No sé ni por dónde empezar. Quizás lo primero es pedir disculpas por esta abismal tardanza, espero estén muy bien, estos años han sido difíciles para todos, y, ahora que emocionalmente me siento más estable, he podido ir retomando muy lentamente algunos proyectos de fanfics. Ánimo con el covid y también, ánimo a mis lectores de Colombia. Quizás por eso también me motivé a regresar a mis historias, porque precisamente la fantasía, la imaginación, todas esas cosas a mí me han resultado muy útiles para superar mis crisis de angustia, de depresión, de pánico, y de ansiedad, que empezaron poco antes del estallido social en Chile, mi país, y que fueron empeorando cada vez más. Espero mis fics sirvan para entretenerlos y sacarlos de cualquier situación difícil por la que estén pasando, aunque sea un ratito, me doy por pagada si logro sacarles aunque sea una sonrisa. Actualmente al fin tengo trabajo, y debo admitir que ha sido la mejor terapia de todas, pero tengo menos tiempo para fanfics, así que en mis ratitos libres me esmero en avanzar.

Gracias a todas esas lindas personas que me dejaron reviews en el último capítulo que subí de este fic, aún falta para terminarlo, pero, no me comprometo a nada porque siempre que digo algo no lo cumplo xD, solo disfrúten la lectura, y recuerden que la franquicia de SS pertenece a Kurumada.


El último llamado.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Acto IX

¿Nada pendiente?

"Tú eres diferente, no como los demás, has luchado siempre fiel a ti mismo"

Seiya escuchó la voz de las Hespérides dentro de su cabeza, y despertó tumbado de espaldas sobre un enorme prado, lleno de múltiples florecillas blancas y luminosas. Se quedó por unos instantes observando el oscuro firmamento sobre él, completamente lleno de miles de estrellas de todos los tamaños, y colores que se podía imaginar. Era una bóveda celeste similar a la que apreciaba en Okinawa, cuando salía de noche en su lancha, y se quedaba en mar abierto durante varias horas.

— ¿Estarás ahí toda la noche? — escuchó una voz familiar.

— Dicen que es el más perezoso de todos los caballeros de Athena— una segunda voz acompañó a la primera.

— ¿Seguro que este es el antiguo caballero de Pegaso? — una tercera voz se incorporó a la plática de las demás.

— Así parece—.

— No mide dos metros—.

— Tampoco se ve muy gallardo que digamos—.

— Sí, de varonil no tiene nada, más bien parece indigente —.

— Creo que Athena nos mintió, hasta tiene una leve pancita—.

— ¿Quién les dijo eso de mí? ¡Y esto no es una pancita…es fibra concentrada! — . Seiya se incorporó rápidamente gritando molesto ante aquellas calumnias, y no sólo espantó a las tres mujeres que estaban alrededor de él, también se dio cuenta de inmediato quiénes eran— ¿Las Hespérides? ¿Qué hacen aquí? — dijo confundido al reconocerlas.

Pero las Hespérides salieron corriendo despavoridas por el grito de Seiya.

— ¡Esperen! ¡No huyan! ¿Qué hacen aquí? ¿Vinieron a ayudarme con la dichosa manzana? —. Seiya corrió tras de las hespérides para interrogarlas. Cuando alcanzó a Hesperia, la del cabello de color rojizo, esta se esfumó en el aire, como un rayo de luz — ¡Maldición! — masculló el antiguo caballero de Pegaso, y entonces, empezó a correr tras las otras dos ninfas.

— ¡Maleducado! — gritó Egle, la de cabello anaranjado, cuando Seiya logró atraparla de su peplo. Le dio una fuerte bofetada, y al igual que su hermana, se esfumó en el aire.

Sólo le quedaba una hespéride que pudiera darle explicaciones, pero ¿Cómo haría para atraparla sin que desapareciera?

— ¡Tranquila hespéride! ¡No quiero lastimarte! — dijo mientras intentaba acercarse a ella.

— ¡No me toques! ¡Eres un bruto! — contestó Eriteis, la del cabello rosáceo, y tratando de huir del caballero de Athena, tropezó con un rosal silvestre, que clavó tres espinas en uno de sus descalzos pies, provocando que la ninfa cayera sobre el prado quejándose de dolor.

— ¿Ya ves lo que te pasó por juzgarme mal? Yo no soy bruto ni maleducado, pero ustedes dijeron cosas feas de mí cuando desperté, es lógico que me haya molestado y les gritara— se burló Seiya cruzando sus manos tras su nuca.

— ¡No te acerques! —. Eriteis elevó su cosmos y varias abejas aparecieron instantáneamente, y rodearon al caballero de Pegaso listas para atacarlo.

— ¿Otra vez las abejas? No voy a hacerte daño, calma, sólo quiero ayudarte, porque necesito respuestas— lentamente, Seiya se arrodilló junto a la hespéride, tocó su pie lastimado, y le quitó las tres espinas que la lastimaban — Listo, ahora deberás curarte esas heridas, y te recuperarás bien pronto—.

— No era necesario que hicieras esa tontería— contestó Eriteis, mientras su cosmos se elevaba, y al hacerlo, las heridas en la planta de su pie sanaron por completo, y las abejas desaparecieron — pero gracias, Seiya de Pegaso— dijo extendiéndole una de sus manos.

— Entonces ¿Me vas a decir cómo obtener esa famosa manzana de oro? — preguntó Seiya ayudando a la ninfa a ponerse de pie con mucha delicadeza.

— Quisiera hacerlo, pero hay un problema— acomodando su peplo, su tiara floral, y sus cabellos, Eriteis observó a Seiya fijamente por unos instantes— No hay dudas ni miedos dentro de ti, tu voluntad es firme, cuando llegaste a la isla tenías incertidumbre, pero apenas te interrogamos junto a tus compañeros en la entrada, te fortaleciste de inmediato, y no has vuelto a titubear—.

— ¿Qué quieres decir con eso? —. Preguntó Seiya sin entender la respuesta que le estaba dando la ninfa.

— Para poder obtener una manzana de oro, debes enfrentar lo más oscuro que hay dentro de ti, y que te impide hacer tu libre voluntad, cuando has superado la prueba que estos jardines te imponen, germina un manzano con el premio que tanto deseas— explicó Eriteis— No sabemos si es porque eres terco o porque realmente eres demasiado leal a Athena para cuestionarte a ti mismo, que no hay ninguna prueba para ti—.

— Pero ¡Eso es bueno! Si mi voluntad es fuerte, entonces, el manzano debería germinar por sí solo— contestó Seiya entusiasmado.

— Te equivocas, si no tienes nada a lo que enfrentarte, no hay ninguna razón para que hayas venido hasta este lugar— la silueta de Eriteis comenzó a iluminar con un brillante halo de color rosáceo.

— ¿Entonces el manzano no brotará? ¿Me quedaré aquí para siempre? — preguntó Seiya alarmado con las palabras de la ninfa.

— Quizás nunca debiste venir, Seiya de Pegaso — el resplandor de Eriteis encegueció a Seiya, su voz quedó resonando en el aire, y cuando él logró recuperar la vista, la hespéride había desaparecido.

— ¡Rayos! Si no iban a decirme nada, mejor ni se hubieran aparecido delante de mí a decirme que soy flojo e indigente— empezó a quejarse. Molesto, miró en todas direcciones, con la esperanza de hallar algo que pareciera un manzano, pero sólo pudo ver el prado de flores luminosas rodeándolo.

— Puede que esas hespérides tengan razón, y no tenga nada que hacer aquí, pero Athena me dejó esta última misión, así que conseguiré esa tonta manzana como sea, y por lo visto, aquí no hay ningún árbol, así que tendré que buscarlo por mi cuenta ¡Pero si encuentro la manzana, tendrán que pedirme una disculpa Hespérides, las maleducadas son ustedes! — gritó al cielo, y empezó a caminar al azar por el prado. Si algo lo caracterizaba, era no desistir de las empresas que se proponía, de niño siempre había sido así, y era algo que jamás cambiaría.

Acto X

Dudas.

Shun corría apresuradamente por el sendero de color magenta que lo conduciría hasta el corazón de la isla, donde se hallaba el templo de las hespérides, portando en una de sus manos la manzana de oro que ganó tras superar su prueba. Dentro de sí, se preguntaba qué clase de desafío estarían enfrentando Seiya, Shaina y June, si serían tan complicados como el suyo, o quizás peor, y anhelaba con fuerzas que todos tuvieran éxito en su misión, y pudieran regresar juntos a festejar el año nuevo en el yate de Hyoga.

El paisaje a su alrededor comenzó a cambiar. El sendero tomó tonalidades color marfil, y el espeso bosque se transformó en un huerto lleno de naranjos, cubiertos de frutos y flores de azahar.

Shun quedó embelesado por la belleza de los árboles, y la delicadeza de las blancas florecillas, así como su delicado perfume. Detuvo su apresurada carrera para deleitarse con el paisaje por unos instantes, y descubrió una pequeña vertiente que atravesaba parte del huerto.

— Ahora que lo pienso, no sé cuánto tiempo ha pasado de que comenzó esta misión, guiándome por el firmamento aún no amanece, pero tengo hambre y sed— dijo acercándose para beber un poco de agua. Se inclinó sobre la vertiente, el líquido se veía transparente y limpio, cogió un poco entre sus manos, pero antes de que pudiera posar sus labios, una voz lo detuvo.

— ¡No hagas eso Shun! — .

— ¿June? — dijo haciendo una pequeña pausa, ante la sorpresa de haberse encontrado en el mismo lugar — ¿Realmente eres tú o es una ilusión de este jardín? — preguntó dudoso, dejando que el agua fluyera entre sus manos sin probar ni una sola gota. Deseaba que se tratase de ella, pero por la dureza de su prueba, comprendió que no podía confiarse de nada ni de nadie dentro de esa isla.

— Tranquilo, soy yo— la arqueóloga le enseñó la manzana dorada que llevaba consigo, señal de que había superado su prueba al igual que él.

— ¡Lo lograste! Me alegro…pero ¿Por qué no puedo beber agua de esta vertiente? —. Shun preguntó con suma curiosidad ante la advertencia de June.

— Las hespérides sólo nos autorizaron a coger una manzana de oro de su huerto, cualquier otra cosa que tomemos lo considerarán como un sacrilegio, y nos quedaremos atrapados aquí por la eternidad— explicó.

— Comprendo, es una lástima, tengo muchísima sed, espero que terminemos esto pronto— contestó, esta vez poniéndose de pie — por cierto ¿Cómo sabes que nos quedaremos atrapados aquí si desobedecemos a las hespérides? —.

— Cuando robé el mapa de esta isla desde uno de los templos de Hera, alcancé a leer algunos manuscritos que hablaban de este lugar, por eso sé algunas cosas, aunque hay otras que para ser honesta, no las entiendo demasiado— June mencionó lo último rascándose la cabeza algo confusa, recordando su encuentro con los caballeros dorados, y suspiró más aliviada por haber pasado con éxito la prueba que se le había impuesto.

—Cierto, fuiste espía de Saori sin que nadie más lo supiera— murmuró Shun mirando con seriedad el rostro de la amazona.

A pesar de haber superado su prueba, y de manifestarle a Albiore su deseo de ir por June una vez más, aún le quedaban sentimientos encontrados por la amazona, por un lado, seguía amándola, pero por otro, le dolía que jamás le hubiese contado toda la verdad sobre ella, y deseaba una explicación, pero, no sabía cómo pedírsela ni mucho menos si tenía pleno derecho a hacerlo.

June por su lado, no contestó el comentario del caballero de Andrómeda, aunque lo había escuchado con total claridad. Ya no eran pareja, hace tiempo que había renunciado a él, sólo eran amigos, al menos, eso pensó cuando se abrazaron en el yate de Hyoga, así que, no le debía explicaciones a nadie, mucho menos a él.

— Será mejor que continuemos hacia el templo de las hespérides, algo extraño está pasando dentro de este lugar, por más que miro hacia el cielo para orientarme, siento como si el tiempo avanzara muy lento—. Shun hizo ademán de que debían continuar con su misión, y empezó a caminar por el sendero de adoquines del huerto de naranjos, en el cuál desembocó su propio sendero de color magenta, y el de June, que era de color turquesa, volviéndose uno solo, de color marfil.

La amazona le siguió, sin pronunciar palabra alguna por un buen tiempo. Avanzaron a paso veloz, sin mirarse, solo sintiendo la presencia del otro, mientras eran envueltos por el perfume de los frutos y las flores, hasta que repentinamente, la voz de June, destruyó el delgado cristal de silencio que los separaba, y se atrevió a decir lo que pensaba.

— Si hubiera dependido de mí, nunca te habría ocultado algo tan importante, pero Athena me ordenó votos de silencio sobre lo que hacía, hasta el día de mi muerte. Sin importar de quién se tratase, si el enemigo, o alguno de ustedes— la amazona habló con algo de tristeza en su voz, como si en el fondo, desease pedir una disculpa la cual no sabía cómo pronunciar— Una espía que no es capaz de engañar ni a su propia familia y amigos, no sirve para una misión, mucho menos, para proteger a Athena—.

— ¡June! — al escucharla, Shun detuvo sus pasos, y volteó para verla.

Ahí estaba, de pie, intentando mantener su semblante rígido, mientras sus ojos la traicionaban brillando por culpa de varias lágrimas cristalinas. Shun deseó abrazarla con todas sus fuerzas de forma impulsiva, pero temía que lo rechazara, por eso logró contenerse, dio unos cuantos pasos hasta quedar muy cerca de ella, y tomó sus pálidas y frías manos, entre las suyas, que estaban completamente cálidas.

El hilo rojo aún no desaparece, quizás no todo esté perdido— pensó, mientras sus ojos al igual que los de la amazona, comenzaban a nublarse.

— June, lo siento, de verdad, de haber sabido lo duro que fue para ti, no te habría presionado en aceptar a los caballeros dorados, tampoco habría sido tan ambiguo con nuestra relación— intentó explicar, pero ella puso uno de sus dedos en los labios del caballero de Andrómeda, para que se detuviera.

— También fue duro para ti, por la pérdida de Ikki y la de Saori, después de todo, ambos eran tu familia, yo, también lo siento, desde el fondo de mi corazón, por ser incapaz de comprender tu propio dolor—.

Ante aquellas palabras, Shun sintió que ya no había dudas ni sentimientos encontrados dentro de sí, la amaba, no quedaba nada pendiente, y se sintió completamente libre para poder dar el siguiente paso, como si esa fuera la señal que esperaba para sincerar su corazón.

— Entonces, volvamos a intentarlo, June, mi amor por ti no ha cambiado, nunca he dejado de pensar en ti, incluso, en los días más amargos de mi vida, cuando intenté olvidarte en los brazos de otras— dijo algo avergonzado de sus propias palabras, pero quería ser honesto, si estaban destinados a empezar nuevamente, tenía que ser sin mentiras, en completa y total transparencia.

— ¿Qué? — June lo miró boquiabierta, sorprendida por aquellas palabras, pero en lugar de dejarse llevar por la situación, de responder desde sus propios deseos, retrocedió bruscamente alejándose de Shun algo confusa.

No esperaba que algo así sucediera, sólo quería estar en paz con él, eso era todo, se supone que habían terminado hace diez años, que no había forma de arreglar las cosas, que Shun era una causa completamente perdida para ella, y ahora, estaba ahí, pidiéndole otra oportunidad ¿Y si aceptaba? ¿Y si volvía a equivocarse? O peor aún ¿Y si volvían a hacerse daño?

— June, por favor, respóndeme, sólo dime si estás dispuesta, y si no quieres volver a verme, te prometo que lo entenderé, pero, no me pidas que seamos amigos, porque no puedo serlo, si te veo con otro, no podré soportarlo ni menos perdonarme por ser en parte, responsable de ello—

Esta vez, la voz de Shun se quebró un poco, recordando con dolor las veces que vio en el perfil de Facebook de la amazona su relación con el hombre de turno, pero logró contenerse, y mirar con firmeza a la rubia arqueóloga, esperando alguna palabra que lo condujera al paraíso o al infierno.

Sin embargo, ella estaba completamente enmudecida por la situación, todo había sucedido de forma demasiado repentina.

Esto no debería estar pasando, sólo vine a una misión, no ha resolver cosas de mi pasado— pensó sintiéndose más abrumada a cada segundo. Ella también había espiado a Shun a su manera, durante esos diez años. Sabía de sus romances casuales con una que otra enfermera o psicóloga pasante dentro del hospital donde trabajaba, razón por la cual prefería mantener las distancias para evitar sufrir, y darse el impulso para buscar el amor en otros hombres, sin ningún buen resultado.

— ¿No tienes una respuesta? — insistió el caballero de Andrómeda comenzando a angustiarse, su peor temor, haberla perdido para siempre, se estaba volviendo una realidad.

— Creo que no es el momento adecuado Shun — June se atrevió a contestar finalmente— Estamos en una misión que aún no ha terminado…—.

— ¿Y eso te preocupa? Si dos personas se aman de verdad, no hay espacio para dudas, ni misión que usar como excusa para no decir lo que sientes…si es que aún lo sientes…porque ¿Aún me amas o ya me olvidaste? —. Esta vez, Shun habló con seriedad en su voz, a esas alturas ya estaba preparado para lo peor, y aceptarlo, para poder dar vuelta la página definitivamente.

June sabía que el tiempo se le había agotado, él, como nunca antes, había tomado las riendas de su propia vida, responsabilizándose de sus sentimientos y de sus relaciones. Ella debía responderle de la misma manera, o seguiría siendo la misma niña miedosa en cuerpo de adulta que lo abandonó hace diez años.

— ¡Shun! ¡June! ¿Qué hacen aquí? — la voz de Shaina interrumpió bruscamente la situación, antes de que la amazona de Camaleón pudiera articular palabra alguna. Ambos miraron hacia un sendero de color púrpura que aparecía entre medio de unos naranjos, y la inconfundible figura de la amazona de Ofiocus apareció corriendo en dirección hacia ellos.

— Cumplimos con nuestra misión, nos encontramos en este lugar por casualidad, descansamos un poco y retomamos el camino hacia el templo de las hespérides— contestó el caballero de Andrómeda disimulando la decepción en su rostro, al no haber obtenido una respuesta por parte de la mujer que amaba.

— Yo también cumplí con mi misión— Shaina les enseñó la manzana que llevaba con ella— ¿No han visto a Seiya? — dijo mirando a su alrededor por si lo encontraba.

— No, pero conociendo cómo es, seguramente ya debe estar en el templo, será mejor que continuemos o estoy seguro que se irá sin nosotros— señaló Shun empezando a correr por el sendero color marfil, Shaina fue tras él, ya que su camino se unía al de sus compañeros, mientras June los observó por unos instantes antes de seguirlos.

¡Qué oportuna es Shaina! — pensó— No estaba preparada para esto, pero, cuando esta misión termine, ten por seguro que te daré una respuesta Shun, por ahora, hay que concentrarse en salir vivos de aquí—.

Acto XI

Despejando el futuro.

Seiya caminó por un tiempo que le pareció eterno, cada vez que miraba la posición de las estrellas en el firmamento, para saber cuánto tiempo había transcurrido, sentía como si realmente nada hubiese cambiado, tampoco el paisaje a su alrededor.

— ¿Y si la noche es eterna dentro de este jardín? — pensó comenzando a impacientarse— ¿Si estoy dando vueltas en círculos? ¿O si esas hespérides me tendieron una trampa para que falle en mi prueba y no consiga la maldita manzana? —.

Esta vez, perdiendo los estribos, comenzó a correr sin dirección fija, mirando hacia todas partes enfadado, debía hallar alguna manera de cumplir la misión de Athena, por alguna razón, ella deseaba manzanas del huerto de las hespérides, y estas debían ser recolectadas por los sobrevivientes de la última guerra santa. Doce en total, porque sólo doce guerreros quedaron con vida tras la masacre de Zeus antes de perder su poder sobre el Olimpo.

Hyoga, Shiryu, Ichi, Nachi, Geki, Ban, Jabu, y Kiki, ya habían cumplido con la misión encomendada, sólo faltaban Shun, Shaina, June y él. ¿Qué ocurriría al finalizar aquella misión? Si él no tenía temores ni culpas, si el condenado manzano no emergía para darle de sus frutos, nada de lo que estaba haciendo tenía sentido alguno.

— ¡¿Por qué siempre yo, maldita sea?!— gritó frustrado al cielo estrellado sobre él, luego de correr por ese prado luminoso e infinito.

— Siempre haces lo que quieres conmigo, y lo peor de todo, es que lo sabes— empezó a refunfuñar contra Athena— me dijiste que era mi destino, nadie puede ir en contra de él, pero es irónico que, al mismo tiempo, también me dijeras que podía cambiarlo, porque era uno de tus caballeros de la esperanza ¿No es así? Porque, sin importar lo que pasara, siempre debía llegar hasta el final para proteger este mundo, y las personas que viven en él, pero…—.

Seiya hizo una leve pausa antes de poner en palabras lo que estaba sintiendo en ese momento, estaba realmente muy enfadado y confundido, odiaba esa situación con todo su ser.

— Pero, pese a que siempre llegué hasta el final, no soy feliz ¡Me oyes! ¿Y ahora me mandas a buscar una estúpida manzana a un huerto que jamás me la va a dar? ¿Acaso no te aburres de joderme la vida? ¿Qué clase de diosa eres? —.

Era el más leal a Athena, pero eso no significaba que fuera estúpido, como para decir que siempre estuvo a su lado plenamente convencido de su causa. La realidad era algo diferente. En primeras instancias, entró en el torneo galáctico para encontrar a Seika, luego, empezó a involucrarse en las guerras santas debido al hecho de que, si la humanidad era destruida, nunca volvería a ver a su hermana.

Había llegado incluso a desarrollar un cierto amor por Saori, que sólo quedó dentro de sí, sin revelarlo de forma explícita, hasta el día en que ella murió, y ya a lo largo de tantas contiendas, terminó por convencerse de que no había otra forma de socorrer a la humanidad y que era su deber, ético y moral, luchar como el Caballero de Pegaso, porque sólo los caballeros de Athena tenían el poder suficiente para enfrentarse al despotismo de los dioses. Tampoco era como si hubiese tenido otras opciones, considerando que era huérfano, no tenía mucha educación, y que había sido adoptado por su propio padre biológico para la causa de Athena.

Durante esos diez años, vivió con intensidad la pérdida de la dueña de la Fundación Graude, hasta que terminó aceptándolo, mientras la diosa, luego de consumir la vida de su habitáculo, ahora era reina del Olimpo, cumpliendo con ello, la profecía eterna de que los descendientes de Urano derrocaban a sus padres, para establecer sus propios imperios, en este caso, de la paz, el amor, y ante todo, la sabiduría. Pero ¿Cuál era la recompensa por todos esos años de servicio? La vida de un guerrero no era tan simple como algunos pensaban, eso de "morir con honor o vivir con gloria" no se aplicaba a todo el mundo, al menos, ese no era su caso.

Seiya sólo sabía pelear, y ponerle entusiasmo, esfuerzo y obstinación a las tareas cotidianas con las que tenía que vivir a diario, como ser pescador y guía para los turistas en su lancha. Intentó rehacer su vida en compañía de Miho, y una hermana que ya no lo recordaba, pero en el primer caso, la relación no funcionó, porque él no podía olvidar su vida de caballero, le costaba adaptarse al hecho de tener una vida normal, mientras que, en el segundo, había corrido con mejor suerte, al poder reconstruir sus lazos afectivos y de hermandad con Seika, aunque no volvieran a ser como los de antes.

Su relación con la sociedad era diferente, aunque estaba rodeado de muchos amigos, y los niños de su escuela de fútbol, siempre había una parte de él que no se identificaba para nada con su entorno, era como una pieza de rompecabezas en el juego equivocado, y por más que buscara la manera de encajar y sentirse pleno, no era capaz de conseguirlo, y ese sentimiento, era algo común a todos los demás sobrevivientes de la última guerra santa, caballeros y amazonas por igual.

Seiya estaba frustrado, gritando aquello que todos sus compañeros, en más de una ocasión, también desearon gritar con todas sus fuerzas, esperando una respuesta que jamás llegaría, o al menos eso pensaba, hasta que apareció esa carta que le ordenaba ir hacia una última misión, a la cuál no le veía sentido.

— No digas blasfemias en contra de Athena, Seiya, no te entrené para que te comportaras así—.

Una voz familiar, en ese instante, se atrevió a contestar su queja, dejándolo completamente sorprendido, ya que, no esperaba volver a oírla nunca más.

— ¿Marín? —.

Seiya miró en dirección hacia el lugar desde donde provenía aquella voz. Una luz pequeña brilló en el aire, como las luciérnagas que deambulaban sobre el césped y las florecillas luminosas, comenzó a crecer, hasta tomar la silueta de una mujer, y, ante el estupor del antiguo Caballero de Pegaso, la amazona de Águila se materializó delante de él, vestida con su armadura y su máscara, para darle un fuerte puñetazo en el rostro.

— Te dije que debes respetar siempre a nuestra diosa—.

Seiya, producto del golpe desprevenido, cayó al suelo con brusquedad.

— Esto es imposible, tú no puedes estar aquí, porque yo te vi morir cuando destruiste el ánfora de la ambrosía de los dioses, y a su guardián, Ganímedes—.

Al pronunciar aquellas palabras, Seiya recordó aquel crudo momento de su vida, en que había perdido para siempre a su maestra, una de sus más valiosas aliadas no sólo en cada batalla, sino que también, en su vida.

Para poder vencer a Zeus, era necesario cortarle aquella fuente de su eterna vitalidad. La ambrosía, la cual era custodiada por su copero personal, el príncipe Ganímedes. En la mitología, Zeus se había convertido en un águila para poder secuestrarlo y convertirlo en su amante, razón por la cual, el águila fue inmortalizada en el firmamento tomando forma de una constelación.

A través de los siglos, aquellos hechos fueron olvidados, pero no para la amazona del Águila, quién a su manera tenía claro que tarde o temprano, enfrentarse a Ganímedes era parte de su destino si sobrevivía a todas las anteriores guerras santas. Y así fue. Mientras todos los demás caballeros y amazonas de la orden encaraban frontalmente a Zeus, y June hacía el trabajo de espionaje encomendado por Athena en uno de los templos de Hera, Marín, en medio de la batalla, se escabulló en el templo de Zeus, hasta encontrar la sala en donde Ganímedes custodiaba el ánfora con la ambrosía.

Marín sabía que Zeus para poder volver a reencarnar, requería un sorbo de aquel néctar sagrado, antes de elegir nuevamente un habitáculo, y sólo destruyendo el ánfora y perdiendo el elixir, las guerras santas terminarían de una vez por todas y para siempre. La pelea contra Ganímedes fue una contienda sangrienta, Seiya estaba a punto de morir, pero su maestra logró salvarlo, enfrentándose al copero de los dioses de forma épica.

El precio, no obstante, fue su propia vida, pero no sin llevarse con ella también la del guardián del rey del Olimpo, además, ayudó a su discípulo dándole una pequeña gota de ambrosía que sirvió para regenerarlo y que pudiera regresar a la batalla, concediéndole con su hazaña, la mitad de la victoria a los caballeros atenienses que continuaban con vida, peleando por su amada diosa y sus ideales.

Seiya, debes seguir adelante, ve a ayudar a Athena y a tus compañeros, nos volveremos a ver algún día, cuando sea tu turno de partir, y este mundo para ti termine—

El antiguo Caballero de Pegaso recordó las últimas palabras de su maestra, y no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas por ello, había sido una despedida rápida, sin demasiados aspavientos, así era Marín, directa, como el ataque de las zarpas de un águila.

— La última vez que estuvimos cara a cara, dijiste que nos volveríamos a ver cuándo yo tuviese que partir, dime ¿Acaso estoy muerto o este lugar se conecta con los campos Elíseos? — dijo poniéndose de pie.

— Ninguna de tus alternativas es la correcta, Seiya— contestó Marín.

— No entiendo, entonces ¿Qué haces aquí? —.

— ¡Entonces me traes la manzana de oro! —. Seiya habló completamente ilusionado, pero por respuesta, obtuvo otro puñetazo en la cara que lo dejó tirado en el suelo nuevamente.

— No puede ser que olvides lo que te enseñé tan fácilmente, si quieres conseguir algo en la vida debes pelear por ello— la amazona de Águila se puso en posición de combate, y empezó a atacar a Seiya con rapidez.

El antiguo caballero de Pegaso esquivó con algo de dificultad todas las combinaciones de patadas y puñetazos con las que era atacado por su maestra. Marín no había perdido nada del poder de antaño, era veloz, ágil, y persistente, Seiya se sintió completamente fuera de práctica ante su rival, teniendo que esquivarla y bloquearla a duras penas.

Tal vez si me dejé estar en todos estos años, y puede que sí tenga algo de pancita— pensó antes de que las poderosas piernas de la amazona lo golpearan con fuerza en un colosal Eagle flash, que lo arrastró varios metros en el suelo, destruyendo el césped y varias de las flores luminosas del prado de las Hespérides.

— ¿Qué pasa Seiya? Eres todo un desastre de discípulo, no puedo creer que le encomendé la vida de Athena a un debilucho como tú— Marín se acercó a Seiya para darle su mano, y ayudarle a ponerse de pie, al menos, eso fue lo que él pensó, decepcionándose totalmente, cuando ella, aprovechando la situación, lo lanzó por el aire, para impactar su abdomen con los meteoros que salieron de sus puños. La misma técnica que el caballero de Pegaso había aprendido de su maestra.

— Maldición, estás yendo en serio, ya verás ¡Pegasus Ryūsei Ken! — antes de que su lastimado cuerpo volviera a chocar contra el suelo, Seiya logró estabilizarse, cayendo de pie, y de inmediato se impulsó en contra de Marín con el mismo ataque que había recibido de ella.

Pero para su desdicha, la amazona bloqueó absolutamente todos sus meteoros de Pegaso, a pesar de que él elevó su cosmos hasta el séptimo sentido, y, por ende, su técnica había sido ejecutada a la velocidad de la luz.

— Esos puños están dudando Seiya ¿Temes enfrentarte a mí porque soy tu maestra o hay algo más? — dijo la amazona con seriedad en su voz — No estoy para jueguitos tontos, o peleas como te enseñé, o te quedarás atrapado aquí para siempre—.

Marín elevó su cosmos, movió sus manos trazando los puntos de su constelación guardiana, y arremetió a su discípulo nuevamente con su versión del Pegasus Ryūsei Ken, elevándolo por los aires a punta de golpes.

— ¿Si te venzo podré salir de aquí? — Aquellas palabras hicieron que el antiguo caballero de Pegaso recuperara la moral ante la paliza que estaba recibiendo.

Tal vez las hespérides le habían mentido para que no cumpliera la misión de Athena, pero Marín le estaba dando una mano, como antaño, para que pudiera cumplir con su deber. De inmediato se puso de pie, y empezó a elevar su cosmos nuevamente, para lograr su cometido, derrotar a su maestra.

Con gran habilidad, logró detener el ataque de Marín, luego se posicionó tras ella, cogiéndola con fuerza, dio un poderoso salto elevándose varios metros, y entonces, se lanzó con su rival contra el suelo, para estrellarla y dejarla inconsciente.

— ¡Pegasus Rolling Crash! — dijo, mientras la gravedad sumada al poder de su cosmos, hacía su trabajo, y tanto Marín como él caían a viva fuerza, pero segundos antes de que efectivamente pudieran impactar contra la superficie, la amazona de Águila logró zafarse del agarre de Seiya, y con una fuerte patada lo volvió a estrellar contra el prado luminoso.

— ¡Maldición! ¿Por qué no puedo vencerte si estoy peleando con todas mis fuerzas? — protestó el antiguo caballero de Pegaso decepcionado por lo sucedido, mientras yacía tumbado en el suelo. Marín, de forma compasiva se acercó a él, y esta vez le tendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie, sin ninguna artimaña por detrás.

— Porque fuerza sin determinación, es sólo eso, fuerza, Seiya, la determinación la has perdido, puedo sentirlo a través de tus puños y de tus ataques— explicó.

— ¡Eso es mentira! ¡Las mismas hespérides dijeron que mi voluntad era fuerte! —.

— Sé lo que dijeron las hespérides, Seiya, cuando se trata de Athena y de los demás, tu voluntad siempre será fuerte, pero ¿Qué pasa cuando se trata de ti? — contestó la amazona de Águila.

— Cuando se trata de mí, pasa exactamente lo mismo, siempre logro lo que me propongo—.

— ¿Estás seguro? — .

— ¡Claro que lo estoy! —.

— Entonces, si estás tan seguro ¿Por qué no puedes salir de este jardín? — preguntó Marín esta vez.

— Porque para salir de aquí necesito encontrar un condenado manzano, pero resulta que, si no tengo problemas con Athena, o con mi vida de caballero, ese árbol jamás aparecerá, eso dijeron las hespérides— contestó Seiya cruzándose de brazos, y dejándose caer al suelo, frustrado.

— Seiya, las hespérides dijeron eso porque hasta ahora, en esta isla, todos tus demás compañeros han tenido que superar conflictos internos derivados de lo que me has dicho, pero tú, no tienes nada pendiente con Athena, tampoco te has arrepentido de ser un caballero que peleó en su nombre, pero eso no quiere decir que, en el fondo de tu corazón, no exista algo que te genere algún conflicto, es por eso que Athena te ha llamado a esta última misión—. Marín se sentó junto a si discípulo y continuó hablando calmadamente — Dime una cosa ¿Sería tan terrible para ti quedarte en estos jardines para siempre? —.

Aquella pregunta tomó desprevenido a Seiya. Desde que llegó el sobre que le había enviado Saori, pasó por una enorme cantidad de emociones, y aunque las primeras fueron de sorpresa, frustración, y disgusto, luego se fueron apaciguando, hasta transformarse en algo placentero. Después de tantos años, podría nuevamente hacer algo relacionado a su vida de caballero, era rememorar viejos tiempos, pero también exponerse a nuevas aventuras, en nombre de la diosa a quién juró proteger.

Por eso estaba en ese lugar, para cumplir la voluntad de Athena, que de alguna manera era la suya, podría haberse opuesto, ahora tenía toda la libertad de elegir entre acudir o no a su llamado, pero había llegado hasta El Pireo, precisamente para hacer lo único que el de verdad creía que podía hacer bien, ser un caballero ateniense.

Ya veo…Shaina me dijo algo similar a lo que estoy pensando, y estoy seguro que todos los demás vinieron hasta este lugar por las mismas razones, podemos vivir de muchas maneras diferentes, pero en el fondo, lo único que sabemos hacer es vivir y morir por Athena, pero ahora que el mundo está en paz, nosotros, muy en el fondo, ya no sabemos cómo vivir— pensó de forma reflexiva ante la pregunta de su maestra.

Marín dejó que su discípulo permaneciera en silencio, reflexionando sobre sí mismo, ese era el objetivo por el que Athena le ordenó esperarlo dentro del jardín de las Hespérides, durante todos esos años, antes de partir a donde ella deseara descansar. Sabía que existía la posibilidad de que su terco pupilo no aprendiera la lección, y se quedara ahí vagando para siempre, condenándola a ella también a ese destino, Seiya no se caracterizaba por ser una lumbrera intelectual e introspectiva, pero la amazona de Águila sabía que, aunque tardara, él hallaría la respuesta, sólo que tenían hasta poco antes del amanecer, y aunque esa isla tenía espacio y tiempo propios, en el mundo de los mortales ya eran cerca de las tres de la madrugada.

— La verdad Marín, no me importaría quedarme aquí por la eternidad— contestó repentinamente Seiya a su maestra.

— Cuida muy bien tus palabras— interrumpió esta, temerosa de lo que estaba escuchando.

— De que dejé de ser un caballero al servicio de Athena, no la he tenido fácil, ni siquiera a pesar de la fortuna que me heredó el viejo Kido. Estos diez años han sido complicados, mis días se volvieron monótonos, siempre he pensado de qué valió la pena sobrevivir a las guerras santas, si lo único que sé hacer es pelear por y para Athena, la sociedad en la que vivimos se me hace tan corriente, tan banal, mientras que todos nosotros, quienes sacrificamos nuestras vidas por la humanidad, permanecemos anónimos ante un mundo en donde la pobreza, la injusticia, la violencia siguen vivos de una u otra manera, y no, no es responsabilidad de los dioses, son las propias personas a las que protegimos todos esos años, quienes hacen de este lugar algo peor de lo que debiera ser, aún así, Athena decidió pelear por todos los seres de este mundo, porque por unos pocos no pueden pagar todos los demás, en eso la respeto totalmente, pero viviendo como una persona normal, no estoy satisfecho con lo que veo, pero también sé que no depende de mí—.

— ¡Seiya! ¿Estás renunciando a esta misión? — preguntó Marín poniéndose de pie, y parándose frente a su discípulo.

— Aún no he terminado — contestó el caballero de Pegaso, también poniéndose de pie, y miró a Marín con una ligera sonrisa — Si he de ser honesto, estoy más a gusto teniendo misiones porque es la única manera en la que hasta ahora he podido sentirme útil, por eso quedarme aquí por la eternidad no es un problema, pero, tengo tres poderosas razones para regresar a la vida normal que tengo en Okinawa—.

— ¿Cuáles son esas razones Seiya? — preguntó Marín.

— La primera es Seika y mis sobrinos, son mi familia, y la razón por la que mi vida de hombre normal es más soportable, quiero estar con ellos, verlos crecer, estar presente en sus vidas. Lo segundo es que, si abandono esta misión, le habré fallado a Athena y a Saori, creo que lo que ellas quieren es precisamente, que dejemos de sentirnos atados a ellas, ahora somos libres para vivir como lo elijamos, pero en todos estos años no hemos sabido cómo hacerlo, en mi caso, tampoco me había puesto a pensar en ello hasta ahora, si me quedo aquí para siempre, nunca sabré realmente si puedo vivir como un hombre normal, y si valió la pena cada sacrificio que hice por la paz en el mundo de los mortales, sería una derrota hacia mí mismo y no estoy dispuesto a aceptarla sin haberlo intentado—.

— Y ¿Tu tercera razón? — preguntó Marín notando que la sonrisa en el rostro de su discípulo se hacía más amplia.

— Es la más importante de todas, debo regresar al mundo fuera de esta isla, porque…me espera pizza y cerveza y me estoy muriendo de hambre— rió el caballero de Pegaso omitiendo que, en realidad, lo que él deseaba era volver a ver a Shaina, y seguir el consejo de Hyoga, darle una oportunidad, ya que después de tantos años siendo amigos por facebook, sabía que nadie lo comprendería mejor en el mundo que la antigua amazona de Ofiocus.

— ¿Pizza y cerveza? Seiya ¿Estás seguro? — preguntó Marín inquieta ante las últimas palabras despreocupadas de su discípulo.

— Sí, y te lo voy a demostrar con la fuerza de mis puños y mi nueva determinación— dijo Seiya tomando postura de ataque.

— Comprendo, más te vale que lo que dices sea cierto Seiya, o de lo contrario ambos nos quedaremos atrapados en este lugar por la eternidad— la amazona de Águila se alejó unos cuantos metros, y esperó expectante el ataque de su discípulo.

Seiya comenzó a trazar los puntos de su constelación en el aire con sus manos, las flores luminosas a su alrededor comenzaron a lanzar pequeñas esporas doradas al entrar en contacto con su cosmoenergía, un caballo alado espectral apareció tras él, relinchando de forma salvaje, cabalgando rápidamente hacia Marín y entonces, la voz firme del antiguo caballero de Pegaso resonó con fuerza en medio del jardín de las Hespérides.

— ¡Pegasus Ryūsei Ken! —. Y se arrojó con todas sus fuerzas contra aquella mujer que lo entrenó y lo vió crecer.

Marín hizo todo lo posible por frenar la técnica que ella misma le había enseñado a Seiya, en primeras instancias, bloqueó gran parte de los meteoros de Pegaso, pero se dio cuenta que sus puños ya no dudaban, el ataque se hizo a cada segundo muchísimo más veloz, hasta llegar a un punto en que la amazona ya no pudo ver los puños de su rival, y entonces, sintió los golpes en todo su cuerpo, y cayó con fuerza contra el prado luminoso.

— ¡Marín! ¿Estás bien? — escuchó que le gritaba Seiya en la distancia. Abrió los ojos luego de salir de su aturdimiento, y se dio cuenta que no sólo su cuerpo estaba maltratado, sino que también, su máscara se había destruido por completo.

— Felicidades Seiya, has pasado la prueba— sonrió mientras un manzano germinaba a su lado, cargado con las preciadas manzanas doradas de Hera.

— ¿Este es el manzano? ¿De verdad son manzanas de oro? Qué lástima que sólo me pueda llevar una, esas hespérides son unas tacañas, y luego me dicen que yo soy vago, perezoso y maleducado, pero en cuanto las vea me las pagarán — Seiya cogió una manzana, más aliviado, por unos instantes de verdad pensó que se quedaría ahí para siempre.

— Seguramente Hera no les habló bien de ti, Seiya— sonrió Marín también cogiendo una manzana del árbol— pero será mejor que te comportes cuando entregues esa manzana, sólo por si acaso, si las haces enfadar, quizás no te dejen volver, y con lo terco que eres, seguro que las provocas antes de terminar esta misión—.

Seiya rió ante el comentario de su maestra, nadie lo conocía tan bien como ella. La observó por unos segundos, y entonces, de forma inesperada, la abrazó con fuerzas.

— Gracias Marín, siempre has acudido en mi ayuda, no sé cómo hacer para pagarte todo lo que has hecho por mí, de que era un niño hiperactivo correteando por todos lados en el Santuario, y metiéndote en problemas con los demás—.

— Seiya, la mejor manera de pagarme, siempre ha sido el no rendirte, y luchar hasta el final, jamás lo olvides—. Marín acarició el cabello de su discípulo en un gesto maternal.

— ¿Qué harás ahora que he conseguido la manzana que me encomendó Athena? — quiso saber el Antiguo caballero de Pegaso.

— Iré donde mi alma descanse tranquila, en paz, al lado de quién amo— contestó la amazona de Águila— Han pasado muchos años, y sé que Aioria me espera en el Olimpo, junto a Athena—.

— Entonces, ve Marín, yo me aseguraré de no decepcionarte, hasta que algún día, nos volvamos a encontrar, cuando sea mi hora— Seiya liberó a Marín de su abrazo.

Ella le dio una mordida a la manzana de oro, y su cuerpo empezó a brillar hasta convertirse en una cálida llama de cosmoenergía que se elevó hacia el cielo, en dirección al Olimpo.

— Adiós Seiya, hasta que nos volvamos a ver— su voz resonó en el aire alrededor del caballero de Pegaso, mientras un camino de adoquines rojos se formaba en medio del prado. Seiya comprendió que ya no tenía nada más que hacer en ese lugar, y con lágrimas en los ojos, corrió por el sendero recién formado, con la manzana dorada al fin en su poder.

— Adiós Marín, y gracias—.

Acto XII.

Miedos.

Seiya corrió por algún tiempo, siguiendo el sendero de adoquines rojos. Ese encuentro con su maestra, y esa misión, en la cual comprendió que tenía un miedo muy profundo a vivir una nueva vida, aceptando que la anterior, como un caballero ateniense había llegado a su fin, le había dejado con una enorme sensación de alivio. Como resultado final, decidió seguir adelante, dando lo mejor de sí, no en vano sacrificó su infancia y su vida innumerables veces para alcanzar la paz, ya era hora que disfrutara de verdad aquello por lo que tanto luchó, sin ningún remordimiento.

Mientras más pensaba en ello, más se formaba dentro de él, el anhelo de ver a Shaina, ya que, durante el tiempo que se comunicaron por redes sociales, especialmente por whatsapp, se dió cuenta que ese temor a vivir de forma diferente, era algo común en ambos. Nadie podía entenderlo mejor que ella, y Seiya, estaba convencido en ese momento, que ningún otro hombre podía entender mejor a Shaina que él mismo.

— ¿Qué clase de prueba le habrá tocado? Espero que no sea algo muy duro ¿Estará bien? — pensó en voz alta— Aunque tratándose de Shaina, seguro que ya debe tener la manzana en su poder, y ahora, está enfadada en el yate de Hyoga esperando a que yo llegue para ir por la pizza y las cervezas…será mejor que me apure—.

Ante la sola idea de tener a la amazona de Ofiuco regañándolo en la primera cita, Seiya apresuró más su carrera, o sabía de sobra, que quizás lo lamentaría.

Instantes después, el camino lo guió por entre medio de unos tupidos helechos de gran tamaño. El antiguo caballero de Pegaso, pensó que ya no estaba dentro de un jardín, sino que ahora, estaba metiéndose dentro de una jungla, las hojas de las plantas, parecían enredarse alrededor de su cuerpo para impedirle avanzar, pero a viva fuerza, él las arrancaba molesto para poder seguir hacia adelante.

Tan empecinado estaba, que, cuando logró salir de entre los helechos, tomó impulso para correr nuevamente, sin percatarse que su sendero se unía a uno de color marfil, y que accidentalmente, alguien se cruzó en su camino, chocando bruscamente, y cayendo ambos al suelo.

— ¿Qué te pasa imbécil? ¿Por qué no te fijas por dónde vas? — escuchó que le gritaba una voz muy familiar, mientras le daban una golpiza en la cabeza — ¡Quítate de encima alimaña! —.

— ¿Alimaña? — dijo Seiya saliendo de su estupor, dándose cuenta que había chocado y caído fuertemente contra Shaina— Yo soy un Pegaso, tú una cobra, así que, técnicamente, la alimaña aquí eres tú— contestó molesto por el insulto.

— ¿Eres tú Seiya? — Shaina no se había dado cuenta que se trataba del antiguo caballero de Pegaso, ella sólo iba corriendo por el sendero junto a Shun y June, cuando vio salir de entre medio del bosque, un helecho gigante con piernas que se estrelló con ella.

— ¡Seiya! ¡Shaina! ¿Están bien? — preguntó Shun acercándose a ellos para ayudarles.

— ¿Cómo sabes que esa cosa es Seiya? — preguntó June, cruzada de brazos, mirando a Shaina tirada en los adoquines, con una planta humanoide sobre ella.

— Porque tiene su voz— explicó Shun ayudando a su amigo y medio hermano a pararse.

— Podría ser una trampa de este jardín— insistió June.

— ¿Trampa? ¿De qué están hablando? — se quejó Seiya.

— ¿De dónde vienes? Tienes hojas de helecho enredadas por todo el cuerpo— le explicó Shun. Sólo entonces, Seiya se dio cuenta que estaba cubierto de hojas por todas partes, y de inmediato empezó a quitárselas.

— Entonces, sí eres Seiya…— Shaina algo aturdida aún por el golpe, quedó algo cabizbaja, para variar lo había tratado mal, era como empezar con el pie izquierdo otra vez.

— ¿Cómo se me enredaron todas estas cosas en el cuerpo? Ya veo por qué me trataste de alimaña— comenzó a reírse Seiya, y sin hacerse mayores problemas, extendió su mano, para ayudar a la amazona a ponerse de pie, la cual, aun avergonzada, terminó aceptando aquel acto de caballerosidad del antiguo caballero de Pegaso.

— ¿Conseguiste la manzana de oro? — preguntó Shun a Seiya, cuando este terminó de auxiliar a Shaina,

— Pues claro, aquí la tengo— asintió, enseñándole el fruto que llevaba guardado dentro de su chaqueta.

— ¡Cuánto me alegro! Nosotros también lo logramos — dijo Shun enseñándole la suya, al igual que Shaina y June.

— ¡Excelente! Ahora debemos ir a dejarlas al templo de las hespérides, y así, podremos ir a festejar el año nuevo al fin— Seiya ya tenía bastante hambre a esas alturas, y lo único que deseaba era terminar luego esa misión.

El grupo siguió corriendo por el camino de adoquines de color marfil. Shun y Seiya iban delante, mientras que June notó que Shaina se iba quedando un poco atrás, y decidió disminuir su carrera para ver qué le sucedía.

— ¿Estás bien? ¿Te lesionaste al chocar con Seiya? — preguntó cuando se distanciaron un poco de los demás.

— No es asunto tuyo — contestó Shaina con hostilidad.

— Oye, no es necesario que te hagas la dura conmigo, somos algo parecidas y lo sabes, puedes confiar en mí, aunque sólo nos comuniquemos por chat— insistió June.

Shaina suspiró apesadumbrada, y luego de pensarlo por unos breves segundos, decidió abrir su corazón. Después de todo, ninguna otra mujer fuera de Marín y June, podría entenderla mejor en ese momento.

— Volví a hacerlo—.

— ¿Hacer qué? — preguntó June sin comprender a qué se refería su amiga.

— ¡Volví a tratar mal a Seiya! — dijo esta vez Shaina ofuscada.

— Fue un accidente, te tomó un helecho gigante con patas por sorpresa, no somos doncellas, es natural que hayas reaccionado así— June habló con total honestidad, ya que así es como ella había percibido el asunto, pero notó en Shaina una expresión de confusión, algo poco característico en ella.

— Por chat nuestra relación es muy diferente, pensé que la época en que lo perseguía para matarlo y vengarme había quedado atrás, pero en este viaje, ya es la segunda vez que lo golpeo y le digo cosas feas ¿Por qué no puedo ser dulce con él? Como lo fue…—.

— Porque Saori y tu son dos personas diferentes, con vidas muy distintas, ella fue educada como una señorita de alta sociedad, y nosotras como un soldado— contestó June sabiendo a quién se refería la antigua Amazona de Ofiuco.

— Pero yo no busco ser como ella, sólo quiero empezar de cero con Seiya, eso es todo, y a base de golpes e insultos, sé que no lo lograré—.

— Dime una cosa ¿De qué se trató tu prueba para conseguir la manzana de oro? —.

La pregunta de la antigua amazona de Camaleón incomodó por unos instantes a Shaina, pero finalmente terminó contándole que debió enfrentar a la propia Athena, a quién siempre vio como su rival más poderosa. June la escuchó sin hacerle ninguna recriminación, y cuando su amiga terminó de contarle lo sucedido, ella sonrió con una inusual dulzura, como si por un instante, hubiera regresado a ser la chica que vivió junto a Shun hace diez años, y no la mujer agria del presente.

— ¿Recuerdas que en el yate de Hyoga te dije que lo único que te separa de Seiya es tu propia inseguridad? Veo que, aunque resolviste tu conflicto más doloroso con Athena, aún te queda la aceptación de Seiya pendiente, y estoy segura que temes que Saori aún sea un fantasma poderoso que le impida siquiera darte una oportunidad, al menos, eso es lo que puedo apreciar de lo que me cuentas—.

Shaina dejó de correr, paró en seco, y apretó los puños casi temblando.

— Me molesta que tengas la razón— dijo en voz alta a su amiga quién también detuvo su carrera— Todos estos años, al igual que tú, he tenido algunos novios, otros amantes fugaces, ninguno realmente logró comprenderme, y Seiya, sigue siendo el único capaz de ver más allá de la máscara invisible que aún sigue cubriendo mi rostro—.

— Entonces ¿Qué te detiene Shaina? — .

— La misma razón que a ti te impide rehacer tu vida con Shun— rebeló Shaina de forma imprevista ante una sorprendida amazona de Camaleón— No pongas esa cara de tonta, sé que Shun te ofreció estar juntos de nuevo, alcancé a escuchar lo justo y necesario, y sé que tu también tienes miedo a amarlo de nuevo, a que te corresponda, pero la sola idea de fracasar, te provoca un terror mucho más abrumador que lo anterior—.

— ¡Vaya! Felicidades, la dura Shaina ahora tiene la habilidad de leer los corazones de los demás, eso sí que no me lo esperaba—.

— ¡No seas sarcástica! Estoy hablando en serio— dijo Shaina defendiéndose ante las palabras de su amiga.

— No soy sarcástica, sólo digo la verdad, antes jamás te habrías puesto en el lugar de otros, ni mucho menos te habrías esforzado en tratar de entenderlos— continuó hablando June— Sí, tienes razón, temo volver a caer en los mismos errores del pasado con Shun, pero, tu caso es diferente, debes alegrarte Shaina, algo en ti ya ha cambiado, estoy segura que si se lo preguntas a Seiya, si hablas seriamente con él, abriendo nuevamente tu corazón, como aquella vez que lo protegiste de Aioria, existe una posibilidad muy alta de que tengas al fin esa oportunidad que tanto has deseado—.

— ¿Cómo estás tan segura? — preguntó Shaina incrédula.

— Cuando dos personas tienen química entre ellas, es como si vivieran en un mundo paralelo a este, aunque estén rodeados de otras personas a su alrededor, incluso aunque estén con su grupo de amigos. Se nota en su lenguaje, en sus expresiones corporales, en la forma en que se miran, en la complicidad que tienen, puede que no te hayas dado cuenta, pero yo sí, estoy segura que le agradas mucho a Seiya, Shaina, sólo debes dar el paso final—.

— ¿Y si no resulta? ¿Si Seiya me rechaza? ¿O si lo intentamos, pero acaba mal? — contestó Shaina con brusquedad en su voz.

— No creo que eso pase, pero si así fuera, al menos pusiste todo de tu parte, y lograste salir de las dudas, y Seiya es muy honesto, dudo que te engañe, o que quiera jugar contigo, créeme, no perderás tu tiempo en preguntar—.

— ¿Y tú y Shun? — .

— Me dijiste lo mismo en el yate— suspiró June incómoda con aquella pregunta, rascándose la cabeza— La verdad, esperaré a terminar esta misión y hablaré seriamente con él, aunque veo difícil que las cosas se puedan arreglar, yo tengo mi vida en Aksum, en la universidad, en mis investigaciones, él tiene la suya en Tokio, en su hospital, lo mejor sería que cada uno siga su camino, compaginar nuestros ritmos es algo complicado—.

— ¿Me dices a mí que insista y tu te cruzas de brazos? — protestó Shaina.

— No es lo mismo, Shun y yo convivimos un tiempo, tuvimos una relación de pareja que se terminó dañando, tú en cambio, tienes toda una vida que iniciar con Seiya si finalmente terminan juntos, ánimo Shaina, y ya apurémonos, los demás deben estar en el templo de las Hespérides y nosotras perdiendo el tiempo aquí, en una conversación que ya tuvimos en el yate, no sé tú, pero yo me muero de hambre, y una buena copa de vino me sentaría muy bien—.

Mientras ambas mujeres retomaban su recorrido por el sendero de marfil, Shun y Seiya se dieron cuenta que ellas ya no les seguían, y se detuvieron para esperarlas un poco, si no aparecían pronto, irían a buscarlas, quizás podría haberles sucedido algo.

— Espero que estén bien— dijo Shun preocupado.

— ¿Hace cuánto crees que se hayan separado de nosotros? Yo ni me di cuenta— comentó Seiya.

— No lo sé, para serte honesto, apenas empezamos a correr supuse que nadie se perdería y sólo me dediqué a avanzar— suspiró el antiguo caballero de Andrómeda pensando en que, en realidad, no tenía ganas de ver a June luego de su última conversación, y por eso no quiso mirar hacia atrás mientras corrían rumbo al templo de las Hespérides.

— Espero que a esas ninfas locas no se les haya ocurrido someternos a otras de sus pruebas raras—.

— ¿Por qué lo dices Seiya? ¿Qué tipo de prueba tuviste que superar? — . preguntó Shun con curiosidad.

Con algo de indignación, el antiguo caballero de Pegaso le narró a su amigo, cómo las hespérides no tenían idea de por qué él estaba en su jardín, que se burlaron de él, tratándolo de vago y hasta se atrevieron a decir cosas de su pancita, luego le explicó su encuentro con Marín, y de cómo obtuvo la manzana de oro.

— Espero que esta misión tenga de verdad algún sentido, o me quejaré en el Olimpo, escribiré una carta de reclamo, y me van a escuchar, es más, llamaré a mi abogado, los demandaré y haré que Athena tiemble, y tendrá que pagarme una indemnización por daños a mi imagen pública—.

— ¿Eso se puede hacer? Jamás he escuchado de una demanda en contra de un dios — preguntó Shun sorprendido de las palabras de Seiya.

— No lo sé, pero que los héroes de la mitología no hayan demandado a Zeus o a Athena, no quiere decir que a mi no me vaya a resultar—. Comentó el antiguo caballero de Pegaso cruzándose de brazos.

— A veces tienes ideas muy raras ¿Lo sabías? — Shun logró sonreír ante la sola idea descabellada de Seiya, y sintió que el malestar que llevaba dentro de sí, se diluía un poco— Pero, encuentro que tienes toda la razón—.

— ¿En lo de mi demanda? — Seiya miró a Shun impresionado de que él le diera la razón. En el fondo él sólo lo había mencionado para descargar su molestia, nada más.

— ¡No! Claro que no, me refiero a tu prueba, y tu temor de vivir una vida normal, dejando atrás nuestra vida de caballero. Pienso en esos meses en que viví con June hace diez años, cada uno estaba pasando por un proceso muy duro, yo siempre estaba temeroso de que apareciera un nuevo enemigo que enfrentar, tenía el sueño muy ligero, despertaba por cualquier cosa, y ella, ahora que entiendo lo que de verdad hacía, como espía de Athena, me calzan muchas cosas, como el hecho de que pasara noches completas en vela, o que escondiera siempre su látigo debajo de la cama. Fuera de nuestros propios problemas, vivíamos en una constante paranoia, luego de que ella me dejó, tardé mucho tiempo en tener los hábitos de un hombre normal, y eso que, de todos, el que más deseaba una vida tranquila era yo—.

— Sí, realmente, fueron tiempos muy duros— Seiya bajó la mirada algo avergonzado. En ese entonces, había sufrido muchísimo por Saori, también por Marín, y por Ikki, al punto de que se olvidó de los demás— Siento no haber sido de mucha ayuda para ti, para Hyoga, Shiryu y los otros—.

— Yo también lo siento Seiya, me encerré en mi propio dolor, y no fui capaz de hacer nada, ni por ti, ni por June, tampoco por Hyoga, ni Kiki, ni Shiryu— Shun también bajó la mirada, avergonzado— Sería lindo poder recuperar el tiempo perdido, harías las cosas diferentes esta vez—.

— Bueno, cuando entreguemos las condenadas manzanas, podrás hacerlo— sonrió Seiya muy optimista.

— Lo dudo, quería de verdad intentarlo una vez más con June, pero cuando se lo propuse, no fue capaz de contestarme, ya me resigné a que la perdí— esta vez, Shun no pudo contenerse, y unas cuantas lágrimas cristalinas resbalaron por sus mejillas.

— ¡Oye! No digas eso, recuerda que nosotros siempre peleamos con todo en nuestra contra, y logramos salir siempre victoriosos— Seiya se acercó a su amigo, y puso una de sus manos en su hombro en un gesto de apoyo.

— Fue diferente, porque eran ellos o nosotros, pero no puedo obligar a June a que me ame si no lo desea, es horrible, sé que ella está sola en este momento, si al menos me dijera que ama a otro, tendría una excusa real para olvidarla, pero no, no dijo nada, la única respuesta es que no me quiere—.

— Pero tal vez está confundida, por todo, no sabemos qué tipo de prueba pasó dentro de este jardín, en el yate ustedes lograron limar las asperezas del pasado, después de no hablarse por diez años, quizás ella necesita tiempo Shun, y tu, perseverar, conquístala de nuevo, después de todo, ya eres un hombre mayor, no somos los críos de hace años, y tu has cambiado, eres más seguro de ti mismo, sólo con June tu universo se tambalea, si le demostraras esa seguridad, tal vez ella confíe nuevamente en ti—.

— Puede que así sea, Seiya, pero yo en el juego del amor, ya me siento demasiado cansado—.

— Shun ¿De verdad te vas a dar por vencido sabiendo que ella es el amor de tu vida? — dijo esta vez Seiya de forma impulsiva y directa, casi como regañando a su amigo por su decisión.

— Ya no lo soporto más, como hombre, también debo saber cuándo darme por vencido, y aceptar esta derrota— contestó el antiguo caballero de Andrómeda, con la voz quebrada, completamente resignado.

— Esta bien, sólo espero que no te arrepientas de esto Shun— dijo Seiya preocupado.

En ese momento, Shaina y June lograron alcanzarlos, al verse, tanto las dos mujeres como el antiguo caballero de Andrómeda, se sintieron algo incómodos, en cambio Seiya, completamente optimista los instó a seguir avanzando hacia el corazón de la isla.

El grupo corrió otro buen trecho, hasta que el sendero de marfil se terminó, y se hallaron frente a una enorme y espantosa estatua de piedra, de una criatura con cuerpo de dinosaurio, y cien cabezas que surgían de cien alargados cuellos, y tras de esa extraña decoración, se alzaba el majestuoso templo de las Hespérides. Finalmente, habían llegado al punto donde culminaría su misión ¿Cuál era la última voluntad de Athena para cada uno de ellos? Eso estaban a punto de averiguarlo.

Continuará…


Quería algo más dramático para Seiya, pero siendo bien honesta conmigo misma, él es el más optimista y resiliente de todos los chicos de bronce, no me lo pude imaginar depresivo ni destrozado más de 5 minutos xD si hay algo que lo caracteriza y me encanta, es que él tiene mucho coraje y es de mente bastante simple, es un tipo muy sencillo.

Quedo atenta a sus reviews. Abrazos y nos leemos en el próximo capítulo.

Mel ;)