El último llamado.
Por Mel-Gothic de Cáncer.
Acto XIII
El último tramo.
─ ¿Qué es esta cosa tan fea? ─ Seiya fue el primero en emitir su opinión respecto de la imponente estatua─ Si yo soy un vago indigente, las Hespérides son vagas pero de la decoración─.
June y Shun rieron ante el comentario del antiguo Caballero de Pegaso, mientras este observaba con curiosidad la pétrea criatura de apariencia grotesca con sus múltiples cabezas.
─ ¿Y si te dijera que esta cosa es un dragón y es un antepasado de Shiryu?─ dijo June acercándose a la estatua.
─ ¿Bromeas? ¿Esta cosa es un dragón y tiene que ver con Shiryu?─.
─ Sí, se llama Ladón. En la era del mito, la diosa Hera no confiaba en las Hespérides para que cuidaran las manzanas de su jardín, por eso lo envió, para que también fuera el guardián de este lugar, se dice que era muy poderoso y que cada una de sus cabezas podía hablar un idioma diferente, Heracles fue quién lo mató mientras realizaba una tarea similar a la de nosotros, aunque él debía robar las manzanas de este huerto, no tomarlas con el permiso de las ninfas, y Hera, agradecida por los servicios prestados por Ladón lo inmortalizó en el firmamento dando origen a la constelación de Shiryu─. Explicó la antigua amazona de Camaleón en vista de que Seiya una vez más ignoraba por completo la mitología griega.
─ ¿Y por qué Shiryu no tiene cien cabezas?─ quedó pensando el antiguo caballero de Pegaso en voz alta, mientras imaginaba que a su amigo le salían otros 99 Shiryus del cuello─ debe ser porque se fusionaron todas dentro de la suya, y por eso es tan inteligente, aunque nunca lo he visto hablar cien idiomas─.
─ ¿Y los cien dragones de Rozan?─ pensó Shun en voz alta imaginando algo similar a Seiya, pero fue interrumpido por la antigua amazona de Ofiocus.
─ ¿Podrías dejar de estar pensando cosas raras? No sé ustedes, pero yo tengo hambre y quiero cumplir esta misión lo más pronto posible─ A esas alturas, ella estaba comenzando a impacientarse, en especial por la promesa de la pizza con Seiya una vez terminada esa tediosa tarea.
─ Es verdad, debemos entregar estas manzanas antes del amanecer, será mejor que nos demos prisa─ agregó Shun dando unos cuantos pasos por delante de los demás.
─ Sí, pero...─ continuó hablando Seiya apoyando el brazo en una de las cabezas de Ladón.
─ ¿Pero qué? ¿Qué pasa ahora?─ contestó Shaina irritada. Odiaba estar tan cerca de cumplir con su objetivo y detenerse por nimiedades, más aún por una estatua tan horrorosa como la que tenían delante.
─ Es que si ese tal Ladón es tan importante ¿No habrá algún guerrero de Hera que tenga su armadura o algo así? Se me hace raro que esté esta estatua aquí, tan fea, ni siquiera decora, al menos debería tener alguna utilidad como vigilar este huerto─ explicó Seiya mirando cada una de las cabezas del dragón con una sensación de desconfianza.
─ Si Ladón estuviera aquí, ya nos habría atacado Seiya, no tienes de qué preocuparte, vamos a buscar a las Hespérides y a terminar esta misión, yo también tengo hambre al igual que Shaina, y una copa de vino me sentaría muy bien─ dijo June amablemente, instando a Seiya para que los siguiera.
─ Es cierto, además, ya sabes como son los templos de los dioses, suelen ser bellos, pero siempre hay alguna cosa fea e inútil entre la decoración─ dio su opinión Shaina.
─ Eso es cierto─ pensó Seiya en voz alta apoyando el comentario de la amazona de Ofiocus─ Bien, Ladón, te dejo, no eres de mis esculturas favoritas, pero prefiero que seas una horrenda estatua a que seas real─.
El caballero de Pegaso le dió un ligero golpe a la cabeza en la que se había apoyado, e instantáneamente esta se hizo trisas, dejando al dragón mitológico con 99 cabezas.
─ ¡Rayos! ¡Lo siento Shiryu! ¿Qué haré ahora? ¿Las hespérides me lo cobrarán?─ Seiya de inmediato intentó colocar la cabeza en su sitio.
─ ¡Eso te pasa por andar tocando las cosas sin permiso!- Shaina intentó ayudarle a poner la cabeza en su sitio, pero esta se cayó nuevamente, haciéndose añicos al igual que el resto del cuello que conectaba esa cabeza con el resto del cuerpo del dragón.
─ No pensé que fuera tan viejo─ se defendió el caballero de Pegaso poniendo sus manos tras su nuca, en un gesto despreocupado, mientras contemplaba el desastre─ Es solo una cabeza de 100 en total, no creo que las Hespérides lo noten─.
─ Entonces mientras más pronto nos movamos, menos tiempo tendrán de darse cuenta de que a Ladón le falta una cabeza─ dijo esta vez June, sin contener la risa que le daba la situación.
─ Es verdad, ya, tenemos que irnos─ agregó Shun tratando de disimular también la gracia que le provocaba.
Seiya tomó los trozos de piedra, y los escondió tras unos arbustos, y después de ello, los cuatro retomaron su marcha avanzando por los jardines que rodeaban .
§§§
Los últimos pasos que dieron antes de llegar al frontis del templo, fueron mucho más ligeros que todos aquellos que dieron dentro del jardín. Tanto Seiya, Shaina, Shun y June, podían darse cuenta de ello, a pesar de que incluso, aún quedaban algunos leves temores dentro de cada uno de sus corazones, era como si sus almas estuvieran limpias para poder empezar una nueva vida, decidieran lo que decidieran ¿Cómo terminaría aquella misión? ¿Para qué había que recolectar aquellas manzanas? Finalmente, ya era hora de saberlo, y entender el por qué especialmente ellos, tuvieron que esperar diez años para poder cumplir con la última misión que les encomendó Athena.
El frontis del templo de las Hespérides era majestuoso; aunque de lejos parecía un templete sencillo. Sin embargo sus columnas blancas y radiantes, sus mosaicos detallados y coloridos en las paredes, que describían escenas de aquel mágico jardín, y ese reluciente piso hecho del más fino y blanquecino mármol, les hizo quedar con la boca abierta a los cuatro guerreros, quienes definitivamente se convencieron de que la estatua de Ladón era un desatino caprichoso de las diosas, y agradecían de que se hubiera quedado a unos pocos kilómetros de distancia de ese lugar.
Shun miró embelesado los elegantes setos y macizos florales que los rodeaban, parecían estar hechos de plantas que no existían en el mundo de los mortales, coloridas, brillantes y perfumadas, y en la entrada, se alzaba una imponente fuente con dos pavo reales esculpidos y entrelazados, uno en blanco alabastro, y el otro en lapislázuli y malaquita.
─ Esta es su casa─ escuchó murmurar muy despacio a June, y volteó para mirarla algo inquieto.
─ ¿La casa de quién?─ dijo adrede, al notar que la mirada de la arqueóloga se volvía sombría.
─ De Hera─ empezó a explicar June ─Es mucho más hermosa que aquella en la que tuve que infiltrarme hace tantos años─.
─ Entonces ¿Este jardín y este templo no son de las Hespérides?─ preguntó Seiya con sorpresa.
─ No exactamente─ contestó Shaina─ Escuché cosas al respecto, cuenta el mito que este lugar era el huerto privado de la diosa Hera, la diosa Gea le obsequió el día de su boda con Zeus unas ramas de manzano con frutas, y de ahí, ella sacó las semillas para cultivar esos manzanos de los cuales hemos tomado su fruto─.
─ Así es Shaina, pero este jardín tiene mucho más─ continuó hablando June─ detrás de este templo, existe una fuente en cuyas aguas Hera solía bañarse para recuperar su virginidad, luego de tener relaciones con Zeus─.
─ Ya empezamos con Zeus y sus cosas─ masculló Seiya.─ ¿Y por qué hacía eso?─ preguntó solo para saber el chisme completo.
─ Cuenta una de las versiones del mito, que Hera jamás quiso casarse con Zeus, y que lo rechazó trescientas veces─.
─ ¡Trescientas! Vaya que era persistente ese vejestorio─ contestó Seiya impresionado─ Y si ella no quería casarse ¿Cómo hizo Zeus para que cayera?─.
─ Se convirtió en un ave pequeña llamada cuco, una noche de tormenta en que Hera se dirigía sola hacia el monte Tórnax, él fingió caer debido a la lluvia y el viento, Hera lo acunó en su manto, y fue entonces cuando Zeus recuperó su verdadera forma y consumó su deseo por ella─ concluyó June.
─ Ahora entiendo por qué Hera lo odiaba tanto, vivía conspirando en su contra y venía a este lugar─ suspiró Seiya.
─ Pero si Zeus fue quién le hizo daño ¿Por qué siempre se ensañó con sus amantes y no con él?─ preguntó Shaina.
─ Supongo que si ella no era feliz, deseaba que nadie más lo fuera, hay cosas en la vida de Hera que son algo contradictorias, pese a su crueldad y todo lo que se dice de ella, los antiguos griegos se encomendaban a Hera para tener un matrimonio próspero y feliz─ contestó June reflexionando sobre la reina del Olimpo─ Aunque debo admitir que hay algunas hipótesis de que los mitos asociados a ella como una mujer cruel comenzaron a extenderse posteriormente a la Ilíada, narrada por Homero, aproximadamente entre el siglo VIII y el VI antes de Cristo.
─ Y la Hera con quién te topaste cuando eras espía de Athena ¿Cómo era ella?─ preguntó Shun quién todo ese tiempo, mantuvo fija su mirada en la arqueóloga.
─ Jamás la vi─ contestó June con seriedad.
─ Pero te infiltraste en su templo para poder robar el mapa que nos trajo hasta aquí─ continuó hablando el antiguo caballero de Andrómeda.
─ Sí, pero cuando llegué al altar principal, y a sus aposentos, ella no estaba, había un séquito de guerreros protegiendo el lugar, pero no pude encontrar rastro alguno del habitáculo de Hera por ningún lado, es muy probable que ella no haya encarnado en esta era─.
─ ¡Te equivocas!─.
Tres voces que hablaron al unísono interrumpiendo la charla de Seiya, Shaina, Shun y June. Eran las Hespérides, que en ese mismo instante, aparecieron delante de ellos.
Acto XIV
La voluntad de Athena: Una decisión.
─ Ella siempre encarna─ dijo Egle, la de cabello anaranjado, con voz grave.
─ Siempre nos vigila, porque no confía en nosotras─ agregó nerviosa Eriteis, la de cabellos rosáceos.
─ No nos agrada que hablen de esa mujer delante de nosotras─ dijo secamente Hesperia, la de cabellos rojizos.
Seiya iba a preguntar el por qué, pero al notar a las ninfas con sus bellos e iluminados rostros con gesto descompuesto, prefirió ir directo al grano, a esas alturas no estaba interesado en cosas que no tenían que ver con él. Solo quería terminar la misión e ir al yate de Hyoga a pasar el Año nuevo.
─ ¡Al fin aparecieron! Ya era hora, miren, conseguimos lo que les pedimos, y creo que estamos dentro del tiempo, ahora ¿Me pueden decir para qué Athena quería que fuéramos a recoger manzanas a un huerto que ni siquiera es de ella?─.
─ Tu ignorancia no deja de sorprendernos, caballero de Pegaso─ Contestaron las tres Hespérides al mismo tiempo.
─ Dejen de insultarlo, ninguno de nosotros tiene idea de por qué Athena nos encargó esta misión y cuál es el sentido que tiene─ contestó Shun defendiendo a su amigo.
─ Así es, además, esto fue idea de Athena, no es nuestra obligación entender sus deseos, nuestra Orden siempre ha estado para servirle, sin cuestionarla─ agregó Shaina tan molesta como Seiya.
─ Los dioses siempre tienen múltiples caprichos, así que déjense de jugar con nosotros y dígannos para qué Athena quería que tomáramos estas manzanas y las trajéramos ante ustedes─ June, contagiada por la molestia de sus compañeros, también habló irritada.
─ ¡Qué groseros! Deberíamos dejarlos encerrados en este jardín para siempre, o cobrarles por arruinar la cabeza de Ladón, pero nosotras queremos que se cumpla la promesa que nos hizo Athena a cambio de permitirles a todos ustedes poder hacer su última misión en este lugar─ contestó Hesperia haciendo aparecer un canasto de mimbre entre sus manos. Dentro de él, se hallaban ocho manzanas doradas, las cuales tenían una mordida, pero a diferencia de las que traían Seiya y los demás, eran de un color dorado opaco, como si hubieran perdido completamente su brillo.
─ ¿Una promesa?─ preguntó Shaina.
─ Así es. En la era del mito, Heracles robó las manzanas de este huerto como una de las tareas que le impuso el rey Euristeo, posteriormente, Athena se encargó de regresar los frutos a su sitio, y para ello, envió a sus propios caballeros cumpliendo con aquella misión─ explicó Eriteis haciendo aparecer un blanco arco griego, formado por dos columnas corintias, ricamente ornamentadas, y tras el, se vislumbraban nubes blanquecinas, y un largo sendero, hecho de adoquines luminosos que se perdía entre ellas.
─ Entonces ¿Nosotros estamos repitiendo la misión de esos caballeros?─ preguntó Seiya notando cómo la manzana que él llevaba entre sus manos comenzaba a brillar intensamente, al igual que las del canasto de Hesperia, y también las que llevaban Shaina, Shun y June.
─ No. Aquellos caballeros regresaron las manzanas porque Athena dijo que pertenecían a Hera, y debían volver a su hogar, pero Saori Kido, la Athena a la que ustedes sirvieron, nos dijo cuando estuvo en este templo hace diez años, que su misión era necesaria para que ningún hilo del destino quedara suelto─ esta vez habló Egle, quién cargaba entre sus manos un objeto esférico cubierto por un manto de color blanco.
─ Entonces es verdad lo que ella me dijo, que había visitado este jardín antes de morir─ recordó June las palabras exactas que Saori le mencionó hace tantos años, cuando le entregó el mapa del jardín de las Hespérides. En esa ocasión, ella misma le preguntó que si ya estuvo de visita en el jardín para qué quería el mapa, y entonces, la diosa, expresándose de la misma manera en que lo hizo con las hespérides le dijo: Para que ningún hilo del destino quede suelto.
─ Pero ¿A qué se refería Saori con lo de los hilos del destino? ¿Y cuál fue la promesa que les hizo?─ preguntó Shun sorprendido por lo que las Hespérides les estaban diciendo.
─ Ya escucharon lo que les dijimos, nuestra relación con Hera siempre estuvo basada en la desconfianza, nosotras, no estamos en este jardín porque lo disfrutemos─.
─ Pese a que Hera puso a Ladón en este jardín a custodiarlo, jamás nos permitió abandonarlo, ya que temía que le dijéramos a todo el mundo cómo llegar hasta aquí─.
─ ¿Eso quiere decir que ustedes son prisioneras de este lugar?─ dijo Seiya sorprendido de aquella revelación, mirando a Eriteis y a Egle.
─ Así es, y la promesa que nos hizo Athena, a la que ustedes llaman Saori, es que si les ayudábamos a reconciliarse con ustedes mismos, nos liberaría de esta prisión para siempre─ Hesperia levantó el manto que cubría el objeto esférico que sostenía Egle, el cual resultó ser una esfera de cristal.
Dentro de ella, se formó una especie de neblina que se condensó a tal punto, que tomó la forma de una silueta femenina, y finalmente, ante los rostros sorprendidos de Seiya, Shaina, Shun y June, apareció la imponente figura de Saori, con la armadura de Athena puesta, portando a Niké en una de sus manos y sosteniendo su reluciente escudo con la otra.
─ Sa...Saori...─ murmuró Seiya.
─ ¡Athena!─ Shaina miró a la diosa dentro de la bola de cristal, y luego, posó su mirada en el antiguo caballero de Pegaso.
─ Esto ¿Es una ilusión?─ preguntó Shun.
─ ¿Cómo es posible?─ June miró a las Hespérides tan confusa como los demás.
─ Seiya, Shun, Shaina, June, ellas no son responsables de nada, todo esto lo dejé preparado días antes de la batalla contra Zeus, lo que ustedes ven dentro de esta esfera, es el resto de mi cosmos que dejé dentro de ella, con la esperanza de que pudieran recibir el último mensaje que tengo para ustedes─.
─ Diez años, he tenido que esperar diez años para esto, dime ¿Por qué tanto?─ habló Seiya con severidad en su mirada acercándose un par de pasos hacia la esfera de cristal.
─ Porque es el tiempo que necesitó cada uno de ustedes para estar preparado y vencer las pruebas del jardín de las Hespérides─ explicó Saori, también con seriedad ante aquella pregunta.
─ Seiya tiene razón, diez años es mucho ¿Por qué los demás cumplieron sus misiones antes? ¿Por qué nos dejaste a nosotros para el final?─ preguntó esta vez Shaina.
─ Estoy segura que hace diez años, ustedes cuatro no habrían podido enfrentarse a sí mismos en este jardín, las misiones las designé en base a la personalidad de cada uno de ustedes, y los conflictos que sé que mi muerte les trajo como consecuencia─.
La diosa fijó su mirada en cada uno de sus caballeros y sus amazonas, especialmente en Seiya, y continuó hablando para que entendieran el carácter de su decisión de dejarlos a ellos para el final.
─ Antes de la batalla contra Zeus, fui por última vez a Star Hill, y allí tuve visiones sobre su futuro, y sobre el cómo los sobrevivientes de la última guerra Santa no serían capaces de tener una vida normal, puesto que cada uno de ustedes solo sabe vivir y pelear por mi─.
─ Entiendo─ contestó Shun con algo de amargura, ya que sabía de sobra que muchos de sus problemas se debieron al hecho de que fueron criados para ser guerreros. Lo había comentado con Hyoga y con Seiya en el yate, y estaba seguro que si le preguntaba a June o a Shaina, incluso a los demás supervivientes responderían lo mismo.
─ Seiya, nunca quise burlarme de tus sentimientos, ni de los sentimientos de ninguno de ustedes, creo que cada ser humano tiene su propio tiempo para sanar heridas, y este, es el tiempo de Shaina, de June, de Shun, y también es tu tiempo─ explicó la diosa esbozando una cálida sonrisa.
─ Pero ¿Por qué en el jardín de las Hespérides? ─ preguntó con inquietud June.
─ Porque este es el lugar en donde Hera venía a sanar las heridas de su propio corazón, este lugar, guarda dentro de sí una poderosa energía de renovación, pero para los mortales, implica vencer sus miedos más profundos, eso es a lo que ustedes se enfrentaron, y el hecho de que hallan llegado a este templo con las manzanas doradas les hace dignos y merecedores de recibir mi última voluntad─.
Los cuatro guerreros se observaron entre sí al escuchar las últimas palabras de Saori, y entonces, Seiya alzó la voz.
─ ¿Tu última voluntad? ¿Hay una última cosa que debemos hacer por ti?─.
─ Solo si así lo desean, son libres de decidir si quieren escucharla, o de abandonar este jardín sin una respuesta─.
─ Me hiciste dejar Okinawa para venir a recoger manzanas con unas ninfas medio locas y maleducadas ¿Y ahora me dices que soy libre de escuchar o no? No se los demás, pero después de todo esto, yo sí quiero escuchar lo que tienes que decir─ dijo Seiya con algo de emoción dentro de sí.
─ Yo también Saori, quiero escucharte, tus sabias palabras me hicieron mucha falta todo este tiempo─ contestó Shun poniéndose algo sensible, ya que con el paso de los años, llegaron a formar una gran amistad.
─ Creo que ninguno viajó desde tan lejos para irnos con las manos vacías, al menos yo no─ comentó June cruzándose de brazos.
─ Estoy de acuerdo contigo─ Shaina apoyó a la antigua amazona de Camaleón─ dinos ¿Cuál es tu última voluntad?─.
─ Me alegra saber que quieren escucharla, pero creo que ustedes saben ya qué es─ .
Los cuatro guerreros volvieron a mirarse entre sí, esta vez un poco confusos, hasta que Shun abrió los ojos de forma repentina, como si hubiera descubierto algo importante al recordar la conversación que tuvo con Seiya antes de llegar al templo de las Hespérides.
─ Que aprendamos a disfrutar de nuestras vidas, en esta paz que nosotros hemos construido en el mundo, guiados a través de ti─ dijo finalmente mientras un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas.
─ Así es, la paz de la humanidad siempre fue mi ideal, y la causa por la que ustedes me protegieron y pelearon junto a mi, pero de nada sirve ser un guerrero, si no se sabe disfrutar de la paz conquistada. Sé que el dolor de mi partida, y también el tener que rehacer sus vidas como personas normales les hizo olvidar que ustedes también tienen el pleno derecho a ser felices, porque sacrificaron todo, con tal de concederle una oportunidad al mundo ante los dioses que intentaron destruirlo, ese es mi deseo, sean eternamente felices, donde sus pasos les lleven, donde ustedes elijan estar, jamás olviden que mi amor, mi fe, y mi esperanza, está en cada uno de sus corazones, y que yo sigo y seguiré viviendo a través de todos aquellos que creen en mi─.
Tras pronunciar aquellas palabras, Seiya, Shun, Shaina e incluso June, no pudieron evitar derramar lágrimas de tristeza por Saori, quién, incluso después de su muerte, siguió preocupada por cada uno de ellos.
─ Ya es hora─ la voz de Hesperia interrumpió ese momento de tristeza y nostalgia.
─ ¿La hora de qué?─ preguntó Seiya.
─ De que tomen una decisión─ habló Egle.
─ Sobre el lugar en donde desean continuar con sus vidas─ explicó Eriteis.
Hesperia se acercó a los cuatro guerreros con el cesto que contenía las manzanas doradas, Egle dejó flotando la esfera de cristal dentro de la cuál se hallaba la imagen de Saori, y se acercó al arco donde se hallaba su hermana Eriteis, quedando una en el lado derecho y la otra en el lado izquierdo.
─ Athena sabe, entiende y siente el dolor de cada uno de ustedes, es por eso que nos pidió que si superaban las pruebas de este huerto, decidan en qué lugar quieren continuar haciendo sus vidas, deben ser sabios al elegir, puesto que donde sea que vayan, ya no podrán regresar─ explicó Hesperia.
─ ¿El lugar donde queremos hacer nuestras vidas? Esperen un poco ¿A qué se refieren con eso?─ preguntó con sorpresa Shaina─ ¿Acaso no regresaremos a festejar todos el Año Nuevo al yate de Hyoga?─.
─ Esa decisión es personal, Athena les pidió que fueran felices, pero cómo y dónde, eso lo deciden ustedes, y estas manzanas junto con conceder la inmortalidad, también pueden conducirles adonde lo deseen, al Olimpo junto a su diosa, a los Elíseos, donde descansan quiénes aman, o pueden regresar a su mundo a seguir viviendo como mortales, si así lo desean─ explicó Egle.
─ ¿A los Elíseos? ─ Shun sosteniendo su manzana, la contempló fijamente.
─ ¿Al Olimpo?─ Seiya imitó a su amigo, e hizo lo mismo con su manzana.
─ O al mundo de los mortales, desde donde venimos─ murmuró June.
─ ¿Qué es lo que habría que hacer?─ preguntó con firmeza Shaina.
─ Si decides el Olimpo o los Elíseos, solo debes comer un trozo de la manzana entre tus manos, deseándolo, y luego, atravesar por este arco e ir adonde desees─ sonrió Eriteis─ Algunos de ustedes, que ya pasaron por este lugar, eligieron el Olimpo junto a Athena y ascendieron hasta ese lugar, como Jabu o Kiki, otros como Ichi, Nachi y Ban, descendieron a los campos Elíseos para estar con quiénes aman─.
─ ¿Y Hyoga, Shiryu y Geki? ─ preguntó Seiya.
─ Ellos regresaron a su mundo, también comiendo de las manzanas, pero deben saber que en ese caso la puerta para volver solo emergerá si su deseo es verdadero, de lo contrario, no aparecerá, y se quedarán atrapados aquí para siempre─ contestó Eriteis.
─ ¿Entonces? ¿Qué van a decidir? Pronto amanecerá en su mundo, y el portal energético que nos conecta con el desaparecerá, deben hacerlo rápido─ hablaron las tres Hespérides al mismo tiempo, mientras cada uno, caballero y amazona, se sumían en sus propios pensamientos para poder elegir dónde seguir con su vida y dar cumplimiento a la última voluntad de Athena, alcanzar su propia felicidad.
Continuará...
Hola mis lectoras y lectores, estoy mega contenta de poder retomar al fin esta historia. Lo sé, me desaparecí por muchos años, me pasaron un millón de cosas un tanto graves, pero estoy feliz de estar aquí de nuevo con todos ustedes. Les pido sí que me tengan paciencia, creo que ya ni escribo como antes, y eso se debe también a que he estado fuera de práctica por muchísimo tiempo, lo noto en la poca agilidad que tengo para conectar ideas al escribir :'( , me habría encantado entregarles un capítulo más largo y con más contenido pero no se pudo.
También les cuento que quise retornar aquí a la página con esta historia porque es un regalo para mi amiga Lallen, de hace mucho tiempo, y porque es de las más cortas que tengo. De momento, estoy enfocada en ella y nada más, ya que es como una terapia para volver a escribir, una vez terminada, seguiré con otra, y me interesa que ustedes me digan cuál les gustaría que continuara, y sobre este fic, cuéntenme qué creen que decidirá Seiya, Shaina, Shun y June?
Bien, aquí los dejo, cuídense mucho que el mundo está muy complicado por todas partes, yo espero que siempre se encuentren muy bien. Un abrazo fraterno para ustedes con todo mi corazón.
Mel ;)
