era el trabajo, pero de todos modos no servía de nada porque su vida era un desastre.

Esa noche después de contestar la llamada de la wedding planner, la casa se había quedado en un silencio perturbador incluso con la música de fondo. Nunca en la vida le había respondido así a alguien que le estuviera ofreciendo su apoyo; al principio se calmó y luego de poco siguió en lo suyo, todavía con la sangre caliente, pero al pasar de los días, las palabras de la mujer azabache penetraban en su mente más y más no solo por el hecho de que lo hubiera llamado, en realidad sus ojos llenos de lágrimas aquel día era algo que su mente había reproducido mil veces como un disco rallado. Ella estaba llorando, lloraba al verlo ahí, pero no lloraba por él, parecía que simplemente se había solidarizado con su pena y las lágrimas le habían llegado. Por lo que sabía, Sango también se había puesto mal, aunque era evidente la especial atención que Kagome le había puesto. Antes no lo había notado, pero al unir el hecho con esa llamada en la que incluso le había dicho que se sentía identificada, le hizo sentir culpable.

Culpable porque había sido un bestia al responderle así, como si ella tuviera la culpa en vez de simplemente aceptar el apoyo moral porque lo que estaba viviendo de verdad era una desgracia. No sabía demasiado de ella, pero lo poco que conoció cuando trabajaron para la boda era una mujer amable y alegre, siempre tenía energía y parecía que le apasionaba su trabajo. Incluso Miroku había hablado bien de ella en varias ocasiones.

"—Oye —le llamó la atención una vez que se sentó con la comida que había llevado para ambos—, ¿te llevas bien con Kagome, la wedding planner? —Inquirió intentando no ser demasiado obvio en que quería saber de ella para comprobar que había sido sincera o solo era una bromista de lo peor.

—Pues nos llevamos bien, es una chica alegre y muy sincera —le respondió con simpleza. En esos meses le había tomado mucho aprecio a la azabache—. Y es la mejor amiga de Sango, ella siempre me habla maravillas de Kagome, esas dos se aman —esto último lo comentó con un toque risueño.

InuYasha se quedó en silencio mirando su plato. Le daba vergüenza admitir que se había comportado como un patán con ella, incluso podría ocasionar que Tanaca quisiera irse sobre él y no estaba para aguantar gritos o reclamos de nadie, si no se aguantaba ni él mismo.

—Ya veo… —fue lo único que pudo decir después y sin ánimo tomó los palillos.

—¿Por qué preguntas? ¿Quieres unirte a nosotros? Podrían llevarse bien —obviamente, Takeda no sabía nada de lo que había pasado entre ellos, pero automáticamente Taishō alzó la cabeza para mirarlo como si hubiera dicho que tenía que matar a alguien. Después del fiasco de esa llamada, ser amigo de esa chica quedaba completamente fuera de futuras posibilidades. Además, con lo mal que lo estaba pasando, francamente no tenía ganas de amigos ni mierdas de esas—. Mmm —alzó la cabeza después de tenerla esclavizada para sorber sus fideos, ajeno a todo lo que pasaba por la mente de su mejor amigo—. El diez de noviembre es su cumpleaños.

—Pues que disfruten —le dijo con una sonrisa falsa y como si la vergüenza lo obligara, se metió a la boca más comida de la que podía procesar".

Y así era como se había enterado sin querer del cumpleaños de ella. Los siguientes días después de esa conversación con el pelinegro, poco a poco empezó considerar la idea de mandarle algún presente como disculpa y así volver a hundirse en sus problemas sin tener esa carga de culpa que no lo dejaba en paz, pero también pensaba que era demasiado y que quizás en vez de cortar el problema, lo extendería y eso lo puso un poco ansioso. Una tarde salió antes de la oficina y empezó a manejar sin rumbo por el centro de la ciudad sin decidirse todavía. Pagó estacionamiento para su auto y prefirió empezar a caminar por la acera mirando la infinidad de cosas que había para comprar. No sabía lo que buscaba, pero nada le llamaba la atención hasta que se detuvo en una hermosa tienda que al parecer vendía elementos para bodas. Se le erizó la piel solo de verla y recordar un montón de mierdas, pero llamó a su racionalidad y siguió caminando para detenerse en la vitrina: había un montón de accesorios y cosas muy llamativas que jamás había imaginado.

"—Bienvenido a "Unmei", señor, ¿en qué podemos ayudarle? —Se exaltó cuando la joven frente a él estaba saludándolo con una sonrisa amplia.

—No, no, yo…

—Pase, por favor, lo que sea que esté buscando nosotros lo tenemos y justo hoy nos llegó nueva mercadería —lo animó a pasar y confundido, se dejó guiar. La tienda era preciosa y enorme por dentro, no había duda de que ahí lo tenían todo—. ¿Qué está buscando? Tenemos servicio de personalización también.

InuYasha se detuvo, respiró hondo y quiso salir corriendo. Se sentía tonto y ridículo, pero ya estaba adentro.

—Tengo una conocida —decidió decir, la verdad era que no tenía idea de qué podría regalarle y como no conocía a Kagome sino a la organizadora de bodas, entonces suponía que debía inclinarse por ello. ¿Qué estaba haciendo con su vida, en serio? Trató de mostrar una buena cara—, que es wedding planner, ¿qué podría regalarle?

—Oh, un montón de cosas —comentó la chica de cabello corto y emocionada lo guio a otro lugar de la tienda—. ¿Su amiga tiene alguna firma o está afiliada a alguna empresa de eventos? Para que personalice su regalo.

—Sí, es HiguPlanner —eso lo tenía tan claro como que era InuYasha Taishō y lo habían dejado plantado el día de su maldita boda.

—¡Oh, ¿es un regalo para Kagome?!"

Y así era como también se había enterado de que la chica que lo atendió era conocida de Kagome, de hecho, ellos eran uno de sus principales proveedores, llevaban trabajando con ella alrededor de siete años. Luego de eso había salido con un regalo en las manos y no supo qué hacer con él. Por supuesto no se iba a presentar con él en su cumpleaños.

En ese momento estaba ahí con la mente a punto de explotarle y como estaba ya harto de tanto pensar en qué hacer, se estiró para tomar su teléfono y marcar.

Esperó el sonido del timbre hasta que abrió.

¿InuYasha?

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Sí. Hola, Sango.

Miroku le hizo una cara de confusión y ella le devolvió una señal para que guardara silencio y rápidamente puso el altavoz.

—¿Qué necesitas?

Ammm… —la línea se quedó en silencio por unos segundos y ambos se quedaron esperando a que hablara. La voz de Taishō sonaba apagada y apenada—. ¿Podrías pasarme la dirección de tu amiga Kagome?

—¿Disculpa? —La castaña se imaginó de inmediato la razón. Claro que sabía lo que había pasado con InuYasha, Kagome se lo había contado todo, solo que ella había guardado el secreto por pedido.

Takeda estaba todavía más confundido.

Mira, necesito pedirle disculpas por algo que sucedió hace unos días, prometo que no la molestaré demasiado.

Miroku no tenía idea de lo que sucedía, así que hizo una mueca de inconformidad. Sango se llevó los dedos al nacimiento de la nariz y luego de meditarlo unos segundos, decidió dárselo.

—Te la envío por WhatsApp, pues.

Gracias.

Al finalizar la comunicación, el de ojos azules se inclinó hacia ella con una expresión de incredulidad tan grande, que ya rayaba en burla—. ¿Pedir disculpas? ¿InuYasha?

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Aceptar salir de nuevo con Hōjō había sido una experiencia extraña, pero agradable. El muchacho era amable y carismático, siempre había sido el mejor de su clase y el más popular entre las chicas y se había fijado en ella, aunque no lo culpaba. Sonrió.

Esa tarde habían salido a tomar helado y ver una película como unos adolescentes y la verdad era que la había pasado bastante bien. Dai había tenido la delicadeza de ir a dejarla hasta su edificio y en la puerta se habían quedado un momento más hablando. Era obvio que entre ellos había cierta tensión, se notó más cuando se despidieron y él le dio un beso en la mejilla y Kagome se puso nerviosa. No sabía si lo quería tan cerca o no, a veces parecía que era demasiado rápido, pero al final tampoco tenía algo que perder.

Se había descargado hacía un buen rato las cosas que llevaba y suspiró antes de pasar a la cocina para prepararse su té favorito; tenía pereza y no estaba dando pasos rápidos o haciendo movimientos hábiles porque salir siempre la agotaba. Giró la cabeza hacia la entrada cuando tocaron el timbre y lo primero que se le vino a la mente fue que tal vez era un vecino. Dejó la estufa prendida a media potencia, se secó las manos y salió a abrir.

Cuando sus ojos enfocaron a la persona que estaba ahí, su cerebro no pudo procesarlo bien al instante así que optó por pestañear varias veces como si tratara de comprobar que no era un sueño, abrió ligeramente la boca y sus cejas se arrugaron sin querer. El resentimiento había brotado en ella sin ser consciente de él.

Por su parte, él había ido vestido de negro como si eso fuera un funeral, lo único que tenía un color distinto era su cabello, ojos y una bolsa de regalo color beige que agarraba en la mano derecha, aunque eso no lo notó Kagome ya que su visión se concentraba en la cara de sinvergüenza que tenía.

—Le pedí a Sango tu dirección… —fue lo único que se le ocurrió decir, inseguro y sabiendo que ella tenía ganas de echarlo y con toda la razón.

La azabache se agarró del marco de la puerta como si con eso tomara más fuerzas para procesar el cinismo del tipo.

—¿Qué está haciendo aquí? —Le preguntó finalmente y su entrecejo se había fruncido aún más—. Recuerdo haber escuchado por teléfono claramente que me decía que no quería volver a saber de mí —le recordó con un tono mordaz y en seguida tomo la manija—, así que buenas noches —y cerró la puerta.

Pero fue detenida por la mano de InuYasha quien ahora la miraba con un arrepentimiento inusitado—. No, no, espera, Kagome, espera…

Kagome también lo observó, primero indignada por cómo la había detenido y luego notando la confianza con la que le hablaba.

—Ah, ¿ahora nos tuteamos? —Sonrió con sarcasmo. Estuvo unos segundos con ganas de tirarle la puerta en la cara, pero luego tomó aire para ceder y escuchar lo que tenía que decir—. Está bien, habla —y con eso también lo tuteó para quedar a mano.

Taishō tomó aire tan hondo que le ardieron las fosas nasales. Él no era de pedir disculpas, de hecho, aunque sabía que debía hacerlo con sus padres, no se había tomado la molestia de intentarlo, incluso siendo consciente de que había sido injusto con ellos, así que tomar la decisión de ir hasta allá como un ridículo y aparte llevar un regalo ya era más de lo que podía soportar.

—Discúlpame —lo soltó, por fin soltó la disculpa y fue hasta liberador. Por dentro había un remolino de sentimientos, tenía en la cabeza lo que Kagura le había hecho, pero solucionar con Kagome lo que pasó esa noche podía ser una forma de empezar a depurar—, estas dos semanas han sido las peores en mi vida —y sin darse cuenta empezó a soltar más de lo que estaba acostumbrado incluso con su mejor amigo. Ella ahora lo miraba un poco estupefacta por la sinceridad con la que se había disculpado—, he tenido que tratar de contactar a Kagura por medio de mis abogados para empezar el proceso de anulación de matrimonio, peleé con mis padres, me mudé… —pero se dio cuenta de que contó toda su vida y se sintió estúpido. Había bajado la mirada entre tanto así que se obligó a verla de nuevo—. Fui injusto y solo quiero ofrecerte mis disculpas, espero que puedas aceptarlas —eso era lo que había ido a decir y ya hasta se le habían ido las ganas de darle el presente. Se iría de allí inmediatamente para no hacer las cosas peores—. Hasta luego —sin más empezó a caminar con destino al ascensor.

—¡Espera! —Pero ella lo detuvo. Ya había notado entonces la bolsa tan bonita que llevaba y fue lo que usó de forma cínica para hacer que se quede—. ¿Qué traes ahí? —Suponía que era para ella.

El aludido regresó sobre sus pasos y nuevamente se sintió estúpido.

—Una tontería sin importancia —se encogió de hombros. Ya no se lo quería dar, ¿y si era el regalo más imbécil de la vida? Ah, es que tenía la mente en mil lados.

—Yo quiero ver —extendió la mano para que se lo entregue—. Es para mí, ¿no?

—Seguro ya tienes mil de esos —con pena le extendió la bolsa mientras se rascaba la nuca ante la expectativa de cómo iba a reaccionar—; soy un asco para los obsequios.

La wedding planner reveló entonces un precioso porta tarjetas color lila que además tenía grabado su logo de HiguPlanner. Por dentro estaba gritando de emoción, era un regalo hermoso que definitivamente tendría en su oficina del bazar, pero decidió que debía guardar la compostura hasta por lo menos invitarlo a pasar.

—Pasa, si quieres —le hizo un gesto con la cabeza que él dudó en aceptar—. Y gracias.

Por un lado, entendía que InuYasha tenía muchas cosas en la cabeza, claro que al principio lo odió por su actitud, pero el hecho de que haya ido hasta ahí para pedirle disculpas a pesar de que se notaba que no era fácil para él, le daba una visión muy distinta del hombre.

Quizás merecía una segunda oportunidad.

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Caray, no sabía cuándo terminaría este capítulo. Admito que tuve mi primer bloqueo aquí, pero lo superé.

28 de marzo. ¡Hola, mis queridas lectoras! Me he demorado un poco en actualizar, pero ya estoy aquí. Gracias a ustedes por estar ahí comentando cada actualización, de verdad son un motor para seguir. Sé que InuYasha necesitaba un golpe, pero también puede ser consciente de sus malas acciones al pasar los días. Un dato curioso de este capítulo es que se menciona el nombre de un fic que todavía ni escribo, pero que ya está armado por lo menos más de la mitad hjkhdjdsjk, hasta un dibujo ya tiene.

Les dejo un beso enorme a: Rosa Taisho, Marlenis Samudio, Tatiana Ocampo, Kat rocio, Susanisa, Benani0125, josicar, kcar, Invitado y Annie Perez.