13

Los matrimonios no son para cualquiera, es más, debería haber requisitos previos para acceder a ellos.

Kagome le hizo una señal para que esperara a que fuera hasta su mini bar y pudiera abrir otra botella de vino. Él la vio contonear la cintura con confianza y hacer sonar sus tacones gracias a ese toque de desinhibición que daba el alcohol.

—¿Estás segura de que necesitamos más? —Le preguntó desde su lugar mientras ella usaba ágilmente el corcho y lo destapaba sin problemas.

—Solo salieron cuatro copas de lo que quedaba de ella, claro que estoy segura —le dijo sin problema y volvió a él. Estaba poniendo todo de su parte y había buscado el alcohol como un modo de soltarse un poco y por fin dejarse llevar, usaba también toda su predisposición para tener sexo, lo miraba y lo imaginaba desnudo sobre ella, estaba haciendo trabajar su mente a mil para que la coquetería le saliera con naturalidad, aunque estaba resultado más difícil de lo que esperaba, porque a un mínimo descuido ya había perdido toda la concentración.

Sirvió el vino y alzó la copa para proponer un brindis.

Haber invitado a Dai a su casa había parecido una idea genial al principio, pero mientras más veía la determinación en ese hombre, más dudaba de lo que estaba haciendo. ¿Estaba bien? Se trataba de convencer porque sí le gustaba, le atraía como hombre, pero…

—Mmm —tragó el alcohol, respiró hondo y se acomodó contra la isla de la cocina. No podía creer que se habían quedado de pie—, quisiera hacerte una pregunta seria, Kagome.

Trató de fingir tranquilidad, pero su nerviosismo la delató al alzarse la copa para beber todo su contenido de una vez, se habría bebido la botella.

—Claro, dime —carraspeó mientras el vino caía en el cristal. La organizadora de bodas volvió a tomar. Hōjō sonrió ante su comportamiento nervioso y carraspeó antes de preguntar.

—¿Yo te gusto como hombre?

Al segundo siguiente, Kagome estaba manchando su ropa de tinto justo después de atragantarse con el alcohol en respuesta a la pregunta que el hombre frente a ella le acababa de hacer. Empezó a toser y claro que fue asistida inmediatamente.

»Dios, ¿estás bien? —La tomó por los hombros y rápidamente recorrió la cocina para buscar algo con qué secarla.

—Sí, amm… —volvió a toser y se maldijo por la estupidez que había cometido—. Lo siento…

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Se sentó de una vez en el mueble y apretó el nacimiento de su nariz para procesar el mareo que le había dado por la impresión, fue como un golpe de agua fría. Carraspeó.

—No puedo creer que tengas la astucia de llamar después de todo este tiempo —espetó finalmente y era evidente su ira todavía. Justo cuando parecía estar en su mejor momento venía ella a cagarle todo lo que había construido, toda la paz que tanto le había costado conseguir.

La línea se quedó en silencio unos segundos, su interlocutora evidentemente no tenía claro qué podía decirle al hombre al que le había arruinado la vida de esa manera.

Sí, ha pasado un largo tiempo —le dijo con la voz ronca por la tos.

—¿Un largo tiempo? Debería de colgarte ahora mismo —pero era claro que no lo haría, necesitaba escuchar aunque fuera una disculpa, lo que fuera para dejarlo atrás para siempre—. No sabes la mierda que me hiciste, Kagura, jamás estuve tan mal, tan humillado y lleno de rabia; la prensa me acosó, los socios me cuestionaron, mi secretaria renunció por mis malos tratos, me peleé con mis papás, con los invitados, ¡con la wedding planner! —Y con eso último, Kagome llegó a su mente como rayos de luz que volvieron a abrirle camino. Respiró hondo y sorpresivamente pudo calmarse mucho y escuchar lo que ella tendría que decirle.

Del otro lado, Kagura suspiró, lloraba en silencio. No quería que se notara, así que se tomó su tiempo para responder.

Lo sé. Sé que fue difícil para ti y… no merecías esto que te hice —y lo decía de corazón. Desde el día uno había sentido un arrollador arrepentimiento, pero lo compensaba pensando en que habría sido peor condenar a ambos a un matrimonio sin amor y lleno de engaños.

—Que me hicieron —corrigió, porque no todo era culpa de ella. El pecho lo tenía apretado, después de todo superar esas rupturas tan duras era más difícil de lo que imaginaba.

Empezó a juguetear con sus dedos mientras un nuevo espacio de silencio los envolvía. Había acabado de la peor forma, pero al menos, entre su rabia, podía notar que había arrepentimiento en la voz femenina.

Que te hicimos —repitió, dándole la razón. Una vez más tosió, aunque con menos fuerza y pudo continuar—. Supongo que ya no lo puedo remediar.

Taishō se pasó una mano por la cara y ya sin mucho ánimo en el cuerpo, procesando todas las emociones, descansó la cara en la palma de su extremidad.

—¿Qué quieres? —Mustió, no tenía ganas de seguir oyendo excusas.

Dos cosas: decirte que no podré asistir al juicio porque tengo una tos muy fuerte —InuYasha escuchó con atención, lo sentía por ella, pero debía darle una solución—, pero no te preocupes, he firmado los documentos necesarios, el lunes se reunirán con el juez y los abogados darán el proceso por terminado —para ambos la noticia era un alivio.

—Me alegra, ¿qué es lo otro por lo que me llamas? —No iba a negar que le interesaba saberlo, la verdad no sabía qué era lo que estaba esperando exactamente, pero tenía esperanzas de que fuera algo que le calmara el corazón después de tanto daño, al menos de parte de ella, porque sabía que Sesshōmaru era un caso perdido.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Una vez que el escándalo de su mancha en la ropa había pasado y todo había vuelto a la normalidad, Dai volvió a aclararse la garganta para mirarla y esperar a encontrar sus ojos chocolates que no mentían como ella.

La wedding planner se aclaró la garganta y con todo el valor, lo encaró. Basta de hacerse la tonta, era hora de que afrontara todo.

—¿Qué sientes por mí? —Y necesitaba saberlo porque ya no quería jugar, un hombre tenía un límite de paciencia—. ¿Te atraigo? ¿De verdad te sientes cómoda conmigo? —Estaban cerca y podía sentir cómo la respiración de ella se aceleraba con cada inhalación. Para ese tiempo ambos tenían alcohol en su sangre, no demasiado, pero el suficiente como para soltarse más y ser claros.

—Sí —susurró y la cercanía de él le empezó a hacer sentir débil—, me gustas, por eso he estado saliendo contigo todo este tiempo —aunque quiso, no fue capaz de mirarlo, sus mejillas no solo estaban rojas por el alcohol sino también por el momento tan tenso.

—Me alegro —sonrió. La deseaba tanto, la quería tanto y ella parecía no ser consciente de eso—, porque yo llevo años queriéndote —le tomó de la barbilla para que lo mire—, me gustas, Kagome, me…

—…encanta tu sonrisa, tu astucia —abrió los ojos tanto que dolieron. ¿Era el? ¡Era InuYasha! Era InuYasha y le estaba sonriendo con una expresión que le gritaba que deseaba acercarse. Sonrió como tonta con sus ojos gachos, tal vez estaba alucinando—. Sueño contigo y te deseo, Kagome Higurashi… —ella sintió que toda su piel se erizó, una descarga eléctrica le hizo cosquillas en el vientre— y llevo mucho tiempo queriendo que seas mía.

Sin pensarlo un segundo se abalanzó a él y lo besó de súbito, cerró los ojos con fuerza por la ansia que la embargaba. No estaba siendo consciente de que era obvio que no era InuYasha quien la estaba correspondiendo con esa ansia, solo se aferró a las imágenes que su mente produjo y se sumió en un sueño que pareció eterno en ese beso más bien ficticio. Cuando la necesidad de tomar aire se hizo presente y abrió los ojos, la realidad la golpeó en la cara y se separó de Dai como si quemara.

—¿Qué pasa, Kagome? —Ahora él también estaba confundido y con toda la adrenalina en sus picos más altos.

La chica respiraba con el pecho subiendo y bajando con violencia, era obvio que más que deseosa, estaba más bien asustada y nerviosa. Kagome cerró los ojos y trató de tomar aire antes de soltar cualquier tontería.

—L-lo siento, eso fue…

—Fue increíble —completó porque ese había sido su sentir. La Kagome que fue su novia era una niña y ambos eran inexpertos, pero la mujer que lo había besado ese día era… simplemente sublime.

Pero ella negó, se llevó las manos a la cabeza y se sobó el cabello como un gesto para calmar su nerviosismo.

—¿N-no te parece que vamos muy rápido? —dijo después, soltando una risita tonta para disimular el fiasco que había sido todo eso.

No quería a Hōjō, no lo deseaba, quizás antes le había gustado, pero era obvio que ya no y que lo único que tenía en la cabeza y eran las ganas locas de hacer el amor con su mejor amigo, lo cual la alteró todavía más. Necesitaba estar sola.

Dai soltó una risita incrédula y se acomodó el cuello de la camisa sabiendo que un arrebato como ese no volvería a pasar.

—¿Muy rápido? —Se tocó la punta de la nariz por la ligera molestia que eso le causó—. Kagome, llevamos como cinco meses saliendo —ella se sintió estúpida otra vez. Claro, cómo iban a ir rápido si después de tantos meses era la primera vez que se daban un beso así de intenso—; si me dices que no estás lista, lo entiendo perfectamente —asintió, serio. Ella tenía que aclarar su mente y quizás él ya no aguantaría demasiado esa indecisión—, pero si dices que vamos muy rápido, creo que voy a diferir.

Kagome iba a pedir disculpas por la tontería que acaban de soltar cuando su celular sonó y como si fuera una bendición, rompió todo el ambiente tenso de la conversación. Le hizo una señal a Dai mientras se estiraba para tomar el móvil y responder. Casi se le sale el alma cuando vio que era InuYasha.

Tragó duro antes de abrir la llamada.

—¿Hola?

¿Estás en casa? —Kagome notó al instante ese tono de angustia y molestia mezclados perfectamente, así que frunció el ceño.

—Sí —y desde ahí se le olvidó toda la vergüenza, si le atraía o no, Dai y todo el mundo, se enfocó en qué podría estarle pasando—, ¿está todo bien?

No, no lo está. No me siento bien, Kagome y quiero verte —aquello lo dijo con el corazón casi en la mano—, necesito verte, te necesito —y lo más sincero que había dicho en mucho tiempo, lo más profundo, lo más lleno de súplica.

Con el corazón también en la mano, Kagome empezó a asentir.

—Ven a casa, te estaré esperando.

Cortó la comunicación y antes de volver hacia Hōjō, se tomó sus segundos. Aquello no iba a ninguna parte, al menos no ese momento. No estaba segura de lo que haría con todo eso, solo que ahora necesitaba enfocarse en lo que le estaba pasando a InuYasha y lo demás podría esperar.

»Dai…

—Me tengo que ir, lo sé —le interrumpió y la vio hacer una mueca de pena. Se irguió y la miró con seriedad—. Kagome, pon tus prioridades y deseos en orden, no mires para otros lados para distraerte y mejor afronta lo que tienes ahí —obviamente no estaba hablando de simples cosas. Ya se había dado cuenta hacía mucho de la afinidad que ella tenía con InuYasha, pero para ese tiempo era demasiado evidente que no se trataba de una simple amistad muy unida y no quería ser el objeto de celos o distracción de nadie.

Kagome no supo cómo tomarlo, casi ni siquiera lo interpretó porque no pensaba que Dai hablara de InuYasha. Tal vez ella era la única que pensaba que el resto no se daba cuenta de lo evidente.

—Está bien —asintió y se quedó en silencio mientras después de un gesto amable con la cabeza, lo veía irse.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Sentada sobre el desayunador en el mismo lugar en el que se había quedado luego de que Dai se fuera, esperaba impaciente a que él llegara. Miraba la puerta cada tanto para salir corriendo, pero no pasaba nada. Miraba el reloj de celular para comprobar que habían pasado solo pares y pares de minutos que a ella se le hicieron eternos. Tenía enormes ganas de llorar, de patear, los sentimientos revueltos, solo quería verlo.

Cuando tocó el timbre, el alma le volvió al cuerpo y en un parpadeo estuvo abriendo la puerta.

—¡InuYa-..!

Su expresión se quedó a medias por el abrazo inesperado que la atacó en ese momento. El tiempo se le detuvo por un instante, solo existió ella y él, la fuerza con la que la estaba estrechando, como si en ese gesto se le fuera la vida. Era la primera vez que se abrazaban de esa forma tan profunda, tan anhelante y tan íntima. Kagome cerró los ojos y lo rodeó por la espalda, acomodó el rostro en su brazo derecho y dejó que él inspirara hondo, que se calmara, que estuviera ahí con ella todo el tiempo que quisiera. Ninguno de los dos parecía querer acabar con ello, incluso la azabache había empezado a sobar su espalda en señal de apoyo.

Después de un tiempo, ambos por fin se dieron la oportunidad de verse a la cara luego de esos días alejados. Aquel abrazo por parte de InuYasha no solo iba por cómo se sentía, sino por lo mucho que la había extrañado, por lo mucho que la necesitaba y anhelaba su cercanía.

—Lo siento, vine así, sin más…

—No, no digas nada y pasa.

Varios minutos después estaban sentados en la sala uno al lado del otro. Higurashi le pasaba un café bien cargado que él le había pedido y ahora que estaba un poco más tranquilo, tuvo la facilidad de contarle más sobre la llamada que Kagura le había hecho y que Kagome todavía no podía creer. En el rostro masculino era evidente la pena, todo se le había revuelto y revivido, de seguro, ella lo entendía tan bien.

—Quería hablar de que el lunes se hará efectiva la anulación del matrimonio —prosiguió luego de tomar la bebida oscura— y me pidió perdón —todavía recordaba sus palabras sin ánimo, pero al menos parecían sinceras. Estaba tan confundido, al final no solo era que había vuelto a saber de ella, sino los resquicios de cariño que quedaban en él que se alzaron dentro, aunque no lo alteraron tanto como pensó, señal que de su proceso había sido adecuado y estaba bastante avanzado y casi por completo desprendido de su antigua relación, además, esa llamada de alguna forma cerraba el capítulo—. Me pidió disculpas, lo que tanto quería y ahora que lo hizo no sé ni cómo sentirme.

—Tranquilo —le susurró, preocupada. ¿Qué podía hacer para dejar de ver esa expresión de angustia en sus facciones? Apretó la mandíbula—. Yo estoy aquí para ti.

Kagome le acarició el brazo con delicadeza, le hizo saber que estaba con él. Lo sentía mucho, entendía que debería estar confundido y más dolido, pero aquello pasaría pronto. El corazón se le apretó de verlo así, también porque imaginó que lo que quedaba de cariño por ella podría haber despertado con la llamada y eso, quisiera o no, empezaba a afectarle. Con cuidado se apagó a él y aferrada a su brazo, descansó ahí la cabeza.

InuYasha dejó la taza sobre la mesa de centro y entonces le tomó la mano izquierda que reposaba sobre el muslo, ella dio un pequeño respingo al no esperar ese gesto. Taishō observó esos delicados dedos pálidos reposando entre los suyos, más ásperos y gruesos, enormes en comparación. Kagome lo había sido todo para él en esos últimos meses, siempre estaban juntos, siempre con esa sonrisa tan bonita que le hacía sentir que cada día podía ser mejor que el anterior, su astucia, lo inteligente que era, lo apasionada, lo justa, lo sensible, lo mucho que le enseñaba lo importante que era preocuparse por los demás aunque estuviera sufriendo; sus ojos chocolates tan expresivos y llenos de cariño, de vida… Lo era todo. Los ojos marrones brillaban y en silencio observaban cada movimiento. Si bien InuYasha se sentía confundido y con el corazón revuelto, había algo que tenía claro y era que Kagome parecía ser la única persona que aplacaba todo como si esos sentimientos no pudieran dañarlo o como si nunca hubieran existido. Sin pensarlo le besó los dedos con una paciencia desconocida, incluso cerró los ojos para imprimir cariño al gesto.

No sabía qué habría sido de él sin ella.

—Gracias… —susurró contra las falanges femeninas que ahora temblaban.

Al punto de las lágrimas, Higurashi tuvo que tragarse sus inmensas ganas de amarlo con todo lo que tenía y solo sonrió, apretó el afiance de sus manos y volvió a acomodar su cabeza en los músculos del brazo masculino.

—El cariño no se agradece, InuYasha.

»

Ay, si igual por capítulos parece que esto pasó de una día para otro, lo bueno es que nos saltamos varios meses de amistad para llegar aquí más rápido. Mi fic, mis reglas.

12 de mayo. Mis queridas lectoras, vengo una vez más con esta indecencia. Noto que la mayoría de ustedes se puso un poco nerviosa por la aparición de Kagura y también por la actitud de Kagome, debo decir que no las puedo culpar, creo que el capítulo se queda en un momento en el que se puede pensar cualquier cosa, pero como lo he dicho anteriormente: no busco arruinar la relación de InuYasha y Kagome, solo busco cerrar el ciclo de cada uno para que puedan ser felices y cómo lo enfrentan siendo amigos y posteriormente siendo pareja.

Estoy muy contenta por el apoyo y el amor que estoy recibiendo en esta historia, me alegro muchísimo de que les guste, me encanta que sus reviews cada vez son un poco más extensos porque tienen más cosas que decir y eso me alegra ya que demuestra que, aunque la historia sea corta tiene cosas de las que se puede hablar. Les dejo un beso enorme y les pido que no se preocupen, al menos por ahora, porque la relación de estos dos va para bien.

Besos a mis queridas: Karii Taishō, Rodriguez Fuentes, Rosa Taisho, joiscar, , Benani0125, Marlenis Samudio, kcar, Annie Perez, Susanisa, Carli89, MegoKa y Tatiana Ocampo.

Y también darle la bienvenida a: KagomeHb, Cindy Osorio y Ana Paula CL.