10
—¡Es que no tiene sentido, ah!
Se tiró contra el mueble y dejó ir un suspiro que rasgó su garganta. Miroku se había quedado sin habla luego de todo lo que acababa de oír, simplemente no lo podía creer. ¿InuYasha quedándose a dormir en el departamento de Kagome? Quizás podría ser extraño para la mayoría, pero para él, que llevaba más de una década conociéndolo, era casi desesperanzador: con lo desconfiado que era, con lo ermitaño que era, si hasta cuando conoció a Kagura en un bar en el centro de la ciudad, incluso cuando podía haberse quedado toda la noche con ella, salió de madrugada de regreso a su hotel, apenas cuando llevaban tiempo de novios empezó a dormir con ella, ¿cómo era eso posible así nada más? ¿Estaría ya tan deprimido que la vida le importaba poco o comenzaba a dejar de lado su verdadera esencia? Tenía muchas preguntas. De todas maneras, trató de encontrarle un sentido a las cosas y era que estaba pasando por un momento muy feo de su vida y quizás solo falseó, el sueño lo venció, esas cosas sucedían, sin embargo, lo del celular… Ah, tenía que estarse muriendo de la vergüenza para no haberle contado justo ese detalle e incluso mentirle diciéndole que el móvil estaba dañado.
—Pues no sé, K, tal vez no ha tenido tiempo para ir por él, recuerda que se comunica al trabajo con otro celular —Sango trató de darle una explicación, pero la verdad era que a ella también le parecía extraño todo.
—En realidad —ambas mujeres regresaron la atención a un pensativo Miroku que lentamente salía del trance para explicar su teoría—, creo que está tan avergonzado por haberse quedado en tu casa que ni siquiera quiere volver —pestañeó seguido, asumiendo que era muy lógico. Las chicas lo analizaron y para Kagome seguía siendo extraño, o sea, sí era raro que se hubiera quedado, pero tampoco como para comportarse como un tipo de psicópata secundario.
—No lo sé, de todos modos, es su teléfono y tiene información importante —refutó. Tanaca se quedó callada y decidió escuchar.
—Preferiría comprar mil celulares antes que regresar por él, créeme, si no, no me hubiera mentido respecto a eso —observó el móvil sobre la mesa de centro de la sala de Sango y siguió pensando. InuYasha le había dado mil largas diciendo que ya luego arreglaría su teléfono, pero a la final sabía que estaba esperando el fin de semana siguiente para decidirse bien e ir por uno.
Kagome suspiró, un poco fastidiada. Era como si le hubiera hecho algo malo que ahora la quería evitar a toda costa y esa situación la molestaba porque ya eran adultos. Había esperado casi toda la semana por una señal de él, incluso no les había dicho nada a los chicos, pero no, él no había dado señales de vida, así que no había visto más opción que acudir a la pareja ese día en que se cumplía exactamente una semana desde que él había estado en su departamento, contarles todo y sacarse eso que tenía de encima. En un principio, su meta era darle el celular a Miroku, pero…
—¿Sabes qué? —Se dirigió al pelinegro, ambos la miraron, expectantes—. Dame la dirección de InuYasha.
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Camino a cumplirse casi un mes desde que Kagura se había ido, muchas cosas habían cambiado en él, en especial su carácter y todos sus sentimientos. La había querido mucho y claro que todavía la extrañaba, pero cada día también se sentía menos apretado el corazón al recordarla y tampoco iba a decir no podía vivir sin ella, de todos modos alguna vez se puso a reflexionar y más que casarse porque la amaba de una forma extensa y completa, era una mujer que su familia quería, una mujer cuya familia lo quería, una mujer que parecía ofrecerle una estabilidad, que tomaría el té con su madre en las tardes cuando tuvieran a sus hijos, era una mujer con la que estaba bien, sin embargo, si miraba atrás, parecían dos desconocidos; Kagura no era ese tipo de mujer y él, comparado con Sesshōmaru, tampoco era ese tipo de hombre, no sabía si mejor o peor que su medio hermano, pero jamás iguales. A veces sentía que debía perdonarla y dejar atrás todo, pero de nuevo a su mente venían todas esas ilusiones que vio rotas aquel día de octubre, toda la humillación y el darse cuenta de que jamás había obtenido si no el aprecio, por lo menos un mínimo de respeto por parte de su medio hermano mayor.
Y no podía, no podía perdonarlos, no podía imaginarlos juntos riéndose de él porque le atacaba una ira irracional, no podía, porque ni siquiera habían tenido la decencia de presentarse y agilizar los trámites de la anulación del matrimonio, aún ningún abogado contactaba al suyo, aún ella no llamaba para pedir una miserable disculpa y así ayudarle aunque fuera un poco a ir dejando atrás ese capítulo tan horrible de su vida, se había quedado ahí como estancado respecto a ellos y no quería terapia, quería venganza o una disculpa de parte de ambos, más un par de puñetazos en la cara como bono, quizás después de eso podría sentirse mejor y seguir con su vida, después de todo… ya más vergüenza de la que había pasado leyendo todos los diarios que hablaron de él y las preguntas de los socios en Asahi, seguro que ya no.
Habían cambiado otras cosas como que se había mudado a ese enorme departamento en el que se suponía que iban a compartir la vida, cada día intentaba apreciarlo y adueñarse de él porque en algún momento tendría que dejar ir toda esa mierda o acabaría con su vida y no le iba a dar el gusto a nadie de hacerlo. Había cambiado también que después de mucho pensar se había aparecido en casa de sus padres para pedirles disculpas y tal y como Kagome le había aconsejado, la carga iba haciéndose poco a poco más liviana gracias a pequeños actos como ese. Claro que lo habían recibido con los brazos abiertos, de hecho le habían pedido volver, pero eso era lo único en lo que había dicho no porque necesitaba un espacio, necesitaba estar solo por lo menos hasta que fuera capaz deslindarse legalmente de Toriyama y así soltar todo a como su mente se lo permitiera. Era más difícil de lo que parecía y, repetía, no se trataba solo de la pareja, era la traición de Sesshōmaru que jamás esperó. De todo modos, a Izayoi le gustaba ir a visitarlo, ese mismo día había ido a dejarle un postre de fresas con crema que sabía a gloria y con los ánimos que cargaba, realmente le había caído como anillo al dedo.
Anillo…
Los anillos que Kagura le había dejado junto a la nota que inteligentemente no quemó estaban en el poder de su abogado.
Después de todo, estaba agradecido con la wedding planner, a quien ya había apodado más bien de esa manera y que ya no le causaba esa misma sensación de rechazo de antes, lo que significaba de alguna forma estaba progresando. Se había comportado como un idiota todos esos días al no contactarla para agradecerle o confesarle su vergüenza por haberse quedado a dormir y haber dejado su celular, pero la verdad era que no había tenido la cara de hacerlo y no sabría cuánto tiempo más lo aplazaría, porque a ella le debía parte de haberse arreglado con su familia.
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—Oye, ¿qué les pasa a esos dos? —Tomó el café de manos de su novia y la vio sentarse con cuidado de no regar la bebida caliente.
—No tengo idea —se encogió de hombros y la bebió. Antes parecía tener claro que serían buenos amigos, pero con ese comportamiento de InuYasha ya no sabía qué pensar y aunque lo conocía un poco, jamás lo suficiente como para saber por qué hacía las cosas de esa manera. Encima ellas que no confiaban en la gente tan fácilmente, porque era obvio que Kagome tenía sus dudas y hasta ella también, aunque inevitablemente esos dos se cayeran bien, tenían que conocerse mucho más para entablar una amistad seria.
—No lo sé, ese comportamiento en InuYasha es muy extraño —bebió el café y después de poco lo dejó sobre la mesa de centro. Es que no solo ya era Taishō, Kagome estaba siguiendo de alguna forma ese juego, que, si bien todavía no podía asegurarlo, empezaba a parecer un patrón en el que mutuamente se buscan después de que pasara algo entre ellos.
—Mmmm, ¿tú crees que se gusten? —Ella lo soltó así, sin más, simplemente su subconsciente habló por ella. Y quizás no era que creía que eso estuviera pasando, pero nadie sabía, era la última opción que encontraban para explicar ese fenómeno.
—No, no lo creo —negó Miroku, más seguro de lo que decía—. Aún —añadió poco después.
La abogada abrió la boca, impresionada por ese comentario tan repentino. Ella por su lado podía decir que Kagome estaba confundida y ya que era decidida e impulsiva, tomaba ese tipo de decisiones y como se había sentido tan identificada con InuYasha, era normal que estuviera interesada en saber qué le pasaba, pero del lado de InuYasha, el único que podía decir algo certero sobre él era Miroku y empezaba fuerte.
—¿Cómo que «aún»?
—Es que ese comportamiento de ellos, de ambos —recalcó—, aunque más que todo de InuYasha, me hace pensar que son unos adolescentes escondiéndose de algo, parecen el típico par de amigos destinados a enamorarse en cualquier película o libro —soltó eso último con una risita y volvió a tomar café.
—¿Y eso te parece malo? —Ladeó la cabeza, un poco tensa por lo que diría.
—No malo, pero ya son adultos y no sé si ambos estén preparados para que algo así pase entre ellos… —lo dijo con un poco de pena. Sabía que Kagome estaba mucho más superada en sus heridas que InuYasha y eso, aunque sonara bueno, era una carta en contra porque si Kagome se enamoraba, InuYasha estaría confundido y eso tal vez no terminaría bien, bueno, podría ser un desastre, así como también cabría la posibilidad de que todo saliera bien o que solo fueran buenos amigos—. Quiero decir, ambos son dinamita.
—Y en otras cosas no se parecen en nada, Kagome tiende a ser mucho más empática, sensible y tiene el valor de dar primeros pasos siempre, InuYasha parece más tímido respecto a eso y tiene un carácter de perros —agregó Sango, alzando ambas cejas. Si iban a hablar de que ambos tenían el carácter parecido, ella estaría ahí para resaltar las enormes diferencias.
—Tienes razón —asintió. En otras circunstancias tal vez esos dos sería perfectos el uno para el otro—. De todos modos, por ahora no creo que pase, aunque si no fuera porque sé que InuYasha está tan herido por lo de Kagura, me atrevería a decir que se siente atraído por Kagome.
De todas formas, no era que llevaran un día conociéndose y bien sabía él que la atracción podría aparecer de un momento a otro sin esperarlo, el subconsciente a veces jugaba sucio; Kagome era una mujer bella y por lo que sabía, había sido el principal motivo por el que su amigo había tomado la decisión de pedir disculpas a sus padres, lo que significaba que ella podría animarlo a ir saliendo de ese hueco, lo cual podría resultar peligrosamente atractivo para él o hasta para ambos, no sabía si Kagome se sentía bien con InuYasha, pero si lo había dejado durmiendo en su departamento, tal vez no estaba tan mal. El punto era que, si ambos alimentaban el vínculo demasiado, las cosas se podrían salir de control.
Sango le hizo una señal después de leer un mensaje en WhatsApp.
—Ya está al frente de su puerta —le comentó a su novio con un poco de emoción. Por alguna razón le parecía muy interesante lo que podría pasar.
—Espero que todo salga bien.
—Silencio —Sango alzó su dedo índice—, ya comenzó mi novela favorita y en este capítulo sabremos si los protagonistas serán amigos o ahí se acaba esto.
Miroku rio con ganas, realmente no se esperaba ese comentario.
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Se levantó como un zombi y ni siquiera se cuestionó quién estaba tocando a su puerta. Seguía con un semblante decaído antes de alzar la mirada para ver quién estaba en la entrada de su apartamento. Abrió los ojos tanto que pareció que había visto a un fantasma.
Tragó duro.
Ella puso los ojos en blanco y negó con la cabeza—. Sí, hola para ti también, InuYasha —el saludo fue un poco agresivo, pero tampoco podría ser de otra forma. Él no supo qué decir, de verdad no se lo esperaba, ¿qué diablos estaba haciendo ahí? Es que ni siquiera estaba preparado para recibir a nadie—. Le pedí tu dirección a Miroku —le devolvió y el aludido arrugó el entrecejo, no pudiendo procesar que aquello de verdad estuviera pasando de esa manera y en ese mismo día.
—Amm…
—¿Puedo pasar? —Inquirió un poco más seria. Se notaba que había estado tal vez divagando, sus ojos estaban ligeramente irritados y parecía estar un poco en trance, ella conocía esos signos. Se le apretó el pecho.
InuYasha no hizo más que hacerse a un lado y dejarla pasar. Cerró la puerta mientras ella avanzaba con cuidado hacia la sala en donde un hermoso ventanal dejaba ver la ciudad entera, era un espectáculo. Ella había tenido cómo arrendar un departamento grande, pero estaba lejos del centro por lo que no tenía esas vistas y aún así le salía un ojo de la cara, no imaginaba ese.
—Te ofrezco vino, champagne, wiski, brandi o un pedazo de pastel que mamá me trajo hoy —esa fue su manera de decirle que se había reconciliado con su familia. La vio girar y sonreír.
—Pastel, me imagino que tu mamá lo habrá hecho con mucho amor —comentó y poco después se sintió muy cursi. Le alegraba que hubiera dado ese paso, por lo menos había estado haciendo algo por su vida toda esa semana.
—Jmp, eso dice. Siéntate, ya regreso —le hizo una señal para que esperara un poco y entró a la cocina por el postre. Poco tiempo después apareció con el pastel en un platillo y también se había servido un poco para él.
No iba a beber frente a ella.
—Gracias —tomó el platito junto con las servilletas y no se resistió a empezar a comer el pastel. Se veía delicioso, estaba delicioso. Fueron unos pocos bocados, porque sabía que conversaría largo y quería tener postre para todo el tiempo—. Pensé que irías a mi departamento esta semana.
InuYasha casi se atraganta y tuvo que dejar el postre también, fingir demencia y ponerse serio. Era un poco incomodo todo eso, se sentía estúpido y ella parecía más relajada, lo cual lo hacía sentirse aún más estúpido porque el único que estaba pasando la vergüenza era él.
—¿Por qué tendría que ir? —No pudo evitar cuestionar como si no fuera demasiado obvio.
A ambos les sorprendió la valentía que tenía para mentir de esa forma.
—Ah, casi por nada —giró a su izquierda para sacar de su bolso el teléfono móvil que InuYasha maldijo apenas asomó por sus ojos—, después de todo, hallé esta curiosidad debajo de mi sofá —se lo extendió—, que, por cierto, era un sofá cama —remató, viendo cómo no tenía la capacidad de tomar el teléfono.
—N-no puedo, no puedo, es que no puedo —se puso de pie y trató de tomar aire. Eran muchas cosas juntas, sentía que lo más fácil se había vuelto difícil con ella, como que le costaba no hacer cosas tontas.
Ella lo miró desde abajo, ya un poco preocupada.
—¿Qué pasa? —Dejó el celular sobre el mueble y agachó la vista. Tal vez ella había sido demasiado intrusiva y de alguna manera había excedido los límites con él, ¿se sentiría incluso acosado? Le dio pánico pensar en que había actuado así—. Oye, si te has sentido incómodo por cosas que he dicho o hecho, lo siento, ¿sí? Pero-…
—No, es que no es eso —movió las manos de arriba abajo para tratar de alinear los pensamientos—. Has sido tan amable conmigo que simplemente me he abrumado y no he sabido cómo agradecer debidamente tu atención, Kagome, ¡dormí en tu casa! —Lo recalcó como si hubiera sido un delito y como si ella no lo hubiera meditado ya—. Dejé mi celular debajo de tu sofá y encima no he tenido el valor de ir por él, has tenido que venir tú —recuperó el aire que se había prohibido respirar mientras soltaba todo eso.
No sabía ni siquiera cómo reaccionar, la cosas para él habían pasado muy rápido, de repente una persona empatizaba tanto con él al punto de llorar y llamarlo, de disculparlo después de haberle hablado horrible, dejarlo dormir en su departamento, ponerle una sábana y después hasta ir a su casa para personalmente devolverle algo que le pertenecía, no estaba acostumbrado a esas cosas y peor viniendo de una chica, en especial justamente la que había organizado su desastre alias boda. Es que era demasiado y todavía a veces tenía sentimientos contradictorios acerca de eso.
De alguna manera ella pudo tratar de entenderlo, así que inspiró hondo, se quedó callada y empezó a comer su postre de una forma rápida, pero disimulada. InuYasha se quedó ahí, viéndola sin entender. Ambos se quedaron en completo silencio hasta que la azabache terminó de comer, se limpió la boca y se puso de pie, tomando su cartera.
¿Se iría sin más?
—Quiero comunicarte mi decisión —tuvo el valor de mirarlo a los ojos y solo encontró angustia en ellos, era penoso, pero había razones de más—, somos adultos y aunque fielmente creo que la amistad es genuina, no se pide, no se propone como una relación romántica, simplemente nace, creo que nosotros ya hemos tenido un acercamiento que nos dejó claro que podemos apoyarnos —InuYasha tragó duro ante esas palabras tan directas, anhelaba poder hablar de esa forma tan directa también cuando se trataba de sus sentimientos. Antes con Kagura de igual forma había sido un poco así, aunque cuando le pidió matrimonio estaba más confiado, después de eso había vuelto a cerrarse y no sabía cuánto podría costarle volver a tener esa confianza—, además, ahora tenemos a una feliz pareja que son nuestros amigos en común —sonrió por ellos y con aquel comentario suavizó la mirada ámbar—. Has pasado por mucho, InuYasha, créeme que lo sé y te entiendo, pero propongo que Miroku no sea el único que te ayude a subir esta cuesta, puedes contar incluso con Sango o… —se quedó en silencio antes de soltarlo, el corazón había empezado a bombear más deprisa, era extraño ofrecer su amistad tomando en cuenta que habían tenido un comienzo muy malo, pero segura de que InuYasha no era una mala persona, merecía rodearse de más gente que lo apreciara— puedes contar conmigo.
El ambarino sintió en el pecho unas enormes ganas de explotar, no sabía si quería gritar, romper algo o llorar, desde que había pasado eso no había derramado una lágrima. Fueron sentimientos ambiguos, era rabia por todo lo que había sucedido y conmoción por la mano amiga que se extendía a través de esas palabras. No sabía cómo había llegado a ese punto de su vida o como era que su wedding planner estaba ofreciéndole su apoyo de forma sincera y amable, pero tal vez tenía que considerarlo seriamente.
—Está bien.
»
Tenía otra cosa muy distinta pensada para esta ocasión, pero pensé… ¿no es eso lo que nos encanta del InuKag? Que son amigos antes que todo, que se animan a ser mejores, que se complementan, en especial Kagome a InuYasha, que le ayuda a sanar muchas heridas. La primera versión incluía algo que, analizando ahora mismo, habría sido muy apresurado y fuera de lugar, estoy conforme con el resultado.
23 de abril del 2023. Hola, mis queridísimas lectoras preciosas. Ha sido muy grato para mí leer sus reviews en esta última actualización, sé que tal vez esperaban algo más concreto, pero quiero decir que antes de hacer un paso tan grande quería demostrar cómo estos dos llegaron a ser amigos, porque desde el siguiente capítulo en adelante ya empiezan las muestras de romanticismo, así que quise tomarme mi tiempo para que no fuera tan brusco ya que encima el fic que es bastante corto. Espero que esta nueva entrega les agrade, pasó algo preciso entre ellos. Estaré esperando sus opiniones y agradezco muchísimo la paciencia que me tienen.
Un saludo especial y muchos abrazos para: Rosa Taisho, Marlenis Samudio, Tatiana Ocampo, Kat rocio, Susanisa, Benani0125, josicar, kcar, Rodríguez Fuentes, Annie Perez y MegoKa.
