Autoras: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE
Nota: Capitulo reescrito.
CAPITULO 2. REACCIONES SALVAJES.
Sango se encontraba sentada en la banca del parque, las lágrimas se habían terminado, pero las palabras de Sesshomaru seguían en su mente. El miedo de que su amiga se enterara de la verdad no se iría.
– Sango… ¿Eres tú?
Ella levanto el rostro asustada, estaba tan concentrada en sus pensamientos que no noto que lo tarde que era. El hombre de cabello negro que la habían nombrado estaba frente a ella, con una radiante sonrisa en los labios. Pestañeo unas cuantas veces antes de identificar correctamente; por más que buscara en su mente no lograba saber de quién rayos se trataba. ¿Quién podía ser?
– Que rápido te olvidas de los viejos amigos–. Su voz sonaba bastante conocida, despreocupada y sexy. –Te ves cansada, ¿te acompaño?, así podríamos ponernos al día mientras caminamos.
–Lo siento, no salgo con extraños. Debo irme–. Sango se puso de pie con rapidez e intentos rodear al joven frente a ella.
Él bloqueo su camino y mostro su mas encantadora sonrisa. –Que ya no me recuerdes no significa que sea un extraño. Además, no creo ser peor que las personas que ya conoces.
Esa frase ella la había escuchado de un muchacho que había conocido hacia algunos años atrás. Quería recordarlo, quería saber cuál había sido su nombre, pero nada llegaba a su mente, hasta que él se acerco lo suficiente a ella como para que pudiese ver sus hermosos ojos azules.
Sango dio un grito, rápido se tapó la boca por la sorpresa. –¡Miroku! –. Dijo mientras lo abrasaba.
Él la recibió en sus brazos.
Ya lo recordaba, Miroku había sido el chico más feo de su clase en aquella época, pero Sango siempre se sintió atraída por su caracter, por su forma de afrontar las cosas, por su seguridad y por sus hermosos ojos azules.
Se habían conocido y formado una sólida amistad, a ella le daba mucha gracia la forma confiada en que se tomaba la vida; él no tenía dinero, pero siempre se las ingeniaba para que sus salidas a comer o a divertirse fueran inolvidables. Para ella fue muy difícil resistirse a sus encantos durante mucho tiempo, él era bastante atento con las mujeres, ninguna se le escapaba.
Sango lo consideraba su amigo, hasta que una tarde de verano se habían encontrado por casualidad en la feria que se ponía cerca de la playa, habían ido a pasear y comer. Cuando la feria cerró, decidieron caminar por la playa y al oscurecer prendieron una fogata. Era el ambiente propicio para que ambos se sintieran atraídos.
Él había tomado la iniciativa de besarla, y ella sin pensarlo le correspondió. Era tierno, suave, candente y sensual. La lujuria que significaba sus manos acariciando su espalda femenina la volvieron loca. Un simple susurro en su oído hicieron que ella se entregara a él sin pensar en nada que no fuese su nombre en sus labios.
Miroku era un caballero, y procuro siempre su satisfacción antes de la propia. Sango se sorprendió lo mucho que se dedicaba en complacerla y lo buen amante que era.
Al amanecer, se sintió avergonzada, porque él era su amigo. Así que rápido tomo sus cosas y lo había dejado abandonado mientras él seguía dormido. Miroku nunca le reclamo eso.
Cuando se separaron del abrazo, rieron al mismo tiempo.
– Pero como has cambiado–. Ella recordando lo flaco y feo que estaba, ahora era todo un hombre con cabello cortado a la moda y su rostro apuesto decorado con una sonrisa bastante seductora. El ejercicio le había sentado de maravilla.
– Tu también, tengo que decir que te has puesto más hermosa.
Ella sonrió hacia el alago, pero debía tener en cuenta que los años habían pasado muy rápido, y por propia experiencia sabía que no siempre mejoraban a las personas.
– Imagino que alguna chica te ha de estar esperando–. Le comento mientras miraba al suelo nerviosamente.
Miroku rio. –Sango, sabes que hay muchas chicas esperando por mi–. Dijo en tono juguetón, logrando que ella volteara los ojos, le pego suavemente en el brazo, igual que cuando eran más jóvenes. –Pero las abandonare hoy por ti.
Le sonrió, porque siempre que Miroku estuviera con ella, por alguna extraña razón, se sentía segura. Ambos caminaron, Sango se dejaba guiar.
– Vamos, iremos a cenar–. Le comento haciéndole la parada a un taxi.
– Dijiste que solo a caminar.
Miroku tenía una mirada traviesa. –Parece que no me conocieras, sabes que me encanta sorprenderte–. Le dio la mano para ayudarla a subir cuando un vehículo se detuvo.
Se encontró dudosa. Caminar era algo tranquilo e informal, ir a una cena era algo más romántico algo así como una cita. Y sonrió, sujetando la mano de Miroku. –¿Esta es una cita?
Miroku se acercó con esa coquetería tan característica y le dio un suave beso en la mejilla. –Si tú quieres, podría ser una cita.
Sango decidió que sí. Una cita con él haría que muchas cosas cambiaran en su vida, y ella necesitaba olvidarse de la amenaza de Sesshomaru, de su amor por Inuyasha y sobre todo de su traición a Kagome.
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Inuyasha escucho la fuerte alarma del celular sonando sobre la mesa, con pereza abrió los ojos y escucho de nuevo el sonido, pero provenía de otro celular. Se levanto lo suficiente como para acomodarse en aquel sillón en el cual había pasado la noche, y vio de donde provenía el ruido, era del celular de Sesshomaru.
– Apaga esa cosa–. La voz de su hermano se escuchó desde la cama.
– Es tu alarma. La comida de papa es hoy–. Murmuro con la garganta seca y con dolor de cabeza. –No volveré a tomar así, lo juro–. Le dio un trago a una cerveza que encontró abierta sobre la mesa decorativa frente a él, el sabor caliente y amargo le pego de lleno en la boca.
Sesshomaru se levantando desnudo, poniéndose sus bóxer que encontró tirados en el piso, y su playera interior para cubrir su fuerte y marcado abdomen. En el proceso miro a su hermano. –¿Qué haces aquí?
Inuyasha hizo gesto de asco al verlo sin ropa, girando le dio otro trago a la cerveza, sintió cenizas de cigarro en su boca, vio dentro de la botella y efectivamente había una colilla dentro. –No lo sé–. Dijo mientras se tallaba la cara con ambas manos. –Lo último que recuerdo fue que me ayudaste a subir por las escaleras.
Sesshomaru abrió los ojos con sorpresa al escuchar los gemidos adormilados de una mujer, la cual se acomodaba en la cama. –Si… ya lo recuerdo. Yura, tienes que irte–. Dijo mientras tomaba algunas prendas de la chica. –A menos que tú quieras acostarte con ella, no le importaría.
– Se llama Yuka–. Dijo Inuyasha.
La recién nombrada abrió los ojos y se incorporó, sintiendo como Sesshomaru le aventaba la ropa en la cara sin importarle lo rudo que era, con vergüenza miro a Inuyasha, se levantó y se fue sin decir nada.
– ¿Desayunamos? –. Dijo mientras se colocaba unos pantalones deportivos.
– Son las once.
–¿A qué horas es lo de papá?
– A las dos–. Inuyasha se puso en pie y salió de la habitación al comedor principal.
Los sirvientes al verlo se apresuraron a servir el café, jugo de naranja, pan y huevos, y enseguida dejaron el lugar como si ningún alma hubiese estado ahí.
– Olvide decirte que tenemos que ir por Miroku.
– ¿Tenemos? –. Pregunto al llegar mientras bebía café caliente. –No entiendo porque debemos ir por ese pobretón.
– Te agrada, no mientas. Además, su hermana es muy bonita, podrías verla de nuevo. Es la chica con la que hablabas anoche.
–¿Es ella? –. Levanto una ceja como gesto de agrado. –Es linda, pero no recuerdo su nombre. Aunque, siempre es mejor una nariz rota que un corazón herido–. Dijo sonriendo. –Amigos sin compromisos.
– Eres un cretino–. Inuyasha giro los ojos, a veces las cosas que decía su hermano le molestaban. No entendía porque trataba a las mujeres así, nunca se le había conocido una novia, ni una que en verdad le importase, a todas las trataba como objeto y ni siquiera le importaba compartirlas.
– Como si tu no hubieras tenido sexo por diversión.
Inuyasha abrió los ojos sorprendido, dándose cuenta la forma astuta en como Sesshomaru lo estaba mirando. ¿Sabría lo de Sango? No, Kagome jamás sacaría a la luz algo como eso.
– Sabes que yo nunca lo he hecho con Kagome–. Susurro un poco nervioso.
Sesshomaru sonrió de forma torcida. –Lo se. Podrías decirle a Sango.
– ¡Yo no haría eso con ella! –. Soltó de repente en un grito de irritación.
Sesshomaru arqueo las cejas. –¿Estas tonto?, dije que se lo pidieras, otra cosa es que ella lo acepte; aunque con sus antecedentes todos sabemos que aceptaría.
Inuyasha estaba muy furioso, se sintió el mayor estúpido de todos los tiempos, había caído redondito en el juego. Se dijo a sí mismo, que tendría que hacerle una visita rápida a su amiga, para que se anduviera con cuidado de las sospechas de su hermano, porque una cosa era que Kagome no dijera nada, pero Sesshomaru… podría intentar aprovecharse de la situación.
Sesshomaru siguió bebiendo de su café con tranquilidad.
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– ¡Nos encanta dormir en tu casa! –. Exclamo Eri comiendo algo de la fruta que la nana de Kagome, Kaede, había servido. –Lástima que no invitaras a Sango.
– Pensamos que ya habían hecho las pases–. Dijo Ayumi peinándose su ondulado cabello negro.
Kagome apretó con firmeza la manzana que apenas se iba a meter a la boca. –No quiero ver a Sango. No quiero que ustedes le hablen. No quiero verla ni en la escuela–. Sentencio enojada, en el fondo se sentía tremendamente triste. –Si se aparece en la casa de los Taisho, acabare con ella.
La promesa hizo que a Eri se le erizara la piel y ya no quisiera más del desayuno. Sus amigas sabían que, si Kagome quería venganza, venganza tendría, la conocían.
– Kagome, debes estar muy molesta–. Ayumi la miro con ojos sorprendidos. –Espero que nunca te pongas así conmigo.
– Ustedes jamás me harían lo que ella hizo–. Dijo dándole una mordida a la fruta roja. –Si lo hicieran jamás volvería a hablarles.
Eri y Ayumi se miraron, tenía algún tiempo que Kagome se comportaba bastante extraño, como si fuera otro ser invadiendo el cuerpo de su antigua mejor amiga.
– Kagome, tu no eras así–. Menciono Eri con una sonrisa. –Nosotras cambiamos, lo sé, pero te volviste tan mala… Casi tan perra como lo era Kikyo.
– Es cierto, ¿recuerdan cuando nos hizo la novatada de tirarnos pintura en el cabello? –Dijo Ayumi mirando su cabello ondulado hasta los hombros, anteriormente fue largo hasta la cintura.
Eri la miro con burla. –Te tiro pintura porque le estabas coqueteando a su novio.
– Si, pero yo no sabía que él era su chico. A ti te obligo a ser su sirvienta por semanas.
– Es igual, todos la odiábamos. Sea donde sea que ande, ojalá no tenga amigos–. Eri hizo un gesto despreocupado. Ambas chicas rieron, burlándose de su antigua compañera.
Kagome se quedó pensando en lo que sus amigas le habían dicho. Era cierto, ella había era alegre, divertida, jovial e impredecible; a las personas les encantaba estar a su lado. Inuyasha estaba loco por ella y todos deseaban su amistad, incluso fue cercana a Sesshomaru.
Él y ella siempre habían tenido una relación cordial, se podían llamar amigos. Cuando su padre murió, ese lazo se volvió estrecho, a tal punto que él estuvo con ella en ese momento. Nadie supo de eso especial e invisible que se había formado entre ellos y, precisamente ellos, eran los que se negaban a creer que ese pequeño vinculo siquiera existía.
Ante el dolor que sentía, se sumó la huida de Sango, la indiferencia de Inuyasha, y la crisis que tuvo su madre; algo dentro de ella se rompió, y, cuando su dolor no podía llegar a más, se dio cuenta que estaba sola. El único que la apoyo fue Sesshomaru, pero había algo en él que la confundía, era un sentimiento que se le alojo en el pecho y se negaba a salir. Cuando descubrió el malestar prefirió evitarlo, dándole poca importancia al acercamiento que habían tenido.
En todos esos meses en que ella cayó en depresión, quien había estado en silencio había sido precisamente él.
"En su ausencia, yo estaré para ti." Aun recordaba sus palabras, y solo esas le bastaron a Kagome para saber que Sesshomaru no la dejaría. Solo que… quería que todos se alejaran y ella hundirse libremente.
Él se volvió solamente el hermano de su novio. Ella a veces lo extrañaba. Después de alejarlo, había dejado atrás también a su verdadero yo. Fingió que su efímera relación no había existido jamás; y él pareció entenderlo, pues desde ese momento decidieron romper cualquier contacto.
Poco a poco las cosas estaban volviendo a su curso, su madre se enfocó en su trabajo volviéndose adicta a eso, Inuyasha regreso a ser el mismo, Sango regresó, pero Kagome… ella no podía superar su dolor.
– Cambiemos de tema–. Dirigió su mente hacia su novio. –Espero que a Inuyasha se ponga la camisa que le regale en su cumpleaños.
Ayumi y Eri la miraron como confundidas.
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Sango buscaba entre todas sus cajas de ropa; llevaba más de diez minutos buscando el otro zapato que hacía par con el que llevaba en la mano, y eso la tenía fastidiada. Sin embargo, esa no era la verdadera razón, la simple molestia de haber hablado con Sesshomaru el otro día, y ahora, tener que verlo en aquella estúpida comida la tenía con los nervios de punta.
– ¡Mama!, ¿dónde está mi otro zapato? –. Grito moviendo y desacomodando todo.
Keiko asomo su cabeza por la puerta de la desordenada habitación de su hija, llevaba una taza de café en las manos y solo atino a mirar todas las cajas estaban esparcidas por todo el piso. –Porque mejor no desempacas. Esta es tu casa. Es tu nueva vida.
Sango enfadada rio con ironía. –Esta no es mi casa, es un hotel. Mi casa está en un lugar mucho más hermoso, un lugar que tu decidiste que ya no tuviese el mismo color de paredes, y por lo cual ahora tengo que sufrir dolores de cabeza.
Keiko se agacho ante los berrinches de su hija, y le paso la zapatilla que estaba justo atrás de ella.
Un suspiro de exasperación salió de los labios rosas de Sango, se tomó la cabeza para que disminuyera el dolor y hablo más calmada: –Iré a la comida, ¿qué más quieres?
– Sango, ¿Qué te ocurre? Tu amas las fiestas.
Ella suspiro. –Son ellos, los Taisho–. Confesó.
– ¿Qué ocurre con ellos? Pensé que Inuyasha te agradaba, que al menos tolerabas a Sesshomaru, y que a Toga te caía muy bien.
– Es que…
– ¿Qué? –. Pregunto irritada, haciendo una mueca en su rostro. –¿Te molesta que Toga y yo estemos saliendo? –. Hizo pausa. –¿O que estemos ocultando nuestro noviazgo?
Sango estaba molesta por todo eso. –¡Sí!, me desespera que no puedas ser capaz de tener una relación estable. Mira, que volver con tu ex novio de la universidad no es muy agradable de ver.
Keiko no dijo nada.
– Ocultarlo no tiene sentido, ¿a qué tienes miedo?; sabes muy bien que si eres novia de un Taisho todos hablaran de ti–. La castaña quiso gritarle que odiaba haber despertado ese día, quería quedarse con el hermoso recuerdo de la cena que había tenido con Miroku la otra noche, pero no pudo, su madre la despertó para recordarle sobre esa bendita comida con lo Taisho.
Sintió escalofríos al saber que tendría que volver a ver a ver a Inuyasha, pánico al ver a Sesshomaru y coraje con todo lo relacionado con ellos.
– En verdad cambiaste–. Susurro tomándose la oreja por reflejo de nerviosismo.
– Ahora me interesan otras cosas.
Al ver como su hija mayor salía de la habitación, Keiko pregunto. – ¿Y se puede saber a dónde vas?, todavía es temprano para el evento.
– Iré con Kagome. Todos los domingos veíamos películas juntas, y me gustaría tener otra vez esa costumbre–. Dijo más calmada.
Estar con su mejor amiga siempre la ponía tranquila.
– No vallas a llegar tarde–. Advirtió. Sango hiso una mueca con los labios. –Cariño, sé que es difícil acoplarte, pero si te escondes del mundo, todos pensaran que en verdad ocultas algo.
– Lo dice la mujer que tiene escondido a mi hermano para que nadie se entere que se iba a suicidar–. Dijo dándose la vuelta y saliendo con un potente portazo.
Ese día, pensó no era suyo. Prometía ser de los peores. Cuando llego al penthouse Higurashi, Kagome todavía se encontraba en su pijama de seda rosa cuando bajo de su habitación para recibirla.
– ¡Hola! –. Saludo Sango con una sonrisa de oreja a oreja. –¿Recuerdas nuestra tradición? –. Sin esperar respuesta le enseño lo que llevaba en su bolso. En su mano izquierda traía dos vasos de café caliente en portavasos. –Películas, café y donas los domingos; traje lo que más te gusta, sé que la comida que dará el señor Taisho es dentro de poco tiempo, pero al menos podríamos hacer algo juntas.
Kagome no dijo nada, solo quería que ella se callara y se fuera. Quiso que la tierra se abriera y Sango cayera al mismo infierno sin oportunidad de salvación. No lo exteriorizo. Solo la miro mientras la castaña seguía hablando lo que parecía ser un monologo. Prefirió sonreír. –Se me olvido por completo la parte en la que te invite a venir–. Dijo con claro sarcasmo.
Camino hacia ella y paso de largo sin siquiera darle una mirada, se sentó en su sillón favorito y se dedicó a ignorarla.
– Pensé que era nuestra tradición–. Susurro confundida tomando asiento en el otro sofá frente a la chimenea.
– Pues ahora tengo otras tradiciones.
Sango se sintió extraña. Kagome ni siquiera se dignaba a verla. –¿Qué ocurre?
Kagome suspiro, para tranquilizarse, y le dedico la más asesina de las miradas a su amiga. Quiso sonar fuerte, pero su voz la traiciono. –Todo estaba tan bien entre nosotras. En verdad creí en tus palabras. Pensé que eras como mi hermana, hasta que me enteré de que te acostaste con mi novio.
Sango sintió una presión en el pecho, como si ya no pudiese respirar más. Quiso mentir, pero la verdad ya había sido expuesta, ahora no quedaba más que afrontar aquello de lo que estaba huyendo.
–¿Quién…? –. Pensó en Sesshomaru.
– Inuyasha–. Sus ojos solo emitían desprecio. –Él me ama, Sango. Pensó que tenía que ser sincero conmigo, así que lo perdone. Lo entiendes, me ama a mí, y yo no voy a dejarlo.
– Kagome, no sé qué decirte–. Las lágrimas empezaron a brotar, se sentía tan vulnerable.
– No digas nada–. Dijo pasándose los dedos sobre las delgadas cejas negras. –Quisiera golpearte, pero no me rebajare a tu nivel–. Una sonrisa salió de sus labios, sus ojos no sonreían. –Siempre creí que eras una puta, pero jamás pensé que también fueras una mentirosa.
Deseo poder defenderse de los insultos que era presa, pero todos eran reales, no podía contradecirlos.
– Aléjate de mí, de Inuyasha, de mis amigas, o te arrepentirás–. Kagome no dejo dudas de eso.
Sango solo atino a salir del lugar sintiéndose la peor escoria del mundo. Su secreto había sido descubierto por la persona que menos pensó la traicionaría.
Kagome sintió la cabeza ardiéndole, haberle soltado una bofetada habría sido mejor. Sin embargo, sonrió; había algo más dulce que los golpes y los insultos, y eso era… la venganza. Pero cuando nadie la vio, solo atino a llorar. La traición de su mejor amiga le dolía demasiado.
S:S:S:S:S:
¿Qué hay mejor que un día de ocio después de faltar a la fiesta del año? Una invitación de su amigo Inuyasha a la comida que su padre daría en un su enorme mansión que se localizaba a las afueras de la ciudad. En ese momento se encontraba terminando de vestirse, cuando la dulce voz de su hermana llamo su atención.
– ¿Cómo es que a ti te invitan?, a mí solo me ignoran en la escuela–. Susurro enojada Rin pasándose una toalla por su húmedo rostro recién lavado.
– No me envidies–. Miroku le planto un beso en la mejilla. –El padre de Inuyasha realiza el evento, solo voy porque Inuyasha me pidió que lo acompañara.
Rin le dio la más encantadora de sus sonrisas. –¿Crees que me puedas llevar de colada?
– No.
Ella le dio un pequeño golpe en el brazo, su hermano sonrió. –Por favor, Miroku, todos estarán allí.
– ¿A qué te refieres con todos? –. Pregunto terminando de ponerse los zapatos recién voleados.
– A Sango Kimura, la chica que solías espiar desde que entraste a la escuela.
Miroku se quedó mudo, quería verla. –Bueno, en ese caso ¿Cómo me veo? –. Preguntó señalando su vestuario, que consistía en unos pantalones de mezclilla, zapatos negros y camisa azul obscuro.
Le dedicó una sonrisa de confidencia. –Mas apuesto que cualquier ricachón.
Él quería verse genial, impresionarla y que ella no se avergonzara de él. Había esperado años para estar a su lado, no quería un encuentro casual y sexual. Él deseaba que los vieran juntos, como una pareja, ella le gustaba tanto como para hacerla su novia dejando atrás todo. Se sintió un completo tonto, ninguna mujer lo ponía nervioso, excepto ella.
Rin miro a su hermano, guapo y responsable, ella desea ser como él, pero le desesperaba que, siendo tan popular, no sacara provecho. Por esa razón, decidió que Kagome sería su boleto dorado a las ligas mayores.
Kagome era todo lo que deseaba ser: bonita, distinguida, rica, usaba ropa de las mejores marcas, zapatillas de lujo y sobre todo su novio… bueno, no precisamente Inuyasha, pero ella quería todo lo demás.
Con el domingo libre y con su madre trabajando, Rin se presentó en casa de la pelinegra, con la firme intención de que la llevase con ella al evento de esa tarde.
– Rin, ¿Qué haces aquí? –La sorpresa se evidencio en sus expresivos ojos. Hacia tan poco que Sango se había ido, que parte de su cerebro pensó que era ella quien regreso arrastrándose por ser perdonada.
– Solo vine a conversar–. Dijo con una bella sonrisa.
– Si vas a venir a mi casa, al menor busca una mejor escusa cuando no eres invitada–. Susurro enfadada, desde la noche anterior la presencia de ella le molestaba.
El recuerdo de Sesshomaru platicando con Rin asalto su mente… otra vez.
–Yo…
Kagome observo como la chica empezaba a balbucear intentando decir algo mejor. –¿Viniste a saber si Sesshomaru Taisho hablo de ti? –. Risa burlona surgió de sus labios.
– No, claro que no–. Se apresuro a decir la joven de ojos chocolates.
Kagome levanto sus cejas en señal de haberla descubierto.
Rin se sonrojo. –¿Sabes si está hablando de mí?, sé él es tu cuñado, y al menos un poco de confianza se tienen, ¿no?
Dispuesta a parar aquel dialogo absurdo de la chica, Kagome hablo malhumorada: –A Sesshomaru le gusta hablar de sus conquistas, no de las chicas a las que abandona en las fiestas.
Rin agacho la mirada color chocolate.
Se sintió mal, ¿Por qué reaccionar así? Rin solo había preguntado, y ella le contesto como si fuese una novia celosa. Que absurdo, Sesshomaru era un hombre muy guapo, pero Kagome sabía que jamás podría ser más guapo que Inuyasha, al menos no ante sus ojos.
Que mentira se repetía una y otra vez.
Dispuesta a remediar las cosas, le tomo las manos, comportarse como una perra no le agradaba demasiado. –Ven, acompáñame a elegir mi ropa para esta tarde.
Rin acepto emocionada, un cambio radical ante su cara de tristeza de hacía unos momentos.
Tomadas de la mano, caminaron por hacia las escaleras que conducían a las habitaciones principales. Cuando llegaron a la habitación, imagino que estarían ambas probándose algo de ropa, maquillándose a lo tonto, jugando con los perfumes, pero eso no estaba ocurriendo. Kagome solo se probaba vestido tras vestido y eso comenzaba a fastidiarla.
Hasta que Kagome se puso aquel increíble vestido azul klein, Rin comenzó a poner atención a las cosas. –Ese vestido… es precioso–. Susurro, enseguida se dispuso a rectificar lo dicho. –Es decir, te vez preciosa.
– Este vestido es muy común para mí–. Rio ante la ingenuidad de la jovencita. Se quito enseguida la prenda como si fuese algo que no tuviese valor. –Quiero algo lindo, que logre sorprender a Inuyasha cuando me vea. Algo especial.
Miro a Rin, y supo que ella ni siquiera tenía la más mínima idea de lo que quería decir. Así que se probó otro vestido.
– Quizá te topes a mi hermano allí–. Dijo tomando de entre las ropas un hermoso vestido blanco de encaje y dándoselo en las manos.
Kagome la miro y con una sonrisa decidió que ese sería el que usaría. –Tienes buen gusto–. Reconoció. –Miroku me cae muy bien.
– Es encantador, ¿verdad?
Kagome asistió poniéndose el vestido. –Dime, ¿Te cae bien Sango?
Sonrió ante la mención de ese nombre. Desde aquella vez en que se habían saludado en las bancas, Rin supo que Sango era una buena persona. Todos los días que se veían por los corredores de la escuela se saludaban, conversaban un poco, y seguían su camino.
– Me agrada– Se dio cuenta que los ojos azules la miraban fijamente. –Pero si alguien tuvieses un problema con ella, a mí no me importaría–. Se apresuro a decir.
Kagome detallaba la cara de Rin; ella era muy bonita, no era alta, pero su cuerpo estaba bien proporcionado y tenía unos ojos chocolates llenos de inocencia.
–Si quieres el vestido azul es tuyo.
Rin grito de la emoción. –¡¿Enserio?!
Kagome sonrió abiertamente ante la felicidad de ella.
–¡Gracias! –. La abrazo.
Kagome la recibió. –Rin, escucha. Por lo de Sesshomaru, no te preocupes; si quieres pertenecer a este mundo, tienes que acostumbrarte a que la gente hable bien y mal de ti, es lo que siempre sucede. Tarde o temprano tendrás que elegir si todo eso vale la pena.
Rin asistió, escuchando a medias lo dicho por su amiga.
–El vestido, es un obsequio. Después encontraras una forma de recompensarme–. Y sonrió, se giro al espejo y se puso el vestido.
Rin sintió un poco de miedo, no comprendiendo aquellas palabras por la emoción de haber recibió algo tan caro por primera vez en su vida.
S:S:S:S:S:
Inuyasha estaba afuera del hotel esperando a Sango, llevaba ya veinte minutos parado en el sol, se le hacía tarde para ir con Miroku, pero tenía que hablar con ella.
– Inuyasha, ¿qué haces aquí? –. Pregunto la señora Kimura a sus espaldas.
Él volteo sobre sus talones y sonrió a la mujer. Aquellos ojos y labios eran los que Sango había heredado; solo que su Sango era mucho más hermosa que su madre.
– Vine a buscar a tu hija.
Keiko le tenía mucha estima a ese joven, tanto que lo trataba como si fuese su propio hijo. –Lo siento, se ha ido, pero ira en el evento. Estará feliz de saber que viniste por ella.
Inuyasha quiso golpearse la frente contra el suelo de mármol. –No lo creo.
La mujer le toco el hombro izquierdo de manera fraternal. –Sabes, siempre creí que ella estaba enamorada de ti. Obviamente, Kagome y tu son la pareja perfecta–. Dijo enfatizando la última palabra. –Nos vemos.
Pero él ya no escucho más. Mudo y tonto como era, permaneció viendo hacia la espalda de la madre de Sango. Su amor. El único amor verdadero que tenía. Decidió que solo quería estar con ella, porque él la amaba, y ella a él. Podría lastimar a Kagome, pero algunas veces alguien debía pagar por sus acciones.
Regreso a la limosina con una sonrisa. Cuando se sentó en los cojines de piel, su acompañante lo miro con cuestionamiento.
– ¿Y? –. Ver a Inuyasha mientras esperaba y caminando de un lado al otro como un completo imbécil le dio gracia.
– ¿Qué? –. Pregunto Inuyasha.
– ¿Podemos ir a buscar al pobretón de tu amigo? O, ¿seguiremos aquí esperando a tu nueva novia?
– ¡Kagome es mi novia!
Sesshomaru sonrió de lado, adoraba saber que su hermano sufría.
Una hora fue lo que tardaron en llegar a la mansión, Sesshomaru rápidamente se dirigió al jardín principal donde estaban sirviendo el buffet y el champan; sin importarle con quien se cruzaba por su camino, le pedía al mesero un vaso de whiskey.
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Podría decir solo una cosa, tenía muchas dudas sobre si su padre podría cuidar o querer a sus hijos, pero de algo estaba seguro… sabía muy bien cómo organizar un evento.
Tomo unas cuantas cosas para comer y se sentó en la mesa redonda asignada. Ahí estaban las cuatro chicas del grupito de Kagome, a veces recordaba sus nombres: Era, Yura, Sara y Ayuma, o algo así. A él no le importaba ni siquiera quien era cual, solo recordaba a Sara porque era una ninfómana y por sus ojos azules.
Las cuatro le regalaron una sonrisa, él las ignoro.
Miroku se sentó junto a Sara, quien al verlo enseguida se relamió los labios; a Sesshomaru esa acción le dio gracia, porque la conocía, era un gesto que le hacía a los hombres a quienes atraparía en sus garras.
Sintió el roce en su espalda de unos dedos, fue solo un pequeño toque que se deslizo suavemente por el respaldo de su silla, el perfume de Kagome invadió su nariz cuando ella se sostuvo para tomar asiento a su lado. La miro acomodándose y despacio bajar el vestido que se le subió ligeramente por las piernas.
– ¿Qué me ves? –. Pregunto mirándolo con esos ojos azules lleno de molestia.
– ¿Te levantaste de malas? –. Pregunto brindándole una sonrisa cargada de burla.
Ella giro los ojos dispuesta a ignorarlo.
– ¿No había otra mesa? –. Dijo con toda la intención de irritarla.
Ella abrió ligeramente la boca, solo para contestarle, pero no dijo nada. Sus cejas eran las encargadas en temblar con enfado. Volteo su cara y dijo: –Inuyasha, siéntate a mi lado.
– Iré a servirme de comer.
Kagome se puso seria. Sesshomaru miro con atención como ella primero se mordía el labio inferior el cual tenía labial rosa y cerraba suavemente los ojos dejando ver sus pestañas tupidas.
En sus pensamientos apareció una imagen donde ella giraba su cara y le sonreía con toda su hermosa dentadura. Su mente coqueteo con la idea de que ambos rostros pudieran quedar a escasos centímetros uno del otro.
Se sorprendió a sí mismo, ¿qué diablos había sido ese pensamiento?
Se perdió un poco en sus divagaciones hasta que escucho aquella risa melodiosa de la pelinegra, ella se reía ante las bromas que decía Miroku, así como eran bien recibidas por las demás chicas del sequito. El último chiste había sido malo, ya que Miroku no despegaba su vista de Sango, quien estaba sentada a metros de distancia junto con su madre.
– Me disculpan–. Miroku se apresuró a decir, cuando la madre de la castaña se levantó de la mesa y la dejo sola.
Sesshomaru se dio cuenta de sus propósitos, como también de los de Inuyasha. Ver competir a dos mejores amigos por una chica sería interesante.
– Hijo–. Lo llamo su padre.
Él se puso de pie y camino hacia Toga, quien se alejó de sus conocidos para hablar con su primogénito. Toga puso una mano sobre su hombro de forma fraternal y se la apretó. –¿Estás bien?
Sesshomaru hizo otra mueca como sonrisa. –¿Qué te hace pensar que no lo estoy?
–Bueno hijo, mírate. Todos conversan animadamente en la mesa, y tú tienes esa cara fría todo el tiempo. Deberías aprovechar en hacer una amistad con Kagome, es tu cuñada y pronto de la familia. Me gustaría que pronto encontraras a una chica linda con la cual pasar momentos de calidad.
– Esta cara es la misma que heredé de mi madre cuando nací, no pidas demasiado.
Toga no supo cómo interpretar eso. –Pon atención hijo. Esta fiesta es para ti e Inuyasha, quiero ayudarlos a que conozcan gente que les ayude en un futuro.
– ¿En verdad? –. Pregunto con sarcasmo. –Pensé que solo era una excusa para que estuvieras con tu amante secreta–. Afirmo con su rostro marcado de seriedad.
Toga entorno su mirada, arrugando las cejas y la frente. –Hazme un favor, deja de beber–. Se alejo dándole un suave golpe en la espalda, aunque deseaba hacerlo en la cabeza por lo último dicho por su hijo.
Su padre no podía ayudar en nada porque su apoyo estaba con Inuyasha, todo era para su hermano, incluso la chica más bonita le pertenecía al favorito. El idiota de Inuyasha siempre tenía todo lo mejor y ahora, el estúpido le hacía señas a una Sango que deseaba ignorarlo.
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–Hola, ¿Puedo tomar asiento? –. Miroku portaba su mejor sonrisa.
Sango asistió sin dejar de mirar sus ojos azules. –No sabía que vendrías–. Dijo haciéndole señas para que tomara asiento. –Me alegra que estés aquí.
Jamás creyó escuchar eso de ella. Sintió como su corazón latía con rapidez. Ambos soltaron una pequeña risita.
– Buenas tardes–. Keiko se acercó con su plato lleno de bocadillos. –Soy Keiko, la madre de Sango. –Se sentó justo frente a él.
– Mucho gusto soy Miroku Fujitaka.
Keiko medito un momento el apellido. –¿Fujitaka? Me suena tu apellido. ¿Conozco a tus padres?
– No lo creo, vivo con mi madre y hermana–. Dijo sonriendo.
Keiko se mordió el labio y devolvió el gesto con sinceridad. –Entonces, debo estar confundida, es que tu rostro me parece familiar.
– Le aseguro, señora, que no recuerdo haber visto rostro tan hermoso como el suyo, o tan magnífico como el de su hija.
Ambas rieron. Keiko tomándolo como un juego, Sango sonrojándose ante las palabras de Miroku.
– Querida, ¿Por qué no estás con Kagome e Inuyasha?
Un duro golpe en su corazón que nunca pensó que su madre podría darle. Miro a la mesa donde estaban todos sus anteriores amigos y sintió la pena sobre sus hombros, daría lo que fuese por recibir el perdón de al menos uno de los integrantes.
Keiko miro interrogando a su hija. Sango estaba esperando buscar una excusa, y Miroku como todo un caballero a su rescate, salvo la situación.
– Porque nuevamente está en una cita conmigo.
Sango volteo a verlo enseguida con sorpresa.
A Keiko le agrado mucho el chico. –Bueno, entonces, creo que los dejo para que estén solos–. Les guiño un ojo y le susurro a su hija en el oído –¿Nuevamente? –. Animadamente se acercó con Toga que la recibió con gusto.
Sango sintió que podía respirar. –Te lo agradezco. Sabes, tal vez no lo parezca, pero ya no me llevo bien con mis amigos. No quiero que mi madre se entere de eso.
Miroku vio su expresión triste, y se acercó lo suficiente a ella como para que supiera cuáles eran sus intenciones. –Imagino que ese es uno de los motivos por el cual estabas aquella noche llorando–. Sango bajo la mirada. Habían hablado de muchas cosas durante la cena, pero no quiso tocar el tema hasta que ella se animase a hacerlo. –Entonces, ¿te gustaría salir conmigo nuevamente la próxima semana?
La castaña se sonrojo completamente, ese chico no perdía el tiempo, y eso le gusto. –¿Piensas que saldré con alguien a quien no conozco? –. Dijo recordando sus palabras cuando no lo habían reconocido. –Está bien–. Él no podría ser tan malo como los chicos que en verdad conocía.
Giro solo un momento su cabeza, y diviso a Inuyasha viéndola, cerca de la mesa del banquete. Quiso negarse a mirar sus doradas pupilas, pero aquel magnetismo que sentía por él lo impido. Inuyasha le hacía señas para que fuesen a hablar, ella negó con un movimiento mínimo de cabeza mientras Miroku le comentaba sobre algo, y ella quería poner atención, pero Inuyasha siempre iba a estar primero que todo.
– Me disculpas–. Lo interrumpió. –Necesito ir al tocador.
Miroku asistió con una sonrisa.
Sango se levantó y se dirigió a los lujosos baños de la casa. Diviso a Inuyasha corriendo tras ella. Él grito su nombre y ella se quedó quieta.
– Aquí no, vayamos a un lugar más privado.
– ¿Dónde? –. Pregunto.
– A mi cuarto–. Susurro, llevándola escaleras arriba del brazo.
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Kagome tenía una copa de champan en la mano derecha y su brazo izquierdo rodeaba su cintura, su plato de comida no había sido tocado. Estaba en la esperaba de Inuyasha, quien se excusó de ir al baño desde hacía rato. Bebió y miro a sus amigas riendo mientras susurraban como Miroku coqueteaba con Sango.
Sus amigas siguieron especulando sobre los invitados mientras ella miraba hacia otro lado lejos de Sesshomaru, quien volvió a tomar asiento a su lado.
– ¿Por qué no me lo dijiste? –. Pregunto mirándolo como si la hubiera traicionado.
Él se hizo el desentendido. –No se de que me hablas–. Dijo mientras se llevaba un pedazo de carne a los boca.
Kagome se inclino hacia él, poniendo su codo derecho sobre la mesa, así evitar que sus amigas pudieran escuchar de que estaban hablando. –No me mientas, ya sabias lo de Sango e Inuyasha.
Él levanto la ceja derecha, impresionado de que ella quisiera tener esa conversación en ese momento. –Ven, caminemos.
Se puso de pie, y le tendió la mano para ayudarla a levantarse. Kagome la tomo, dejo su copa en la mesa, y enseguida se soltó porque la mano caliente de su cuñado la hacía temblar.
Comenzaron a avanzar por los jardines, tratando de evitar que alguien pudiera escuchar su conversación, Sesshomaru le hizo señas para adentrarse a una vereda adoquinada y cubierta de arbustos de pino alto. Le dio paso rozando ligeramente su espalda.
Kagome se detuvo ante el tacto, se giró hacia él y hablo. –Siempre lo supiste, y no fuiste capaz de decirme–. Dolida hablo más alto de lo normal.
Sesshomaru se encontraba justo a medio metro de ella escuchando su lastimera reclamación. Podía oler su perfume de fresas. –Es mi hermano, tus problemas con él no son de mi incumbencia.
Ella no supo que decir ante esas palabras, le dolía su actitud y la forma en que sus dorados ojos se dirigían a su alma. –¿Hace cuanto lo sabias? –. Pregunto tratando de calmarse, pero su pecho subía y bajaba por su respiración acelerada.
Él no podía creer que le estaba preguntando eso. Así que solo entorno la mirada. –¿Eso importa?
Rápidamente respondió. –Si, porque me lo ocultaste, durante todo este tiempo supiste que ellos estuvieron juntos. Ni siquiera fuiste capaz de darme una pista.
– Y aun así sigues con él.
Sus ojos azules se abrieron dejando ver tristeza. Era cierto, ella decidió quedarse con Inuyasha a pesar de lo que hizo.
– Por tu culpa ellos lo hicieron–. Dispuesta a hacerlo sentir mal, lo dijo, pero sabia que no era cierto.
Sesshomaru la fulmino con sus frías pupilas. –Yo no soy responsable de sus acciones–. Aquello lo empezó a irritar.
– Por tus palabras, siempre incitándolo a que tenga sexo y tus lascivos comentarios llenos de arrogancia.
– ¿Quieres la verdad? –. Pregunto con una sonrisa.
Eso le dio escalofríos a Kagome.
– Sango es una zorra, Inuyasha no te ama, y, lo más importante, yo no te debo ninguna explicación–. Aun así, él estaba ahí. Tenia tanto tiempo que no hablaban mas de dos minutos que no quería alejarse de ella.
Kagome se sintió mareada, aquello que él le había dicho le provoco que sus labios y manos temblaran. Se paso la mano por la frente para tratar de tranquilizarse y la bajo lentamente por su cabello.
Él vio esa reacción, quiso tomar su muñeca y oler su mano, para que, con su exhalación, Kagome se relajara. No lo hizo, simplemente la observo, y como ella no añadiría más, se dispuso a marcharse.
– Sesshomaru…
La voz de Kagome lo hizo detenerse.
– Yo…
Ella intentaba gesticular algo que su boca no le permitía decir. Levanto su mano deseoso de tocar su cabello para reconfortarla, pero se contuvo, no seria esta vez quien debía hacerlo. Kagome debía ir con su hermano.
– Búscalo en su habitación, Inuyasha lleva rato desaparecido, podría estar ahí.
Se marcho dejándola confundida.
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– ¿Por qué le dijiste a Kagome? –. Grito enfadada.
– Lo siento, ¿Sí? –. Dijo cruzándose de brazos. –Necesitaba contárselo ya no podía seguir mintiéndole.
Sango en verdad estaba molesta–. Arruinaste todo, pudimos evitar que ella se diese cuenta. Yo decidí dejarte ir y comenzar a ser amigos todos de nuevo.
Inuyasha negó. –No, así no son las cosas. Quiero a Kagome lo suficiente como para ocultarle esto.
La castaña cerró los ojos. Deseo no haber escuchado lo último. Así que se abrazó a sí misma.
Inuyasha sintió con pesar aquel dolor, y solo atino a tomarla con fuerza entre sus brazos para retenerla todo el tiempo posible. Se alejo solo un poco para agarrar con su ruda mano la fina barbilla de ella.
Sango no podía apartar sus ojos de los dorados y se acercó poco a poco a él, esperando un beso desesperado, como los que siempre le daba.
– ¡Que están haciendo!
Inuyasha soltó a Sango tan fuerte que ella trastabillo y cayó sobre la aterciopelada alfombra.
– ¡Kagome! –. Exclamo Inuyasha recuperándose de la sorpresa. –¡No es lo que parece!
La pelinegra respiro mil veces ese segundo, esperando controlarse ante aquel ataque de rabia que se apoderaba de su sistema. Huir no era lo mejor. Bajo su mirada azulina por un segundo, queriendo haber tenido dignidad y haber salido con la cabeza en alto de aquella situación, como solía hacerlo, pero las cosas ya no fueron como antes.
– Vi como esta… –, Kagome miro de arriba abajo a su examiga para humillarla. –y tú, ¡casi se besan!
– Solo estábamos hablando–. Intervino Sango apresuradamente mientras se ponía de pie.
Inuyasha no tuvo miedo a la reacción de su novia.
Kagome miro a Inuyasha. –Prometiste que jamás volverías a hablar con ella.
Sango abrió los ojos desmesuradamente. –¡Qué dijo!
– No es la culpa de ella.
– ¡No la defiendas!
Inuyasha se acercó a la pelinegra. –Solo quería explicarle porque no volvería hablar con ella, Kagome–. Dijo mientras sujetaba su delgado y suave brazo con delicadeza. –Lo juro.
Kagome se soltó de un jalón. –¡No me toques! –. Comenzó a caminar hacia la puerta. –Mejor te dejo con esta zorra–. Un insulto que ni siquiera sintió necesario decírselo directamente a Sango.
– ¡No! ¡Yo me iré! –. Sango hablo dolida por como su amado tomaba el brazo de su novia con delicadeza. –Así los dejare solos para que tengan sexo y tú lo puedas amarrar.
Kagome se giró, haciendo que todo su cabello oscuro se moviera con gracia. –Si él y yo lo hiciéramos, seria por amor.
Ambas chicas se miraban con mucho resentimiento, empezando por todo lo que a lo largo de años de amistad no se dijeron.
– Con el sexo piensas que él estará a tu lado, ¡y no es así!
– El sexo es un asunto importante para mí–. Apretó los dientes con fuerza, y después se burló. –No sabes que significa eso porque miles de hombres han pasado entre tus piernas.
Inuyasha se puso en medio de las dos para evitar un enfrentamiento. Aunque era ignorado por ambas mujeres. Sango se ponía de puntitas para seguir con los insultos, al igual que Kagome, quien se sujetaba de los hombros de Inuyasha para seguir burlándose de Sango.
– ¡Claro!, sobre todo porque tu vienes a acosarlo a su recamara–. Dijo con ironía. –¡Que elegante te vez!
Kagome soltó una carcajada. – Al menos yo soy su novia.
Inuyasha sintió como ella lo soltaba y se giraba mientras habría la puerta. La agarro de la cintura, pero ella le dio un golpe en las manos.
– Veamos como toma Miroku al enterarse su noviecita es una cualquiera, que aprovecha un descuido para encerrarse en la habitación de su amigo–. Dijo antes de salir corriendo con aquellos tacones de nueve centímetros.
Poco le intereso los apresurados pasos de Sango e Inuyasha que la perseguían de cerca, ella no se detuvo. Ella solo quería alejarse, quería irse a su casa, quería buscar a Sesshomaru para que la sostuviera entre sus cálidos brazos y la consolara por lo devastada que se sentía.
Pero, entonces lo vio, sentado esperando aun a Sango en aquella solitaria mesa en el jardín. "Miroku." Kagome lamentaría después el acercarse, porque el en verdad es su amigo.
La antigua Kagome habría dejado la fiesta y habría llorado sola en su habitación. La nueva decidió que la vieja Kagome tenía que ser enterrada a mil metros dentro de su corazón.
– Miroku, ven conmigo–. Lo llamo con felicidad jalándolo para que se pusiera de pie y arrastrándolo hacia adentro de la mansión.
Sesshomaru vio esa acción y comenzó a acercarse.
– Kagome, ¿sabes dónde está Sango? –. Pregunto sorprendido por su actitud.
Al ver que Sango e Inuyasha los alcanzaban justo en las escaleras principales, se detuvo.
– Como te decía, Miroku. Sango estaba esperando a Inuyasha en su habitación.
Miroku se extrañó de eso. –¿Qué?
– Era solo para hablar–. Explico Inuyasha, intentando remediar las cosas. Siempre supo que Miroku estaba enamorado de Sango, pero él jamás le confeso a su amigo sobre sus sentimientos hacia ella.
– Estaban a punto de besarse–. Menciono Kagome con una sonrisa en sus labios.
Todos se quedaron callados. Nadie podía pronunciar algo ante el pequeño shock el cual Miroku estaba siendo preso. El moreno parpadeo cinco veces antes de poder entender lo que se le decía.
Estaba realmente serio.
– Cuéntale que también fuiste a buscarla al hotel esta mañana, Inuyasha–. Sesshomaru intervino.
–¡Qué! –. Grito Kagome, mirando a su cuñado.
– ¡Tú no te metas! –. Grito Inuyasha apretando los puños.
Sango ya no sabía que hacer, miro los ojos azules con suplica, rogándole no comentar nada. –Por favor, Kagome. Fuimos amigas durante años, lo suplico, no lo hagas.
Sesshomaru rio sínicamente. –Es extraño que supliques luego de traicionar a tu amiga de esa manera–. Se coloco justo al lado de Kagome. No supo que lo motivo hacerlo, simplemente le dio por apoyarla.
Sango se hartó, y decidió que era mejor hablar. –Miroku, me gustaría salir contigo, enserio me pareces una persona increíble. Quisiera tener una nueva oportunidad para poder cambiar las cosas que hice hace tiempo, y de las cuales me arrepiento. Que me dieras la oportunidad de mostrar que no soy la misma.
Miroku le sonrió, esas palabras le gustaron demasiado.
– Lo que ella quiere decir es que se acostó con Inuyasha–. Dijo Kagome.
Sango agacho la mirada. Miroku la miro confundido, una cosa es que la reputación de ella fuese bastante flexible y otra que se hubiera acostado con su mejor amigo, aquello no le agrado en lo más mínimo.
– Y después, desapareció y mintió sobre eso–. Kagome tomo el hombro de Miroku. –Discúlpame, pero creo que tenías que saber eso antes de que comenzaras a salir con alguien que espera la distracción de sus amigas para acostarse con sus novios.
– ¡No hables así de ella! – Inuyasha levanto la voz, furioso por el comportamiento de su novia.
– No le grites–. Exigió Sesshomaru dándole un fuerte empujón a su hermano.
Una fuerza superior lo invadió, era un sentimiento desconocido, ocasionando que tumbara a Inuyasha y junto con él a un mesero que llevaba varias copas de champan.
Inuyasha se cayó de espaldas, en el proceso enterrándose varios fragmentos de vidrio en las manos, pero eso no le importo, lo único que quería era continuar la pelea.
– ¡Inuyasha! –. Grito Kagome arrodillándose junto a él y auxiliándolo.
Sesshomaru se sintió aún más furioso con ella por ayudar a su traidor hermano en lugar de correr a los brazos de su único defensor. Sin decir nada se dio vuelta y salió, odiando a Kagome Higurashi por ser tan imbécil y seguir perdonando al estúpido de Inuyasha, y por lograr que por primera vez el sintiera… algo.
Sango no se movió. Ni siquiera cuando Miroku también dio la media vuelta y partió, lejos de todo aquel contacto de la fría sociedad. Se quedo ahí. Parada. Sin amigos, sin novios y sin nadie con quien recurrir. Había traicionado a la única persona que en verdad le había ofrecido su amistad y lo había echado todo a perder.
Se dio cuenta que su errores, que por más tiempo que pasara, no podrían ser cambiados.
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Ahí estaban los dos, acostados en su enorme cama. Ella abrazando la almohada, y él mirando el techo.
Meditar no era lo mejor en ese momento. Había sido un día largo para los dos, su relación ya no podía dar más, así que él hablo: –Kagome, te quiero. Y si tú me quieres podemos continuar esto–. Hizo una pausa donde se acercó a abrazarla. –Necesito saber si eres capaz de olvidar todo y comenzar de nuevo. Entenderé si me dices que no, y probamos a ser amigos.
Kagome deseo haberlo empujado, gritado, golpeado, pero se reprimió. Lo amaba demasiado, y si él también quería estar con ella, ella podía perdonarlo de todo. Con él, había algo de la antigua Kagome aun latiendo en la piel.
Acepto el abrazo de Inuyasha, y tomo sus masculinas y lastimadas manos. Beso aquellos callosos dedos, ambos se quedaron en silencio fingiendo dormir. Habían pasado unas cuantas horas cuando Kagome sin poder evitarlo lloro lo que quedaba de la noche.
Inuyasha solo dejo que ella se desahogara. Ya no podía seguir mintiendo, Kagome ya no era la mujer de la cual alguna vez se había enamorado.
CONTINUARA…
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