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Antes de siquiera pensar en comprometerse, la gente debería tener una base sólida, un noviazgo serio y sano que pueda sostener una relación toda la vida, porque una boda significa eso: un contrato que dura para siempre y, por una vez más, ¡no hay que tomárselo a la ligera!

—¡Cuéntamelo todo!

Después de que Takeda se despidiera de las chicas, Kagome estaba tan emocionada que no cabía en su cuerpo. De verdad, haber llegado con desayuno para ella y su amiga un poco de improviso y encontrar a Miroku preparando algo, le había dado un shock terrible, pero mil cosas se le aclararon con eso. Saber que Sango por fin se había dado una oportunidad le hacía feliz, realmente le alegraba y ella se lo merecía tanto, merecía todo el amor del mundo por ser el pedazo de ser humano que era y una diosa en toda la extensión de la palabra.

—Pues ayer decidí que era hora de que supiera la verdad —suspiró y Kagome puso todavía más atención—, porque por fin me decidí a empezar una relación, así que ya sabes, quería que todo estuviera en orden.

—Y dime —se inclinó en la cama para ver más de cerca a su mejor amiga—, ¿hicieron el amor?

—¡Kagome! —Los colores se le subieron a la cara tan rápido como la pena, pero no pudo evitar sonreír ampliamente, haciendo que su amiga chille—. Sí, y fue increíble —confesó con más pena, pero dejándose llevar por la conversación.

—¡Ah, hacía tiempo no te veía así! —Se acercó a ella para darle un fuerte abrazo que fue correspondido de inmediato—. Pero cuéntame los detalles, hoy vas más tarde al despacho, ¿no?

La abogada asintió y se acomodó mejor sobre el colchón.

—Tenemos toda la mañana para hablar.

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—¿Todavía no ha llegado? —El repiqueteo sobre la madera con sus dedos era molesto.

—No, señor.

Golpeó ligeramente la superficie del mostrador con el puño.

—Gracias.

En realidad era instinto el haber llegado a la oficina buscándolo, no es que quisiera mencionar el hecho de que se había quedado ¡durmiendo! en el departamento de Kagome y lo peor de todo, lo puto peor era que había olvidado algo en su casa, pero bien, solo quería verlo y ya, preguntarle lo que fuera. Con todo lo que cargaba encima cada vez se ponía más ansioso. Podría haberse tomado la mañana libre perfectamente, pero necesitaba algo con qué distraer su mente, en especial porque estaba en busca de una nueva secretaria ya que había hartado a la que llevaba años trabajando para él. Sabía que tenía que dejar de ser tan bestia, pero lo mal que la había pasado no era para menos.

Y no, el sinvergüenza no había llegado, ¡eran las once de la mañana y no había aparecido sus narices por esa empresa! Como si Asahi no necesitara del director de ventas. Estaba con un semblante casi preocupado y ansioso dando vueltas por el piso cuando escuchó a alguien tararear una canción que él reconoció al instante. Ahí estaba, ¡por fin! Alzó la vista para localizarlo y el hombre traía una cara de recién pagado que no podía con ella, incluso se había dejado el saco fuera y ahora lo cargaba con el dedo índice colgando por la espalda, despreocupado, mamarracho.

—Buenos días, Almendra, ¿cómo va tu día? —Saludó con mucha cortesía sin percatarse de que su mejor amigo, atrás, lo miraba con cara de quererlo asesinar.

—B-bien, señor Takeda —respondió la joven un poco perturbada por tanta atención del ejecutivo, pero más que todo porque tenía que saber que el señor Taishō lo estaba viendo mal. El hombre registró su huella en la máquina y no tomó atención al tono de voz de la chica, estaba demasiado feliz para notarlo—. Eh, señor…

—¡Qué bonitas horas de llegar son estas, director de ventas, rey de Asahi! ¿Le sirvo un café? ¿Lo va a querer con leche o con un puñetazo en la cara? —No se había detenido a respirar mientras lo soltaba, Almendra solo se dedicó a seguir en lo suyo.

Miroku se quedó sin qué decir, pero su ánimo siguió intacto, en especial porque a pesar de que no tenía muy buena cara, InuYasha acababa de usar su tan típico sarcasmo, era una señal de que poco a poco empezaba a recuperar su humor. Tendrían que haberlo visto antes, ni siquiera quería hablar y eso sí era preocupante.

—Sin el puñetazo y con leche, por favor —le siguió el juego hasta verlo ponerse rojo por la ira.

—Quiero que vengas a mi oficina —fue lo único que le dijo entre dientes y comenzó a caminar.

Miroku se giró hacia la secretaria y se encogió de hombros para luego hacerle una graciosa señal de despedida. Almendra sonrió, negando con la cabeza, se notaba que esos dos eran mejores amigos.

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—Once de la mañana, Miroku Takeda, ¡once! —Entró a la oficina y fue directo a sentarse. No estaba claro si tendría algo importante que decirle, solo buscaba una excusa para no tener la mente en otras cosas.

—¿Qué tiene? Sabías que hoy llegaba más tarde —igual su ánimo estaba por los cielos, ¡era novio de Sango! Qué más podía pedir.

—Sí, pero a las ocho o nueve, no a las once —arrugó el entrecejo y se distrajo unos segundos ordenando los papeles que le había dejado Almendra sobre el escritorio.

—InuYasha —comenzó Miroku con un tono tranquilo, entendía que su amigo no estaba bien, pero nadie iba a arruinarle su día, lo sentía mucho—, sé que no has estado bien estos, días, hermano, lo entiendo —y de verdad lo hacía. InuYasha seguía en lo suyo e hizo una mueca de desagrado—, de hecho, fui el primero en decirte que te tomes unas vacaciones —y eso era verdad, por eso ya no había abogado por él en la junta que habían tenido para llamarle la atención sobre el comportamiento que había tenido con su secretaria—, pero tú decidiste seguir, así que podrías tomar tu teléfono —apenas mencionó esa palabra, Taishō se puso pálido y trató de disimular el pánico que le dio— de vez en cuando para revisar los mensajes, anoche te dije que hoy llegaría a las once —terminó por decir mientras se acomodaba el saco correctamente.

InuYasha se quedó en silencio y tragó duro, no lo podía creer; era cierto que últimamente ni siquiera le tomaba atención al móvil, no sabía si tenía o no carga suficiente o si estaba con las notificaciones activadas, le daba un poco igual, pero siempre que se trataba de algo de sus chats privados se animaba, aunque sea a verlos para evaluar su importancia. Y cómo diablos iba a saber que Miroku le había escrito si ¡había dejado su celular olvidado en casa de Kagome! Y ni siquiera sabía si ella se habría dado cuenta ya, si le importaría o no, si esperaba a que fuera por él o si le diría eventualmente a Sango quien le diría a Miroku y así todos se enterarían y el móvil volvería a sus manos de una forma bochornosa y humillante. No, no, es que prefería mil veces comprarse otro y pagar para que le devolvieran sus datos, pero no irle a decir algo a la wedding planner. Es más, no volvería a su casa nunca mas. Negó con la cabeza y antes de que su amigo volviera a intervenir, mintió.

—Lo siento, está dañado, podrías intentar hablarme al del trabajo —se estiró para tomar el móvil del cajón y enseñarle. Takeda se encogió de hombros aunque pensó en que era raro porque apenas la noche anterior había llamado a Sango para pedirle la dirección de Kagome, que, por cierto, era un tema que lo tenía intrigado, aunque eclipsado por su propia felicidad—. Mejor cuéntame por qué estás tan contento, te oí tararear esa estúpida canción que te gusta tanto y solo haces eso cuando te compraste algo o conseguiste novia.

—Eso —lo apuntó con el índice y una sonrisa nueva salió de su boca sin poder frenarla— es exactamente lo que me pasa, aunque mil veces mejor.

Taishō alzó ambas cejas y se echó para atrás en la silla. ¿Sango? Era obvio que sí.

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—Sí, Sango, así que finalmente se disculpó —Kagome terminó de secar el plato y lo puso en su lugar con delicadeza.

Obviamente ya habían discutido sus impulsos de exponerla en Twitter y Sango expresó el hecho de que había considerado humano dejar que ese pobre hombre se disculpara y que, si se había atrevido a hablarle para pedir su dirección, era que iba en serio.

—No puedo creerlo, lo primero que Miroku dijo era que no le cabía en la cabeza que él fuera a hacer eso —siguió fregando la loza, concentrada más en lo que decía que en lo que hacía.

—Sí, noté que le había costado mucho —todavía dudaba en si decirle o no lo de que se había quedado, pero, por favor, era Sango, se lo iba a decir quisiera o no.

—Ah, pero el gesto del regalo me parece hasta tierno —se detuvo un segundo a pensar—… no sabía que podía ser tan detallista, siempre lo vi tan serio que me parecía imposible imaginarlo así, más que todo después de lo de su fracaso —eso último ya lo dijo con un tono más apenado.

La azabache suspiró y siguió ordenando la vajilla.

—Sí, bueno, pues hay algo más que te interesa saber —miró para la castaña y esta ahora sonreía sin imaginarse lo que estaba a punto de soltarle—. Parece que tú no fuiste la única que amaneció con un hombre en casa.

Tanaca se quedó solo un segundo procesando así que su expresión pasó de normal, luego a seria, luego a extrañada, luego a shockeada y después se llevó la mano a la boca, casi horrorizada.

—¡¿Te acostaste con InuYasha?!

En su mente todo pasó como en cámara lenta, pero pensó mil cosas. A ver, los dos eran personas adultas y solteras que probablemente entre sus penas encontraron un vínculo, se atrajeron, una cosa llevó a la otra y terminaron en la cama, pero eso le hacía ruido porque Kagome no haría eso con un hombre que apenas empezaba a conocer bien y que hacía menos de un mes era su cliente, ella que respetaba tanto a los novios con los que trataba por muy guapos que fueran, no tenía sentido.

—¡No, Sango, claro que no! —Con la voz escandalizada de su amiga volvió a tierra, ahora estaba completamente roja como la salsa de tomate—. Además, sabes que estoy saliendo con Hōjō en plan más que amigos —eso último lo dijo un poco más bajo, apenada. Sus pensamientos se habían eclipsado un poco con InuYasha y lo de Sango con su novio, apenas recordó que el día anterior había salido con Dai. Aquello le hizo preguntarse, si Sango sabía eso, ¿por qué no intuyó que habría podido acostarse con su ex de la primaria en vez de que con un desconocido que, además, hacía poco había sido su cliente?

—Cierto, lo había olvidado —le dio la razón—, pero es que estábamos hablando de InuYasha y soltaste eso.

—Pues sí, tienes razón, fue InuYasha quien se quedó —alzó el dedo al instante—, no me acosté con él, apenas y nos conocimos bien los nombres —no era tanto así, o sea, sí habían hablado de muchas cosas de ellos, especialmente de sus familias, pero no era un desconocido tan desconocido, sin embargo, sí que lo era si lo pensaba como algo más, ni siquiera podían considerarse amigos. Sango le hizo un ademán para que siguiera—. No le digas a Miroku, por favor, sé que esto no podría gustarle nada, si ni a mí me hace gracia —Tanaca hizo un gesto de cierre en su boca—. Pues le di mucho del té para el insomnio, conversamos mucho, se hizo la una de la mañana, así que me fui al baño no sólo para hacer mis cosas sino para que de alguna manera se diera por finalizada la conversación y se dio —todavía recordaba lo raro que había sido eso.

—¿Y? —Insistió, tal vez entendía por dónde iba la cosa, pero tenía que saberlo de la boca de Kagome.

—Pues que cuando regresé, encontré a Taishō dormido mi sofá, que, por cierto, no sabía que es sofá cama, al parecer —señaló. Sango empezó a reírse sin poder creer que eso hubiera pasado, pero en especial que Kagome lo hubiera permitido—. ¿Qué? ¿Por qué te ríes?

—No lo puedo creer —trató de calmar su risa, pero la sensación alegre la hacía seguir carcajeando; no podía ni imaginar esa escena de ella viendo a InuYasha durmiendo tan tranquilo en su sala—, pero si son ya los mejores amigos —lo dijo con tanta naturalidad que asustó a Kagome.

—¿Qué?

Sango ya se había dado cuenta de que ellos podrían llevarse bien no solo por las circunstancias que los unían por sus infortunios amorosos, sino por su forma tan parecida de ser, y el hecho de que InuYasha hubiera ido a pedirle disculpas primero a ella que a sus propios padres le hizo pensar que en algún momento podrían ser cercanos y apoyarse mutuamente.

—Kagome —empezó a explicarle y se sacó el mandil—, nadie se queda a dormir en casa de alguien si inconscientemente no se siente cómodo y seguro, por mucho té relajante que haya tomado —es que para ella era muy claro, sin embargo, Kagome no lo veía así, aunque empezara a hacerle sentido— y tú, ¡tú! —hizo énfasis—. ¿Dejar que cualquiera se quede a dormir en tu departamento, tu espacio, que es tan tuyo? Por mucho té relajante que haya tomado esa persona, la Kagome que se siente incómoda lo habría llamado y a lo mucho le pedía un taxi. Es más, la Kagome que conozco podría estar pendiente de la hora y despedirlo antes de las once —acotó, porque sabía que InuYasha había llegado ahí como a las ocho.

Y aunque para Higurashi fue muy obvio eso último —y extraño—, encontró muy rápido una razón por la que, al menos ella, había actuado así y no como se esperaría de su persona.

—Bueno, Sango, en primera, fuiste tú quien lo mandó a casa —alzó ambas cejas y su tono fue ligeramente acusatorio, la abogada solo apretó los labios para esconder su sonrisa culpable. Kagome suspiró—. También sentí pena de despertar a ese pobre hombre que tenía mala cara, parece que había estado bebiendo mucho estos últimos días —y con eso se delató ante la castaña, quien volvió a sonreír porque pensó que hasta eso había sido captado por la atención de la azabache, lo había considerado todo— y tenía mucho qué decir sobre lo de su matrimonio fallido, no podía cortarlo simplemente porque eran las once —se encogió de hombros—. Además, no te creas —alzó el dedo índice—, antes de dejarlo ahí pensé mucho qué hacer y hasta quise llamar a Miroku, pero me pareció que no era una hora adecuada.

La abogada fingió que le dio la razón sin dejar de sonreír, ¡es que era muy obvio! Esos dos terminarían siendo cercanos eventualmente, habían tenido tremenda prueba de confianza y habían salido bien librados de esa, seguro que el resto era pan comido.

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Aunque Kagome no había esperado nada inicialmente después de esa desastrosa forma de despedida de InuYasha, admitía que luego de la conversación con Sango algo dentro de ella había empezado a dudar, a reflexionar en si de verdad esa reunión entre ellos podría iniciar algún tipo de amistad, pero no solo eso, sino que por lógica esperaba una explicación a esa forma tan extraña de largarse de su casa sin decir siquiera gracias por la sábana que le había pasado o algo, también era cuestión de educación. Y se sintió tonta esperando algún mensaje por WhatsApp todo el fin de semana y no llegó nada. No le dijo a nadie, claro, menos a Sango, porque se reiría y le propondría hablar con Miroku para saber qué pasaba y eso era lo que menos quería.

Para ese día lunes por la mañana ya había asumido que no habría ninguna amistad, así que desechó esos pensamientos tan rápido como llegaron y continuó con su vida, es más, ese día después de todos los trámites que tenía que hacer, Dai la había invitado al cine y aceptó.

Estaba verificando que todo estuviera en su bolsa mientras caminaba hacia la puerta; el timbre sonó y ella aprovechó para abrir. Respiró aliviada al ver de quién se trataba.

—¡Yor, gracias por venir! —Hizo una reverencia como saludo y la joven pelinegra se lo devolvió.

—Lo siento por no venir ayer, Kagome, sabes que tuve problemas con las tareas de mi hija, pero todo está solucionado —comentó la chica pasando al departamento.

—Me alegro de que sea así, de hecho —volvió para mostrarle algo que tenía una caja de cartón—, ayer salí a comprar algunos libros para ella y en el horno hay pastel de vainilla con crema, separé una porción para ti y para ella —le informó con una enorme sonrisa. Kagome quería mucho a Yor, además de ser una mujer increíblemente buena en su trabajo, era otra persona a quien le tenía mucha confianza y quien siempre estaba dispuesta a trabajar con ella si se necesitaba en un evento.

—Qué amable eres, muchísimas gracias —se enterneció y empezó a hacer muchas reverencias por la emoción.

—Ah, sabes que no es nada —le hizo señales para que dejara de agradecerle tanto—. Bueno, me tengo que ir, creo que regreso hasta la noche, así que tendrás que cocinar solo para ti, ¿sí? Nos vemos mañana en el bazar para hacerte el pago, ¡adiós!

Había salido rapidísimo de su casa dejando a la chica con una enorme sonrisa y más motivada que nunca a dejar esa casa reluciendo de limpia como todas las semanas.

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Al llegar apenas pudo sacarse los zapatos, estaba súper cansada. La casa olía a paraíso, como siempre que Yor pasaba la mano y hacía la limpieza profunda. Pasó hasta el baño, limpió los tacones y los ordenó en su zapatera. Poco después se dio una ducha para relajarse e ir un rato a su silla Sacco para chequear notificaciones del correo electrónico empresarial.

Se estiró, prendió las luces de la sala y al dar una vista por el comedor notó que había lo que pareció ser un celular sobre la mesa. Achicó los ojos y lo tomó con cuidado; lo primero que pensó fue en que sería de Yor, así que sin más la llamó por WhatsApp para confirmar, pero ella contestó.

—Hola, Yor.

Hola, Kagome, ¿todo bien? —Inquirió un poco inquieta, no sería que hubiera roto algo sin darse cuenta, siempre tenía ese miedo.

—No, sí, es solo que hay un celular sobre la mesa, pensé que lo olvidaste, pero ya veo que tienes el tuyo —se llevó los dedos al inicio de la nariz y sonrió, sintiéndose tonta.

Oh, ese teléfono… —pero Yor sabía de lo que se trataba—, lo encontré debajo del sofá cama mientras limpiaba, pensé que era alguno de los tuyos.

Ante eso, Kagome sintió que se le aceleró el corazón por la conclusión a la que llegó de inmediato. Sin más se despidió de la joven pelinegra y se quedó un rato mirando el móvil sobre la mesa. No podía ser, es que ni siquiera tenía sentido.

Decidió tomarlo y al tratar de desbloquearlo notó que estaba apagado, así que lo puso a cargar, esperó unos minutos y lo prendió.

"Bienvenido, InuYasha Taishō"

—¿En serio? —Bufó en voz alta. ¿Qué le pasaba a ese hombre en la cabeza?

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Reflexionando hoy, me di cuenta de que este fic sí es más ligero de escribir que los otros que he hecho.

19 de abril de 2023. Qué alegría leer sus reviews, me hace feliz que el capitulo anterior les haya gustado tanto como a mí. Con este fic me divierto mucho, así que es muy grato leer sus opiniones de vuelta y saber que les gustó. Creo que en este capitulo queda claro que el celular es la razón que los hará reunirse y esta vez habrá algo concreto entre ellos. Les dejo un beso enorme.

Saludos como siempre a: Rosa Taisho, Marlenis Samudio, Tatiana Ocampo, Kat rocio, Susanisa, Benani0125, josicar, kcar, Carli89, Rodríguez Fuentes y Annie Perez.

MegoKa: Mi preciosa, de verdad agradezco muchísimo las hermosas palabras que me das en este comentario respecto a que mis historias son de superación y que hago obras hasta del dolor; quiero decir que, en efecto, me gusta que los personajes muestren cómo a pesar de toda la adversidad y el dolor que hayan sufrido, gracias al amor en todo sentido, pueden superarlo. Es básicamente el mensaje de la obra original. Te mando un fuerte abrazo y espero que en algún momento puedas finalmente comunicarte conmigo y yo estaré allí para escucharte. Muchísimas gracias por tu bello review.