15

De todas las veces que había soñado y fantaseado con ese momento, ninguna se igualaba al gozo y al dolor que estaba experimentando. ¿Cómo era posible que mientras esos labios estuvieran haciéndole tocar la gloria con un simple roce, lágrimas estuvieran cayendo de sus ojos cerrados? Esas lágrimas que mojaron las manos de él y lo hicieron volver a la realidad. Incluso parecía que había despertado de un sueño, una especie de trance.

¡¿Qué diablos estaba haciendo?!

Todo lo que estaba sucediendo volvió a su mente con violencia y sin más la apartó. Kagome había abierto los ojos despacio, digiriendo su situación actual. Asintió, porque ella había dejado que pase, ella quería que eso pase y bien o mal, merecía que aquel beso no fuera más que una confusión.

El verla llorar había sido como el peor castigo que le habían impuesto, se sintió imbécil, fuera de lugar, un aprovechado.

—Kagome, lo siento… —negó con la cabeza y se pasó una mano por la cara para despertar. Ella trataba de secarse las lágrimas lo más discreta posible. ¿Pensaría que era un atrevido? Es que si regresaba unos segundos atrás se desconocía.

—No te preocupes, InuYasha, en serio —intentó sonreírle.

—No, es que soy un idiota, no sé por qué hice esto, yo-…

—Porque estás triste —le interrumpió y se lo hizo ver con un tono dulce—. Estás confundido, lo que te pasó hoy es difícil de procesar —ella se estaba tragando todo lo que sentía, solo quería verlo bien—. Ven —le tomó la mano con delicadeza y él no podía creer lo que estaba pasando, o sea… ¿estaba o no molesta? ¿Por qué lloraba? Aún así, se dejó hacer y llevó consigo la maleta—, es hora de que salgas, recuerda que deben viajar unas horas.

Actuaba como si nada de eso hubiera pasado, necesitaba que se fuera tranquilo y ya luego las cosas se arreglarían, estaba segura. InuYasha accedió por la única razón de que tenía que irse ya, pero en otras circunstancias seguro que hubiera dejado todo en su lugar. Fue difícil bajar el ascensor en silencio para al final despedirse de nuevo en el estacionamiento, pero afortunadamente cada uno tomó su camino.

Y esa fue la última vez que supo de él.

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«Pequeña Kagome» y aquel beso tan delicado, casi virginal, se habían convertido en su nueva forma de vida. Aquello no lo sabían los chicos, esa noche contó todo y de la despedida en donde le había dicho que se cuidara pasó a la parte del ascensor y posteriormente cuando cada uno se subió a su auto. No estaba preparada para hablar, obviamente.

No supo si esas dos cosas la ponían feliz o triste, solo que las recordaba a cada momento y sentía que el no saber de él era más llevadero. Era ya el segundo día y aunque estaba un poco tensa por no estar comunicados, siguió su rutina como siempre. En la noche tomó la decisión de citar a Dai para aclarar las cosas de una vez porque no podía estar así, no era bueno para ninguno de los dos.

—Me alegra que hayas aceptado venir —puso el café sobre la mesa y se sentó en el mueble en frente de su visita.

Estaba muy apenada y se notaba en sus gestos. Él hizo un movimiento con la cabeza y de una buena vez empezó a tomar su bebida.

—La verdad es que yo también tengo algo que decirte —soltó después, la taza hizo ruido al chocar con el platillo—, pero ve tú primero —se acomodó para escucharla. Esperaba que ella misma fuera quien dijera las cosas, no esperaba menos; Kagome podía cometer errores, pero siempre reflexionaba en ellos y hacía algo por enmendarlos.

—Pues antes que nada quería disculparme porque estos últimos meses no me he comportado a la altura —quiso darle el espacio para que él hable, pero no, la verdad era que sí quería sacar lo que tenía dentro de una vez y por todas—, ni siquiera he tomado nuestras salidas como lo serias que fueron —eso sí le costó más decirlo, había sido una persona horrible—, ese beso desastroso que nos dimos —y pensó: ¿no sería el karma atacándola a través de InuYasha? Había sido una perra y probablemente todo en la vida se pagaba—, he sido tan torpe y maleducada…

Un silencio se formó entre ambos, quizás ella esperaba que él negara eso último como una muestra de educación, pero la verdad era que se veía bastante de acuerdo con lo que acababa de soltar. Hōjō tomó más café, ya casi se lo acababa, estaba muy bueno.

—Agradezco de todo corazón tus disculpas, Kagome —le dijo finalmente, porque su tiempo se tomó para procesarlas—, creo que las merecía de alguna forma.

Ella asintió. Claro, él estaba herido y ofendido, en el fondo seguro que habría querido gritarle todas esas cosas que ella dijo, pero atinó a hablar por él, debía ser liberador.

—Gracias —trató de sonreír. Un peso había salido de encima—. Y también a decir que nuestras salidas, pues… —se iba a tomar otro momento para decir eso último, que era lo más importante.

—Deberíamos dejarlo hasta aquí —pero él completó la frase. Perfecto, le había dado la oportunidad para sacar el tema del que él había ido a hablar como dos adultos. La vio abrir la boca, seguramente muy impresionada por su pedido—. Sí, quiero decir, lo estuve pensando bien y creo que no merezco estar entre tus inseguridades mientras no te decides en ser sincera contigo misma.

Higurashi alzó ambas cejas, aquel comentario ya había sido un poco más serio, se atrevería a decir que hasta ofuscado.

—¿De qué hablas? —Procedió a sorber café, ella ni siquiera había tomado el suyo.

Dai sonrió, ¿en serio ella todavía no se había dado cuenta?

—De lo alarmantemente —y puso énfasis, porque así tal vez era más claro— enamorada que estás de InuYasha Taishō —ella abrió los ojos como si acabara de ver un fantasma—, podría decir que es abrumador.

—¿Disculpa? —Sonrió, incrédula. De un momento a otro se sintió atacada, invadida.

No era posible que la gente fuera por ahí prediciendo sus sentimientos, ya eran adultos todos, ¿en qué mundo estaban?

—Justo a eso me refiero —le hizo señales con las manos para que se diera cuenta de sus reacciones—, a que tratas de negarlo, yo creo que tú ni siquiera dimensionas lo que sientes por él —con cada palabra, Kagome negaba como si estuvieran diciendo la mayor de las mentiras, mientras que en su cabeza todo daba vueltas y cada poro de su ser gritaba sí—. Todos estos meses te he visto hacerte más y más cercana con él y eso es lo peligroso de todo esto, porque lo que sientes por él ahora mismo, eso que te empeñas en negar —Dai podía apostar que Kagome apenas se había dado cuenta de sus sentimientos, quizás hasta solo pensaba que era algo ligero y pasajero, por eso trataba de negarlo y él lo entendía, tal vez todos quienes se enamoraban de sus mejores amigos pasaban por lo mismo, además, seguro que hasta InuYasha estaría así porque era obvio que él sentía lo mismo por ella y eso que ni lo conocía bien—, probablemente sea la punta del iceberg, porque el cariño, la confianza, la intimidad y el respeto son cosas que han existido desde hace mucho, desde antes de que tú misma te dieras cuenta.

Para ese tiempo, los ojos chocolates ya se habían llenado de lágrimas, no podía aceptar la realidad que él le estaba mostrando. No quería hacerlo.

—Hōjō, eso no es…

—Claro que es verdad —la detuvo, pero después se arrepintió por su tono grosero, suspiró y reguló la voz—, y yo sé que trataste —y por eso le daba un agradecimiento, porque ella trató de tomar las cosas lo mejor que pudo—, sé que aquel día del beso trataste de desplazar lo que estabas sintiendo por él, pero apenas te llamó olvidaste todo a tu alrededor y solo existió InuYasha —ella se perdió, probablemente en ese recuerdo, pero la dejó callada y con la mirada perdida—. Oye, te quiero, pero antes de quererte como mujer, te quiero como amiga —se lo dijo en un tono más delicado y por fin obtuvo su atención— y creo que deberías ordenar tus sentimientos, pero más que todo aceptarlos, eso permitirá que veas las cosas más claras y no vuelvas a hacerle a alguien lo que a mí aquel día.

—Lo lamento… —le susurró, las lágrimas ya habían empezado a caer. Se sentía tonta y ridícula.

¿No era ella acaso una adulta?

—Lo sé —le dedicó la mejor sonrisa que pudo, volvió a tomarse el café hasta terminarlo y sin más se puso de pie—. Fue grandioso el tiempo que salimos, pero se acabó —ella también se levantó, casi paralizada por tanta rienda que él había tomado en esa conversación—. Cuídate, Kagome, estuvo bien el café —le guiñó un ojo y le hizo un gesto educado con la cabeza.

Ella no se movió de ahí, no lo siguió, no le dijo que esperara, solo lo dejó ir; en realidad lo único que quería era estar sola.

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Para cuando se habían cumplido cuatro días iba a volverse loca. ¿De qué servía aceptar sus sentimientos si él ni siquiera estaba ahí para recibirlos o rechazarlos? El consejo de Dai en esos momentos no le servía de nada. Ya no sabía ni cómo estar ni cómo sentirse, ni siquiera pudo atender el bazar y tuvo que aplazar una cena que terminó perdiendo por irresponsable. Si eso seguía así iba a fracasar y francamente le parecía exagerado perder todo lo que había construido en la vida por muy enamorada que estuviera. Estaba por volver al almacén cuando recibió una llamada de Izayoi, había noticias de él… le había enviado a una carta.

InuYasha le había enviado una carta.

La espera por el papel mientras llegaban a entregársela había sido una de las peores que había tenido, peor que las veces que tuvo sustos de embarazo en sus veintes y tuvo que esperar a que la prueba diera negativo. Nuevamente, si su vida era un libro barato o algo así, que quemaran vivo a su escritor o escritora, porque todo lo que le sucedía era tan ridículo que muchas veces se cuestionó su realidad.

La carta había llegado en una caja perfectamente envuelta, se trataba de sus chocolates favoritos, dentro estaba el sobre y no supo si fueron las golosinas o el hecho de que todo eso lo hubiera hecho él donde quiera que estuviera. Tomó la carta con las manos temblando, la desdobló delicadamente y se sentó en el sofá para leerla, tenía el corazón a punto de salirse por su boca.

«Hola, Kagome.

No sé escribir cartas, nunca hago esto, pero quisiera que sepas algunas cosas, así que iré directo al grano:

Primero: ¿Cómo estás? Espero que bien, necesito que estés bien. Come y duerme adecuadamente, eso mantendrá tu salud.

Segundo: Quisiera de nuevo disculparme por eso que pasó la última vez que nos vimos. Me comporté como un imbécil, sé que no medí las consecuencias y solo espero que ahora no me estés odiando, no quiero perderte, eres lo más valioso que tengo. Además, sé que hace meses estás saliendo con alguien y ni siquiera lo consideré, egoístamente tomé decisiones arbitrarias. Ya hablaremos de esto debidamente cuando vuelva.

Tercero: Me tomaré unos días, muchos más; los días que debí tomarme cuando todo esto empezó. Estoy pensando en arreglar las cosas con Sesshōmaru, no necesito más daños en mi vida. Quizás sean días, quizás semanas, no lo sé, pero voy a volver. Espero pueda encontrarte tras la puerta de tu departamento cuando esté en la ciudad.

Cuarto: Yo estoy bien, estoy mejor de lo que pensaba. Kagura se fue, toda su familia estuvo aquí, al parecer acabó todo tranquilo. Me habría gustado que estuvieras aquí para apoyarnos.

Quinto: Visiten mi casa. Dile a Miroku que vaya a dormir un par de noches, no me gusta imaginar que el lugar estará abandonado mucho tiempo. Que lleve a Sango y que no hagan cosas raras en mi habitación. Y dile que sé cuántas sopas instantáneas tengo, que, si se come una, lo mataré. También quiero que vayas tú, podrás quedarte viendo por el ventanal todo lo que quieras sin que nadie te moleste.

Sexto y último: Volveré, no te desanimes. Solo quiero que cuando retorne todo esto haya acabado, ya no quiero volver a tener recuerdos horribles que lo arruinen todo.

Cuídate, por favor. Te contaré todo lo que hice cuando regrese.

PD. Te compré esos chocolates porque me parecía vergonzoso enviar solo papel y no sabía cómo llenar la caja. Soy un desastre con los detalles.

Hasta pronto, wedding planner.

InuYasha».

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Los días del calendario se iban volando. Marzo ya casi había llegado a su fin, Japón se movía, abril estaba por llegar y ese era un mes de mucho trabajo, al menos para los wedding planner y otros organizadores de eventos. Las ventas en el bazar empezaban a subir como locas, Ayumi y Kagome no daban abasto ya, pero los resultados eran favorables. Durante esos días tuvo que trabajar el doble, pero lo había logrado. Miroku y Sango cada que podían le echaban una mano y eso era de agradecer.

En todo ese tiempo no volvió a saber de InuYasha, bueno, no al menos de una forma tan directa y consistente; de repente Miroku decía que los Taishō se habían comunicado con él un segundo para saber que estaba bien. Ella se había quedado con aquella carta como lo único que necesitaba para seguir adelante y esperar pacientemente lo que él quisiera demorar. Admitía que todos los días lo extrañaba, pero podía vivir con ello.

En las noches esperaba un rato a que apareciera por su puerta, pero si todavía no era el día, pues había que seguir expectante.

Kagome no era de piedra, claro que lo extrañaba, con la vida, pero respetó tanto lo que decía esa carta, que cada vez que sentía que el pecho le dolía, iba a leerla y aplacaba todo en su corazón. En todo ese tiempo se había dado la oportunidad de aceptar sus sentimientos y le había hecho bien, mejor de lo que esperaba y también estaba dispuesta a ser sincera con él, la rechazara o no, porque era absurdo y horrible seguir con la amistad fingiendo que no tenía ganas de besarlo toda la vida si fuera posible. Además, tenía tan presentes sus labios sobre los de ella, eran como una marca que recordaba cada vez que anhelaba volver a verlo. Lo amaba tanto que le asustaba no haber amado así jamás. Ni siquiera a su ex…

A nadie.

Había terminado de lavar la loza y con la música a un volumen muy alto, cantó algo de la letra antes de dar por terminada sus labores del día. Viernes 30 de marzo, otro mes casi decía adiós por completo. Escuchó que tocaron el timbre y puso los ojos en blanco, de seguro era un vecino que vendría a molestarla por la música alta. Caminó hacia el estéreo, le bajó moderadamente y el timbre volvió a sonar.

—¡Ya voy! —Bufó. Se sacudió un poco la ropa y caminó hasta la puerta sin muchas ganas—. Diga-

—Uh, ¿estás molesta?

El corazón se le paralizó, juró que se quedó sin vida unos segundos, helada y estática. No, no, estaba soñando. Estaba soñando. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el alma le volvió al cuerpo y entendió que él estaba ahí. Otra vez. Había vuelto tal y como lo prometió. Le estaba sonriendo y esperando a que dijera algo, lo sabía por su expresión que, aunque renovada, estaba ansiosa y expectante. Sintió tanto amor dentro de su pecho que le fue imposible no empezar a llorar antes de siquiera poder abrir la boca. ¡Estaba ahí de nuevo!

—¡InuYasha! —Se lanzó a él con todas las fuerzas que tenía y fue recibida de esa forma también, con añoranza y la emoción propia de los reencuentros.

—Kagome… —movió los dedos entre el cabello azabache y apreció lo cálido que se sentía volver a estar así con ella. Era como llegar al hogar y ser recibido en un espacio seguro y cómodo del que no quería moverse más. Ella estaba llorando, lo notaba por los espasmos en su cuerpo, el corazón se le apretó…

¿Tanto lo había extrañado?

—Tonto, tonto —apretó con sus puños la ropa mientras se refugiaba en el pecho masculino, no tenía agallas para mirarlo a la cara. Toda su resiliencia se había ido al carajo una vez que lo tuvo en frente—, ¿en dónde estuviste todo este tiempo? —Volvió a estrecharlo con fuerza, como si la cercanía no fuera suficiente. Podía apostar que jamás había extrañado a alguien de esa forma, extrañado con cariño, con añoranza… era completamente distinto a todo lo que había experimentado.

—Lo siento por haberte hecho esperar tanto —le susurró, culpable. Había necesitado ese tiempo para él, de verdad tenía que hacerlo.

Después de unos segundos por fin la adrenalina se empezó a normalizar, los corazones parecían más tranquilos y las lágrimas de Kagome comenzaron a mezclarse con risas genuinas de alegría por tenerlo ahí. Le alegraba que él hubiera cumplido su promesa. InuYasha la tomó por los hombros para controlar hasta qué distancia quería que estuviera de él y no fue mucha.

Necesitaba mirarla de frente, ver sus ojos brillantes. No importaba cuánto hubiera dicho en esa carta, que deseaba tiempo a solas, la había extrañado como nadie se daba una idea en el mundo. Tal vez para todos era demasiado evidente, pero en ese tiempo que estuvo lejos de ella, tanto pudo dejar ir mil cosas malas como experimentó lo eternos que se hacían los días sin ella. Se dio cuenta de que aunque luchó contra todo, no pudo evitar que sus sentimientos salieran a flote, que aunque pidió disculpas y millones de veces se dijo que estaba confundido aquella noche, que ella estaba saliendo con alguien, que tal vez todo tenía solución, la verdad era que estaba ridículamente enamorado de ella.

De Kagome.

—InuYasha, hay algo que tienes que saber —le dijo entonces, lo trajo de nuevo a la realidad. Quizás ella tendría que aclararle las cosas, pero él también estaba dispuesto a ser sincero en ese momento o no lo sería nunca. La azabache tomó aire y con todos los nervios del mundo atacándola, lo tomó por las mejillas y se acercó a él—: yo te quiero.

Y lo besó.

»


Los clichés a veces son más difíciles de lo que parecen, en especial estas escenas dulces, Dios mío, llévame ya.

Me divierte mucho escribir este fic, tengo mil emociones y me siento como en 2015 cuando leía mucho este tipo de historias y yo quería también escribirlas, cuando hacer esto era más fácil (porque lo hacía peor que ahora, equisdé), volver a cuando era una adolescente de 16 años con toda la ilusión de los fanfics por delante. Es hermoso.

16 de julio. Ay, mis queridas lectoras, las que aún se acuerden de este fic, estoy muy triste por apenas aparecer luego de tanto. La verdad es que últimamente estuve ocupada y de bajón, pero después llegó mi hermana que está de vacaciones y he estado compartiendo mucho con ella. Lamento tanto la demora, espero sepan disculparme y si recuerdan todavía este fic, solo puedo agradecerles.

Quiero agradecer a la página Sra. Kagome por compartir mi fic en su página con una hermosa reseña. Aprovechar también para agradecer a Rosita por promocionar cada actualización en su página y en su grupo, además de enviar abrazos a Mundo Fanfics InuYasha y Ranma, quien asiduamente sube mis actualizaciones desde hace ya como dos o tres años.

Dejo mil perdones y besos a: Karii Taishō, Rodriguez Fuentes, Rosa Taisho, joiscar, , Benani0125, Marlenis Samudio, Invitado, Annie Perez, Susanisa, Carli89, MegoKa y Cindy Osorio.