Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Omegaverse, mención de Mpreg, yaoi…
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Sin importar el tiempo
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Capítulo 15
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Cuando la intensa luz se extinguió, permitiéndole a los presentes distinguir de nuevo el lugar en el que se encontraban, hubo un profundo silencio.
Frente a ellos las dos figuras que antes eran roca sólida iban convirtiéndose lentamente de nuevo en carne y hueso. Todos observaron cómo las siluetas de los dos ninjas más poderosos de la actualidad, el Séptimo Hokage y su compañero, el Hokage de las Sombras, volvían a la vida lentamente, recuperando el color incluso de sus ropas. Ambos hombres cayeron al suelo como peso muerto una vez liberados de la que había sido su prisión durante los últimos diez años.
Kakashi y Sakura fueron los primeros en reaccionar y se apresuraron a llegar donde ellos estaban. Al verlos, Menma y Minato tuvieron el impulso de seguirlos, pero Iruka los mantuvo en su lugar sujetándolos del hombro. Los dos chicos le dirigieron una mirada entre interrogante y desesperada, pero Umino no aflojó su agarre.
Al regresar su vista hacia donde estaban sus padres observaron como la pelirrosa inspeccionaba sus cuerpos inconscientes con total concentración, haciendo uso de su ninjutsu médico para evaluarlos. El Sexto se mantenía impasible a su lado, observando las figuras de sus antiguos estudiantes con ojos expectantes, esperando a que reaccionaran.
Shikamaru e Ino también miraban con atención, la mujer con las manos aferradas al pecho.
No tuvieron que echar raíces, ya que el rubio alfa pronto frunció el ceño y abrió los párpados con algo de esfuerzo, enfocando su mirada en el cielo del mismo color de sus ojos.
—Ugh, que alguien apague la luz…—murmuró con voz seca y ronca, sintiendo cómo la luz del día lastimaba sus sensibles pupilas por alguna razón, como si llevara mucho tiempo sin ver el sol.
Shikamaru suspiró y se llevó la mano a la frente con una sonrisa incrédula, aliviado de que el plan hubiera funcionado. También se escuchó un sollozo proveniente de la ninja médico, que no pudo resistirse a lanzarse a abrazar a Naruto mientras este intentaba incorporarse.
— ¡P-Pedazo de idiota! —sollozó, apretándolo con fuerza.
— ¿Sakura-chan? —musitó aturdido.
Kakashi sonrió bajo su máscara sintiendo cómo sus ojos se llenaban de lágrimas que no llegaron a resbalarse por sus mejillas y contempló a sus chicos, reunidos después de tanto.
— ¡No pueden volvernos a hacer esto, ¿me oyes?! —hipó, sin poder controlar su llanto, pero soltando su agarre para poder verlo.
Naruto estaba tal y como lo recordaba. Sus ojos, su cabello… Lo único que faltaba era la radiante sonrisa que casi siempre decoraba su rostro.
A su lado, el peliplata se arrodilló, encarando al rubio.
—Naruto. —intentó mantener la voz firme y que esta no se le quebrara por las emociones que estaba experimentando. — ¿Qué es lo último que recuerdas?
— ¿Kakashi-sensei? —parpadeó, reparando en la presencia de su maestro y predecesor. Lo notaba distinto, pero no podría señalar cuál era exactamente la diferencia. — ¿Se cortó el cabello?
—No. —puso los ojos en blanco. —Tú contéstame.
El Uzumaki se llevó una mano a la cabeza y rascó con distracción la base de su nuca.
—Sasuke y yo estábamos luchando… Espere, ¿y Sasuke? —se alteró momentáneamente y su vista se desvió a su alrededor, sin tardar en encontrar a su compañero acostado junto a él, con las cejas fruncidas y ojos entreabiertos.
— ¡Sasuke-kun! —exclamó Sakura en cuanto se percató de que el Uchiha había recuperado la consciencia y se apresuró a ayudarlo a incorporarse.
— ¿Qué ha ocurrido? —cuestionó claramente aturdido, sus ojos automáticamente buscando los de su marido.
Alivio bañó el rostro del rubio al ver que Sasuke se encontraba junto a él, sano y salvo. El Uchiha, por otro lado, desvió su oscura mirada de Naruto a Sakura, que no dejaba de llorar como una magdalena. Luego, a Kakashi, que se miraba mucho más cansado y hasta podría decir que había sumado un par de años desde la última vez que le vio. Por último, miró detrás de ellos a Ino, quién intentaba disimular las lágrimas, y a Shikamaru, observándolos en silencio.
— ¿Qué ha ocurrido? —repitió, esta vez con voz más centrada.
— ¿Qué es lo último que recuerdas? —Kakashi le dirigió la misma pregunta que previamente le había hecho a Naruto.
Este le sostuvo la mirada durante unos segundos antes de contestar.
—Estábamos en medio de una batalla con el tipo que creyó que podría hacerse con el Kyuubi. —habló con voz monótona. —Justo cuando dimos el golpe final, liberó una extraña energía que logró hacer que perdiéramos la consciencia.
Kakashi asintió, señal de que estaba escuchándole, y después suspiró.
—Lo que tengo que decirles no será fácil. —comenzó, intentando ordenar las ideas en su mente antes de tener que expresarlas. —Pero el golpe de energía que recibieron no les hizo únicamente perder la consciencia.
—Creíamos que habían muerto. —confesó Sakura, limpiándose las mejillas con el dorso de las manos. —Cuando los encontramos, sus cuerpos eran de piedra.
— ¿Piedra? —exclamó Naruto, estupefacto. — ¿Nos convertimos en malditas estatuas?
—Sí. —reconoció Kakashi. —Intentamos buscar algún indicio de que pudiéramos salvarlos, pero no lo conseguimos. Con el paso del tiempo, tuvimos que resignarnos a que no habría manera alguna de salvarlos y dejamos de intentar.
—Diablos…—soltó el ojiazul.
— ¿Cuánto tiempo? —fue la pregunta seca del pelinegro. El Sexto solo lo miró. — ¿Cuánto tiempo, Kakashi?
—Diez años. —soltó de golpe, no viéndole sentido a intentar darle vueltas al asunto.
Esas dos palabras parecieron tomar por sorpresa al matrimonio, quienes se quedaron en un estado de completo shock. Claramente no esperaban que Kakashi fuera a decirles que habían pasado diez años desde la última vez que se vieron.
—Fueron sus hijos quienes descubrieron que ustedes seguían con vida, solo que atrapados en cuerpos de roca sólida. —continuó al ver que no obtenía ninguna respuesta. —Dijeron que sintieron que las marcas en sus cuellos aún estaban cálidas, por lo que no podían estar muertos si su vínculo aún les unía.
El Uchiha se llevó una mano al rostro, mascullando una maldición. Su compañero intentó ponerse en pie con desesperación, siendo sujetado por Sakura cuando sintió que sus piernas le fallaban.
— ¡¿Diez años?! —exclamó el rubio, completamente trastornado. — ¿Cómo es posible que pasaran diez años? ¿Menma y Minato dónde están? ¿Están bien? ¡Kakashi-sensei-! —una mano en su hombro lo detuvo. Sasuke había conseguido levantarse solo, a pesar de que su cuerpo se sentía terriblemente acalambrado.
Sakura se apartó para darles espacio, viendo que Naruto ya podía sostenerse solo y no dependía de más de su ayuda.
Con el tacto de su compañero, el rubio pudo calmarse lo suficiente para darle lugar a Kakashi para que volviera a hablar.
—Ambos están bien. —se apresuró este a reconfortarlos. —Dieron todo de sí para poder liberarlos. Crecer sin sus padres fue difícil, pero nunca estuvieron solos.
El Uzumaki apretó los labios al escuchar a Kakashi hablar de sus hijos creciendo como huérfanos, sintiendo una punzada de dolor en el pecho. Lo que menos había querido es que sus hijos tuvieran que pasar lo mismo que Sasuke y él habían tenido que enfrentar. ¿Qué tan mala suerte debían tener para que la historia se repitiera de la misma manera?
— ¿Dónde están ahora? —preguntó el pelinegro, aferrando su mano en el hombro de su pareja.
En lugar de contestar, Kakashi se giró y pareció buscar algo con la mirada durante algunos segundos. Luego, alzó la mano como una señal.
Menma y Minato lo observaron desde lejos y sintieron las manos de su abuelo liberarlos de su agarre. Se giraron para mirarlo con duda en sus ojos, pero Iruka solo les sonrió y asintió con la cabeza.
Entonces, ambos corrieron hasta la enorme roca donde se encontraba el Sexto y subieron saltando. Ahí, a apenas unos siete metros de distancia, estaban sus padres. Esta vez de carne y hueso, respirando de pie frente a ellos.
A Menma se le cortó la respiración, vagas escenas de años atrás intentando inmiscuirse en su mente. Apenas los recordaba y, aún así, cuánto había logrado extrañarlos. Su hermano, en cambio, parecía haberse quedado paralizado. Al contrario de él, Minato no tenía ningún recuerdo de sus padres, ni el más mínimo de ellos. Era natural, considerando que apenas tenía un año cuando los perdieron. Había añorado tanto el cariño y amor de sus padres que ahora, teniéndolos delante, no sabía qué hacer.
—Menma, Minato. —la voz del Sexto los llamó, sus ojos sonrientes y expresivos. — ¿No saludarán a sus padres?
El mayor de los hermanos no pudo soportarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus piernas reaccionaron sin su permiso hasta que estuvo frente a ambos adultos y poder abrazarlos, casi tumbándolos de nuevo por la fuerza del impacto.
— ¡Mamá, papá! —lloró como un bebé sin siquiera pensar en sentirse avergonzado, un brazo rodeando a cada uno.
A pesar del aturdimiento ante la situación, tanto Naruto como Sasuke rodearon a su hijo con los brazos, sintiendo su desconsuelo. El Uchiha acarició con suavidad los cabellos de Menma, tan oscuros como los suyos propios, y dirigió su vista hacia su hijo menor, quien seguía de pie en el mismo sitio. Sakura se le había acercado y lo empujaba por la espalda, animándolo a acercarse hasta que estuvo justo frente a ellos.
Observó a su hermano sollozar y aferrarse a sus padres como si se le fuera la vida en ello y no supo qué debía hacer. Sus padres… ¿Lo querrían? Había pasado tanto tiempo y ellos recordaban un bebé. Él había dejado de serlo muchos años atrás.
Antes de que su mente divagara más, observó cómo una mano se extendía a él en una clara invitación. Cuando alzó la vista, se topó con los ojos de su madre por primera vez en su vida.
Dio un paso sin pensar. Luego dos. Luego tres. Luego lo siguiente que sintió fue un tacto cálido acariciarle la mejilla y terminó de acortar la distancia sin darse cuenta. Sollozó al sentir la misma mano deslizarse por su cabello y un agradable calor rodearlo entero. Despacio subió los brazos, uno de ellos aferrándose a su hermano y el otro a la ropa de Sasuke.
Nunca se había sentido tan… seguro, aliviado. Podría estar así para siempre.
¿Así es como se sentían los demás cuando estaban con sus padres? ¿Se sentían queridos y protegidos como si nada jamás pudiera dañarlos?
—No puedo creer que hayan crecido tanto. —masculló el rubio, apartándose ligeramente de su abrazo para poder ver a sus hijos. Menma era una copia suya de cuando tenía su edad, excepto que su cabello era tan oscuro como el de su pareja. Minato, en cambio, era totalmente idéntico a Sasuke, como si solo lo hubieran fotocopiado. —Supongo que en realidad han pasado diez años y no nos dimos cuenta. ¡Es una locura! —exclamó, extendiendo los brazos. Sus hijos parpadearon ante esto, aún intentando registrar que estaban escuchando la voz de su padre por primera vez en diez años. — ¿Seguro que no estamos en alguna especie de genjutsu?
Sasuke, quien había imitado a Naruto y se había separado de sus hijos para verlos, rodó los ojos.
—Lamento decirles que no. —volvió a hablar Kakashi, ignorando olímpicamente el hecho de que a Naruto pareció olvidársele el hecho de que él era inmune a cualquier tipo de genjutsu gracias a su condición como jinchuuriki.
— ¡Pero no tiene sentido! Apenas ayer Minato estaba intentando ponerse de pie por primera vez, ¡y ahora es una copia exacta de Sasuke cuando estábamos terminando la Academia! —expresó con un tono que los chicos no pudieron comprender. El Uchiha menor enrojeció ante las palabras del alfa. No es como si fuera la primera vez que le decían que se parecía a su madre, pero que fuera su padre quien lo dijera…
—Antes de que Naruto entre en crisis, creo que deberíamos ir al hospital. Necesitamos saber cómo están luego de una década convertidos en piedra. —habló Sakura antes de que el rubio continuara.
—Toda la aldea estará de celebración por el regreso de ambos, Séptimo. —Kakashi lo llamó por su título con una sonrisilla que se reflejó en sus ojos.
—Oiga, ¿y quién es el Hokage ahora? —si habían pasado diez años, era lógico que un nuevo Hokage hubiera sido escogido para mantener el orden en la aldea. En respuesta, el alfa peliplateado solo lo miró. — ¡¿Usted?! —exclamó incrédulo abriendo los ojos como platos. Seguidamente se cruzó de brazos y lo miró con desconfianza. — ¿No que detestaba el trabajo?
El aludido se encogió de hombros.
—Elegir a un nuevo Hokage tan pronto resultó ser muy problemático, sobre todo porque realmente nadie quería a alguien nuevo. Así que retomé el puesto. Supongo que utilicé el trabajo para sobrellevar la pérdida. —se lamentó consigo mismo. —Pero si quieres te devuelvo el sombrero ahora mismo. —se apresuró a decir, comenzando a imaginar todo lo que haría si volviera a retirarse. Tanto Naruto como Sasuke pusieron los ojos en blanco.
—Kakashi-sensei. —lo regañó la pelirrosa. —Podemos hablar de esto luego, ¿no le parece, sensei?
El Hatake suspiró sonoramente e inclinó la cabeza, derrotado.
Los dos chicos Uchiha observaron todas sus interacciones en silencio. El antiguo Equipo 7 conversaba como si fueran amigos de toda la vida y se hubieran visto por última vez hace no más de un par de días. Tal vez para Naruto y Sasuke fuera así, aunque este último realmente no había participado en la conversación, pero para Menma y Minato no lo era. Sus padres eran prácticamente unos desconocidos y, aunque añoraban poder hablarles, no sabían cómo ni sobre qué. Se sentían perdidos.
Los adultos debieron notarlo porque, de repente, todos se quedaron en silencio, observándolos. Kakashi les analizaba con atención y Sakura les sonrió, animándolos. El Uchiha mayor los miraba con un rostro carente de expresiones pero con una mirada suave y el Séptimo con cierta tristeza en sus ojos.
—Lo sentimos. —soltó entonces el rubio, curvando los labios ligeramente hacia arriba pero sin cambiar la expresión de sus ojos. —No fue nuestra intención dejarlos. Sabemos lo difícil que es crecer sin padres y lo que menos queríamos era que ustedes pasaran por lo mismo. —apretó los labios ligeramente con cierta frustración y buscó los ojos de su pareja por unos instantes, comunicándose sin palabras. —Estoy seguro de que no estuvieron solos. —continuó hablando. —Después de todo, tenemos unos amigos increíbles. —le dirigió una sonrisa a Sakura, quien se la devolvió con ojos brillantes. —Pero también sé que nada puede reemplazar a tus padres… o hermanos. —su vista volvió a desviarse a Sasuke durante unos segundos.
Armándose de valor, el mayor de los hermanos decidió hablar:
—Yo… Apenas podía recordarlos. —confesó. —A veces soñaba que mamá me arropaba en las noches o que papá me llevaba a pasear sobre sus hombros… Pero no sabía si eran solo eso, sueños, o si eran recuerdos. Minato era muy pequeño para recordar algo y nadie nos contaba nada. Y cuando lo hacían eran cosas pequeñas, como lo que les gustaba comer o cosas que hacían de niños en la Academia, pero no más. —su voz se tiñó levemente de angustia contenida, por lo que tuvo que hacer una pausa para tomar un poco de aire.
—Puede que ya no seamos como nos recuerden. —Minato continuó por él. —Menma-nii-san ya no es un niño pequeño y yo ya no soy un bebé, pero… A pesar de eso… ¿podríamos ser una familia otra vez? —terminó diciendo lo último como una pregunta llena de inseguridad.
—Minato. —el aludido se estremeció al escuchar por primera vez la grave y profunda voz de su madre, que no había hablado desde que llegaron. —Menma. —llamó también a su hermano. —Puede que ahora Naruto y yo seamos unos desconocidos para ustedes pero, sin importar el tiempo, ustedes son nuestros hijos.
El rubio a su lado asintió energéticamente.
— ¡Así es! Nosotros los amamos y siempre vamos a hacerlo, así pase un día o cincuenta años.
El pelinegro se les acercó y los rodeó a cada uno con un brazo, agachándose un poco para que pudieran ocultar sus rostros en el hueco de su cuello, permitiéndoles llenar sus pulmones de su aroma. Era tan relajante y cálido como lo recordaba, pensó Menma, y Minato solo pudo pensar que jamás había sentido un olor más reconfortante. Incluso llegó a ronronear suavemente cuando sintió cómo la mejilla de su madre se restregaba con suavidad contra su cabeza, repitiendo la acción con su hermano en un gesto típico de los omegas con sus cachorros.
Naruto observó la escena con una sonrisa, sus ojos capturando la imagen de Sasuke actuando de un modo tan maternal como solo lo había llegado a hacer en privado. Notó entonces que Sakura, Kakashi, Shikamaru e Ino ya no estaban presentes. Probablemente se habían apartado para darles un poco más de privacidad con los niños.
Con curiosidad, caminó hasta la orilla de la roca y se asomó a echar un vistazo. Abajo estaban varios de sus amigos, todos atentos a lo que ocurría en lo alto de la roca.
— ¡Hey, Naruto! —Kiba fue el primero en verlo y señalarlo.
— ¡Naruto!
— ¡Naruto-kun!
Gritos, vitoreos, lágrimas… Todo al mismo tiempo, tan abrumador, que el rubio no pudo hacer más que quedarse parado y observar. Al menos hasta que una mano tocó su hombro y se giró para encontrar el rostro de su compañero. Con una sola mirada se entendieron y, sin más, ambos saltaron de la roca seguidos de sus hijos, levantando una pequeña nube de polvo al aterrizar.
Todos se acercaron a la vez y pronto la pareja se vio rodeada de sus antiguas amistades, sonrisas y algunas palmadas en el hombro para Sasuke y abrazos asfixiantes para Naruto. Este último rio por las tácticas de sus amigos y se disculpó por el mal rato que les habían hecho pasar.
Todos sus amigos habían venido a ayudar a liberarlos: Kiba, Shino, Hinata, Shikamaru, Ino, Sai, Chouji, Lee, Tenten…
—Naruto.
El aludido volteó en la dirección donde había escuchado su nombre y se encontró a su querido maestro de la Academia, con lágrimas resbalando por sus mejillas pero una sonrisa en el rostro.
—Iruka-sensei. —aceptó el abrazo que el otro hombre le ofrecía. —Lo lamento, sensei. —murmuró al escucharlo sollozar.
—Tú y Sasuke definitivamente serán demasiado para mí algún día.
Naruto rio con ganas y apretó el abrazo, separándose algunos momentos después. Iruka se secó las lágrimas con la manga de su camisa con una sonrisa.
— ¡Esto hay que celebrarlo! —exclamó Kiba, alzando un puño en el aire, a lo que Shino a su lado suspiró con resignación y negó con la cabeza.
— ¡Nada de celebraciones! —lo interrumpió Sakura. —Esos dos tienen que venir conmigo al hospital hasta que me asegure de que de verdad están bien.
—No quiere decir que no podamos celebrar después de que salgan del hospital. —insistió el Inuzuka.
— ¿Saben? No me opongo a una celebración, pero… —Naruto intentó hablar, pero un bostezo lo detuvo. —Pero estoy tan cansado que podría dormir una eternidad.
— ¡No! —gritaron todos al mismo tiempo, sobresaltándolo.
— ¿Qué? ¿Qué dije?
—Ah, qué visión tan nostálgica. —murmuró Kakashi con una sonrisa.
El sol ya estaba a punto de ocultarse, coloreando el paisaje de tonos naranjas y rojizos.
Era hora de volver a casa.
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N/A: Finalmente sucedió :'D
Y cuando dije que el capítulo estaría listo esta semana, me refería a hoy jajajaja Solo le estaba corrigiendo unas cosas, pero ya estaba listo desde hace casi dos años.
Ojo, este no es el final del fic, pero sí es la escena que le dio origen a esta historia. Fue lo primero que escribí de este universo, así que le tengo cariño a este cap. También es el capítulo más largo hasta ahora, con más de tres mil palabras.
Espero que haya cumplido con las expectativas y díganme qué piensan y qué creen que pasará ahora 😀
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
