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Las bodas son las fiestas eternas que celebran que dos personas han decidido amarse para siempre y la gente no las valora lo suficiente, por eso son capaces de hacer cosas como dejar plantada a la pareja o usarla como moneda de cambio para conseguir algo.
—¿No tienes alguna bebida alcohólica? —Respondió a su ofrecimiento de algo de beber mientras se acomodaba en el mullido mueble de la sala de la joven. Observó el lugar: estaba intacto, bien ordenado y tenía mucha decoración repleta de colores que le recordaban a las bodas.
Definitivamente, esa mujer amaba lo que hacía.
—Lo siento —negó con la cabeza al tiempo que preparaba la bebida caliente; en noviembre ya empezaba a hacer frío de noche. O sea, sí tenía alcohol, pero no iba a darle—, en esta casa no alimentamos el alcoholismo de los novios heridos —aunque eso pudo haber sonado a golpe bajo, InuYasha se lo tomó mejor de lo que esperaba. Kagome había notado lo desanimado que lucía y por lo que Miroku había comentado, esos últimos días había bebido más wiski que agua—, pero te puedo ofrecer mi súper té —puso la cerámica en el charol y con cuidado se dirigió hasta la sala para ponerla sobre la mesita de centro—. Vas a relajarte mucho y hoy quizás hasta duermas mejor —le dijo y después le dedicó una sincera sonrisa. Notó que le llegó un mensaje a WhatsApp que desvió su atención unos segundos; se asomó un poco para verlo mientras se sentaba frente a su invitado y vio que era de su mejor amiga, decía algo como que la perdonara, pero que de seguro InuYasha ya habría llegado a su casa. Suspiró de forma disimulada y volvió la vista al ambarino.
Se hizo, sin embargo, una nota mental para exponer a Sango en Twitter por haberle dado su dirección a Taishō sin antes consultarle.
—Ah, ¿sí? —Dijo InuYasha luego de poco, sacándola de su ensoñación.
El peliplata frunció el ceño, ¿tanto se notaba que la había pasado mal? Debía lucir terrible.
La verdad era que a pesar de que ambos se habían aborrecido anteriormente, la cosas empezaban a fluir y a ser muy naturales, en especial porque ellos no eran completos desconocidos. Además, por un lado, InuYasha sentía que Kagome ya conocía de primera mano toda su desgracia, es más, era quien mejor la conocía; por otro lado, Kagome lo veía como una persona que vivía un dolor que ella atravesó y le fue muy díficil superar, de hecho, todavía tenía pesadillas con eso. Claro que ella ya no pensaba abrirse ante él para decirle lo que le sucedió y compartir experiencias, aquello anterior había sido un impulso producto de la impresión y dolor que le causó la fuga de Kagura; nuevamente había vuelto a cerrarse y continuaba con su política personal de siempre de no decirle a nadie lo que le había pasado.
—Sí. Yo lo uso cuando tengo insomnio y casi siempre es efectivo, es una mezcla de Zhu, valeriana y manzanilla —le explicó mientras le servía la bebida humeante, se la extendió, él la recibió y al instante bebió, pareció caerle bien. Kagome sonrió, nostálgica—. Me lo hacía papá cuando yo era muy niña —le confesó sin más y ella también volvió a servirse un poco de té.
Taishō pestañeó un par de veces y reflexionó en ese comentario: el padre de Kagome había muerto. Era un primer dato bastante triste que conocía de ella y no quería imaginar si era reciente.
—Lo siento.
—No te preocupes, pasó hace como veinticuatro años —trató de restarle importancia porque ese no era el asunto que quería abordar—. Volviendo al tema… De verdad lo lamento, espero que puedas resolver pronto lo de la anulación de tu matrimonio —expresó con pesar. Kagome de verdad lo sentía.
—Sí, gracias —asintió—. A propósito de eso, en la llamada que me hiciste —dejó la taza sobre la mesa y luego se irguió para seguir— dijiste que te sentías identificada con lo que me pasó, ¿a ti te hicieron algo así?
—No —negó automáticamente y se llevó la taza a la boca como para disimular sus nervios—, fue a alguien muy cercano a mí, más bien.
Y eso hizo mucho sentido para InuYasha, lo cual fue muy favorable para ella.
—Oh…
—Perdona si parece que hice mucho drama y me viste llorando —rio, sintiéndose más cómoda con su mentira—, es que soy muy sensible y verte así me recordó a… —su voz fue bajando gradualmente al traer esos recuerdos— ese familiar mío.
—Lo imaginé —creyó que sus conclusiones habían sido correctas—. De todas formas, lo que me pasó debió ser lo peor que has visto desde que organizas bodas, ¿no? —Terminó de beberse el té—. ¿Puedo servirme más?
—Claro —le animó—. Bueno —se quedó callada un momento, no era prudente decirle que él no era el peor caso, de todos modos lo entendía porque era reciente y sabía perfectamente lo que era recordar cada cierto tiempo que fue tu familia quien te traicionó—, sí, la verdad es que nunca había visto algo como eso.
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Poco después de la llamada de Taishō y el mensaje que le había enviado a Kagome, se habían quedado en completo silencio. No hubo demasiada conversación acerca de si era o no rarísimo que InuYasha haya decidido ir a disculparse con Higurashi. Sango le contó rápidamente, aunque sin muchos detalles, lo que había sucedido y aunque siguió pareciéndole extraño, de alguna forma lo entendía. De todos modos, seguía pensando que los padres de su mejor amigo eran quienes merecían esa disculpa primero.
Por alguna extraña razón decidieron que quedarse a revisar los celulares era adecuado. La castaña había extendido sus piernas sobre las de él y así se habían quedado en el sofá de la abogada, mirando cada quien sus cosas y por un momento distrayendo la mente.
Luego del desastre con Kagura, era obvio que Sango no había podido aguantar sus nervios y también se puso mal, menos que Kagome, pero mal. Para Miroku entonces había sido evidente que la preocupación de las chicas era más de la normal, ellas estarían solidarizándose casi como si les hubiera pasado. En ese momento solo fue capaz de abrazar a Sango y darle su apoyo a Kagome, pero después de llevarla a casa y que se calmara, le había preguntado qué era lo que estaba pasando; desafortunadamente no obtuvo respuesta, pues la chica que le gustaba se había negado rotundamente a hablar en ese momento, pero dejó la promesa de contárselo cuando estuviera lista y no sabía cuándo sería ese momento. Takeda tuvo que quedarse con eso, aunque quisiera no podía hacer nada y a Higurashi no iba a preguntarle, parecía que ellas eran muy herméticas una con la otra para contarle a otras personas las cosas que les sucedían. Ambas chicas parecían tener una herida que no sanaba bien y la desconfianza al resto era tan palpable que en su caso, como alguien que estaba severamente interesado en una de ellas, le dolía.
Tanaca claro que había hablado con Kagome luego de todo eso; ambas se habían propuesto no volver a tocar el tema con otras personas hasta que se sintieran realmente listas y en el caso de la castaña, ya que el daño había sido menor, sí que estaba preparada para decirle todo a la persona que le gustaba. Había conocido a Miroku un buen tiempo y parecía ser un buen hombre, ella quería volverse a dar una oportunidad luego de meses y si Takeda había sido capaz de soportarla y encima respetar que ni siquiera hubieran tenido sexo sin perder el interés en ella, consideraba que era alguien merecedor de su confianza. Y ella también quería eso, no pensaba privarse del amor un día más. Kagome había estado de acuerdo y era todo lo que necesitaba saber.
—Miroku —lo llamó por fin, bloqueó su teléfono y lo miró.
—¿Mmmm? —Fue su respuesta, él todavía leía algo en su móvil. Sango entendió que él no tenía idea de lo que le diría.
Se removió quitando las piernas de esa posición y fue así como obtuvo la atención del pelinegro.
—Sé que dije que no sabía cuándo te lo iba a decir —tomó aire, Miroku ahora la observaba con mucha atención, realmente estaba expectante—, pero creo que llegó la hora.
—¿Qué? —Pestañeó algunas veces sin procesar que aquello iba a pasar. ¿Realmente iba a pasar? ¿Le diría lo que le había sucedido y por qué le era tan difícil dar pasos en una relación? ¿Por qué le había llegado tanto lo de InuYasha?
La joven asintió.
—Te diré qué fue lo que me pasó hace años y por qué me puse mal también en la boda de InuYasha. —Estaba lista y era hora de soltarlo. Quizás comentarlo le hiciera mucho bien.
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Se había formado un frío silencio después de lo que InuYasha había soltado y Kagome solo se mordía los labios para evitar decir todo lo que pensaba. Claro que entendía la reacción de él, en especial luego de haberle contado la historia completa de sus papás, su afecto unilateral por Sesshōmaru y todo lo demás, pero aun así sentía que se había pasado cuatrocientos cincuenta y siete pueblos.
—Yo creo que deberías pedirles disculpas —lo dijo y se encogió de hombros.
Era la tercera taza de té de Taishō, ya estaba comenzado a relajarse de más con la bebida.
—Es que no puedo, no puedo —se puso nervioso. Solo de imaginarse entrando a esa casa con la cara plana y la vergüenza anterior para que sus padres vieran lo ridículo que era, lo enfermaba. No, no, es que hacer eso significaba otra humillación—. Dije mucha mierda, ni siquiera sé si quieran verme.
—Por favor —cruzó las piernas. Esa conversación se había convertido en el té de un par de amigos de toda la vida, era extraño, pero agradable, en especial porque antes ya se habían reunido a tomar el té cuando planeaban la boda—. Si has logrado venir aquí a pedirme disculpas a mí que no soy nada para ti, ¿por qué no habrías de allegarte a tus papás para que las cosas se arreglen?
InuYasha quitó la mirada, apenado. Sí, sí, ya sabía que había ido a pedirle disculpas con un ridículo regalo, no era necesario que se lo repitiera.
—Les hablé horrible, quizás papá ni siquiera quiera volver a dirigirme la palabra —decidió continuar y su voz sonó apagada. Aquello le afectaba más que lo que quería admitir y debía ser sincero: en parte su tormento tenía que ver con el conflicto con su familia, después de todo, con lo que había hecho Sesshōmaru era suficiente.
Luego volvió la vista a Kagome… sin darse cuenta esa chica había ido fluyendo en la conversación como si se conocieran de toda la vida y estaba animándolo de forma muy convincente, sabía cómo tratar con las personas. Parecía que la familia también era importante según lo que le había contado de ella, que había sido muy poco.
—Oye, son tus padres —le animó. InuYasha volvió los pies a tierra después de esa intervención— y por lo que me has contado —se inclinó para verlo más de cerca con la mesa de centro como intermediario—, te quieren, hacen todo lo mejor para ti, yo creo que te van a recibir con los brazos abiertos, pero es tiempo de reconocer que debes ser tú quien dé el primer paso, InuYasha.
El aludido se quedó en silencio reflexionando esas palabras. Había estado esperando que su papá lo llamara, pero por primera vez en la vida después de una pelea, no había mensajes ni siquiera de su mamá. ¿De verdad tenía que hacerlo él? ¿Él, que era la principal víctima? Bueno, no era como si esa conversación no la hubiera tenido con Miroku, pero él más bien le había dicho que la decisión era suya, sin embargo…
Tomó aire hondo antes de asentir.
—Quizás tengas razón.
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Miroku se había quedado con la boca abierta y una sensación de tristeza en el pecho que le hizo replantearse todo lo malo que había hecho en la vida. Si bien no era una tragedia que cobró la vida física de alguien, había arruinado en mil aspectos la confianza de Sango y con lo de Kagome ni quería hablar, incluso sabiendo que Tanaca se guardó mil detalles, lo que le había dicho era espantoso. ¿De verdad había hombres capaces de tanto? Es que no le cabía en la cabeza.
—Lo siento… —la escuchó decir con la voz quebrada y él volvió a tierra. La joven se secó las pequeñas lágrimas que caían apenas de sus ojos—, lloro porque al recordarlo también revivo lo que sucedió con Kagome —agachó la vista y carraspeó— y veo la mujer tan tonta y débil que fui y eso todavía duele, no vayas a pensar que es por él —trató de sonreír porque de alguna forma esa aclaración se le hizo graciosa. Debería ser obvio que ella no lloraba por ese maldito, pero no estaba de más expresarlo.
Y no, claro que no lloraba por él, le gustaría que se fuera al infierno y Miroku eso ya lo tenía claro. Mil cosas además le habían quedado claras después de esa confesión, completamente entendía cada acción que hacía e incluso su hermetismo; el de ambas, de hecho.
—Claro que no, Sango… —le respondió con la voz apagada. Sabía que en todo en ese tiempo casi no había dicho una palabra porque era difícil procesar cada detalle, pero notaba que era su turno de hablar—. Es que simplemente no puedo procesar el nivel de maldad en ese hombre, mira a qué nivel te destruyó también —se acomodó para acercarse a ella y quitarle los cabellos de la cara y de paso acariciarle con ternura—. Ahora me quedan claras muchas cosas y de verdad lo siento. Lo siento por ambas —recalcó.
—Miroku… —susurró y cerró los ojos un momento. Le gustaba estar con él, no solo era un hombre pecaminosamente atractivo, sino que era tan delicado con ella, tan inteligente y le transmitía más paz de la que recordaba alguna vez. Abrió los ojos y los fijó en él, decidida—. Te he dicho todo esto porque me gustas también —ahora fue ella quien le tomó la mejilla. Sabía que no era una novedad para él, ya se lo habían confesado mutuamente, pero era la primera vez que Sango hablaba de ello así—, desde que te vi, en realidad, y aunque me he negado a dar este paso por miedo a que resultara mal, la verdad es que quiero que estemos juntos —y se lo dijo por fin, porque ya era hora. Llevaban conociéndose poco más de siete meses y aunque se había prometido no volver a confiar así en alguien, cuando Miroku había tocado su puerta, por mucho que se resistió, no pudo evitar dejarlo entrar.
—Sango…
—Y no, no es por presión —prosiguió, con un tono de refutación precipitado, porque sabía que le preguntaría si estaba segura o que tal vez podría sentirse presionada. Ambos sonrieron por lo mucho que se habían llegado a conocer—, realmente quiero esto porque confío en ti —le tomó de las manos y lo miró sin perderse un segundo sus expresiones. Kagome le había dicho que Miroku le daba buena espina y que dejara de privarse de cosas que quería, que no todos los hombres serían iguales—, porque me siento segura contigo.
Con eso último terminó de conmover el corazón del joven empresario que la tomó del brazo para estrecharla con fuerzas.
—Ven aquí… —aspiró profundamente su aroma y le acarició el cabello con paciencia—. Gracias por esta oportunidad, por tu confianza, lo valoro más de lo que crees.
Sango cedió ante la intimidad del momento y aunque no lo había planeado, la verdad era que a medida iba avanzando la conversación, lo fue deseando. Con cuidado se alzó para encontrar sus labios y fue correspondida al instante. Era la primera vez se daban un beso con tanta dedicación y escalaba notablemente a ser húmedo y más íntimo. Normalmente se besaban fugaz como si con eso pudieran tapar lo mucho que se deseaban. Sango llevó las manos a la cara de su ya novio y en un movimiento ágil se sentó sobre él. Se miraron profundamente, las manos de Takeda ya reposaban sobre los muslos femeninos. El momento que ambos deseaban había llegado y aunque había pasado mucho tiempo, se hacía casi asfixiante la excitación que empezó a subir a sus cabezas por cómo habían llegado hasta ahí.
La noche iba a ser larga y placentera.
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La noche se había ido entre conversaciones, algunas tristes y otras más animadas. InuYasha hasta había olvidado por unos breves momentos ese escozor en su pecho y las manos heladas que sentía cuando recordaba lo que había sucedido y Kagome también había dejado de lado lo agotada que estaba ese día, de verdad esa reunión resultó para ambos mejor de lo que esperaban. InuYasha se había bebido todo el té de la tetera y para la una de la madrugada solo estaba fingiendo que escuchaba lo que la wedding planner decía, la verdad era que estaba muerto de sueño y no sabía cómo ocultarlo un segundo más.
Kagome carraspeó, lo cierto era que también le había dado sueño. Miró la hora en se celular, disimuladamente, y casi se infarta al notificarse. ¿Qué podía hacer? No iba a echarlo así, además le había dado hasta un poco de pena su estado, se notaba destruido. De todas formas era grosero decirle a una visita que se fuera, así que, aprovechando que tenía genuinas ganas de ir al baño, la usaría. Usualmente la gente daba por terminadas las conversaciones luego de eso.
—¿Me das un segundo? —Le llamó la atención. InuYasha la miró con sus caídos ojos ámbar como si estuviera ebrio. Por algún motivo aquello le causó gracia—. Voy al tocador —hizo una señal con sus dedos hacia la dirección de la habitación.
—¿Eh? —Estaba un poco por las nubes. Sentía que todo lo que estaba viviendo era un sueño—. Por supuesto —le hizo un ademán mientras ella se levantaba—, esta es tu casa —bajó un poco la voz porque sabía que ya nadie le escuchaba—, literalmente.
Apenas estuvo solo soltó todos los bostezos que se había tragado por respeto a la muchacha. Miró para todos lados, ¿estaría mal recostarse un poco mientras ella estaba ocupada? Las mujeres siempre se demoraban en el baño. Sacó el celular de la parte de atrás de su pantalón y lo puso a su lado sin prestarle mucha atención a que estaba a punto de apagarse por lo descargado. Se estiró a poner en la mesa de centro las llaves de su auto y departamento porque eso sí era más importante y de un movimiento ágil se recostó en el sillón. En otras ocasiones jamás en su vida hubiera hecho eso, pero realmente ya no podía más y ya todo le daba un poco igual. De hecho, apenas puso su cuerpo en horizontal, ¡se quedó dormido como un puto bebé!
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Se miró al espejo, estaba un poco demacrada, el día había sido pesado. Esa conversación con InuYasha también había consumido parte de su energía, pero admitía que se sentía bien. Verse reflejada en él ya no era tan doloroso, era más bien interesante, en especial cuando había dicho que prometía que jamás se volvería a casar. Había sonreído y en su mente solo pudo decir «sí soy» como si aquello fuera un meme. Se agachó para lavarse la cara, no sabía cuánto tiempo había demorado, pero suponía que InuYasha la estaría esperando con un pie fuera de su departamento. Salió del baño y al ir a la sala notó que no había nadie, se fijó bien y lo que vio no supo si la indignó, le dio risa o ambas.
Se asomó al mueble y ahí estaba InuYasha, ¡estaba roncando! ¿Cómo? Suspiró profundamente, se llevó las manos a la cara y pensó bien lo que haría. Despertarlo se le hacía terriblemente cruel y además, considerando que le había dado el té y se había bebido toda la tetera, aquello era como un somnífero, manejar en ese estado podría ser peligroso. Mil cosas pasaron por su mente, incluso llamar a Miroku, pero, por favor, era la una y más de la madrugada, qué diablos iba a estar llamando gente, ¿qué debería hacer? Se quedó un buen rato pensando en sus posibilidades y las ganas de exponer en Twitter a Sango, se hicieron más grandes. De fondo solo escuchó los ronquidos del ambarino mientras ella trataba de hallar una solución.
Pero no encontró ninguna.
Negó con la cabeza, suspiró, se calmó y con pasos suaves volvió a su habitación para buscar una sábana abrigada, por dentro se seguía preguntando si aquello era algo adecuado, en serio tenía varios conflictos. Regresó sin hacer ruido hasta el living y los ronquidos ahora eran más fuertes.
No, definitivamente, no había otra opción.
¿En serio estaba haciendo eso? ¿Era consciente de que un extraño acababa de quedarse a dormir en su departamento? Bueno, no extraño, pero sí extraño; ah, como fuera. Le tendió la sábana con delicadeza para no despertarlo, pero suponía que incluso podría ponerle un perro en el pecho y no se daría cuenta. Suspiró otra vez, pasó a apagar las luces y le dio una última mirada antes de irse a su habitación para bañarse y dormir también.
Ya al día siguiente hablarían de eso.
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Se removió sin abrir los ojos y sintió como si hubiera dormido mil horas. El lugar en el que había despertado parecía demasiado claro para ser su habitación por lo que notaba aún con los párpados cerrados y demasiado incómodo para ser su cama. La cama que se suponía que iba a compartir con Kagura, ¡malditos fueran todos! Abrió los ojos por fin y notó que estaba en otro lugar, por lo que sus sentidos se pusieron alerta y dejaron todo pensamiento anterior atrás. De un solo movimiento se sentó, escuchó que algo se cayó, pero no le puso atención. ¡¿Se había quedado a dormir en esa casa?! Abrió tanto los ojos que le dolieron, incluso se mareó. Empezó a desesperarse, ¿qué mierda? Y Kagome lo sabía porque al parecer le había tendido una sábana, lo cual era de apreciar, pero ¡¿por qué simplemente no lo había despertado?! Se puso de pie como alma que llevaba el diablo y miró para atrás, la puerta de los dormitorios estaban cerradas, ella seguiría durmiendo. Negó con la cabeza y se maldijo mil veces.
—Lo siento, wedding planner—susurró con el corazón acelerado por la adrenalina que se había instalado en él con el pasar de los segundos, se agachó para tomar sus llaves y con pasos torpes salió de la sala, cerca de la puerta tomó sus zapatos, se los puso, abrió y salió del lugar casi espantado y muerto de la vergüenza.
No sólo se iba por eso, también tenía que llegar al trabajo, es que no podía creer que eso hubiera pasado.
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Cuando abrió los ojos y se estiró en la cama, se sintió tan suave. Estaba a punto de dormirse otra vez cuando la alerta de que había un hombre durmiendo en su sala la hizo ponerse de pie de un salto. Buscó su salida de cama, se la puso y rápidamente abrió la puerta… solo había silencio. Caminó rápido hacia la sala y…
—No está… —miró para la puerta y sus zapatos tampoco estaban. Se había ido.
¿En serio? ¡¿De verdad?!
»Bueno, ¿de nada? —Dijo en voz alta con dirección a la salida de su casa, negando con la cabeza, incrédula y puso los ojos en blanco.
Definitivamente, ese hombre no sabía manejar sus emociones.
»
Me da mucha risa que esto haya pasado así, es que todavía no sé si justifiqué esto adecuadamente, pero quería que InuYasha se quedara a dormir en esa casa sí o sí.
Dejemos amor y un saludo enorme a mi adorada Yumipon, que aportó a este fic con información sobre plantas con las que se podía hacer el super té de Kagome, de hecho, la idea es que fuera una bomba somnífera. Gracias, mi Sanyumi hermosa, tu dato me sirvió para empoderarme más con esa línea, que es básicamente la razón por la que InuYasha cede ante el sueño sin ningún tipo de recato.
6 de abril de 2023. Hola, mis queridas lectoras, qué gusto volver con una nueva actualización. Creo que este capítulo es uno de mis favoritos, verdaderamente, ¡amo haber hecho que InuYasha se quedara a dormir en casa de Kagome! También porque esta acción desencadenará otra y así es como todo va a ir sucediendo en menos de lo que esperan. Y decirles también que estaré respondiendo sus reviews cada que pueda, esta vez tendrán un mensajito en su bandeja de entrada de fanfiction, son un sol.
En esta ocasión también quiero decir gracias a todos sus mensajes y saludar a: Rosa Taisho, Marlenis Samudio, Tatiana Ocampo, Kat rocio, Susanisa, Benani0125, josicar, kcar, Carli89, Rodríguez Fuentes y Annie Perez.
Invitado: ¡Muchas gracias por aparecer en cada actualización! Siempre veo que me dejas un comentario, pero ningún nombre para nombrarte. Quiero que sepas que me alegran tus comentarios, gracias.
MegoKa: ¡Preciosa, qué enorme gusto tenerte de nuevo por acá! Espero que tu trabajo te dé un respiro, en serio quiero agradecerte por tomarte el tiempo y tremendo detalle de dejarme un Review por capítulo, ¡qué gran sorpresa! Solo quería decirte aparte de todo esto, que espero que no te haya pasado algo tan horrible como a Kagome o a InuYasha que te sientes tan identificada con su dolor, porque eso sería muy triste para mí. Te mando un abrazo y me alegra mucho que disfrutes el fic.
Sin más, nos leemos pronto.
