Capítulo 38 ¿Es real?
Daphne Greengrass iba saliendo de una tienda de ropa en el Callejón Diagon y sin querer o tal vez sí, pasó enfrente de Sortilegios Weasley, desvió la mirada hacia adentro del lugar mientras se paraba y fingía que buscaba algo en su bolso. Chasqueó la lengua al no divisar a George, pero pronto se regañó mentalmente por siquiera pensar en él.
—¿Me estabas buscando, preciosa? —dijo de pronto la voz de George proveniente de atrás y la joven dio un respingo.
—¡Idiota, casi me da un infarto del susto! —reclamó e intentó pasar de largo pero él se lo impidió tomándola del brazo.
—¿Qué haces? ¡Suéltame!
George miró hacia ambos lados de la calle y al ver que no había casi nadie transitando en ese momento, la cargó sobre su espalda pese que ella se resistía y le manoteaba la espalda.
—¿Qué crees que estás haciendo? ¡Me estás secuestrando!
—No, solo te estoy salvando de ti misma.
—Si, claro —dijo sarcástica—; comenzaré a gritar si no me bajas.
—Por una vez en tu vida, ¡confía en mí!
Ella resopló enojada, y aunque no aprobaba su trato rudo, una pequeña espinita picó su curiosidad y decidió ir con él. George accedió a bajarla y juntos caminaron hasta la oficina de Lovegood, que se encontraba a unas cuantas cuadras. Daphne hizo una mueca de desagrado al ver a donde la había llevado.
—No pienso entrar ahí. Seguro está Granger.
—Entremos —le instó George.
—Oblígame —le retó cruzándose de brazos. George no podía creer su terquedad, inhaló aire y rápidamente la cargó en sus brazos.
—No grites, solo estás haciendo el ridículo —le advirtió y ella tuvo que reconocer que tenía razón por lo que dejó de patalear y agitar los brazos.
El joven la soltó cuando Hermione les abrió la puerta de la oficina Lovegood. George la saludó y Daphne entró haciendo mala cara.
—Tomen asiento —les indicó Hermione.
Luna se encontraba sentada frente a su escritorio revisando algunos papeles que pronto dejó a un lado al notar la llegada de George y Daphne. Daphne y George tomaron asiento frente a Luna, Hermione se paró a un lado de su amiga, un tanto nerviosa.
—Me alegra que aceptaras venir a hablar conmigo.
—No acepté, me trajeron a la fuerza —dijo mirando de mala gana a su acompañante. Hermione tomó aire y continuó:
—Si algo aprendí estos años de cautiverio al lado de Ron es a conocerlo muy bien y —suspiró— a él le encanta jugar con las personas. En este momento está jugando: quiere que me entregue a él como un sacrificio, para salvarte a ti. Te está usando como un cebo.
—¿Qué tonterías estás diciendo?
—Ronald te ha elegido como su víctima, primero te engañará hasta que te enamore y una vez te tenga en sus manos, te va a torturar y eso me obligará a pedirle que te deje libre y me tomé a mí en tu lugar. Ese es el plan de ese desquiciado.
Daphne escuchó atentamente sus palabras y finalmente miró de hito en hito a los allí presentes para soltar una carcajada.
—¿Esa es la mente enferma de Ron o la tuya? —preguntó terminando de reír—. ¿Eres esquizofrénica? ¿Por eso fuiste a San Mungo? Déjame decirte que estás mal, muy mal.
A la mente de Hermione vinieron las palabras de Ron, cuando años atrás trató de pedir ayuda a su ginecólogo, cuando estaba embarazada.
—¿Puedes imaginar lo patético que fue escuchar a mi pobre mujer pidiendo ayuda al medimago? —dijo con burla—. Diciendo: mi marido me maltrata y me mata de hambre, me encierra en una sala de tortura, donde me martiriza con un sonido irritante y siempre me da el mismo castigo cada vez que escapo. Por favor, querida, ¿quién te va a creer? Él pensó que tenías esquizofrenia.
La risa de Ron hizo eco en su mente y cerró los ojos por un momento, apartando esos recuerdos.
—No, no lo soy. Si fui a San Mungo fue por otro asunto. Yo estoy muy cuerda.
—Estás tan cuerda como yo —le apoyó Luna, posando una mano en su hombro.
Daphne rodó los ojos.
—Creeme, Ronald es un psicópata que sabe ocultar bien su verdadero ser. Tienes que alejarte de él ahora que puedes.
—Me parece muy extraño que nadie más haya notado esas conductas. Creo que solo debo confiar en tu palabra, ¿no?
—Es la verdad, te lo juro.
—Si es verdad todo lo que dices ¿por qué no hay pruebas? Y además, ¿cómo es que Rosalie sigue a su lado? Ella es mujer, no lo permitiría. Yo no lo creo.
La joven no pudo evitar que sus ojos se comenzaran a inundar de lágrimas.
—¿Te digo algo? Siempre me pregunté lo mismo. ¿Qué tipo de mujer permite que otra mujer sea torturada de esa manera y no hace nada para ayudarla? Ella siempre estuvo allí cuando él me golpeaba o cuando me encerraba en ese cuarto de tortura y nunca, —golpeó la mesa— nunca hizo nada, no sabes cuántas veces le pedí por ayuda y ella solo me ignoró.
Luna que había permanecido callada avanzó hacia Daphne y comenzó a hablar.
—Eso no es raro, he visto eso en muchos casos, inclusive hay madres que permiten que sus hijos sean torturados y abusados. Esas mujeres solo cierran sus ojos a la realidad y se convencen de que nada malo ha ocurrido. Es más común de lo que imaginas —relató con pesadez.
Daphne bajó la mirada unos segundos, sin embargo, nada de lo que había escuchado le sonaba real. No podía creer que una persona fuera tan cruel con las personas que amaba y menos una persona como Weasley, que en sus años de juventud siempre pareció ser una persona buena.
—Lovegood, por favor, ¿de verdad crees en sus mentiras? ¿Debo creer lo que ella me diga?
Los ojos azules de la joven le miraron con comprensión.
—Sé que es difícil para ti creerlo porque no hay evidencias. Pero esto es verdad, yo lo sé. Mi padre sufrió la violencia de ese tipo.
Daphne negó con la cabeza en repetidas ocasiones y se levantó de su asiento acto que George imitó.
—¿Adónde vas? No hemos terminado —dijo interponiéndose en su camino.
—Me cansé de escuchar estas tonterías.
—¿No ves que solo estamos tratando de ayudarte?
—Si necesitara ayuda de un salvaje como tú la hubiera pedido —le dijo con rudeza, apartándolo del camino de un empujón.
—Sé que eres una mujer fuerte pero esta vez necesitas nuestra ayuda, entiéndelo, por favor —dijo exasperado.
—Entonces ¿crees que debo ser cómo esta princesita llorona que le roba el hombre a otra mujer? Esto es patético. Yo puedo lidiar sola con todos los problemas que se me vengan. No necesito a nadie.
esto, salió furiosa de la oficina y aunque George trató de seguirle, Luna le aconsejó que no lo hiciera. Ella debía meditar la información que le acaban de dar, a solas. George soltó un largo suspiro y se sentó de nuevo en su silla con las manos en el rostro. Hermione le observó sin saber bien qué decirle; luego de un instante, se acercó y tomó su mano.
—¿Estás bien?
Él bajó sus manos y levantó la vista hacia ella.
—No, no lo estoy. Siento que enloquezco cada vez que pienso en que Daphne va a caer en las garras de mi hermano ¡de mí propio hermano! —resopló intentando calmarse, pero por más que lo intentaba, no podía—. Dime una cosa, ¿crees que ella fue a verlo?
La joven apartó las manos de las de él y desvió la vista con tristeza y George entendió su respuesta muda.
—Debería dejar que esa testaruda se meta en problemas, pero no puedo, no puedo hacerlo. —Llevó sus manos a la cabeza.
—No, no podemos. Ninguna mujer merece pasar por lo que yo pasé. Ninguna.
George miró como el semblante de la joven se tornó aún más triste de lo que estaba, con una lágrima corriendo por su mejilla. Y de pronto toda esa ira acumulada se transformó en compasión, posó una mano sobre la mano de su amiga y la abrazó, haciéndole saber que en él podía contar. Luna con el corazón conmovido se acercó a ellos y los abrazó.
—Ya verán que todo se resolverá, amigos —les dijo con suave voz mientras les acariciaba la espalda.
...
En una tarde tranquila, Harry llegó al ministerio, salió de una de las chimeneas y se dirigió a los ascensores con prontitud sin dejar de pensar en su amiga y en cómo desenmascarar los negocios turbios de su ex amigo de la infancia. Al llegar a la oficina, su secretaria le recibió amablemente y le entregó su correspondencia.
—Buenas tardes, señor. Todo está bajo control.
—Buenas tardes, Lucy. Qué bueno escuchar que todo está en orden —respondió de buen ánimo.
—¿Qué tal, amigo?¿Todo bien? —dijo una voz familiar, acercándose.
Harry se giró y se encontró con la mirada burlona de Ron. Tuvo que usar todo su autocontrol para no lanzarse sobre él y golpearlo hasta el cansancio.
—Si sabes lo que te conviene, apártate de mi camino.
—Creo que alguien no despertó de muy buen humor, ¿verdad?
—¿Qué quieres, Ronald? —preguntó apretando los dientes.
—Solo quiero saber cómo están mi esposa y mi hijo, ya que no me dejan acercarme a ellos —respondió con reproche.
Harry no podía creer lo que decía Ronald. Fingía ser una persona cuerda en la sociedad, pero en el fondo era un completo psicópata y tenía la audacia de enfadarse por una orden de restricción que tenía bien merecida.
¿Adónde irá este mundo?, pensó Harry.
—¡Tú no tienes ningún derecho a preguntar sobre ellos!
—¿Que no tengo ningún derecho? Es mi esposa y mi hijo de quiénes estamos hablando. —se acercó apuntándole con el dedo—. No puedo entender cómo puedes estar del lado de Malfoy en vez del mío. Tú y yo solíamos ser amigos. ¿Qué pasó con eso?
Harry, de un manotazo, apartó el dedo señalador de Ron.
—¿Te atreves a hablar sobre amistad? Parece que no recuerdas que me tuviste secuestrado para que te dijera dónde estaba Hermione. Eso no lo hace un amigo, y ¿sabes qué más no hace un amigo? No te traiciona.
Ron le miró de una manera como si no entendiera a qué se refería.
—¿Traicionar? Tú me traicionaste aliándote con Malfoy y apoyándolo en secuestrar a mi mujer y a mi hijo.
Harry negó con la cabeza.
—Estás enfermo. Y no perderé el tiempo contigo. Adiós.
Se encaminó rumbo a su oficina; sin embargo, escuchó a Ronald murmurar una maldición y fue todo lo que su paciencia pudo aguantar. Se giró sobre sus talones y le plantó un puñetazo en la cara haciendo que el auror cayera al piso por el impacto.
—Pero ¿qué te pasa? ¿Estás demente? —renegó en el piso, sobándose su nariz ensangrentada.
Lucy intentó ayudar a levantarse a Ron, pero él se negó, dió un resoplido de enojo, se limpió la sangre y se alejó a su oficina con el rostro tan rojo como su cabello. Cuando entró a su oficina, cerró dando un gran portazo y estaba por decir una maldición cuando se dio cuenta que no estaba solo, había alguien sentado en la silla frente a su escritorio y era nada más y nada menos que Daphne Greengrass, quien al darse cuenta que estaba lastimado, rápidamente se levantó y lo ayudó a sentarse.—¿Qué te pasó, quién te hizo esto?
—No es nada, querida. Harry y yo tuvimos un enfrentamiento, pero no es nada. Yo lo entiendo, él está convencido de que soy un maniático.
—Es por culpa de Granger, ¿verdad?
Él soltó un suspiro dramáticamente y asintió. Daphne sacó su varita y tras conjurar un episkey, la nariz de Ron volvió a la normalidad; únicamente limpió con un algodón la sangre que aún quedaba en su nariz.
—Hace un rato vi a Granger y me dijo algunas cosas, por eso he venido a verte, porque me parece irracional lo que está diciendo.
Él la miró con interés.
—¿Qué cosas te dijo?
—Dijo que me has elegido como víctima y que me usarás para que ella y su hijo regresen contigo.
Él se mostró confundido.
—No entiendo ¿cómo podría hacer eso? ¿Cuál es la conexión entre tú y mi esposa?
—Granger dijo que me vas a torturar de tal forma que ella no va a ser capaz de soportarlo. Y entonces se va a entregar para que la tomes a ella en mi lugar.
Una carcajada de incredulidad salió del auror.
—¿Qué locuras estás diciendo? No comprendo.
Daphne analizó la reacción de Ron en busca de alguna muestra de mentira o manipulación; sin embargo, sólo encontró que estaba tan confundido como ella.
—¿Que yo te voy a torturar? No entiendo esto. ¿Cómo se supone que te voy a torturar? No tiene ningún sentido.
—Bueno, eso me dijo, que hacías todo esto para jugar con ella.
Ron se rió aún más fuerte dando un golpe a su pierna con la mano.
—Es absurdo, lo sé —dijo Daphne con un atisbo de sonrisa.
—¿Puedes creer todas las mentiras que está diciendo de mí? Hermione se ha vuelto loca —dijo entre risas—, no puedo creer todo lo que ha inventado.
—Sí, eso mismo pensé, es algo muy tonto, es imposible de creer que tú seas capaz de eso. En el poco tiempo que tengo de conocerte, sé que no serías capaz de lastimar a nadie.
Ron dejó de reír, tomó la mano de Daphne entre las suyas y le dio un suave apretón de agradecimiento por su confianza. Daphne, sin embargo, se sintió algo incómoda y retiró la mano poco a poco.
—Las fantasías de Hermione no tienen límites. Está llegando a niveles que jamás imaginé —dijo llevando una mano a su cabeza—. Solo espero que no le diga este tipo de cosas a mi hijo. —Se llevó las manos al rostro con fingida preocupación—. Esto ya es, como dicen los muggles, una película de terror. ¡Cuándo acabará esto, Merlin!
Daphne suspiró y ahora fue ella quien tomó su mano brindando su apoyo.
—Tienes razón, el niño es quien importa ahora. Esperemos que no le diga nada de estas cosas a él, sería terrible.
—Gracias Daphne —le sonrió—. ¿Sabes? Creo que sería bueno que fuéramos a cenar tú y yo solos. Nos lo merecemos después de tanto estrés.
Daphne apartó la mano de Ron.
—No te equivoques conmigo y trates de usarme cómo consuelo para olvidar a Granger.
—Por supuesto que no, querida. Además tú no eres un consuelo, pero sí un premio —le sonrió galante.
—¡Wow... detente! Estás entrando en un terreno que reservo para alguien especial... y no eres tú.
El hombre, al escuchar esas palabras, sintió una ira crecer en su interior que disimuló con la mejor sonrisa comprensiva que pudo mostrar.
…
Hermione miró con irritación y por décima vez, el reloj de pared en su habitación. Ella y Hugo se habían ido a dormir, pero no podía conciliar el sueño, a diferencia de su hijo que cayó rendido a los pocos minutos de poner la cabeza en la almohada.
Se levantó con cuidado de la cama y se acercó a la ventana, alzó la cortina y pudo notar como la luna brillaba con intensidad a pesar de que el cielo estaba cubierto de nubes grises. Agachó la mirada y parpadeó con fuerza, al hacerlo miró como a lo lejos empezaba a surgir una silueta de un hombre; sacudió la cabeza y esforzó bien sus ojos para enfocar la silueta, aunque se estaba volviendo cada vez más clara a medida que avanzaba hacia ella, más reconocible. Abrió los ojos horrorizada al notar el cabello rojo y el rostro pecoso.
Hermione miró la figura, parecía más que un eco, parecía real. Mientras se asomaba por la ventana, vio que la figura venía hacia ella, mientras le susurraba. Hermione logró captar las palabras «Ven a mí». De repente el hombre desapareció, llevándose consigo la luz de la luna. La mujer se alejó de la ventana con miedo y volvió hacia su cama, pero contuvo el aliento cuando vio a Ronald Weasley de frente.
—Hola, mi amor —le sonrió de una manera que le heló la sangre.
—Ron. ¿Qué…?
Pero antes de que pudiera terminar la oración, sus ojos se desviaron a un punto detrás del joven donde distinguió una cabellera rubia. Con horror apartó a Ron del camino y soltó un grito cuando observó a Draco encadenado en la cama, inconsciente y rodeado de un charco de sangre. Su pulso se aceleró y fuertes palpitaciones en su cerebro le impedían pensar coherentemente, pese a ello intentó acercarse a Draco, pero pronto Ron la jaló del brazo mostrándole una sonrisa siniestra mientras la evaluaba, buscando el miedo y el terror en los ojos de Hermione, sus ojos chispearon con maldad cuando su voz tranquila pero peligrosa resonó en la mente de la joven.
—Mírame —ordenó y ella, aunque un principio se negaba a hacerlo, finalmente levantó la cabeza y le miró desafiante. Los labios de Ron formaron una mueca de desagrado mientras pasaba su pulgar por la mejilla de Hermione.
—¿Creíste que escaparías de mí? —le dijo con burla—. Yo siempre te voy a encontrar… siempre —pronunció riendo entre dientes.
El aliento de Ron tan cerca de su rostro le erizó la piel y reuniendo todas sus fuerzas le dio un empujón, consiguiendo liberarse de él. Ron le observó con furia, sus ojos azules chispeantes que ahora parecían tornarse rojos, rojos de sangre y sed de muerte. El hombre sacó la varita del bolsillo de su saco y con una floritura, Hermione salió disparada a la pared donde unas cadenas gruesas de metal la sujetaron fuertemente de las muñecas. Ella se jaloneó tratando de liberarse, pero entre más se jaloneaba, más lastimaba las manos al punto de quedar en carne viva.
Sonrío satisfecho y se acercó al joven encadenado en la cama, este parecía dormir; no obstante, eso estaba muy alejado de la realidad, puesto que solo se mantenía en silencio debido a la debilidad de estar desangrándose. Hermione se percató de esto y gritó de dolor y rabia.
—¡¿Qué le hiciste, maldito?!
—Her… Hermione —logró articular Draco, apenas pudiendo abrir los pesados párpados que cada vez lo sumergían más a la muerte.
—Draco —dijo en un susurro lastimero.
—¡Qué escena más conmovedora! —habló Ron con profundo hastío—, solo hay una forma de acabar con todo esto —agregó mirándola a los ojos y ella supo que no bromeaba.
Ron alzó su varita y apuntó al joven moribundo, pronunció un sectumsempra y Draco sintió como una espada invisible lo cortaba, le rasgaba la piel y la sangre comenzaba a salir disparada sobre su pecho y su rostro. Intentó removerse para inútilmente tratar de parar la hemorragia; sin embargo, las cadenas se lo impedían.
—¡No…! —jadeó Hermione, conmocionada. No dejaba de temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Draco, por favor… resiste.
Ron puso los ojos en blanco, sin poder soportar cómo se miraban el uno al otro. Pronunció de nuevo el hechizo con tanta potencia que logró que el brazo derecho se desprendiera de la carne de Draco. Malfoy ahogó un grito de dolor y desesperación.
—¡Maldito animal… déjalo! — Hermione gritó sintiéndose cada vez más mareada haciendo un gran esfuerzo para no devolver el estómago.
—Recuerda que te… te amo—dijo Draco en su último suspiro de vida.
—¡No… Draco, no!
Gritó y gritó hasta perder la voz, su corazón se hundió rogando morir con él. Cerró los ojos con fuerza durante unos segundos y escuchó la voz de Lavender llamándola desesperadamente. Desorientada y confundida abrió gradualmente los ojos, buscando señales de que Ron o Draco hubiesen estado allí. En cambio, se encontró a Lavender preguntándole qué causó los gritos que escuchó y a Hugo levantándose de la cama con gesto preocupado.
—Mamita, ¿qué tienes? — preguntó el pequeño abrazándola de la cintura.
Hermione se hallaba parada a un lado de la ventana sosteniéndose de la pared y con su mano libre estrechó a Hugo, diciéndole que todo estaba bien y solo había tenido pesadillas.
—Nos asustaste, Mione —le indicó su amiga posando una mano en su hombro.
Hermione tragó saliva con dificultad intentando asimilar que todo lo anterior fue solo una pesadilla, una pesadilla muy viva y muy real, pero lo peor de todo es que de nuevo había tenido pesadillas estando despierta.
—Ven Hugo, vamos a dormir —dijo Hermione fingiendo una sonrisa.
—Pero, ¿ya estás bien, mamá? —le cuestionó inocente.
—Claro que sí, mi cielo. —Le dió un beso en la frente y lo encaminó a la cama.
Lavander salió de la recámara deseándoles buenas noches. Hermione arrulló a su hijo hasta que este se quedó dormido y ella intentó hacer lo mismo; sin embargo, le fue imposible. Iban y venían a su mente las imágenes sangrientas de Draco muriendo frente a ella, y de solo recordarlo, las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, involuntariamente.
Después de un rato en el que observó como el sol comenzaba a salir, se levantó con cuidado de no despertar al niño, abrió la puerta y bajó a la cocina a tomar un vaso de agua. Bajó las escaleras y abrió la puerta de la cocina llevándose un susto inicial al encontrar a Lavender preparando un poco de té.
—Lo lamento. ¿Te asusté? —preguntó Lavender. Hermione se llevó una mano al corazón y respiró hondo antes de contestar.
—No pasa nada. Estoy bien —le tranquilizó, aproximándose a ella—, pero ¿qué haces a esta hora preparando té?
Lavender le sonrió con algo de inquietud.
—Es que no podía dormir y decidí preparar el té para el desayuno. ¿Quieres un poco? Tal vez nos ayude a relajarnos, ¿no crees?
La joven le agradeció el gesto y por preocuparse por ella. En la escuela nunca fueron grandes amigas e incluso llegó a pensar que la odiaba, pero ahora estaba demostrando ser una amiga incondicional. Ambas tomaron asiento y comenzaron a beber su té, sin mucho ánimo.
—¿Tuviste una pesadilla de nuevo?
La joven asintió alejando esa pesadilla de su mente.
—Sí, pero esta vez fue diferente. Draco estaba en mi sueño y él —tragó saliva—, Ron lo estaba torturando… fue horrible… yo…
Lavender posó una mano sobre su amiga y su voz fue gentil al hablar.
—Tranquila, ya pasó. Todo está bien.
Hermione vio que podía confiar en ella y le dió ánimo de seguir hablando.
—Draco me pidió que huyamos.
—¿Se van a ir?
—La verdad no lo sé —negó con la cabeza—, no es una decisión fácil de tomar.
—Deberías hacerlo, así por fin habrá paz y calma en tu vida.
Hermione frunció el entrecejo.
—¿Paz, dices? Ron nunca me dejará tener paz. Lo conozco muy bien y sé de lo que es capaz y sé que nunca me va a dejar tranquila.
—Pero si escapan juntos no hay manera de que él los pueda localizar. —Hermione pareció meditar sus palabras—. No te niegues a esta posibilidad de ser feliz.
—Esa palabra carece de significado para mí.
—No, nunca es tarde para vivir un amor grande y verdadero —dijo de modo soñador, casi olvidándose dónde estaba— como el tuyo con Draco.
Hermione mostró una débil sonrisa.
—Y a todo eso, ¿a dónde te quiere llevar Draco?
—Pues…
La oración se quedó en el aire al entrar Xenophilius a la cocina.
—Mis niñas, ¿qué hacen levantadas tan temprano?
—Es que no pudimos dormir y decidimos avanzar un poco con el desayuno —respondió Lavender.
El hombre se acercó a Hermione y le miró consternado.
—Tuviste un mal sueño. Anda ve a cambiarte y desayunemos en familia. ¿Qué te parece? —le propuso y ella aceptó gustosa.
Lavender se encargó del desayuno en lo que Xenophilius hablaba con su hija por medio de la chimenea.
Después de un rato, Draco se apareció en la puerta de la casa y fue recibido con gran alegría por Hugo. Y aunque el joven no estaba acostumbrado a demostrar su efecto, frente al niño no podía evitar abrazarlo y despeinarle el cabello.
—¿Está tu madre en casa?
—Sí.
—Anda, dile que venga.
El niño obedeció y se metió en busca de su madre mientras Draco esperaba en la puerta, mirando cómo el señor Lovegood cuidaba de su jardín. Hermione pronto apareció en su campo de visión y ambos no pudieron evitar que en su rostro se dibujara una sonrisa de total alegría al verse.
—Draco.
—Ese mismo soy yo —le respondió de buen ánimo.
—¿Cómo estás? ¿Estás bien? —preguntó Hermione con algo de preocupación por recordar su pesadilla, pero al divisar un deje de preocupación en los ojos grises de él, cambió su tono por uno más normal y él pareció no notarlo.
—Eso depende de ti.
—¿Cómo?
—Sí. ¿Nos iremos o no?
La joven cambió su semblante sonriente a uno indeciso. Por un lado quería decirle que sí, que huyeran juntos y empezaran una nueva vida lejos de Ronald; sin embargo, sabía muy bien que Ron los encontraría tarde o temprano y no quería que se hiciera realidad esa pesadilla. Hermione le miró directo a los ojos, ojos que ahora brillaban aún más debido a la luz del sol. Ella no respondió, estaba totalmente perdida en su mirada.
Draco miró los labios entreabiertos de Hermione y sintió la necesidad de acercarse a ella y hacerle saber que estaría a salvo en sus brazos. Él llevó la mano a su mejilla. Ella se estremeció ante su toque y él acortó la distancia poco a poco y se habrían vuelto a besar de no haber sido por la brusca intervención del señor Lovegood, que se aclaró la garganta a dos pasos de ellos, haciéndolos saltar y alejarse el uno del otro.
Draco y Hermione desviaron su vista al señor Lovegood y este veía a Draco, como esperando una explicación.
—¡No estamos haciendo nada malo! —dijo y comenzó a enumerar con los dedos—. No he pateado la puerta, no he venido a deshoras de la noche, no he dormido aquí y estoy hablando de buena manera. ¿Qué más quiere de mí?
Xenophilius le miró aguantando la risa.
—Lo que yo quiero es entrar a mi casa.
Al decir esto, Draco se percató que estaban obstruyendo la entrada de la casa y se apartó del camino al igual que la joven. Hermione olvidó el momento bochornoso y soltó una pequeña risita.
—No le veo el chiste —dijo con una sonrisa—, mejor respóndeme.
...
Hola de nuevo, lamento la demora pero aquí tenéis nuevo capitulo.
Gracias a Adrimazofeifa por ayudarme con la corrección del capitulo.
Nos leemos.
